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Archive for 4/11/18

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: SANTA UNIDAD Y TRINIDAD BEATA.

Santa unidad y Trinidad beata:
con los destellos de tu brillo eterno,
infunde amor en nuestros corazones,
mientras se va alejando el sol de fuego.

Por la mañana te cantamos loas
y por la tarde te elevamos ruegos,
pidiéndote que estemos algún día
entre los que te alaban en el cielo.

Glorificado sean por los siglos
de los siglos el Padre y su Unigénito,
y que glorificado con entrambos
sea por tiempo igual el Paracleto. Amén

SALMODIA

Ant 1. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oráculo del Señor a mi Señor: «Siéntate a mi derecha.» Aleluya.

Ant 2. El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. Aleluya.

Salmo 110 – GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor piadoso ha hecho maravillas memorables. Aleluya.

Ant 3. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo. Aleluya.

LECTURA BREVE   1Pe 1, 3-5

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.

RESPONSORIO BREVE

V. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

V. Digno de gloria y alabanza por los siglos.
R. En la bóveda del cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ama a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que estos dos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ama al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, ama a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que estos dos.

PRECES

Invoquemos a Dios, nuestro Padre, que maravillosamente creó el mundo, lo redimió de forma más admirable aún y no cesa de conservarlo con amor, y digámosle:

Renueva, Señor, las maravillas de tu amor.

Señor, tú que en el universo, obra de tus manos, nos revelas tu poder,
haz que sepamos ver tu providencia en los acontecimientos del mundo.

Tú que por la victoria de tu Hijo en la cruz anunciaste la paz al mundo,
líbranos de todo desaliento y de todo temor.

A todos los que aman la justicia y trabajan por conseguirla,
concédeles que cooperen con sinceridad y concordia en la edificación de un mundo mejor.

Ayuda a los oprimidos, consuela a los afligidos, libra a los cautivos, da pan a los hambrientos
y fortalece a los débiles, para que en todos se manifieste el triunfo de la cruz.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que al tercer día resucitaste a tu Hijo gloriosamente del sepulcro,
haz que nuestros hermanos difuntos lleguen también a la plenitud de la vida.

Concluyamos nuestra súplica con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor de poder y de misericordia, cuyo favor hace digno y agradable el servicio de tus fieles, concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que nos prometes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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1.- PRIMER MANDAMIENTO.- El de la primera lectura es uno de los más repetido a lo largo de los siglos. Es la oración llamada “shemá”, que significa “escucha” en hebreo, palabra que inicia el texto sagrado y que hace una llamada de atención a quien va dirigida, subrayando además la importancia de lo que a continuación se dice. En efecto, en este pasaje inspirado se contiene el resumen de toda la ley divina, el mandamiento principal que, si se cumple fielmente, implica el cumplimiento de todos los demás.

Cuando Jesús es interrogado acerca del mandamiento más importante contesta recitando la “shemá”. Y añade que el segundo es amar al prójimo como a uno mismo. En esto se encierra toda la Ley y los Profetas. Con su respuesta simplifica al máximo toda casuística de los escribas y fariseos, que desmenuzaban la Ley en mil preceptos nimios que complicaban la vida de los judíos, al mismo tiempo que vaciaban a la Ley de su espíritu.

Amar a Dios sobre todas las cosas y amarlo con todas las fuerzas de nuestro ser, he aquí el mandamiento primero que hemos de tener siempre en cuenta. Sólo Dios puede ocupar el centro de nuestro corazón, sólo él ha de ser amado por encima de todo. Ninguna criatura, ningún bien por grande que sea, puede sustituir el amor que a Dios debemos.

Son tan decisivas estas palabras para la vida, y para la muerte, del hombre que nunca se pueden olvidar. De ellas depende nuestra salvación temporal y eterna, nuestra dicha terrena y celestial. Por eso hay que gravarlas en lo más profundo del alma, tenerlas siempre presente. Los judíos tomaban, y toman hoy, al pie de la letra estas palabras y las escribían en rollos pequeños de papiro que se ataban en las muñecas y sobre la frente, para que nunca se apartaran de sus ojos. No es necesario llegar a esos extremos, pero si es necesario que nuestra vida esté impregnada y movida por el amor a Dios.

Son palabras que han de pervivir a lo largo de los tiempos. Palabras por tanto, que hay que transmitir de generación en generación, de padres a hijos. En definitiva es lo más grande que un padre puede enseñar y legar a sus hijos, el convencimiento de que sólo amando a Dios sobre todas las cosas nos redimirá y nos salvará. Transmisión que ha de verificarse por medio de palabras, pero sobre todo a través de una vida intachable que tenga como centro y como fin el cumplimiento amoroso, abnegado y heroico si es preciso, de la voluntad de Dios. Ese ha de ser el modo principal y mejor de enseñar a hijos y hermanos, a cuantos nos rodeen, persuadir a todos que el primer mandamiento, el que ha de decidir nuestra existencia para bien o para mal, es amar a Dios sobre todas las cosas y con toda el alma.

2.- EL MANDAMIENTO PRINCIPAL.- Las palabras y la conducta de Jesús despertaban la admiración y el respeto también en los escribas, aquellos doctos que estudiaban y explicaban la Ley. Hoy, como entonces, además de la gente sencilla, hay muchos intelectuales que se inclinan ante la sabiduría de Jesucristo y le siguen como al gran Maestro de todos los tiempos. En realidad cualquiera que mire y escuche al Señor sin prejuicios, con actitud sencilla, podrá percibir la magnitud excelsa del mensaje cristiano y su capacidad redentora para el hombre.

Los estudiosos de la Ley se perdían en mil disquisiciones y diatribas acerca de los mandamientos, intentando determinar con exactitud cuántos eran en total y cuál había de ser el orden de los mismos, según una determinada jerarquía de valores. Como suele ocurrir, no había acuerdo entre los estudiosos. Aquellos rabinos o maestros de Israel se dividían entre sí al tratar dicha cuestión. Uno de ellos, deseoso de saber la opinión del joven y prestigioso Rabí de Nazaret le pregunta acerca de cual era el principal mandamiento.

El Señor responde sin vacilar: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Y añade que el segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mayor que éstos no hay mandamiento alguno. La repuesta satisface plenamente al escriba, que elogia abiertamente a Jesús, sin importarle que sus colegas despreciasen, e incluso odiasen a aquel Rabí sin escuela que venía de una humilde aldea cono Nazaret.

Amar a Dios y al prójimo, he aquí el resumen y la síntesis de toda la Ley de Dios. En realidad todos los demás mandamientos son derivaciones del amor a Dios, incluido el segundo que Jesús indica en este mensaje. El que ama a Dios, necesariamente ha de amar a las criaturas que han salido de sus manos, máxime a los hombres, que están llamados a ser sus hijos. Por otra parte el que ama a su semejante nunca le ofenderá en lo más mínimo. Si le ama de verdad no se atreverá ni a pensar mal de él. Más aún, procurará hacerle todo el bien que esté a su alcance, sin buscar contraprestación alguna, olvidándose de sí mismo y procurando agradar en todo sólo a Dios, centro supremo de nuestro amor.

Esto vale más que todo lo demás, que por mucho que nos parezca valer, de nada vale si no hay amor. Las mayores hazañas y los más grandes heroísmo, si no se hacen por amor de Dios. No son más que meras anécdotas, que quizá figuren rutilantes en el libro de la Historia, pero que no se escribirán en el libro de la vida, ése que se abrirá el día del juicio final para decidir, según su contenido, el destino definitivo de cada hombre.

Antonio González-Moreno

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1.- ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Sabiendo que la Ley contenía alrededor de 613 mandamientos, un escriba le hace a Jesús una pregunta absurda: “¿Cuál es el principal mandamiento?” La pregunta parece cargada de inocencia, pero era delicada hasta el extremo. Porque los doctores judíos no acababan de resolver nunca el intrincado problema. Jesús responde: “El Señor Dios nuestro es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. Hasta aquí, los enemigos podían estar acordes con Jesús. Era un pasaje tomado de Moisés, que todos los judíos recitaban cada día como la primera oración, y aún hoy la repiten con una gran fe. Pero Jesús sigue, sin interrupción, con una segunda parte inesperada: “El segundo mandamiento es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús da un paso más, y cierra para siempre la cuestión tan debatida en las escuelas de los rabinos. La novedad de Jesús es asemejar este mandamiento primero al segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús amplia este amor también hacia el extranjero, e incluso al enemigo. No por casualidad en el evangelio paralelo de Lucas viene a continuación la explicación de qué entiende Jesús como prójimo en la parábola del Buen Samaritano. Jesús no invita a ir en contra de la Ley, sino a situarnos más allá de ella, por encima de ella.

2.- Dimensión vertical y horizontal del amor. Muchas veces oímos en la Iglesia el Evangelio sobre el mandamiento del amor. Es natural, pues constituye la quintaesencia del mensaje de Jesús. Si aprendemos bien esta lección, lo sabemos todo. Si ignoramos esta página, no sabemos nada. Jesús juntó los dos mandamientos más importantes que no aparecían unidos en la ley. Uno, el del amor a Dios. El otro, el del amor al prójimo, para así demostrar su conocimiento de la ley y resumirla toda en una síntesis magistral del mandamiento principal. Se trata de amar, no como yo me amo, sino a la medida del amor con que Jesús nos amó. Jesús asoció el mandamiento del amor a Dios con el mandamiento del amor al prójimo, y los presentó como inseparables. La Alianza entre Yahvé y el pueblo de Israel tenía dos dimensiones: la vertical y la horizontal: fidelidad a Dios y cuidado de los pobres y los forasteros. La Alianza les recordaba a los Israelitas que Dios los amaba y que ellos tenían que compartir ese amor con todo el pueblo de Dios.

3.- El amor-ágape. El amor-eros se refiere al amor de pareja, hombre-mujer, mujer-hombre. Es el amor reflejado hacia la intimidad de pareja. Sexualmente es un amor erótico. El amor-filial es el amor dirigido hacia las personas más allegadas (familiares, amigos y personas allegadas). Es un amor entre personas conocidas, de estima para la vida de uno. Este amor depende de las emociones y circunstancias involuntarias. El amor-ágape es el amor más grande que puede haber, es el amor que proviene de Dios, del cual Él es el origen, el medio y el fin. La palabra ágape denota una buena voluntad que siempre busca el bien de la otra persona y no el suyo, no importa lo que haga; es un amor sacrificado que da sin pedir nada a cambio. El amor ágape depende más de la voluntad que de la emoción, es un amor incondicional de Dios para el mundo. Es el amor de Dios, de éste depende todo. Se evidencia claramente en la profunda entrega que Dios Padre tuvo para con la humanidad al darnos a su único hijo para perdón de nuestros pecados. El amor total de Dios nos capacita para amarnos a nosotros mismos y a nuestro prójimo. El amor no es un sentimiento, es una decisión. Al decidir amar a una persona se decide honrarla con actos de amor sin importar nuestros sentimientos. ¿Cómo respondo a estos dos mandamientos en mi vida diaria? ¿Soy capaz de dejar a un lado los chismes y la envidia para convertirme en un agente de paz en mi familia, centro de trabajo o parroquia? Como escribió muy acertadamente Carlos Carretto en uno de sus libros “lo importante es amar

4.- Dios es mi fortaleza. En una sociedad donde abunda el anonimato, la soledad, el vacío de cariño, es necesario anunciar que “Dios es compasivo”. No basta con la justicia, con lo debido, hay que amar, porque el hombre de hoy necesita ser amado. Podemos gritar la respuesta del salmo: “Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza”. Pero el amor de Dios se hace visible y concreto en el amor al prójimo. Ya lo dice San Juan: “el que dice que ama a Dios y odia a su hermano es un mentiroso”. Al final de nuestra vida se nos examinará del amor, no de si hemos cumplido muchas leyes, o hemos ido mucho al templo, o si sabemos mucho de religión o de vidas de santos. Hemos de entender el amor como Cristo lo entendió: como auto donación, como entrega de uno mismo. Un amor que es “ágape”, fraternidad. Vivir como hermanos supone asumir un nuevo estilo de vida, unos valores nuevos que nos llevan a vivir en comunión con los excluidos, los marginados, los preferidos de Dios. Quizá nos hace falta despojarnos de todo el ropaje legalista y rutilante con que hemos cubierto nuestra fe. En la Eucaristía celebramos el amor de Dios. Cada vez que nos reunimos para partir el pan debe avivarse en nosotros el amor a los necesitados. Esta es la esencia de nuestra fe.

José María Martín OSA

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Amar a Dios en el prójimo

1.- Desde luego que Jesús no entiende de contabilidad, ni le gusta. Recordáis que llegó a decir que prefería una oveja perdida que 99 bien recogiditas en el redil, y en el evangelio de hoy se muestra totalmente contrario a las santidades de contabilidad.

La pregunta del pobre escriba tenía razón de ser porque los pobres judíos cargaban con la obligación de cumplir nada menos que 613 preceptos de los que 365 eran negativos y el resto pequeñeces. Tanto precepto y preceptillo había creado una mentalidad religiosa contable. El santo, el perfecto era el que cumplía todos esos preceptos. La santidad subía o bajaba en Bolsa, según el número de preceptos cumplidos.

Eso de “cumplo y miento” no va con Jesús. Tampoco va con nosotros que nos molesta que nos feliciten por cumplir. O que vengan al funeral de una persona querida por cumplir, tan de cumplir que llegan antes para saludar y marcharse o llegan tarde justo para saludar…cuánto mejor que quedasen en casa.

Si en la vida, si en nuestro trato con Dios, no metemos el corazón (que no sabe contabilidades) ni la vida, ni la religión, valen para nada. Y creo que tendremos que examinarnos cada uno porque por cumplir hacemos muchas cosas. ¿Venimos a misa por los domingos por ilusión o por cumplir? ¿No estamos cumpliendo con las abstinencias y ayunos sin entender por qué y sólo por cumplir? ¿Sin saber a dónde va el ayuno eucarístico llegamos al escrúpulo por cumplir?

2.- Pero lo revolucionario de este evangelio es que Jesús iguala el primero y el más sagrado de los mandamientos: el de amar a Dios con el amar al prójimo. Os diría más, para Jesús no hay más que un mandamiento, que no es amar a Dios, sino a Dios en el prójimo.

a) porque todo el que ama al prójimo necesariamente tiene ya en su corazón el amor de Dios, porque San Juan nos dice que todo amor viene de Dios.

b) porque hay que buscar a Dios donde habita y Él nos ha dicho que está en el hambriento, en el enfermo, en el marginado…”Tuve hambre y me disteis de comer, estuve enfermo y me visitasteis, estuve preso y me vinisteis a ver.”

c) el amor al prójimo es la piedra de toque para saber si ese amor que decimos tener a Dios es de verdad o “falsa monea”

d) “porque el que dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve es un mentiroso” Entonces nuestro amor a Dios es platónico, extraterrestre, ciencia ficción…

Yo creo que muchas de esas personas que se dicen agnósticas y sin embargo viven entregadas a los demás, lo sean o no, están palpando a Dios en esos hermanos a los que ayudan y oirán del Señor aquellas palabras: “Venid benditos de mi padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve enfermo y md visitasteis…”

3.- San Juan hablando de lo mucho que nos ama Dios, que ha dado la vida de su Hijo por salvarnos y hace una pirueta en el aire, dice: “si así nos ha amado Dios, también nosotros (en correspondencia) debemos amar a nuestros hermanos”. Juan, que te equivocas, la lógica dice que si así nos amó Dios, así debemos nosotros corresponderle amándole a Él, pues San Juan, saltimbanqui a lo divino nos dice ¡NO!, la correspondencia que nos pide Dios es que amemos a nuestros hermanos. Y como Él nos amó… hasta la muerte.

Esto es muy serio, y aunque suene a bonito, es muy comprometido. ¿Amo yo de verdad a los demás? Hombre, pues a la familia, a los que me caen bien, a los educados, bien-olientes y que no molestan. Sí. Pues dudo que amemos a Dios.

Porque el amor cristiano, según proclama el mismo Señor Jesús poco antes de su Pasión es que no nos amemos como a nosotros mismos, sino que amemos a los demás como el Señor nos amó hasta dar la vida unos por otros.

José María Maruri, SJ

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128. No estoy hablando de la alegría consumista e individualista tan presente en algunas experiencias culturales de hoy. Porque el consumismo solo empacha el corazón; puede brindar placeres ocasionales y pasajeros, pero no gozo. Me refiero más bien a esa alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35) y «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7). El amor fraterno multiplica nuestra capacidad de gozo, ya que nos vuelve capaces de gozar con el bien de los otros: «Alegraos con los que están alegres» (Rm 12,15). «Nos alegramos siendo débiles, con tal de que vosotros seáis fuertes» (2 Co 13,9). En cambio, si «nos concentramos en nuestras propias necesidades, nos condenamos a vivir con poca alegría»[102].


[102] Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia (19 marzo 2016), 110: AAS 108 (2016), 354.

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Lectio: Domingo, 4 Noviembre, 2018

Cuando las apariencias toman venganza sobre el amor
El mandamiento más grande: amar a Dios y al prójimo
Marcos 12,28-34

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

En el evangelio de este domingo uno de los doctores de la ley, responsable de la enseñanza religiosa, quiete saber de Jesús que es lo más importante en la religión. Algunos dicen que lo más importante es ser bautizado. Otros dicen que rezar. Otros que ir a Misa o participar en los actos de culto del domingo. Otros dice: ¡amar al prójimo! Otros se preocupan sólo de las apariencias o con encargos en la iglesia. Antes de leer la repuesta de Jesús, tú trata de mirarte a ti mismo y de preguntarte: Para mí, ¿qué es lo más importante en la religión y en la vida?”
El texto describe la conversación de Jesús con el doctor de la Ley. Durante la lectura intenta poner atención a cuanto sigue: “ ¿En qué puntos Jesús elogia a los doctores de la ley, y en cuáles los critica?

b) Una división del texto para ayudar en la lectura:

Marcos 12,28: La pregunta del doctor sobre el mandamiento más grande
Marcos 12,29-31: La respuesta de Jesús
Marcos 12,32-33: El doctor aprueba la respuesta de Jesús
Marcos 12,34: Jesús confirma al doctor.

c) El texto:

28 Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?» 29 Jesús le contestó: «El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, 30y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. 31 El segundo es: Marcos 12,28-34Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.» 32Le dijo el escriba: «Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que Él es único y que no hay otro fuera de Él, 33 y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» 34 Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios.» Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más ha llamado tu atención? ¿Por qué?
b) ¿Qué ha criticado Jesús en el doctor de la ley y qué ha elogiado?
c) Según los versículos 29 y 30 ¿cómo debe ser nuestro amor a Dios? En estos versículos ¿qué significan: corazón, mente, fuerza? Todas estas palabras ¿indican, quizás, lo mismo?
d) ¿Qué relación existe entre el primero y el segundo mandamiento? ¿Por qué?
e) ¿Estamos nosotros hoy más lejos o más cerca de cuanto estuviera el doctor que fue elogiado por Jesús? ¿Qué dices a esto?

5. Para aquéllos que quisieran profundizar más en el tema

a) Contexto:

i) Al comienzo de la actividad misionera de Jesús, los doctores de Jerusalén habían ido hasta Galilea para observarlo (Mc 3,22; 7,1). Incomodados por la predicación de Jesús habían aceptado ya la calumnia según la cual era un poseído del demonio (Mc 3,22). Ahora, en Jerusalén, comienzan de nuevo a discutir con Jesús
ii) En los años setenta, época en la que Marcos escribe su evangelio, los cambios y persecuciones eran muchos y por esto, la vida de las comunidades cristianas estaba señalada por la inseguridad. En los tiempos de cambio e inseguridad existe siempre el riesgo o la tentación de buscar nuestra seguridad, no en la bondad de Dios con nosotros, sino en la observancia rigurosa de la ley. De frente a esta mentalidad, Jesús insiste en la práctica del amor que relativiza la observancia de la ley dándole su verdadero significado.

b) Comentario del texto:

Marcos 12,28: La pregunta del doctor de la Ley
Antes de que el doctor hiciese su pregunta, hubo un debate de Jesús con los saduceos en torno al tema de la fe en la resurrección (Mc 12,18-27). Al doctor de la ley, que había asistido a la discusión, le gusta la respuesta de Jesús y percibe en él una gran inteligencia y por tanto aprovecha la ocasión para hacer un pregunta aclaratoria: “¿Cuál es el más grande de todos los mandamientos?” En aquel tiempo, los judíos tenían una gran cantidad de normas para reglamentar en la práctica la observancia de los Diez Mandamientos de la ley de Dios. Algunos decían: “Estas normas tienen todas el mismo valor, porque vienen de Dios. No nos compete introducir distinciones en las cosas de Dios”. Otros respondían: ¡No! Algunas leyes son más importantes que otras y por esto, obligan más”. El doctor quiere conocer la opinión de Jesús. “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Tema muy discutido y muy polémico en la época.

Marcos 12,29-31: La respuesta de Jesús.
Jesús responde citando un pasaje de la Biblia para decir que el primer mandamiento es “¡amar a Dios” con todo el corazón, con toda el alma y con toda tu fuerza!” (Dt 6,4-5). Esta frase formaba parte de una plegaria llamada Shemá. En tiempos de Jesús, los devotos judíos recitaban esta oración dos veces al día: por la mañana y por la tarde. Así era conocida entre ellos como lo es entre nosotros el Padre Nuestro.. Y Jesús aumenta citando de nuevo la Biblia: “ El segundo es éste: “Amarás al prójimo como a ti mismo” (Lev 19,18). No existe un mandamiento más grande que estos dos”. Respuesta breve y muy profunda. Es el resumen de todo lo que Jesús ha enseñado sobre Dios y la vida (Mt 7,12).

Marcos 12,32-33: La respuesta del doctor de la ley
El doctor está de acuerdo con Jesús y saca las conclusiones: “Sí, amar a Dios y al prójimo es mucho más importante que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. O sea el mandamiento del amor es más importante que todos los mandamientos relativos al culto o a los sacrificios en el Templo. Esta afirmación viene de los profetas del Viejo Testamento (Os 6,6: Sl 40,6-8; Sl 51,16-17). Hoy diríamos: la práctica del amor es más importante que las novenas, promesas, misas, oraciones y procesiones. O mejor, las novenas, las promesas, las misas, las oraciones y las procesiones deben ser el fruto de la práctica del amor y deben conducir al amor.

Marcos 12,34: El tema del Reino
Jesús confirma la conclusión traída por el doctor y dice: “¡No estás lejos del Reino!”. En efecto, el Reino de Dios consiste en reconocer que el amor de Dios y el amor al prójimo son los más importantes. Y si Dios es Padre, nosotros todos somos hermanos y debemos demostrar esto en la práctica, viviendo en comunidad. “¡De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas!” (Mt 22,4). Los discípulos de Jesús deben meterse en la memoria, en la inteligencia, en el corazón, esta gran ley: sólo así se llega a Dios en el don total al prójimo.

Marcos 12,35-37: Jesús critica la enseñanza de los doctores de la Ley sobre el Mesías
La propaganda oficial tanto del gobierno como la de los doctores de la Ley afirmaba que el Mesías vendría como Hijo de David. Lo decían para enseñar que el Mesías sería un rey glorioso, fuerte y dominador. Este fue el grito de la gente en el Domingo de Ramos: “¡Bendito el Reino que viene, el de nuestro padre David!” (Mc 11,10). Y así también gritó el ciego de Jericó: “¡Jesús Hijo de David, ten compasión de mí!” (Mc 10,47) Pero aquí Jesús pone en tela de juicio esta enseñanza de los doctores. Cita un salmo de David: “Dice el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, mientras pongo a tus enemigos por escabel de tus plantas” (Sl 110,1) Y Jesús continúa: “Si David mismo dice mi Señor, ¿cómo puede el Mesías ser su hijo?” Esto significa que Jesús no estaba de acuerdo con la idea de un Mesías rey glorioso, que vendría como un rey dominador a imponerse a todos sus enemigos. Jesús prefiere ser el Mesías siervo anunciado por Isaías (Is 42, 1-9). Él dice “El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido sino para servir y dar la vida en rescate por muchos” (Mc 10,45)

Marcos 12,38-40: Jesús critica a los doctores de la Ley
Finalmente Jesús reclama la atención de los discípulos sobre el comportamiento tendencioso e hipócrita de algunos doctores de la ley. A ellos les gustaba deambular por las plazas con largas túnicas, recibir el saludo de las gentes, ocupar los primeros puestos en las sinagogas y los puestos de honor en los banquetes. A ellos les gustaba entrar en la casa de las viudas y predicar largamente para luego recibir dinero Y Jesús termina diciendo: “¡Esta gente recibirán un juicio severísimo!” Es bueno que también nosotros hagamos un examen de conciencia y miremos en el espejo de este texto para ver si refleja nuestro rostro.

c) Ampliando conocimientos:

El mandamiento más grande

El más grande y primer mandamiento es y será siempre” amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente, y con toda la propia fuerza” (Mc 12,30). En la medida en que el pueblo de Dios, a lo largo de los siglos, ha profundizado el significado del amor de Dios, se ha dado cuenta que el amor hacia Dios será siempre real y verdadero, sólo si se hace concreto en el amor hacia el prójimo. Por esto, el segundo mandamiento, que manda el amor al prójimo, es semejante al primer mandamiento del amor de Dios (Mt 22,39; Mc 12,31). “Si uno dice: amo a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso” (1 Jn 4,20). ”Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos” (Mt 22,40). Al principio no estaba muy clara la portada de las exigencias del amor al prójimo. Sobre este punto ha habido una evolución en tres etapas a lo largo de la historia del pueblo de Dios:

1ª Etapa: “Prójimo” es el pariente de la misma raza
El Viejo Testamento enseñaba la obligación de “amar al prójimo como a sí mismo” (Lv 19,18). En este lejano comienzo la palabra próximo era sinónimo de pariente. Ellos se sentía obligados a amar a todos los que formaban parte de la misma familia, del mismo clan, de la misma tribu, del mismo pueblo, Pero en lo que se refería al extranjero, o sea, aquellos que no pertenecían al pueblo judío, el libro del Deuteronomio decía: “podrás exigirle el derecho del extranjero; pero no de tu hermano al que harás la remisión “ (Dt 15,3).

2ª Etapa:Prójimo es aquél que me está vecino”
Poco a poco el concepto de prójimo se alargó. Y así en el tiempo de Jesús, se desencadenó toda una discusión sobre “¿Quién es mi prójimo?”Algunos doctores pensaban que se debía alargar el concepto de prójimo más allá de los límites de la raza. Otros no querían saber nada de esto. Entonces un doctor de la ley dirigió a Jesús esta pregunta polémica: “¿Quién es mi prójimo?” Jesús responde con la parábola del Buen Samaritano (Lc 10,29-37), en la cuál el prójimo no es ni el pariente, ni el amigo, ni el patricio, sino aquél que se te acerca, independientemente de la religión, del color, de la raza, del sexo o de la lengua. ¡Tú debes amarlo!

3ª Etapa: La medida del amor al prójimo es amar como Jesús nos ha amado
Jesús había dicho al doctor de la ley: “¡No estás lejos del Reino de Dios”! (Mc 12,34). El doctor estaba cercano al Reino, porque, de hecho, el Reino consiste en el amor hacia Dios con el amor al prójimo, como el doctor había afirmado solemnemente ante Jesús. (Mc 12,33) Pero para poder entrar en el Reino le faltaba dar un paso más. El criterio del amor al prójimo enseñado en el Viejo Testamento, era “como a sí mismo”. Jesús amplía este criterio y dice: “¡Este es mi mandamiento: amaos como yo os he amado!” (Jn 15,12-13). Ahora, en el Nuevo Testamento el criterio será: “¡Amar al prójimo como Jesús nos ha amado!”. Jesús ha interpretado el sentido exacto de la Palabra de Dios y ha indicado el camino seguro para llegar a una convivencia más justa y más fraterna.

6. Orar con el salmo 46 (45)

¡Dios, revelado en Jesús, es nuestra fuerza!

Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro en la angustia, siempre a punto.
Por eso no tememos si se altera la tierra,
si los montes vacilan en el fondo del mar,
aunque sus aguas bramen y se agiten,
y su ímpetu sacuda las montañas.

¡Un río!
Sus brazos recrean la ciudad de Dios,
santifican la morada del Altísimo.
Dios está en medio de ella, no vacila,
Dios la socorre al despuntar el alba.
Braman las naciones, tiemblan los reinos,
lanza él su voz, la tierra se deshace.

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
nuestro baluarte el Dios de Jacob!
Venid a ver los prodigios de Yahvé,
que llena la tierra de estupor.

Detiene las guerras por todo el orbe;
quiebra el arco, rompe la lanza,
prende fuego a los escudos.
«Basta ya, sabed que soy Dios,
excelso sobre los pueblos, sobre la tierra excelso».

¡Con nosotros Yahvé Sebaot,
 nuestro baluarte el Dios de Jacob!

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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Para que pueda vivir

Empezamos a ver a personas durmiendo o pasando la noche en los portales, cajeros, puentes…

Todos los cristianos queremos ofrecer signos para que las personas puedan sentirse llamadas a seguir a Jesús de Nazaret.

Y hay un signo –significativo- que hoy veo sencillo y expresivo.

En casi todas las diócesis hay locales, pisos, habitaciones, que no estamos usando como comunidad cristiana y que se están envejeciendo en la soledad y el silencio. Pensemos la cantidad de habitaciones que tenemos en los seminarios, casas de monjas, antiguos colegios, casas parroquiales…

Vería un gesto muy positivo el compartir esos pisos con las personas sin techo, por lo menos hasta que puedan ser personas empadronadas y cobrar la renta ciudadana. En el proceso de acompañar a los refugiados o a los inmigrantes a ser ciudadanos con todos los derechos y obligaciones, hay que empezar porque tengan empadronamiento. Y para ello, necesitan un piso donde vivir. Qué buena operación por parte de los cristianos.

Es cierto que son los gobiernos los principales responsables de dar esa vivienda. Pero en la iglesia no podemos seguir teniendo pisos vacíos. Si queremos vivir el espíritu de Jesús, podemos ceder los pisos.

Sé por propia experiencia lo que cuesta encontrar una vivienda para una familia así. Y mientras, los pisos diocesanos, vacíos.

Buscamos signos evangelizadores. Ahí tenemos uno muy importante. Obras son amores. Alabamos cuando alguna parroquia deja sus locales para que puedan comer y dormir los empobrecidos. Mucho más cuando se trata de locales que están vacíos, abandonados, sin usar.

Incluso todos los cristianos, todas las personas que lo deseemos, podemos unirnos y poner cada uno al mes una cantidad pequeña y entre todos pagar durante seis meses la cuota de alquiler. Luego ya cobrarán como ciudadanos empadronados los 430 euros.

Nuestra misión es crear vida digna para todos. Y quien más lo necesita es quien peor lo pasa.

No se encuentran pisos baratos. Es una necesidad urgente. Podemos prestar nuestras huertas y locales para edificarlos. Y podemos prestarlos a las rentas bajas. El Reino exige la entrega total hacia una sociedad nueva. Y este es un signo urgente.

La principal responsabilidad es del gobierno, pero, en caso de no hacerlo y mientras lo seguimos exigiendo, hay personas que tienen que vivir en la calle. Sería un buen gesto por nuestra parte. Hasta me atrevería a decir: ni un euro más gastado en arreglo de templos, mientras todos los hijos de Dios no tengan casa.

Las personas que piden a la puerta de nuestras iglesias, nos lanzan un SOS. ¿Cómo entrar nosotros en el templo y dejar fuera sin morada a tantas personas?

Entramos en el templo y rezamos alegremente “por los que no tienen vivienda, roguemos al Señor” Y siento que Dios me dice: “pues haz algo, pon siquiera un ladrillo para que encuentren dónde vivir “

No faltan viviendas, falta reparto y uso de las viviendas. Hay para todos.

Gerardo Villar

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