Viernes XXXI de Tiempo Ordinario

Hoy es 9 de noviembre, viernes de la XXXI semana de Tiempo Ordinario.

Un espacio del día para fijarme en ti, Señor, y en los que contigo van. Para sumarme a ese grupo de los que buscan tu intimidad. Para ser hijo de la luz y vivir desde la audacia del evangelio. Al rezar, voy sintiendo tu presencia y gustando tu palabra.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 16, 1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: «¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.» Se dijo a sí mismo el administrador: «¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.» Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi señor?» Respondió: «Cien medidas de aceite.» Él le dijo: «Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.» Después dijo a otro: «Tú, ¿cuánto debes?» Contestó: «Cien cargas de trigo.» Dícele: «Toma tu recibo y escribe ochenta.» El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

Jesús hablaba a sus discípulos y a la gente en parábolas para evocar el misterio de Dios y para enseñarles cómo ser ciudadanos de este reino. Hoy les invita a ser hijos de la luz, y no hijos de este mundo. Esta invitación también se dirige a mí hoy.

Jesús, hoy, habla de un administrador al que acusan de malversar fondos. Al sentirse descubierto y a punto de perder el empleo, busca con astucia la forma de hacerse amigos que lo ayuden después. Al final, el amo felicita a este hombre por su habilidad. Lo que Jesús pone de relieve es la audacia, la capacidad para luchar, para pelear por lo que cree. El administrador pelea por su propio interés. Lo que Jesús hace es invitarme hoy a pelear con la misma perseverancia por las cosas de Dios.

En esta narración también se me habla de enfrentar la propia verdad. ¿Qué voy a hacer ahora? Se pregunta el administrador. Se trata de vivir despierto, consciente de mi realidad. Vuelvo a leer la parábola del evangelio de san Lucas.

Me hablas, Señor, con palabras que comprendo, porque quieres enseñarme a mirar y a hacer buen uso de los bienes de la tierra. No quiero escandalizarme hipócritamente, quiero vivir desde el asombro de tu presencia. Quiero escucharte para ser más libre. No me interesa creerme mejor que nadie sino saber de las cosas que me separan de ti y tener deseos de volver al amor.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Liturgia 9 de noviembre

VIERNES. DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN, fiesta

Misa de la fiesta (blanco)
 
Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio en el aniversario de la dedicación fuera de la iglesia dedicada. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.
 
Leccionario: Vol. IV
• Ez 47, 1-2. 8-9. 12. Vi agua que manaba del templo, y habrá vida allí donde llegue el torrente.
Sal 45. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.
• Jn 2, 13-22. Hablaba del templo de su cuerpo.
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Antífona de entrada cf Ap 21, 2
Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.
O bien: Ap 21, 3
He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el «Dios con ellos» será su Dios.
Monición de entrada
Celebramos hoy la fiesta del aniversario de la dedicación de la basílica de san Juan de Letrán, una de las iglesias cristianas más antiguas y catedral de Roma, en la que tiene su sede el Papa, como obispo de la Iglesia romana. Esta basílica, una de las cuatro Basílicas mayores, es como el símbolo de la unidad de todas las comunidades cristianas con Roma, y por eso, celebrar esta fiesta es una manera de recordar que todos estamos unidos por una misma fe, y que la iglesia de Roma, que es la Iglesia del apóstol Pedro, es un punto de referencia fundamental para los cristianos. También es un día para valorar, de una manera especial, estos edificios en los que los cristianos nos reunimos alrededor del Señor; puesto que cada templo, cada iglesia es la casa de Dios, nuestra casa, la casa de la comunidad cristiana.
Acto penitencial
Comencemos pues, la Eucaristía, poniéndonos en silencio en la presencia del Señor que nos ha convocado y reunidos en esta casa de oración, y pidámosle perdón por nuestros pecados.
• Tú que reúnes a tus hijos para formar una sola familia.
• Tú que eres el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza.
• Tú que resucitado de entre los muertos eres vida para todos los que te siguen.
Gloria
Oración colecta
Oh, Dios,
que preparas una morada eterna a tu majestad
con piedras vivas y elegidas,
multiplica en tu Iglesia
el espíritu de gracia que le has dado,
de modo que tu pueblo fiel crezca siempre
para la edificación de la Jerusalén del cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Oración de los fieles
Hermanos, como miembros integrados en la construcción de la Iglesia y convertidos en piedras vivas del templo donde Dios habita con su pueblo, dirijamos nuestra oración al Padre y supliquémosle por todos los hombres.
1.- Por la Iglesia de Dios, que reúne en Roma alrededor de su obispo, el Papa; para que se enriquezca con los dones del Espíritu Santo y realice su misión de presidir en el amor a las demás comunidades cristianas esparcidas por el mundo. Roguemos al Señor.
2.- Por los que se consagran al servicio de Dios y de sus hermanos; para que Jesucristo lleve a plenitud su vocación y sean muchos los que, siguiendo su ejemplo, se entreguen al servicio de Dios y de la Iglesia. Roguemos al Señor.
3.- Por la paz entre los pueblos, en los hogares y en las relaciones interpersonales; para que los hombres aprendamos a amarnos mutuamente y adelantar ya aquí la Jerusalén celestial. Roguemos al Señor.
4.- Por los que se han apartado de la comunión de la Iglesia, por los que buscan la verdad fuera de ella, por los que la critican o se sienten abandondos de su solicitud; para que el Espíritu de la verdad los traiga a su seno y encuentren comprensión, perdón, ayuda y amistad. Roguemos al Señor.
5.- Por todos los que hemos sido incorporados a la Iglesia por el baño del Bautismo; para que, trabajando por nuestra santidad, seamos solidarios con nuestros hermanos y amándonos sin egoísmos construyamos juntos la única Iglesia de Cristo. Roguemos al Señor.
Señor y Dios nuestro, que quisiste habitar en el corazón de los hombres y nos permites congregarnos para alabarte en templos consagrados a Ti, escucha nuestra súplicas y danos tu Espíritu para que nunca nos apartemos de Ti, antes bien hagamos de nuestras vidas moradas donde Tú habites y donde constantemente se te alabe y glorifique. Por Jesucristo nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, esta ofrenda
y concede a los que te invocamos
la gracia de los sacramentos
y el fruto de nuestros ruegos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio del aniversario de la dedicación de una iglesia: fuera de la iglesia.
 
Antífona de comunión  Cf. 1Pe 2, 5
Como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo.
Oración después de la comunión
Oh, Dios,
que has querido hacer de tu Iglesia
signo temporal de la Jerusalén del cielo,
concédenos,
por la participación en este sacramento,
ser transformados en templo de tu gracia
y entrar en la morada de tu gloria.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Dedicación de la Iglesia del Salvador

DEDICACIÓN DE LA IGLESIA DEL SALVADOR

Noviembre es un mes proyectado hacia la eternidad. No sólo porque el otoño, con la caída de las hojas, nos hace pensar en la muerte, y porque tradicionalmente está dedicado a los difuntos, sino porque la liturgia agrupa una serie de fiestas que tienen un hondo sentido escatológico.

El día 1 es la solemnidad de Todos los Santos, y parécenos asistir, con esa dramatización que la liturgia pone en sus celebraciones, al inmenso cortejo de los «señalados», que con palmas y blancas vestiduras aclaman al que se sienta sobre el trono y al Cordero.

La Conmemoración de los Fieles Difuntos nos recuerda el sentido pascual de la muerte, que es tránsito de los que descansan en Cristo y esperan el lugar del refrigerio, de la luz y de la paz.

Por último, las dedicaciones de las basílicas del Salvador, el día 9, y las de San Pedro y San Pablo, el 18, nos hacen pensar, a través de la iglesia material, tabernáculo de Dios entre los hombres, en la Iglesia del cielo, «adornada como una novia que sale a recibir al esposo».

Cada día en la santa misa anunciamos la muerte del Señor «hasta que él venga». Y estas fiestas avivan en nosotros, su recuerdo y acucian el deseo de su venida. Para que nos encuentre preparados, con los lomos ceñidos y las velas encendidas, nos hablan estas fiestas de noviembre de la muerte y la eternidad.

Asentada en el monte Celio, «madre y cabeza de todas las iglesias de la urbe y del orbe», la sacrosanta iglesia lateranense «refulge-según frase de Juan XIII-como rodeada de dignidad por la memoria de preclaros acontecimientos y por los monumentos de la antigüedad». Catedral del Papa, su toma de posesión significa la suprema investidura del poder en el gobierno eclesiástico de Roma y del mundo.

Del palacio que los «Laterani» poseían desde el siglo I en el Celio, viene el nombre de Letrán. Más tarde, bajo Constantino y aconsejados por Osio de Córdoba, Fausta, su esposa, hizo donación de su palacio a los Papas para su residencia habitual, y el emperador-según cuenta una legendaria tradición-, en agradecimiento a San Silvestre por el hecho de haberle curado milagrosamente de la lepra, le hizo entrega de los territorios donde el Pontífice, apoyado por el favor imperial, hizo construir la basílica de San Juan de Letrán, denominada también «Constantiniana». ¿,Hubo donación jurídica? Nada se sabe. Sin embargo, Melciano, valiéndose del derecho que le daba el edicto de Milán, celebró en 313 un sínodo romano en la domus Faustae in Laterano; el papa Dámaso fue ordenado en la basílica, y de la fecundidad de su baptisterio, Prudencio canta sus glorias.

La dedicación del templo-primera conocida en la Iglesia-tuvo lugar el 9 de noviembre de 324, dándole Silvestre el título del Salvador. En el siglo XIII se le añadieron los de San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

Iglesia estacional en los días más grandes del año, reunió el Letrán de los siglos IV al XVI más de 25 concilios, cinco de ellos ecuménicos. Pío XI, el 11 de febrero de 1929, la honró al firmarse aquí el felicísimo Tratado de Letrán.

Mas las invasiones, los saqueos, los incendios y, sobre todo, el abandono en el cual la dejaron los papas de Aviñón, se conjuraron en torno de la archibasílica como para borrarla de la historia.

Sin embargo, el Renacimiento la hizo resurgir y el barroco la convirtió en antesala de la gloria. Los papas, de Sixto V a León XIII, la restauraron suntuosamente. Fulgurante por la belleza de sus mosaicos (siglo XIII), rica con su Sancta sanctorum, donde se conservan-según una venerable tradición-trozos de la «mensa» de la Cena, recibió su nueva consagración de manos de Benedicto XIII-en 1726. La liturgia ha retenido la primitiva fecha del 9 de noviembre. La misa es la del común de todas las dedicaciones de iglesias, riquísima de doctrina.

«El templo ha sido solemnemente consagrado, Dios ha tomado posesión y se halla asistido por el coro de ángeles» (Gradual). Desde la entrada el pensamiento de la majestad divina se impone y provoca una exclamación de terror que la liturgia toma de Jacob despertándose del sueño en Betel: «terrible es este lugar». El temor, sin embargo, se halla moderado por una explosión de amor y de deseos: el salmo del Introito es el canto de un levita que proclama su alegría y su fervor en el servicio del templo. En efecto, el Dios Trino ha querido atraer los hombres hacia Él y comunicarse con ellos.

Este misterio de amor en Dios es un misterio de salvación.- Jesús llama a Zaqueo el publicano, subido en el sicómoro, y se hospeda en su casa. El encuentro no es solamente exterior, pues va seguido de la conversión: «desde ahora doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cúadruplo». Al arrepentimiento, el perdón: «hoy ha venido la salud a tu casa, el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Evangelio). 

Este misterio de amor es un misterio de alianza. Dios, por la encarnación del Verbo, ha erigido su tabernáculo entre los hombres y ellos serán su pueblo y el mismo Dios será con ellos. La iglesia es el lugar de su morada, donde los hombres se reúnen en Cristo y tienen acceso junto al Padre. Más aún: la iglesia no es solamente el lugar, es también el signo de la alianza. Por su dedicación se ha trocado en «impenetrable misterio», canta el Gradual, la figura de la nueva Jerusalén en la cual se obra la unión de Dios y de los hombres. La Epístola hace aquí alusión al tema bíblico de las nupcias. El Apocalipsis lo ha tomado de los Profetas, que se habían servido de esta comparación para dar a entender con qué vínculo tan estrecho la alianza había unido Israel a su Dios.

La Iglesia, esposa del Cordero, celebra cada día sus místicas nupcias en el edificio material que ha consagrado. En él y en la misa se hace presente el sacrificio de la cruz, en el cual Cristo se ha entregado para santificarla… a fin de presentársela a sí gloriosa, sin mancha o arruga, sino santa e intachable para unírsela en calidad de esposa. Es ahí donde sin cesar da a luz nuevos hijos a Dios, como lo declara la antigua inscripción del baptisterio de Letrán:

«Virgíneo fetu genitrix Ecclesia natos 
quos spirante Deo concepit amne parit… 
Fons hic es vitae qui totum diluit orbem 
Sumens de Christi vulnere principium».

«La Madre Iglesia da a luz con virginal parto a los que concibieron bajo la inspiración de Dios en las aguas. Esta es la fuente de la vida, que riega a todo el orbe y de las heridas de Cristo tomó su origen.»

Es ahí donde, por los sacramentos, prepara las piedras vivas escogidas que construyen poco a poco el templo de Dios (Postcomunión ), porque la alianza no está solamente sellada con la Iglesia en su totalidad, sino que cada alma está invitada a unirse a Dios en Cristo.

Las nupcias suponen amor recíproco; esto también se cumple en la Iglesia. La parte de Dios es la gracia que da en los sacramentos, la promesa de la vida eterna, en la cual ya no habrá ni lágrimas, ni muerte (Epístola), como también su benevolencia para con los hombres en el detalle de cada día. Tan persuadida está la liturgia, que pide con seguridad en la colecta que toda gracia que aquí se implore será alcanzada: tiene hasta la osadía de obligar a Dios a declarar en el versículo de la comunión, al comparar un texto de San Mateo con otro de San Lucas, que todo aquel que entrare en ese templo de oración será atendido. A su vez, el hombre se ofrecerá plena y alegremente con Cristo. Por eso esta ofrenda encuentra su expresión en el canto del Ofertorio y de la Secreta, acompañándola de adoración y de acción de gracias (Aleluya).

Así, a través de los textos de esta misa de la dedicación, hallamos lo que nos enseña la teología sobre las fines del sacrificio eucarístico. Maternalmente, la Iglesia nos sugiere los sentimientos que deben animar nuestra participación y nos hace pensar también en la Iglesia del cielo.

MARÍA PAZ NAVARRO DE LA PEÑA, O. S. B.

Laudes – Dedicación de la Basílica de Letrán

LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN. (FIESTA)

 

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVITATORIO
(Si Laudes no es la primera oración del día
se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.

Himno: EL CIELO Y LA TIERRA.

El cielo y la tierra
celebren, aplaudan
a la Iglesia, esposa
sin arruga y mancha.

Descienda a nosotros
la ciudad sagrada,
en que todo es nuevo
y de rica gala.

En piedras preciosas
está cimentada,
y bien construida
en brillos de gracia.

Las piedras preciosas
que están a su entrada
muestran la hermosura
de esta casa santa.

Descienda a nosotros
esta santa casa,
que hizo el Rey eterno
para su morada. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Mi casa se llama casa de oración.

SALMO 62, 2-9 – EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi casa se llama casa de oración.

Ant 2. Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa gloria.

Cántico: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR – Dn 3, 57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. Bendito eres, Señor, en el templo de tu santa gloria.

Ant 3. Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.

Salmo 149 – ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cantad al Señor en la asamblea de los fieles.

LECTURA BREVE   Is 56, 7

Los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración; aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración y así la llamarán todos los pueblos.

RESPONSORIO BREVE

V. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.

V. En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
R. Muy digno de alabanza.

V. Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo
R. Grande es el Señor y muy digno de alabanza.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. «Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa.» Aleluya.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR      Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. «Hoy Dios ha dado la salvación a esta casa.» Aleluya.

PRECES

Como piedras vivas, edificadas sobre Cristo, la piedra escogida, oremos al Padre todopoderoso por su Iglesia amada, y confesemos nuestra fe en ella diciendo:

Ésta es la casa de Dios y la puerta del cielo.

Padre del cielo, tú que eres el labrador de la vid, guarda, purifica y acrecienta tu viña,
haciendo que sus sarmientos llenen toda la tierra.

Pastor eterno, protege y acrecienta tu rebaño,
y haz que todas las ovejas se reúnan en un solo redil bajo el cayado del único pastor, Jesucristo, tu Hijo.

Sembrador todopoderoso, siembra la Palabra en tu campo,
y haz que dé frutos del ciento por uno para la vida eterna.

Arquitecto prudente, santifica tu familia, que es la Iglesia,
y haz que aparezca ante el mundo como ciudad celestial, esposa sin tacha y Jerusalén del cielo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Terminemos nuestra oración con las palabras que Cristo nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Oficio de lecturas – Dedicación de la Basílica de Letrán

LA DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN. (FIESTA)

Según una tradición que arranca del siglo XII, se celebra el día de hoy el aniversario de la dedicación de la basílica construida por el emperador Constantino en el Laterano. Esta celebración fue primero una fiesta de la ciudad de Roma; más tarde se extendió a toda la Iglesia de rito romano, con el fin de honrar aquella basílica, que es llamada «madre y cabeza de todas las iglesias de la Urbe y del Orbe», en señal de amor y de unidad para con la cátedra de Pedro que, como escribió san Ignacio de Antioquía, «preside a todos los congregados en la caridad.»

 

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos a Cristo, que amó a la Iglesia y se entregó por ella.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: NUEVA JERUSALÉN Y CIUDAD SANTA

Nueva Jerusalén y ciudad santa,
nuevo Israel, nueva morada
de la comunidad de Dios en Cristo edificada,
Iglesia santa.

Esposa engalanada, con Cristo desposada
por obra del Espíritu en sólida alianza,
divino hogar, fuego de Dios que al mundo inflama,
Iglesia santa.

Edén de Dios y nuevo paraíso,
donde el nuevo Adán recrea a sus hermanos,
donde el «no» del pecador, por pura gracia,
el «sí» eterno de amor de Dios alcanza,
Iglesia santa.

Adoremos a Dios omnipotente y a su Espíritu,
que en el Hijo Jesús, Señor constituido,
del hombre que ha caído raza de Dios levanta,
Iglesia santa. Amén.

SALMODIA

Ant 1. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.

Salmo 23 – ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
El la fundó sobre los mares,
El la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas.

Ant 2. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Salmo 83 – AÑORANZA DEL TEMPLO

¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne
se alegran por el Dios vivo.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos,
Rey mío y Dios mío.

Dichosos los que viven en tu casa
alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su peregrinación:

cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu Ungido.

Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.

Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta intachable.

¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en ti!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Ant 3. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Salmo 86 – HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»

Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

V. Me postraré hacia tu santuario.
R. Daré gracias a tu nombre, Señor.

PRIMERA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pedro 2, 1-17

COMO PIEDRAS VIVAS, ENTRÁIS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO DEL ESPÍRITU

Hermanos: Después de haberos despojado de toda maldad y de toda falsedad, de las hipocresías y envidias, y de toda clase de murmuración, apeteced, como niños recién nacidos, la leche pura espiritual. Con ella podréis crecer hasta alcanzar la salvación, si es que realmente habéis saboreado lo bueno que es el Señor.

Acercándoos al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres, pero escogida y apreciada por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Por eso se lee en la Escritura: «Ved que pongo en Sión una piedra angular escogida y preciosa. y quien tenga fe en ella no será defraudado.»

Por consiguiente, a vosotros, que tenéis fe, os corresponde el honor; mas, para los que no tienen fe, «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular, y ha venido a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo», y tropiezan en ella porque no tienen fe en la palabra de Cristo, para la cual estaban destinados.

Vosotros, en cambio, sois «linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa». Vosotros, que en otro tiempo «no erais pueblo», sois ahora «pueblo de Dios»; vosotros, que estabais «excluidos de la misericordia», sois ahora «objeto de la misericordia de Dios».

Hermanos, os exhorto a que, como forasteros y peregrinos que sois, os abstengáis de las pasiones terrenas que hacen guerra al alma. Observad entre los gentiles una conducta ejemplar. Así, por aquello mismo en que os calumnian como a malhechores, darán gloria a Dios, cuando vean y consideren vuestras buenas obras, el día en que él venga a «visitarlos» con su gracia.

Sed sumisos a toda humana autoridad a causa del Señor: ya sea al soberano, en cuanto que tiene el mando; o bien a los gobernadores, como delegados suyos que son para castigar a los malhechores y para alabanza de los hombres de bien. Porque ésta es la voluntad de Dios: que, obrando el bien, hagáis callar a la ignorancia de los hombres insensatos. Portaos en esto como hombres libres, no como quienes se sirven de la libertad sólo para ocultar su maldad, sino como conviene a los que son siervos de Dios. Sed deferentes con todos, amad a vuestros hermanos, temed a Dios y honrad al soberano;

RESPONSORIO    Cf. Ap 21, 19; Tb 13, 21

R. Las murallas de Jerusalén serán adornadas con piedras preciosas. * Y sus torres serán batidas con oro.
V. Las puertas de Jerusalén serán rehechas con zafiros y esmeraldas, y con piedras preciosas sus murallas.
R. Y sus torres serán batidas con oro.

SEGUNDA LECTURA

De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.
(Sermón 229, 1-3: CCL 104, 905-908)

TODOS, POR EL BAUTISMO, HEMOS SIDO HECHOS TEMPLOS DE DIOS.

Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.

Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.

Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.

¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.

RESPONSORIO    Cf. Ez 47, 1. 9

R. Vi que debajo del umbral del templo salía agua, la cual se deslizaba hacia el lado derecho, aleluya; y todos aquellos a quienes llegó esta agua * tuvieron vida abundante y cantaban: «Aleluya, aleluya.»
V. En la dedicación del templo el pueblo entonaba alabanzas, y resonaba en su boca un bello canto.
R. Tuvieron vida abundante y cantaban: «Aleluya, aleluya.»

Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.

ORACIÓN.

OREMOS,
Señor, tú que con piedras vivas y elegidas edificas el templo eterno de tu gloria: acrecienta los dones que el Espíritu ha dado a la Iglesia para que tu pueblo fiel, creciendo como cuerpo de Cristo, llegue a ser la nueva y definitiva Jerusalén. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.