Viernes XXXI de Tiempo Ordinario

Hoy es 9 de noviembre, viernes de la XXXI semana de Tiempo Ordinario.

Un espacio del día para fijarme en ti, Señor, y en los que contigo van. Para sumarme a ese grupo de los que buscan tu intimidad. Para ser hijo de la luz y vivir desde la audacia del evangelio. Al rezar, voy sintiendo tu presencia y gustando tu palabra.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 16, 1-8):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: «¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.» Se dijo a sí mismo el administrador: «¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.» Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: «¿Cuánto debes a mi señor?» Respondió: «Cien medidas de aceite.» Él le dijo: «Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.» Después dijo a otro: «Tú, ¿cuánto debes?» Contestó: «Cien cargas de trigo.» Dícele: «Toma tu recibo y escribe ochenta.» El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

Jesús hablaba a sus discípulos y a la gente en parábolas para evocar el misterio de Dios y para enseñarles cómo ser ciudadanos de este reino. Hoy les invita a ser hijos de la luz, y no hijos de este mundo. Esta invitación también se dirige a mí hoy.

Jesús, hoy, habla de un administrador al que acusan de malversar fondos. Al sentirse descubierto y a punto de perder el empleo, busca con astucia la forma de hacerse amigos que lo ayuden después. Al final, el amo felicita a este hombre por su habilidad. Lo que Jesús pone de relieve es la audacia, la capacidad para luchar, para pelear por lo que cree. El administrador pelea por su propio interés. Lo que Jesús hace es invitarme hoy a pelear con la misma perseverancia por las cosas de Dios.

En esta narración también se me habla de enfrentar la propia verdad. ¿Qué voy a hacer ahora? Se pregunta el administrador. Se trata de vivir despierto, consciente de mi realidad. Vuelvo a leer la parábola del evangelio de san Lucas.

Me hablas, Señor, con palabras que comprendo, porque quieres enseñarme a mirar y a hacer buen uso de los bienes de la tierra. No quiero escandalizarme hipócritamente, quiero vivir desde el asombro de tu presencia. Quiero escucharte para ser más libre. No me interesa creerme mejor que nadie sino saber de las cosas que me separan de ti y tener deseos de volver al amor.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.