I Vísperas – Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HOY ROMPE LA CLAUSURA

Hoy rompe la clausura
del surco empedernido
el grano en él hundido
por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera
la rama sin pecado
del árbol mutilado
por nuestra mano fiera.

Hoy triunfa el buen Cordero
que, en esta tierra impía,
se dio con alegría
por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada
majada y la conduce
al sitio en que reluce
la luz resucitada.

Hoy surge, viva y fuerte,
segura y vencedora,
la Vida que hasta ahora
yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido
sin fondo y de la nada
al alma rescatada
y al mundo redimido. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Desead la paz a Jerusalén.

Salmo 121 LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desead la paz a Jerusalén.

Ant 2. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Salmo 129 – DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Desde la aurora hasta la noche mi alma aguarda al Señor.

Ant 3. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

Cántico: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL – Flp 2, 6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya.

LECTURA BREVE   2Pe 1, 19-21

Tenemos confirmada la palabra profética, a la que hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en vuestro corazón. Ante todo habéis de saber que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; pues nunca fue proferida alguna por voluntad humana, sino que, llevados del Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

V. Su gloria se eleva sobre los cielos.
R. Alabado sea el nombre del Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo
R. De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Esta mujer ha dado todo su sustento al Señor: y no le falta lo necesario para vivir.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Esta mujer ha dado todo su sustento al Señor: y no le falta lo necesario para vivir.

PRECES

Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle:

Míranos y escúchanos, Señor.

Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, tú que nos purificaste con tu sangre
no permitas que olvidemos nunca tus beneficios.

Haz que aquellos a quienes elegiste como ministros de tu Evangelio
sean siempre fieles y celosos dispensadores de los misterios del reino.

Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones
para que cuiden con interés de los pobres y postergados.

Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión
y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A los que han muerto en tu amor dales también parte en tu felicidad
con María y con todos tus santos.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

Padre nuestro…

ORACION

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, con el alma y el cuerpo bien dispuestos, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 10 de noviembre

Lectio: Sábado, 10 Noviembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 16,9-15
«Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo insignificante, lo es también en lo importante; y el que es injusto en lo insignificante, también lo es en lo importante. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? «Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.» Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él. Y les dijo: «Vosotros sois los que os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos presenta unas palabras de Jesús alrededor del uso de los bienes. Son palabras y frases sueltas, de las que no conocemos el contexto exacto en el que fueron pronunciadas. Lucas las coloca aquí para formar una pequeña unidad alrededor del uso correcto de los bienes de esta vida y para ayudar a entender mejor el sentido de la parábola del administrador deshonesto (Lc 16,1-8).
• Lucas 16,9: Usar bien el dinero injusto “Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas”. Otros traducen “riqueza inicua”. Para Lucas, el dinero no es algo neutral, es injusto, es inicuo. En el Antiguo Testamento, la palabra más antigua para indicar al pobre (ani) significa empobrecido. Viene del verbo ana, oprimir, rebajar. Esta afirmación, evoca la parábola del administrador deshonesto, cuya riqueza era inicua, injusta. Aquí se hace patente el contexto de las comunidades del tiempo de Lucas, esto es, de los años 80 después de Cristo. Inicialmente, las comunidades cristianas surgieron entre los pobres (cf. 1Cor 1,26; Gál 2,10). Poco tiempo después fueron entrando personas más ricas. La entrada de los ricos trajo consigo problemas que están evidenciados en los consejos dados en la carta de Santiago (Sant 2,1-6;5,1-6), en la carta de Pablo a los Corintios (1Cor 11,20-21) y en evangelio de Lucas (Lc 6,24). Estos problemas se fueron agravando al final del siglo primero, como atesta el Apocalipsis en su carta a la comunidad de (Ap 3,17-18). Las frases de Jesús que Lucas conserva son una ayuda para aclarar y resolver este problema.
• Lucas 16,10-12: Ser fiel en lo pequeño y en lo grande. “El que es fiel en lo insignificante, lo es también en lo importante; y el que es injusto en lo insignificante, también lo es en lo importante. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?” Esta frase aclara la parábola del administrador deshonesto. El no fue fiel. Por esto fue sacado de la administración. Esta palabra de Jesús trae también una sugerencia de cómo realizar el consejo de hacerse amigos con dinero injusto. Hoy ocurre algo similar. Hay personas que dicen palabras muy lindas sobre la liberación, pero que en casa oprimen a la mujer y a los hijos. Son infieles en las cosas pequeñas. La liberación en lo macro empieza en lo micro, en el pequeño mundo de la familia, de la relación diaria entre las personas.
• Lucas 16,13: No podéis servir a Dios y al dinero. Jesús es muy claro en su afirmación: “. “Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.” Cada uno, cada una tendrá que optar. Tendrá que preguntarse: “¿A quién, qué pongo en el primer lugar en mi vida: a Dios o al dinero?” En lugar de la palabra dinero cada cual puede colocar otra palabra: coche, empleo, prestigio, bienes, casa, imagen, De esta opción dependerá la comprensión de los consejos que siguen sobre la Providencia Divina (Mt 6,25-34). No se trata de una opción hecha sólo con la cabeza, sino de una opción bien concreta de la vida que abarca también actitudes.
• Lucas 16,14-15: Crítica a los fariseos que aman el dinero. “Estaban oyendo todas estas cosas los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él. Y les dijo: “«Vosotros sois los que os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que es estimable para los hombres, es abominable ante Dios.”. En otra ocasión Jesús menciona el amor de algunos fariseos al dinero: “… mientras devoran las casas de las viudas y simulan largas oraciones…” (Mt 23,14: Lc 20,47; Mc 12,40). Ellos se dejaban llevar por la sabiduría del mundo, de quien Pablo dice: “Y si no, mirad, hermanos vuestra vocación; pues no hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios y eligió Dios la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes. Y lo plebeyo del mundo, el desecho, lo que no es nada, lo eligió Dios para anular lo que es” (1Cor 1,26-28). A algunos fariseos les gustaba el dinero, como hoy a algunos sacerdotes les gusta el dinero. Vale para ellos la advertencia de Jesús y de Pablo.
4) Para la reflexión personal
• ¿Tú y el dinero? ¿Por qué optas?
• ¿Fiel en lo pequeño? ¿Cómo hablas del evangelio y cómo vives el evangelio?
5) Oración final
¡Dichoso el hombre que teme a Yahvé,
que encuentra placer en todos sus mandatos!
Su estirpe arraigará con fuerza en el país,
la raza de los rectos será bendita. (Sal 112,1-2)

Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

1. Palabra

Muy unido al tema del domingo pasado, el Evangelio de hoy nos pone alerta ante la tentación de utilizar lo religioso. Vivimos en una época en que ser persona de Iglesia, católica practicante, no produce prestigio; pero todavía disponemos de suficiente contexto social como para que lo religioso sirva en orden al poder sutil sobre las conciencias o, incluso, para lo económico. El juicio de Jesús se aplica especialmente a los representantes de la Iglesia; pero puede referirse también a todos los que asocian «el templo», la Iglesia, a sus intereses.

Al fijarse Jesús en la viuda pobre que ofrece a Dios todo lo que tiene, nos enseña muchas cosas:

  • Que Dios no valora la acción de su Iglesia con los criterios que nosotros usamos.
  • Que la entrega a Dios, expresada en la liturgia cristiana, es esencial; pero que de nada sirve si no suscita una sensibilidad solidaria con los pobres.
  • Que nosotros tendemos, incluso en el culto, a lo grandioso y espectacular; pero que Dios mira el corazón.
  • Que los grandes sacrificios le tienen sin cuidado a la hora del amor, si éste no se realiza en lo pequeño y cotidiano.

2. Vida

Para entrar en esa lógica, tan de Jesús, los importantes necesitamos ser sencillos de corazón como la viuda pobre de Sarepta (primera lectura). Saber confiar sin dar tantas vueltas a nuestros miedos. ¡Nos engañamos tan fácilmente con nuestro realismo bien calculado!

¿Es que nunca has experimentado que el Dios de Elías y de Jesús es infinitamente más grande y generoso?

¿Estás viviendo alguna situación en la que no puedes llevar las riendas? ¡Atrévete a confiar!

Para que esta confianza se te haga vida, quizá tengas que usar algún método más activo: Atreverte a salir de tu nido cómodo, dejando que alguien o alguna tarea te desinstale.

Javier Garrido

Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

Los textos litúrgicos que vamos a escuchar nos inculcan dos virtudes fundamentales en la vida cristiana: la humildad y la generosidad, muy unidas entre sí porque solo el humilde, el que no se tiene por encima de los demás y los desprecia, puede sentir generosidad ante el necesitado.

Respecto a la humildad.

La humildad es una virtud que nos hace reconocer nuestras debilidades y a tenerlas en cuenta a la hora de actuar. Tiene como vicio opuesto la soberbia que se manifiesta, tanto en el convencimiento de la superioridad sobre los demás, como en una falsa humildad que estratégicamente se presenta como humildad pero con el exclusivo intento de ser supervalorado por los demás.

Es el vicio que más fustigó Jesús. Todo lo perdonaba menos la soberbia, y no porque Él fuera remiso a ello sino porque la soberbia, por su misma naturaleza, excluye pedir perdón. El soberbio se considera perfecto por consiguiente no tiene ninguna razón para excusarse. El soberbio es un personaje lleno de sí mismo, incapaz de aceptar la más mínima influencia del exterior. Se cree dios y por eso se siente autosuficiente, impecable.

En el texto evangélico que acabamos de escuchar Jesús se muestra verdaderamente duro con ese vicio: “Guardaos de los maestros de la ley, a los que les gusta pasearse con vestidos ostentosos, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes. Ellos serán juzgados muy severamente”. Nos lo ha recordado la 3ª lectura (Mc. 12, 38-44)

También se despachó a gusto con el fariseo del templo: Os digo que éste –el publicano- descendió a su casa justificado pero aquél -el fariseo- no; porque “todo el que se ensalza será humillado (Lc. 18,14)

La soberbia es lo más pernicioso en el orden moral y espiritual porque, al no reconocer ningún límite externo a sus decisiones, el soberbio se convierte en una isla incapaz de ser abordada por nada ni por nadie. El soberbio es la primera víctima de su soberbia, morirá en su tozudez.

En cuanto a la generosidad. Se la define como la virtud que nos inclina a dar a los demás por encima de lo que sería estrictamente justo. Es dar algo de lo que es nuestro. Es el caso que nos ha recordado la primera lectura (1Rey. 17, 10-16) y también el Evangelio a cuenta del óvolo de la viuda.

La generosidad no solo se manifiesta en el campo del dinero sino también en el del tiempo dedicado a los demás: atender a un enfermo, escuchar a un pelma, ayudar a un anciano, enseñar a quien no sabe, etc. son también gestos de generosidad hacia los demás.

En ese sentido altruista está seriamente emparentada con la virtud de la caridad cristiana que nos invita a pensar en las necesidades de los demás y a procurarles la solución, en la medida de nuestras posibilidades. Lo cual nos remite a otra virtud: la misericordia que, según el Papa en su última exhortación: “Alegraos y Regocijaos” es “el corazón palpitante del Evangelio” (nº 97) A su vez, esto es posible solo si descendemos del trono, si somos humildes, y pensamos en los demás. En realidad todas las virtudes se implican mutuamente.

El vicio opuesto sería la avaricia cuyo típico representante literario sería El Avaro”, obra del famoso Molière, que narra la vida de un individuo que solo piensa en tener dinero.

Jesús en esta materia, como en todas, nos ilumina no solo con sus enseñanzas sino también con su ejemplo.

Se olvidó de sí mismo para entregar toda su vida, toda, no ratos más o menos grandes, toda su vida, a servirnos de guía en nuestro peregrinaje por la tierra. Fue su forma de realizar en la práctica aquello que había dicho de sí mismo: Yo soy el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas”(Jn. 10,11)

Es lo que reconoce el autor de la carta a los Hebreos [segunda lectura, 9, 24-28) cuando dice que “Jesús se presentó ante Dios en favor nuestro”

Estemos atentos a estas sabias enseñanzas de Jesús y poniéndolas en práctica vayamos pareciéndonos cada vez más a Él. Será la forma en la que iremos haciendo realidad el espíritu del Evangelio en el mundo al mismo tiempo que haciéndonos acreedores a los premios eternos. AMÉN.

Pedro Sáez

Gaudete et exsultate – Francisco I

133. Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros. Recordemos que lo que está cerrado termina oliendo a humedad y enfermándonos. Cuando los Apóstoles sintieron la tentación de dejarse paralizar por los temores y peligros, se pusieron a orar juntos pidiendo la parresía: «Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía» (Hch 4,29). Y la respuesta fue que «al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios» (Hch 4,31).

La generosidad con los bienes

1. En este pasaje evangélico muestra Marcos dos conductas contrapuestas: la de los letrados y la de la viuda pobre. Los «letrados» representan en este evangelio a personas ambiciosas de honores y dinero, amantes del prestigio, que desean los primeros puestos. Son vanidosos, avaros e hipócritas y utilizan la religión para explotar a los débiles. En realidad, ni siquiera son doctos en las Escrituras.

2. La «viuda», por el contrario, símbolo de la generosidad y disponibilidad de los pobres y pequeños, representa a los discípulos, ya que ama a Dios en medio de la corrupción social. En el fondo, el encuentro con Dios no se hace a través de las clases dirigentes y ricas del sistema, sino por medio de los corazones llenos de generosidad del pueblo pobre.

3. La comunidad de discípulos que quiere Jesús representa un mundo desarrollado según los designios de Dios, en el que cuenta más la calidad que la cantidad, y lo que uno es más que lo que representa o tiene. Frente a los infieles a Dios por su apego al dinero, están los creyentes generosos que dan lo que tienen y lo que son y participan de la generosidad de Cristo, que entregó total y gratuitamente su vida al Padre en servicio a los hombres.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Somos capaces de dar lo necesario alguna vez, en lugar de desprendernos de lo superfluo?

¿Compartimos los cristianos nuestros bienes?

Casiano Floristán

Saber ver

Jesús está ya en Jerusalén. Allí sufrirá prisión y muerte; antes, anunciará su Buena Nueva en esa ciudad dominada por quienes se niegan a oírla.

Ostentación y despojo

La polémica con los jefes religiosos de su pueblo toma sesgos peligrosos para Jesús. El Señor denuncia el gusto que ellos tienen por la pompa y los honores (cf. Mc 12, 38-39). Pero no se trata sólo de algo frívolo; esa ostentación se basa en el despojo al pobre: «Devoran los bienes de las viudas» (v. 40). Es conocida la trilogía del pobre en el antiguo testamento: viuda, huérfano y extranjero; personas sin protección, a quienes la vida resulta dura.

En este pasaje de Marcos, así como en el del libro de los Reyes, la viuda representa a los pobres, a los insignificantes. Lo poco que éstos tienen es devorado, por aquellos que deberían ser sus guías espirituales, «con pretexto de largos rezos» (v. 40). Se les juzgará con más rigor que a otros por este robo inicuo (cf. v. 40). El Señor rechaza todo uso de una prerrogativa religiosa (que si existe es para servir) a fin de ganar los primeros puestos y rodearse de honores, y llama a cada uno de nosotros a examinarse al respecto.

El óbolo de la viuda

Marcos nos cuenta en seguida un sencillo episodio. Jesús va al templo, corazón del poder religioso, económico y político de Jerusalén. En ese lugar, sentado «enfrente del cepillo», se pone a observar cómo depositan sus limosnas los creyentes que van al templo (v. 41). El templo era muy grande. Jesús —que al parecer está solo, cf. v. 43— escoge un lugar que le permita ver lo que no sería posible desde otra posición. Esta es tal vez la enseñanza mayor del texto.

Los ricos ponen mucho; en cambio, «una viuda pobre» apenas «dos reales» (v. 42). No se trata de un hecho banal para este agudo observador que ve más allá de las apariencias. Su lectura de la realidad viene del mensaje del Reino que él anuncia y del ángulo en que se ha colocado. El Maestro hará ver a sus discípulos el significado de lo que está ocurriendo. Lo que ha hecho la «viuda pobre» parece poco a una mirada no iluminada por la fe y situada fuera del palpitar de la historia, pero para Jesús vale más que la limosna de los ricos (v. 43).

La razón de esto es clara: unos dieron lo que les sobraba; la viuda entregó «de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir» (v. 44). Lo mismo hizo la viuda de Sarepta con el profeta Elías (cf. 1 Re 17, 10-16). No lo superfluo, sino lo necesario. A ello nos invita también Juan Pablo II en su encíclica «Sollicitudo rei socialis» (n. 31). Cristo dio su vida por nosotros (cf. Heb 9, 24-28), y el discípulo no debe estar por encima del Maestro.

Este es el fundamento de la solidaridad. No se trata de un tipo de ayuda que humille, sino de un compromiso que promueve. De una entrega, de un intercambio entre iguales.

Para percibirlo es necesario saber ver y ello supone elegir nuestro mirador para observar la realidad.

Gustavo Gutiérrez