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Archive for 11/11/18

II VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: HACEDOR DE LA LUZ: TÚ QUE CREASTE

Hacedor de la luz: tú que creaste
la que brilla en los días de este suelo,
y que, mediante sus primeros rayos,
diste principio al universo entero.

Tú que nos ordenaste llamar día
al tiempo entre la aurora y el ocaso,
ahora que la noche se aproxima
oye nuestra oración y nuestro llanto.

Que cargados con todas nuestras culpas
no perdamos el don de la otra vida,
al no pensar en nada duradero
y al continuar pecando todavía.

Haz que, evitando todo lo dañoso
y a cubierto de todo lo perverso,
empujemos las puertas celestiales
y arrebatemos el eterno premio.

Escucha nuestra voz, piadoso Padre,
que junto con tu Hijo Jesucristo
y con el Santo Espíritu Paráclito,
reinas y reinarás en todo siglo. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Yo mismo te engendré entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7 – EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo mismo te engendré entre esplendores sagrados, antes de la aurora. Aleluya.

Ant 2. Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.

Salmo 111- FELICIDAD DEL JUSTO

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosos los que tienen hambre y sed de ser justos, porque ellos serán saciados.

Ant 3. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Cántico: LAS BODAS DEL CORDERO – Cf. Ap 19,1-2, 5-7

El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios
(R. Aleluya)
porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Alabad al Señor sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis, pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).

Aleluya.
Llegó la boda del cordero.
(R. Aleluya)
Su esposa se ha embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA BREVE   Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte de Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a la asamblea de los innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino, al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

RESPONSORIO BREVE

V. Nuestro Señor es grande y poderoso.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Su sabiduría no tiene medida.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ésta pobre viuda ha dado más que todos, porque de su misma pobreza ha dado todo lo que tenía.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ésta pobre viuda ha dado más que todos, porque de su misma pobreza ha dado todo lo que tenía.

PRECES

Alegrándonos en el Señor, de quien vienen todos los dones, digámosle:

Escucha, Señor, nuestra oración.

Padre y Señor de todos, que enviaste a tu Hijo al mundo para que tu nombre fuese glorificado desde donde sale el sol hasta el ocaso,
fortalece el testimonio de tu Iglesia entre los pueblos.

Haz que seamos dóciles a la predicación de los apóstoles,
y sumisos a la fe verdadera.

Tú que amas la justicia,
haz justicia a los oprimidos.

Libera a los cautivos, abre los ojos al ciego,
endereza a los que ya se doblan, guarda a los peregrinos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que nuestros hermanos que duermen ya el sueño de la paz
lleguen, por tu Hijo, a la santa resurrección.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:

Padre nuestro…

ORACION

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, con el alma y el cuerpo bien dispuestos, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Porvenir

El ser humano de hoy mira más que nunca hacia adelante. El futuro le preocupa. No es sólo curiosidad. Es inquietud. Estamos ya escarmentados. Sabemos que los humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Son pocos los que creen hoy en grandes proyectos para la humanidad.

Hemos progresado mucho, pero el futuro del mundo es tan incierto como siempre o incluso más oscuro e indescifrable que nunca. ¿Quién se atreve hoy a arriesgar algún pronostico? ¿Quién sabe hacia dónde nos está llevando esto que llamamos «progreso»?

Las posturas pueden ser diversas. Algunos se encierran en un optimismo ingenuo: «el hombre es inteligente, todo irá cada vez mejor». Otros caen en una secreta resignación: «no se puede esperar otra cosa de los políticos, nada nuevo van a aportar las religiones, hay que agarrarse a lo que tenemos». Hay quienes se hunden en la desesperanza: «ya no somos dueños del futuro, estamos cometiendo errores que nos acercan a la destrucción».
 
Hay una manera sencilla de definir a los cristianos. Son hombres y mujeres que tienen esperanza. Es su rasgo fundamental. Ya san Agustín decía que «esperar a Dios significa tenerlo» y el poeta Peguy nos recordaba que la esperanza es «la fe que le gusta a Dios».

Los cristianos no pretendemos conocer el futuro del mundo mejor que los demás. Sería una ingenuidad entender el lenguaje apocalíptico de los evangelios como un reportaje sobre lo que va a suceder al final. Viviendo día a día la marcha del mundo, también nosotros nos debatimos entre la inquietud y la resignación. Sólo Dios es nuestra esperanza.
 
El Porvenir último del mundo es Dios. Lo sepamos o no, estamos colocados ante él. La historia se encamina hacia su encuentro. Al final, todo lo finito muere en Dios, y en Dios alcanza su verdad última. Dios es el final misterioso del mundo: Dios encontrado para siempre es el «cielo»; Dios perdido para siempre es el «infierno»; Dios como verdad última es el «juicio».
 
Esto que puede hacer sonreír a algunos es para el creyente la fuerza más real para mantener la esperanza, criticar falsas ideas de progreso y combatir por un hombre siempre más humano y más digno de Dios.

José Antonio Pagola

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Querido amigo: El encuentro de hoy es una gran lección que nos da Jesús dehumildad, de generosidad, de “no ambición”, de “no hipocresía”. Y vamos a ver cómo actúa Él cuando ve a estos escribas y estos fariseos; y cuando ve a esta pobre viuda cómo Él se emociona y cómo Él les dice la verdadera lección y la verdadera forma de obrar delante de Él y delante de los hombres. Lo encontramos en el Evangelio de Marcos, capítulo 12, versículo 38-44. Lo escuchamos y estamos presentes a esta escena con toda atención:

Y les decía en sus enseñanzas: “Guardaos de los escribas que gustan pasear con vestidos lujosos y ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, que devoran las casas de las viudas con el pretexto de largas oraciones. Éstos recibirán un juicio más severo”. Sentado frente al gazofilacio, miraba cómo la gente echaba en él las ofrendas y que bastantes ricos echaban mucho, pero al llegar una viuda pobre echó dos moneditas que hacen un cuarto. Llamó a sus discípulos y les dijo: “En verdad os digo: esa viuda pobre ha echado más que todos los otros en el gazofilacio, pues todos echaron de lo que les sobraba, pero ella, en su pobreza, echó todo lo que poseía, todo lo que tenía para su sustento”.

Hemos visto a Jesús cómo también cerca de la Pascua va al templo, recorre las distintas secciones y se da cuenta de todo lo que pasa alrededor; y aprovecha estas ocasiones para enseñar a sus discípulos y para enseñarnos a cada uno de nosotros. Querido amigo, tú y yo nos vamos también con Jesús al templo y allí le vemos y observamos todo lo que pasa alrededor.

El protagonista de esta escena es una viuda pobre. Jesús aprovecha toda ocasión y enseña a la multitud que hay ahí congregada en los atrios exteriores del templo. Y entonces les dice esas palabras cuando ve pasar a estos escribas y a estosfariseos: “Cuidado con los escribas. Mirad, les encanta pasearse con amplio ropaje, que les hagan reverencias, buscan los primeros asientos. Siempre con pretexto delargos rezos recorren todo con grandes filacterias… No seáis así. No seáis así”. Depronto Jesús entra en el atrio de las mujeres, donde estaba allí la sala del tesoro conun montón de cepillos, llamados en aquellos tiempos “trompetas” porque tenían laforma de un orificio, y se recogía en ellos las limosnas para el culto. Se sienta Jesús en una grada —estamos muy atentos— y vemos cómo Él observa a toda la gente que va pasando. Ve cómo los ricos echan puñados de monedas de cobre para que suenen bien sonoras, pero de pronto ve llegar a una viuda muy pobre y… —la ve por la vestimenta que trae— ve cómo echa en el cepillo sus dos monedas, que en aquellos tiempos eran unos lectos —el lecto era una moneda pequeñísima y que pesaba como un gramo; como dos céntimos de ahora—. Y allí esa ofrenda tan insignificante, tan invisible para todos estos ricos, vemos cómo a Jesús le es lo más notorio y se da cuenta de la generosidad de esta pobre viuda. A los ojos de los demás nadie la ve: es una pobre, ha echado unas moneditas… Pero a los ojos de Jesús no se le va nada. Entonces se da cuenta de la generosidad de esta pobre mujer.

Esta pobre viuda es riquísima en generosidad y grande en humildad. Se marcha discretamente, desaparece entre la multitud, y Jesús aprovecha esta situación para alabar a esta pobre viuda y enseñarnos la gran lección de la humildad y la gran lección de la generosidad. A Jesús no le gusta la ambición, no le gusta la ostentación, no le gusta la hipocresía, no le gustan las cosas y las formas llamativas de oración, ni de nada. No le gusta. A Jesús le gusta la humildad, la sencillez, el no notar, el silencio, el pasar desapercibido. Esta hipocresía y esta ambición Jesús no la aguanta. No la aguanta. Y dice que esta pobre viuda ha echado todo lo que tenía y alaba a esta mujer.

Muchas veces Jesús es duro, pero es duro con la ostentación, con la riqueza, con las formas de actuar ostentosas. Y no tiene palabras nada más que de alabanza para esta pobre mujer que pone a disposición todo lo que tiene: la generosidad. ¡Qué gran lección nos da a ti y a mí Jesús en este encuentro! Primero “no” a todo esto quequeremos: aparecer, ostentar, brillar, que se nos vea… Y “sí” a una vida de corazón, llena de contenido, llena de vida, llena de fuerza, sin notar, normal… Él es lo que mira.No mira la ostentación, sino mira la actitud y el corazón que ponemos en todo lo que hacemos.

Es una lección práctica que nos da Jesús. Tenemos que aprenderla. Te dirá a ti,me dirá a mí: “No seas así, no seas ostentoso, no seas ambicioso, no seas orgulloso, noseas hipócrita, no parezcas lo que no eres, no ambiciones los primeros puestos, no ambiciones el que te alaben, que te agradezcan… No ambiciones. Sé como esta pobre viuda: da todo lo que tienes. Así, en monedas. Parecen sin sonido, sin fuerza… perollenas de amor”. Una lección práctica. Y nos dice que sigamos este ejemplo, quedejemos un poco todas esas seguridades que tenemos, que nos abandonemos totalmente a la misericordia de Dios. Esta pobre mujer era muy pobre, pero en la pobreza era rica. Y el Señor le ayudaría. Se desprendió de todo, de todo lo que tenía y el Señor le dio todo. Es el ejemplo del pobre. El pobre, como él siente necesidad, tiene compasión de los demás, ayuda a solucionar los problemas; pero el rico, el ambicioso, no tiene necesidad de nada.

Hoy nos tenemos que plantear qué forma de vida tenemos: una vida orgullosa, ostentosa… o una vida como esta pobre mujer que, temblorosa, deposita allí todo lo que tiene y se abandona a la misericordia de Dios. Ésta es la lección: una lección a darnos a los demás. ¿Qué podemos dar nosotros? Podemos dar todo lo que tenemos: podemos dar nuestra bondad, nuestra sonrisa, nuestro servicio, nuestra alegría, nuestra forma de comprender a los demás, nuestra forma de ayudar, de querer a los demás; podemos repartir bondad, amabilidad, comprensión… aunque seamos muy pobres, como esta pobre mujer. Pero… recuerdo un dicho de una mujer india quedecía: “Las personas valen en cuanto tienen bondad”. El único calificativo, el único valor es la bondad: repartir ese cariño, repartir ese amor. Hoy tú y yo le vamos a pedir a Jesús que nos ayude a ser generosos, a darnos a los demás, pero también a no ser ostentosos, a no ser como estos maestros y letrados que querían, decían, exigían, pero después… No hagáis lo que ellos hacen, porque no es digno de ejemplo todo lo que hacen.

Le pedimos hoy a Jesús mucho que nuestra vida sea una vida sin hipocresía. Esta palabra me duele muchísimo cuando la pronuncio. Y el Señor recrimina y nos recrimina esa fantasía de vida que damos: parece que hacemos y no hacemos. Nuestra vida es una vida vacía, una vida de mucho sonido, de mucho ruido, pero que no lleva nada dentro. Jesús, enséñanos a ser limpios, humildes, sencillos, enséñanos el desprendimiento, la generosidad, el espíritu de compartir; enséñanos la humildad, el no notar, el silencio, la naturalidad; enséñanos la compasión; enséñanos la comprensión; enséñanos a convertirnos en personas pobres interiormente pero ricas para ti, que no disponen nada más que mucha fe en ti, mucho amor hacia ti, mucha confianza en ti, mucho espíritu filial, sabiendo que te tenemos a ti como Padre y que nunca, nunca nos abandonas, nunca nos dejas en la soledad y en la pobreza; nos ayudas siempre a los demás.

Que aprendamos la gran riqueza de la generosidad y la gran riqueza de la humildad. Ayúdanos, Señor, también para que sepamos ver, discernir, ponernos en activo de todas las necesidades de los demás y que actuemos en compasión, como esta mujer. Que sepamos tener también el pasar necesidad para comprender la experiencia de las necesidades de los demás. Y que sepamos también disfrutar de la alegría, de la fraternidad, como esta pobre mujer, que no le faltó la alabanza tuya y la alegría de saber que su generosidad la había hecho rica. La gran lección de la generosidad y de la humildad: aprender a ser pobre, aprender a entregarnos, aprender a no ser hipócritas, aprender a no ser ostentosos ni ambiciosos, como estos fariseos; y aprender también a no ser personas que buscan la preeminencia, la majestad, la ambición.

María, haznos pobres como Tú, haznos entregados como Tú. Y que sepamos también entregar todo lo que tenemos —estas pobres monedas que tenemos del amor, de la bondad, del cariño, de la generosidad— en el cepillo del corazón de cada una de las personas que se ponen en nuestro contacto y en el cepillo de tu corazón. Ayúdanos en esta gran labor. Me quedo y nos quedamos escuchando a Jesús y escuchando los avisos que nos da a ti y a mí, para que aprendamos de una vez la gran lección de la generosidad y de la humildad. Así sea.

Francisca Sierra Gómez

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Todos los años conmemoramos en nuestras celebraciones litúrgicas el ciclo de los principales sucesos de la vida del Salvador Jesús y leemos su enseñanza en el Evangelio, siguiendo un ciclo de 52 Domingos que designamos con el nombre de Año litúrgico, Año que comienza en el primer Domingo de Adviento. Lo cual quiere decir que nos hallamos muy cerca del fin de ese ciclo, y las lecturas de los últimos domingos del año nos hablarán del final de los tiempos. Una de las características de este final de los tiempos según el Evangelio será el cambio profundo de las situaciones: Quienes se hayan visto infra-privilegiados y oprimidos en esta vida se verán en el gozo, y los privilegiados de este mundo que hayan vivido sin compasión para con los menos afortunados se hallarán en el sufrimiento. Tal es el contexto en el que es preciso escuchar el Evangelio de esta mañana.

En este Evangelio nos encontramos con un contraste entre ricos y pobres: los ricos representados por los escribas y los pobres por la viuda que deposita su mínima pieza de plata en el tesoro del Templo.

A los turistas que cuentan con medios, que viajan a los países del tercer mundo, se les presenta a menudo la ocasión de dar algún dinero a los pobres, muy en especial a los niños pobres que corren tras ellos. Gesto que sin duda alguna es muy de recomendar. Al mismo tiempo, me he encontrado no pocas veces que se daba algo de chocante en esta situación. La viuda del Evangelio –lo mismo que la de la primera lectura, viuda que da de comer al profeta Elías – pertenece al grupo de pobres que dan de comer a los pobres. Son personas que dan de lo que les es necesario, no de lo que les sobra.

Y todo esto nos enseña algo sumamente bello de lo que Dios es. Si fuera Dios un rico que da de su abundancia, quedaría mejor representado por los escribas de nuestro Evangelio que por la viuda que depone su óbolo. Ahora bien, ¿no puede decirse que Dios nos da, no de su riqueza, sino de su pobreza? Sí, porque Dios se nos ha revelado en Jesucristo, que se ha hecho pobre con nosotros y para nosotros. En Jesús de Nazaret no se nos ha aparecido Dios como un rico turista que arroja su limosna a niños pobres, sino como un pobre que nos hace participes de su vida.

Si no fuera el Evangelio más que una condena de los ricos, podríamos sentirnos bien, ya que la mayor parte de nosotros podemos considerar si no como pobres, por lo menos no precisamente como ricos. Y por ello, las palabras tan duras (o por lo menos tan exigentes) del Evangelio respecto de los ricos no son para nosotros. Pro no es ahí donde se halla el verdadero mensaje. El mensaje de Jesús es que espera qe demos no tanto de lo que tenemos (poco o mucho) sino de lo que somos, de nuestra propia vida, que vivamos para el servicio de quienes nos rodean o que se hallan en nuestro camino.

Y creo yo que esto nos puede ayudar a comprender el sentido de los ministerios en la Iglesia de Dios. Quienes han sido ordenados sacerdotes o han recibido otros ministerios, no reciben una especie de banco de riquezas espirituales que cual ricos turistas han de distribuir a niños pobres, sino a entregarse a si mismos , lo mismo en su pobreza como en su riqueza, a fin de que puedan manifestarse y crecer los dones que ha colocado Dios en todos y cada uno de nosotros.

Uno de los aspectos maravillosos de todo ministerio espiritual consiste en la posibilidad de poder a menudo transmitir lo que nosotros no poseemos. Hay un texto del “Diario de un cura de aldea” de Bernanos que ha llamado siempre mi atención. Este cura de aldea hade asistir en su lecho de muerte a una dama de alta alcurnia, a una condesa que se halla en un desasosiego horroroso y en la angustia. Él mismo pasa en ese momento de su vida por una crisis interior enorme que nadie conoce. Por su ministerio devuelve la serenidad a la dama que muere en una una gran paz. Y a continuación nota en su diario: “¡Esté en paz!, le había dicho yo.. Y ella había recibido de rodillas esa paz… He sido yo quien se la ha dado. ¡Qué maravilla, que pueda uno hacer presente de esta manera lo que de hecho no posee! ¡Oh dulce milagro de nuestras manos vacías!”

Evidentemente queda todo esto mucho mejor expresado en la Carta a los Hebreos que hemos leído antes. Jesús no ha entrado en el santuario con sacrificios materiales, sino con su propia sangre. Lo que quiere decir que no nos ha dado “cosas”, se nos ha dado a si mismo. Nos ha dado su ser, su vida. Se nos ha dado como alimento de vida.

Pidámosle el descubrir cómo, desde el fondo de nuestra pobreza, podemos ayudarnos mutuamente a descubrir las riquezas de los demás haciendo a los demás partícipes de lo que de hecho nosotros no tenemos.

A. Veilleux

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134. Como el profeta Jonás, siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable. Sin embargo, las dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás, o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de hacernos volver a ese Dios que es ternura y que quiere llevarnos a una itinerancia constante y renovadora.

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Lectio: Domingo, 11 Noviembre, 2018

Jesús, los escribas y la viuda
La contabilidad diversa del Reino de los cielos
Marcos 12,38-44

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El texto del evangelio de este domingo presenta dos hechos opuestos, ligados entre sí: por un lado la crítica de Jesús contra los escribas que usaban la religión para arruinar a las pobre viudas y, por el otro, el ejemplo de la viuda pobre que daba al Templo hasta lo que le era necesario. ¡Hecho éste muy actual, incluso hoy!

b) Una división del texto para ayudar en la lectura

Marcos 12,38-44Marcos 12,38-40: La crítica de Jesús contra los intereses de los escribas
Marcos 12,41-42: Jesús observa a la gente que pone la limosna en el tesoro del templo
Marcos:12,43-44: Jesús revela el valor del gesto de una pobre viuda

c) El texto:

38 Decía también en su instrucción: «Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, 39ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Ésos tendrán una sentencia más rigurosa.»
41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. 42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. 43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: «Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. 44 Pues todos han echado de lo que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.»

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha gustado y ha llamado más tu atención? ¿Por qué?
b) ¿Qué critica Jesús en los doctores de la Ley, y por qué cosa los alaba?
c) ¿Qué desigualdad y religiosa de aquella época aparecen en el texto?
d) Cómo puede ser que dos céntimos de la viuda puedan valer más que lo echado por los ricos?
e) Observa bien el texto y descubre cuanto sigue: “¿Por qué Jesús elogia a la pobre viuda?
f) ¿Cuál es el mensaje de este texto para nosotros hoy?

5. Para aquéllos que desean profundizar más en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

* El contexto en tiempos de Jesús.
El texto de Marcos 12,38-44 relata la parte final de las actividades de Jesús en Jerusalén (Mc 11,1 a 12,44). Fueron días muy intensos, llenos de conflictos: expulsión de los mercaderes del Templo (Mc 11,12-26), y muchas discusiones con las autoridades: (Mc 11,27 a 12,12), con los fariseos, con los herodianos y saduceos (Mc 12,13-27) y con los doctores de la ley (Mc 12,28-37). El texto de este domingo (Mc 12,38-44) nos presenta una última palabra crítica de Jesús respecto al mal comportamiento de los doctores de la ley (Mc 12,38-40) y una palabra de elogio respecto al buen comportamiento de la viuda. Casi al término de su actividad en Jerusalén, sentado delante del tesoro donde se recogía las limosnas del Templo, Jesús llama la atención de los discípulos sobre el gesto de una pobre viuda y les enseña el valor del compartir (Mc 12,41-44)

* El contexto en tiempos de Marcos
En los primeros cuarenta años de la historia de la Iglesia, desde los años 30 al 70, las comunidades cristianas eran, en su mayoría, formadas por gente pobre (1Cor 1,26). Poco después se les agregaron también otras personas más ricas o que tenían varios problemas. Las tensiones sociales, que marcaba el imperio romano, comenzaron también a despuntar en la vida de las comunidades. Estas divisiones, por ejemplo, surgían, cuando las comunidades se reunían para celebrar la cena (1Cor 11,20-22) o cuando había alguna reunión (Sant 2,1-4). Por esto, la enseñanza del gesto de la viuda era para ellos actual. Era como mirarse al espejo, porque Jesús compara el comportamiento de los ricos y el comportamiento de los pobres.

* El contexto hoy
Jesús elogia a una pobre viuda porque sabe compartir más y mejor que todos los ricos. Muchos pobres de hoy hacen la misma cosa. La gente dice: “El pobre no deja nunca morir de hambre a otro pobre.” Pero a veces ni siquiera esto es verdad. Doña Crisanta una señora pobre de la campiña se trasladó a la periferia de una gran ciudad, decía: “Allí, en la campiña, yo era muy pobre, pero tenía siempre algo para compartir con un pobre que tocaba a la puerta. Ahora que me encuentro en la ciudad, cuando veo a un pobre que viene a llamar a mi puerta, me escondo por la vergüenza porque no tengo nada que compartir”. Por un lado la gente rica que tiene de todo y por otro la gente pobre que no tiene casi nada para compartir, excepto lo poco que tienen.

b) Comentario del texto:

Marcos 12,38-40: Jesús critica a los doctores de la ley
Jesús llama la atención a los discípulos sobre el comportamiento hipócrita y aprovechado de algunos doctores de la ley. “Doctores” o Escribas eran aquellos que enseñaban a la gente la Ley de Dios. Pero enseñaban de palabra, porque el testimonio de sus vidas mostraba lo contrario. A ellos les gustaba deambular por las plazas con largas túnicas, recibir el saludo de la gente, ocupar los primeros puestos en las sinagogas y en los banquetes. Eran personas que querían aparentar ser gente importante. Usaban su ciencia y su profesión como medio para subir la escala social y enriquecerse, y no para servir. A ellos les gustaba entrar en las casa de las viudas y recitar largas oraciones en cambio de dinero. Y Jesús termina diciendo: ¡Esta gente recibirá un juicio severo!”

Marcos 12,41-42: La limosna de la viuda
Jesús y os discípulos, sentados ante el tesoro del Templo, observaban a las personas que colocaban en el tesoro sus limosnas. Los pobres echaban pocos centavos, los ricos arrojaban monedas de gran valor. El tesoro del templo se colmaba de dinero. Todos aportaban algo para el mantenimiento del culto, para sostener a los sacerdotes y para la conservación del Templo mismo. Parte de este dinero era usado para ayudar a los pobres, porque entonces no existía la asistencia social. Los pobres dependían de la caridad pública. Los pobres más necesitados eran los huérfanos y las viudas. Ellos no poseían nada. Dependían del todo de la caridad de los otros. Pero aunque no tenían nada se esforzaban para compartir con los otros lo poco que tenían. Así pues, una viuda muy pobre deposita su limosna en el tesoro del templo. ¡Sólo unos céntimos!

Marcos 12, 43-44: Jesús muestra dónde se manifiesta la voluntad de Dios
¿Qué vale más: los dos céntimos de la viuda o las miles de monedas del rico? Para los discípulos, las miles de monedas de los ricos eran mucho más útiles para hacer caridad, que los dos céntimos de la viuda. Ellos pensaban que el problema de la gente se podría resolver con mucho dinero. Cuando la multiplicación de los panes, ellos habían dicho a Jesús: “Señor, ¿qué quieres que compremos con doscientos denarios para dar de comer a tanta gente?” (Mc 6,37). En efecto, para aquéllos que piensan así, los dos céntimos de la viuda no servía para nada. Pero Jesús dice: “Esta viuda ha echado en el tesoro más que todos los otros”. Jesús tiene criterios diversos. Llamando la atención de los discípulos sobre el gesto de la viuda, enseña dónde ellos y nosotros debemos buscar la manifestación de la voluntad de Dios, a saber, en el compartir. Si hoy compartiésemos nuestros bienes, que Dios ha puesto en el Universo a disposición de la humanidad, no habría ni pobres, ni hambre. Habría suficiente para todos y sobraría también para muchos otros.

c) Ampliando informaciones: Limosnas, compartir, riquezas

La práctica de dar limosna era muy importante para los judíos. Era considerada “una buena acción” (Mt 6,1-4), porque la ley del Viejo Testamento decía: “Puesto que los necesitados no faltarán nunca en el país; por esto yo te doy este mandato y te digo: Abre generosamente la mano a tu hermano pobre y necesitado en tu país” (Dt 15,11). Las limosnas, puestas en el tesoro del templo, tanto para el culto como para el mantenimiento del templo o para los necesitados, los huérfanos y las viudas, eran consideradas como acciones gratas a Dios. Dar limosnas era una forma de compartir con los otros, un modo de reconocer que todos los bienes y dones pertenecen a dios y que nosotros somos administradores de estos bienes, de modo que haya vida en abundancia para todos.

Fue a partir del Éxodo cuando el pueblo de Israel se dio cuenta de la importancia de la limosna, del compartir. La caminata de cuarenta años a través del desierto fue necesaria para superar el proyecto de acumulación que venía desde el faraón de Egipto y que era bien presente en la cabeza de la gente. Es fácil salir del país del faraón. Pero es difícil librarse de la mentalidad del faraón. La ideología de los grandes es falsa y engañosa. Ha sido necesario experimentar el hambre en el desierto para aprender que los bienes necesarios para la vida son para todos. Y esto es la enseñanza del Maná: “Aquel que había cogido de más, no tenía mucho, aquel que había cogido de menos no le faltaba” (Éx 16,18).

Pero la tendencia a la acumulación era continua y muy fuerte. Y renace casi siempre en el corazón humano. Precisamente en esta tendencia a la acumulación se formaron los grandes imperios de la historia de la humanidad. El deseo de poseer y de acumular está en el corazón de estos imperios y reinos humanos. Jesús muestra la conversión necesaria para entrar en el reino de Dios. Dice al joven rico: “Ve, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres” (Mc 10,21). Esta misma exigencia se repite en los otros evangelios: “ Vended lo que tenéis y dadlo en limosnas; haceos bolsas que no envejecen, un tesoro inexhausto en los cielos, donde los ladrones no llegan y no lo consume el moho. (Lc 12,33-34; Mt 6,9-20). Y añade una razón a esta exigencia: “Porque donde está tu tesoro, allí estará también vuestro corazón”

La práctica del compartir, de la limosna y de la solidaridad es una de las características que el Espíritu de Jesús, comunicado en Pentecostés (Act 2,1-13), quiere realizar en las comunidades. El resultado de la efusión del Espíritu es precisamente esto: “Ninguno entre ellos pasaba necesidad, porque cuantos poseían haciendas o casas las vendían, llevaban el importe de todo lo vendido y lo dejaban a los pies de los apóstoles” (Act 4,34-35ª; 2,44-45). Estas limosnas recibidas por los apóstoles no se acumulaban, sino que ”se distribuía a cada uno según su necesidad” (Act 4,35b; 2,45).

La entrada de los ricos en la comunidad cristiana, por un lado hacía posible la expansión del cristianismo, ofreciendo mejores condiciones al movimiento misionero, Pero de la otra, la acumulación de bienes blocaba el movimiento de solidaridad y del compartir provocado por la fuerza del Espíritu en Pentecostés. Santiago quiere ayudar a algunas personas a entender el camino errado que han emprendido: “Y ahora vosotros ricos; llorad y gritad por las desventuras que os sobrevendrán. Vuestras riquezas están podridas, vuestros vestidos serán devorados por la polilla” (Sant 5,1-3). Para aprender el camino del Reino, todos tienen necesidad de convertirse en alumnos de aquella pobre viuda, que compartió lo que tenía, lo necesario para vivir.

6. Oración de un Salmo 62 (61)

Dios es fuerza y es amor.

Sólo en Dios encuentro descanso,
de él viene mi salvación;
sólo él mi roca, mi salvación,
mi baluarte; no vacilaré.
¿Hasta cuándo atacaréis a un solo hombre,
lo abatiréis, vosotros todos,
como a una muralla que cede,
como a una pared que se desploma?
Sólo proyectan doblez,
les seduce la mentira,
con la boca bendicen
y por dentro maldicen.

Sólo en Dios descansaré,
de él viene mi esperanza,
sólo él mi roca, mi salvación,
mi baluarte; no vacilaré.
En Dios está mi salvación y mi honor,
Dios es mi roca firme y mi refugio.
Confiad siempre en él, pueblo suyo;
presentad ante él vuestros anhelos.
¡Dios es nuestro refugio!

Un soplo son los plebeyos,
los notables, pura mentira;
puestos juntos en una balanza
pesarían menos que un soplo.
No confiéis en la opresión,
no os atraiga la rapiña;
a las riquezas, si aumentan,
no apeguéis el corazón.
Dios ha hablado una vez,
dos veces, lo he oído:
que de Dios es el poder,
tuyo, Señor, el amor;
que tú pagas al hombre
conforme a sus obras.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

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La crítica de los escribas que hace Jesús no se refiere a la soberbia o al orgullo de aquellos hombres. Es lógico pensar que entre ellos habría individuos orgullosos y otros que serían humildes. Lo que Jesús critica es la institución misma de un colectivo de hombres que eran los intérpretes oficiales de la Ley, es decir, de la voluntad de Dios. A hombres así, revestidos de tal dignidad y autoridad, no había más remedio que someterse. Por eso ellos tenían que aparecer revestidos de dignidad, ocupar los primeros puestos y recibir las mayores reverencias. Cuando una institución religiosa se organiza de esta manera, los que pertenecen al grupo de los privilegiados de arriba (sacerdotes, rabinos, imanes…) inevitablemente se consideran, no solo con el derecho, sino además con la obligación de ser inflexibles en el mantenimiento de los dogmas, las normas, los ritos y las dignidades que solo a ellos les corresponden.

El contraste es la pobre viuda que da hasta lo que tiene para vivir, sin figurar ni aparecer, porque es una persona en la que no hay ni cargo, ni poder, ni dignidad, ni saberes, ni nada que no sea un corazón bueno, lo que es lo mismo que decir: una persona en la que no hay ni títulos, ni dignidades, sino solamente humanidad.

Somos muchos los que nos aferramos a la religión. Porque la religión es como el clavo ardiendo al que nos agarramos para tener alguna seguridad en la vida, y con vistas a lo que nos puede ocurrir después de la muerte. La religión es el “tranquilizante de los corruptos extrañamente estimables”.Porque, si nos quitan la religión, y nos quedamos solamente con lo que hay de auténtica bondad en nuestras vidas, en ese caso ¿a qué nos agarramos? ¿Qué esperanza nos queda?

Jose María Castillo

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