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Archive for 13/11/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TÚ QUE ERES CRISTO, EL ESPLENDOR Y EL DÍA.

Tú que eres, Cristo, el esplendor y el día,
y de la noche ahuyentas las tinieblas,
Luz de Luz que a tus fieles
cual luz te manifiestas,

te pedimos, Señor, humildemente
esta noche que estés de centinela,
en ti hallemos reposo
y la paz nos concedas.

Si se entregan al sueño nuestros ojos,
en ti vigile el corazón alerta,
y rogamos tus hijos,
Señor, que nos protejas.

Defensor nuestro, míranos, rechaza
al enemigo cruel que nos acecha
y, a quienes redimiste
con tu sangre, gobierna.

A ti, Cristo, Señor del universo,
y a ti, Padre, alabanza dondequiera,
y al Amor, por los siglos
loores. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Salmo 136, 1-6 – JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA.

Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»

¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;

que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Ant 2. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Salmo 137 – HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu nombre;

por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al soberbio.

Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes tu izquierda contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te doy gracias, Señor, delante de los ángeles.

Ant 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA BREVE   Col 3, 16

Que la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de todo corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

RESPONSORIO BREVE

V. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

V. De alegría perpetua a tu derecha.
R. En tu presencia, Señor.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, obras grandes por nosotros, porque tú eres poderoso y tu nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Cristo, que da fuerza y poder a su pueblo, diciendo:

Señor, escúchanos.

Cristo, fortaleza nuestra, concede a todos tus fieles, a quienes has llamado a la luz de tu verdad,
que tengan siempre fidelidad y constancia.

Haz, Señor, que los que gobiernan el mundo lo hagan conforme a tu querer,
y que sus decisiones vayan encaminadas a la consecución de la paz.

Tú que con cinco panes saciaste a la multitud,
enséñanos a socorrer con nuestros bienes a los hambrientos.

Que los que tienen en su mano los destinos de los pueblos no cuiden sólo del bienestar de su nación,
sino que piensen también en los otros pueblos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cuando vengas en tu día a ser glorificado en los santos,
da a nuestros hermanos difuntos la resurrección y la vida feliz.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús, y oremos al Padre diciendo:

Padre nuestro…

ORACION

Puestos en oración ante ti, Señor, imploramos tu clemencia y te pedimos que nuestras palabras concuerden siempre con los sentimientos de nuestro corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Martes, 13 Noviembre, 2018

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 17,7-10
¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?’ ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?’ Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos presenta una parábola que se encuentra sólo en el evangelio de Lucas, sin paralelo en los otros evangelios. La parábola quiere enseñar que nuestra vida debe caracterizarse por la actitud de servicio. Empieza con tres preguntas y, al final, Jesús mismo da la respuesta.
• Lucas 17,7-9: Las tres preguntas de Jesús. Se trata de tres preguntas sacadas de la vida de cada día, para las cuales los oyentes adivinaban ya la respuesta. Las preguntas son formuladas de tal manera que invitan a cada oyente a que piense en su propia experiencia y, desde su experiencia, trate de dar una respuesta. La primera pregunta: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?” Todo el mundo responderá: “¡No!” Segunda pregunta: “¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?” Todo el mundo contestará: “¡Sí! ¡Claro!” Tercera pregunta: De igual modo “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? Todo el mundo contestará: “¡No!” Por la manera que Jesús tiene de plantear preguntas, la gente percibe hacia qué dirección quiere orientar nuestro pensamiento. Quiere que seamos servidores unos de otros.
• Lucas 17,10: La respuesta de Jesús. Al final, Jesús mismo saca la conclusión que ya estaba implícita en las preguntas: “De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” Jesús mismo nos da el ejemplo cuando dice: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir” (Mc 10,45). El servicio es un tema que gusta a Lucas. El servicio representa la forma como los pobres del tiempo de Jesús, los anawim, esperaban al Mesías: no como un Mesías glorioso, re, sumo sacerdote o juez, sino como el Siervo de Yavé, anunciado por Isaías (Is 42,1-9). A María, la madre de Jesús, se le presenta el ángel: “He aquí la sierva del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!” (Lc 1,38). En Nazaret, Jesús se presenta como el Siervo, descrito por Isaías (Lc 4,18-19 e Is 61,1-2). En el bautismo y en la transfiguración, fue confirmado por el Padre que cita las palabras dirigidas por Dios al Siervo (Lc 3,22; 9,35 e Is 42,1). A sus seguidores Jesús pide “Quien quiere ser el primero, se haga siervo de todos” (Mt 20,27). ¡Siervos inútiles! Es la definición del cristiano. Pablo habla de esto a los miembros de la comunidad de Corinto cuando escribe: “Yo planté, Apolo regó; pero quien dio el crecimiento fue Dios. Ni el que planta, ni el que riega es algo, sino Dios que da el crecimiento” (1Cor 3,6-7). Pablo y Apolo no son que instrumentos, “servidores”. Lo que vale es Dios, ¡y sólo El! (1Cor 3,7).
Servir y ser servido. Aquí, en este texto, el siervo sirve al señor, y no el señor al siervo. Pero en otro texto de Jesús, se dice lo contrario: “Dichosos los siervos que el señor encuentra en vela cuando llega; en verdad os digo que se ceñirá, y los sentirá a la mesa, y se prestará a servirlos” (Lc 12,37). En este texto el señor sirve al siervo, y no el siervo a su señor. En el primer texto, Jesús habla del presente. En el segundo texto, Jesús habla del futuro. Este contraste es otra manera de decir: gana su vida aquel que está dispuesto a perderla por amor a Jesús y al Evangelio (Mt 10,39; 16,25. Quien sirve a Dios en esta vida, será servido por Dios en la vida futura.

4) Para una reflexión personal

• ¿Cómo defino mi vida?
• Ponte las mismas preguntas de Jesús. ¿Vivo como un siervo inútil?

5) Oración final

Conoce Yahvé la vida de los íntegros
su heredad durará para siempre;
en tiempo de escasez no se avergonzarán,
en días de penuria gozarán de hartura. (Sal 37,18-19)

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por ALBERTO PÉREZ PASTOR, S.J.
y JOSÉ LUIS SABORIDO CURSACH, S.J.

• Siguiendo esta idea de LOS ZAPATOS DEL CAMINANTE, os sugerimos un proyecto concreto que puede asumirse como “Jornada extra”, como simple celebración o como “Misa Familiar”, que podéis encontrar de modo completo en la revista HOMILÉTICA, nº 2018/6.

• El Adviento es un camino de cuatro semanas, que en la práctica quedan reducidas a tres y, si las catequesis o Jornadas las hacemos entre semana, el tiempo se acorta todavía más. En todo caso, reducimos el Adviento a tres semanas, dejando una cuarta como prolongación navideña.

• Aunque las familias sólo se nombran de pasada, estaría muy bien que también ellas pudieran participar.

Temporalización y contenido

Las semanas quedan estructuradas de esta manera:

TEMPORALIZACIÓN CONTENIDO ZAPATOS DEL ADVIENTO
1ª semana (2-8 dic.) “Cumpliré la Promesa” (Jer 33,14-15)
 “¡Estad despiertos!” (Lucas 12:39-40) Con zapatos nuevos
2ª semana (9-15 dic.) “¡Allanad el camino!” (Lc 3, 1-6) Con zapatos ligeros
3ª semana 
(16-22 diciembre) “El que tenga dos túnicas…” (Jn 1,6-8. 19-28) Con dos pares de zapatos
4ª semana (Navidad) “Un Niño envuelto en pañales” Con los patucos del Niño

Materiales

• El mapa del Adviento.
• Los dibujos impresos de los calzados semanales en tamaño adecuado para que puedan ser pegados en el mapa del Adviento.
• La corona del adviento: cada semana comenzamos con un pequeño rito en torno a la corona del Adviento. A la 1ª semana le daremos cierta solemnidad.
• Power Point “Los zapatos del adviento”, que puede solicitarse a la dirección: jlsabo@salterrae.es

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PRIMERA SEMANA
2-8 de diciembre de 2018
CON ZAPATOS NUEVOS
“¡ESTAD DESPIERTOS!”

1. PREGÓN DEL ADVIENTO

(El lugar está poco iluminado, pero con luz suficiente. Lugar especial y céntrico para colocar en su momento la corona del Adviento).

1. Introducción

Hoy inauguramos un tiempo muy especial: el Adviento. Un tiempo muy bonito en el que los cristianos preparamos el cumpleaños de Jesús, la fiesta en que toda la Iglesia se viste de alegría, porque va a nacer el gran vencedor del mal del mundo: Dios encarnado en un Niño. Vencer el mal no es cosa de película de buenos y malos. Vencer el mal más profundo de la humanidad es cosa de Dios. Algo tan grande y tan importante que, en un momento de la historia del mundo, Dios quiso hacerse hombre en Jesús. El Niño Dios y Hombre, que vino a salvarnos. Algo impensable, incomprensible, porque ese Niño encierra toda la sabiduría infinita de Dios.

2. Pregón

Catequista/profesor:

Comenzamos el Adviento.
Tiempo de espera y de ilusión.
Tiempo de anunciar y denunciar muchas cosas,
de pregonar a voz en grito “felicidades”,
de vivir entre luces y sombras.
Tiempo de velar con ojos bien abiertos
de descubrir caminos para no tropezar,
tiempo de acoger y sonreír,
de vivir la alegría de la espera,
niños y mayores, hombres y mujeres.
Tiempo de proclamar a los pobres
y a los que sufren
la Buena Noticia de Jesús.

(Aparecen dos niños llevando despacio la “corona del Adviento” y se colocan en el centro mostrándola a los asistentes)

3. Rito de la Corona del Adviento

Presidente:

Queremos empezar con este gesto solemne, colocando en el centro la corona del Adviento. Pueblos anteriores al cristianismo anunciaban el nacimiento de la primavera con verdes coronas y con hogueras. Los cristianos continuaron utilizando este rito, para anunciar la llegada de Jesús.

(Depositan la corona en un lugar céntrico y vuelven a sus asientos. Se acercan desde el fondo, un niño/a llevando la 1ª vela morada y un catequista/profesor. Se colocan en el centro mirando a los asistentes)

Catequista/profesor:

Hoy este rito está presente en todo el mundo. En casi todas nuestras iglesias se prepara la corona del Adviento con sus cuatro velas. Hoy presentamos al Señor nuestra primera vela, pidiéndole al Señor que venga y que estamos dispuestos a prepararnos para su venida.

Bendición de la Corona (si hay un sacerdote, él sería el más apropiado para hacerlo):

Señor Jesús, queremos hoy encender la primera vela morada de la Corona del Adviento. Sabemos que Tú eres la luz del mundo, que vence la tiniebla y la oscuridad. Sabemos también que Tú eres la esperanza de la humanidad, y por eso traemos la vela teñida de morado, que significa preparación y vigilancia. Hoy, para inaugurar nuestro Adviento, te pedimos que derrames tu bendición sobre esta corona. Ella nos recordará que tenemos que estar bien despiertos esperando tu venida. Ayúdanos a cambiar el mal que nos rodea y convertirlo en bien. Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Niño/a: Encendemos, Señor, esta luz, para salir de la oscuridad, a tu encuentro. Queremos despertar y levantarnos para caminar alegres hacia ti a lo largo del Adviento. ¡Ven Señor Jesús!

Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
(Se le ayuda a encender la vela y la coloca en la corona. Es el momento de encender todas las luces)
Sacerdote: Y oramos todos juntos. Para que el mundo vea
Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
Sacerdote: Para que seamos más hermanos
Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
Sacerdote: Para que no haya gente sin esperanza
Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
Sacerdote: Para vencer el mal del mundo
Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
Sacerdote: Para que nos repartamos mejor los bienes de la tierra.
Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
Sacerdote: Para que cambiar el egoísmo por el amor.
Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
Sacerdote: Para que nos preparemos a vivir bien la Navidad como a Ti te gusta,Todos: ¡Ven, Señor Jesús!

4. Lecturas y comentario

Evangelio: Lucas 12:39-40 Comentario

• Siempre hay que estar preparado para cuando venga Jesús.

• ¿Qué significa estar preparados y no estar preparados?… (con ilusión, rezando, sin despistarse con la falsa Navidad, etc.)

• Hoy, como en una carrera, damos “la salida” del Adviento. Ahí delante tenemos el mapa del Adviento, con un recorrido de cuatro semanas. Pero, para recorrerlo, necesitaremos un buen calzado: cada semana unos zapatos diferentes, dependiendo de qué camino haya que recorrer. Nos ayudarán para caminar alegres, ligeros y sin ampollas hasta el portal, donde nos espera el Niño recién nacido En esta celebración, pues, inauguramos “LOS ZAPATOS DEL ADVIENTO”

5. Un gesto

Esta semana vamos a comenzarla calzando unos zapatos nuevos, y tirar los viejos al cubo de la basura. Porque necesitamos mirar bien atentos y de una manera nueva, sin fijar nuestra mirada en las cosas que nos separan de Jesús. Por eso, vamos a colocarnos junto (alrededor de) a la corona del Adviento y nos sentamos en el suelo. Allí le vamos a decir a Jesús que estamos dispuestos a estrenar los zapatos del Adviento. (Dependerá del local para moverse o no de los asientos)

(Sentados, se les invita a descalzar uno de sus zapatos y ofrecerlo con la mano. Luego se hace la oración).

Oremos Señor, aquí tienes nuestros zapatos: unos grandes, otros pequeños, unos usados, otros bonitos y de muchos colores. Pero queremos decirte que, en Adviento, queremos calzarnos unos zapatos nuevos: los zapatos para preparar tu venida. Ayúdanos a estar bien despiertos para que no nos despistemos y podamos llegar hasta el Portal de Belén.

6. Un propósito para la semana: Esta semana nos vamos a esforzar en…

Se concreta una manera de ponerse a caminar “en salida” y como vigilantes, de manera que quede claro el propósito de la semana. Si la celebración se hace con presencia de padres, se les hace ver que “no es cosa de niños, ni es para vivirlo cada uno por su cuenta”. El Adviento es para vivirlo en familia, en comunidad. Vigilar esta semana significa hacerlo en familia. Si hemos quedado en rezar, en no ser cómodos, etc. significa que lo vamos a comentar, que lo vamos a vivir durante la semana en familia, en referencia a la Navidad.

7. Conclusión

Como signo de calzarnos unos zapatos nuevos, os vamos a repartir dos calzados.

(Se sacan dos cajas de zapatos. Una nueva y bien adornada con un lazo. La otra, vieja y rota. Ambas contienen en su interior el dibujo de los zapatos que se van a repartir. Primero se abre solemnemente la nueva y se les reparte el calzado nuevo. Si se prefiere, se puede pegar con adhesivo en sus calzados).

Veréis que en el calzado nuevo tenéis una oración. Os la llevaréis a casa para colocarla en un lugar visible y rezarla (en familia) a lo largo de la semana. Ahora vamos a recitarla juntos antes de terminar la celebración.

Todos: Te presentamos, Padre nuestro, estos zapatos nuevos que queremos estrenar esta primera semana de Adviento. Son los zapatos de la vigilancia, de estar atentos, de estar despiertos para recibirte cuando vienes a nosotros cada día en los compañeros, en los familiares y en todas las personas que nos rodean. Con ellos queremos prepararnos bien para la fiesta de la Navidad. Ven, Señor Jesús.

Y, para terminar os entregaremos el calzado viejo. Conforme vayáis saliendo lo arrojaremos a la papelera, como signo de que no queremos preparar la Navidad con actitudes negativas que nos alejen del camino.

(Se les reparten los zapatos viejos y conforme van saliendo los depositan en una papelera que uno sostiene a la salida).

 

SEGUNDA SEMANA
9-16 de diciembre de 2018
CON ZAPATOS LIGEROS
“¡ALLANAD EL CAMINO!”

(Preside la corona del Adviento, con la 1ª vela encendida)

1. Introducción

Al iniciar esta segunda semana, nos hemos reunido de nuevo junto a la Corona del Adviento para seguir esperando con alegría el nacimiento de Jesús. La semana pasada comenzamos el Adviento encendiendo la 1ª vela de la corona. Era la vela morada de estar vigilantes y de preparar la venida de Jesús con unos zapatos nuevos. Comenzamos hoy la celebración de la segunda semana. En la segunda semana queremos encender la vela verde de la esperanza. Los profetas mantenían siempre viva la esperanza del pueblo de Israel. Nosotros, igual que los profetas, queremos esperar ilusionados la venida de Jesús, Atentos al rito de entrada.

2. Rito de la Corona del Adviento

(Como la semana pasada, se acercan desde el fondo, un niño/a llevando la 2ª vela verde y un catequista/profesor. Se colocan en el centro mirando a los asistentes)

Catequista/profesor: Dios quiere venir a estar en medio de nosotros. Lo anuncia Juan Bautista y se alegra la tierra.

Niño/a: Jesús: queremos preparar el camino para que vengas. Queremos arreglar los baches del egoísmo y del mal comportamiento. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!”

Catequista/profesor: Padre nuestro, queremos hoy encender la segunda vela verde de la Corona del Adviento, el verde de la esperanza. Sabemos que Tú eres la esperanza de los pobres y de toda la humanidad. Te pedimos que nos entren muchas ganas e ilusión de preparar el camino de tu venida, quitando todo lo que sea un estorbo para encontrarnos contigo. Ayúdanos a caminar con ilusión y con esperanza. Amén.

Niño/a: Encendemos, Señor, esta luz, para salir a tu encuentro con ilusión y esperanza. Queremos quitar del camino todo estorbo que nos impida llegar hasta ti. ¡Ven Señor Jesús!

Todos: ¡Ven, Señor Jesús!
(Se le ayuda a encender la 2ª vela y la coloca en la corona)

Cada semana se irán colocando los calzados, según se muestra en la imagen

3. Rito del cartel

Ya tenemos encendida la vela verde de la segunda semana. Pero todavía tenemos pendiente una cosa de la primera. ¿Habéis cumplido el compromiso que hicimos de los zapatos nuevos? ¿Cuál era? (Recordar el propósito que se hizo). Si lo habéis cumplido, podéis salir a pegar los zapatos nuevos en nuestro cartel de Adviento. (Se les invita a que salgan para pegar el zapato de la semana pasada en el mural. Se les va dando conforme salen, el “zapato nuevo” que se repartió, y se les ayuda a que lo peguen en el mural. No importa si se superponen al pegarlos)

4. Evangelio y comentario

Leemos ahora el relato del evangelio para esta segunda semana. Escuchad lo que nos dice Juan Bautista respecto al camino.

Evangelio: Lc 3, 1-6

Comentario

• Juan hablaba de cosas un poco raras: rellenar los baches del camino, allanar los montículos, hacer los caminos más rectos y sin curvas… ¿Qué significa todo eso? ¿Tenemos que coger pico y pala?

•¿Para qué tenemos que hacer eso?

•¿Qué montañas de obstáculos que tenemos en el corazón que no nos dejan llegar a Jesús? ¿Y en el mundo? ¿Cómo superarlos?

•¿Qué baches del corazón no nos dejan llegar hasta Jesús? ¿Y del mundo? ¿Cómo superarlos?

4. Un gesto

Cuando va llegando la Navidad, se nos llenan los escaparates, se encienden bombillas y en la tele hay más anuncios que en otros meses del año. Muchas de estas cosas se convierten en obstáculo para llegar a Jesús, porque la Navidad no son cosas sino personas, no son bombillas sino Jesús. Todo eso lo vamos a expresar cambiando de calzado:

1) Para atravesar montañas y valles necesitamos unas buenas botas de montaña… (Se muestra el dibujo de las botas pesadas de montaña, y un catequista/profesor lee esta oración)

Te ofrecemos estas botas pesadas, pero fuertes. Las usaremos para esforzarnos en allanar los montes y malos caminos que nos apartan de ti.

2) Después de atravesar montañas y valles, ya nos podemos quitar esas pesadas botas para rutas de montañeros y podemos calzarnos unos zapatos más cómodos para caminos llanos y sin baches (Se muestra el dibujo de unos zapatos ligeros, y un catequista/profesor lee esta oración:).

Padre nuestro: si allanamos el camino para que venga Jesús, no necesitamos botas de montaña. Por eso te ofrecemos estos zapatos ligeros: los zapatos del amor y del compartir. Con ellos queremos caminar hacia el Portal de Belén, para encontrar a Jesús en esta Navidad.

5. Propósito para la semana

Cada uno tiene que pensar qué montaña voy a quitar de mi corazón y qué bache voy a rellenar para allanar el camino a Jesús (se deja un tiempo para pensarlo. Después se puede preguntar cuáles son esos propósitos…). Esta semana nos vamos a esforzar en… (se les ayuda a concretar, según lo que hemos hablado en el Evangelio. Lo importante es que quede claro el propósito de la semana. Si hay presencia de familiares, procurar que no sea sólo cosa de niños)

6. Conclusión

Es el momento de asumir los propósitos que hemos formulado hace un momento. Vamos a entregaros el dibujo de los dos calzados y con él en la mano, mostraremos nuestra voluntad de cumplirlos. (Se les entrega una hojita pequeña con los dos dibujos: por una cara las botas de montaña, y por la otra cara los zapatos ligeros.):

Si queremos superar las montañas y los baches que no nos dejan llegar a Jesús, tenemos que llevar unas buenas botas. Levantad y mostrad todos, las botas de montaña. (Levantan bien alto el dibujo de la bota de montaña). Y rezamos así:

Jesús, no queremos caminar torpemente, ni tropezarnos en nuestro camino. No queremos meternos en caminos que nos alejan de Ti. Queremos arreglar los baches del egoísmo y del mal comportamiento.

Y ahora, ya sin obstáculos, hacemos un camino llano para ir con zapatos más ligeros. Vamos a enseñar ese zapato ligero…(Levantan el dibujo del zapato ligero). Y rezamos así:

Jesús, queremos caminar cómodos y ligeros con el calzado del amor para verte en los demás, para ayudarte en los demás, para quererte en los demás. Y hacer para ti un camino llano por donde llegues más deprisa y mejor hasta nosotros y nuestro mundo.

 

TERCERA SEMANA
17-22 de diciembre de 2018
CON DOS PARES DE ZAPATOS
“DOY EL PAR QUE ME SOBRA”

(Preside la corona del Adviento, con la 1ª y 2ª vela encendidas)

1. Introducción

Ya falta menos para Navidad. Durante la semana pasada nos hemos esforzado en quitar obstáculos que nos impiden avanzar y nos hemos calzados los zapatos del amor y la alegría para caminar ligeros. En esta tercera semana Juan Bautista sigue hablándonos, como en la semana pasada. La gente le preguntaba: ¿Qué tenemos que hacer? Y él les daba una respuesta a cada uno. Comenzamos la celebración dispuestos a preguntar también nosotros a Juan, esperando su respuesta: ¿Qué tenemos que hacer esta semana?

Vamos primero a realizar, como en semanas pasadas, el rito de la corona del Adviento.

2. Rito de la Corona del Adviento

(Como la semana pasada, se acercan desde el fondo, un niño/a llevando la 3ª vela roja, y un catequista/profesor. Se colocan en el centro mirando a los asistentes)

Catequista/profesor: En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz.
Hemos de preparad sus caminos, porque ya se acerca.

Juan Bautista no era la luz, sino el que nos anuncia la luz, que es Jesús.

Niño/a: Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser una antorcha para iluminar tu camino con la luz y el calor del compartir.
¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!”

Catequista/profesor: Señor Jesús, queremos iluminar el mal del mundo con tu luz. Queremos llevar la alegría de tu luz al que no la tiene. Ayúdanos a compartir tu luz. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Niño/a: Encendemos, Señor, esta luz, para que nos alumbre y nos ayude a ser solidarios y generosos.¡Ven, Señor Jesús!

Todos: ¡Ven, Señor Jesús!

(Se le ayuda a encender la 3ª vela y la coloca en la corona)

3. Rito del cartel

Ya tenemos encendida la vela roja de la tercera semana. Pero todavía tenemos pendiente una cosa de la segunda. ¿Habéis cumplido el propósito que hicimos de allanar los caminos y caminar con zapatos ligeros del amor y la alegría? ¿Cuál era? (Recordar el propósito que se hizo) Si lo habéis cumplido, podéis salir a pegar los zapatos ligeros en nuestro cartel de Adviento. (Se les invita a que salgan para pegar el zapato de la semana pasada en el mural. Se les va dando conforme salen, el “zapato ligero” que se repartió, y se les ayuda a que lo peguen en el mural. No importa si se superponen al pegarlos)

4. Evangelio y comentario

Leemos ahora el relato del evangelio para esta tercera semana. Escuchad la pregunta que le hicieron a Juan: “¿Qué debemos hacer?”, y lo que Juan Bautista les responde. También nosotros necesitaremos preguntarle para escuchar su respuesta esta tercera semana.

Evangelio: Juan 1, 6-8; 19-28

Comentario

• ¿Qué pregunta la gente del pueblo a Juan Bautista?

• ¿Qué les contestaba él? (Compartid las túnicas, la comida, sed justos al pagar…)

• Es que en aquel tiempo había gente buena, pero también había otros muy egoístas y tramposos, como ahora. Para encontrar a Jesús, no se puede caminar con los zapatos de la trampa y el mal corazón. ¿Hay gente que camina con los zapatos de la trampa y el engaño?… ¿Por ejemplo?…

• ¿Hay gente que camina con los zapatos de la generosidad y de la solidaridad?… ¿Por ejemplo?…

• Antes de Navidad se suelen organizar campañas solidarias ¿Conoces alguna?… ¿Participáis en alguna?… Es una manera muy importante de preparar la Navidad: Jesús nace en los corazones solidarios, en las Navidades solidarias y generosas.

• Juan Bautista nos diría esta semana: “¡Tenéis que calzar los zapatos solidarios!” Una semana para preparar la Navidad compartiendo zapatos: “el que tenga dos pares de zapatos…” ¿Y cómo vamos a compartir zapatos?… (que lo digan)

5. Un gesto

Ahora os vais a acercar para sentaros delante de la corona del adviento (Si el lugar es reducido, se omite el tener que moverse). Y os vamos a repartir dos pares de zapatos, un par para cada mano. Luego extenderemos las palmas de las manos sosteniendo los dos pares de zapatos mientras hacemos una oración. (Se les reparte y se les dice que extiendan las palmas de las manos con las hojitas del calzado)

Jesús, no queremos calzarnos de consumismo…, ni de cosas que matan tu Navidad, la verdadera Navidad… No queremos caminar hacia navidades falsas en que Tú no naces… Queremos caminar esta semana con el calzado solidario del compartir con los que tienen cualquier tipo de necesidad… Ven Señor Jesús… Que te veamos y te recibamos en los demás…

6. Propósito para la semana

Cada uno tiene que pensar qué puede compartir con otros esta semana y cómo lo va a hacer (se deja un tiempo para pensarlo. Después se puede preguntar cuáles son esos propósitos…). Esta semana nos vamos a esforzar en… (Se les puede ayudar en diálogo. Lo importante es que quede claro el propósito de la semana).

7. Conclusión

Esta es nuestra última celebración. Pero queda pendiente pegar nuestro calzado en el mapa del Adviento. Por eso, en esta despedida, vamos a adelantarnos a pegar el calzado de esta semana, supuesto que vamos a cumplir nuestro propósito de ser solidarios. Como podéis ver en el cartel, después de rellenar la 2ª y la 3ª semana, va a quedar vacía una 4a semana. ¿Qué haremos?… En realidad, la cuarta semana se va a convertir en el camino más largo, que abarcará todos los días de Navidad. El calzado de la cuarta semana será el calzado del Niño Jesús: unos patucos pequeñitos, pero tan grandes que caben en ellos todos los hombres y todo el amor y amistad. Al regreso de vacaciones, según cómo hayamos vivido la Navidad, podremos completar el camino de la cuarta semana. Ahora, en este último envío, nos ponemos en pie. Vamos a despedirnos sosteniendo de nuevo en las palmas los dos pares de calzado.

Oremos:
Jesús: Me gustan tus patucos. Quiero que sean mis zapatillas navideñas, para compartir con ellas la amistad y la familia… Quiero vivir la Navidad contigo, tu verdadera Navidad… sin cambiar tu calzado por otros zapatos más bonitos pero que no son los tuyos, ni los de tu madre María. Gracias, Jesús, por la Navidad. Ven, Señor Jesús

Todos: Ven, Señor Jesús.
Ahora, os voy a preguntar si estáis dis- puestos a vivir la verdadera Navidad:

– ¿Estáis dispuestos a cumplir vuestro compromiso solidario?
R/ Sí, estamos dispuestos.

– ¿Estáis dispuestos a celebrar unas navidades auténticas en familia y con Jesús?
R/ Sí, estamos dispuestos.

Pasad, pues ordenadamente y en fila, para pegar vuestros zapatos en el mapa del Aviento. (Se les ayuda pegar en el recorrido de la tercera y la cuarta semana y regresan a su sitio para recibir la bendición). Y, para terminar, al salir os entregaremos, para que llevéis a casa, unos patucos de bebé, los patucos del Niño Jesús. Es el calzado que os recordará estas Navidades vuestro compromiso de vivir unas navidades auténticas.

(Se les reparten los patucos conforme van saliendo. Puede escribirse en la parte posterior un mensaje para navidad, según se crea oportuno).

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De qué se habla

El contenido de la conversación espiritual puede obedecer a una serie de criterios o guías. Sobre ellos he construido los próximos capítulos, consciente de que se trata de una sugerencia o indicación: cada caminante debe seguir su propio camino.
Los primeros «temas» de conversación pueden aglutinarse en torno a un título: ¿Qué me lleva? (Capítulo 8). Para comprender a qué me refiero, es representativa esta historieta quizá ya conocida, pero, en cualquier caso, útil.
Un empresario altamente reconocido visitó el Japón para resolver algunas cuestiones profesionales. Su vida estaba llena de éxito, pero también de turbulencias. En lo físico; contracturas en la espalda, mal dormir, pesadumbre en el día a día. En lo afectivo; un caos de relaciones, peleas con sus familiares y con las amistades, incapacidad para el compromiso. En lo laboral era decidido y no le temblaba el pulso, pero eso también le pesaba, puesto que se había enemistado con gran parte de su universo profesional.
Las relaciones comerciales salieron bien en pocas horas. Le quedó un precioso tiempo libre que aprovechó para visitar a un sanador de fama reconocida en el lejano oriente; buscaba un consejo adecuado que le ayudara a salir de esa situación. Gracias a sus numerosas influencias, consiguió una cita casi imposible a última hora del día. Ambos hablaban ingles con perfección, aun cuando al anciano oriental no le hizo falta demostrarlo. Una simple pregunta y el visitante comenzó a hablar sin interrupción. ¿Qué cosas le llevan? ¿Qué tiene usted entre manos?
Un torbellino de recuerdos, pasiones y sentimientos llenó la pequeña estancia. El empresario occidental aprovechó una ocasión que casi nunca se presenta: alguien escucha sin interrumpir, sin juzgar, sin aconsejar a tontas y a locas.

Como el monólogo se prolongaba, el gurú oriental hizo preparar unas tazas de té, que fueron puestas sobre la mesa con extrema delicadeza para no interrumpir al visitante. Tomó la tetera, y, mientras su interlocutor seguía hablando sin pausa ni descanso, comenzó a servir el té en la taza hasta rebosar. La infusión comenzó a derramarse por la mesa, la alfombra, la tarima…

El visitante quedó presa de la confusión cuando vio derramarse todo aquel hirviente líquido. Dejo de hablar, asombrado por la situación, que comenzaba a ser farragosa, y advirtió al consejero que, pro favor, dejara de servir la infusión. ¡Tenga cuidado, se está derramando todo!, exclamó asustado por la torpeza del anfitrión.

El anciano dejó la tetera a un lado, y afirmó que el encuentro había llegado a su fin, si bien lo certificó antes con diestras palabras: «Lo mismo que ha sucedido con el té, acaece en su propia alma. Está usted tan harto de cosas, que se derrama».

Las cosas que nos llevan son esas muchas o pocas cosas que albergamos en nuestro corazón -preocupaciones, tristezas, miedos, ilusiones o alegrías— que nos mueven a actuar. Sin embargo, si se tratara solamente de eso, el acompañamiento espiritual no pasaría de ser una disciplina meramente humana, como tantas otras. Lo que hace auténtico el acompañamiento espiritual, más allá de las motivaciones que hayan estado en el origen, en el deseo de encontrar a Dios y a su extraordinaria paz. Las tristezas, preocupaciones y alegrías no son lo más importante en la vida espiritual, pero se trata de llegar por ellas a lo fundamental: Dios en mi vida. Dicho de otro modo, esta primera parte de nuestra conversación espiritual también podría haberse llamado, sencillamente, fe.
El segundo tema de conversación habla sobre la relación íntima con Dios (capítulo 9); o sea, de todo eso que forma parte de mi vida espiritual y de mi específica relación con Dios. En este sentido, la oración no aparece porque ya encontró su hueco en el capítulo anterior, como lugar por donde pasan todas nuestras ilusiones y desasosiegos. Perfectamente, no obstante, podría haber encontrado su acogida en este capítulo, al igual que lo tiene la presencia de Dios, la lectura espiritual, la Eucaristía frecuente y tantos otros medios que, como advertíamos páginas atrás, no son tips para completar una lista de prácticas, sino modos concretos de custodiar el silencio interior. Cada una de las prácticas de piedad es un pequeño camino de abandono en Dios. Por eso importan. Junto a la fe, forma parte esencial del diálogo espiritual mi plan de vida con Dios.
La tercera parte (capítulo 10) se titula mi ser en el mundo. Aquí queda compendiado el despligue de la vocación, en contextos bien determinados: familia y trabajo, apostolado, los necesitados y el descanso.
En el fondo, todos los conceptos que aparecen ahora organizados de modo concreto como partes de una conversación personal, fueron ya objeto de reflexión, desde otro punto de vista, en la segunda parte. Con ello se evita la tosca tentación de pensar que la dirección espiritual versa sobre cosas; cuando en realidad tiene por tema una vida llena de amor y preocupaciones, de vitalidad y dificultades, de deseos y frustraciones. El acompañamiento espiritual tiene por objeto la vida entera del cristiano que, como no puede ser de otra manera, se apoya en esa multitud de cosas que constituye la vida en el espíritu. De cuanto se expone a continuación como guía corresponde al acompañado tomar lo que desee y cambiar cuanto le resulte oportuno. Se trata sencillamente de una propuesta para tomarse en serio lo más importantes de la existencia humana: la relación con Dios.

 

Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

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136. Es verdad que hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20). Pero a veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir. En el Evangelio vemos cómo Jesús «iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios» (Lc 8,1). También después de la resurrección, cuando los discípulos salieron a predicar por todas partes, «el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban» (Mc 16,20). Esa es la dinámica que brota del verdadero encuentro.

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Oración Domingo XXXIII Tiempo Ordinario

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Cantos para el Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

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