Vísperas – Miércoles XXXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: TE BENDECIMOS, CRISTO, EN ESTA NOCHE.

Te bendecimos, Cristo, en esta noche:
Verbo de Dios y Luz de Luz eterna,
emisor del Espíritu Paráclito;
te bendecimos porque nos revelas
la triple luz de una indivisa gloria
y libras nuestras almas de tinieblas.

A la noche y al día has ordenado
que se releven siempre en paz fraterna;
la noche compasiva pone término
a nuestras aflicciones y tareas,
y, para comenzar el nuevo surco,
el día alegremente nos despierta.

Da un sueño muy ligero a nuestros párpados,
para que nuestra voz no permanezca
muda por mucho tiempo en tu alabanza;
mientras dormimos se mantenga en vela
toda tu creación, cantando salmos
en compañía de la turba angélica.

Y, mientras duerme nuestro humilde cuerpo,
nuestro espíritu cante a su manera:
«Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu,
en el día sin noche donde reinan;
al Uno y Trino, honor, poder, victoria,
por edades y edades sempiternas.» Amén.

SALMODIA

Ant 1. Señor, tu saber me sobrepasa.

Salmo 138, 1-18. 23-24 – I TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE DIOS.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta mí.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa.

Ant 2. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Salmo 138 II

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has formado portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Ant 3. Todo fue creado por él y para él.

Cántico: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS. Cf. Col 1, 12-20

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Todo fue creado por él y para él.

LECTURA BREVE   1Jn 2, 3-6

Sabemos que hemos llegado a conocer a Cristo si guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, miente; y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra posee el perfecto amor de Dios. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que está siempre en él debe andar de continuo como él anduvo.

RESPONSORIO BREVE

V. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

V. A las sombras de tus alas escóndenos.
R. Como a las niñas de tus ojos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo, dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Dios, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle:

Que se alegren los que se acogen a ti, Señor.

Acuérdate, Señor, que enviaste a tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;
haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.

Tú que constituiste a tus sacerdotes servidores de Cristo y administradores de tus misterios,
concédeles un corazón fiel, ciencia abundante y caridad intensa.

Tú que desde el principio creaste hombre y mujer,
guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.

Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos,
sigan con fidelidad a tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
Concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.

Movidos por el Espíritu Santo y llenos de su amor, dirijamos al Padre nuestra oración:

Padre nuestro…

ORACION

Acuérdate, Señor, de tu misericordia, y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 14 de noviembre

Lectio: Miércoles, 14 Noviembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 17,11-19
De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.»
3) Reflexión
• En el Evangelio de hoy, Lucas cuenta como Jesús cura a diez leprosos, pero uno sólo le agradece. ¡Y era un samaritano! La gratitud es otro tema muy propio de Lucas: vivir con gratitud y alabar a Dios por todo aquello que recibimos de él. Por esto, Lucas habla muchas veces de que la gente quedaba admirada y alababa a Dios por las cosas que Jesús hacía (Lc 2,28.38; 5,25.26; 7,16; 13,13; 17,15.18; 18,43; 19,37; etc.). El evangelio de Lucas contiene varios cánticos e himnos que expresan esta experiencia de gratitud y de reconocimiento (Lc 1,46-55; 1,68-79; 2,29-32).
• Lucas 17,11: Jesús, camino hacia Jerusalén. Lucas recuerda que Jesús estaba de camino hacia Jerusalén, pasando por Samaría para ir a Galilea. Desde el comienzo del viaje (Lc 9,52) hasta ahora (Lc 17,11), Jesús va por Samaría. Sólo ahora está saliendo de Samaría, pasando por la Galilea para poder llegar a Jerusalén. Esto significa que las importantes enseñanzas, dadas en estos capítulos de 9 a 17, fueron dadas todas en un territorio que no ero judío. El oír esto tiene que haber sido motivo de mucha alegría para las comunidades, venidas del paganismo. Jesús, el peregrino, sigue su viaje hasta Jerusalén. Sigue eliminando las desigualdades que los hombres han creado. Sigua el largo y doloroso camino de la periferia hacia la capital, de una religión cerrada en sí misma, a una religión abierta que sabe acoger a los otros como hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo Padre. Esta apertura se verá en la acogida dada a los diez leprosos.
• Lucas 17,12-13: El grito de los leprosos. Diez leprosos se acercan a Jesús, se paran a distancia y gritan: “Jesús, maestro, ¡ten piedad de nosotros!” El leproso era una persona excluida. Era marginado y despreciado, sin el derecho a vivir con su familia. Según la ley de la pureza, los leprosos debían de ir con ropa rota y el cabello suelto gritando: “¡Impuro! ¡Impuro!” (Lv 13,45-46). Para los leprosos, la busca de un tratamiento significaba lo mismo que buscar la pureza para poder ser reintegrados en la comunidad. No podían acercarse a los otros (Lv 13,45-46). Si un leproso tocaba a alguien le causaba impureza y creaba un impedimento para la que la persona pudiera dirigirse a Dios. A través de este grito, ellos expresaban la fe en que Jesús podía curarlos y devolverles la pureza. Obtener la pureza significaba sentirse, de nuevo, acogido por Dios y poderse dirigir a El para recibir la bendición prometida a Abrahán.
• Lucas 17,14: La respuesta de Jesús y la sanación. Jesús responde:”¡Vete a mostrar a los sacerdotes!” (cf. Mc 1,44). Era el sacerdote que debía verificar la curación y dar el atestado de pureza (Lv 14,1-32). La respuesta de Jesús exigía mucha fe de parte de los leprosos. Deben ir donde el sacerdote como si ya estuvieran curados, cuando, en realidad, su cuerpo seguía cubierto de lepra. Pero ellos creen en la palabra de Jesús y van donde el sacerdote. Y ocurre que mientras van de camino, se manifiesta la curación. Quedan purificados. Esta curación evoca la historia de la purificación de Naamán de Siria (2Re 5,9-10). El profeta Eliseo mandó al hombre que se lavara en el Jordán. Naamán tenía que creer en la palabra del profeta. Jesús ordena a los diez leprosos que se presenten a los sacerdotes. Ellos tenían que creer en la palabra de Jesús.
• Lucas 17,15-16: Reacción del samaritano. “Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano”. ¿Por qué los otros no volvieron? ¿Por qué sólo el samaritano? En la opinión de los judíos de Jerusalén, el samaritano no observaba la ley como era debido. Entre los judíos había la tendencia a observar la ley para poder merecer o conquistar la justicia. Por la observancia, ellos iban acumulando créditos ante Dios. La gratitud y la gratuidad no forman parte del vocabulario de las personas que viven así su relación con Dios. Tal vez sea por esto que no agradecieron el beneficio recibido. En la parábola del evangelio de ayer, Jesús había formulado la pregunta sobre la gratitud: “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron?” (Lc 17,9) Y la respuesta era: ¡No! El samaritano representa a las personas que tienen la conciencia clara de que nosotros, los seres humanos, no tenemos mérito, ni crédito ante Dios. Todo es gracia, empezando por el don de la vida.
• Lucas 17,17-19: La observación final de Jesús. Jesús se extraña: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” Para Jesús, agradecer a los demás por el beneficio recibido es una manera de dar a Dios la alabanza que le es debida. En este punto, los samaritanos deban lecciones a los judíos. Hoy son los pobres los que desempeñan el papel del samaritano y nos ayudan a redescubrir esta dimensión de la gratuidad de la vida. Todo lo que recibimos tiene que ser visto como un don de Dios que viene hasta nosotros a través del hermano, de la hermana.
• La acogida dada a los samaritanos en el evangelio de Lucas. Para Lucas, el lugar que Jesús daba a los samaritanos es el mismo que el que las comunidades tenían que reservar a los paganos. Jesús presenta al samaritano como un modelo de gratitud (Lc 17,17-19) y de amor al prójimo (Lc 10,30-33). Esto debía ser muy chocante, pues para los judíos, samaritano o pagano, era la misma cosa. No podían tener acceso a los atrios interiores del Templo de Jerusalén, ni participar del culto. Eran considerados portadores de impureza, impuros desde la cuna. Para Lucas, pero, la Buena Nueva de Jesús se dirige, en primer lugar, a las personas y a los grupos considerados indignos de recibirla. La salvación de Dios que llega hasta nosotros en Jesús es puro don. No depende de los méritos de nadie.
4) Para la reflexión personal
• Y tú, ¿sueles agradecer a las personas? ¿Agradeces por mera costumbre o por convicción? Y en la oración: ¿agradeces u olvidas?
• Vivir en la gratitud es una señal de la presencia del Reino en medio de nosotros. ¿Cómo transmitir para los demás la importancia de vivir en la gratitud y en la gratuidad?
5) Oración final
Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas. (Sal 23,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 7, 6-8

6Pero élles dijo: “Bien profetizó Isaías sobre vosotros, hipócritas, como está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7Me rinden culto en vano, enseñando doctrinas [que son] preceptos de hombres’. 8Dejando el mandamiento de Dios, os aferráisa la tradición de los hombres”.

7, 6-8: Primera refutación escriturística de Jesús. Partiendo del principio de que la mejor defensa es un buen ataque, Jesús responde a la pregunta no con una respuesta directa, sino con una invectiva contra sus interlocutores y contra el concepto de tradición que subyace en su pregunta. Este ataque consta de dos partes, 7,6-8 y 7,9-13, cada una de las cuales consta de la fórmula «y les dijo-decía», una refutación bíblica y una conclusión en la que el mandamiento o palabra de Dios se opone a la tradición de los fariseos.

Para entender el argumento de Jesús resulta esencial mirar en el fondo de la polémica de Marcos. Así, en el entorno de Marcos ciertamente los fariseos no habrían aceptado la acusación de Jesús, que decía que sus tradiciones iban en contra de los mandamientos de Dios tal como se hallaban en su Biblia, el Antiguo Testamento (cf. 7,8-9.13). Al contrario, los fariseos más bien creían que la tradición les permitía cumplir correctamente los mandamientos de Dios. En efecto, conforme a su visión, las tradiciones no se oponían a la revelación, sino que eran una parte de ella que se había transmitido oralmente desde el Sinaí a través de una cadena humana ininterrumpida hasta los mismos fariseos. Este sentimiento de conexión con la revelación antigua es lo que ha dado al judaísmo rabínico, sucesor de los fariseos, su gran sentido de continuidad, hasta el momento actual.

Sobre la base de ese presupuesto, a los fariseos les habría resultado fácil invertir algunos de los argumentos principales de Mc 7,b-13 para utilizarlos en contra de Jesús y de los cristianos. Después de todo, un principio básico de la palabra escrita de Dios, es decir, de la Torá que el mismo Dios había entregado a Moisés, era que Israel debía distinguir entre lo impuro y lo puro, entre aquellas criaturas vivas que podían comerse y aquellas criaturas vivas que no podían ser comidas (Lv 11,47). Cualquier persona que hiciera lo que Jesús está haciendo en nuestro pasaje, al negar esta distinción entre los alimentos y declarar que todos estaban permitidos (Mc 7,19), habría sido identificado inmediatamente como un seductor que alejaba el corazón del pueblo, separándolo de Dios (cf. 7,6) y de los santos mandamientos que él había dado a Moisés (cf. 7,8.9.13).

De acuerdo con esto, es el mismo Jesús el que puede ser acusado de reemplazar con mandamientos humanos (es decir, sus propios preceptos) la clara enseñanza de Dios, cayendo de esa forma bajo la condena de Is 29,13 (cf. Mc 7,7-8). Esta acusación resulta especialmente pertinente, dado que algunos textos apocalípticos que profetizan la apostasía del fin de los tiempos dicen que muchos judíos preferirán los mandamientos de los hombres, poniéndolos por encima de los mandamientos de Dios, es decir, de las Leyes de Moisés, haciéndose impuros a sí mismos, como los paganos; y en este contexto citan a Is 29,13.

Esta acusación podía haber sido fácilmente presentada por los judíos más piadosos contra los judeocristianos como Marcos, que apoyaban la violación de las leyes de comida y querían que se rompiera el muro de división entre el pueblo de Dios y los impuros gentiles. Más aún, esta acusación revestiría una importancia especial en el contexto de la guerra santa de los rebeldes judíos contra Roma (67-73 d.C.), en un tiempo en el que los sentimientos antigentiles habían crecido mucho y las transgresiones en contra de la pureza ritual se percibían probablemente como una amenaza al mismo compromiso bélico.

Jesús responde a la pregunta de los fariseos sobre el lavatorio de manos dando su propia interpretación del importante versículo de Is 29,13 (Mc 7,6b-7), pasaje que interpreta como una profecía sobre la hipocresía de los fariseos y escribas que imponen unos mandamientos humanos en lugar de la enseñanza divina. Según Marcos «esta hipocresía» no es una disimulación consciente, sino que expresa una enfermedad profunda. El corazón se ha separado de Dios y el pueblo ha caído bajo el poder de una tradición humana que ha vaciado la palabra de Dios, quitándole su fuerza y cegando a sus seguidores, de manera que no pueden contemplar la verdadera voluntad de Dios (cf. 4,11-12). Por eso, cuando los discípulos de Jesús muestren signos de una tendencia semejante, él les dirá: «¿Es que también vosotros estáis sin entendimiento?» (7,18).

Jesús pone un contraste fuerte entre el término clave de los fariseos («la tradición de los ancianos», 7,3) y el mandamiento de Dios, convirtiendo así la tradición en una categoría negativa.

¿Qué me lleva?

La necesidad de acudir a la ayuda espiritual nace casi siempre de la inquietud, y por esa razón es necesario que las preocupaciones encuentren un hueco en la charla espiritual. Lo tienen. Pero no son lo primero y ni lo prioritario. Es la chispa que enciende la necesidad de un auxilio espiritual, y conduce a una conversación que va mucho más allá de esta preocupación primera.

«Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan y, sin embargo, vuestro padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?» (Mt6, 25-26).
Haber escuchado el mensaje evangélico no es garantía de tenerlo perfectamente integrado en la conducta. Sabemos que el Señor nos exhorta a abandonar toda ansiedad, a confiar en Él… y seguimos, no obstante, llenos de desasosiegos. Lo hemos oído muchas veces, e incluso hemos experimentado otras tantas cuán verdadero es. «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28), dice el Señor en otro lugar. El apóstol Pedro exhorta a descargar en Él nuestras preocupaciones, porque Él se preocupa por nosotros (cfr. 1P 5, 7). Lo llamativo es que el conjunto de estas afirmaciones no basta para sofocar la zozobra íntima que, en mayor o menor grado, atrapa a todo corazón. Nos preocupa la salud de nuestros hijos, la estabilidad de una relación, el futuro del trabajo, la convivencia con los familiares y mil cosas más.
Si sabemos de la bondad de Dios, ¿a qué tantos desvelos? Una causa tiene que ver con que ponemos demasiado empeño en evitar lo que nos hace daño, y acabamos causando un mal mayor. A veces tememos tanto las mañas noticias y aborrecemos en tal medida lo desagradable que se desencadena en nosotros el natural mecanismo de autodefensa. La inteligencia y la imaginación, junto con la voluntad, se ponen al servicio de evitar el mal que viene o que ya estamos padeciendo, y eso nos hace daño, y acabamos causando un mal mayor. A veces tememos tanto las malas noticias y aborrecemos en tal medida lo desagradable que se desencadena en nosotros el natural mecanismo de autodefensa. La inteligencia y la imaginación, junto con la voluntad, se ponen al servicio de evitar el mal que viene o que ya estamos padeciendo, y eso nos hace sufrir incluso más que padecerlo realmente. Estamos cansados mentalmente de pensar cómo evitar lo que nos pasa, y al no conseguir la meta, nos desanimamos. El daño corporal se torna espiritual: la fe y la esperanza disminuyen, y aumenta la tristeza. «En hombres preocupados los sufrimientos de angustia son mucho mayores que los causados por el daño cuando realmente llega a suceder» (D. von Hildebrand, p. 141).
Cuando vamos a nuestro encuentro de dirección espiritual, es inútil dejar a un lado lo que en ese momento nos ronda la cabeza. Sea o no importante, son nuestras preocupaciones. Sea o no grande, es mío. Es verdad, puede que la gente padezca unas injusticias enormes o unos sufrimientos extraordinarios: pero no son míos. «Mi “ser yo” es para mí lo obvio, lo primero, el núcleo de todo lo demás», anota Romano Guardini, «Todo se refiere a ese yo» (R. Guardini, p. 20).
¿Qué ando pensando? ¿Qué ocupa mi mente ahora? ¿Qué proyectos me hacen ilusión y cuáles me asustan pavorosamente? ¿Qué me lleva? Si preocupan tales o cuales cosas, se deben contar al director espiritual, pero no como quien va a un orientador profesional o a un especialista de la mente. Interesa, sobre todo, ver qué pinta Dios en todo eso. ¿Qué opina Dios de esas preocupaciones, de esos proyectos o de esas decepciones?
El universo de nuestros intereses son relevantes para la conversación espiritual por lo que Dios tiene que decir en cada uno de ellos. Sobre todo, tienen interés en la medida en que son examinados con perspectiva de fe. Si me preocupa la salud de mi hijo, ¿qué escucho decir a Dios al respecto? Si temo por mi futuro profesional, ¿dónde queda mi fe en Dios? Si ando ordinariamente inquieto, ¿qué me sugiere el Espíritu Santo dentro de mí?
Solo podremos liberarnos del hechizo de la preocupación, la angustia o la tristeza «si nos sumergimos en Dios, si confrontamos con Dios aquel daño que tanto tememos, si lo considereamos a la luz de nuestro destino eterno, exclamando: “Si es posible, aparta de mí este cáliz, no según yo quiera, sino según tu voluntad” (Mt 26, 39)» (D. von Hildebrand, p. 141).
Preguntarme qué me lleva, que tira de mí, desde una perspectiva sobrenatural, es cuestionarme sobre tres aspectos fundamentales de la vida espiritual, que conforman los tres primeros núcleos de la conversación espiritual: mi fe concreta, mi oración concreta, mi lucha concreta, y subrayo concreta para evitar generalizaciones propias de una fe vaga, una oración poco íntima y una lucha, a la sazón, inexistente.

Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

Gaudete et exsultate – Francisco I

137. La costumbre nos seduce y nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas «sean lo que son», o lo que algunos han decidido que sean. Pero dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado.

Comentario Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

Del libro de la Sabiduría

Dios de mis antepasados, Señor de misericordia,
que hiciste todas las cosas con tu palabra,
y con tu sabiduría formaste al ser humano
para que dominase sobre tus criaturas,
gobernase el mundo con santidad y justicia
y juzgase con rectitud de espíritu;
dame la Sabiduría entronizada junto a ti,
y no me excluyas de entre tus hijos.
Porque soy siervo tuyo, hijo de tu esclava,
un hombre débil y de vida efímera,
incapaz de comprender el derecho y las leyes.
Pues, aunque uno sea perfecto entre los hombres,
si le falta la sabiduría que viene de ti,
será tenido en nada.
Contigo está la Sabiduría que conoce tus obras,
que estaba a tu lado cuando hacías el mundo,
que conoce lo que te agrada
y lo que es conforme a tus mandamientos.
Envíala desde el santo cielo, mándala desde tu trono glorioso,
para que me acompañe en mis tareas
y pueda yo conocer lo que te agrada.
Ella, que todo lo sabe y comprende,
me guiará prudentemente en mis empresas
y me protegerá con su gloria.
AMÉN.

 

Mc 13, 24-32

«24Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol será oscurecido y la luna no dará su resplandor, 25y las estrellas estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas.26Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria;

27y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra al extremo del cielo.

28Pero de la higuera aprended la parábola: cuando ya su ramaje está tierno y brotan las hojas, sabéis que el verano (theros) está cerca.
29Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed queestá cerca, a las puertas (thurais).

30En verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

32Pero de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Este evangelio está tomado del Discurso Escatológico de Jesús que, en Marcos, ocupa todo el capítulo 13: tiene un estilo apocalíptico, con elementos proféticos y exhortativos. Fiel a este tipo de discursos, Mc 13 contiene una introducción (vv. 1-4), la predicción de persecuciones (vv. 5-13), la gran tribulación de Jerusalén (vv. 14- 23), la manifestación gloriosa del Hijo del hombre (vv. 24-27), la parábola de la higuera (vv. 28-32) y la exhortación a la vigilia (vv. 33-37). Lo más importante y lo central del capítulo es el anuncio de la venida del Hijo del hombre (vv. 24-27), anuncio precedido por unas exhortaciones a la fidelidad en tiempos recios de persecución (vv. 1-23), y seguido de otras sobre la vigilancia (vv. 28-37). Lo que Marcos pretende es sostener la fidelidad y la perseveranciade la comunidad cristiana en tiempos difíciles, y alentar la esperanza con la fe en la venida del Hijo del hombre, Jesús. Después de este discurso final, comienza el relato de la Pasión de Jesús (14,1ss).

 

TEXTO

Consta de varias unidades textuales pequeñas que en nuestras traducciones se agrupan en dos perícopas. 1) En la primera (vv. 24- 27), las imágenes que se utilizan son típicas de la literatura apocalíptica: la figura del Hijo del hombre tomada del libro de Daniel; los cataclismos, que indican una pronta intervención de Dios; los ángeles; las grandiosas imágenes de los símbolos cósmicos. En la apocalíptica, los cataclismos cósmicos son símbolo de la intervención de Dios en la historia y de su juicio sobre la humanidad. En esta clave hay que interpretar la venida del Hijo del hombre. En efecto, el corazón de esta unidad es, precisamente, que‘veremos venir al Hijo del hombre con gran poder y gloria’. 2)Frente a esta solemne presentación de hechos fatales y finales, en la segunda perícopa (vv. 28-32), la serena imagen de una higuera al final de la primavera supone una llamada, llena de sosiego y calma, a que, mientras el Señor vuelve, sus discípulos vivan en actitud de vigilancia y atención a los signos del paso de Diospor sus vidas y por la historia. La parábola de la higuera invita precisamente a eso: a velar y discernir los signos de los tiempos y a vivir en fidelidad a la voluntad de Dios.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Aquellos días-aquel día (vv. 24 y 32): el texto se abre y se cierra con la referencia al final, a nuestro destino personal y al destino cósmico. Y en ese final absoluto (merismo ‘tierra-cielo’ envv. 27.30) emerge una figura especial: Dios Padre (pasivos teológicos en vv. 24-25; mención a el Padre en el v. 32. Confianza, serenidad, esperanza, a pesar de todo cataclismo posible, porquetodo lo domina un Dios que es Padre.

• Como enviado suyo viene el Hijo del hombre, “con gran poder y gloria”: ese Hijo del hombre es el que conocemos en el propioevangelio, es Jesús de Nazaret. Su retorno es el corazón de la primera parte (v. 26) y el poder de sus palabras es el corazón de la segunda (v. 30).

• Itinerario de aprendizaje (“aprended”): leer la realidad einterpretarla desde las palabras de Jesús, que no pasarán. Llevar el evangelio a la vida y la vida al evangelio, una simbiosis que se verá remarcada por la perseverancia en la misión encomendada (vv. 33-37). Compromiso, entrega, fortaleza en las dificultades, intrepidez en la misión. Y, siempre, fe en el Señor.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario
18 de Noviembre 2018

 

Daniel 12, 1-3; Salmo 15; Hebreos 10, 11-14.18; Marcos 13, 24-32

El Regreso del Hijo del Hombre

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación, la luz del sol se apagará, no brillará la luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y Él enviará a sus ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas, sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre”.

Reflexión

Jesús prometió volver por segunda vez a la tierra. ¿Cómo vino la primera vez? (En el vientre de la Virgen María.) Prometió quedarse con nosotros para siempre.

¿Dónde está? (Escondido en la Eucaristía, las escrituras, en nuestro corazón, cuando 2 o más están reunidos en su nombre) ¿Por qué vino pequeño? (para compartir en nuestra pequeñez) ¿Cómo viene la segunda vez? (En gloria sobre una nube visto por todos) Y Él va a congregar a sus elegidos para que compartan de su gloria. ¿Queremos ser uno de sus elegidos? ¿Cómo nos preparamos para su segunda vendida?

Actividades

Hacer un móvil o una cartulina con nubes: una más grande con Jesús y otras más pequeñas con frases de cómo prepararnos para recibir a Jesús. Pegar algodón a las nubes.

Las nubes

Oración

Señor, ayúdanos a estar siempre pendiente de tu presencia en nuestra vida. Enséñanos a confiar en tu palabra sobre todas las cosas, ya que ésta no pasa. Ayúdanos a no tener miedo porque Tú estás con nosotros. Enséñanos a amar siempre. Gracias, Jesús. Amén.