La parusía del Señor

1. Más que discurso sobre la parusía, este evangelio es una exhortación a la esperanza. Se centra en los comportamientos más que en los acontecimientos. Ciertamente, utiliza un lenguaje apocalíptico, pero no para asustar, sino para acentuar que la victoria de Cristo es segura a pesar de las desgracias. La gloria de Dios no está en los edificios ni en el mundo material, sino en la fidelidad a las exigencias de su reino. Lo que predominará será el Hijo del Hombre con todos los elegidos.

2. Parusía significa «presencia», que equivale a la venida definitiva o escatológica de Cristo. Escatología viene de «eskhatos», que quiere decir «último». Evidentemente, todo el NT está pendiente de la parusía o realización de la esperanza cristiana.

3. A veces algunos cristianos, de corte apocalíptico o «milenarista», acentúan las catástrofes e interpretan este evangelio al pie de la letra. No se trata tanto del final del mundo natural cuanto del final de un mundo de pecado y de muerte. Debe ser bien entendida la imagen de la higuera, ya que sin muerte no hay primavera de resurrección. Lo decisivo no es que se tambalee la primera creación, sino que advenga la segunda y definitiva en toda su plenitud. Frente al final de un mundo, Jesús propone la vigilancia; frente a la venida del Hijo del Hombre, la esperanza.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Nos dejamos impresionar por ciertas amenazas de futuro?

¿En qué debemos poner nuestra esperanza?

Casiano Floristán