Vísperas – Martes XXXIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: NOS DIJERON DE NOCHE.

Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela
junto a tu cuerpo;
La noche entera,
la pasamos queriendo
mover la piedra.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

No supieron contarlo
los centinelas,
nadie supo la hora
ni la manera;
antes del día,
se cubrieron de gloria
tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos
buscan el sueño,
que la fe tenga el suyo
vivo y despierto;
la fe velando,
para verte de noche
resucitando.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor. Amén.

SALMODIA

Ant 1. El Señor da la victoria a su Ungido.

Salmo 19 – ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY.

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión;

que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

Ant 2. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Salmo 20, 2-8. 14 – ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Ant 3. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA BREVE   1Jn 3, 1a. 2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

V. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

V. Tu fidelidad de generación en generación.
R. Más estable que el cielo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, su pueblo adquirido, y supliquémosle diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que al subir al cielo llevaste contigo una gran multitud de cautivos,
devuelve la libertad de los hijos de Dios a nuestros hermanos que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor Dios todopoderoso, porque has permitido que lleguemos a esta noche; te pedimos aceptes con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 20 de noviembre

Lectio: Martes, 20 Noviembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 19,1-10
Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
3) Reflexión
• En el evangelio de hoy, estamos llegando al final de la larga caminada que empezó en el capítulo 9 (Lc 9,51). Durante esa caminada, no se sabía bien por dónde Jesús iba. Lo único que se sabía era que iba hacia Jerusalén. Ahora, al final, la geografía queda clara y definida. Jesús lleva a Jericó, a la ciudad de las palmeras, en el valle del Jordán. Última parada de los peregrinos, antes de subir para Jerusalén. Allí en Jericó terminó la larga caminada del éxodo 40 años por el desierto. También el éxodo de Jesús está terminando. Al entrar a Jericó, Jesús encuentra a un ciego que quería verle (Lc 18,35-43). Ahora, al salir de la ciudad, encuentra a Zaqueo, un publicano, que también quiere verle. Un ciego y un publicano. Los dos eran excluidos. Los dos molestaban a la gente: el ciego con sus gritos, el publicano con sus impuestos. Los dos son acogidos por Jesús, cada cual a su manera.
• Lucas 19,1-2: La situación. Jesús entra en Jericó y atraviesa la ciudad. “Había un hombre llamado Zaqueo, muy rico, jefe de los publicanos”. Publicano era la persona que cobraba el impuesto público sobre la circulación de la mercancía. Zaqueo era el jefe de los publicanos de la ciudad. Sujeto rico y muy ligado al sistema de dominación de los romanos. Los judíos más religiosos argumentaban así: “El rey de nuestro pueblo es Dios. Por esto, la dominación romana sobre nosotros es contra Dios. ¡Quien colabora con los romanos peca contra Dios!” Así, los soldados que servían en el ejército romano y los cobradores de impuestos, como Zaqueo, eran excluidos y considerados como pecadores e impuros.
• Lucas 19,3-4: La actitud de Zaqueo. Zaqueo quiere ver a Jesús. Siendo pequeño, corre hacia delante, sube a un árbol, y espera para ver a Jesús que pasa. ¡Tiene enormes ganas de ver a Jesús! Anteriormente, en la parábola del pobre Lázaro y del hombre rico, sin nombre, (Lc 16,19-31), Jesús mostraba lo difícil que es para que un rico se convierta y abra la puerta de separación para acoger al pobre Lázaro. Aquí aparece el caso de un rico que no encierra en si riqueza. Zaqueo quiere algo más. Cuando un adulto, persona de peso en la ciudad, sube a un árbol es porque no está de acuerdo con la opinión de los demás. Algo más importante lo mueve por dentro. Está queriendo abrir la puerta al pobre Lázaro.
• Lucas 19,5-7: La actitud de Jesús, reacción del pueblo y de Zaqueo. Al llegar cerca y viendo a Zaqueo sobre un árbol, Jesús no pregunta ni exige nada. Apenas responde al deseo del hombre y dice: “Zaqueo, ¡baja pronto! Porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.” Zaqueo baja y recibe a Jesús en su casa, con mucha alegría. Todos murmuraban: “¡Ha ido a hospedarse en casa de un hombre pecador!” ¡Lucas dice que todos murmuraban! Esto significa que Jesús estaba quedándose solo en su actitud de acoger a los excluidos, sobre todo a los colaboradores del sistema. Pero a Jesús no le importan las críticas. Va a casa de Zaqueo y lo defiende contra las críticas. En vez de pecador, le llama “hijo de Abrahán” (Lc 19,9).
• Lucas 19,8: Decisión de Zaqueo. “Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Esta es la conversión en Zaqueo por la acogida de parte de Jesús. Devolver cuatro veces lo que la ley mandaba en algunos casos (Ex 21,37; 22,3). Dar la mitad de los bienes a los pobres era una novedad que producía el contacto con Jesús. Era el compartir que tenía lugar de hecho.
• Lucas 19,9-10: Palabra final de Jesús. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán” La interpretación de la Ley por a Tradición antigua excluía a los publicanos de la raza de Abrahán. Jesús dice que vino a buscar y a salvar a lo que estaba perdido. El Reino es para todos. Nadie podía ser excluido. La opción de Jesús es clara, su llamada también: no es posible ser amigo de Jesús y seguir apoyando el sistema que margina y excluye a tanta gente. Al denunciar las divisiones injustas, Jesús abre el espacio para una nueva convivencia, regida por los nuevos valores de verdad, justicia y amor.
• Hijo de Abrahán: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán!” A través de la descendencia de Abrahán, todas las naciones de la tierra serán bendecida (Gén 12,3; 22,18). Para las comunidades de Lucas, formadas por los cristianos de origen judaica como de origen pagana, la afirmación de Jesús llamando a Zaqueo “hijo de Abrahán” era muy importante. En ella encontraban la confirmación de que, en Jesús, Dios estaba cumpliendo las promesas hechas a Abrahán, dirigidas a todas las naciones, tanto a los judíos como a los gentiles. Estos son también hijos de Abrahán y herederos de las promesas. Jesús acoge a los que no eran acogidos. Ofrece un sitio a los que no lo tienen. Recibe como hermano y hermana a las personas que la religión y el gobierno excluían y etiquetaban como:
– inmorales: prostitutas y pecadores (Mt 21,31-32; Mc 2,15; Lc 7,37-50; Jo 8,2-11),
– herejes: paganos y samaritanos (Lc 7,2-10; 17,16; Mc 7,24-30; Jn 4,7-42),
– impuras: leprosos e poseídos (Mt 8,2-4; Lc 17,12-14; Mc 1,25-26),
– marginados: mujeres, niños y enfermos (Mc 1,32; Mt 8,16;19,13-15; Lc 8,2-3),
– luchadores: publicanos y soldados (Lc 18,9-14;19,1-10);
– pobres: la gente de la tierra y los pobres sin poder (Mt 5,3; Lc 6,20; Mt 11,25-26).
4) Para la reflexión personal
• Nuestra comunidad, ¿cómo acoge a las personas despreciadas y marginadas? ¿Somos capaces de percibir los problemas de las personas y de prestarles atención, como lo hizo Jesús?
• ¿Cómo percibimos que la salvación entra hoy en nuestra casa y en nuestra comunidad? La ternura acogedora de Jesús produce un cambio total en la vida de Zaqueo. La ternura acogedora de nuestra comunidad ¿está provocando algún cambio en el barrio? ¿Cuál?
5) Oración final
Te busco de todo corazón,
no me desvíes de tus mandatos.
En el corazón guardo tu promesa,
para no pecar contra ti. (Sal 119,10-11)

Celebrar, representar, revivir la Historia de la Salvación

Comienza un nuevo Año Litúrgico. La comunidad creyente vuelve a celebrar, a revivir, representada en el signo sacramental de un año, toda su Historia de Salvación.

Guarda, Iglesia de Cristo, guarda en la memoria de la fe esos verbos inseparables de tu vida: “celebrar”, “representar”, “revivir”. Guárdalos como María de Nazaret guardaba en su corazón los acontecimientos en los que se le desvelaba –en los que Dios le desvelaba- el misterio de su hijo Jesús. Guárdalos como ella, pues se trata de celebrar, representar, revivir aquellos mismos acontecimientos de salvación que, para ella y para ti, son siempre y al mismo tiempo desvelamiento y misterio, iluminación y oscuridad, grandeza y pequeñez, gracia y humildad, asombro y abajamiento.

En el tiempo de Adviento, la comunidad cristiana celebra, representa, revive la espera de la venida del Señor en la humildad de la condición humana, y aviva en el corazón el deseo de que llegue, con el fin de los tiempos, la manifestación gloriosa de nuestro Dios y Señor.

La creación, siempre en Adviento, está toda ella gimiendo y sufre dolores de parto con la esperanza de verse liberada de la esclavitud de la corrupción. La humanidad, también en un Adviento lleno de clamores, espera la epifanía del reino de Dios, anhela la eclosión de la gloriosa libertad de los hijos de Dios, sueña con la irrupción de la justicia del amor en los páramos de la injusticia arrogante. Los pobres, los excluidos, los desposeídos y apaleados, los abandonados desnudos y medio muertos al borde del camino, los lázaros que yacen olvidados a la puerta de nuestra sala de banquetear, los crucificados, el ejército innumerable de los que tal vez ya no tengan en sus corazones ni siquiera un rincón para la esperanza, ellos son el cuerpo doliente en que se hace carne la esperanza de Adviento.

Y en comunión con todos, con la creación, con la humanidad, con los pobres, tú, Iglesia de Cristo, llevas a tu Adviento la esperanza de todos, llevas a tu oración el clamor de todos, llevas en tu vida el sufrimiento de todos, vives siempre y con todos en Adviento.

Entonces caes en la cuenta de las paradojas que atraviesan con su realismo este tiempo de gracia: Tu Señor ya ha venido y todavía lo esperas; tu salvador ya te acercó el reino de Dios y todavía clamas por su venida; tu redentor, tu libertador, ya te abrió las puertas de Dios para que mores en él, y todavía moras de muchas maneras lejos del amor que es tu Dios.

Para ti, Iglesia de Cristo, la esperanza en la venida del Señor es algo así como el sello de autenticidad de tu fe: esperas al que ya ha venido para todos en el misterio de la encarnación, esperas al que viene a tu encuentro en este tiempo de tu peregrinación por los caminos del mundo, esperas al que ha de venir para todos al final de los tiempos. Una y otra vez he dicho “esperas”; con lo cual queda dicho que siempre “vives en Adviento”. Si no espero, si no vivo en Adviento, no soy cristiano.

Así, pues, Iglesia en Adviento, celebra, representa, revive la esperanza con que los profetas de la palabra –Isaías y Juan Bautista los representan a todos- escudriñaron el horizonte de la salvación; celebra, representa, revive la esperanza con que los profetas del silencio –María y José de Nazaret- hubieron de aceptar la oscuridad de un misterio insondable; celebra, representa, revive la esperanza con que la creación, la humanidad, los pobres esperan siempre la epifanía del reino de Dios.

Tu tiempo, Iglesia de Cristo, es siempre de Adviento: tiempo para aprender las venidas del Señor, para reconocer al que viene, para recibir al que llega; tiempo para ejercitar los ojos del espíritu, la mirada de la fe, y hacerte experta en percibir el paso del Señor en nuestras vidas. El mismo que, naciendo de la virgen María, vino al mundo para nuestra salvación, viene hoy de muchas maneras a la vida de la comunidad eclesial: viene hambriento, sediento y desnudo en los pobres; llega extranjero en los emigrantes; nos visita vulnerable y desvalido en los enfermos, en los esclavos. Viene a nosotros misterioso y humilde en su palabra, en sus sacramentos, en los hermanos de la comunidad, en los presbíteros que la presiden en la caridad. Viene, don personal y total para su Iglesia, en la Eucaristía que celebramos y recibimos.

Grábalo como sello en tu corazón, como sello en tu brazo: “Ven, Señor Jesús”. Y no dejes que el Esperado, el Deseado, el Hijo de Dios pase por tu vida sin que se lleve el abrazo de tu fe y de tu amor compasivo.

Mons. Santiago Agrelo Martínez,
ofm Arzobispo de Tánger

A modo de síntesis

¿Cómo comienza entonces mi charla espiritual? ¿De quién hablo? A modo de síntesis de todo lo expuesto, cabría afirmar que quienes tienen espíritu de oración (diaria), pueden hacerlo comenzando por relatar si verdaderamente hicieron la oración todos los días, y si no fue así, aducir las razones: falta de tiempo, pereza o precipitación. Además, interesan los buenos propósitos que el buen Dios ha puesto en sus corazones; además de las inspiraciones o afectos que han movido el alma durante los ratos dedicados al Señor.
En esa misma oración, o también durante la presencia de Dios prolongada durante el día, la fe ha dado un perfil muy concreto a las diversas circunstancias de la vida. Son relevantes en dirección espiritual las que están influyendo (para bien o para mal) en el carácter, en el trabajo o en la misma vida de piedad. Preocupaciones, tristezas y alegrías, pero, sobre todo, lo que Dios opina de cada una de esas pasiones. Son las cosas que me llevan, que me pesan o me alegran, pero pasadas por Cristo, contadas a través de la fe, que son tema de oración, y por eso mismo, asunto de dirección espiritual.
Además, conviene poner al corriente al acompañante de las luchas más significativas, que hablan de si uno anda perezoso, criticón o lleno de envidas durante las últimas semanas. Y con ello, lo más importante: si se reconoce la mano de Dios en cada una de esas luchas.
Todo eso puede fortalecer o debilitar ocasionalmente la fe misma, que, en caso de verse zarandeada por las dificultades de la vida, también deberá ser puesta en común en el diálogo espiritual: si flaquea mi creencia, o bien si me veo confirmado por un montón de regalos de Dios.
Ya hemos comenzado la tarea de la dirección espiritual, y queda explícitamente claro que se trata de la apertura del alma, de extender el corazón. Estamos metidos de lleno en el único ambiente donde se puede poner al descubierto la intimidad del hombre con Dios, aquí y en ningún sitio más, porque, como afirma la Biblia Vulgata, secretum meum mihi, mi secreto es para mí (Is 24, 16).

Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

Gaudete et exsultate – Francisco I

143. Pero estas experiencias no son lo más frecuente, ni lo más importante. La vida comunitaria, sea en la familia, en la parroquia, en la comunidad religiosa o en cualquier otra, está hecha de muchos pequeños detalles cotidianos. Esto ocurría en la comunidad santa que formaron Jesús, María y José, donde se reflejó de manera paradigmática la belleza de la comunión trinitaria. También es lo que sucedía en la vida comunitaria que Jesús llevó con sus discípulos y con el pueblo sencillo.