Martes XXXIII de Tiempo Ordinario

Hoy es 20 de noviembre, martes de la XXXIII semana de Tiempo Ordinario.

Si nos dieran a elegir personajes del evangelio, muchos eligirían a Zaqueo y a los discípulos de Emaús, que son personajes muy conocidos y queridos. El texto de hoy nos ofrece la ocasión de revivir, junto a Zaqueo, su misma aventura de encuentro con Jesús. Prepárate para acompañarle, o mejor, para hacer la experiencia de que tú también eres Zaqueo y su historia, puede ser la tuya.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 19, 1-10):

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

Hoy volvemos a contemplar una escena del evangelio. Nos fijamos primero en los dos escenarios en que transcurre. Uno al aire libre, a las afueras de Jericó, una ciudad llena de palmeras, muy al sur de Israel. El otro es el interior de la casa de Zaqueo, durante la celebración de una comida.

En el comienzo vemos a dos personajes en movimiento. Jesús camina saliendo de la ciudad y Zaqueo corre y se sube a una higuera para poder verle antes de que se marche. El encuentro es muy improbable.

Sin embargo, el encuentro se produce. Y los vemos comiendo juntos en la casa del publicano. Jesús no se marcha por fin, sino que cambia de itinerario y se queda en casa de Zaqueo.

El que aparecía como jefe de recaudadores de impuestos, algo así como hablar ahora del cobrador del frac, rico, pecador y encima bajo de estatura, va a aparecer al final como hijo de Abrahám. Y está lleno de alegría, aunque con las promesas de restitución económica que hace, queda muy empobrecido.

Contempla largamente a Jesús, que es quien toma la iniciativa. Se detiene bajo el árbol donde está Zaqueo. No le regaña ni le hace ningún reproche. Le invita a bajar y le pide que le reciba en su cas. Y es precisamente esa actitud suya, la que consigue de Zaqueo, lo que los reproches nunca habrían logrado, que cambie de vida, que comparta sus bienes y se llene de alegría. Escúchale decir, como dirigidas a ti, las palabras con las que revela el sentido de su vida. Ha venido a buscar a los que estaban perdidos. Siéntete formar parte de ese colectivo, de encontrados por Jesús.

También yo llevo muchas etiquetas encima, Señor. Y lo mismo que Zaqueo, no doy la talla. Pero tú sabes que en el fondo de mi corazón, se esconde el deseo de verte y por tanto por eso ando buscando a qué árbol he de subirme para verte y qué pasos dar para alcanzarte. Y me resulta increíble que tú te detengas ante mí y quieras venir a mi casa, sentarte a mi mesa e instalarte en mi vida. Como Zaqueo, te pido hoy: ven, entra, quédate conmigo. Consigue de mí que comparta más, que abra a los otros mis manos y mi tiempo, mis vienes y mi corazón.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.