Mi vida íntima con Dios

En el capítulo anterior pensábamos qué nos lleva; en este reflexionamos sobre cómo amar lo bueno; sobre nuestra vida íntima con Dios. La vida íntima con Dios nunca puede quedar reducida a un conjunto de prácticas: eso sería fariseísmo. Toda la relación del cristiano con Dios es relación de amor, o mejor dicho: escuela de amor. Solo desde esta óptica se peude entrar, ya sí, en el examen concreto de cada práctica piadosa que el acompañado tiene por costumbre realizar.
Cada uno puede hacerse su propia composición acerca de cómo exponer al director su vida íntima con Dios. En este capítulo, se ofrece una guía en torno a algunos elementos esenciales de esa relación amorosa: el diálogo cotidiano con Dios (presencia de Dios), el diálogo de Dios con el hombre (Palabra de Dios y Eucaristía), el sacrificio por amor (morir a uno mismo), la transformación del corazón (un corazón puro) y la llamada de Dios (vocación), que tiene mucho que ver con la dedicación a los demás y el modo de ser en el mundo, al que dedicaré el capítulo siguiente (capítulo 10).

Cuenta conmigo, Fulgencio Espa