I Vísperas – Domingo Jesucristo, Rey del Universo

I VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: OH PRÍNCIPE ABSOLUTO DE LOS SIGLOS

Oh príncipe absoluto de los siglos,
oh Jesucristo, rey de las naciones:
te confesamos árbitro supremo
de las mentes y de los corazones.

En la tierra te adoran los mortales
y los santos te alaban en el cielo,
unidos a sus voces te aclamamos
proclamándote rey del universo.

Oh Jesucristo, príncipe pacífico:
somete a los espíritus rebeldes,
y haz que encuentren el rumbo los perdidos
y que en un solo aprisco se congreguen.

Para eso pendes de una cruz sangrienta,
y abres en ella tus divinos brazos;
para eso muestras en tu pecho herido
tu ardiente corazón atravesado.

Para eso estás oculto en los altares
tras las imágenes del pan y el vino;
para eso viertes de tu pecho abierto
sangre de salvación para tus hijos.

Por regir con amor el universo,
glorificado seas, Jesucristo,
y que contigo y con tu eterno Padre
también reciba gloria el Santo Espíritu. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Será llamado Príncipe de la paz, y su trono estará firmemente asentado para siempre.

Salmo 112 – ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Será llamado Príncipe de la paz, y su trono estará firmemente asentado para siempre.

Ant 2. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y lo obedecerán.

Salmo 116 – INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA.

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos:

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y lo obedecerán.

Ant 3. A Cristo se le ha otorgado el imperio, el honor y la realeza: todos los pueblos, naciones y lenguas por siempre lo servirán.

Cántico: HIMNO A DIOS CREADOR Ap 4, 11; 5, 9-10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A Cristo se le ha otorgado el imperio, el honor y la realeza: todos los pueblos, naciones y lenguas por siempre lo servirán.

LECTURA BREVE   Cf. Ef 1, 20-23

Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y lo constituyó a su diestra en los cielos, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista no sólo en el mundo presente, sino también en el futuro. Todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, que es su cuerpo, como cabeza, sobre todo, es decir, como plenitud de aquel que lo llena todo en todo.

RESPONSORIO BREVE

V. Tuya es la grandeza y el poder, tuyo, Señor, es el reino.
R. Tuya es la grandeza y el poder, tuyo, Señor, es el reino.

V. Tú gobiernas todo el universo.
R. Tuyo, Señor, es el reino.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Tuya es la grandeza y el poder, tuyo, Señor, es el reino.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará en la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará en la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Aleluya.

PRECES

Hermanos, adoremos a Cristo Rey, el cual existe antes que todas las cosas, y en quien todas las cosas tienen su razón de ser. Elevemos a él nuestra voz, clamando:

Que venga tu reino, Señor.

Cristo, nuestro rey y pastor, congrega a tus ovejas de todos los puntos de la tierra
y apaciéntalas en verdes praderas de pastos abundantes.

Cristo, nuestro salvador y nuestro guía, reúne a todos los hombres dentro de tu pueblo santo: sana a los enfermos, busca a los extraviados, conserva a los fuertes,
haz volver a los que se han alejado, congrega a los dispersos, alienta a los desanimados.

Juez eterno, cuando pongas tu reino en manos de tu Padre, colócanos a tu derecha
y haz que poseamos el reino que nos ha sido preparado desde la creación del mundo.

Príncipe de la paz, quebranta las armas homicidas
e infunde en todas las naciones el amor a la paz.

Heredero universal de todas las naciones, haz entrar a la humanidad con todos sus bienes al reino de tu Iglesia que tu Padre te ha dado,
para que todos, unidos en el Espíritu Santo, te reconozcan como su cabeza.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Cristo, primogénito de entre los muertos y primicia de los que duermen,
admite a los fieles difuntos a la gloria de tu resurrección.

Con la confianza que nos da el ser participantes de la realeza de Cristo y coherederos de su reino, elevemos nuestra voz al Padre celestial:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy amado, rey del universo, haz que toda creatura, libertada de toda esclavitud, sirva a tu majestad y te alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio Divina – 24 de noviembre

Lectio: Sábado, 24 Noviembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 20,27-40
Se acercaron algunos de los saduceos, los que sostienen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si a uno se le muere un hermano casado y sin hijos, debe tomar a la mujer para dar descendencia a su hermano. Pues bien, eran siete hermanos. El primero tomó mujer y murió sin hijos; la tomó el segundo, luego el tercero; y murieron los siete, sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque fue mujer de los siete.»
Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.»
Algunos de los escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» Pues ya no se atrevían a preguntarle nada.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy nos informa sobre la discusión de los Saduceos con Jesús acerca de la fe en la resurrección.
• Lucas 20,27: La ideología de los Saduceos. El evangelio de hoy comienza con esta afirmación: “Los saduceos sostienen que no hay resurrección. Los saduceos eran una élite aristocrática de latifundistas y comerciantes. Eran conservadores. No aceptaban la fe en la resurrección. En aquel tiempo esta fe comenzaba a ser valorada por los fariseos y por la piedad popular. Animaba a la resistencia de la gente en contra de la dominación tanto de los romanos como de los sacerdotes, de los ancianos y de los saduceos. Para los saduceos, el reino mesiánico estaba ya presente en la situación de bienestar que ellos estaban viviendo. Así seguían la llamada “Teología de la Retribución” que distorsiona la realidad. Según esta teología, Dios retribuye con riqueza y bienestar los que observan la ley de Dios, y castiga con el sufrimiento y la pobreza a los que practican el mal. Así, se entiende que los saduceos no querían mudanzas. Querían que la religión permaneciera tal y como era, inmutable como Dios mismo. Por esto, para criticar y ridiculizar la fe en la resurrección, contaban casos ficticios para mostrar que la fe en la resurrección llevaría a la persona al absurdo.
• Lucas 20,28-33: El caso ficticio de la mujer que se casó siete veces. Según la ley de la época, si el marido muere sin hijos, su hermano tiene que casarse con la viuda del fallecido. Era para evitar que, en caso de que alguien muriera sin descendencia, su propiedad pasara a otra familia (Dt 25,5-6). Los saduceos inventaron la historia de una mujer que enterró a siete maridos, hermanos entre sí, y ella misma acabó muriendo sin hijos. Y le preguntaron a Jesús. “Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque fue mujer de los siete.” Caso inventado para mostrar que la fe en la resurrección crea situaciones absurdas.
• Lucas 20,34-38: La respuesta de Jesús que no deja dudas. En la respuesta de Jesús aflora la irritación de aquel que no aguanta el fingimiento. Jesús no aguanta la hipocresía de la élite que manipula y ridiculiza la fe en Dios para legitimar y defender sus propios intereses. Su respuesta tiene dos partes: (a) vosotros no entendéis nada de la resurrección: “Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios por ser hijos de la resurrección.” (vv. 34-36). Jesús explica que la condición de las personas después de la muerte será totalmente diferente de la condición actual. Después de la muerte no habrá bodas, todos serán como ángeles en el cielo. Los saduceos imaginaban la vida en el cielo igual a la vida aquí en la tierra. (b) Vosotros no entendéis nada de Dios: “Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Y al final concluye: “¡No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven!” Los discípulos y las discípulas, que estén alerta y aprendan. Quien está del lado de estos saduceos, estará del lado opuesto a Dios.
• Lucas 20,39-40: La reacción de los otros ante la respuesta de Jesús. “Algunos de los escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien.» Pues ya no se atrevían a preguntarle nada”. Muy probablemente estos doctores de la ley eran fariseos, pues los fariseos creían en la resurrección (Cf. Hechos 23,6).
4) Para la reflexión personal
• Hoy los grupos de poder ¿cómo imitan a los saduceos y arman manifestaciones para impedir mudanzas en el mundo y en la Iglesia?
• ¿Tú crees en la resurrección? Al decir que crees en la resurrección, ¿piensa en algo del pasado, del presente o del futuro? ¿Has tenido en tu vida alguna experiencia de resurrección?
5) Oración final
Creo que gozaré
de la bondad de Yahvé
en el país de la vida.
Espera en Yahvé, sé fuerte,
ten ánimo, espera en Yahvé. (Sal 27,13-14)

Jesucristo, Rey del Universo

En el último domingo del año litúrgico, la Iglesia celebra la festividad de Jesucristo Rey del Universo. Una festividad de alto contenido teológico, pero que aún no ha llegado a ser una fiesta popular, ni parece que tenga especial significación para la espiritualidad de la gran mayoría de los cristianos. Y es que el título de “rey”, aplicado a Jesús, tropieza con dos dificultades.

1) La secular “mundanización”.

2) El exagerado “misticismo”.

El título de rey es un título secular, mundano que, además, está asociado, en la mentalidad de mucha gente, a las antiguas monarquías absolutas. Por eso, aplicarle a Jesús el título de “rey” tiene el peligro de evocar el poder político que tuvo la religión de Israel y el poder temporal que, desde el emperador Constantino, la Iglesia ha ejercido con tanta frecuencia. Un poder, además, que hoy pretende seguir ejerciendo, basándose en el argumento según el cual la religión es la referencia última en los asuntos relacionados con el comportamiento ético (Benedicto XVI). Fijar los límites y competencias de la religión en este orden de cosas es uno de los asuntos más apremiantes del momento en que vivimos. En todo caso, si aceptamos que lo específico del Evangelio no es “lo religioso”, sino “lo laico”, lo que tiene que hacer la Iglesia es educar y formar buenos “ciudadanos”. Porque los buenos ciudadanos son y serán siempre los buenos “cristianos”.

El exagerado misticismo se puede dar en aquellas personas que, cuando piensan en Jesucristo Rey, lo ven clavado en la cruz. Lo cual responde al título que Pilatos mandó colocar sobre la cabeza del Crucificado. Pero entonces, el peligro puede estar en aquellos que asocian la cruz solamente con el sufrimiento y no con la lucha contra el sufrimiento. Jesús murió crucificado, no porque Dios quiere el sufrimiento, sino porque no lo quiere. Jesús vivió para hacer el bien y aliviar el dolor del mundo. Eso, llevado hasta sus últimas consecuencias, es lo que a Jesús lo llevó a la cruz. Y así es como Jesucristo es Rey: siendo bueno con todos y haciendo el bien a todos.

José María Castillo

Jesucristo, Rey del Universo

Situación

La fiesta de Cristo Rey nació en un contexto determinado. Se quería reivindicar, en una sociedad progresivamente secularizada, el protagonismo de lo cristiano. Por eso resalta más el contraste de la Palabra, sobre todo, del Evangelio, en que Jesús pone signo de su señorío el amor al prójimo marginado.

Es éste el desafío de la comunidad cristiana en el mundo: que el liderazgo de la Iglesia, en cuanto poder institucional o de grupo, dé paso al hombre. No es el hombre para la Iglesia, sino la Iglesia para el hombre.

El señorío de Jesús sobre la historia se hace efectivo por el amor a los hambrientos, sedientos, desnudos, forasteros, enfermos, encarcelados…

 

Palabra

Continuamos con la visión apocalíptica de Dan 7 y Ap 1. Por ello, resulta tanto más chocante el diálogo entre Pilato (representado el poder del Emperador, dueño y señor de los pueblos) y Jesús, que se autoproclama Rey.

Cuando Jesús dice que su reino no es de este mundo, se ha hecho una interpretación espiritualista: que su reino es el de las conciencias y en función del Reino futuro de los cielos, en el más allá de la historia. Los exégetas nos dicen que el contenido de esas palabras es muy otro: que su reino no se realiza conforme a los valores de este mundo, que se oponen al Reino de Dios (el nuevo mundo que él trae como Mesías, con su mensaje y su propia muerte).

Pilato es incapaz de percibir las pretensiones que Jesús tiene de ser Rey: Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Si él fuese de la verdad, habría comprendido que el poder de Jesús es más fuerte que el de cualquier Emperador, que la revolución que Jesús trae es imparable y definitiva y total, pues abarca las conciencias y la sociedad, la tierra y el cielo, el presente y el futuro. Pero es una revolución que no necesita ejércitos, ni imposiciones morales, ni protagonismos históricos. Respeta la autonomía de los poderes civiles y, al mismo tiempo, transforma la dinámica de la historia. Dignifica al hombre en su libertad y le abre horizontes de liberación a los que se tiene acceso sólo por gracia y en obediencia de fe.

Vida

¡Que puedas decir en la Eucaristía: «Tú, Jesús, maniatado y condenado a muerte, eres mi Señor!»

Cuando salgas de la Eucaristía, que en tu corazón reine la misericordia. Tendrás que pedir cada día un corazón misericordioso. Más de una vez sentirás su dureza de piedra. Pero, poco a poco, milagro de Dios, ningún hombre/mujer te resultarán indiferentes, especialmente los marginados.

Javier Garrido

Gaudete et exsultate – Francisco I

En oración constante

147. Finalmente, aunque parezca obvio, recordemos que la santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración. El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos.

Jesucristo, Rey del Universo

En una visión profética Daniel anuncia a Jesús como el constructor de un Reino que jamás será destruido. (7,13-14)

San Juan en el Apocalipsis ve a Jesús como quien nos ama y ha entregado su vida por nosotros. (1,5-8)

El Evangelio recoge las palabras de Jesús con las que indica la razón de su venida al mundo: para dar testimonio de la verdad y extender el Reino de Dios.

Son tres citas en las que se recoge sintéticamente la extraordinaria obra de Jesús de Nazaret en favor nuestro: establecer el Reino de Dios en el mundo.

La fiesta de hoy tiene como finalidad la exaltación de su persona como expresión de nuestro agradecimiento por ello.

A lo largo de todo el ciclo litúrgico le hemos ido siguiendo en su nacimiento, crecimiento delante de Dios y de los hombres, su dedicación a extender el Reino de Dios, su pasión, muerte y Resurrección. Le contemplamos finalmente en su Gloriosa Ascensión como vuelta al misterio de Dios, de donde había salido.

Una vida en la que todos y cada uno de nosotros hemos estado presente. Nada de lo que Él hizo, o, a Él le pasó, fue al margen de su empeño porque hoy, todos nosotros estuviéramos reunidos en su nombre, bajo la acción del Espíritu Santo, esperando su gloriosa venida para recogernos.

Nada le “pasó” en propio provecho. Todo fue para nosotros, que andábamos como ovejas sin pastor. Todo fue para cada uno de nosotros, que tantas veces hemos sido recogidos sobre sus hombros, para volver al redil después de alguna loca aventura.

Para que nosotros, que andamos medio náufragos en un mundo muchas veces encanallado, no nos encontrásemos solos sin saber qué hacer, a donde mirar para orientar nuestros pasos.

Para que nosotros, cuando el dolor de la desaparición de nuestros seres más queridos amenazara con lanzarnos a la desesperación, tuviéramos la certeza de que su separación no es una desaparición total sino, un paréntesis en el que nos aguardan en su casa definitiva.

Para que nosotros, cuando sintiéramos derrumbarnos ante la adversidad, no encontrando apoyatura alguna, pudiéramos agarrarnos a Él que, con su ejemplo y promesas, nos da aliento para seguir bregando.

Podríamos seguir así, recordando su maravillosa presencia, horas y horas pero no se trata de abrumarnos con datos sino de despertar en nosotros tal admiración por él que no nos contentemos con considerarle Rey sino, y como Él más lo deseo: NUESTRO BUEN PASTOR.

Nuestro Pastor que nos guíe en nuestra vida familiar realizándola conforme a su deseo de que la viviéramos con amor entrañable, con ternura, con entrega.

Nuestro Pastor que nos guíe en las relaciones con los demás en un ámbito de amor real, convertido en perdón, en ayuda, en aliento, en servicio.

Nuestro Pastor en el desempeño de nuestra actividad laboral siendo justos en salarios pagados y en trabajo realizado.

Nuestro Pastor en el campo de la formación preparándonos sólidamente para poder cooperar luego en el desarrollo de la sociedad.

Nuestro Pastor a la hora de servir a los demás poniendo a su disposición nuestros talentos personales.

Nuestro Pastor a la hora de ponernos en las manos de Dios.

Ese es el verdadero carácter y razón de ser de esta Festividad de Cristo Guía, de Cristo Pastor, de Cristo Líder.

Él consumió su vida en la oferta de su propia persona en favor nuestro. No seamos desagradecidos. Valoremos su gesto y digámosle de todo corazón: cuenta con nosotros, Jesús, te seguimos porque tienes para nosotros palabras de vida eterna. Tú eres nuestro camino, nuestro Pastor, nuestra fuerza, nuestra esperanza, nuestra gloria.

Con estos sentimientos vivamos la fiesta de Cristo Rey hoy y siempre, prolongándola a lo largo y ancho de toda nuestra vida. AMÉN.

Pedro Sáez

La realeza de Jesús

1. En este texto del evangelio de Juan se describe la realeza de Jesús, que no descansa en el poder, el dominio o la violencia, sino en vivir la vida con justicia, caridad y plenitud. La aplicación del título de rey a Jesús es ambigua, como puede observarse en los conflictos que provocó la inscripción de la condena a muerte en la cruz de Jesús (INRI), en el origen de la fiesta de Cristo Rey (1925), en el uso beligerante y escasamente cristiano que han hecho algunos grupos violentos y en el mismo concepto de rey. Para los romanos, «rey» era sinónimo de emperador o jefe de Estado con todos los poderes. Para los judíos era el Mesías esperado que habría de humillar a los paganos e instaurar con un golpe de Estado el reino de Israel.

2. La realeza de Jesús responde al proyecto de Dios sobre el hombre y la sociedad. Jesús es llamado rey por Juan Bautista, Natanael y el pueblo. Incluso él mismo acepta el calificativo de rey, pero en un sentido totalmente distinto del de los romanos y judíos. Jesús es rey porque alimenta a los pobres, cura enfermedades, expulsa demonios, implanta la justicia y se entrega hasta el final a la causa del reino. La realeza de Jesús se descubre a partir del reinado de Dios. Practica el servicio y rechaza el dominio y la violencia. Es rey de la «verdad» (comunica vida) y Señor de la «comunidad»(exhala Espíritu). Juan anota doce veces la palabra «rey» en la narración del proceso seguido contra Jesús.

3. El reinado de Dios, proclamado y realizado por Jesús mediante sus acciones y signos, se basa en las bienaventuranzas, al defender y proteger con justicia a débiles, pobres, oprimidos y marginados. Es como sal que sazona, levadura que hace fermentar, luz que ilumina tinieblas, árbol que ofrece cobijo, red que recoge peces, etc. No es un reinado puramente interior, sino social. Produce irritación, rechazos, crucifixión. En su etapa final, es la humanidad redimida.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Qué sentido tiene para nosotros la realeza de Jesús?

¿Queremos que Dios reine sobre nosotros?

Casiano Floristán