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Archive for 29/11/18

VÍSPERAS
(Oración de la tarde)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: RECUERDE EL ALMA DORMIDA

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente
daremos lo no venido
por pasado.

No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera. Amén.

SALMODIA

Ant 1. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Salmo 71 I – PODER REAL DEL MESÍAS

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.

Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Ant 2. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Salmo 71 II

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;

él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre
y lo bendecirá.

Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.

Ant 3. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Cántico: EL JUICIO DE DIOS Ap 11, 17-18; 12, 10b-12a

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA BREVE   1Pe 1, 22-23

Por la obediencia a la verdad habéis purificado vuestras almas para un amor fraternal no fingido; amaos, pues, con intensidad y muy cordialmente unos a otros, como quienes han sido engendrados no de semilla corruptible, sino incorruptible, por la palabra viva y permanente de Dios.

RESPONSORIO BREVE

V. El Señor es mi pastor, nada me falta.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

V. En verdes praderas me hace recostar.
R. Nada me falta.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los que tienen hambre de ser justos el Señor los colma de bienes.

PRECES

Elevemos a Dios nuestros corazones agradecidos porque ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales y digámosle con fe:

Bendice, Señor, a tu pueblo.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al Papa Francisco y a nuestro obispo N.,
que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, a nuestros pueblos y ciudades
y aleja de ellos todo mal.

Multiplica como renuevos de olivo alrededor de tu mesa hijos que se consagren a tu reino,
siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de aquellas de tus hijas que han consagrado a ti su virginidad,
para que, en la integridad de su cuerpo y de su espíritu, sigan al cordero donde quiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Da la paz a los difuntos
y permítenos encontrarlos nuevamente un día en tu reino.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos con confianza a nuestro Padre:

Padre nuestro…

ORACION

Al ofrecerte, Señor, nuestro sacrificio vespertino de alabanza, te pedimos humildemente que, meditando día y noche en tu palabra, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

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Lectio: Jueves, 29 Noviembre, 2018
Tiempo Ordinario
1) Oración inicial
Mueve, Señor, los corazones de tus hijos, para que, correspondiendo generosamente a tu gracia, reciban con mayor abundancia la ayuda de tu bondad. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del Evangelio según Lucas 21,20-28
«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad que se alejen; y los que estén en los campos que no entren en ella; porque éstos son días de venganza en los que se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra y cólera contra este pueblo. Caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento. «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.»
3) Reflexión
• En el evangelio de hoy sigue el Discurso Apocalíptico con más señales, la 7ª y la 8a, que debían de acontecer antes de la llegada del fin de los tiempos o mejor antes de la llegada del fin de este mundo para dar lugar al nuevo mundo, al “cielo nuevo y a la tierra nueva” (Is 65,17). La séptima señal es la destrucción de Jerusalén y la octava es los cambios en la antigua creación.
• Lucas 21,20-24. La séptima señal: la destrucción de Jerusalén. Jerusalén era para ellos la Ciudad Eterna. Y ahora ¡estaba destruida! ¿Cómo explicar este hecho? ¿Dios no tiene en cuenta el mensaje? Es difícil para nosotros imaginarnos el trauma y la crisis de fe que la destrucción de Jerusalén causó en las comunidades de tantos judíos y cristianos. Cabe aquí una breve observación sobre la composición de los Evangelios de Lucas y de Marcos. Lucas escribe en el año 85. Se sirve del evangelio de Marcos para componer su narrativa sobre Jesús. Marcos escribe en el año 70, el mismo año en que Jerusalén estaba siendo cercada y destruida por los ejércitos romanos. Por esto, Marcos escribió dando una cita al lector: “Cuando vierais la abominable desolación instalada donde no debe – el que lee entienda – entonces los que estén en Judea huyan a los montes” (Mc 13,14). Cuando Lucas menciona la destrucción de Jerusalén, Jerusalén estaba en ruinas desde hace quince años. Por esto él omite el paréntesis de Marcos. Lucas dice: “Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad que se alejen; y los que estén en los campos que no entren en ella; porque éstos son días de venganza en los que se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra y cólera contra este pueblo. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento”. Al oír a Jesús que anunciaba la persecución (6ª señal) y la destrucción de Jerusalén (7ª señal), los lectores de las comunidades perseguidas del tiempo de Lucas concluían: “Este es nuestro hoy. ¡Estamos en la 6ª señal!”
• Lucas 21,25-26: La octava señal: mudanzas en el sol y en la luna. ¿Cuándo será el fin? Al final después de haber oído hablar de todas estas señales que ya habían acontecido, quedaba en pie la pregunta: “El proyecto de Dios avanza mucho y las etapas previstas por Jesús se realizaron ya. Ahora estamos en la sexta y en la séptima etapa. ¿Cuántas etapas o señales faltan hasta que llegue el fin? ¿Falta mucho?” La respuesta viene ahora en la 8ª señal: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán”. La 8ª señal es diferente de las otras señales. Las señales en el cielo y en la tierra son una muestra de lo que está llegando, al mismo tiempo, el fin del viejo mundo, de la antigua creación y el comienzo de la llegada del cielo nueva y de la tierra nueva. Cuando la cáscara del huevo empieza a rasgarse es señal de que lo nuevo está apareciendo. Es la llegada del Mundo Nuevo que está provocando la desintegración del mundo antiguo. Conclusión: ¡falta muy poco! El Reino de Dios está llegando.
• Lucas 21,27-28: La llegada del Reino de Dios y la aparición del Hijo del Hombre. “Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.” En este anuncio, Jesús describe la llegada del Reino con imágenes sacadas de la profecía de Daniel (Dan 7,1-14). Daniel dice que, después de las desgracias causadas por los reinos de este mundo, vendrá el Reino de Dios. Los reinos de este mundo, todos ellos, tienen figura de animal: león, oso, pantera y bestias salvajes (Dn 7,3-7). Son reinos animales, deshumanizan la vida, como acontece con ¡el reino neoliberal hasta hoy! El Reino de Dios, pues, aparece como un aspecto del Hijo del Hombre, esto es, con un aspecto humano de gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es tarea de la gente de las comunidades. Es la nueva historia que debemos realizar y que debe reunir a la gente de los cuatro lados del mundo. El título Hijo del Hombre es el nombre que a Jesús le gustaba usar. Solamente en los cuatro evangelios, este nombre aparece más de 80 (ochenta) veces. Todo dolor que soportamos desde ahora, toda la lucha a favor de la vida, toda la persecución por causa de la justicia, todo el dolor de parto, es semilla del Reino que va a llegar en la 8ª señal.
4) Para la reflexión personal
• Persecución de las comunidades. Destrucción de Jerusalén. Desesperación. Ante los acontecimientos que hoy hacen sufrir a la gente ¿me desespero? ¿Cuál es la fuente de mi esperanza?
• Hijo de Hombre es el título que Jesús gustaba usar. El quería humanizar la vida. Cuanto más humano, más divino, decía el Papa León Magno. En mi relación con los demás, ¿soy humano?
5) Oración final
Bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100,5)

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57.- “Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones (cf. Hch 17, 26-27), confiado por la providencia divina a la custodia de los ángeles, está destinado a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad (cf. Sb 10,5), quisiera hacer por sí misma su unidad a la manera de Babel (cf. Gn 11,4-6). Ya veis como se recuerda ese episodio de la torre de Babel. Es como diciendo nosotros queremos regirnos por nuestra propia cuenta. En el fondo es como una reedición del pecado de Adán y Eva. Ese pecado de si coméis de este árbol vosotros mismos seréis conocedores del bien y del mal. Lo del pecado de Babel, la torre de Babel es una especie de reedición nueva de ese pecado original, porque es como decir, nosotros haremos una torre que se eleve frente a Dios, frente a Dios, para que nos seamos así inexpugnables, para que Dios no nos pueda tocar. Sin embargo Dios derriba esa torre que parecía inexpugnable. Que por cierto esto tiene en nosotros unas reminiscencias que a veces cuando pensamos que el progreso lo puede todo, que el hombre es capaz de construir medidas de seguridad que son absolutamente, casi sin posibilidad de fallo alguno, etc, el progreso del hombre y luego a veces ocurren acontecimientos que manifiestan nuestra fragilidad, que se nos cae encima entero el montaje. Estoy pensando en situaciones de fragilidad en las que nos vemos a veces por el ataque del terrorismo, como ocurrió en el 11-S, etc, o dramas que pueden ocurrir entorno a un terremoto, que si un sunami, que si una crisis nuclear, etc. A veces ocurren acontecimientos en los que hacemos experiencia de nuestra fragilidad. Parece que el hombre eleva su torre frente a Dios pensando que su seguridad está únicamente la tenemos en nuestros medios y después eso se cae como un castillo de naipes o desaparece todo como un castillo de papel. A esto se refiere en ese episodio de la torre de Babel.

Sin embargo el plan en el que Dios quiere unir a las naciones es un plan de humildad, no de autosuficiencia, no de sentirnos nosotros seguros, sino un plan de humildad, sintiéndonos humanos, no sintiéndonos con poder frente a otros. Son dos formas bien distintas, uno quiere conseguir la unidad sometiendo a los otros. Les someto para que el imperio sea único y el plan de Yavé es una unidad no por sometimiento sino por fraternidad. Luego dice que Dios ha confiado la pluralidad de las naciones a la providencia divina que custodia los ángeles de Dios. Luego se nos habla en otros textos, otros libros de la Sagrada Escritura como Dios ha confiado los pueblos a sus santos ángeles. A cada pueblo, como vemos en el Apocalípsis, le confía un ángel. Un ángel que cuida de cada pueblo. Este es el plan de la revelación de Dios, que como veis busca la unidad de los pueblos.

Dice finalmente: Pero, a causa del pecado (cf. Rm 1,18-25), el politeísmo, así como la idolatría de la nación y de su jefe, son una amenaza constante de vuelta al paganismo para esta economía aún no definitiva.” Es decir, existe el pecado que está siempre en contra de ese plan de Dios, de la unidad del género humano. Y ¿cuáles son las tentaciones? Dos principalmente. Primera tentación la del politeísmo. Creer en varios dioses. Este es el Dios del bien, este es el Dios del mal, este es el Dios de la fertilidad, es decir una manera de fragmentar la humanidad es el politeísmo porque entonces un Dios lucha contra otro Dios y es casi como darle una especie de justificación teológica a la división que el pecado ha producido en nosotros. El politeísmo que no conocerá al Dios único y verdadero, es causa de la división entre nosotros. Y segundo lugar, el hecho de que se haga una idolatría de la nación y de su jefe, divinizar a los mandatarios, a los estadistas, como el César, como el caudillo, como aquel dignatario al que se le tiene que dar culto como ocurría en el imperio romano. Un culto cual si de una divinidad se tratase. Cuando se divinizan las naciones, las patrias, con cual si fuesen Dios y se diviniza el poder y aquellos que lo ejercen, eso es un motivo de división entre nosotros. Porque claro es lo que he dicho antes, hay mucho gallo y poco gallinero. Y tenemos el conflicto servido.

Esta es la realidad que genera el pecado del hombre, pero como decíamos en la revelación de Dios y en ese episodio de Noé, se quiere prefigurar la unidad de las naciones. Se había acabado, el diluvio había acabado con aquellas generaciones depravadas y salió, milagrosamente salvado por aquella arca de la alianza, por aquel madero, que también prefigura el madero de la cruz por el que somos salvados. Agarrados al madero, agarrados al arca, agarrados a la cruz de Cristo. El pueblo de la unidad, el pueblo que no es fruto de la división, o vencedor de la lucha entre ellos, sino el pueblo que por la gracia se une, que es imagen de la Iglesia, sale a flote de esa perdición.

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Vocación

Nada hacía presagiar un final así. Estudiaba primero de carrera y andaba sobrada de ilusión por su reción estrenada vida universitaria. Durante varias jornadas, se celebró en una de las facultades un congreso sobre voluntariado y cooperación. A ella le interesó especialmente una de las conferencias, atraída no tanto por la ponencia, como por el hecho de haber sido invitada por uno de los chicos más guapos de la universidad.

Las palabras del ponente —acompañadas por una presentación informática con fotografías y vídeos— le impresionaron hondamente, tocándole lo más íntimo del alma. Se habló de pobreza y maltrato infantil, desnutrición y falta de compromiso; pero también de amor y de razones del corazón, de la luz del buen obrar, del olvido de uno mismo y de la entrega a los más necesitados.

Cuando terminaron las preguntas, se dio por concluida la ponencia, y nuestra protagonista salió entre lágrimas de la sala de conferencias, olvidando al chico y a sus amigas. Se acercó a la habitual estación de metro que le encaminaba a casa, preocupada, pensativa. Ya nada era igual, reconocerá más adelante. Todo había cambiad porque ese día ya no veía pobres, veía a Jesús en ellos; ya no veía gente, veía corazones que sufren o se alegran; ya no veía mis planes, sino los de Jesús sobre mí, que me llamaba a servir a los demás de un modo que nunca antes había imaginado. Se había abierto un nuevo horizonte: la entrega sin fisuras de toda mi vida.

Esta historia, por otra parte real, pone de manifiesto cuál es el lugar donde se desarrolla el diálogo de la vocación: la intimidad de la conciencia. En lo más profundo de uno mismo reverbera esa palabra mediante la cual Dios quiere indicarnos el camino para orientar nuestra vida. Sin embargo, esa palabra no siempre resuena con claridad y no es fácil distinguirla de otros discursos. Se duda sobre la autenticidad de esas mociones interiores, y surgen zozobras. Como para aquella chica, es decisivo para todos poder responder si verdaderamente será eso lo que Dios quiere.

Obtener una respuesta es lo más necesario de la existencia. La resolución del planteamiento vocacional se plantea fundamentalmente —aunque no en exclusividad— en la adolescencia y la juventud, momento en el cual se toma una orientación profesional y vital. ¿Qué quiero hacer con mi vida?
La dirección espiritual es testigo de este maravilloso conversar del hombre con Dios. Mediante la conversación espiritual, el director tiene una misión capital: ayudar al dirigido a conocerse y ser capaz de responder a la pregunta sobre su identidad (¿Quién soy?), motivar en él la inquietud de más (¿Quién quiero llegar a ser?) y confiarlo a un diálogo de intimidad con Dios, donde se cuestiona sobre quién quiere Él que llegue a ser. Mediante el acompañamiento espiritual, las almas se conocen y conforman sus horizontes vitales según Dios: si al principio tenían unas metas a la medida de sus posibilidades, ahora se abren a un futuro a la medida de las posibilidades de Dios mismo.
¿Quién quiere Dios que llegue a ser? El acompañado, en la sinceridad que le es propia, hará partícipe al director de las inquietudes que brotan en su interior. En este sentido, el respeto e incluso la veneración son las actitudes adecuadas para quien quiere acompañar almas. Lo honrado es dejar que la voz de Dios resuene, respetar siempre la libertad del otro, y no cuestionar en ningún caso sus esfuerzos o generosidad. Cada caminante siga su camino.
Cuando esto ocurre, y el alma del joven se siente urgida a más, poco a poco adquirirá certezas que le llevarán por uno y otro camino. Para llevar a cabo este discernimiento, tienen que intervenir en sus consideraciones —y también en la conversación espiritual— las tres potencias del alma: Memoria, inteligencia y voluntad (M. Costa, p. 213).

Para llegar a una conclusión cierta sobre el camino vocacional, lo primero es implicar a la memoria. Hacer una propia historia vocacional, íntima, y ponerla en común con el director espiritual, si se considera conveniente. Recordar con él, después de haberlo rezado con Dios, los principales hitos de la eventual llamada: cuándo y cómo me sentí llamado, por qué a este camino y no a otro, en qué contextos, cuántas veces, si fue ya de pequeño o de mayor… Para mirar de frente a la vocación, es necesario observar primero alrededor: pasado, presente y futuro.

El tenor vocacional de la oración de la memoria fue subrayado con bellas palabras por el Papa Francisco, durante la entrevista concedida a Antonio Spadaro. «La oración es para mí siempre una oración “memoriosa”, llena de memoria, de recuerdos, incluso de memoria de mi historia o de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia o en una parroquia concreta», afirmaba el Papa. «Para mí, se trata de la memoria de que habla san Ignacio en la primera Semana de los Ejercicios, en el encuentro misericordioso con Cristo Crucificado. Y me pregunto: “¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo?”». Estas preguntas, presentes en algún momento de nuestra vida, también son horizonte de diálogo para que nos puedan ayudar en la dirección espiritual. «Es la memoria de la que habla también Ignacio en la Contemplación para alcanzar amor, cuando nos pide que traigamos a la memoria los beneficios recibidos», concluía el Papa «pero, sobre todo, sé que el Señor me tiene en su memoria. Yo puedo olvidarme de Él, pero yo sé que Él jamás se olvida de mí».
En el proceso vocacional, del que es testigo el acompañamiento espiritual, intervienen —evidentemente— la inteligencia y la libertad. La inteligencia es aquella que tiene que comprender lo que sucede, separar lo verdadero de lo falso, y valorar cuanto considera oportuno. Esa inteligencia es una inteligencia purificada por la oración y por ese noble intento de morir a uno mismo (la abnegación), llegando a pensar según la gloria de Dios y no tanto en relación al propio bienestar. El papel del director espiritual es, por tanto, conducir al acompañado por caminos de oración intensa y sacrificio verdadero; llevar al dirigido al terreno de la sincera voluntad, para que elija libremente.

Para que la elección sea lo más certera posible, es deseable que se pondere en un período tranquilo. El acompañante espiritual tiene que ayudar al que discierne a alcanzar esa paz suficiente, y el dirigido debe confiarse al director para poder conseguir la serenidad que desea. «Llamo “período tranquilo” a aquel en que el alma no es agitada por espíritus diversos y hace uso libre y tranquilamente de las propias facultades naturales (San Ignacio). Sabias palabras —pondera Juan Bautista Torelló— que nada tienen que ver con tantas elucubraciones “altísimas” y alambicadísimas de espiritualidades mal entendidas» (J. B. Torelló, p. 189).

Hay que dejarse ayudar para alcanzar sosiego. La historia vocacional tiene que ir más allá de subidones puntuales o momentos de extraordinaria (y aparente) lucidez que van acompañados de cotidiana oscuridad. «Aquí no hay impulsos, ni arranques, ni entusiasmos, “sino la simple visión de la razón, iluminada por la fe, de que se trata de un estado de vida posible y deseable. Es una vocación —digamóslo así— en frío, sin ninguna o casi ninguna ‘razón del corazón’, por la cual el alma se decide a practicar la vida perfecta como consecuencia de una neta visión del modo en que le conviene servir al Señor” (Macourant)».
Puede sonar extraordinariamente frío, pero la experiencia demuestra que estas son las vocaciones más seguras. «Al comprender la excelencia de un estado sobrenatural en su esencia, se resuelve a seguirlo por completo y sin reservas, apoyándose en una esperanza también netamente sobrenatural (no en las propias fuerzas humanas, ¡siempre desproporcionadas!). Entraña esto la entrega de la libertad, el sacrificio sin medida de uno mismo, el riesgo absoluto en el misterio de la fe. Constituye esto el núcleo de toda verdadera vocación y de todo amor verdadero, que nace de un conocimiento que mueve a estima y decisión, y arrastra consigo —psicológicamente— al sentimiento: la entera personalidad crece ordenadamente; incluido el instinto, que se integra de una manera valiosa y sana».
El acompañamiento espiritual es testigo del milagro de la vocación, y debe extremar en este particular su respeto y admiración por el otro. El regalo de poder participar en el discernimiento vocacional es un don inmerecido: cuidarlo por la sinceridad y la confidencia no es solo una posibilidad, es una obligación, tanto para el acompañante como para el acompañado.

Cuenta conmigo, Fulgencio Espa

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152. Pero ruego que no entendamos el silencio orante como una evasión que niega el mundo que nos rodea. El «peregrino ruso», que caminaba en oración continua, cuenta que esa oración no lo separaba de la realidad externa: «Cuando me encontraba con la gente, me parecía que eran todos tan amables como si fueran mi propia familia. […] Y la felicidad no solamente iluminaba el interior de mi alma, sino que el mundo exterior me aparecía bajo un aspecto maravilloso»[115].


[115] Relatos de un peregrino ruso, Buenos Aires 1990, 25.96.

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1.- Dijo Jesús a sus discípulos: Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. El Adviento litúrgico: Comenzamos hoy el tiempo litúrgico de Adviento, que son las cuatro semanas anteriores a la Navidad. La palabra “adviento” significa llegada, venida; se refiere a la llegada a este mundo de Jesús, llegada que sucedió hace ya dos mil dieciocho años. Para que nosotros podamos celebrar dignamente, en la liturgia, la llegada a nuestro mundo de nuestro Señor Jesucristo es necesario que meditemos y vivamos todo este tiempo el mensaje de las lecturas de cada domingo. En el evangelio de hoy, en concreto, se nos dice literalmente que Jesús vino a nuestro mundo para liberarnos. Es decir, que Jesús vino al mundo para liberar al mundo y para liberarnos a cada uno de nosotros del pecado y de la maldad con la que todos nacemos. Si no intentamos liberar nuestro corazón de todo pecado y de toda maldad, no estamos celebrando con dignidad la liturgia de cada domingo del Adviento.

2.- El Adviento existencial: Toda nuestra vida puede ser considerada un Adviento. Durante toda nuestra vida debemos también vivir esperando la segunda venida de nuestro Señor, que vendrá a liberarnos definitivamente del pecado y de la maldad. También durante todos los días de nuestra vida, no sólo las cuatro semanas del Adviento, debemos mirar al Hijo del hombre, que vendrá con poder y gloria al final de los tiempos, como a un Cristo liberador. Para la liberación del mundo de todo pecado y de toda maldad, debemos cada uno de nosotros, personal e individualmente, intentar purificar cada día y cada minuto de nuestra existencia al mundo en el que vivimos del pecado y de la maldad que reina entre nosotros. Un cristiano, un discípulo del Cristo liberador, no puede conformarse con salvarse él individualmente. Como les decía san Agustín a sus fieles “no quiero salvarme sin vosotros”. Es decir, que todo cristiano tiene que ser apóstol de la liberación del mundo, porque fue para eso, fundamentalmente, para lo que Cristo vino y vendrá en la segunda venida a nuestro mundo. Sí, con nuestra oración y con nuestro ejemplo debemos ser toda nuestra vida liberadores y salvadores del mundo. Un cristianismo que no fuera liberador del pecado y del mal no sería verdadero cristianismo. Porque el cristianismo ha sido y será siempre una religión y una actitud personal de liberación y salvación del mundo. Intentémoslo.

2.- Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros… de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos los santos. Esta primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses es la primera carta que escribe el apóstol a una de las primeras comunidades cristianas del siglo primero; realmente es el primer escrito del Nuevo Testamento. Y es interesante ver que la primera cosa que el apóstol les dice a los cristianos es que se amen unos a otros como él, san Pablo, les ha amado a ellos. Así vemos que el amor mutuo y el amor a todos es el primer mandamiento que debemos cumplir si queremos presentarnos santos e irreprochables ante el Señor Jesús en su segunda venida. Pues apliquémonos nosotros estas primeras palabras que el apóstol de los gentiles escribió a los cristianos. Fijémonos que les dice que no solamente se amen entre ellos, sino que amen a todos, es decir, que el amor cristiano debe ser siempre un amor universal, católico, a todas las personas del mundo, porque todas las personas del mundo son hermanos nuestros. Amemos a todas las personas del mundo con amor cristiano, con amor universal, aunque sean personas de otras religiones, de otras razas, de otras lenguas. Esto es algo que más de una vez nos resultará difícil de hacer, pero es algo que no podemos omitir, si queremos presentarnos santos irreprochables ante el Señor en su segunda venida. Así lo hizo san Pablo y así lo debemos hacer nosotros en nuestro definitivo encuentro con el Señor Jesús, nuestro salvador y nuestro liberador.

3.- Ya llegan días en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra. Aunque al profeta Jeremías lo conocemos más como profeta que anuncia calamidades, en este texto se nos presenta como profeta de la esperanza. Nos dice a todos que el vástago legítimo del rey David, es decir nuestro Mesías, Jesús, vendrá a imponer justicia y derecho en la tierra. Para nosotros, los cristianos, Jesús es el Justo por excelencia, por tanto si nosotros queremos ser buenos discípulos de Jesús debemos ser ante todo personas justas. La justicia debe ser para nosotros una virtud primera, como consecuencia precisamente de nuestro amor mutuo y de nuestro amor a todos. El que no es justo con el prójimo y con todos no podrá nunca decir que ama al prójimo y a todos, es decir, que tiene un amor católico, universal. Levantemos, pues, nuestra alma al Señor, en este primer domingo de Adviento, pidiéndole que sea nuestro liberador y nuestro Salvador, como nos manda el salmo 24, el salmo responsorial de hoy.

Gabriel González del Estal

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«Habrá señales en el sol, en la luna y en los astros; las naciones estarán angustiadas en la tierra y enloquecidas por el estruendo del mar y de las olas; los hombres, muertos de terror y de ansiedad por lo que se le echa encima al mundo, pues las columnas de los cielos se tambalearán. Entonces verán al hijo del hombre venir en una nube con gran poder y majestad. Cuando comiencen a suceder estas cosas, tened ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación». «Cuidad de que vuestros corazones no se emboten por el vicio, la borrachera y las preocupaciones de la vida, y caiga de improviso sobre vosotros este día como un lazo, porque así vendrá ese día sobre todos los habitantes de la tierra. Estad alerta y orad en todo momento para que podáis libraros de todo lo que ha de venir y presentaros ante el Hijo del hombre».

Lucas 21, 25-28.34-36

Comentario del Evangelio

Es el primer domingo de Adviento. Los cuatro domingos anteriores a la Navidad, donde los cristianos nos prepararmos para el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios.
Hoy el Evangelio nos dice que Jesús va a venir, porque Jesús es nuestra gran esperanza, es la Esperanza. Y dice el Evangelio que viene para liberarnos. Para liberar a todas las personas de las esclavitudes que tenemos. En este mundo hay muchas personas que viven como esclavos, que son explotadas física y mentalmente. Hay muchas esclavitudes en el mundo contra las que tenemos que luchar, para que las personas sean libres, plenamente libres.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe alguna noticia o realidad que conozcas de personas que viven esclavas de otras, de personas que no son libres porque otras personas las explotan.

• ¿Por qué es tan importante para los cristianos la libertad? ¿Qué podemos hacer los cristianos con las exsclavitudes que suceden en este mundo?

• Escribe un compromiso para poner algo de tu parte para luchar contra las esclavitudes de este mundo.

Oración

Tú, Señor, sabes por dónde anda mi mente.
Tú conoces qué es lo que me distrae.
Tú estás al tanto de lo que me ocupa
 y preocupa.
Tú lees en mis adentros mejor que yo mismo.
Límpiame de miedos, apegos y caprichos,
libérame de deseos infinitos

y de gastos superfluos;
hazme sensible al dolor de mis hermanos
y ayúdame a trabajar por la justicia para que todos vivan bien.
Quiero estar derecho, alzar la cabeza, dar la mano

y esperar junto a mis hermanos
tu liberación que se acerca.
Desagóbianos, sosiéganos por dentro, haznos despertar,
para esperarte con alegría y gozar juntos de tu presencia.

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