Vísperas – San Juan Damasceno

VÍSPERAS

MARTES I DE ADVIENTO

SAN JUAN DAMASCENO, presbítero
y doctor de la Iglesia

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant.  El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nostoros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Co 1, 7b-9

Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarnos en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios nos llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca. Aleluya.

PRECES

Cristo, Palabra eterna, ha inaugurado un camino nuevo y vivo, a través del velo de su propia carne, para entrar en el santuario. Pidámosle, pues, con humildad.

Ven, Señor, y sálvanos

Oh Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos,
— ven a revelarnos que somos estirpe tuya.

Tú que no estás lejos de ninguno de nosotros,
— muéstrate enseguida a todos los que te buscan.

Padre de los pobres y consuelo de los afligidos,
— da la libertad a los cautivos y la alegría a los tristes.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que destruyes la muerte y haces brillar la vida,
— líbranos a nosotros y a todos los difuntos de la muerte eterna.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te rogamos, Señor, que nos ayude en todo momento la intercesión de san Juan Damasceno, para que la fe verdadera que tan admirablemente enseñó sea siempre nuestra luz y nuestra fuerza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 4 de diciembre

Lectio: Martes, 4 Diciembre, 2018

1) Oración inicial

Señor y Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y ayúdanos con tu amor en nuestro desvalimiento; que la presencia de tu Hijo, ya cercana, nos renueve y nos libre de  volver a caer en la antigua servidumbre del pecado. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 10,21-24
En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a ingenuos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»
Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»

3) Reflexión

El texto de hoy revela el fondo del corazón de Jesús, la razón de su alegría. Los discípulos habían ido a la misión, y al volver, comparten con Jesús su experiencia misionera. (Lc 10,17-21).
• La razón de la alegría de Jesús es la alegría de los amigos. Al escuchar su experiencia y al percibir su alegría, Jesús también siente una gran alegría. La razón de la alegría de Jesús es el bienestar de los demás.
• No es una alegría superficial. Viene del Espíritu Santo. La razón de la alegría es que los discípulos y las discípulas van a experimentar algo de Jesús durante su experiencia misionera.
• Jesús los llama “pequeños”. ¿Quiénes son los pequeños? Son los setenta y dos discípulos (Lc 10,1) que vuelven de la misión: padres y madres de familia, chicos y chicas, casados y solteros/as, viejos y jóvenes. Ellos no son doctores. Son personas sencillas, sin muchos estudios que entienden las cosas de Dios mejor que los doctores.
“Sí, Padre, ¡porque así te pareció bien!” Frase muy seria. Le parece bien al Padre que los doctores y los sabios no entiendan las cosas del Reino y que las entiendan los pequeños. Por consiguiente, si los grandes quieren entender las cosas del Reino, tienen que hacerse discípulos de los pequeños.
• Jesús los mira y dice: “¡Bienaventurados!” Y ¿por qué son bienaventurados? Porque están viendo cosas que los profetas quisieran ver, pero no logran ver. Y ¿qué verán? Serán capaces de percibir la acción del Reino en las cosas comunes de la vida: cuidar de los enfermos, consolar a los afligidos, echar los males de la vida.

4) Para la reflexión personal

• Si me pongo en el lugar de la gente: ¿me considero perteneciente al grupo de los pequeños o de los doctores? ¿Por qué?
• Me pongo en el lugar de Jesús: ¿cuál es la raíz de mi alegría? ¿Superficial o profunda?

5) Oración final

«Yo te bendigo, Padre,
porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes
y se las has revelado a ingenuos.» (cf Lc 10,21)

Lc 1, 26-38 (Evangelio Día de la Inmaculada Concepción)

El texto que se nos propone hoy, pertenece al “Evangelio de la Infancia” en la versión de Lucas. De acuerdo con los biblistas actuales, los textos del “Evangelio de la Infancia” pertenecen a un género literario especial, llamado homologuía. Este género, no pretende ser un relato periodístico e histórico de acontecimientos; sino que es, sobretodo, una catequesis destinada a proclamar ciertas realidades salvíficas (que Jesús es el Mesías, que él viene de Dios, que él es el “Dios con nosotros”). Se desenvuelve en forma de narración y recurre a las técnicas del midrash hagádico (una técnica de lectura y de interpretación del texto sagrado usada por los rabinos judíos de la época de Jesús).
La homologuía utiliza y mezcla tipologías (hechos y personas del Antiguo Testamento, encuentran su correspondencia en hechos y personas del Nuevo Testamento) y apariciones apocalípticas (ángeles, apariciones, sueños) para hacer avanzar la narración y para explicitar determinada catequesis sobre Jesús.

El Evangelio que hemos escuchado, debe ser entendido a esta luz: no interesa, pues, tanto comprobar los hechos históricos, cuanto percibir lo que la catequesis cristiana primitiva nos enseña, a través de estas narraciones, sobre Jesús.

La escena nos sitúa en una aldea de Galilea, llamada Nazaret. Galilea, región al norte de Palestina, alrededor del lago de Tiberíades, era considerada por los judíos una tierra lejana y extraña, en permanente contacto con poblaciones paganas y donde se practicaba una religión heterodoxa, influenciada por las costumbres y por las tradiciones paganas. De ahí la convicción de los maestros judíos de Jerusalén de que “de Galilea no puede venir nada bueno”. En cuanto a Nazaret, era una aldea pobre e ignorada, nunca nombrad a en la historia religiosa judía y, por tanto (de acuerdo con la mentalidad judía), completamente al margen de los caminos de Dios y de la salvación.

María, la joven de Nazaret que está en el centro de este episodio, era “una virgen desposada con un hombre llamado José”. El matrimonio hebreo consideraba el compromiso matrimonial en dos etapas: había una primera fase, en la cual los novios se prometían uno a otro (los “esponsales”); sólo en una segunda fase surgía el compromiso definitivo (las ceremonias del matrimonio propiamente dicho). Entre los “esponsales” y el rito del matrimonio, pasaba un tiempo más o menos largo, durante el cual cualquiera de las partes podía volverse atrás, aunque sufriendo una pena. Durante los “esponsales”, los novios no vivían en común; pero el compromiso que los dos asumían tenía ya un carácter estable, de tal forma que, si nacía un hijo, este era considerado hijo legítimo de ambos. La Ley de Moisés consideraba la infidelidad de la “prometida” como una ofensa semejante a la infidelidad de la esposa (cf. Dt 22,23-27). Y la unión entre los dos “prometidos” sólo podía disolverse con la fórmula jurídica del divorcio. José y María estaban, por tanto, en situación de “prometidos”: aún no habían celebrado el matrimonio, pero ya habían celebrado los “esponsales”.

Después de la presentación del “ambiente” de la escena, Lucas presenta el diálogo entre María y el ángel.

La conversación comienza con la salutación del ángel. En boca de este, se ponen términos y expresiones con resonancia vétero-testamentaria, ligados a contextos de elección, de vocación y de misión. Así el término “ave” (en griego, “kaire”) con el que el ángel se dirige a María, es algo más que un saludo: resuena el eco de los anuncios de salvación a la “hija de Sión”, una figura frágil y delicada que personifica al Pueblo de Israel, en cuya flaqueza se presenta y representa esa salvación ofrecida por Dios y que Israel debe testimoniar ante los otros pueblos (cf. 2 Re 19,21-28; Is 1,8; 12,6; Jer 4,31; Sof 3,14-17). La expresión “llena de gracia”, significa que María es objeto de la predilección y del amor de Dios. La otra expresión “el Señor está contigo”, es una expresión que aparece con frecuencia ligada a los relatos de vocación del Antiguo Testamento (cf. Ex 3,12, vocación de Moisés; Jz 6,12, vocación de Gedeón;Jer 1,8.19, vocación de Jeremías) y que sirve para asegurar al “llamado” la asistencia de Dios en la misión que se le pide. Estamos, por tanto, ante el “relato de vocación” de María: la visita del ángel es para presentar a la joven de Nazaret una propuesta de parte de Dios. Esa propuesta va a exigir una respuesta clara de María.

¿Cuál es, entonces, el papel propuesto a María en el proyecto de Dios?

A María, Dios le propone que acepte ser la madre de un “hijo” especial. De ese “hijo” se dice, en primer lugar, que se llamará “Jesús”. El nombre significa “Dios salva”. Además de esto, ese “hijo” es presentado por el ángel como el “Hijo del Altísimo”, que heredará “el trono de su padre David” y cuyo reinado “no tendrá fin”. Las palabras del ángel nos llevan a “S 7 y a la propmesa hecha por Dios al rey David a través del profeta Natán. Ese “hijo” es descrito en los mismos términos en los que la teología de Israel describía al “mesías” libertador. Lo que se propone a María es, pues, que ella acepte ser la madre de ese “mesías” que Israel esperaba, el libertador enviado por Dios a su Pueblo para ofrecerle la vida y la salvación definitivas.

¿Cómo responde María al plan de Dios?

La respuesta de María comienza con una objeción. La objeción forma siempre parte de los relatos de vocación del Antiguo Testamento (cf. Ex 3,11; 6,30; Is 6,5; Jer 1,6). Es una reacción natural del “llamado”, asustado con la perspectiva del compromiso de algo que le sobrepasa; pero es, sobre todo, una forma de mostrar la grandeza y el poder de Dios que, a pesar de la fragilidad y de las limitaciones de los “llamados”, hace de ellos instrumentos de su salvación en medio de los hombres y del mundo.

Ante la “objeción”, el ángel garantiza a María que el Espíritu Santo vendrá sobre ella y la cubrirá con su sombra. Este Espíritu es el mismo que fue derramado sobre los jueces (Otniel – cf. Jc 3,10; Gedeón – cf. Jc ,34; Jefté – cf. Jc 11,29; Sansón – cf. Jc 14,6), sobre los reyes (Saul – cf. 1 S 11,6; David – cf. 1 S 16,13), sobre los profetas (cf. Maria, a profetisa hermana de Aarón – cf. Ex 15,20; los ancianos de Israel – cf. Nm 11,25-26; Ezequiel – cf. Ez 2,1; 3,12; el Trito- Isaías – cf. Is 61,1), en fin de aquellos que pudiesen ser una presencia eficaz de salvación de Dios en medio del mundo. La “sombra” o “nube” nos lleva, también, a la “columna de nube” (cf. Ex 13,21) que acompañaba el caminar del Pueblo de Dios en marcha por el desierto, indicando el camino hacia la Tierra Prometida de la libertad y de la vida nueva. La cuestión es la siguiente:

a pesar de la fragilidad de María, Dios va, a través de ella, a hacerse presente en el mundo para ofrecer la salvación a todos los hombres.

El relato termina con la respuesta final de María: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Decir que es la “sierva” significa, más que humildad, reconocimiento de que es elegía de Dios y aceptar esa elección, con todo lo que ella implica, pues, en el Antiguo Testamento, ser “siervo del Señor” es un título de gloria, reservado a aquellos que Dios escogió, que él reservó para su servicio y que él envió al mundo con una misión (esa designación aparece, por ejemplo, en el Deutero-Isaías, cf. Is 42,1; 49,3; 50,10; 52,13; 53,2.11, en referencia a la figura enigmática del “siervo de Yahvé”). De esta forma, María reconoce que Dios la escoge, acepta con disponibilidad esa elección y manifiesta su disposición a cumplir con fidelidad, el proyecto de Dios.

Para la reflexión y el compartir, considerad los siguientes elementos:

La liturgia de este día afirma, de forma clara, que Dios ama a los hombre y tiene un proyecto de vida plena para ofrecerles. ¿Cómo ese Dios, lleno de amor por sus hijos, introduce en la historia humana y concreta, día a día, esa oferta de salvación? La historia de María de Nazaret (como la de tantos otros “llamados”) responde, de forma clara, a esta cuestión: es a través de hombres y mujeres atentos a los proyectos de Dios y de corazón disponible para el servicio de los hermanos, como Dios actúa en el mundo, como manifiesta a los hombres su amor, como invita a cada persona a recorrer los caminos de la fidelidad y de la realización plena.

¿Pensamos, alguna vez, que es a través de nuestros gestos de amor, de compartir y de servicio como Dios se hace presente en el mundo y lo transforma?

Otra cuestión es la de los instrumentos de los que Dios se sirve para realizar sus planes..María era una mujer joven de una aldea pequeña “Galilea de los paganos” de donde no podía “salir nada bueno”. No consta que tuviese una significativa preparación intelectual, extraordinarios conocimientos teológicos, o amigos poderosos en círculos de poder y de influencia de la Palestina de entonces. A pesar de eso, fue escogida por Dios para desempeñar un papel primordial en la etapa más significativa de la historia de la salvación. La historia vocacional de María deja claro que, en la perspectiva de Dios, no son el poder, la riqueza, la importancia o visibilidad social lo que determinan la capacidad de llevar a cabo una misión. Dios actúa a través de hombres y mujeres, independientemente de sus cualidades humanas. Lo que es decisivo es la disponibilidad y el amor con el que se acogen y testimonian las propuestas de Dios.

Ante las llamadas de Dios al compromiso, ¿cuál debe ser la respuesta del hombre? Es ahí donde podemos mirarnos en el ejemplo de María. Confrontada con los planes de Dios, María responde con un “sí” total e incondicional. Naturalmente, ella tenía su programa de vida y sus proyectos personales; pero, ante la llamada de Dios, esos proyectos personales pasan con naturalidad y sin dramas a un plano secundario. En la actitud de María no hay ninguna señal de egoísmo, de comodidad, de orgullo, sino que hay una entrega total en las manos de Dios y una acogida radical a sus caminos. El testimonio de María es un testimonio que nos cuestiona, que nos interpela fuertemente.

¿Qué actitud asumimos ante los proyectos de Dios: los acogemos sin reservas, con amor y disponibilidad, en una actitud de entrega total a Dios, o tomamos una actitud egoísta de defensa intransigente de nuestros proyectos personales y de nuestros intereses egoístas?

¿Es posible entregarse tan ciegamente a Dios, sin reservas, sin medir los pros y los contras? ¿Cómo se llega a esta confianza incondicional en Dios y en sus proyectos? Naturalmente, no se llega a esta confianza ciega en Dios y en sus planes sin una vida de diálogo, de comunión, de intimidad con Dios. María de Nazaret fue, ciertamente, una mujer para quien Dios ocupaba el primer lugar y era la prioridad fundamental. María de Nazaret fue, en verdad, una persona de oración y de fe, que hizo la experiencia de encuentro con Dios y aprendió a confiar totalmente en él.

En medio de la agitación de todos los días, ¿encuentro tiempo y disponibilidad para escuchar a Dios, para vivir en comunión con él, para intentar percibir sus señales en las indicaciones que él me da día a día?

Martes I de Adviento

MARTES I de ADVIENTO

(4 de diciembre)

Hay mucha gente que dice que lo que no le gusta de la Navidad es que parece que es obligatorio ser feliz y llevarse bien con todo el mundo y luego el resto del año cada uno va a su bola. En parte tienen mucha razón pues la alegría y la bondad deben impregnar nuestras vidas todos los días y no solo en determinadas fechas pues de este modo tampoco en esas fechas seremos alegres ni buenos de verdad, aunque por otro lado… por algo se empieza ¿no?

A los cristianos se nos pide que estemos siempre alertas, que la alegría y la bondad sean nuestras señas de identidad. A lo largo de la historia las personas que han sido seguidas por multitudes no lo han sido por hechos puntuales en sus vidas sino oprque han llevado a todos los planos de su vida aquello en lo que creían.

En los ambientes franciscanos tenemos claros ejemplos (Francisco, Clara, Isabel de Hungría, Antonio de Padua…) de lo que es vivir todos los días y todas las horas, cada momento de la existencia, alertas a la alegría, pero a la alegría de verdad, la que da paz en el corazón y música a las palabras.

Os invito a que indaguéis en la vida de alguien que penséis que es una persona importante para ver si siempre ha estado alerta en su vida o si por el contrario ha tenido esos «deslices» que nos hacen humildemente humanos.

Oración

Buenos días, Padre bueno,
sé que muchas veces no soy como quisiera ser,
muchas veces pienso las cosas de una manera
y luego obro de un modo contrario.
Danos fuerzas, Padre amigo,
para ser capaces de tener presente cada día
lo que queremos ser,
cómo queremos relacionarnos con los demás,
quién nos importa tanto como
para no estar enfadados con él.
Ayúdanos a estar alertas, Padre nuestro,
que no nos olvidemos de afrontar cada día
con una sonrisa en la cara
y haciendo de nuestro entorno
un sitio donde nos guste vivir.

Gaudete et exsultate – Francisco I

156. La lectura orante de la Palabra de Dios, más dulce que la miel (cf. Sal 119,103) y «espada de doble filo» (Hb 4,12), nos permite detenernos a escuchar al Maestro para que sea lámpara para nuestros pasos, luz en nuestro camino (cf. Sal 119,105). Como bien nos recordaron los Obispos de India: «La devoción a la Palabra de Dios no es solo una de muchas devociones, hermosa pero algo opcional. Pertenece al corazón y a la identidad misma de la vida cristiana. La Palabra tiene en sí el poder para transformar las vidas»[119].


[119] Conferencia de Obispos Católicos de India, Declaración final de la XXI Asamblea plenaria (18 febrero 2009), 3.2.

Recursos – Domingo II de Adviento

SEGUNDA VELA de la CORONA de ADVIENTO

(Como el domingo anterior, la corona debe estar situada delante del altar o en sitio bien visible. Una vez sentados/as todos/as, quien preside enciende, en esta ocasión, la segunda de las velas de la Corona, y dice:)

ORACIÓN-EXPLICACIÓN: Padre nuestro, el camino de Adviento se ha llenado, hoy, de sueños y bellas utopías, de ésas que hacen avanzar a nuestro cansado pueblo. Al fondo de la historia, en tu Reino, hemos adivinado un mundo de paz y de justicia. Haz, Señor, que, al encender esta segunda vela de la Corona de Adviento, podamos ver que esos sueños se acercan a nuestra realidad y que van prendiendo, entre nosotros y nosotras, los valores que rigen tu Reino.

UN ÁLBUM DE FOTOGRAFÍAS FAMILIARES

(Esta ofrenda debiera presentarla una de las personas más mayores de la comunidad, con la cual habría que haber hablado previamente a la celebración. Tendría que aclarar este signo, diciendo:)

ORACIÓN-EXPLICACIÓN: Señor, dicen que por mis años ya no tengo motivos para la esperanza, que el horizonte se me cierra tan cerca que viene ya hacia mi encuentro la muerte, y puede ser verdad. Sin embargo, Señor, hoy te quiero ofrecer, con este álbum de fotografías, toda mi vida y la de los míos. Ahí está mi historia y mi pasado. Sin embargo, Señor, si lo que te traigo es mi ayer, es porque creo que está lleno de vida. Señor, aún hay lugar en mi corazón para la esperanza. Te siento tan cerca, que ya sueño con verte cara a cara.

MULTIOFRENDA DE NUESTROS CAMINOS

(Se abre desde el fondo del lugar celebrativo una procesión que muestra diversos carteles con señales de tráfico. Según van llegando al presbiterio, y antes de dejar la señal que porta cada uno/a, se dice el significado).

ORACIÓN-EXPLICACIÓN:

* Yo traigo, Señor, la señal de STOP, y con ella queremos simbolizar nuestra decisión a que no pase entre nosotros y entre nosotras el egoísmo.

* Aquí tienes, Señor, la señal de CURVA PELIGROSA, que nos alerta del peligro de la violencia.

* Por mi parte, Señor, te traigo la señal de CEDA EL PASO, y con ella, tanto en mi nombre como en el de la comunidad, te queremos ofrecer nuestra decisión de dejar pasar a los más pequeños entre nosotros.

* Con esta señal de DIRECCIÓN PROHIBIDA queremos simbolizar nuestra decisión contra el hedonismo, el consumismo, la cultura del tener, porque ellos se oponen frontalmente a tu Reino.

* La DIRECCIÓN ÚNICA, que yo traigo y te ofrezco, expresa nuestro aceptar, como únicos medios para el acercamiento de tu Reino a nosotros y a nosotras, el amor y la justicia.

* Pero esos medios se han de producir a toda velocidad. Por eso, yo te traigo hoy esta señal de AUTOPISTA, la mejor carretera de la solidaridad.

* Y todo ello, Señor, porque la META, que yo te traigo y represento, es tu Reino de paz, con el que nos hemos de comprometer ya ahora, y así hacerla el clima de cuanto emprendamos.

PRESENTACIÓN DE UN TELEVISOR

(Esta ofrenda la puede hacer un matrimonio o un padre y un/a hijo/a, como símbolos de una familia)

ORACIÓN-EXPLICACIÓN: Señor, hoy te queremos ofrecer este televisor, como símbolo de las cosas que poseemos en nuestra familia y por las que luchamos y nos afanamos tanto. Además, este aparato es la ventana por la que se meten en nuestra casa los deseos y necesidades de tener, que nos confunden y nos hacen pensar que en las cosas está la felicidad. Hoy te lo traemos apagado, porque queremos ofrecerte su silencio y nuestra disponibilidad a hacer un uso racional y formativo de él. Queremos que él nos informe y nos conecte con el mundo, nos distraiga y nos haga crecer en nuestros conocimientos y nivel cultural. Pero nos comprometemos a que él no sea un obstáculo en nuestra convivencia cotidiana, en nuestro diálogo y conocimiento de unos y otros-de unas y otras, así como de sus problemas y necesidades.

Oración de los fieles – Domingo II de Adviento

Una gran noticia aparece en el horizonte de nuestras vidas, un anuncio llega a nuestro corazón. Señor ayúdanos a preparar tu venida, con nuestras solas fuerzas no podemos: AYUDANOS A PREPARAR EL CAMINO.

1.- Señor, acompaña al Francisco I en el gobierno y dirección de tu Iglesia, a los obispos y sacerdotes en el cuidado de tu pueblo. Y que los frutos de su viaje apostólico a Turquía traigan paz y amor al mundo. OREMOS

2.- Señor, no ceses de llamar a los corazones de los hombres de todo el mundo, que cambien en sus actitudes y se vuelvan hacia ti fuente de verdadera felicidad. OREMOS

3.- Señor, manda tu sabiduría sobre los dirigentes de todas las naciones, que busquen puntos de encuentro y eviten las confrontaciones. OREMOS

4.- Señor, consuela a los pobres y afligidos de la tierra, ellos son tus favoritos, manda sobre ellos tus favores. OREMOS

5.- Señor, ayúdanos a prepararnos para tu venida, limpia nuestro corazón y hazlo receptivo a tu palabra. OREMOS

6.- Señor, acude presto a buscar aquellas ovejas descarriadas, que oigan tu voz y ante el anuncio de una nueva luz que nos viene, abandonen su etapa de tinieblas. OREMOS

7.- Señor, acompaña a todos aquellos que viven lejos de su tierra y haz que encuentren a su alrededor personas dispuestas a ayudarles y a atenderles. OREMOS

Padre, en la preparación de este Adviento te pedimos que acojas estas súplicas y concedas a tu pueblo lo que con afán te pide.

Señor, acepta nuestra oración de los que, presentes en la Eucaristía para que seamos capaces de mejorar nuestra vida, mientras esperamos, alegres, la venida del Niño Jesús

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Nos ponemos en presencia del Señor para pedirle que escuche todas esas necesidades que hacen a nuestra vida sombría y pesarosa. SEÑOR, DANOS LA VERDADERA ALEGRÍA.

1. – Por el Papa y demás pastores de la Iglesia, para que el mensaje de salvación llegue a toda la comunidad de creyentes y esa luz que ya llega para disipar tanta tiniebla. OREMOS

2. – Por tantos como están tristes porque carecen de lo fundamental; para que la alegría vuelva a sus rostros al encontrar manos tendidas para ayudarles. OREMOS

3.- Por los pueblos, las naciones, por los gobernantes de todo el mundo, para que entiendan que solamente en la reconciliación, el perdón y el amor puede llegar la paz que tanto ansiamos. OREMOS

4. – Por las familias; para que la alegría y la esperanza presida tantos hogares en los que se ha instalado la desesperanza, el querer tener más, llegar más alto, dominarse unos a otros… haciéndoles vivir una vida insoportable. OREMOS.

5. – Por todos los que estamos aquí cuyas peticiones calladas Dios conoce; para que seamos fermento de gozo, libertad, salvación, amor en esta sociedad que huye del compromiso y la exigencia. OREMOS

Señor, concédenos la gracia de la conversión para que cuando llegue la gran Noche podamos encontrarnos juntos a compartir la mesa de la Eucaristía.

Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Amén

Comentario al evangelio – 4 de diciembre

La alegría en el Espíritu

En situación de postración y devastación, la promesa mesiánica se presenta como una restauración: la restauración de la dinastía davídica. Del tronco que parecía muerto brotará un retoño. El signo que lo distingue es el Espíritu que se posa sobre él. Pero, ¿de qué espíritu se trata? Porque hay muchos espíritus, buenos y malos. El espíritu, ese halo invisible e inasible, juega, sin embargo, un papel capital en toda empresa humana: es principio de inspiración, marca la meta, orienta las decisiones y da fuerza para alcanzarla. También las malas empresas tienen su espíritu, su mal espíritu. Existe el espíritu de la ira, de la venganza, de la ambición desmedida. Inspiran malos sentimientos, empujan a acciones destructivas. Por descontado, las buenas obras están igualmente inspiradas, alentadas por espíritus. Pero en este caso tal vez haya que hablar sólo de un espíritu, con mayúsculas, el Espíritu del Señor. Es un Espíritu que abre los ojos, el corazón y la mente, por eso da inteligencia y sabiduría; además, da coraje para actuar y hacer el bien: es un espíritu de consejo y valor; es el espíritu, en suma, presente en toda experiencia genuinamente religiosa: por él nos sabemos en la presencia del Señor con ese respeto y veneración que se llama a veces “el temor del Señor”. Como da inteligencia y sabiduría, permite juzgar con autenticidad y hacer justicia a los débiles, esto es, no inclinarse ante los poderosos. En ese espíritu se descubre la armonía de todo lo creado, en la que las diferencias no generan enemistad ni violencia. Por eso, este espíritu se extiende y abarca al mundo entero.

Ese es el Espíritu que se posó sobre Jesús (Mt 3, 16), y que lo llena hoy de alegría. Jesús se contagia en cierto modo de la alegría de los 72 discípulos que regresan de la misión, una misión difícil, en la que Él mismo ha experimentado antes el fracaso (cf. Lc 10, 13-15). Aunque los que se consideran grandes y prudentes (Corazín, Betsaida, Cafarnaún) rechacen el mensaje, los sencillos, con un corazón bien dispuesto, lo acogen, y adquieren la sabiduría del Evangelio. ¿Qué sabiduría es esa? Ni más ni menos que “saber” la familiaridad de Dios, las relaciones entre el Padre y el Hijo, entrar por Jesús en ellas: hacernos hijos de Dios en el Hijo, que nos lo quiere revelar. Esa es la obra del Espíritu.

La alegría del Espíritu es contagiosa: Jesús nos invita a alegrarnos, a considerarnos dichosos, porque somos testigos y protagonistas del cumplimiento de las promesas.

Si en nuestra vida cristiana dominan el pesimismo, la queja o el temor, es que todavía no nos hemos abierto de verdad al Espíritu que se posó en Jesús al salir del Jordán, el Espíritu en el que se alegra hoy, en el que nos invita a alegrarnos con él, pues la verdadera alegría, la que procede de las buenas noticias, de la Buena Noticia por excelencia, es contagiosa por naturaleza.

José M. Vegas CMF