Vísperas – Miércoles I de Adviento

VÍSPERAS

MIÉRCOLES I DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de madre,
y reúne a sus hijos en verla,
para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Diso de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: 1Co 4, 5

No juzguéis antes de tiempo: dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá la alabanza de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. De Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la palabra del Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. De Sión saldrá la ley; de Jerusalén, la palabra del Señor.

PRECES

Invoquemos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo para que nos trajera una paz sin límites, y digámosle:

Venga a nosotros tu reino, Señor.

Mira, Padre santo, a tu Iglesia
— y ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó.

Oh Señor, siempre fiel a tus promesas, acuérdate de los hijos de Abrahán
— y cumple las promesas que hiciste a sus padres.

Mira, Dios de clemencia, a los paganos, y llámalos, por tu misericordia,
— para que también ellos te alaben y glorifiquen.

Visita, Pastor eterno, las ovejas de tu rebaño
— y reúnelas a todas en tus verdes praderas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acuérdate tambiénd e los que han salido de este mundo en tu paz
— y recíbelos en el reino de tus Hijos.

Unidos fraternalmente, como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Señor y Dios nuestro, prepara nuestros corazones con la fuerza de tu Espíritu, para que cuando llegue Jesucristo, tu Hijo, nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa y él mismo nos sirva en el festín eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 5 de diciembre

Lectio:  Miércoles, 5 Diciembre, 2018

1) Oración inicial

Señor y Dios nuestro, prepara nuestros corazones con la fuerza de tu Espíritu para que, cuando llegue Jesucristo, tu Hijo, nos encuentre dignos de sentarnos a su mesa y él mismo nos sirva en el festín eterno. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 15,29-37
Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí. Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó. De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.» Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?» Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos.» Él mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

3) Reflexión

El evangelio de hoy es como el sol que surge. El sol es siempre el mismo, todos los días, y alegra la vida, hace crecer las plantas. El peligro mayor es la rutina. La rutina mata el evangelio y apaga el sol de la vida.
• Los elementos que componen un relato del evangelio son siempre los mismos: Jesús, el monte, el mar, los enfermos, la multitud, los problemas de la vida. A pesar de conocerlos bien, como el sol de cada día, estos elementos traen siempre un mensaje nuevo.
• Al igual que Moisés, Jesús sube al monte y la gente se reúne a su alrededor. Llega con sus problemas: enfermos, cojos, ciegos, mudos, sordos, muchos problemas… No solamente gente mayor, adultos, sino que también los pequeños…Son el comienzo del nuevo pueblo de Dios que se reúne alrededor del nuevo Moisés. Jesús sana a todos.
• Jesús llama a los discípulos. Tiene compasión de la gente que no tiene nada que comer. Según los discípulos, la solución tiene que llegar de fuera: “¿De dónde sacar pan para tanta gente?” Según Jesús la solución tiene que venir de la gente: ¿Cuántos panes tienen?” –“Siete y unos cuantos peces”. Con estos pocos panes y peces Jesús sacia el hambre de todos, y sobran panes y peces. Si hoy la gente compartiese lo que tiene, no habría hambre en el mundo. ¡Sobrarían muchas cosas! Realmente, ¡otro mundo es posible!
• El relato de la multiplicación de los panes evoca la eucaristía y revela su valor cuando dice: “Jesús tomó el pan en sus manos, lo bendijo, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos”.

4) Para la reflexión personal

• Jesús tiene compasión. ¿Tengo compasión por los problemas de la humanidad? ¿Hago algo?
• Los discípulos esperan que la solución venga de fuera. Jesús pide una solución desde dentro. ¿Yo?

5) Oración final

Ahí viene el Señor Yahvé con poder,
y su brazo lo sojuzga todo (Is 40,10)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

20Decía: “Lo que sale del hombre, eso es lo que manchaal hombre. 21Porque es de dentro,del corazón de los hombres, de donde los malos pensamientos proceden: pecados sexuales, robos, asesinatos, 22adulterios, acciones motivadas por la codicia, acciones perversas, engaño, indecencia, ojo malo, lenguaje abusivo, arrogancia, insensatez. 23Todas estas maldades salen de dentroy manchanal hombre”».

7,20-23: Segunda respuesta de Jesús. Ahora Jesús se centra en la verdadera fuente de la que proviene la impureza o contaminación: el mismo corazón de los hombres. Lo que mancha no es aquello que entra en los seres humanos desde fuera, sino lo que procede de su interior (7,20). El pesimismo antropológico y la simbología escatológica que aquí se expresan son semejantes a los que hallamos en los Himnos de los rollos de Qumrán, donde el salmista se presenta a sí mismo como «una fuente de impureza y de viles suciedades» (1QH 112,25).

El catálogo de impurezas que brotan del corazón descritas aquí (7,21-23) pertenece a un género literario bien conocido y usado en el Nuevo Testamento: es una tabla o «lista de vicios». Estos catálogos de vicios del Nuevo Testamento toman prestados sus temas de una forma literaria popular, dentro de un mundo cultural más amplio. Tablas de ese tipo eran comunes en los escritos estoicos, en otras obras de filosofía popular del mundo greco-romano y en los círculos judíos de la diáspora influidos por la filosofía helenista. Pablo, por su parte, ofrece no solo las «obras de la carne», sino también «el fruto del Espíritu» (Gal 5,22-23; cf. 1Cor 3,12-14). Debe de haber sido una reflexión de Marcos sobre la dura realidad de las posibilidades humanas la que ha hecho que en su texto no aparezca un tipo de lista positiva semejante. En esa misma línea debemos añadir que el catálogo marcano de los pecados humanos se encuentra incorporado dentro de una visión verdaderamente infernal de la vida, en la cual el interior del corazón humano aparece representado como una caja de Pandora, una cueva de maldad, de la que provienen hordas de males de tipo demoníaco. Pues bien, incluso este catálogo de ofensas tiene cierta unidad y estructura (como se ve en el Infierno de Dante) y puede dividirse en dos partes: a) viene primero una serie de siete pecados en plural, que usualmente aluden a «casos concretos» (robos, asesinatos, adulterios…), formados en su mayoría por crímenes que pueden ser castigados conforme a la Ley del Decálogo (Mc 7,21-22a); b) después sigue otra serie de siete ofensas o pecados formulados en singular (engaño, indecencia, ojo malo…), de naturaleza más abstracta (7,22b).

A la cabeza de esa doble lista aparecen los «malos pensamientos». La estructura gramatical del texto sugiere que todos los demás males se encuentran en aposición a esta categoría abarcadora, ya que los «malos pensamientos» preceden al verbo «proceder», mientras que los restantes males siguen después. Esos «malos pensamientos» parecen formar la versión marcana del yeser hara‘, es decir, «la mala inclinación» que aparece en el rabinismo, aunque se encuentra enraizada en la Biblia. Esa inclinación constituye el enemigo interior de Dios, alojado dentro del corazón humano (Gn 6,5; 8,21; cf. Mc 6,21: «del corazón de los seres humanos»), como una fuerza salvaje que impulsa a las personas, quieran o no, a realizar acciones opuestas a la voluntad de Dios.

No puede ser casualidad que, tras esa categoría global («los malos pensamientos»), las primeras acciones perversas que se nombran sean pecados sexuales, pues en la filosofía popular helenista estos pecados formaban el primer ejemplo del aspecto caótico e ingobernable de la naturaleza humana, que persigue de un modo impetuoso sus propios deseos, ciega ante su propio bien verdadero; por su parte, en el judaísmo esos pecados aparecían frecuentemente asociados con los impulsos de la mala inclinación.

Tras los pecados sexuales, las cuatro ofensas siguientes (robos, asesinatos, adulterios, acciones motivadas por la codicia) constituyen infracciones en contra del decálogo. El último de estos primeros siete pecados que aparecen en plural (poneriai, «acciones perversas») da la impresión de ser algo superfluo después de los ejemplos anteriores; puede haber sido añadido simplemente para alcanzar el número siete y servir de transición al grupo más abstracto de los siete pecados que siguen.

Ese nuevo grupo de siete pecados se refiere más a disposiciones internas que a acciones externas, aunque se trata de aquel tipo de disposiciones que desembocan necesariamente en acciones destructivas. Es significativo que Jesús, que comienza su discurso criticando a los discípulos por su falta de conocimiento (7,1a), termina su catálogo de vicios o pecados citando la «insensatez» (7,22), un problema que afecta y aflige de un modo constante a sus discípulos (cf. 4,13; 6,52; 7,18; 8,14-21). Esta manera de poner de relieve la falta de comprensión de los discípulos corresponde seguramente, a la evaluación que el mismo Marcos hace de su propia comunidad: dentro de ella, algunos necesitan desesperadamente una instrucción sobre las bases de la vida cristiana.

Sea como fuere, los discípulos no están fuera del grupo de hombres y mujeres de cuyos corazones brota el mal en el mundo (cf. 8,33). Los problemas analizados en nuestro pasaje son problemas humanos generales; resulta por eso significativo el hecho de que la última palabra de nuestro texto sea anthropos(persona, ser humano: 7,23), que, como hemos visto, ha sido una palabra clave a lo largo del pasaje anterior (7,1-15). Esta palabra final (anthropos; 7,23) aparece también en 7,18.20 (2 veces) y en 7,21. Eso significa que aparece cinco veces en nuestro breve pasaje, lo que unido a las seis veces del pasaje anterior da una suma total de once veces en 7,7-23, una cifra que resulta extraordinariamente grande. Por la gran cantidad de veces que se repite ese término (anthropos), parece que Marcos ha querido indicar que el problema básico que debe preocupar a los cristianos no es la forma en que han de comer, ni el alimento que han de tomar, sino la corrupción interior del anthropos. Esta malignidad o corrupción es la que destruye la vida separándola de la tradición, y haciendo que la misma tradición se convierta en enemiga de Dios, al desviarla por un camino de injusticia que se excusa a sí misma.

El pasaje termina de manera deliberadamente paradójica, con la repetición y ampliación de la segunda mitad del dicho sobre la pureza de 7,15, donde se afirma que solo aquello que sale fuera desde dentro es lo que mancha a una persona (7,23). En general, cuando se habla de «mancha» o suciedad suele decirse que las cosas que manchan son las que entran desde fuera al interior del ser humano. Pues bien, aquí se dice lo contrario: lo que mancha es lo que sale del interior humano. En este contexto debemos preguntarnos: ¿Cómo puede manchar a los humanos lo que sale de su interior? Quizá debamos responder diciendo que el hombre es esencialmente un ser en relación con los demás; en esa línea podemos añadir que aquello que sale de dentro y destruye las relaciones humanas destruye también algo que resulta esencial para la salud de los individuos.

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p style=”text-align:justify;”>De acuerdo con eso, Jesús invierte de un modo total, de arriba abajo, toda la noción de lo que mancha. Para personas que no están dispuestas a aceptarle como enviado escatológico de Dios, estas inversiones de Jesús se presentarían como invitaciones al desorden moral; por tanto, caerían bajo la denuncia de Isaías, que condena a los que llaman bueno lo que es malo, ponen la oscuridad en el lugar de la luz, cambian lo dulce por lo amargo y solo son sabios ante sus propios ojos (Is 5,20-21). Jesús elimina las fronteras impuestas por la tradición, por la ley e incluso por la lógica. De esa manera, Jesús plantea un desafío radical ante el pueblo: ¿Seguirá manteniéndose el pueblo dentro de las fronteras que marca la tradición, para defender esas fronteras (como quieren los fariseos)? ¿O aprenderán a ver las cosas de otra manera, a través de los ojos de Jesús, es decir, tal como él las juzga?
De un modo muy significativo, el siguiente pasaje se desarrolla en una frontera, en la línea de separación entre el Israel bíblico y el mundo gentil; se centra en la relación de Jesús con una mujer que, desde el punto de vista judío, se sitúa fuera del círculo de la buena sociedad. Pues bien, tenemos que añadir que, en consonancia con aquello que se ha dicho sobre la aceptación del juicio de Jesús, esta mujer iniciará su argumento a partir de lo que Jesús le diga, para darle un sentido distinto… y Jesús la alabará por ello.

Miércoles I de Adviento

MIÉRCOLES I de ADVIENTO

(5 de diciembre)

QUIZÁ…

¿A dónde camino, mi Dios?
¿Con quién voy, mi Señor?
¿A quién estoy siguiendo?
¿Busco tu Luz, Señor?
Desde mi pobreza, intento averiguar qué momento vivo,
pero me cuesta tanto, Señor…
Quizá no estoy preparado para lo que me pides.
Quizá no estoy atento a las llamadas.
Quizá vivo fuera de mí.
Quizá vivo fuera de ti, Señor.
Me pregunto qué pintan los demás en mi vida.
Me pregunto qué pinto yo en la vida de los demás.
Me pregunto qué pintas Tú, aquí, Señor.
Muéstrame, Padre, caminos de paz y bien.
Muéstrame, Padre, mi tarea ahora en este mundo.
Muéstrame, Padre, paz dentro de mis muros.
Muéstrame, Padre, tu luz para estar en vela y poder llenarme de ti.
Amén.

Gaudete et exsultate – Francisco I

157. El encuentro con Jesús en las Escrituras nos lleva a la Eucaristía, donde esa misma Palabra alcanza su máxima eficacia, porque es presencia real del que es la Palabra viva. Allí, el único Absoluto recibe la mayor adoración que puede darle esta tierra, porque es el mismo Cristo quien se ofrece. Y cuando lo recibimos en la comunión, renovamos nuestra alianza con él y le permitimos que realice más y más su obra transformadora.

Comentario Domingo II de Adviento

Oración

Ven a nosotros, Espíritu Santo.
En este tiempo de adviento, haznos comprender la palabra de esperanza de tus profetas de Israel, anunciando un “cielo nuevo y una tierra nueva”, y la palabra de Jesús de Nazaret.
Escuchando su palabra, concédenos orar con perseverancia capaz de espera.
Concédenos crecer en una esperanza consistente y activa. Concédenos vivir una esperanza resistente a todo pesimismo y desánimo, fuerte para trabajar por una sociedad más justa según el corazón de Dios Padre.

 

Lc 3, 1-6

«1En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea, y Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y la región de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; 2en el pontificado de Anás y Caifás, aconteció la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

3Y fue por toda la región del Jordán, proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,

4como está escrito en el libro de palabras del profeta Isaías: „Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, haced rectas sus sendas, 5todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado; lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.6Y toda carne verá la salvación de Dios‟.»

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Este evangelio forma parte de la presentación de la misión ydestino de Juan Bautista (Lc 3,1-20), del que ya habíamos conocido su nacimiento y vida oculta (Lc 1,1-25.57-80: Lucas presenta en paralelo las figuras de Juan Bautista y Jesús, algo propio del evangelista). Lc 3,1-6 es la „presentación pública‟ de Juan, a la que seguirá su proclamación (vv. 7- 18) y su destino (vv. 19-20). Es, pues, la primera parte de un tríptico en el que se inserta la entrada en acción del Jesús adulto, que comienza con su bautismo (Lc 3,21-22), su genealogía (Lc 3,23-38) y las tentaciones (Lc 4,1-13). Juan es el punto de inserción de la misión de Jesús. Juan no eligió ser proclamador: lo eligió Dios; Juan no eligió lo que tenía que decir: Dios le dio la palabra, el mensaje y la enseñanza; Juan no buscó el aplauso de los hombres, simplemente preparó el camino del Salvador.

 

TEXTO

Tres partes forman el evangelio de este domingo: a) la irrupción de la palabra de Dios sobre Juan, en un momento y en un lugar determinados de esta historia (vv. 1-2); b)el inicio de la proclamación (“proclamar”: término técnicode la actividad de Juan y de Jesús) del Bautista (en la Iglesiaoriental el adjetivo principal de Juan no es „Bautista‟ sino „Precursor‟, más en sintonía con los evangelios); c) la referencia profética de Isaías, como prefiguración de esta nueva y definitiva etapa de salvación (también Jesús comenzará su misión citando al profeta Isaías: cf. Lc 4,18- 19). El elemento central es la proclamación de Juan: un bautismo de conversión para perdón de los pecados. El tiempo de Adviento supone abrir nuestra mente, nuestro ser, a lo que se anuncia, dejar atrás una vida vieja (cifrada en los„pecados‟ de los que somos perdonados) y estar expectantesa lo que viene, Al que viene.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• En un tiempo bien determinado, en un lugar bien preciso, en una persona bien concreta: la historia de Jesús se entronca en la de un hombre concreto (Juan, hijo de Zacarías), y ésta en un tiempo concreto (el año 15 del emperador Tiberio) y un lugar concreto (el desierto). Responde al estilo de Lucas (cf. Lc 1,1-4), pero nos reta para concretar en tiempo, lugar y personas el anuncio de salvación y los pasos que damos para hacer concreta esa salvación.

• La presencia del desierto y de Dios en las partes extremas del texto (a y c). No todos los lugares son escogidos por Dios para manifestar su voluntad: frente a la lista de autoridades, y de lugares asociados a ellas, es el desierto el espacio privilegiado, del que surge y se multiplica la presencia salvadora de Dios (su palabra viene en el desierto a una persona, pero toda carne verá la salvación de Dios).

• La proclamación de Juan exige dejar atrás una determinada forma de vivir, o de entender la vida, y es unpunto de partida para abrazar algo nuevo. ¿Cómo se puede sustanciar ese mensaje en tu vida hoy?

• Las palabras proféticas son el inicio del Deuteroisaías (Is 40-55): palabras dirigidas a un pueblo derrotado que, sin embargo, vuelve a su tierra. A un pueblo así, Isaías pide que se le den todas las facilidades para que su camino no sea costoso ni largo. Más que una interpretación moral personal, es una llamada urgente al compromiso por hacer llegar, cuanto antes, la experiencia de salvación de Dios a, en palabras de JPII, los heridos de la vida‟.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo II de Adviento

II Domingo de Adviento
9 de Diciembre 2018

Baruc 5, 1-9; Salmo 125; Filipenses 1, 4-6.8-11; Lucas 3, 1-6

Juan el Bautista en el desierto: preparen el camino del Señor…

En el año décimo quinto del reinado del César Tiberio, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes, tetrarca de Galilea; su hermano Filipo, tetrarca de las regiones de Iturea y Traconítide; y Lisanías, tetrarca de Abilene; bajo el pontificado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías. Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías: Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios.

Reflexión

Juan nos llama a un cambio de vida para preparar la venida de Jesús. ¿Qué cambio nos pide? ¿Hay algo que necesitas cambiar? ¿Hay algo que necesitas hacer que no haces ahora? ¿Hay alguna cosa en tu casa, en tu familia, entre tus amigos que te parece que no anda derecha? ¿Qué puedes hacer para ayudar a enderezarla?

Actividades

Prender la segunda vela de la Corona de Adviento. Hacer juntos la oración y luego compartir como se están preparando para recibir a Jesús. Traer una pequeña cesta con un niño Jesús. Escribe las buenas obras, sacrificios y oraciones que están haciendo o van a hacer los niños en pedazos cuadrados de papel en diferentes colores. Hacer una colcha uniendo los cuadrados con “tape” y cubran al niño Jesús. Enfatizar que sus buenas obras, sacrificios y oraciones ayudan a hacer más cálido y confortable el pesebre para Jesús.

Oración

Señor, te estamos esperando. Ayúdanos para que cuando llegues en esta Navidad, encuentres que nuestro amor y respeto en la familia ha crecido. Que nos encuentres caminando con honradez y en sinceridad y cariño de unos para los otros. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo II de Adviento

En la historia del pueblo de Israel, Dios envía varios profetas. Juan es uno de ellos, y cuando aparece en el desierto de Judá, es una gran novedad y la gente sale a su encuentro. Como todos los profetas, Juan viene enviado por Dios, para invitar a las personas a mejorar. A mejorar, para poder recibir al Mesías, al Salvador del Mundo, enviado por Dios: Jesucristo.

Ahora que se acerca la Navidad, Dios quiere que mejoremos para poder recibir al Niño Jesús en nuestras almas, pues Jesús no puede entrar en un alma que no está preparada para recibirlo.

Si quieres recibir a Jesús esta Navidad, “endereza tus caminos”: pide perdón a quien has ofendido y si es necesario, confiésate; perdona a quien te haya ofendido; si ya puedes hacerlo, busca recibir la comunión; demuestra tu amor a Dios y a los demás haciendo buenas obras que les ayuden a ser más felices…

Dios quiere que mejoremos porque nos ama, y porque sabe que el mayor regalo que podemos recibir esta Navidad es a su Hijo Jesucristo. Porque cuando Jesús entra en el alma de una persona, todo es paz, alegría, ganas de amar y de entregarse a los demás. Tener a Dios en nuestro corazón, es no necesitar de nada más.

¡Pide ayuda a Dios para enderezar todo eso que hasta ahora no llevas muy bien en tu vida!

¿Qué es lo más “torcido” que hay en tu vida, y cómo puedes enderazarlo?

Comentario al evangelio – 5 de diciembre

Hasta saciarse

El hambre y la enfermedad son dos de los azotes que afligen a la humanidad desde sus orígenes. Pese al progreso social y científico, la humanidad no consigue librarse de ellos. El horizonte sombrío y final de esos males, al parecer incurables, es la muerte. Por eso es fácil entender que la abundancia de alimentos y la salud se hayan convertido no sólo en cifras y parámetros de una vida plena, sino también en símbolos de la salvación definitiva a la que aspira el corazón humano, símbolos recurrentes en los oráculos proféticos, como el del hermosísimo texto de Isaías que acabamos de proclamar.

Tal vez, si además de los adelantos científicos y las necesarias reformas sociales, creciera en el corazón humano la capacidad de compadecer, sería posible remediar mucho más y mejor estos males, al menos en el ámbito propio de nuestra responsabilidad en nuestra existencia terrena.

Jesús, presente por su encarnación en la realidad de nuestro mundo, nos enseña precisamente esta verdad tan pedestre pero tan necesaria y humana, como es la compasión. Los evangelios lo repiten: Jesús siente lástima de las gentes y responde a sus necesidades, también a las más inmediatas del dolor, la enfermedad y el hambre. Sus acciones, movidas por la compasión, y que cumplen las antiguas promesas, además de remediar esos males, tienen un sentido directamente salvífico. Curando, aliviando, alimentando, “hasta saciarse” Jesús anuncia que el Reino de Dios ya se ha hecho presente, que lo que anunciaron los profetas es ya una realidad tangible. Pero no se trata de una realización mágica, como caída del cielo, que todo lo cambia sin que nosotros tengamos ni arte ni parte. Al contrario: Jesús nos enseña que para poder remediar esas necesidades y hacer así presente el Reino de Dios tenemos que asumir esas mismas actitudes suyas, que consisten en sentir con los que padecen, esto es, salir de la indiferencia, de la cerrazón en los propios problemas (bastante tenemos con ellos, solemos decir, para desentendernos de los ajenos), y adoptar la actitud de la compasión. Además, Jesús nos implica en sus acciones: pregunta a los discípulos, requiere que pongan a su disposición lo que tienen, por poco que sea, que se hagan servidores de la multitud.

El Reino de Dios, la salvación que ya está operando en la historia, es un don de gracia, pero también una llamada a la responsabilidad, a cambiar de actitudes, a ponerse en movimiento para responder a las necesidades de los que sufren. Así nos lo enseña Jesús, y así nos los enseñan tantos de sus seguidores que a lo largo de la historia han acogido y puesto en práctica esa enseñanza. Así podemos y debemos hacer también nosotros, para que también por nuestro medio, como cooperadores de Cristo y servidores de nuestros hermanos, se haga visible hoy el cumplimiento de la antiguas promesas.

José M. Vegas CMF