Vísperas – San Nicolás

VÍSPERAS

JUEVES I DE ADVIENTO

SAN NICOLÁS, obispo
memoria libre

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Marana tha!
¡Ven, Señor Jesús!

Yo soy la Raíz y el Hijo de David,
la Estrella radiante de la mañana.

El Espíritu y la Esposa dicen: «¡Ven, Señor!»
Quien lo oiga, diga: «¡Ven, Señor!»

Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,
que tome el don del agua de la vida.

Sí, yo vengo pronto.
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bonad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso e hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: St 5, 7-8.9b

Tened paciencia hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca. Mirad que el juez está ya a la puerta.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brilel tu rostro y nos salve.
V/ Señor Dios de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

PRECES

Imploremos a Cristo, luz resplandeciente, que prometieron los profetas a los que habitan en tierra de sombras, y digámosle:

Ven, Señor Jesús

Cristo, Palabra de Dios, que en el principio creaste todas las cosas, y en la etapa final del mundo tomaste nuestra naturaleza humana,
— ven y arráncanos de la muerte.

Luz verdadera que alumbra a todo hombre,
— ven y disipa las tinieblas de nuestra ignorancia.

Hijo único que estás en el seno del Padre,
— ven y danos a conocer el amor de Dios.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que abres las puertas de todas las cárceles,
— admite en el festín de tus bodas a cuantos aguardan a la puerta.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Imploramos, Señor, tu misericordia y te suplicamos que, por la intercesión de tu obispo san Nicolás, nos protejas en todos los peligros, para que podamos caminar seguros por la senda de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 6 de diciembre

Lectio: Jueves, 6 Diciembre, 2018

1) Oración inicial

Despierta tu poder, Señor, y ven a socorrernos con tu fuerza; que tu amor y tu perdón apresuren la salvación que retardan nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 7,21.24-27
«No todo el que me diga: `Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
«Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina.»

3) Reflexión

El evangelio de hoy cuenta la parte final del Sermón de la Montaña. El Sermón de la Montaña es una nueva lectura de la Ley de Dios. Empieza con las bienaventuranzas (Mt 5,1-12) y termina con la casa construida sobre la roca.
• Se trata de adquirir la verdadera sabiduría. La palabra de Dios, expresada en la ley de Dios, es fuente de salvación. La verdadera sabiduría consiste en sentir y practicar la Palabra de Dios (Lc 11,28). No basta decir “¡Señor, Señor!” Lo importante no es decir unas bonitas palabras sobre Dios, sino hacer la voluntad del Padre y ser una revelación de su amor y de su presencia en el mundo.
• Quien escucha y practica la palabra construye la casa sobre roca. La solidez no viene de la casa en sí, sino del terreno, de la roca. ¿Qué significa la roca? Es la experiencia del amor de Dios revelado en Jesús (Rom 8,31-39). Hay personas que practican la palabra para poder merecer el amor de Dios. Pero el amor no se compra, ni se merece (Cnt 8,7). El amor de Dios se recibe gratuitamente. Ponemos en práctica la Palabra no para merecer el amor, sino para decir gracias por el amor recibido. He aquí la buena tierra, la roca, que da seguridad a la casa. ¡La verdadera seguridad viene de la certeza del amor de Dios! Es la roca que sostiene en los momentos de dificultad y de tormenta.
• El evangelista termina el Sermón del Monte (Mt 7,27-28) diciendo que la multitud queda admirada por la enseñanza de Jesús, ya que “enseñaba con autoridad y no como los escribas”. El resultado de la enseñanza de Jesús es la conciencia crítica de la gente ante las autoridades religiosas de la época. Admirada y agradecida, la gente aprueba las preciosas enseñanzas de Jesús, que son diversas.

4) Para la reflexión personal

• ¿Soy de los que dicen “Señor, Señor”, o de los que ponen en práctica la palabra?
• ¿Observo la ley para merecer el amor y la salvación o para dar gracias a Dios por su amor y su salvación?

5) Oración final

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre. (Sal 117)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

58: “La alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones (cf. Lc 21,24), hasta la proclamación universal del Evangelio. La Biblia venera algunas grandes figuras de las “naciones”, como “Abel el justo”, el rey-sacerdote Melquisedec (cf. Gn 14,18), figura de Cristo (cf. Hb 7,3), o los justos “Noé, Daniel y Job” (Ez 14,14). De esta manera, la Escritura expresa qué altura de santidad pueden alcanzar los que viven según la alianza de Noé en la espera de que Cristo “reúna en uno a todos los hijos de Dios dispersos” (Jn 11,52).”

Esta alianza de Noé, la alianza con Noé dura hasta Jesucristo. Con Jesucristo se instituye la nueva alianza. La nueva y eterna alianza. Pero fijaros la alianza con Noé, la alianza con aquel hombre justo, que quería salvar del pecado a la humanidad, guiado aquella estrategia de aquella barca, etc, es la que prefigura lo que Jesucristo realizaría y además hay que reconocer que aunque no tuviese la plenitud de la gracia, aunque la alianza de Noé todavía era imperfecta, sin embargo dio mucho fruto. Y aquí en este punto se hace como una mención a las grandes figuras del Antiguo Testamento. Tenemos que reconocer que tenemos una carencia muy grande de cultura veterotestamentaria, en el Antiguo Testamento y que por eso quizás nos cuesta más disfrutar de la liturgia, porque la liturgia suele realizar esa especie de conjunción de unión entre el antiguo y el nuevo testamento, viendo cómo se ha realizado el plan de salvación y como todo lo prometido ha sido realizado en Cristo. ¿Qué figuras se nos recuerdan? La del justo Abel. A diferencia de Caín, Abel era aquel que cuando hacía ofrendas, a Dios le resultaban agradables las ofrendas de Abel. Por eso es prefiguración de Cristo que hace su ofrenda al Padre. Paradójicamente el hecho de que él sea el preferido de Yavé, suscita celos y envidia en su hermano Caín. Así también ocurre en Jesucristo, el justo, el que ofrece su vida como ofrenda agradable al Padre, en vez de suscitar en todos nosotros una gratitud inmensa, también suscita celos. Vemos lo que ocurrió en el entorno de Jesús con el mundo de los sacerdotes, del templo, los fariseos, los escribas tenían celos de su popularidad, de cómo el pueblo le seguía, etc. Por eso Abel, el justo, es imagen de Jesús.

El sacerdote Melquisedec, del cual habla Génesis 14, 18. Del cual se dice que nadie sabía de dónde venía y de quién era, ni qué descendencia tenía. Es imagen de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. Jesucristo es sacerdote según la nueva alianza. Por cierto que a veces escucho yo por ahí, algunas expresiones que chirrían a los oídos. Jesucristo no era sacerdote, Jesucristo era laico. Hombre, vamos a ver, si estamos hablando desde el punto de vista del Antiguo Testamento, de las castas en las que estaba o de los grupos en los que estaba dividido el pueblo de Israel pues claro, Jesucristo no pertenecía a la tribu de Leví, a la tribu sacerdotal. La palabra laico es una palabra que es ajena a aquel tiempo y es hablar indebidamente, pero Jesucristo por supuesto que es sacerdote según la nueva alianza. Él ha inaugurado el sacerdocio, él eligió a los doce apóstoles, él inauguró el sacerdocio al instituir la eucaristía, o sea que Jesucristo no es sacerdote y decirlo desde nuestra perspectiva actual, obviamente es una barbaridad. Porque él es sacerdote eterno según el rito de Melquisedec. Esto es un pequeño paréntesis.

¿Qué más figuras se nos recuerdan aquí en el punto 58, como figuras en las que la alianza de Noé mostró su esplendor? Los justos, el propio Noé, Daniel y Job. Por ejemplo el profeta Daniel que es también imagen de Jesucristo. El profeta Daniel que ya sabemos por él que siendo jovencito, bueno el vivió los tiempos de la caída de Jerusalén en el año 587 antes de Cristo y de el cautiverio de Babilonia, el destierro de Babilonia. De él sabemos que, siendo un adolescente, tuvo una intervención decisiva en el proceso contra Susana, la casa Susana, aquella mujer que había sido acusada injustamente de adulterio por los ancianos de la comunidad de los desterrados. Y Daniel no sólo defendió su inocencia, sino que probó, de una manera ágil, que esa mujer era inocente. Por eso Daniel es imagen de Jesucristo, porque ante el acusador de nuestros hermanos, ante satanás, defiende nuestra inocencia. Más bien, nos hace inocentes. Luego Daniel estuvo en la corte de Babilonia teniendo, siendo consultado como un profeta, llamando la atención porque tenía sabiduría de Dios y uno recuerda, de dónde le viene a este la sabiduría, recuerda ese episodio de Jesús perdido entre los doctores del templo que se asombraban de que aquel niño tuviera esa sabiduría para interpretar las escrituras. Y también tenemos después el episodio de Daniel en el foso de los leones, que sin embargo es respetado por esos leones que se vuelven mansos delante de él. Así también Jesucristo, lanzado al foso, íbamos a decir de los propios leones que somos nosotros, los pecadores, la humanidad que sin embargo, él hace de nosotros, llega a hacer de nosotros corderos mansos.

Por lo tanto la alianza de Noé da grandes frutos, como este de Daniel. Habla también de Job. También Jesucristo no sólo es el nuevo Daniel. Jesucristo es el nuevo Job. El hombre paciente que carga sobre sí las consecuencias del pecado de los suyos, de tanta desgracia que Job padeció injustamente porque Job era un hombre justo, no es si no una imagen de Jesús cargando sobre sus hombros el pecado de la humanidad.

En resumen. Todo el Antiguo Testamento, la alianza de Noé nos está preparando para la alianza con Jesucristo. Cuando se reúna en uno a todos los hijos de Dios dispersos. La unidad en uno, la unidad en Cristo es una gran obsesión en sentido positivo de la palabra. Es el gran sueño, el gran deseo que él es capaz de convertir en realidad, porque es el sueño de Dios. Y en Dios deseo y acto se unifican y son una sola cosa. Que todos sean uno.

Jueves I de Adviento

JUEVES I de ADVIENTO

(6 de diciembre)

Hace muchos siglos, Isaías (profeta del antiguo Israel), lanzó una reflexión que hoy por hoy se antoja casi imposible de conseguir: “De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra” (Isaías 2, 4).
Efectivamente, no hay paz, o mejor dicho, no estamos en paz: no estamos en paz cuando nuestro país financia guerras o comercia con ellas; no estamos en paz cuando hay alguien que maltrata a otras personas…
En fin, la idea de Isaías tiene varios miles de años y está sin estrenar.
Pero la cosa no termina aquí, varios siglos después, esa propuesta que nos hizo Isaías fue superada por Jesús de Nazaret. Él recorrió hasta el final el camino que nos lleva, si estamos convencidos, a conseguir ese objetivo; el objetivo de cambiar este mundo.
El mundo necesita de Cristo, la humanidad vive un desencanto y se encuentra en actitud de espera, ¿de qué? Hay aspiraciones modernas de paz y de felicidad, de unidad, de comunidad… El adviento nos ayuda a entender mejor el corazón del hombre y ss ganas incansables de felicidad.

Gaudete et exsultate – Francisco I

CAPÍTULO QUINTO
COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO

158. La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida.

La figura de Juan el Bautista

En este segundo domingo de Adviento irrumpe con fuerza la figura de Juan el Bautista, que aparecerá tanto en este segundo domingo como en el tercer domingo de Adviento. El Bautista, junto con el profeta Isaías y con María, cuya Concepción Inmaculada celebrábamos ayer, son los personajes que de modo particular nos acompañan en este tiempo de Adviento.

1. “Vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto”. El evangelista san Lucas, después del Evangelio de la infancia de Jesús que corresponde a los dos primeros capítulos, comienza el tercero introduciendo la figura del Bautista. Comienza san Lucas este relato con una solemne introducción histórica, detallando minuciosamente el momento exacto de la historia en el que aparece Juan. Esto nos indica dos cosas. Por un lado la historicidad de la persona del Bautista, y por lo tanto de Jesús, pues podemos señalar el momento exacto en el que aparece en la historia siguiendo los períodos de gobierno de las distintas autoridades que describe Lucas. Por otro lado, el Evangelista nos hace ver la diferencia entre los distintos gobernantes, tanto romanos como judíos, que vivían rodeados de lujo y de poder, con la sencillez de Juan el Bautista. Éste aparece con humildad en el desierto, que es el lugar del silencio, y precisamente por esto es también el lugar donde se escucha la palabra de Dios. Es curioso que el Evangelio no presenta a Juan como el protagonista, el que tiene la iniciativa, sino que en primer lugar está la palabra de Dios que viene sobre Juan. Es por tanto Dios quien tiene la iniciativa. Él es quien desea llevar adelante su proyecto de salvación para los hombres, por eso es Él quien llama a Juan, le envía su palabra, para que predique la conversión.

2. “Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. En el desierto Juan el Bautista predica un bautismo de conversión. Es la primera llamada que Dios hace a los hombres: volver de nuevo el corazón hacia Dios para que perdone nuestros pecados. Lucas descubre en la persona del Bautista la imagen del profeta Isaías de la voz que grita en el desierto (Is 40, 3-5). Esta imagen se encuentra al comienzo del conocido como “segundo Isaías”, un texto lleno de alegría y de consuelo para Israel. Isaías escribe a Israel que se encuentra en el destierro. En medio de su tristeza resuena una voz de esperanza que llama a preparar en el desierto un camino al Señor, un camino llano y recto. Quizá se refiere Isaías al camino por el que Israel ha de volver a Jerusalén tras el destierro de Babilonia. Lucas, al citar este texto veterotestamentario, lo reinterpreta invitando a preparar el camino para que Dios venga a nosotros. Allanar los senderos, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale… se refiere a sacar de nuestra vida y de nuestro mundo todos aquellos obstáculos que impiden a Dios llegar a nosotros, como nuestros egoísmos, el odio, la injusticia, la pereza… El Adviento es por tanto un tiempo para preparar nuestro corazón y limpiarlo de toda suciedad para que Dios pueda venir de nuevo a nosotros.

3. “Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables”. Pero ¿cómo preparar ese camino al Señor? San Pablo, en la segunda lectura, nos da la clave al exhortar a los Filipenses a que esta comunidad de amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Se trata por tanto de vivir desde el amor, conociendo y apreciando cada día más los valores que Dios quiere de nosotros, llevándolos a la práctica. Así es como el Señor quiere que preparemos la venida de Cristo, llegando a ese día “limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia”. Ésta es por tanto la conversión del corazón a la que invitaba Juan el Bautista cuando predicaba en el desierto. Esto es preparar el camino el Señor.

Sigamos avanzando por este tiempo de Adviento con el corazón alegre, lleno de esperanza, y poniéndonos en marcha para preparar el camino a Dios que viene. Que cuando llegue ese día nos encuentre bien dispuestos, abajando nuestro orgullo, enderezando el camino de nuestra vida, viviendo los valores que Jesús nos enseña. Con la ayuda de María Inmaculada, limpiemos también nosotros nuestro corazón.

Francisco Javier Colomina Campos

Todos verán la salvación de Dios

El año quince del reinado de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, estando Herodes al frente de Galilea, su hermano Filipo al frente de Iturea y de la región de Traconítida, y Lisanias al frente de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, Dios habló a Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue recorriendo toda la región del Jordán, predicando un bautismo de conversión para recibir el perdón de los pecados, como está escrito en el libro del profeta Isaías:

Voz que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus sendas;
que los valles se eleven,
que los montes y colinas se abajen, que los caminos tortuosos
se hagan rectos
y los escabrosos llanos,
para que todos vean
la salvación de Dios.

Lucas 3, 1-6

 

Comentario del Evangelio

Si haceis algún tipo de deporte, seguro que teneis mucho que entrenar. Y antes de un examen es necesario prepararlo bien y repasar muchas cosas para llegar de la mejor manera al examen. Pues eso es lo que nos dice el Evangelio de hoy. La noche del 24 de diciembre nace nuevamente Jesús, el Hijo de Dios. Es un día muy importante para todos los cristianos. Y lo que debemos hacer es prepararnos. No podemos llegar a la Navidad como si fuese solamente un día de vacaciones o un día en el que reunirnos con la familia. Debemos prepararnos con la oración y estando muy atentos a hacer el bien a nuestro alrededor.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe cosas que has hecho en la parroquia en años anteriores en las cuatro semanas de Adviento.

• ¿Por qué es importante el Adviento para los cristianos? ¿Qué cosas podemos hacer en la parroquia para prepararnos bien para el nacimiento del Señor?

• Escribe un compromiso para que en esta semana puedas hacer para prepararte para el nacimiento de Jesús.

Oración

Queremos ser profetas y anunciarte,
aunque nuestro grito parezca una voz perdida en el desierto,
pero no podemos callar la alegría
que tenemos dentro,
porque sabemos que estamos
en tus manos, Dios nuestro.
Todos tenemos parte de tu Buena Noticia
y queremos gritarla a los cuatro vientos
en estos tiempos en que se adoran
otros dioses,
pero se está más necesitado de Ti
que nunca, Padre.
Queremos ser profetas de la alegría
que tanto se necesita,
tenemos que ser testigos
de la solidaridad que urge,
hemos de saber contagiar el compromiso por vivir la
justicia, necesitamos ser,
contigo, una oferta mejor de plenitud.
Aquí nos tienes a tu lado, Señor,
para que nos envíes.

Pablo pedía por los hermanos

Y como Pablo queremos pedir
por todos nuestros hermanos,
con alegría desbordante,
con la boca llena de risas,
con el entusiasmo de la Buena Noticia,
con la seguridad de que hemos sido
elegidos por Ti, Señor.

Queremos ser profetas y anunciarte,
aunque nuestro grito parezca una voz perdida en el desierto,

pero no podemos callar la alegría que tenemos dentro,
porque sabemos que estamos
en tus manos, Dios nuestro.

Porque contigo el tiempo de dolor
y el tiempo cotidiano,
se convierten en fiesta y en oportunidad,
en algo que nos despierta de la mediocridad o que nos invita a amar todavía

con más pasión.

Todos tenemos parte de tu Buena Noticia
y queremos gritarla a los cuatro vientos
en estos tiempos en que se adoran otros dioses,

pero se está más necesitado de Ti que nunca, Padre.

Queremos ser profetas de la alegría que tanto se necesita,
tenemos que ser testigos
de la solidaridad que urge,
hemos de saber contagiar el compromiso por vivir la justicia,
necesitamos ser, contigo,

una oferta mejor de plenitud.
Aquí nos tienes a tu lado, Señor, para que nos envíes

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo II de Adviento

• Si nos paramos a mirar el marco geográfico (no hace falta coger el mapa, pero si tenemos uno a mano, siempre va bien de conocer el país), nos daremos cuenta que hay dos lugares dónde se desarrolla la acción: 1) el lugar dónde Juan recibe la llamada el “desierto” (2) y el lugar dónde Juan lleva a término la misión: “toda la región del Jordán” (3). Un matiz interesante: Juan no espera que la gente vaya al desierto buscando a Dios. Dicho de otra manera, Dios vive dónde viven las personas. Esto anticipa lo que más adelante Lucas nos presentará de Jesús: recibe la misión en el Jordán y hace el discernimiento en el “desierto” (Lc 3,21-4,13) y empieza y desarrolla su ministerio en Galilea (Lc 4,14ss),donde vive la gente, en medio de la vida de las personas, en una geografía concreta.

• En los capítulos iniciales de la obra de Lucas (Evangelio+Hechos) contrapone, en las personas de Juan y Jesús, dos épocas y dos maneras de hacer misión: Juan será precursor y testigo, Jesús será Mesías enviado por el Padre. En ambos la misión se hace en el marco de la Historia.

• Podríamos pensar que este texto no habla de Jesús. Pero sí. Juan, su precursor, anuncia su venida (4-6) con palabras del profeta (Is 40,3-5). Si nos fijamos, podremos verqué dice del “Señor” (4), qué hará este quedebe venir (5-6), como somos invitados apreparar su venida (3-4).

• De los versículos 5-6 podemos deducir qué consecuencias tendrá la venida del Mesías sobre las víctimas de la injusticia (“terrenos tortuosos y caminos escabrosos” que hace falta transformar). Estaremos haciendo lo que hace Lucas: ubicar la acción liberadora de Jesucristo en un marco geográfico y histórico concreto. Es cierto que haciendo este ejercicio podemos ser simplistas (cómo hacen los políticos populistas por ganar los votos de los pobres). Pero es igualmente cierto que el Evangelio sólo se verifica cuando los pobres son liberados (no cuando les damos algo de “limosna” a través de un maratón televisivo o de una recogida navideña de alimentos).

• El encabezamiento reproduce el modelo de comienzo de la mayor parte de los libros proféticos del A.T., situando al profeta en espacio y tiempo; es una fórmula que expresa la inspiración divina (vino la palabra de Dios a X).

• No es tanto una palabra que interviene en la Historia para modificarla sino una palabra que utiliza la mediación histórica como necesaria. La Historia será lenguaje de Dios para hacer ver cómo es el designio de amor del Padre sobre nosotros.

• Lucas presenta a Juan como profeta: el que dice a los oyentes lo que Dios quiere decirles. Pero con ciertos matices muy significativos: 1) Es presentado como el último profeta del AT. Los nuevos tiempos, el Reino de Dios, irrumpen con Jesús, no con él. 2) Era muy austero, mientras que Jesús es descrito como amigo de comidas y fiestas(cf. Lc 7,33-34). 3) Su mensaje es de penitencia y de conversión, y anuncia el «castigo de Dios», mientras que Jesús habla de Buena Noticia, del amor de Dios, el perdón, la rehabilitación, «el año de gracia» y la liberación. Juan predicaba, entendido en el sentido de proclamaba la conversión etimológica-mente significa cambio de mentalidad.

• Juan proclama un “bautismo de conversión” (v.3) que es la espiritualidad tradicional de Israel. Juan llama a sus oyentes a reformar las vidas, para así tomar cuerpo el perdón de los pecados. Jesús la supera por el bautismo de “agua y de espíritu” (Jn2,33),bautismo de entrega y de donación total.

• La misión de Juan es “preparar el camino” (v.4). La tarea de anunciar a Jesús es, en sí misma, una obra de testimonio. Mostrar el camino, señalar el horizonte, ensanchar esperanzas, ofrecer un nuevo amanecer es tarea de quien trabaja la profecía nueva.

• Hace falta que leamos al profeta Isaías en el fragmento citado aquí: Is 40,3-5. descubriremos el sentido del camino que se ha de abrir al Señor en el desierto (Is 40,3): un nuevo éxodo, una nueva liberación que Dios llevará a término. ¿Es este el “camino” del que tanto hablamos en el Adviento?

• Pero el evangelista Lucas esta cita de Isaías la prolonga hasta dar cabida a la afirmación: “Y todos verán la salvación de Dios”; es la universalización. Dios envía su salvación a todos y todas sin excepción. Nadie queda excluido del perdón de Dios. Es decir, toda criatura está llamada a la plenitud. El acceso a ésta, don de Dios, es tarea y responsabilidad del creyente (Lc 19,11-28):“Negociad mientras vuelvo”.

Comentario al evangelio – 6 de diciembre

La roca de la Palabra

Una ciudad fuerte (una fortaleza) es, ante todo, una ciudad con fundamentos profundos y firmes. No tiene por qué ser una ciudad cerrada. Al contrario, la fortaleza basada en los cimientos otorga seguridad y confianza para abrirse a los extraños y enfrentarse a lo nuevo. Y no hay mayor fortaleza que la basada en la verdad y la justicia. El engaño y la injusticia son como grietas en los muros de la ciudad, signos de debilidad, de falta de fundamento, que producen cerrazón y desconfianza. La ciudad fuerte, al contrario, se abre, acoge a los que buscan refugio, ofrece su seguridad a los débiles y los pobres. Estos constituyen un pueblo justo, pero sobre todo porque, al sentirse salvados entre los muros de la ciudad, se saben justificados. No en vano, la roca, el cimiento de esta ciudad, Jerusalén, es el Señor.

Cristo es la piedra angular de esta construcción, la roca sobre la que Dios instaura su Reino y construye su Iglesia. No es fácil construir sobre roca. Es más fácil hacerlo sobre la dócil arena. Pero lo más fácil no es, por eso, lo mejor. Jesús invita a los justificados, que han escuchado su Palabra, a realizar la obra difícil de ponerla en práctica. La gracia llama a la responsabilidad, a la respuesta.

El que dice “Señor, Señor” y no hace su voluntad puede ser el que se acuerda de santa Bárbara sólo cuando truena, y acude a Dios sólo a pedir, pero no a escuchar, y sólo cuando le conviene; o puede ser también el que dice aceptar y defender los valores cristianos, pero sin ponerlos en práctica, dejándose llevar por un ánimo vengativo y justiciero cuando se siente atacado u ofendido. En realidad, es muy posible que todos, en algún aspecto de nuestra vida, digamos “Señor, Señor”, pero sin poner en práctica lo que el Señor nos dice. Son puntos débiles de nuestra casa, que puede ceder cuando surge la dificultad. Así, en circunstancias personales, familiares o laborales difíciles, o en situaciones de persecución. No es infrecuente que en tales casos tendamos a pedirle cuentas a Dios, más que a escuchar y poner en práctica su Palabra.

Jesús nos llama a la coherencia de vida. Que nuestras acciones, nuestras actitudes y motivaciones correspondan con lo que confiesan nuestros labios. Sabiendo que nos falta esa coherencia, Jesús nos invita a emprender reformas en nuestra casa, para dar fundamento, profundidad y solidez allí donde haga falta.

El resultado del esfuerzo será beneficioso para nosotros mismos: firmeza, paz y confianza. “Los que confían en el Señor son como el monte Sión, no tiembla, está asentado para siempre” (Sal. 124, 1). Pero también para los demás: podremos abrir sin temor las puertas de nuestra casa, de nuestra pequeña fortaleza, para acoger a los pobres y los débiles, para ofrecer nuestro techo a los que viven en la intemperie. Y es que poner en práctica su voluntad es poner en práctica las obras del amor, ese Amor que nos ha justificado y que nos abre sin temor a los demás.

José M. Vegas CMF