Domingo II de Adviento

Ya desde el comienzo mismo de su Evangelio nos pone Lucas frente a frente a los poderosos de este mundo por una parte y a los débiles y pequeños por otra. Esa larga lista de personajes que se nos describen al comienzo del texto que acabamos de escuchar no constituyen una mera prueba de erudición. Nos sitúa más bien a Jesús frente a los poderes: el del Imperio Romano representado por el emperador Tiberio y su gobernador en Judea, Poncio Plato; el del reyezuelo fantoche de Galilea, Herodes y su hermano Filipo, y el de los jefes religiosos del pueblo judío, Anás y Caifás. Ahora bien, van a ser esos tres mismos poderes los que tramarán para llevar a Jesús a la muerte.

Por parte de los pequeños, nos encontramos con Juan Bautista que no vive en palacios reales, sino más bien en el desierto. Desierto que simboliza los cuarenta años del Pueblo escogido en el desierto; y para describir la misión de Juan, utiliza Lucas la profecía de Isaías que anuncia el fin del destierro de Babilonia.

Juan predicaba en el desierto de Judá, cerca de Jericó, no muy lejos de Qumrán. Ir de Jerusalén a Jericó por avión no cuesta en nuestros días más que un par de minutos. Pero ir por el camino de la época de Jesús constituía toda una auténtica empresa. Era preciso bajar varios cientos de metros, desde las altura de Jerusalén hasta el nivel del Mar Muerto, utilizando senderos sinuosos por en medio de las montañas majestuosas del desierto de Judá, impresionantes por su desnudez, y peligrosas toda vez que cada curva constituía el rincón ideal para una emboscada. Nada, pues, tiene de extraño que cuando quiere Juan llamar al pueblo a la conversión, las palabras que le vienen a la mente sean las del profeta Isaías:

“Preparad el camino del Señor,  enderezad sus sendas;

Todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado;

Lo tortuoso se hará recto

Y las asperezas serán caminos llanos;

Y todos verán la salvación de Dios” (Lc 3, 4-6)

Lenguaje cuajado de simbolismo que se llegaba a sus oyentes mejor que lo pueda hacer a nosotros.

Cuando leemos en nuestros días esas palabras de Juan, tendemos a darles sin más un sentido moral, es decir, que debemos cambiar nuestros caminos, que es preciso que cambiemos de conducta, que dejemos de hacer el mal y nos pongamos a hacer el bien, etc.

Lo cual es bueno sin duda alguna, pero no creo yo que haya sido eso lo que quería decir Juan.

Juan utilizaba ciertamente ese texto en el sentido que tenía en su contexto original, que era la descripción del esposo que corría a través de las colinas para encontrarse con su amada, volando en cierta manera por valles y colinas.

Por otra parte, las primeras lecturas de la Misa nos ofrecen un sabor plenamente terreno. Nos recuerdan que nuestra fe no es en manera alguna una creencia desencarnada en un Dios lejano. Es una fe encarnada, porque Dios ha querido tomar carne, porque ha vivido nueve meses en el seno de María y ha dado comienzo a su ministerio unos treinta años más tarde en un momento bien preciso, totalmente identificable, de la historia, en un lugar bien concreto.

Hombres y mujeres de nuestros días nos vemos confrontados con dos tentaciones: la de perdernos en el gozo de la creación, hasta convertirnos en esclavos de ella, hasta el punto de olvidar a Dios, y la de pretender perdernos en Dios en una especie de unión de fusión, dejando de lado la creación. Ceder a la primera tentación constituye una locura; ceder a la segunda no pasa de ser una ilusión.

La Carta a los Filipenses tan rica n su proclama de la humanidad de Dios, nos enseña cuál es el camino que en verdad hemos de seguir, camino que es el del amor – amor no sólo de nuestro prójimo, sino de toda la creación.

“En mi oración pido que vuestro amor os haga progresar cada vez más en el conocimiento verdadero y en la más perfecta clarividencia que os hagan discernir lo que mayor importancia tiene”

Como el esposo del Libro de Isaías que corría al encuentro de su amada, con sus pies que apenas rozaban las cumbres de las montañas, vayamos presurosos al encuentro de Cristo que se llega a nosotros, con todo el frescor de corazones llenos de amor y que se vuelven a Él.

A. Veilleux

II Vísperas – Domingo II de Adviento

II VÍSPERAS

DOMINGO II DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¡Marana tha!
¡Ven, Señor Jesús!

Yo soy la Raíz y el Hijo de David,
la Estrella radiante de la mañana.

El Espíritu y la Esposa dicen: «¡Ven, Señor!»
Quien lo oiga, diga: «¡Ven, Señor!»

Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,
que tome el don del agua de la vida.

Sí, yo vengo pronto.
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Mirad, viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mirad, viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.

SALMO 113B: HIMNO AL DIOS VERDADERO

Ant. Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegaría y no tardará. Aleluya.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
“Dónde está su Dios”?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y otro,
hechura de manos humanas:

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nostoros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendita a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hobmres.

Los muertos ya no alaban al SEñor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegaría y no tardará. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará.

LECTURA: Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. el Señor está cerca.

RESPONSORIO BREVE

R/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.
V/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.

R/ Danos tu salvación.
V/ Tu misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Dichosa tú, María, que has creído! por que lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Dichosa tú, María, que has creído! por que lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que viene a salvar a todos los hombres y digámosle confiadamente:

Ven, Señor, Jesús

Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad,
— vivifica al mundo con tu venida.

Tú que participaste de nuestra debilidad,
— concédenos tu misericordia.

Tú que viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados,
— cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad, absuélevenos de todas las culpas.

Tú  que lo gobiernas todos con tu poder,
— ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
— alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Terminemos nuestras preces con la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente de su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Domingo II de Adviento

No podemos tener seguridad de que Lucas acierta en la fecha y en las autoridades que tenían el poder político y religioso cuando Juan Bautista empezó a predicar su mensaje, como preparación para el comienzo de la vida pública de Jesús. Lo que aquí interesa no es la exactitud histórica. Lo que importa es que Lucas ya se dio cuenta de que el Evangelio de Jesús no se puede anunciar desde la “intemporalidad”. Cuando el anuncio del Evangelio prescinde de la política y de la religión, el Evangelio no pasa de ser “palabras”, “palabras”, “palabras”. Mera palabrería que no dice nada, ni resuelve nada.

Juan, hijo de un sacerdote judío (Zacarías), no aparece ni asociado a la religión oficial, ni sirviendo en el Templo. La Palabra de Dios se hace presente en el desierto, lugar de anacoretas, situación de “ausencia ilegal”. Porque al desierto se iban, con frecuencia, los descontentos con el sistema legal y fiscal, con las autoridades. “Gente sospechosa”. De entre esa gente, vino la Palabra de Dios al mundo. El Evangelio es desconcertante.

Y desde lo desconcertante, Juan le decía a la gente que iba a oírle, palabras que se inspiran en el profeta Is 40, 3-5. El resumen de su discurso consiste en decirle a todo el mundo que el Señor se acerca y viene cuando se prepara el camino para ello. La preparación consiste en allanar dificultades, en igualar desigualdades. Cuando la vida se le hace más fácil a la gente, cuando se recortan las desigualdades, cuando se dignifica lo insignificante, es que Dios se acerca. Y Jesús se presenta en nuestra vida.

José María Castillo

Domingo II de Adviento

1. Situación

En la vida del creyente, hay un acontecimiento que siempre le hace tomar conciencia de quién es Dios y qué historia está viviendo: la Palabra. Esta está dada, y puede ser utilizada como un saber preestablecido. Pero, en cuanto es escuchada en la fe, se revela en lo que verdaderamente es: revelación de Dios que irrumpe en nuestra historia.

No necesita resplandecer como un signo milagroso, con acciones extraordinarias. Ella es omnipotente al estilo del amor de Dios, que coincide muy poco con lo que nosotros esperamos de la omnipotencia.

¿Has experimentado alguna vez la fuerza única de esta Palabra? En ese caso, tienes experiencia de Adviento.

2. Contemplación

Contempla la serena certeza con que el evangelista interpreta la Historia.

– En los anales del Imperio Romano se habla de las glorias de Tiberio César.

– En los del judaísmo, de los poderes establecidos (Anás y Caifás) y de los movimientos mesiánicos que en aquella época están en plena ebullición.

– Lucas sabe dónde se está jugando la verdadera historia de Dios y del hombre, en la orilla del Jordán, en una zona marginal del Imperio, en las palabras de un hombre que reproduce la antigua tradición, casi olvidada, del profetismo judío.

Desde esta perspectiva no suenan exageradas las palabras de Baruc (primera lectura). Ciertamente, no hay proporción entre lo que está ocurriendo en el Jordán y lo que anuncia el profeta; pero tampoco la había cuando fueron dichas, en el pos-texilio, época de profunda postración para Israel. ¡Así es Dios!

Tampoco la hay entre el pequeño puñado de cristianos, a los que escribe Pablo, y la tranquilidad con que se afirma lo que significa la existencia cristiana en medio del mundo, anticipando el Día definitivo de la humanidad.

¿Ilusión o fe?

3. Reflexión

¿Por qué estamos tan seguros de nuestra lectura de la Historia y nos identificamos con los anuncios proféticos? Porque así lo hemos visto hecho realidad en la vida, mensaje, Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. El es la Palabra, y en El se ha revelado la presencia salvadora de Dios que conduce la historia.

¿Por qué nos cuesta, más bien (habría que dar la vuelta a la pregunta), entender el estilo de Dios?

No es problema de argumentación racional, sino de experiencia viva, de cómo abordamos la existencia.

Para quien busca la apariencia, lo maravilloso y socialmente brillante, la historia de Dios (Israel, Jesús) es demasiado oculta para ser, efectivamente, divina.

Lo malo es que ahora vivimos en una Iglesia con fuerza social, y tenemos mil razones (entre ellas, la verdad del Evangelio) para creer que lo mejor para el hombre es que la Iglesia influya… Nos incapacitamos para percibir los verdaderos signos del Reino, que siempre se dan a otro nivel.

No se trata de caer en otra ideología: la subida de las masas al poder, la fuerza redentora de los pobres… El cristiano tiene otra onda y, como primer criterio, que nadie puede apropiarse la acción de Dios.

Por eso, siempre vuelve a la Palabra. En ella percibe la acción de Dios. Pero tampoco la sacraliza, pues no es Palabra de Dios sino en cuanto se refiere a Jesús y es releída y actualizada permanentemente por el Espíritu Santo.

La Palabra no debe ser otro modo de apropiarse de Dios.

4. Práctica

Tu Adviento no es un posible, sino una realidad dada, aunque percibida sólo en la fe. ¿Por qué no intentas leer los signos de la Salvación en tu vida ordinaria?

Por ejemplo:

– Lo que Dios está despertando dentro de ti, cuyo posible despliegue ni siquiera sospechas.

– Personas concretas, sin relevancia social, pero en torno a las cuales se está haciendo una historia de libertad y esperanza, en todos los campos: familiar, educativo, laboral, de evangelización…

Javier Garrido

Domingo II de Adviento

DOMINGO II de ADVIENTO

(9 de diciembre)

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:
— «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo:
«Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y acudía a Él TODA la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:
— «¡Camda de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión.
Y no os hagáis ilusiones, pensado: “Abrahán es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.
Ya toca el  hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.
Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias.
Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apagará.»
(Del Evangelio según San Mateo, Mt 3, 1-12)

Gaudete et exsultate – Francisco I

161. Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea[121]. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades, porque «como león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (1 P 5,8).


[121] Cf. B. Pablo VI, Catequesis (15 noviembre 1972): Ecclesia (1972/II), 1605: «Una de las necesidades mayores es la defensa de aquel mal que llamamos Demonio. […] El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorrealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias».

Lectio Divina – 9 de diciembre

Lectio: Domingo, 9 Diciembre, 2018

La predicación de Juan Bautista
Prepararse para la visita de Dios
Lucas 3,1-6

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El texto del Evangelio de esta segunda semana de Adviento, nos presenta a Juan Bautista, profeta, que aparece en el desierto para preparar los caminos del Señor. La gente, desde hacía siglos, vivía en una espera de la venida del Mesías, pero el dominio cada vez más opresor de la ocupación romana había hecho aumentar el deseo de la venida del Liberador, del Salvador. La aparición de Juan en el desierto era señal del hecho de que Dios estaba de nuevo visitando a su pueblo. ¡La redención estaba cerca!
Lucas se preocupa de colocar la aparición de Juan en el contexto político social y en el contexto religioso de la época. En el contexto político social, Tiberio es el emperador, Pilatos es el gobernador de Judea, Herodes gobierna la Galilea, Anás y Caifás son los sumos sacerdotes. Después, por medio de un texto bíblico, Lucas coloca a Juan en el contexto religioso del proyecto de Dios y dice que él ha venido para preparar la realización de las esperanzas seculares de la venida del Mesías.

b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:

Lucas: 3,1-2: Colocación de la acción de Juan en el tiempo y en el espacio
Lucas: 3,3: Resumen de la actividad política de Juan
Lucas 3,4-6: Iluminación bíblica de la actividad de Juan

c) Texto:

1 En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; 2 en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y se fue por toda Lucas 3,1-6la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor,
enderezad sus sendas;
5 todo barranco será rellenado,
todo monte y colina será rebajado,
lo tortuoso se hará recto
y las asperezas serán caminos llanos.
6 Y todos verán la salvación de Dios.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención? ¿Por qué
b) ¿En qué lugar y en qué época aparece Juan?
c) ¿Cuál es el significado de la iluminación bíblica para entender las actividades de Juan?
d) Desierto, camino, senderos, barranco, montes, colina, pasos tortuosos, lugares ásperos: ¿Cuál es el significado de estas imágenes para entender mejor la actividad de Jesús?
e) ¿Cuál es el mensaje de este texto para nosotros hoy?

5. Para aquellos que quisieran profundizar más en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

* Lucas coloca la actividad de Juan Bautista en el año 15 del gobierno de Tiberio, emperador de Roma. Tiberio fue emperador del 14 al 37 después de Cristo. En el año 63 antes de Cristo, el imperio romano había invadido a Palestina, imponiendo al pueblo una dura esclavitud. Las revueltas populares se sucedían, una tras otra, sobre todo en Galilea, pero fueron duramente reprimidas por las legiones romanas. Del año 4 antes de Cristo hasta el 6 después de Cristo, esto es, durante el gobierno de Archelao, la violencia se hizo sentir en toda la Judea. Este hecho empuja a José y María a regresar a Nazaret en Galilea y no hacia Belén en la Judea (Mt 2,22). En el año 6, Archelao fue depuesto y la Judea se convirtió en Provincia Romana con el Procurador nombrado directamente del emperador de Roma. Pilatos fue uno de estos procuradores. Gobernó desde el año 25 al 36. Este cambio de régimen político trajo una cierta calma, pero revueltas esporádicas, como la de Barrabás (Mc 15,7) y la subsiguiente represión romana (Lc 13,1), recordaban la extrema gravedad de la situación. Bastaba que alguno atizase la brasa para hacer saltar el incendio de la revuelta. La calma era apenas una tregua, una ocasión ofrecida por la historia, por Dios, para que el pueblo pudiese hacer una revisión del camino emprendido (cf. Lc 13,3.5) y , así, evitar la destrucción total. Y Roma era cruel. En caso de revuelta, terminaría con el Templo y con la Nación (Jn 11,48; cf. Lc 13,34-35; 19,41-44).

* Es en este contexto en el que, hacia el año 28 después de Cristo, Juan Bautista aparece como profeta en el desierto. Lucas habla de la gran expectativa que se creó entre la gente en torno a la predicación de Juan Bautista, que anunciaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. También hoy existe una gran expectativa de conversión y reconciliación con Dios que se manifiesta de muchas maneras: la búsqueda de un significado que dar a la vida, búsqueda de espiritualidad, el movimiento internacional del Foro Social Mundial “Otro mundo es posible” y tantos otros movimientos religiosos. Sociólogos y políticos a la búsqueda de un mundo más humano que revelan el deseo de conversión o reconciliación con Dios. El adviento es un tiempo apropiado para renovar este deseo de cambio en nosotros, de conversión de acercamiento a Dios.

b) Comentario del texto:

Lucas 3,1-2: Recordando a los antiguos profetas
El modo en el que Lucas introduce la predicación de Juan es muy semejante al comienzo de los libros de los antiguos profetas. Ellos solían señalar los nombres de los reyes, en cuyo gobierno el profeta desarrollaba su actividad. Véase por ejemplo Isaías (Is 1,1), Jeremías (Jer 1,1-3), Oseas (Os 1,1), Amós (Am 1,1) y otros . Lucas hace la misma cosa para decir que, casi 500 años sin tener un profeta, aparece de nuevo un profeta que se llama Juan, hijo de Zacarías y de Isabel. Lucas se preocupa de colocar los hechos en el tiempo y en el espacio. Presenta los nombres de los gobernantes y describe los lugares donde Juan se movía. La historia de la salvación, de hecho, no es una historia diversa de la historia humana y de nuestra historia personal.

Esta preocupación de Lucas suscita una curiosidad. Hoy día, cuando una persona se ordena de sacerdote o emite la profesión perpetua se acostumbra a imprimir una estampa de recuerdo en la que se indica la fecha y el lugar de la ordenación o de la profesión y se añade una frase significativa de la Biblia o de un santo para expresar el significado de la ordenación o de la profesión para su vida. Pero no se ve nunca una pequeña estampa, por ejemplo, diciendo: “ En el quinto año de Bush, presidente de los Estados Unidos: siendo Blair el presidente del Consejo del Reino Unido; Prodi el presidente de Italia, Zapatero presidente del gobierno de España; siendo Joseph Ratzinger Papa con el nombre de Benedicto XVI, recibió la ordenación sacerdotal para anunciar la Buena Nueva a los pobres, para abrir los ojos a los ciegos, para liberar a los oprimidos y anunciar un año de gracia por parte del Señor!”. ¿Por qué Lucas prefiere colocar los datos de la historia de la salvación en el conjunto de la historia de la humanidad?

Lucas 3,3: Arrepentimiento y perdón
Juan recorre la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para obtener el perdón de los pecados. Arrepentimiento ( en griego metanoia) significa cambio, no sólo de la conducta moral, sino también y sobre todo de la mentalidad. ¡Cambio en el modo de pensar! La gente debía tomar conciencia del hecho de que su modo de pensar, bañado por el “fermento de los fariseos y de Herodes” (Mc 8,15), o sea por la propaganda del gobierno y de la religión oficial, era un error y se debía cambiar. El perdón lleva consigo la reconciliación con Dios y con el prójimo. De este modo, Juan anunciaba un nuevo modo en el que el pueblo se ponía en relación con Dios. Reconciliación será también el marco de la predicación de Jesús: reconciliarse hasta “setenta veces siete” (Mt 18,22).

Lucas 3,4-6: Define la misión de Juan
Lucas cita el siguiente texto de Isaías para ayudar a los lectores a captar mejor el sentido de la predicación de Juan: “Una voz grita: «Preparad el camino al Señor en el desierto, enderezad en la estepa una calzada para nuestro Dios. Que se alcen todos los valles y se rebajen todos los montes y collados; que se allanen las cuestas y se nivelen los declives. Y todos verán la salvación de Dios”. (Is 40,3-5) . En este texto, Isaías anunciaba el regreso del pueblo del destierro hacia la Palestina y lo describía como si fuese un nuevo Éxodo. Era como si la gente, retornando de la esclavitud de Babilonia, saliese de Egipto y entrase de nuevo en el desierto. Para Lucas, Jesús comienza un nuevo éxodo que estaba preparado por la predicación de Juan en el desierto. Los evangelios de Mateo (Mt 3,3) y de Marcos (Mc 1,3) citan ellos también la misma frase de Isaías, pero citan sólo el principio (Is 40,3). Lucas lo cita enteramente, hasta donde dice: “Y todos verán la salvación de Dios” (Is 40,5). La expresión todos, todo hombre, significa todo ser humano. Esta pequeña diferencia indica la preocupación de Lucas por mostrar a las comunidades que la apertura a los paganos ¡era ya prevista por los profetas! Jesús no sólo ha venido por los judíos, sino para que “todo ser humano” pudiese ver la salvación de Dios. Lucas escribe su evangelio para las comunidades de la Grecia, que, en su mayoría, eran paganos convertidos.

c) Ampliando conocimientos:

Juan, el profeta – Desde el siglo VI antes de Cristo la profecía había cesado. “Ya no existen profetas”, se decía (Sl 74,9). La gente vivía con la esperanza de la llegada del profeta prometido por Moisés (Dt 18,15; 1 Mac 4,46; 14,41). Esta larga espera terminó con la venida de Juan (Lc 16,16). Juan era considerado por el pueblo, no como un rebelde del tipo de Barrabás, ni como un escriba o fariseo, sino como un profeta esperado por todos (Lc 1,76) Muchos pensaban que él fuese el Mesías. Hasta en la época de Lucas, en los años 80, había personas y sobre todo judíos que consideraban a Juan como el Mesías (Act 19,1-6).
Juan llega y anuncia: “¡Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca!” Mt 3,2). Fue encarcelado por su valor en denunciar los errores tanto del pueblo como de los hombres de gobierno (Lc 3,19-20). Jesús al oír que Juan estaba en la cárcel, vuelve a Galilea y anuncia las mismas cosas anunciadas por Juan: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed al evangelio” (Mc 1,15). Jesús continúa la predicación de Juan y va más allá. En Juan termina el Viejo Testamento, en Jesús empieza el Nuevo. Jesús llega a decir: “ Yo os digo, entre los nacidos de mujer, no hay ninguno más grande que Juan; pero el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él.” (Lc 7,28).

El contenido de la predicación de Juan (Lc 3,7-18) – Juan atrae muchedumbres predicando un bautismo de cambio y perdón de los pecados. Señal de que la gente quería cambiar y deseaba relacionarse con Dios de un modo nuevo. Juan denunciaba los errores y atacaba privilegios. Decía que el hecho de ser hijo de Abrahán no ofrecía ninguna garantía ni ventaja delante de Dios. Para Dios la piedra y el hijo de Abrahán es la misma cosa: “¡ Porque yo os digo que Dios puede hacer nacer hijos de Abrahán de estas piedras!” (Lc 3,8). Lo que da valor a la persona delante de Dios no es el privilegio de ser hijo de Abrahán, sino la práctica que produce buenos frutos.
Lucas señala tres categorías de personas que van a pedir a Juan: “¿Qué debemos hacer?”: el pueblo (Lc 3,10), los publicanos (3,12) y los soldados (Lc 3,14). La repuesta para el pueblo es sencilla: “¡Quien tenga dos túnicas, dé una a quien no tiene; y el que tenga para comer, haga otro tanto!” (Lc 3,11). Respuesta clara: Compartir los bienes es la condición para recibir la visita de Dios y pasar del Viejo al Nuevo Testamento. En la respuesta para los publicanos (Lc 3,13) y a los soldados (Lc 3,14) Juan pide la misma cosa pero aplicada a su categoría. Los publicanos no pueden exigir más de lo permitido. El abuso por parte de los publicanos era la plaga de la sociedad de aquella época. Los soldados no pueden hacer extorsión a nadie o denunciar falsamente, deben contentarse con el salario.
Cuando Lucas escribe, hacia los años ochenta, todavía había mucha gente que pensaba que Juan fuese el Mesías (cf. Act 19,3; 13,15). Lucas cita las mismas palabras de Juan para ayudar a los lectores a colocar la persona de Juan en el conjunto de la historia de la Salvación. Juan reconoce que Jesús es el más fuerte. La diferencia entre Jesús y Juan está en el don del Espíritu que será dado a través de Jesús. Lucas muestra que la idea que Juan tenía del Mesías no era completa: Para Juan, el Mesías sería un juez severo, listo para comenzar un juicio, una condena (Lc 3,17). Quizás por esto Juan, más tarde, tuvo problemas en reconocer a Jesús como el Mesías (Lc 7,18-28), porque Jesús no se comportaba como un juez severo que condenaba. Antes bien, llegó a decir: “Yo no condeno a ninguno” (Jn 8,15); 12,47). En vez del juicio y condena, mostraba ternura, acogida hacia los pecadores y comía con ellos.

6. Orar con el Salmo 15 (14)

Señor ¿quién puede entrar en tu santuario?

Yahvé, ¿quién vivirá en tu tienda?,
¿quién habitará en tu monte santo?

El de conducta íntegra
que actúa con rectitud,
que es sincero cuando piensa
y no calumnia con su lengua;
que no daña a conocidos
ni agravia a su vecino;
que mira con desprecio al réprobo
y honra a los que temen a Yahvé;
que jura en su perjuicio y no retracta;
que no presta a usura su dinero
ni acepta soborno contra el inocente.
Quien obra así jamás vacilará.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Domingo II de Adviento

La reflexión del domingo pasado nos recordó que el hombre actual no es el término de la evolución, de modo que podamos considerarlo como el tipo “definitivo” de lo que es “ser” hombre, sino que es “algo” que está en camino hacia su definitiva forma corporal y técnico-cultural.

Cómo pueda ser el aspecto, la cultura y la técnica del hombre de dentro de mil años, si es que antes no hemos destruido el mundo, es un gran enigma para nosotros que nos sitúa en la enorme responsabilidad de poner los fundamentos morales para que el mundo que nos toca vivir y el del futuro que vamos alumbrando, sea un paso adelante, hasta la consecución de una humanidad perfecta.

Recordando a Nietzsche en su famoso pensamiento de que el hombre actual es una flecha entre el mono y el superhombre, la liturgia de adviento nos recuerda que el hombre actual es una flecha entre los prehomínidos y el hombre perfecto, maduro, a la medida de Cristo, como les decía San Pablo a los cristianos de Éfeso (Ef. 4, 13-16)

Es en este punto en el que Jesús juega un papel importante en ese proceso.

La humanidad marchaba y sigue marchando descaminada. Si Jesús pudo decir de la gente de su tiempo que andaban como ovejas sin pastor, hoy podría decir algo muy semejante: la humanidad actual navega como barco sin brújula.

El siglo XXI goza de grandes avances técnicos abiertos a posibilidades desconocidas y grandes ideas religiosas, sociales, políticas, como las que aparecen en la declaración Universal de los Derechos Humanos. Es verdad, pero junto a toda esa riqueza cultural alcanzada, padecemos una seria desorientación que constantemente nos está haciendo preguntarnos “Adónde vamos”

El avance técnico no ha ido al mismo ritmo que el moral y hoy experimentamos, sufrimos, un desfase enorme entre grandes pensamientos y mezquinos comportamientos. La sociedad ha entrado en una fortísima crisis a la que no se ve una salida, al menos, de momento.

Hambre, ignorancia, guerras, pobreza, violencia, dolor, sufrimiento nos rodean por todas partes. La inmensa mayoría de la humanidad vive todavía en condiciones infrahumanas. Los problemas de las migraciones ponen ante los ojos la insuficiente formación moral de la humanidad.

Es verdad que hay mucho bueno y muchas buenas gentes, es algo que no debemos olvidar, pero nadie se atrevería a dar un veredicto satisfactorio a la hora de enjuiciar la situación actual.

La venida de Jesús al mundo supuso la aportación de una ruta segura en dirección al hombre perfecto. Su presencia entre nosotros es la de un modelo que nos ofrece una meta alcanzable y segura en el proceso evolutivo de la humanidad. Jesús nos ofrece un punto de llegada en nuestro devenir histórico.

Todavía estamos a tiempo de variar el rumbo si sabemos mirar en la dirección correcta. Esa es la gran oferta de Jesús de Nazaret: Ejemplo os he dado para que vosotros hagáis como yo he hecho. Podríamos traducirlo: ejemplo os he dado par que vosotros seáis como yo he sido. Su enseñanza teórica y práctica es la gran aportación de Dios al proceso evolucionista del animal humano.

No estamos a oscuras, si no queremos estarlo. Hay una luz que ha venido precisamente para eso, para iluminar nuestra vida. Todos nosotros, a pesar del sofisma del mundo encanallado, que diría Kipling, tenemos un referente claro al que mirar y elegir como estilo de vida.

Ante nosotros se abre un camino de esperanza anunciada en la primera lectura: (Bar. 5, 1-9) Jerusalén, quítate tu ropa de luto y aflicción y vístete para siempre la magnificencia de la gloria que te viene de Dios.

La desorientación moral del mundo actual no es una situación definitivamente desesperada. NO. Hay solución, hay programa para construir una civilización verdaderamente civilizada. La solución es acercarnos a Jesús y preguntarle también nosotros: Señor, ¿que quieres que yo haga?. Precisamente ese será el tema del próximo domingo, si Dios quiere.

Hoy nos quedamos insistiendo en la responsabilidad que todos nosotros tenemos como ciudadanos del mundo y creyentes en Jesús de empujar la evolución hacia la consecución de unas personas y un mundo verdaderamente HUMANO.

Es este, el tiempo de Adviento, la gran oportunidad de plantearnos seriamente nuestra decisión sobre el presente y el futuro del hombre. No lo malgastemos, no lo dejemos pasar a lo tonto. Escuchemos la exhortación de Pablo a Tito: llegar limpios a la cita con Jesús. [segunda lectura: Fil. 1, 4-6, 8-11)

El futuro está en nuestras manos si acertamos a encontrarnos con Jesús que viene.

Que así lo hagamos para que la Navidad, la venida de Jesús al mundo, no sea solo un recuerdo nostálgico, sentimental reducible a unos adornos navideños y a un Belén en nuestras casas. Esforcémonos porque la llegada de Jesús la entendamos como la real presencia de Jesús en el complicado proceso de la evolución de la humanidad y del cosmos en pleno. Así es como se cumplirá aquello que anunciaba la (tercera lectura, Lc.3,1-6) que toda carne verá la salvación. AMÉN

Pedro Sáez

Las autovías de Dios

Hasta mediados de los años 80, las carreteras nacionales eran el camino habitual para desplazarse en automóvil de un lugar a otro. Una carretera nacional se caracteriza por tener una única calzada con doble sentido de circulación y un solo carril para cada sentido, además de una gran presencia de curvas, pendientes, dificultades para los adelantamientos, “puntos negros”… por lo que la circulación a menudo era complicada e incluso peligrosa. Las autovías, por el contrario, tienen dos calzadas y varios carriles para cada sentido de la marcha, las curvas son más suaves, tienen viaductos y túneles para superar obstáculos geográficos… lo que facilita mucho la circulación. Si habitualmente utilizamos la autovía, pero en alguna ocasión debemos ir por una carretera nacional, inmediatamente notamos la diferencia: más peligros, más tiempo de viaje, más atascos…

Estamos en el segundo Domingo de Adviento, y en el Evangelio hemos escuchado que Juan el Bautista, citando al profeta Isaías, exhortaba al pueblo: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Porque como decíamos el Domingo pasado, el Señor viene una vez más a nosotros.

Pero a menudo ese camino del Señor se parece más a una carretera nacional que a una autovía. Hay muchos obstáculos, fuera y dentro de nosotros, que dificultan, retrasan e incluso impiden que el Señor venga. Fuera de nosotros, nos encontramos con las “curvas peligrosas, pendientes y puntos negros” que constituyen la indiferencia generalizada hacia Dios, el auge de diferentes tipos de laicismo, la crítica exacerbada y ridiculización hacia la Iglesia y sus miembros…

Dentro de nosotros encontramos el “tráfico intenso” de nuestros egoísmos, el acomodamiento de la vivencia de la fe, el consumismo, la celebración rutinaria de la Eucaristía, el abandono de la oración, la confesión y la formación… que hacen que no podamos “adelantar” y avanzar en la fe.

Por eso en la oración colecta hemos pedido: no permitas que, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, lo impidan los afanes terrenales. Y seguramente no esté en nuestra mano solucionar los obstáculos externos, pero los internos sí. Por eso Juan el Bautista recorrió toda la comarca del Jordán predicando un bautismo de conversión. El tiempo de Adviento es también un tiempo de conversión, una ocasión para allanar los senderos del Señor, como pedía el Bautista, para “rebajar el nivel” de nuestro egoísmo y acomodamiento, para “rellenar” el barranco en que hemos caído por la mediocridad con que creemos, celebramos y vivimos nuestra fe.

Pero como somos conscientes de nuestra debilidad, en la oración sobre las ofrendas pediremos al Señor: al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude, compasivo, en nuestra ayuda. Y como nos recordaba la 1ª lectura, Dios no nos abandona: ha mandado abajarse a todos los montes elevados… ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad. Para que circulemos con seguridad en nuestro caminar como cristianos, Dios mismo es quien nos construye “autovías”, ofreciéndonos su Palabra, la Eucaristía y los demás Sacramentos, tiempos y recursos para la oración individual y comunitaria, los Equipos de Vida, la formación… para que no nos quedemos “atascados” sino que “podamos adelantar”, para que sepamos afrontar y superar los obstáculos, dentro y fuera de nosotros, que nos impiden avanzar en la vida iluminada por la fe.

Para preparar el camino del Señor, a nosotros nos corresponde “circular” por esas autovías que el Señor nos ha preparado, siguiendo lo que san Pablo indicaba a los Filipenses en la 2ª lectura: colaborar en la obra del Evangelio, crecer en el amor y cargarnos de frutos de justicia.

¿Suelo circular por carreteras nacionales o por autovías? ¿Y en mi vida de fe, me siento como en una “carretera nacional” llena de obstáculos que hacen que no adelante? ¿Aprovecho las “autovías” que Dios pone a mi disposición? ¿Cómo voy a preparar el camino del Señor?

No dejemos que los afanes de este mundo impidan nuestra marcha, no nos quedemos en el “atasco”. Preparemos el camino del Señor circulando por las “autovías” que Dios nos ofrece para llegar a nuestro destino, porque como decía San Pablo: Ésta es nuestra confianza: que el que ha inaugurado entre vosotros una empresa buena, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús.

Recuperar caminos

Es muy fácil quedarse en la vida «sin caminos» hacia Dios. No hace falta ser ateo. No es necesario rechazar a Dios de manera consciente. Basta seguir la tendencia general de nuestros días e instalarse en la indiferencia religiosa. Poco a poco, Dios desaparece del horizonte. Cada vez interesa menos. ¿Es posible recuperar hoy caminos nuevos hacia Dios?

Tal vez, lo primero sea recuperar «la humanidad de la religión». Abandonar caminos ambiguos que conducen hacia un Dios interesado y dominador, celoso sólo de su gloria y poder, y en definitiva poco humano, para abrirse a un Dios que sólo busca y desea, desde ahora y para siempre, lo mejor para nosotros. Dios no es el Ser Supremo que aplasta y humilla, sino el Amor Santo que atrae y da vida. Las personas volverán a Dios, no atraídas por lo «tremendum» sino por lo «fascinans» de su misterio.

Es necesario, al mismo tiempo, ensanchar el horizonte de nuestra vida. Estamos llenando nuestra existencia de cosas y nos estamos quedando vacíos por dentro. Vivimos informados de todo, pero ya no sabemos hacia donde orientar nuestra vida. Nos creemos los seres más inteligentes y progresistas de la historia, pero no sabemos entrar en nuestro corazón, meditar, orar o dar gracias. Sólo camina hacia Dios el que no está satisfecho con el lugar actual y busca uno nuevo para existir.

Es importante, además, buscar un «fundamento sólido» a la vida. ¿En qué nos podemos apoyar en medio de tanta incertidumbre y desconcierto? La vida es como una casa: hay que cuidar la fachada y el tejado, pero lo importante es construir sobre cimiento seguro. Al final, siempre necesitamos poner nuestra confianza última en algo o en alguien. ¿No será que necesitamos a Dios?

Para recuperar caminos hacia Dios necesitamos aprender a callar. A lo más íntimo de la existencia se llega, no cuando hablamos y nos agitamos, sino cuando hacemos silencio. Cuando la persona se recoge y está callada ante Dios, el corazón tarde o temprano comienza a abrirse.

Se puede vivir encerrado en uno mismo, sin caminos hacia nada nuevo y creador. Pero se puede también buscar nuevos caminos hacia Dios. A ello nos invita el Bautista.

José Antonio Pagola