Lectura continuada del Evangelio de Marcos

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p style=»text-align:justify;»>Marcos 7, 24-26

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p style=»text-align:justify;»>«24Pero, levantándosede allí, fuea la región de Tiro.
Y, entrandoen una casa, no quería que se supiera, y no pudo pasar inadvertido, 25sino que, de inmediato, al oír hablar de él una mujer, cuya hija tenía un espíritu impuro, viniendo se postró a sus pies. 26(Pero la mujer era una griega, sirofenicia de raza). Y le rogaba para que expulsara al demonio de su hija.

La progresión de 7,1-23 a 7,24-30 resulta lógica. Habiéndose enfrentado no solo con las regulaciones fariseas sobre la pureza, sino también con las leyes alimentarias del Antiguo Testamento, que separaban socialmente a los judíos de los gentiles, Jesús se encuentra ahora en una buena posición para responder de un modo favorable a una mujer gentil que le pide que cure a su hija poseida por un demonio. El mismo Juan Crisóstomo (Homilía sobre Mateo 52,1) observaba ya que esta secuencia corresponde a la que encontramos en Hch 10, donde se dice que Pedro tuvo una «visión» especial (donde se le pedía que comiera alimentos que le parecían impuros) que le hizo cambiar de opinión y aceptar a los gentiles en la Iglesia. En esa línea, nuestra historia trata de la exigencia de trascender el particularismo judío y nos hace mirar hacia delante, hacia la Iglesia mayoritariamente gentil de los días en que escribe Marcos. En su forma actual, esta historia constituye de hecho una narración. Se encuentra enmarcada por el verbo «ir» (apelthein: 7,24.30) y unificada por verbos de entrar y salir (7,24.29.30), por varias formas de «expulsar, echar» (7,26.27.30) y por diversos nombres como «hija» (7,25.26.29), «espíritu impuro/demonio» (7,26.29.30) e «hijo/niño» (7,27.28.30). En el contexto de conjunto de Marcos, esta historia de la mujer sirofenicia forma una inclusión con la historia de la hemorroísa (en 5,21-43). Lo mismo que la heroína de nuestra historia, la hemorroísa es una mujer anónima, valiente, ritualmente impura, que «ha oído hablar de Jesús», de quien recibe curación, y que aparece vinculada también con una muchacha más joven (la hija de Jairo; en nuestro caso, la hija de la sirofenicia) que igualmente es curada. Estas dos combinaciones de mujeres están rodeando otra combinación más siniestra de madre/hija (Herodías y su hija) en 6,14-29. Resulta difícil creer que este cruce de temas sea un accidente.

  • 7,24-26: El escenario para el encuentro crucial con esta mujer sirofenicia viene dado por la entrada de Jesús en la región de Tiro, un área habitada básicamente por gentiles, donde él intenta pasar inadvertido, aunque sin lograrlo (7,24). Esta es la primera vez que Jesús entra en un área gentil después de que le pidieran que dejase la Decápolis, tras haber exorcizado al endemoniado geraseno (5,1-20). 
El contexto de la historia, que se desarrolla en una región gentil, resulta muy importante. Tres de los cuatro pasajes en los cuales Jesús intenta ocultarse, sin lograrlo, o en los que prohíbe que se anuncie abiertamente lo que ha hecho, están relacionados con gentiles (5,19-20; 7,24.36-37) y el cuarto incluye la transgresión de una regulación judía de pureza (1,40-45), lo que nos sitúa cerca de la problemática de los gentiles. Esta combinación de motivos (relación con gentiles e incapacidad de ocultarse) no ha de tomarse como algo accidental. La gloria de Jesús no puede permanecer en secreto, por la misma razón por la que la buena noticia o evangelio no puede quedar encerrada para siempre dentro de Israel: «La palabra de Dios no se encuentra encadenada» (2Tm 2,9). Ambos motivos ponen de relieve la naturaleza del poder de Dios, que es explosivo y supera fronteras, un poder que se revela en Jesús. Pero este mismo movimiento que va más allá de los límites de Israel tiene un precedente en el Antiguo Testamento: Elías realizó un milagro para una mujer gentil en la región de Tiro y Sidón (1Re 17,8-16). Pues bien, este milagro resulta especialmente relevante porque Jesús y Juan Bautista ofrecen en Marcos una evocación de las actividades de Elías y Eliseo. 
La presentación de la mujer sirofenicia que «escucha hablar de él», se aproxima y se lanza a sus pies en una actitud de súplica (7,25) se aproxima mucho a aquella en que se habla de la hemorroísa de 5,27.33, que «había oído hablar de Jesús» y que «vino y se arrojó delante de él». Esta semejanza entre las dos mujeres crece aún más por el hecho de que, siendo pagana, la sirofenicia es ritualmente impura, igual que la hemorroísa. Además, su hija tiene un espíritu impuro. Sin embargo, a pesar de su impureza, lo mismo que la hemorroísa, la mujer sirofenicia espera que Jesús realice una curación. Los miembros de la audiencia de Marcos compartirían esta confianza, no solo porque ellos eran cristianos, sino también porque en todos los restantes lugares del evangelio de Marcos donde las personas que están necesitadas oyen hablar de Jesús y vienen a él, Jesús, invariablemente, les cura (cf. 3,8; 5,27; 6,55; 10,47).