Vísperas – Jueves II de Adviento

VÍSPERAS

JUEVES II DE ADVIENTO

SANTA LUCÍA, virgen y mártir
memoria obligatoria

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Palabra del Señor ya rubricada
es la vida del mártir ofrecida
como una prueba fiel de que la espada
no puede ya truncar la fe vivida.

Fuente de fe y de luz es su memoria,
coraje para el justo en la batalla
del bien, de la verdad, siempre victoria
que, en vida y muerte, el justo en Cristo halla.

Martirio es el dolor de cada día,
si en Cristo y con amor es aceptado,
fuego lento de amor que, en la alegría
de servir al Señor, es consumado.

Concédenos, oh Padre, sin medida,
y tú, Señor Jesús crucificado,
el fuego del Espíritu de vida
para vivir el don que nos ha dado. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrate al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sore el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le pagen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Lïbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado un respiro.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado un respiro.

R/ Nos refinaste como refinan la plata.
V/ Pero nos has dado un respiro.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Oh Dios, nos pusiste a prueba, pero nos has dado un respiro.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Con perseverancia has salvado tu alma, Lucía, esposa de Cristo; has superado las cosas del mundo y brillas con los ángeles; has vencido al enemigo con tu propia sangre.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Con perseverancia has salvado tu alma, Lucía, esposa de Cristo; has superado las cosas del mundo y brillas con los ángeles; has vencido al enemigo con tu propia sangre.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias, diciendo:

Te glorificamos, Señor

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
— Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu reino:
— Te glorificamos, Señor

Porque has dado a la Iglesia, como sacrificio, la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
— Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
— Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
— Te glorificamos, Señor

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Que la poderosa intercesión de santa Lucía, virgen y mártir, sea nuestro apoyo, Señor, para que en la tierra celebremos su triunfo y en el cielo participemos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 13 de diciembre

Lectio: Jueves, 13 Diciembre, 2018

1) Oración inicial

Despierta, Señor, nuestros corazones y muévelos a preparar los caminos de tu Hijo, para que por el misterio de su venida podamos servirte con pureza de espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 11,11-15
«En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron. Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir. El que tenga oídos, que oiga.

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy, Jesús opina sobre Juan Bautista. Comparado con personajes del Antiguo Testamento, no hay nadie más grande que Juan. Juan es el más grande: ¡más grande que Jeremías, más grande que Abraham, más grande que Isaías! Pero si comparado con el Nuevo Testamento, Juan es inferior a todos. El más pequeño en el Reino es más grande que Juan. ¿Cómo entender estas palabras aparentemente contradictorias que Jesús pronuncia sobre Juan?
• Poco antes, Juan había enviado a sus discípulos a pregustarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Mt 11,3). Juan parecía tener dudas respecto de Jesús, ya que Jesús no correspondía a la idea que él, Juan, se había hecho del mesías: un juez severo que tenía que venir para llevar a cumplimiento el juicio de condena y de ira (Mt 3,7). Tenía que cortar los árboles desde las raíces (Mt 3, 10), limpiar el campo y tirar el palo seco al fuego (Mt 3,12). Pero Jesús, en lugar de ser un juez severo, es amigo de todos, “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29), acoge a los pecadores y come con ellos (Mc 2,16).
• Jesús contesta a Juan citando al profeta Isaías: “Vayan y cuéntele a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan y una buena nueva llega a los pobres. Y, además, ¡feliz el que me encuentra y no se confunde conmigo!” (Mt 11,5-6; cf. Is 33,5-6; 29,18). Respuesta dura. Jesús envía a Juan a que analice mejor las Escrituras para poder cambiar la visión equivocada que tiene del mesías.
• ¡Juan fue grande! ¡El mayor de todos! Y el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que Juan. Juan es el más grande, porque era el último del Antiguo Testamento. Fue Juan quien, por su fidelidad, pudo por fin indicar al pueblo el mesías: “Este es el cordero de Dios” (Jn 1,36), y la larga historia iniciada con Abraham alcanzó, por fin, su objetivo. Pero Juan no fue capaz de comprender el alcance de la presencia del Reino de Dios en Jesús. El tenía dudas: “¿Es el Señor o tenemos que esperar a otro?” La historia antigua, ella sola, no comunica a la persona luz suficiente para comprender toda la novedad de la Buena Noticia de Dios que Jesús trae consigo. El Nuevo no entra en el Antiguo. San Agustín decía: “Novum in Vetere latet, Vetus in Novo patet”, que traducido significa: “El Nuevo está escondido en el Antiguo. Pero el Antiguo revela solamente su pleno significado en el Nuevo”. Quien está con Jesús y vive con él, recibe de él una luz que da ojos nuevos para descubrir un significado más profundo en el Viejo. ¿Y cuál es esta novedad?
• Jesús ofrece una llave de lectura: “Con Juan Bautista finalizaron los tiempos de la Ley y de los profetas, tiempos de la profecía y de la espera. Entiendan esto si pueden: Elías había de volver ¿no es cierto? ¡El que tenga oídos, que entienda!” Jesús no explica, pero dice: “¡El que tenga oído que entienda!” Elías tendía que venir para preparar la llegada del Mesías y reconstruir la comunidad: “El reconciliará a los padres con los hijos y a éstos con sus padres” (Mal 3,24). Juan anunció al Mesías y trató de reconstruir la comunidad (Lc 1,17). Pero no captaba el misterio más profundo de la vida en comunidad. Solamente Jesús lo comunicó, anunciando que Dios es Padre y, por consiguiente, todos somos hermanos y hermanas. Este anuncio comporta una nueva fuerza que nos hace capaces de superar divergencias y de crear comunidad.
• Estos son los violentos que logran conquistar el Reino. El Reino no es una doctrina, sino un nuevo modo de vivir como hermanos y hermanas, desde el anuncio que Jesús hace: Dios es Padre de todos.

4) Para la reflexión personal

• El Reino pertenece a los violentos, es decir, pertenece a los que al igual que Jesús, tiene el valor de crear comunidad. ¿Tú también?
• Jesús ayudó a Juan a comprender mejor los hechos por medio de la Biblia. La Biblia ¿me ayuda a comprender mejor los hechos de mi vida?

5) Oración final

Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey,
bendeciré tu nombre por siempre;
todos los días te bendeciré,
alabaré tu nombre por siempre. (Sal 145,1-2)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

59: “Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abram llamándolo “fuera de su tierra, de su patria y de su casa” (Gn 12,1), para hacer de él “Abraham”, es decir, “el padre de una multitud de naciones” (Gn 17,5): “En ti serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gn 12,3; cf. Ga 3,8).”

Esa diferencia entre Abram y Abraham, recordaréis como en el capítulo 17 del Génesis, Yavé le cambia de nombre a Abram y de Abram pasa a Abraham le quiere como, nosotros le llamaríamos, rebautizar. Dándole también en ese nuevo nombre toda la significación a la que está llamado a ser, padre de una multitud de naciones. Esto nos suena mucho en el Nuevo Testamento como el Señor le cambia el nombre a Simón y le dice, tú eres Pedro, que significa piedra y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia. En el mundo semítico se tiene en cuenta que el nombre sea el significado de la vocación dada por Dios. Y por lo tanto cuando Dios sale al encuentro de Abraham o de Simón, de este pescador de Galilea, ese cambio de nombre, debe significar la llamada de Dios que se concreta en esta ocasión en ese nuevo nombre.

Fijémonos en lo que el nombre significa. Padre de una multitud de naciones para reunir a la humanidad dispersa. Aquí hay un misterio, el misterio de que Dios es uno y todo lo que nace de Dios tiende a la unidad y el pecado, por el contrario, fracciona, fractura. Si algo hace Satanás siempre es dividir. El tentador siempre divide, mientras que la gracia de Dios sana las heridas de la división. El pecado del hombre es el pecado de Babel, que es el de dividirnos entre nosotros. Por el contrario la gracia de Dios, el don del Espíritu Santo en pentecostés, es la gracia de hacer un solo pueblo que hable en todos los idiomas. Mientras que en Babel nos divide y cada uno se siente contrincante del otro y los idiomas son entendidos como la abscripción a un pueblo es entendida como una contraposición hacia al otro. Yo soy de este luego no soy de lo otro. Es curiosa esa tendencia que tenemos en nosotros. Los palestinos contra los hebreos, los serbios frente a los bosnios, los otros frente a los otros. Utus contra los Tutsis. Es así, tenemos marcada en nosotros esa especie de rivalidad. Y además generalmente las rivalidades suelen ser entre los que viven cerca. Los Utus y los Tutsis allí viven y los serbios y los bosnios y los croatas. Todas estas guerras tribales que tenemos entre nosotros son reflejo de esta herida del pecado original.

Lo que se dice es que frente a esa humanidad dispersa por el pecado original, porque el pecado original nos ha fracturado frente a Dios, nos ha fracturado con nosotros mismos y con el prójimo que nos rodea, Dios llama a Abraham para, en la providencia de Dios, ir avanzando en su terapia de sanación, en su búsqueda de la unidad. Y es curioso que le dice: sal de tu tierra y vete donde yo te mostraré. A mí por lo menos me llama la atención que para sanar la división y para sanar ese enfrentamiento de unos contra otros y todo el mundo quiere controlar al vecino y todo el mundo pretende ser el caudillo del lugar. Y todo el mundo pretende sacar pecho y demostrar que es más fuerte que el otro, para sanar eso, le dice a Abraham, sal de tu tierra y vete a donde yo te mostraré. Es como sanar el problema pero de la manera totalmente contraria a como suele hacerse. Generalmente quienes están imbuidos de ese espíritu de división lo que hacen es, yo emperador, yo conquistador, lo que voy a hacer es intentar someter a todos los pueblos bajo mi imperio y los pongo a mi servicio, serán mis esclavos. Es conseguir una unidad, una falsa unidad, por el sometimiento de los demás. Aquí mando yo. Es una unidad ficticia, eso es una unidad por sometimiento. La del César que invade todo el mundo y aquí no hay más ley que la del César. Es una unidad ficticia. Sin embargo fijémonos como el espíritu de Yavé, el Espíritu de Dios es bien distinto. Para buscar la unidad, no la busca mediante el camino de ser más fuerte y someter, sino que le dice a Abraham, sal de tu tierra. De momento desposéete de lo poco que tienes. En vez de hacerte fuerte y someter a los demás, sal de tu tierra. Y vete a donde yo te mostraré y además no en plan de conquistarlo, sino en plan de pedir instalarme aquí, instalarme allá. Para buscar la unidad hay que comenzar por salir de uno mismo. No pretender que todo el mundo venga a mí. Yo creo que aquí hay una lección de la que tenemos que extraer. Es la unidad buscada de otra manera, bajo otra perspectiva de salir de uno mismo. No pretender que todo el mundo venga a la mía. A la mía, me refiero a mi convicción, a mi falsa unidad. La búsqueda de unidad supone ceder, supone salir de uno mismo, supone renunciar a ese falso dominio. Y el caso es que Abraham va instalándose y fijaros que sin saber muy bien a donde le lleva Yavé, de una manera verdaderamente humilde. Incluso hay momentos en los que piensa, cómo se realizará la promesa, porque Yavé me dijo que nos daría una tierra y bueno no termino de verla realizada. Y cuando muere Sara, su esposa, él de alguna manera, para que la promesa se vea realizada, logra comprar un pequeño terreno en el que puede enterrar a su esposa Sara y al tener un pequeño terrenito, en ella ha podido enterarla y ve simbólicamente cumplida la promesa de Yavé que le iba a dar una tierra, porque ha podido enterrar a su esposa allí. Es curioso que para realizar la unidad de la humanidad dispersa, lo que Yavé  comienza haciendo es decirle a Abraham, despójate de lo que tienes, de tu seguridades, de tu tierra y vete a donde yo te voy a mostrar. Esa es una primera consideración para hacernos pensar las formas y los caminos de Dios.

En segundo lugar también hay otra consideración y se ve que hay dos maneras de hacer la unión. Si con Noé se había hecho un pacto y al ver la división, al ver el pecado, cuenta la Sagrada Escritura que Yavé se había enfurecido, Yavé se había llenado de cólera. Ya sabemos que estamos hablando en forma humana, porque cuando decimos que Yavé se arrepintió de haber creado la humanidad, etc., son formas humanas de hablar. Dios no se arrepiente, Dios es omnisciente, conoce el pasado, presente y futuro. Tengamos en cuenta que la Sagrada Escritura cuando habla de Dios, no hay que olvidar nunca que utilizamos términos que proyectamos en Dios términos humanos. Dice que Yavé se arrepintió de haber creado a la humanidad y entonces mandó un diluvio. Un diluvio, para entendernos, para eliminar la maldad de la tierra, para eliminar a los malos, para eliminar la maldad. Y Yavé se arrepintió, dice, de haber intentado eliminar la maldad de la tierra, repito que estamos hablando bajo una imagen de Dios humana y que entonces envió ese signo del arcoíris como una imagen del pacto, de la alianza que Dios haría con nosotros. Es decir que ya Yavé no volvería a mandar un castigo para eliminar a la humanidad. Este es el signo del arcoíris, el signo de la alianza. Es decir, que Dios renuncia a buscar la unidad del género humano eliminando la maldad, eliminando los malos, sino que más bien lo va a hacer de otra forma, haciendo que la bondad, haciendo que la santidad se multiplique. Eso es lo que hace primero con Noé y luego con Abraham, haciéndolo padre de una multitud. Hay dos maneras de buscar la unidad, eliminando a los malos o multiplicando a los buenos. ¿Cuál elegimos nosotros? Dios ha elegido  la de multiplicar a los buenos más que eliminar a los malos. Esto, si os dais cuenta, conecta con ese pasaje, con esa parábola del evangelio en la que le dicen Señor, es que alguien junto al trigo ha sembrado cizaña. ¿Me permites que vaya a arrancar la cizaña? No, no arranques la cizaña, no vaya a ser que, como todavía no se distingue bien qué es trigo y qué es cizaña, pues, igual queriendo arrancar la cizaña, arrancas también el trigo. Déjalas que crezcan juntos, ya llegará el tiempo de la siega y entonces mi padre celestial ya distinguirá, ya separará el trigo de la cizaña. Dios no busca la unidad del género humano eliminando a los malos, sino suscitando el bien, haciendo que el bien crezca. Que crezca el bien entre nosotros. Como veis pues es un punto de partida que nos debe de conmover, nos tiene que emocionar. ¿Cuál es estilo de hacer las cosas que tiene nuestro Padre, que tiene Yavé?

Jueves II de Adviento

JUEVES II de ADVIENTO

(13 de diciembre)

La voz del profeta Isaías tiene que despertar en nosotros la esperanza cristiana, una esperanza de tiempos nuevos y mejores. La idea del tiempo nuevo es motivo de esperanza, pero también de esfuerzo humano.

El adviento nos hace reflexionar sobre lo peculiar que es la esperanza cristiana. Hoy en día la esperanza cristiana pretende transformar las relaciones entre TODAS las personas que poblamos este mundo.

Como cristianos nuestra tarea es cuetionar la sociedad actual y hacernos solidarios con la esperanza huaman al amparo de cualquier transformación en los hombres o en la sociedad, teniendo como meta final la construcción del Reino de Dios.

El reino de Dios no es sólo algo social y externo, sino interior y profundo. La venida del Mesías constituye el anuncio del gran gozo para el pueblo, de una alegría que conmueve hasta los mismos cielos cuando el pecador se arrepiente. El adviento nos enseña a conocer que Cristo, es la fiesta segura y definitiva de la nueva humanidad.

Gaudete et exsultate – Francisco I

165. La corrupción espiritual es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Co 11,14). Así acabó sus días Salomón, mientras el gran pecador David supo remontar su miseria. En un relato, Jesús nos advirtió acerca de esta tentación engañosa que nos va deslizando hacia la corrupción: menciona una persona liberada del demonio que, pensando que su vida ya estaba limpia, terminó poseída por otros siete espíritus malignos (cf. Lc 11,24-26). Otro texto bíblico utiliza una imagen fuerte: «El perro vuelve a su propio vómito» (2 P2,22; cf. Pr 26,11).

Alegrémonos, porque el Señor está cerca

1.- Hermanos: alegraos siempre en el Señor, os lo repito. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Es el domingo “gaudete”, que, en latín significa: alegraos, repitiendo las palabras del apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses. Cuando el apóstol dice que el Señor está cerca se refiere a la segunda venida del Señor, porque creía en aquel momento que la segunda venida del Señor estaba realmente muy cerca en el tiempo. Nosotros, ahora, no repetimos esta frase del apóstol dándole un sentido corporal, sino un sentido vital, existencial. No sabemos cuándo será temporalmente la segunda venida del Señor, pero los cristianos creemos firmemente que el Señor Jesús está siempre realmente muy cerca de todos nosotros. Vive junto a cada uno de nosotros, habita en nuestro interior, nos guía con su luz y con su amor. Si realmente amamos a Dios, Dios vive en nosotros y, como se nos dice también en esta misma carta, “la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús”. En este tercer domingo de Adviento debemos, pues, manifestar litúrgicamente nuestra alegría, nuestra paz y nuestro entusiasmo religioso. Los cristianos debemos ser personas alegres, no con una alegría bullanguera y aturdidora, sino con una alegría interior, manifestada en nuestro comportamiento y en nuestras relaciones con los demás. Así debemos celebrar en concreto este domingo <gaudete>.

2.. Alégrate hija de Sion, El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno… se alegra y goza contigo, te renueva con su amor. El profeta Sofonías da a estas palabras un sentido histórico: en medio de una Jerusalén amenazada por los asirios, el profeta dice a su pueblo que el Señor les defenderá. Este mensaje del profeta Sofonías es, pues, un mensaje de confianza en Dios, de esperanza y de alegría. También hoy nosotros, especialmente en este tiempo de Adviento, debemos ser cristianos llenos de esperanza en el Mesías que ha venido a liberarnos, de confianza en él, de alegría espiritual. También nosotros podemos tener dificultades materiales, sociales, políticas, espirituales, pero nunca debemos desanimarnos, debemos pedir todos los días del Adviento a nuestro Mesías que el amor de Dios inunde un día sí y otro también nuestros corazones. Precisamente en esto se basa la alegría del Adviento, en la certeza de que nuestro Señor Jesús, nuestro Mesías, ha venido a salvarnos y a liberarnos. Y seamos también nosotros en todo lo posible salvadores y liberadores de los demás, con nuestro ejemplo, con nuestra palabra y con todos los medios que tengamos a nuestro alcance.

3.- En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: entonces, ¿qué debemos hacer? Él contestaba: Juan respondió a todos: yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Realmente, la figura del Bautista, del que hablaremos en más de una ocasión durante este Adviento, es una figura excelsa. Leyendo este texto del evangelista san Lucas vemos que san Juan Bautista puede y debe ser un modelo de humildad, de justicia, de generosidad y de lucha contra cualquier clase de corrupción. En este tiempo nuestro en el que tanto abunda el egoísmo, la corrupción social y política, la falta de sobriedad y la poca fidelidad al compromiso social y personal, la figura de san Juan Bautista es un modelo maravilloso. Anunciemos también nosotros el evangelio de Jesús y seamos un ejemplo para la sociedad en la que nos ha tocado vivir, como lo hizo san Juan. Debemos seguir a nuestro Maestro, Cristo Jesús, con la misma humildad y con la misma valentía con que lo hizo el Precursor y preparémonos para recibir plenamente durante este Adviento el bautismo de Jesús, dejándonos llenar de su Espíritu Santo. Y terminemos diciendo con el salmo responsorial: “confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor”.

Gabriel González del Estal

¿Qué tenemos que hacer?

“La gente le preguntaba: «Pues ¿qué debemos hacer?» Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo.» Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado.» Preguntáronle también unos soldados: «Y nosotros ¿qué debemos hacer?» El les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada.» Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga.» Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.”

Lucas 3, 10-18

 

Comentario del Evangelio

La gente seguía a San Juan Bautista, y él les iba preparando para la llegada de Jesús, diciéndoles que repartieran sus cosas con los demás y que fueran justos con todas las personas.

Pero a San Juan Bautista nunca se le subió todo esto a la cabeza. No se creyó mejor que nadie, ni llegó a pensar que las personas le seguían a él y no a Jesús. Por eso dice que él no es digno de destarle la correa de las sandalias, para que la gente pudiese entender que él no es nada más que alguien enviado por Dios para anunciar la Buenas Nueva. Nosotros también tenemos que ser sencillos y humildes anunciando a Dios a los demás.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe el nombre de alguna persona que conozcas y que se parezca a San Juan Bautista, es decir, que anuncia la Buena Noticia de Jesús.

• ¿Por qué has elegido a esta persona? ¿Por qué debemos los cristianos anunciar la Buena Noticia a los demás?

• Escribe un compromiso para que en la próxima semana le puedas anunciar a otra persona la Buena Noticia que es Jesús.

 

Oración

Quiero saber seguir tus pistas de vida,
pero me pego a mis túnicas,

incluso creo que no puedo vivir sin ellas.
Y busco la seguridad de mis libros,
almaceno comida,

colecciono músicas,
y tengo mil caprichos…
que sólo Tú conoces.
Quiero estar desprendido, ser libre,
no apegarme a las cosas,
que no se hagan mis dueñas…
Pero para eso necesito estar más lleno de Ti
más cerca de tus hijos necesitados,
más atento a tu mensaje,

más convencido de que Tú
eres lo único que llena,
el que calma las ansiedades y deseos.

Quiero vivir como Tú, Jesús

Quiero saber seguir tus pistas de vida,
pero me pego a mis túnicas,
incluso creo que no puedo vivir sin ellas.
Y busco la seguridad de mis libros,
almaceno comida,
colecciono músicas,
y tengo mil caprichos…
que sólo Tú conoces.

Quiero estar desprendido, ser libre,
no apegarme a las cosas,
que no se hagan mis dueñas…
Pero para eso necesito estar más lleno de Ti
más cerca de tus hijos necesitados,
más atento a tu mensaje,

más convencido de que Tú
eres lo único que llena,
el que calma las ansiedades y deseos.

Quiero dejarme enseñar por Ti,
a mirar, a gustar, a tocar, a escuchar,
a contemplar, a admirar, a agradecer,
a sorprenderme, a necesitar menos,
a provocar encuentros, a generar fiesta,
a celebrar la vida, a Amar como Tú.
Quiero disfrutar de tu presencia
en el silencio y vaciarme,
para dejarme llenar del todo por Ti

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo III de Adviento

• El texto de hoy, está centrado en una pregunta –“¿qué tenemos que hacer?” (10.12.14)– y en las respuestas que Juan Bautista da adaptándose a cada caso y situación. La pregunta es la propia de la persona que se ha dado cuenta que hace falta cambiar, que quiere cambiar su propia vida y que quiere transformar el mundo en el que vive, el medio, su ambiente.

Fijémonos en Juan:

• Esta situación de búsqueda del cambio ha estado provocada por la acción profética de Juan (Lc 3,1-9). Ahora elmismo Juan da pistas bien concretas para cambiar (11.13.14). Y las da –dice el Evangelio (18)– sobre todo con el testigo de vida. Las respuestas que hace parten de la realidad del entorno: hay gente en su entorno que no tiene vestido ni comida.

•  “Juan anunciaba al pueblo la buena nueva” (18) a partir de esta acción profética. El Evangelio es Palabra eficaz (Hch 4,12) cuándo se encarna (Jn 1,14). Es la misma experiencia que hacemos en las Comunidades Parroquiales, en las Asociaciones y Movimientos evangelizadores: “encarnados” en el medio podemos transmitir la fe que vivimos cuando trabajamos por transformar lo que es injusto.

• Aunque el tono de Juan es muy imperativo, lo que dice son pistas, propuestas. Seguir los caminos que muestran los profetas, los caminos que muestra Jesús con su vida y su Palabra, sólo se puede hacer en libertad. No se puede hacer por imposición, ni de modo voluntarista.

Fijémonos en el pueblo

• El texto habla del “pueblo”, que “vivía en la expectación” (15). También Juantiene esta actitud: “viene…” (16-17). El pueblo manifiesta la expectación buscando algo de Dios en aquel que ven activo, transformador. Y Juan la manifiesta con su acción y su palabra profética.

Fijémonos en Jesús

• También se nos dicen cosas de Jesús: Juan, por aclarar que él no es “el Mesías” (15), nos anuncia su venida. Dice que quien “viene” es quien “bautizará con el Espíritu Santo y con fuego” (16). Jesús es quien hace soplar suviento porque distinguimos entre el “grano” y la “paja” (17), entre una manera de vivir que vale la pena y otra que no vale la pena (16-17).

• Es por el don de este “Espíritu Santo” (16) que podremos seguir a Jesús, que podremos compartir vestido, comida (11), que podremos ser honrados y no abusar de los demás (13.14). Es por este don que podremos hacer todo esto, que podremos ser militantes porqué estimamos como él nos ha estimado (Jn 13,34-35; o todos los capítulos 13-17 de Jn).

Comentario al evangelio – 13 de diciembre

Conozco a gente potente y poderosa, aparentemente. Conozco a gente pequeña, como un gusanillo, aparentemente. Cada vez me quedo más con estos últimos. Voy aprendiendo que la gente que cuida mucho su imagen y su apariencia, suelen tener abandonado su interior, sus raíces, su verdad. Y me confirma en preferir a los pequeños saber que nuestro Dios también los prefiere y se cuida de los gusanillos y las orugas de Israel… Porque es lo que somos: pequeños. Y así, paradójicamente, crecemos.

Juan bautista es buen ejemplo de ello: no ha nacido de mujer uno más grande, aunque el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

¿Podrían decir esto de nosotros? No lo sé, pero al menos sé que me gustaría seguir esta senda. Ser pequeños y que la pequeñez no nos impida hacer grandes cosas, porque el mundo y nuestra Iglesia, necesita la grandeza de los pequeños. No tengo duda. Yo lo necesito y cada vez más prefiero a las oruguitas de Jacob que a los gigantes que nos amilanan con pura fachada. «El que tenga oídos, oiga».

Rosa Ruiz