Alegrémonos, porque el Señor está cerca

1.- Hermanos: alegraos siempre en el Señor, os lo repito. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Es el domingo “gaudete”, que, en latín significa: alegraos, repitiendo las palabras del apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses. Cuando el apóstol dice que el Señor está cerca se refiere a la segunda venida del Señor, porque creía en aquel momento que la segunda venida del Señor estaba realmente muy cerca en el tiempo. Nosotros, ahora, no repetimos esta frase del apóstol dándole un sentido corporal, sino un sentido vital, existencial. No sabemos cuándo será temporalmente la segunda venida del Señor, pero los cristianos creemos firmemente que el Señor Jesús está siempre realmente muy cerca de todos nosotros. Vive junto a cada uno de nosotros, habita en nuestro interior, nos guía con su luz y con su amor. Si realmente amamos a Dios, Dios vive en nosotros y, como se nos dice también en esta misma carta, “la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús”. En este tercer domingo de Adviento debemos, pues, manifestar litúrgicamente nuestra alegría, nuestra paz y nuestro entusiasmo religioso. Los cristianos debemos ser personas alegres, no con una alegría bullanguera y aturdidora, sino con una alegría interior, manifestada en nuestro comportamiento y en nuestras relaciones con los demás. Así debemos celebrar en concreto este domingo <gaudete>.

2.. Alégrate hija de Sion, El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno… se alegra y goza contigo, te renueva con su amor. El profeta Sofonías da a estas palabras un sentido histórico: en medio de una Jerusalén amenazada por los asirios, el profeta dice a su pueblo que el Señor les defenderá. Este mensaje del profeta Sofonías es, pues, un mensaje de confianza en Dios, de esperanza y de alegría. También hoy nosotros, especialmente en este tiempo de Adviento, debemos ser cristianos llenos de esperanza en el Mesías que ha venido a liberarnos, de confianza en él, de alegría espiritual. También nosotros podemos tener dificultades materiales, sociales, políticas, espirituales, pero nunca debemos desanimarnos, debemos pedir todos los días del Adviento a nuestro Mesías que el amor de Dios inunde un día sí y otro también nuestros corazones. Precisamente en esto se basa la alegría del Adviento, en la certeza de que nuestro Señor Jesús, nuestro Mesías, ha venido a salvarnos y a liberarnos. Y seamos también nosotros en todo lo posible salvadores y liberadores de los demás, con nuestro ejemplo, con nuestra palabra y con todos los medios que tengamos a nuestro alcance.

3.- En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: entonces, ¿qué debemos hacer? Él contestaba: Juan respondió a todos: yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Realmente, la figura del Bautista, del que hablaremos en más de una ocasión durante este Adviento, es una figura excelsa. Leyendo este texto del evangelista san Lucas vemos que san Juan Bautista puede y debe ser un modelo de humildad, de justicia, de generosidad y de lucha contra cualquier clase de corrupción. En este tiempo nuestro en el que tanto abunda el egoísmo, la corrupción social y política, la falta de sobriedad y la poca fidelidad al compromiso social y personal, la figura de san Juan Bautista es un modelo maravilloso. Anunciemos también nosotros el evangelio de Jesús y seamos un ejemplo para la sociedad en la que nos ha tocado vivir, como lo hizo san Juan. Debemos seguir a nuestro Maestro, Cristo Jesús, con la misma humildad y con la misma valentía con que lo hizo el Precursor y preparémonos para recibir plenamente durante este Adviento el bautismo de Jesús, dejándonos llenar de su Espíritu Santo. Y terminemos diciendo con el salmo responsorial: “confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor”.

Gabriel González del Estal