Lunes III de Adviento

Hoy es 17 de diciembre.

Esperamos al Salvador. En este tiempo de Adviento, renovamos nuestra confianza en el Señor de la vida. Mientras te dispones a empezar estos minutos en su presencia, disponte, dejando reposar tu respiración, mientras repites en tu interior, ven, Señor, Jesús.

MARANATHA, MARANATHA,
VEN, SEÑOR, JESÚS.

 Ven, Señor, Jesús
porque el mundo ardiendo está
hay llamas de terror
son llamas de dolor
se olvidó tu palabra de amor,
se cambió por la opresión
de hombres sobre otros.

 Ven, Señor, Jesús
a mis ojos da la luz
como al ciego del camino
haz que pueda alabarte,
y que sepa encontrarte
en el hombre,
olvidado por el hombre,
que ansía tu venida.

Maranatha interpretado por Nico Montero, «Lo nuevo ha comenzado»

La lectura de hoy es del salmo 71 (Sal 71):

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz, y los collados justicia; que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos del pobre.

Que en sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; que domine de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.

Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol; que él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

El Señor viene para renovar todo. Esta es la esperanza de los cristianos. Puedes preguntarte como has leído en este fragmento del Salmo si realmente te sientes a punto para acoger la radical novedad que Dios trae con el nacimiento de Jesús.

Una justicia que no es como la que nosotros conocemos. Es la justicia que cambia el orden de las cosas. Una justicia que exalta lo humilde, que resplandece en la debilidad. Te puedes preguntar si en tu vida, vives de acuerdo con esta manera de mirar que propone Jesús, o si en cambio te acomodas fácilmente al esquema de fuerza y poder que propone nuestro mundo. Pídele que te dé sus ojos para ver.

La paz verdadera es fruto de la justicia, sólo puede darse si dejas que Jesús, manifestado especialmente en lo pequeño y frágil, sea el núcleo de tu existencia.

Al volver a leer este texto, se te invita a contemplar la belleza de Dios, que se manifiesta en tantas cosas a nuestro alrededor. El Señor llena nuestro corazón a través de las maravillas que nos rodean. Imagina que el salmo hubiera sido escrito hoy, con imágenes de hoy en día, quizás sonaría parecido a esto.

Un salmo desde hoy

Dios mío, da tu juicio al gobernante, al diputado, al presidente, al juez, para que, inspirados por Ti, ejerzan su función con justicia, para que sean honestos en su trato a las personas más débiles. Que nuestras calles, nuestros institutos y nuestras empresas sean espacio de paz, y nuestras ciudades sean recintos de justicia. Que quien tiene poder defienda a los más humildes, y socorra a los hijos del pobre. Que, cuando tú habites en los corazones de los poderosos, la paz y la justicia se extiendan más allá de fronteras, de lenguas, de leyes y de papeles, por los cinco continentes. Que tu nombre sea eterno, y se cuente tu verdad y tu bendición en la prensa, en las redes, entre todas las razas de la tierra.

Dios te invita a preparar profundamente el corazón para ser su templo. La amistad con él se desarrolla día a día en el diálogo, en el compartir la vida. Dedica un tiempo para culminar esta oración, para compartir con Jesús todo lo que está en tu interior, pidiéndole que sepa recibirle en esta Navidad que se acerca.

Alma de Cristo, santifícame,
Cuerpo de Cristo, sálvame,
Sangre de Cristo, embriágame,
Agua del costado de Cristo, lávame,
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme,
no permitas que me aparte de ti,
del maligno enemigo, defiéndeme.
y en la hora de mi muerte, llámame,
y mándame ir a ti, para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos.
Amén.