Vísperas – Jueves III de Adviento

VÍSPERAS

JUEVES III DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.

Envuelto en sombría noche,
el mundo, sin paz, no ve;
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe.

Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas tú. Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.

SALMO 113

Ant. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.

LECTURA: 1Co 1, 7b-9

Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarnos en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios nos llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, ¡y él es fiel!

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor Dios de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh llave de David y Centro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh llave de David y Centro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte.

PRECES

Oremos, hermanos a Cristo, nuestro Señor y nuestro Redentor que vendrá con gloria al fin de los tiempos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús

Señor y Redentor nuestro, que al nacer en la carne nos libraste del yugo de la ley,
— completa en nosotros los beneficios de tu amor.

Tú que tomaste de nuestra humanidad todo lo que no repugnaba a tu divinidad,
— danos de tu naturaleza los dones de los que la nuestra está sedienta.

Con tu presencia da cumplimeinto a nuestros deseos,
— y con la fuerza de tu amor inflama nuestros corazones.

Danos la gracia de alegrarnos contigo en la gloria,
— pues ya en este mundo nuestra fe sincera te confiesa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Derrama, Señor, el rocío de tu amor,
— sobre las almas de todos los difuntos.

Ya que por Jesucristo somos hijos de Dios, oremos con confianza a Dios, nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has transformado, por obra del Espíritu SAnto, en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 20 de diciembre

Lectio: Jueves, 20 Diciembre, 2018

1) Oración inicial

Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárselo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo; tú que la has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad, concédenos, siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 1,26-38
Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.

3) Reflexión

• La visita del ángel a María evoca las visitas de Dios a varias mujeres del Antiguo Testamento: Sara, madre de Isaac (Gn 18,9-15), Ana, madre de Samuel (1 Sam 1,9-18), la madre de Sansón (Jueces 13,2-5). A todas ellas fue anunciado el nacimiento de un hijo con una misión importante en la realización del plan de Dios.
La narración empieza con una expresión “En el sexto mes”. Es el sexto mes de embarazo para Isabel. La necesidad concreta de Isabel, una mujer ya avanzada en edad que va a tener a su primer hijo, con un parto a riesgo, es el telón de fondo de todo este episodio. Y ella lo menciona al comienzo (Lc 1,26) y al final de la visita del ángel (Lc 1,36.39).
El ángel le dice: “¡Alégrate!, ¡Llena de gracia! ¡El Señor está contigo!” Palabras símiles fueron dichas a Moisés (Ex 3,12), a Jeremías (Jr 1,8), a Jedeón (Jz 6,12) y a otras personas con una misión importante en el plan de Dios. María se queda extrañada ante este saludo, y tratar de saber el significado de aquellas palabras. Es realista. Quiere entender. No acepta cualquier inspiración.
El ángel responde: “¡No temas, María!” Como en la visita del ángel a Zacarías, el ángel recuerda aquí que el primer saludo de Dios es siempre: ”¡No temas!” Luego el ángel recuerda las promesas del pasado que se cumplirán mediante el hijo que va a nacer y que debe recibir el nombre de Jesús. Será llamado Hijo del Altísimo y en él se realizará el Reino de Dios. Esta es la explicación del ángel para que María no tenga miedo.
María tiene conciencia de la misión que está recibiendo, pero sigue siendo realista. No se deja embalar por la grandeza de la oferta y mira su condición. Analiza la oferta a partir de los criterios que tiene a su disposición. Humanamente hablando, no es posible: “¡Cómo podré ser madre si no tengo relación con ningún hombre?”
El ángel explica que el Espíritu Santo, presente en la Palabra de Dios desde el día de la Creación (Génesis 1,2), consigue realizar cosas que parecen imposibles. Por esto, el Santo que va a nacer de María será llamado Hijo de Dios. El milagro se repite hoy. Cuando la Palabra de Dios es acogida por los pobres, algo nuevo acontece por el poder del Espíritu Santo. Algo tan nuevo y sorprendente como que un hijo va a nacer de una virgen o un hijo va a nacer de una mujer ya entrada en edad como Isabel, de la que todos decían que ¡no podía tener hijos! Y el ángel añade: “¡Ahí tienes a tu parienta, Isabel: se encuentra ya en el sexto mes del embarazo!”
La respuesta del ángel aclara todo para Maria, y ella se entrega: “¡He aquí la sierva del Señor! Hágase en mí según su Palabra”. Maria usa para si el título de Sierva, sirvienta del Señor. Este título viene de Isaías, que presenta la misión del pueblo no como un privilegio, sino como un servicio a los otros pueblos (Is 42,1-9; 49,3-6). Más tarde, Jesús definirá también su misión como un servicio: “No vine para ser servido, sino para servir” (Mt 20,28). ¡Aprendió de su Madre!

4) Para la reflexión personal

• ¿Qué es lo que más te llama la atención en la visita del ángel Gabriel a Maria?
• Jesús elogio a su madre cuando dice:“Dichosos aquellos que oyen la Palabra y la ponen en práctica” (Lc 11,28). ¿Cómo se relacionó María con la Palabra de Dios durante la visita del ángel?

5) Oración final

De Yahvé es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y cuantos lo habitan,
pues él lo fundó sobre los mares,
lo asentó sobre los ríos. (Sal 24,1-2)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

60.- “El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de la elección (cf. Rm 11, 28), llamado a preparar la reunión un día de todos los hijos de Dios en la unidad de la Iglesia (cf. Jn 11, 52; 10, 16); ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes (cf. Rm 11, 17-18.24).”

Es el pueblo nacido de Abraham. En primer lugar nosotros somos el pueblo nacido de Abraham, porque Abraham engendra un pueblo no meramente biológico, sino que es nuestro padre en la fe. Yo también creo que habría que decir que el propio Abraham tiene una peregrinación interior. Ese hombre que peregrina a la tierra que Dios le va a mostrar también creo que hay que señalar que no veamos en Abraham alguien que no tiene la más mínima duda, alguien perfecto, alguien con una imagen inalcanzable para nosotros. Nosotros muchas veces cuando hablamos de Abraham solemos fijarnos en el texto: sal de tu tierra, vete a la tierra que yo te voy a mostrary vemos el gran acto de confianza de escuchar esa voz de Yavé y marcharse. Y luego también nos solemos acordar en episodio de Isaac, de esa obediencia a la fe, capaz de hacer ese amago de estar dispuesto a sacrificar a su hijo, a su único hijo Isaac y entonces parece que la figura de Abraham es una figura inimitable, por el grado de confianza que tiene. Pero no es verdad porque uno lee todos los capítulos que hacen referencia a Abraham, en el libro del Génesis que si no mal recuerdo creo que está en el capítulo 12 al 25. Y claro se da cuenta de que Abraham es un hombre de carne y hueso, como cualquiera de nosotros y que tiene sus luchas interiores y que le cuesta confiar y le cuesta creer. Abraham tiene sus temores y es el hombre abierto a la palabra de Dios, es verdad, pero en parte, porque también es frágil. Él tiene miedos, miedo de ser mal visto, miedo a ser marginado, miedo a no ser considerado. Por ejemplo llama la atención que cuando Abraham, en un momento determinado, baja a Egipto, allí oculta la identidad de su mujer Sara, la oculta porque tenía un instinto él de defensa, que dice claro si llego con una mujer hermosa a Egipto, les va a atraer mi mujer y como yo soy el marido, me van a eliminar a mí para quedarse con mi mujer. Entonces a mí me van a matar y se quedan con mi mujer. Y él le dice a su mujer Sara: Oye Sara no les digas que eres mi mujer, vamos a decirles que eres mi hermana. Y claro, fijaros qué debilidad por parte de Abraham que él había confiado en la palabra de Dios, pero luego tenía fragilidades porque claro, tiene un instinto de conservación de su vida que hasta es un instinto excesivo, porque también le lleva hasta la indignidad de ponerle a su mujer de manera que es, al verla como su hermana y pensando que no tiene compromiso, el faraón se siente atraído por ella y la lleva con él. Luego cuenta el relato como el faraón vio que al haber tomado a esa mujer, empezó a recibir como maldiciones, o vio que los dioses no aprobaban que hubiese cogido esa mujer y entendió que debía pedirles que marchasen pues porque había habido una serie de acontecimientos en su vida que él había interpretado como que los dioses egipcios, o como los entendiese él, no habían bendecido que hubiese tomado esa mujer. Entonces es cuando se entera que es la mujer de Abraham y le dice, ¿por qué me has ocultado que era tu mujer? Seguro que yo he sido castigado por los dioses por eso, y entonces les manda fuera.

¿A dónde voy? A lo que voy es que sorprende que el hombre tan valiente para dejar su tierra, tan valiente para estar dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac, tuviese esa debilidad de decir, Sara no digas que eres mi mujer, porque igual me van a matar a mí para quedarse contigo. Diles que eres mi hermana. Pues vaya debilidad. O por ejemplo también hay otros momentos de dudas. Cuando Yavé le promete que de él va a hacer un pueblo, un pueblo numeroso, él cree a Yavé. Mira no puedes tener hijos, eres un hombre mayor, pero haré de ti un pueblo numeroso. Y entonces el hace un acto de fe y cree. Pero curiosamente, aunque cree y Dios no le da inmediatamente cumplida esa promesa, pues él dice: Yavé me prometió eso pero no lo cumple, entonces de repente su mujer Sara le dice, por qué no tomas a mi criada Agar, la tomas en mi nombre y concibes con ella un hijo y será como yo te he dado a la esclava para que concibas en ella, será como si fuese hijo nuestro. Y curiosamente Abraham aceptó, le escuchó a Sara. Le había escuchado a Yavé que le iba a dar un hijo, pero luego cae en la tentación. Como Dios no le daba inmediatamente cumplimiento de que iba a tener descendencia, pues bueno, cae en la tentación de escuchar también a Sara, a su mujer, que ella le da la esclava y entonces se une a la esclava y tiene el hijo que es Ismael. Uno dice, pero no te había dicho Yavé que tendrías descendencia. ¿cómo no has tenido más paciencia? Finalmente, más tarde, le daría el hijo natural que tendría con su mujer Sara, que sería Isaac. Al principio cayó en la tentación porque no se terminaba de fiar. Qué quiero decir con todo esto, que existe una lucha también en el corazón de Abraham. Esa peregrinación que hace Abraham, no sólo es una peregrinación geográfica, es que también es una peregrinación espiritual. En un lugar dentro de él, dentro de cada uno de nosotros tiene lugar esa peregrinación que vamos caminando de nuestros miedos a la confianza en Dios. Tenemos que irnos desprendiendo. Ese sal de tu tierra es también un sal de tus miedos, sal de tus incoherencias, sal de tu sí pero no, no pero sí. Es impresionante la lectura de la historia de Abraham porque es nuestro padre en la fe, es el peregrino en la fe y bien nos puede significar a nosotros, nos representa a nosotros en esa peregrinación que cada uno tenemos para buscar al hombre plenamente confiado en Dios.

Lo mismo pasa también, podemos decir más episodios todavía, el episodio de cuando concibe la criada Agar, la criada, en el momento que ha concebido ya se siente con más derechos, porque yo aquí estoy haciendo de madre de alquiler, como diríamos hoy en día. Y se siente con mas derechos y eso suscita los celos de Sara que ve a la criada que se está engriendo y entonces la maltrata y va a despedirla, y la echa fuera de casa a pesar de estar embarazada de su marido. La echa fuera por los celos que ha cogido. Entonces Abraham por una parte dice, no me habías dicho que me ibas a dejar a la criada para concebir, ahora cómo la echas fuera. Pero resulta que Abraham le tiene miedo a su mujer, cualquiera le dice a mi mujer que está teniendo una ataque de celos. No te das cuenta que es absurdo que tú me hayas dicho que tome a la criada para concebir con ella y ahora le despidas llevando al hijo en su seno. Pero le tiene miedo a su mujer y entonces no se atreve a decírselo y consiente con que Agar sea expulsada con su hijo en su seno. Es decir, que vemos la figura de un Abraham que perfectamente podemos ser cualquiera de nosotros en esa lucha interior. Y si esto lo trasladamos a lo que es nuestra situación interior todos tenemos duplicidades. Por ejemplo la del joven rico en el Nuevo Testamento, que quiere seguir a Dios, seguirle pero al mismo tiempo, cuando Jesús le dice, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, ven y sígueme. Entonces, de repente, él dice, toma, eso es mucho, yo no puedo, me entra miedo, me tiemblan las piernas y no es capaz de dar ese salto adelante. O por ejemplo la parábola de los talentos que sí, uno tiene unos talentos dados por Dios pero tuve miedo y enterré el talento. Fijaros que en la parábola de los talentos tuvo miedo. O sea que los miedos de Abraham son los de todos los tiempos, los de todos los hombres. Aquellos a los que Jesús también hablo del temor servil.

Existe en nosotros, cuando las cosas nos van mal, cuando pintan en bastos, como se dice, solemos tener la tentación, en vez de seguir confiando en Dios, a las duras y a las maduras, como se dice, tenemos la tentación de salir del apuro con algún acto de autodefensa, con ese instinto de conservación que nos hace agarrarnos a falsas seguridades. Sin embargo, en medio de esa tentación, Dios nos da gracia de decir, tengo miedo pero confío en ti, me refugio en ti, Señor. Que es lo que finalmente hace Abraham, que es lo que finalmente estamos llamados a realizar. Tengo miedo y tengo tentaciones, por el miedo que tengo a agarrarme a esto, a agarrarme a lo otro, pero a pesar de estas dificultades, me fío en ti, me abandono en ti. Para mí tu palabra es más determinante que mis miedos. Este es, si queréis, la conclusión última. A ti Señor me acojo, líbrame de la injusticia, sé tu mi roca, mi fortaleza, mis manos, en tus manos pongo mi espíritu. En la angustia acudo a ti.

Continuamos con esta explicación del apartado Dios elige a Abraham, dentro de esta descripción de cómo son las etapas de la revelación. En el punto 60, que habíamos leído se habla de que el pueblo nacido de Abraham es depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de la elección. Nosotros somos el pueblo de la elección. Tenemos que entender bien esta expresión. Se nos remite a Rom 11, 28, que dice. Leo un par de versículos antes para coger el contexto: «No quiero que ignoréis hermanos este misterio, no sea que presumáis de sabios. El endurecimiento parcial que sobrevino a Israel, durará hasta que entre la totalidad de los gentiles. Así todo Israel será salvo, como dijo la escritura: vendrá de Sión el liberador, alejará de Jacob las impiedades y ésta será mi alianza con ellos cuando haya borrado sus pecados. En cuanto al evangelio, son enemigos para vuestro bien, pero en cuanto a la elección, amados en atención a sus padres.»

Ese texto de Rom 11, he leído del versículo 25 al 28, es curioso porque viene a decir una profecía de que Israel, que al principio mayoritariamente rechazó a Jesucristo como el Mesías que estaba esperando el pueblo judío, como una profecía de que al final de los tiempos, acogerá, reconocerá en Jesucristo al salvador. Dice, Y así todo Israel será salvo. El endurecimiento parcial que sobrevino a Israel, endurecimiento parcial porque muchos judíos lógicamente sí reconocieron a Jesucristo. Empezando por todos los apóstoles, que todos ellos eran judíos. Pero que ese endurecimiento durará hasta que los gentiles, hasta que la palabra de Dios se extienda a todos los gentiles, a todos los pueblos. Y una vez que todos los pueblos hayan conocido a Jesucristo, entonces Israel se convertirá, reconocerá a Jesucristo. Es curiosa esta profecía. Porque en ella, es como si dijésemos, somos el pueblo de la elección pero curiosamente no en el sentido que nosotros tengamos un privilegio, que nos tengamos que sentir por encima de los demás pueblos. Curiosamente los demás pueblos, los paganos, los gentiles van a conocer, van a aceptar a Jesucristo antes que el pueblo elegido. Fíjate tu que contradicción. El pueblo elegido tendría que haber sido el primero en reconocer a Jesucristo, pues según esta profecía y según vemos también en los hechos, resulta que el evangelio se expande más fácil y se expande antes por los pueblos paganos y los judíos quedan con una resistencia mayoritaria, que no total, pero mayoritaria a reconocer a Jesucristo. Al final esta profecía de Pablo dice: cuando todos acepten, cuando los pueblos acepten a Jesucristo y el evangelio llegue a todas las gentes, entonces el pueblo de Israel acogerá también a Jesucristo. Es decir, que no nos podemos engreír en eso de ser el pueblo de la elección. En casa de herrero cuchillo de palo como se dice. Pero cómo es posible, pues sí mira así suele ser. Precisamente para que no nos ufanemos de ser hijos de Dios o ser el pueblo elegido, la raza elegida. Dios sabe más y él sabe cómo hace las cosas. Existía lógicamente un peligro en ser el pueblo de la elección y el peligro era que uno se ufane, que uno se sobrecrezca por ello y se piense que su raza está por encima de las demás y cosas por el estilo. Resulta que al final los pobres, los que vienen de fuera, los gentiles, los que dice el evangelio que cuando los invitados a la cena no quisieron acoger la invitación, sale a los cruces de los caminos y a los pobres que veas pasar invítalos primero. Esta es la realidad. Nosotros somos de esos pobres que pasaban por el cruce de los caminos y fuimos invitados a entrar porque resulta que los de casa, los de casa eran los judíos, aquellos a los que vino Jesús, pues tuvieron un rechazo mayoritario. Mira cómo son las cosas. Pero el pueblo judío era instrumento de unidad para nosotros y ahora nosotros tenemos que ser instrumento de unidad para ellos. El caso es que Dios quería convocarnos a todos, quiere convocarnos a todos a través del pueblo de la elección.

Al final el pueblo en que todos nos unimos, no es Israel, no es Europa, no es Estados Unidos, no es Japón, no es China, el pueblo en que todos nos unimos es la Iglesia. Porque todo el mundo tiene que salir de su tierra para llegar a la unidad. El japonés tiene que salir de Japón y el español tiene que salir de España y el americano de Estados Unidos, y en el fondo también el israelí tiene que salir de su tierra. Todo el mundo tiene que salir de su tierra y entrar en la nueva tierra que yo les mostraré, hacer la unidad, que es la Iglesia. Todo el mundo tiene que salir de sí mismo para conseguir esa unidad.

Algún texto del Nuevo Testamento, Juan 11, 52,  es cuando Caifás, sumo sacerdote pronunció esa palabra profética sin darse cuenta él de lo que estaba diciendo, conviene que un justo muera por el bien de todos, dice el texto, esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que como era sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Es decir, unir en uno, no sólo la nación, sino a todos los dispersos. Es impresionante ver cómo el evangelio nos muestra a Jesús entregando su vida por la unidad. Para que todos seamos uno. En Juan 10, 16 dice, también tengo otras ovejas que no son de este redil, se refiere a los paganos, también a estas les tengo que conducir y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida para recobrarla de nuevo. El corazón de Jesús sueña en la unidad, sueña en que no halla ninguna oveja fuera del redil. Y lucha por ello. Y aunque tengamos en momentos concretos de la historia la sensación de decir, más que buscar, más que ir en camino de conseguir la unidad, si parece que las ovejas saltan fuera del redil por todas las esquinas, si lo que parecería es que el redil se está vaciando más que estemos buscando la oveja perdida. Lo que digo es no nos dejemos engañar que Dios es dueño de la historia y él la conduce por caminos que sólo él sabe hacia la unidad. Aunque halla episodios tan duros de división y de traición y de abandono dentro de los hijos de Dios que están bautizados, sin embargo tenemos la plena garantía de que el espíritu está suscitando la unidad entre todos nosotros. Termina diciendo, ese pueblo será la raíz en que será injertados los paganos hechos creyentes. Nosotros somos injertados en ese pueblo que es Israel, somos injertados en él. Porque claro no somos hijos biológicos, porque eso importa poco, porque se puede ser hijo biológico, el pueblo de la raza de Israel, y no reconocer a Jesucristo, con lo cual de poco sirve la biología. Acordaros de la famosa frase de Jesús, somos hijos de Abraham y dice Jesús yo de éstas piedras podría hacer hijos de Abraham, luego no os ufanéis de ser hijos de Abraham según la raza, que lo importante es serlo según la fe.

Se nos ofrece otro texto que es Rom 11, 17-18. 24. Es un texto que puede costar un poco entenderlo pero verdaderamente dice mucho. Que si algunas ramas fueron desgajadas mientras tú, olivo silvestre, olivo silvestre se entiende por nosotros, por los que somos paganos y las ramas desgajadas son los judíos que no creyeron en Jesucristo. Repito, que si algunas ramas fueron desgajadas mientras tú, olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas, hecho partícipe con ellas de la raíz y de la savia del olivo, no te engrías contra las ramas.Es decir, tú ahora, nosotros los que hemos sido paganos, de un pueblo que no fue el pueblo judío, ahora no nos engriamos con las ramas judías, no nos levantemos frente a los judíos y si  te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz te sostiene a ti. Si es Jesucristo el que te ha dado gratuitamente la fe, ahora no te pienses que tú eres… Porque si tú fuiste cortado del olivo silvestre, que eras por naturaleza, es decir, si tú fuiste cortado, dejaste de ser pagano, fuiste cortado del árbol silvestre e injertado en el árbol de la salvación, que es el pueblo judío, porque si tú fuiste cortado del árbol silvestre que eras por naturaleza, para ser injertado contra tu natural en el olivo cultivado, con cuánta más razón ellos, o sea los judíos, según su naturaleza, serán injertados en su propio olivo. Es un texto para que no tengas justificación ninguna en atacar al pueblo judíos, para que nos demos cuenta de que el pueblo judío rechazó mayoritariamente a Jesucristo pero mira no nos sintamos con derecho de acusarles de nada. No te sientas con derecho de acusarles de nada, que al fin y al cabo nosotros hemos recibido gratuitamente el don de la fe gracias a ese pueblo judío, que ellos rechazasen a Jesucristo en gran parte, pero no nos engriamos frente a ellos, porque nosotros somos hijos de la gracia, hijos de la misericordia, luego tengamos misericordia también con ellos. Viene a decirnos este texto impresionante que para quien quiera leerlo es Rom 11, 17-18. 24.

Jueves III de Adviento

JUEVES III de ADVIENTO

(20 de diciembre)

Dentro de pocos días nos juntaremos con la familia y celebraremos la Navidad, un tiempo de fiesta, felicidad, alegría… un año más de cantar villancicos, de hacer regalos y estar de fiesta.
¿Pero, de verdad es alegría lo que sentimos, o todo se reduce a vacaciones y a olvidarnos de los problemas y preocupaciones de todo el año?
¿Qué pasa con las personas que no pueden celebrar nada estos días?
Porque… también se sufre en Navidad. La gente que pasa hambre también lo pasa en Navidad, la gente que está marginada en nuestra sociedad también lo está en Navidad y muchas otras injusticias que se siguen cometiendo aunque estemos en Navidad.
Nosotros tenemos la última palabra, Dios ya ha bajado para estar con nosotros, pero sólo se quedarán donde se le acepte y donde lo importante sea elhombre y no el poder, donde el compartir se imponga al acumular, donde fraternidad sea la forma de vida en lugar del ansia de subir y escalar puestos.

Nosotros tenemos la decisión de vivir una Navidad sujetos a los clichés sociales de consumismo y despreocupación, donde lo único que vale es ser mejor y vivir el momento. O por el contrario, vivir una Navidad de servicio y de preocupación por los que tenemos más cerca sin esperar nada a cambio.

Gaudete et exsultate – Francisco I

171. Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir, para calmar las ansiedades y recomponer el conjunto de la propia existencia a la luz de Dios. Así podemos dejar nacer esa nueva síntesis que brota de la vida iluminada por el Espíritu.

Alegrémonos, porque el Señor está cerca

1.- Hermanos: alegraos siempre en el Señor, os lo repito. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Es el domingo “gaudete”, que, en latín significa: alegraos, repitiendo las palabras del apóstol Pablo, en su carta a los Filipenses. Cuando el apóstol dice que el Señor está cerca se refiere a la segunda venida del Señor, porque creía en aquel momento que la segunda venida del Señor estaba realmente muy cerca en el tiempo. Nosotros, ahora, no repetimos esta frase del apóstol dándole un sentido corporal, sino un sentido vital, existencial. No sabemos cuándo será temporalmente la segunda venida del Señor, pero los cristianos creemos firmemente que el Señor Jesús está siempre realmente muy cerca de todos nosotros. Vive junto a cada uno de nosotros, habita en nuestro interior, nos guía con su luz y con su amor. Si realmente amamos a Dios, Dios vive en nosotros y, como se nos dice también en esta misma carta, “la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús”. En este tercer domingo de Adviento debemos, pues, manifestar litúrgicamente nuestra alegría, nuestra paz y nuestro entusiasmo religioso. Los cristianos debemos ser personas alegres, no con una alegría bullanguera y aturdidora, sino con una alegría interior, manifestada en nuestro comportamiento y en nuestras relaciones con los demás. Así debemos celebrar en concreto este domingo <gaudete>.

2.. Alégrate hija de Sion, El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno… se alegra y goza contigo, te renueva con su amor. El profeta Sofonías da a estas palabras un sentido histórico: en medio de una Jerusalén amenazada por los asirios, el profeta dice a su pueblo que el Señor les defenderá. Este mensaje del profeta Sofonías es, pues, un mensaje de confianza en Dios, de esperanza y de alegría. También hoy nosotros, especialmente en este tiempo de Adviento, debemos ser cristianos llenos de esperanza en el Mesías que ha venido a liberarnos, de confianza en él, de alegría espiritual. También nosotros podemos tener dificultades materiales, sociales, políticas, espirituales, pero nunca debemos desanimarnos, debemos pedir todos los días del Adviento a nuestro Mesías que el amor de Dios inunde un día sí y otro también nuestros corazones. Precisamente en esto se basa la alegría del Adviento, en la certeza de que nuestro Señor Jesús, nuestro Mesías, ha venido a salvarnos y a liberarnos. Y seamos también nosotros en todo lo posible salvadores y liberadores de los demás, con nuestro ejemplo, con nuestra palabra y con todos los medios que tengamos a nuestro alcance.

3.- En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: entonces, ¿qué debemos hacer? Él contestaba: Juan respondió a todos: yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Realmente, la figura del Bautista, del que hablaremos en más de una ocasión durante este Adviento, es una figura excelsa. Leyendo este texto del evangelista san Lucas vemos que san Juan Bautista puede y debe ser un modelo de humildad, de justicia, de generosidad y de lucha contra cualquier clase de corrupción. En este tiempo nuestro en el que tanto abunda el egoísmo, la corrupción social y política, la falta de sobriedad y la poca fidelidad al compromiso social y personal, la figura de san Juan Bautista es un modelo maravilloso. Anunciemos también nosotros el evangelio de Jesús y seamos un ejemplo para la sociedad en la que nos ha tocado vivir, como lo hizo san Juan. Debemos seguir a nuestro Maestro, Cristo Jesús, con la misma humildad y con la misma valentía con que lo hizo el Precursor y preparémonos para recibir plenamente durante este Adviento el bautismo de Jesús, dejándonos llenar de su Espíritu Santo. Y terminemos diciendo con el salmo responsorial: “confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor”.

Gabriel González del Estal

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Unos días después María se dirigió presurosa a la mon- taña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y dijo alzando la voz:

«¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y cómo es que la madre de mi Señor viene a mí? Tan pronto como tu saludo sonó en mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído que se cumplirán las cosas que te ha dicho el Señor!».

Lucas 1, 39-45

 

Comentario del Evangelio

Cuando María va a ver a su prima Isabel, se llena de Espíritu Santo. Los cristianos de hoy en día sabemos que tenemos a la Virgen María siempre con nosotros. Gracias a María, podemos estar mucho más cerca de Jesús.

Isabel entonces le dice una de las frases más bonitas del Evangelio: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! María fue una mujer valiente que confió en Dios y aunque era pobre y no tenía nada, supo escuchar a Dios.

Es una gran lección para todos nosotros la capacidad para decir SÍ de María y de tirar para adelante aunque a veces lo más lógico hubiese sido no complicarse la vida. Pero la fe muchas veces no tiene mucho que ver con hacer lo más fácil…

 

Para hacer vida el Evangelio

• La Virgen María es la madre de todos los cristianos y la Madre de toda la Iglesia. Escribe lo que es para ti tu madre.

• ¿Cómo debemos los cristianos tener presente en nuestras vidas a la Virgen María?

• Escribe un compromiso para durante esta semana puedas tener un gesto de amor y de cariño hacia tu madre.

 

Oración

Tu Madre, Jesús, que al hacerse esclava,
se hizo grande, al fiarse de Dios nos salvó a todos,

al dejarse habitar alumbró el mundo,
y al llenarse de alegría el corazón
nos enseñó a creer.
María, Madre de Dios,
abraza a todas las madres,
a las que no consiguen serlo
y a las que lo interrumpen,
a las que viven con dolor su maternidad,
a las que no saben disfrutarla
y a las que ven morir a sus hijos de hambre
Cuida de las familias, María,

Madre nuestra,
acompaña a hombres y mujeres
en este caminar,
sana a los separados y mal amados,
educa con nosotros a los niños malcriados y ayúdanos a
todos a vivir mejor.

Dame la sencillez de María, Señor

Tú que conoces mi pequeñez
y mis dudas,
Tú que sabes de mi fragilidad
e incoherencia,
tú que controlas mis idas y venidas,
sabes que quiero vivir contigo
y para Ti, Señor.

Yo quiero saber decirte un sí como el de María,
esa mujer sencilla,
que no necesitó hacerse la humilde,
que te dejó hacer en ella tu milagro
y que reconoció todas tus maravillas.

Ella, tu Madre, con su vida hablaba de tu Amor,
con su disponibilidad contagiaba abandono,
con su dejarte hacer, nos enseñaba a fiarnos,

y al reconocer tus maravillas demostraba sencillez.

Tu Madre, Jesús, que al hacerse esclava, se hizo grande,
al fiarse de Dios nos salvó a todos,
al dejarse habitar alumbró el mundo,
y al llenarse de alegría el corazón nos enseñó a creer.

María, Madre de Dios,
abraza a todas las madres,
a las que no consiguen serlo
y a las que lo interrumpen,
a las que viven con dolor su maternidad,
a las que no saben disfrutarla

y a las que ven morir a sus hijos de hambre

Cuida de las familias, María,
Madre nuestra,
acompaña a hombres y mujeres
en este caminar,
sana a los separados y mal amados,
educa con nosotros a los niños malcriados
y ayúdanos a todos a vivir mejor.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo IV de Adviento

• Isabel descubre el misterio que se ha realizado en María, quien visita a su prima.

• Es muy importante el tema del vientre(41.44). En Dt 7,13 y 28,4 “el fruto del vientre” es signo de bendición y de la promesa de Dios cumplida. En Isabel, ese fruto portador de la promesa “salta”, reacciona ante la visita de quien porta a Jesús, evidencia total de la promesa para la Historia (Dios ha tomado rostro en histórico).

• Los embarazos de Isabel y de María no son comunes. Isabel nos es presentada como una mujer de edad avanzada y estéril (Lc 1,7); y la esterilidad era vista como una vergüenza o como un castigo de Dios. María, por su parte, no conoce varón (1,34). María se identificacon las estériles. Aquello que parece imposible en un caso y en el otro, no lo es para Dios (1,37). Tampoco lo había estado en el caso del hijo de Abraham y Sara, el hijo que Dios había prometido(Gn 18,14). Y en tantas otras situaciones de la historia del pueblo de Dios, también en la historia actual (Mt 19,23-26).

• María tiene prisa: “se fue deprisa” a visitar Isabel (39). Una prisa debida a suobediencia al Plan de Dios. Por el Ángel ha sabido (1,36) que el embarazo de Isabel es parte del Plan de Dios al cual ella ha dado su sí: soy la esclava del Señor: que se cumplan en mí tus palabras (1,38). Y hace falta encontrarse,hace falta unirse en el proyecto del mundo nuevo que Dios tiene previsto.

• El saludo de Isabel: “eres bendita… y es bendecido el fruto de tus entra- ñas” (42), junto con la bienaventuranza:“feliz tú que has creído” (45), nos presenta María como discípulo de Jesús.

* Esto nos recuerda aquella otra escena del mismo Evangelio de Lucas (11,27)en la cual una mujer de entre la multitud profiere una bienaventuranza de alabanza a Jesús diciéndole: Dichosos el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. En aquella ocasión Jesús responde diciendo otra bienaventuranza dedicada a quienes lo siguen, a los discípulos: Dichosos quienes escuchan la palabra de Dios y la guardan. Es decir, María es discípulo. Jesús nos enseña a contemplarla como la discípulo modelo, quien escucha la palabra de Dios y la guarda.

* Y también nos hace pasar a otro lugar del mismo Evangelio (Lc 8,21) en el queJesús hace de los discípulos su familia:mi madre y mis familiares son estos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Quienes lo seguimos estamos unidos a Él íntimamente.

• La “alegría” (44) que respira toda la es- cena es debido a la acción del “Espíritu Santo” (41), quien irá conduciendo todo el Plan de Dios en la persona de Jesús, el Hijo de Dios, el Hijo de María, y en todos quienes darán testimonio, como Isabel: “la criatura saltó de alegría” (41.44).Es el Espíritu Santo quien hace posible que tanto Isabel como nosotros descubrimos quien es Jesús: “mi Señor” (43).

• En el encuentro de María-Jesús e Isabel-Juan, se da el encuentro del Antiguo y el Nuevo Testamento: Dios siempre ha actuado a través de los pobres, y continuará actuando del mismo modo, con las mismas opciones, con el mismo estilo. Dios no tiene otra manera de llevar a término su Plan, su Proyecto. Otros modelos son estériles.

Comentario al evangelio – 20 de diciembre

En el evangelio de hoy leemos uno de los textos mas bellos de la Sagrada Escritura. El acontecimiento central de nuestra fe cristiana: misterio de la Encarnación de Dios. El texto bíblico es rico en referencias veterotestamentarias y tienen un hondo calado teológico sobre la figura histórica de Jesús de Nazaret. Estamos delante del cumplimiento de las promesas hechas de Dios a su pueblo.  Las palabras del Ángel a María no son solo un anuncio gozoso de la salvación por la venida del Mesías, son también el testimonio de la amorosa predilección de Dios por su humilde sierva.

María orienta su corazón a la voluntad de Dios y se adhiere plenamente a su proyecto universal de la salvación: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». De esta manera el sí de María abre las puertas de nuestra salvación. La tradición cristiana ha visto cumplida la profecía del profeta Isaías: «la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel». Esta disponibilidad absoluta de María al plan de salvación de Dios la convierte en el prototipo del creyente cristiano. Con razón se dice que antes de concebir a Jesús en su vientre lo concibe por la fe en su corazón.

Nuestro mundo, está hoy más que nunca, urgido de una humanidad nueva. Cada día vemos con tristeza y dolor tantas situaciones de injusticia que deshumanizan la creación. La Navidad nos recuerda que Dios abraza la humanidad para redimirla, para humanizarla, para salvarla. Nosotros creyentes en este Dios que se hace presente en nuestra historia, estamos llamados abrazar también nuestra propia humanidad caída, frágil y pecadora para redimirla. Dejando que el Espíritu nos conduzca como a María a una plena comunión con el proyecto del Padre, a través de una vida de fe y de amor, vivida en fidelidad al Evangelio.

Decir tu nombre, María

Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene
caminando con la Historia.

Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,

es decir que todo nombre
puede estar lleno de Gracia.

Decir tu nombre, María,
es decir que toda suerte
puede ser también Su Pascua.

Decir tu nombre, María,
es decirte toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría

(Pedro Casaldáliga)

Edgardo Guzmán, cmf