Dame la sencillez de María, Señor

Tú que conoces mi pequeñez
y mis dudas,
Tú que sabes de mi fragilidad
e incoherencia,
tú que controlas mis idas y venidas,
sabes que quiero vivir contigo
y para Ti, Señor.

Yo quiero saber decirte un sí como el de María,
esa mujer sencilla,
que no necesitó hacerse la humilde,
que te dejó hacer en ella tu milagro
y que reconoció todas tus maravillas.

Ella, tu Madre, con su vida hablaba de tu Amor,
con su disponibilidad contagiaba abandono,
con su dejarte hacer, nos enseñaba a fiarnos,

y al reconocer tus maravillas demostraba sencillez.

Tu Madre, Jesús, que al hacerse esclava, se hizo grande,
al fiarse de Dios nos salvó a todos,
al dejarse habitar alumbró el mundo,
y al llenarse de alegría el corazón nos enseñó a creer.

María, Madre de Dios,
abraza a todas las madres,
a las que no consiguen serlo
y a las que lo interrumpen,
a las que viven con dolor su maternidad,
a las que no saben disfrutarla

y a las que ven morir a sus hijos de hambre

Cuida de las familias, María,
Madre nuestra,
acompaña a hombres y mujeres
en este caminar,
sana a los separados y mal amados,
educa con nosotros a los niños malcriados
y ayúdanos a todos a vivir mejor.

Mari Patxi Ayerra