Guión litúrgico Domingo III de Adviento – Ciclo C

Guión litúrgico Navidad – Ciclo C, 24-25 de diciembre de 2018.

Guión Litúrgico Misa de Gallo

 

Guión Litúrgico Misa día de Navidad

II Vísperas – Domingo IV de Adviento

II VÍSPERAS

DOMINGO IV DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Alegría de nieve
por los caminos.
Todo espera la gracia
del Bien Nacido.

En desgracia los hombres,
dura la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca.

La tierra tan dormida
ya se despierta.
Y hasta el hombre más muerto
se despereza.

Ya los montes se allanan
y las colinas,
y el corazón del hombre
vuelve a la vida. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Contemplad cuán glorioso es el que viene a salvar a todos los pueblos.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Contemplad cuán glorioso es el que viene a salvar a todos los pueblos.

SALMO 111: FELICIDAD DEL JUSTO

Ant. Lo torcido se enderezará, lo escabroso se igualará; ven, Señor, y no tardes. Aleluya.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Lo torcido se enderezará, lo escabroso se igualará; ven, Señor, y no tardes. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Se dilatará su principado con una paz sin límites. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Se dilatará su principado con una paz sin límites. Aleluya.

LECTURA: Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. el Señor está cerca.

RESPONSORIO BREVE

R/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.
V/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.

R/ Danos tu salvación.
V/ Tu misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Muéstranos Señor, Tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Emmanuel, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que viene a salvar a todos los hombres y digámosle confiadamente:

Ven, Señor, Jesús

  • Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad,
    — vivifica al mundo con tu venida.
  • Tú que participaste de nuestra debilidad,
    — concédenos tu misericordia.
  • Tú que viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados,
    — cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad, absuélvenos de todas las culpas.
  • Tú que lo gobiernas todo con tu poder,
    — ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
    — alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:
Padre nuestro…

ORACION

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

La visita del Señor

1. Por lo general, percibimos como «bendición» la bendición descendente que el sacerdote imparte al final de la misa; naturalmente, todos necesitamos el favor de Dios o su protección, y queremos que Dios nos bendiga. Pero somos menos sensibles a la bendición ascendente, la dirigida a Dios para alabarlo o glorificarlo. Sin embargo, esta bendición es más importante que la primera, ya que el centro cristiano está en Dios, o en los otros en cuanto necesitados, no en nosotros mismos.

En definitiva, sabemos pedir mejor que agradecer, reconocer o alabar.

2. Bendecir significa hablar bien, ensalzar, glorificar. Con anterioridad al nacimiento de Jesús, aparecen en los evangelios bendiciones por parte de Zacarías, Simeón, Isabel y María. Todos bendicen a Dios por lo que hace. Pero, al mismo tiempo Jesús bendice a los niños, a los enfermos, a los discípulos, al Padre. Toda bendición, en última instancia, va dirigida a Dios. La oración de bendición es, sobre todo, alabanza y acción de gracias. De este modo celebramos la Eucaristía. Pero también la bendición se extiende a todas las criaturas, incluso a las inanimadas: ramos, ceniza, pan y vino. Son bienaventurados los santos, y especialmente «bendita» es María, madre del Señor y madre nuestra.

3. El Espíritu Santo ayuda a Isabel a pronunciar una bendición: «¡Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!». Desde entonces, millones de veces lo hemos dicho todos los cristianos en el Ave María. Son benditos, bienaventurados o dichosos los que creen en Dios, los que practican la Palabra, los que dan frutos, los pobres con los que se identifica Jesús.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Por qué nos cuesta tanto dar las gracias y bendecir?

¿Dónde encontramos hoy la «visita» del Señor?

Casiano Floristán

Sin que nos lo pidan

El ángel que comunicó a María que había sido elegida por Dios para ser la Madre del Salvador, también le informó de que su parienta Isabel iba a tener un hijo a pesar de ser anciana, encontrándose ya en el sexto mes de su embarazo. Y a María le faltó tiempo para acudir en su ayuda.

El evangelista Lucas nos dice que “fue lo más de prisa que pudo” y que Isabel vivía en “un pueblo montañoso” de Judá. Añadiendo que “María se quedó unos tres meses (es decir, hasta que dio a luz), y luego regresó a su casa”.

Analizando los datos que nos ofrece este breve relato, podemos destacar cuatro detalles que considero importantes: En primer lugar, se deduce que María fue a -visitar a Isabel por pura iniciativa, sin que nadie se le hubiera pedido o mandado; porque el ángel se limitó a informarla acerca del embarazo de su parienta, pero en ningún momento insinuó que fuera a visitarla y ayudarla...

Otro aspecto es la presteza con que actuó María; “Fue lo más de prisa que pudo”, no de forma desganada y lánguida, como obligada… Además, el camino no era liviano, sino dificultoso: se trataba de subir a la montaña… Y por último, María “se quedó tres meses en casa de su parienta”, es decir, consciente de que los favores han de hacerse siempre completos… María, ejemplo encomiable de ayuda al prójimo.

Por clasificar de algún modo nuestro talante en este aspecto, yo diría que, en cualquier institución o modo de convivencia, existen en primer lugar los que se estaquean: los que se hacen los “suecos”, alegando otras ocupaciones, otros compromisos, o simplemente se inventan que deben acudir al médico.

En segundo término, están los lentos: los que se ofrecen porque no hay otros, pero de forma desganada, apática, empujado. Más que nada por el “qué dirán”. Luego vienen los calculadores: los especialistas en medir el compromiso; me entrego hasta lo que me he comprometido, pero ni un milímetro más. Están después los que abandonan: como los ciclistas que no pueden ya con su ama, éstos, ante la dificultad (la exigencia de caminar de prisa, o el esfuerzo que se requiere para cubrir ascensos empinados), se rinden y desisten de concluir la carrera. Y por último, están los comprometidos: Los que, contra viento y marea, se entregan en cuerpo y alma al prójimo que los necesita; a estos últimos no los arredra la dificultad, actúan con la presteza que les caracteriza, acuden con prisa y trabajan sin ella, incluso sin mirar al reloj ni al calendario, porque, como María, son conscientes de que “los favores han de hacerse siempre completos”. Y además, poseen la virtud de adivinar dónde los necesitan y acuden sin que nadie se lo pida.

No quisiera concluir mi reflexión sin manifestar que María, no sólo en el caso de su parienta Isabel obró sin que nadie se lo pidiera o mandara, sino que, en ocasiones, fue ella la que, con su perspicacia y espíritu de observación, adivinaba las situaciones embarazosas y salía al paso para solucionarlas: como sucedió, por ejemplo, en las Bodas de Caná, donde resolvió el sonrojo que aquellos dos jóvenes que acababan de casarse y se quedaron sin vino en plena fiesta…

Hoy hemos aprendido de nuestra Madre María la maravillosa lección de adivinar cuándo y dónde se nos necesita, y de acudir para su solución sin que nadie nos lo pida.

Pedro Mari Zalbide

Domingo IV de Adviento

DOMINGO IV de ADVIENTO

(23 de diciembre)

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y,
antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba
un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería
denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución,
se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
— «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte
a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella
viene dle Espíritu Santo. Dará a luz un hijo,
y tú le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese
lo que había dicho el Señor por el profeta:
Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo
y le pondrá por nombre Emmanuel
que significa “Dios-con-nosotros”.»
Cuando José se despertó,
hizo lo que le había
mandado el ángel del Señor
y se llevó a casa a su mujer.
(Del evangelio según san Mateo. Mt 1, 18-24)

Gaudete et exsultate – Francisco I

175. Cuando escrutamos ante Dios los caminos de la vida, no hay espacios que queden excluidos. En todos los aspectos de la existencia podemos seguir creciendo y entregarle algo más a Dios, aun en aquellos donde experimentamos las dificultades más fuertes. Pero hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. El que lo pide todo también lo da todo, y no quiere entrar en nosotros para mutilar o debilitar sino para plenificar. Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos.

Lectio Divina – 23 de diciembre

Lectio: Domingo, 23 Diciembre, 2018

La visita de María a Isabel
Dios se revela en las cosas más sencillas
Lucas 1,39-45

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El evangelio de hoy describe la visita de María a su prima Isabel. Las dos se conocían. Eran parientes. Pero en este encuentro descubren, la una en la otra, un misterio que no conocían todavía y que les llena de mucho gozo. ¡Cuántas veces nos sucede en la vida que encontramos personas que conocemos, pero que nos sorprenden de nuevo por la sabiduría que poseen y por el testimonio de fe que nos dan! Es así como Dios se revela y nos hace conocer el misterio de su presencia en nuestra vida.
El texto del evangelio de este cuarto domingo de Adviento no incluye el Cántico de María (Lc 1,46 -56) y traza apenas la descripción de la visita de María a Isabel (Lc 1,39-45). En este breve comentario nos tomamos la libertad de incluir también el Cántico de María, porque ayuda a entender mejor toda la grandeza de la experiencia que las dos mujeres han tenido en el momento de la visita. El Cántico revela que la experiencia que María tuvo en el momento del saludo de Isabel le ayuda a percibir la presencia del misterio de Dios, no sólo en la persona de Isabel, sino en su misma vida y en la historia de su pueblo.
Durante la lectura del texto, trata de estar atento a lo que sigue: “¿Con cuales gestos, palabras y comparaciones, tanto Isabel como María, expresan el descubrimiento de la presencia de Dios en sus vidas?”

b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:

Lucas 1,39-40: María sale de su casa para visitar a su prima Isabel
Lucas 1,41: Oyendo el saludo de María, Isabel experimenta la presencia de Dios
Lucas 1,42-44: Saludo de Isabel a María
Lucas 1,45: El elogio de Isabel a María
Lucas 1,46-56: El Magnificat, el Cántico de María

c) Texto:

Lucas 1,39-4539 En aquellos días, se puso en camino María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.41 En cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo 42 y exclamó a gritos: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; 43 y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? 44 Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. 45 ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»
46 Y dijo María: «Alaba mi alma la grandeza del Señor
47 y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
48 porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
49 porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre
50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero.
52 Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
53 A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías.
54 Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
55 -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.»
56 María se quedó con ella unos tres meses, y luego se volvió a su casa.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto de este texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención? ¿Por qué?
b) ¿Cuáles son los gestos, las palabras y las comparaciones que expresan el descubrimiento de Isabel sobre la presencia de Dios en su vida y en la vida de María?
c) ¿Con cuáles gestos, palabras o comparaciones expresa María el descubrimiento que hace de la presencia de Dios en su vida, en la vida de Isabel y en la historia de su pueblo?
d) ¿Cuál es la causa de la alegría de las dos mujeres?
e) ¿Cuál es el símbolo del Viejo Testamento que se recuerda y se actualiza en la descripción de esta visita?
f) ¿Dónde y cómo la alegría de la presencia de Dios se da hoy en mi vida y en la vida de mi familia y comunidad?

5. Para aquellos que desean profundizar más en el tema

a) Contexto de ayer y de hoy:

En el Evangelio de Mateo la infancia de Jesús se centra en torno a la persona de José, padre putativo de Jesús. Y a través de “José, esposo de María” (Mt 1,16) es como Jesús llega a ser descendiente de David, capaz de cumplir las promesas hechas a David. En el Evangelio de Lucas, al contrario, la infancia de Jesús se centra en torno a la persona de María, “esposa de José” (Lc 1,27). Lucas no habla mucho de María, pero lo que dice es de una gran profundidad e importancia. Presenta a María como modelo de vida de las comunidades cristianas. La clave de este modo de mirar a María es la Palabra de Jesús con respecto a su madre: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11,28). En el modo en el que María se comporta con la Palabra de Dios, Lucas ve la actitud más correcta por parte de la comunidad para relacionarse con la Palabra de Dios: acogerla, encarnarla, interiorizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarse plasmar por ella, aunque muchas veces no la entendamos y nos haga sufrir. Esta es la visión que hace de telón de fondo en los capítulos 1 y 2 del evangelio de Lucas, que hablan de María, la Madre de Jesús. O sea, cuando Lucas habla de María, piensa en las comunidades cristianas de su tiempo que vivían dispersas en las ciudades del Imperio Romano. María es el modelo de la comunidad fiel. Y, fiel a esta tradición bíblica, el último capítulo de la “Lumen Gentium” del Vaticano II que habla de la Iglesia, representa a María como modelo de la Iglesia.
El episodio de la visita de María a Isabel indica otro aspecto típico de Lucas. Todas las palabras y actitudes, sobre todo el Cántico de María, forman una gran celebración de alabanza. Parece la descripción de una liturgia solemne.
Haciendo así, Lucas evoca un doble ambiente: el ambiente orante en el que Jesús nace y crece en Palestina, y el ambiente litúrgico y celebrativo en el que las comunidades cristianas viven su fe. Enseña a transformar una visita de Dios en servicio a los hermanos.

b) Comentario del texto:

Lucas 1,39-40: María va a visitar a Isabel
Lucas pone el acento en la prontitud de María para responder a las exigencias de la Palabra de Dios. El ángel le anuncia que Isabel está encinta e inmediatamente María se pone en camino para verificar lo que el ángel le ha anunciado. Sale de casa para ir a ayudar a una persona que tiene necesidad de ayuda. De Nazaret hasta las montañas de Judea son casi más de cien kilómetros No existían ni autobuses ni trenes. María escucha la Palabra y la pone en práctica de la forma más eficiente.

Lucas 1,41-44: El saludo de Isabel
Isabel representa al Viejo Testamento que termina. María el Nuevo que empieza. El Viejo Testamento acoge al nuevo con gratitud y confianza, reconociendo en él el don gratuito de Dios que viene a realizar y a completar todas las esperanzas de las gentes.

En el encuentro entre las dos mujeres se manifiesta el don del Espíritu que hace saltar de gozo al niño en el seno de Isabel.
La Buena Noticia de Dios revela su presencia en una de las cosas más comunes de la vida humana, como es, dos mujeres de casa que se hacen una visita para ayudarse. Visita, alegría, gravidez, hijos, ayuda mutua, casa, familia: y es en esto en lo que Lucas quiere que las comunidades (y todos nosotros) sintamos y descubramos la presencia del Reino.
Hasta hoy, las palabras de Isabel, forman parte del salmo más conocido y más recitado en todo el mundo, a saber, el Ave Maria.

Lucas 1,45: El elogio de Isabel a María
“Dichosa la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor”. Es el mensaje de Lucas a las Comunidades: creer en la palabra de Dios, que tiene la fuerza de realizar lo que nos dice. Es la Palabra que crea. Genera vida nueva en el seno de una virgen, en el seno del pueblo pobre y abandonado que la acoge con fe. Este elogio que Isabel hace a María se completa con el elogio que Jesús hace de su madre: “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lc 11,28).

Lucas 1,46-56: El cántico de María
Con toda probabilidad, este cántico era conocido y cantado en las comunidades cristianas. Enseña cómo se debe rezar y cantar. Es también una especie de termómetro que revela el nivel de conciencia de las comunidades de la Grecia para las cuales Lucas escribe el evangelio. Hasta hoy, por los cantos que se escuchan y se cantan en las comunidades es posible valorar el nivel de conciencia de las mismas.

Lucas 1, 46-50
María comienza proclamando el cambio realizado en su vida bajo la mirada amorosa de Dios, lleno de misericordia. Por esto, canta feliz: “Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Grandes cosas ha hecho en mí el Omnipotente y Santo es su Nombre: de generación en generación su misericordia se extiende sobre aquellos que le temen”. Para poder valorar toda la magnitud de estas palabras muy conocidas, conviene recordar que se trata de una muchacha muy joven, quizás de quince o dieciséis años, pobre, de una aldea desconocida de la Palestina, periferia del mundo, pero con una clara conciencia de su condición y de su misión, tanto la suya como la de su gente. María imita el cántico de Ana, madre del profeta Samuel (1 Sam 2,1-10).

Lucas 1,51-53
Inmediatamente María canta la fidelidad de Yahvé hacia su pueblo y proclama el cambio que el brazo fuerte de Yahvé estaba cumpliendo a favor de los pobres y de los hambrientos. La expresión “brazo de Dios” recuerda la liberación del Éxodo. Este cambio adviene gracias a la fuerza salvadora de Yahvé: dispersa a los soberbios (1,51), destrona los poderosos de sus tronos y ensalza a los humildes (1,52), despidió a los ricos con las manos vacías y a los hambrientos los colmó de bienes. (1,53). Aquí aparece el nivel de conciencia de los pobres del tiempo de Jesús y de las comunidades del tiempo de Lucas que cantaban este cántico y probablemente lo sabían de memoria. Vale la pena de compararlos con los cantos que hoy cantan las comunidades en las iglesias. ¿Es que hemos perdido la conciencia política y social que se manifiesta en el Cántico de María? En los años 70 del siglo pasado una dictadura militar de uno de los países suramericanos, en ocasión de la pascua militar, censuró este cántico de María porque se consideró subversivo. ¡Hasta hoy la conciencia de María, Madre de Jesús, resulta incómoda!

Lucas 1,54-55
Finalmente recuerda que todo esto es expresión de la misericordia de Dios por su pueblo y con su pueblo y expresión de su fidelidad a las promesas hechas a Abrahán. La Buena Noticia no es una recompensa por la observancia de la ley, sino una expresión de la bondad y de la fidelidad de Dios a las promesas. Es lo que Pablo enseñaba en sus cartas a los Gálatas y a los Romanos.

c) Ampliando las informaciones

Lucas 1 y 2: Fin del Viejo Testamento, comienzo del Nuevo Testamento

En los dos primeros capítulos de Lucas, todo gira en torno al nacimiento de dos criaturas: Juan y Jesús. Los dos capítulos nos hacen sentir el perfume del Evangelio de Lucas. En ellos el ambiente es de alabanza y de ternura. Del principio hasta el fin, se alaba y se canta la misericordia de Dios que, finalmente, irrumpe para cumplir sus promesas. Y las cumple a favor de los pobres, los anawin, de aquellos, que saben esperar su venida: Isabel, Zacarías, María, José, Simeón, Ana los pastores y los tres magos.
El primero y el segundo capítulo del Evangelio de Lucas son muy conocidos, pero pocos meditados con profundidad. Lucas escribe imitando los escritos del Viejo Testamento. Es como si los dos primeros capítulos de su evangelio fuesen los últimos del Viejo Testamento, abriendo así la puerta para la venida del Nuevo. Estos dos capítulos son el umbral entre el Viejo y el Nuevo Testamento. Lucas quiere mostrar a Teófilo que las profecías se está realizando. Jesús cumple el Viejo y da comienzo al Nuevo.
Estos dos capítulos del Evangelio de Lucas no son historia en el sentido de como hoy nosotros entendemos la historia. Funcionaban , mucho más como un espejo, en el cual los destinatarios del evangelio, los cristianos convertidos del paganismo, descubrían que Jesús había venido a cumplir las profecías del Viejo Testamento y a responder a las más profundas aspiraciones del corazón humano. Eran también el símbolo de lo que estaba sucediendo en las comunidades del tiempo de Lucas. Las comunidades venidas del paganismo nacieron de las comunidades de judíos convertidos. Pero serán diversas. El Nuevo no corresponde del todo a lo que el Viejo imaginaba y esperaba. Era “signo de contradicción” (Lc 2,34), causaba tensiones y era fuente de mucho dolor. En la conducta de María, Lucas presenta un modelo de cómo reaccionar y perseverar en el Nuevo.

6. Orar con el Salmo 27 (26)

El Señor es mi luz, ¿a quién temeré?

Yahvé es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Cuando me asaltan los malhechores
ávidos de mi carne,
ellos, adversarios y enemigos,
tropiezan y sucumben.
Aunque acampe un ejército contra mí,
mi corazón no teme;
aunque estalle una guerra contra mí,
sigo confiando.
Una cosa pido a Yahvé,
es lo que ando buscando:
morar en la Casa de Yahvé
todos los días de mi vida,
admirar la belleza de Yahvé
contemplando su templo.
Me dará cobijo en su cabaña
el día de la desgracia;
me ocultará en lo oculto de su tienda,
me encumbrará en una roca.
Entonces levantará mi cabeza
ante el enemigo que me hostiga;
y yo ofreceré en su tienda
sacrificios de victoria.
Cantaré, tocaré para Yahvé.
Escucha, Yahvé, el clamor de mi voz,
¡ten piedad de mí, respóndeme!
Digo para mis adentros:
«Busca su rostro».
Sí, Yahvé, tu rostro busco:
no meocultes tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio.
No me abandones, no me dejes,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
Yahvé me acogerá.
Señálame, Yahvé, tu camino,
guíame por senda llana,
pues tengo enemigos.
No me entregues al ardor de mis rivales,
pues se alzan contra mí testigos falsos,
testigos violentos además.
Creo que gozaré
de la bondad de Yahvé
en el país de la vida.
Espera en Yahvé, sé fuerte,
ten ánimo, espera en Yahvé.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Bendita entre las mujeres

Acercarse a celebrar el nacimiento de Jesús es recordar la condición de mujer, y la fe, de María.

Dos embarazos

El episodio llamado la Visitación nos relata el encuentro de dos mujeres embarazadas. María, la galilea, va a Judá, la región en la que un día el hijo que lleva dentro de ella será rechazado y condenado a muerte (cf. Lc 1, 39). Ante el saludo de la joven, el niño que Isabel está a punto de dar a luz, «saltó de gozo» (v. 41.44). La madre alude poco después a lo que siente dentro de sí, se trata de la alegría del niño —el futuro Juan Bautista— alrededor de quien habían girado hasta el momento los acontecimientos narrados en este primer capítulo de Lucas. Juan cede ahora el paso a Jesús. El gozo es la primera respuesta a la venida del Mesías. Experimentar alegría porque nos sabemos amados por Dios es prepararnos para la navidad.

Isabel pronuncia entonces una doble bendición. Como ocurre siempre en manifestaciones importantes, Lucas subraya que lo hace llena «del Espíritu santo» (v. 41). María es declarada «bendita entre las mujeres» (v. 42), su condición de mujer es destacada, en tanto que tal es considerada amada y privilegiada por Dios. Esto es ratificado por el segundo motivo del elogio: «Bendito el fruto de tu vientre» (v. 42).

Fe y maternidad

Ese fruto es Jesús, pero el texto subraya el hecho de que por ahora está en el cuerpo de una mujer, en sus entrañas, tejido de su tejido. El cuerpo de María deviene así el arca santa donde se alberga el Espíritu y manifiesta la grandeza de su condición femenina. En su visitante, Isabel reconoce a la «madre del Señor» (v. 43), aquella que dará a luz a quien debe liberar a su pueblo, según lo anunciaba el profeta Miqueas (cf. 5, 2-5).
Lucas pone, sin duda, en labios de Isabel la percepción que la comunidad cristiana alcanzó sólo después de la resurrección; pero lo importante es que esta confesión de fe (eso es, en verdad) subraya la maternidad de María. Su visita resulta por eso un don inesperado para Isabel.

La insistencia de Lucas en la condición femenina de María revela que, según él, la cuestión es importante para percibir lo que el Señor quiere comunicarnos. El nacimiento de Juan Bautista es anunciado al padre, el de Jesús a la madre. Además, el reconocimiento de María como mujer y madre es hecho por otra mujer, Isabel. Al final del texto, Isabel declara a María bienaventurada por su fe (cf. v. 45), por su aceptación de la voluntad de Dios (cf. Heb 10, 5-10). Fe que se encarna en el cuerpo de María. Así como nuestra fe debe hacerse presente en la vida de todos los días como mensaje de esperanza en medio del desánimo, y de vida en medio de tanta muerte violenta e injusta. Eso es creer en el niño que nace de María.

Gustavo Gutiérrez

Operación salida

Muchas personas desean pasar la Navidad fuera de sus lugares habituales de residencia. Un gran número utiliza su vehículo privado y por eso, desde el viernes pasado, y como es habitual en estas fechas, la Dirección General de Tráfico pone en mar-cha la “Operación salida” con motivo de la Navidad, ya que se producen millones de desplazamientos y es necesario extremar la vigilancia y la seguridad en las carreteras. Una vez llegados al destino elegido se suele permanecer allí unos días, ya sea para encontrarse con su familia o para disfrutar de unos días de vacaciones.

En general se suele entender y vivir la Navidad como unos días de vacaciones en nuestras actividades habituales. Y si es verdad que cualquier persona necesita de vez en cuando tomarse vacaciones, nosotros además, como cristianos, debemos hacerlo para celebrar bien la Navidad. Pero este cuarto Domingo de Adviento nos indica cómo ha de ser nuestra “Operación salida” con motivo de la Navidad, que no consistirá simplemente en “tomarnos vacaciones”.

En el Evangelio hemos contemplado a María que se puso en camino y fue aprisa a la montaña, aun pueblo de Judá. Podríamos pensar que, tras el anuncio del Ángel, María ha iniciado su personal “Operación salida” para tomarse unos días de descanso y meditar sobre el asunto y asimilarlo; pero no es así.

La “Operación salida” de María no consiste en unos días de vacaciones, sino en ir al encuentro de su pariente Isabel: por una parte para ayudarla en su embarazo, ya que Isabel era de edad avanzada, pero sobre todo, para compartir con ella su alegría por el próximo nacimiento del Hijo de Dios. María no puede guardarse para Ella sola ese anuncio que ha recibido: la que ha sido visitada por Dios siente la necesidad de “visitar” a otros, de compartir con otros su experiencia de fe.

La “Operación salida” de María nos sirve de modelo para que cada uno de nosotros llevemos a cabo nuestra personal “Operación salida” con motivo de la Navidad, que no consiste principalmente en desplazarnos físicamente o en hacer vacaciones, sino en “hacer salir” nuestra experiencia de fe, que otros puedan notar y recibir lo que nosotros celebramos.

Por eso, la Navidad nos invita a tener presentes las palabras del Papa Francisco en Evangelii gaudium respecto a la “Iglesia en salida”: todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio (20). Cada uno tendremos que discernir cómo realizar nuestra particular “Operación salida”, pero siguiendo el ejemplo de María, el denominador común será nuestro deseo de llevar a Cristo a los demás. Y esto podemos hacerlo sin grandes discursos ni montajes, sino con normalidad, con naturalidad. El simple saludo de María hizo que el niño que Isabel lleva en su vientre saltase de gozo. María vive su fe de un modo tan “normal” y transparente que su sola presencia revela ya a Cristo, y así se convierte en modelo del cristiano que debe anunciar a Cristo. Nuestra vida de fe debería ser tan normal y transparente que en nuestros gestos y acciones cotidianas se pudiera notar la presencia de Cristo.

¿Estos días voy a desplazarme fuera de mi lugar de residencia habitual? ¿Entiendo y vivo la Navidad como unos días de vacaciones? ¿Cómo voy a llevar a cabo mi particular “Operación salida”, siguiendo el ejemplo de María? ¿Es mi vida de fe tan normal y transparente que mis gestos y acciones manifiestan a Cristo?

Hace dos domingos dijimos que, para que circulemos con seguridad en nuestro caminar como cristianos, Dios mismo es quien nos construye “autovías”, ofreciéndonos su Palabra, la Eucaristía y los demás Sacramentos, tiempos y recursos para la oración individual y comunitaria, los Equipos de Vida, la formación… y que para preparar el camino del Señor, a nosotros nos corresponde “circular” por esas autovías que el Señor nos ha preparado, llevando a cabo la “Operación salida”.

Y aunque cada uno tenemos que discernir el camino a seguir, hay algo concreto que podemos proponernos como comunidad parroquial: participar en la “Misa del Gallo”. Lamentablemente, en muchos lugares que podría celebrarse se ha eliminado esta celebración argumentando que “es muy tarde, la gente está con las cenas, los mayores no salen…” Pero que no nos pueda la comodidad ni nos importe el número de participantes: el hecho de “salir” de casa, en la noche, para ir como los pastores al encuentro del Dios que ha nacido, supone ya un verdadero testimonio de fe. María no tuvo pereza en iniciar su “Operación salida” para ir a visitar a Isabel; no la tengamos nosotros y, con normalidad, “salgamos” física y espiritualmente a recibir al Niño Dios.

Dichoso el que cree

El pensador francés Blaise Pascal se atrevió a decir que «nadie es tan feliz como un cristiano auténtico».

Pero, ¿quién lo puede creer hoy? La inmensa mayoría piensa más bien que la fe poco tiene que ver con la felicidad. En todo caso habría que relacionarla con una salvación futura y eterna que queda muy lejos, pero no con esa felicidad concreta que ahora mismo nos interesa.

Más aún. Son bastantes los que piensan que la religión es un estorbo para vivir la vida de manera intensa, pues empequeñece a la persona y mata el gozo de vivir. Además, ¿por qué iba a preocuparse un creyente de ser feliz? Vivir como cristiano, ¿no es fastidiarse siempre más que los demás? ¿No es seguir un camino de renuncia y abnegación? ¿No es, en definitiva, renunciar a la felicidad?

Lo cierto es que los cristianos no parecen mostrar con su manera de vivir que la fe encierre una fuerza decisiva para enfrentarse a la vida con dicha y plenitud interior. Muchos nos ven más bien como Friedrich Nietszche, que veía a los creyentes como «personas más encadenadas que liberadas por Dios».

¿Qué ha sucedido? ¿Por qué se habla tan poco de felicidad en las iglesias? ¿Por qué muchos cristianos no descubren a Dios como el mejor amigo de su vida?

Como ocurre tantas veces, parece que también en el movimiento de Jesús se ha perdido la experiencia original que al comienzo lo vivificaba todo. Al enfriarse aquella primera experiencia y al acumularse luego otros códigos y esquemas religiosos, a veces bastante extraños al Evangelio, la alegría cristiana se ha ido apagando.

¿Cuántos sospechan hoy que lo primero que uno escucha cuando se acerca a Jesús es una llamada a ser feliz y a hacer un mundo más dichoso? ¿Cuántos pueden pensar que lo que Jesús ofrece es un camino por el que podemos descubrir una alegría diferente que puede cambiar de raíz nuestra vida?

¿Cuántos creen que Dios busca solo y exclusivamente nuestro bien, que no es un ser celoso que sufre al vernos disfrutar, sino alguien que nos quiere desde ahora dichosos y felices?

Estoy convencido de que una persona está a punto de tomar en serio a Jesús cuando intuye que en él puede encontrar lo que todavía le falta para conocer una alegría más plena y verdadera. El saludo a María: «Dichosa tú, que has creído», puede extenderse de alguna manera a todo creyente.

A pesar de las incoherencias y la infidelidad de nuestras vidas mediocres, dichoso también hoy el que cree desde el fondo de su corazón.

José Antonio Pagola