Vísperas – San Esteban

26 de DICIEMBRE

VÍSPERAS

SAN ESTEBAN, Protomártir, fiesta

INVOCACIÓN INICIAL

Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Norabuena vengáis al mundo,
niño de perlas,
que sin vuestra vista
no hay hora buena.

Niño de jazmines,
rosas y azucenas;
niño de la niña
después dél más bella;
que tan buenos años,
que tan buenas nuevas,
que tan buenos días
ha dado a la tierra;
parabién merece,
parabienes tenga,
aunque tantos bienes
como Dios posea.

Mientras os tardasteis,
dulce gloria nuestra,
estábamos todos
llenos de mil penas;
y a la tierra alegra
ver que su esperanza
cumplida en vos sea,
digan los pastores,
respondan las sierras,
pues hombre os adoran
y Dios os contemplan:

Norabuena vengáis al mundo,
niño de perlas,
que sin vuestra vista
no hay hora buena. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

SALMO 129: DESDE LO HONDO, A TI GRITO, SEÑOR

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

CÁNTICO del COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

LECTURA: 1Jn 1, 5b-7

Dios es luz sin tiniebla alguna, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, Aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono real de los cielos.

PRECES

Acudamos a Cristo, Palabra del Padre, que al acampar entre nosotros nos abrió el camino de la salvación eterna, y digámosle confiadamente:

Líbranos, Señor, de todo mal.

  • Por el misterio de tu encarnación, por tu nacimiento y tu infancia, por toda tu vida consagrada al servicio del Padre:
    — Líbranos, Señor, de todo mal.
  • Por tu rabajo, por tu predicación y tus largas horas de camino, por tu trato con los pecadores:
    — Líbranos, Señor, de todo mal.
  • Por tu agonía y tu pasión, por tu cruz y tu desolación, por tus angustias, por tu muerte y sepultura:
    — Líbranos, Señor, de todo mal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Por tu resurrección y ascensión a los cielos, por la donación del Espíritu Santo, por tus gozos y tu gloria eterna, libra Señor a nuestros hermanos difuntos.
    — Líbranos, Señor, de todo mal.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, por este nuevo nacimiento de tu Hijo en nuestra carne, líbranos del yugo con que nos domina la antigua servidumbre del pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Amén.

Lectio Divina – 26 de diciembre

Lectio: Lunes, 26 Diciembre, 2016

Tiempo de Navidad

1) Oración inicial

Dios nuestro, que concediste a san Esteban, protomártir, fortaleza para orar por sus verdugos, haz que, a imitación suya, sepamos perdonar de corazón a cuantos nos hayan ofendido o causado algún mal. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 10,17-22
Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros.
«Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

3) Reflexión

• El contraste es grande. Ayer, día de Navidad, tuvimos el pesebre del recién nacido con el canto de los ángeles y la visita de los pastores. Hoy es la sangre derramada de Esteban, apedreado hasta la muerte, porque tuvo el valor de creer en la promesa expresada en la sencillez del pesebre. Esteban criticó la interpretación fundamentalista de la Ley de Dios y el monopolio del Templo. Por eso le mataron (Hechos 6,13-14).
• Hoy, en la fiesta de Esteban, primer mártir, la liturgia nos presenta un pasaje del evangelio de Mateo (Mt 10,17-22), sacado del así llamado Sermón de la Misión (Mt 10,5-42). En él Jesús advierte a sus discípulos diciendo que la fidelidad al evangelio conlleva dificultades y persecución: “a ustedes los arrastrarán ante las autoridades, y los azotarán en las sinagogas”. Más para Jesús lo que importa en la persecución no es el lado doloroso del sufrimiento, más bien el lado positivo del testimonio: “Por mi causa, ustedes serán llevados ante los gobernantes y los reyes, teniendo así la oportunidad de dar testimonio de mí ante ellos y los paganos”. La persecución es una oportunidad para dar testimonio de la Buena Nueva que Dios nos trae.
• Fue lo que aconteció con Esteban. El dio testimonio de su fe en Jesús hasta el último momento de su vida. En la hora de su muerte dijo: “Veo el cielo abierto; y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios” (Hechos 7,56). Y al caerse muerto bajo las piedras imitó a Jesús, gritando: “¡Señor, no les tengas en cuenta este pecado!” (Hechos 7,60; Lc 23,34).
• Jesús había dicho: “Cuando los juzguen, no se preocupen por lo que van a decir ni cómo tendrán que hacerlo; en esa misma hora se les dará lo que van a decir; Pues no van a ser ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de su Padre, el que les hablará por ustedes”. Esta profecía se realizó también en Esteban. Sus adversarios “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (Hechos 6,10). “Los miembros del sanedrín tuvieron la impresión de ver en su rostro el rostro de un ángel” (Hechos 6,15). Esteban hablaba “repleto de Espíritu Santo” (Hechos 7,55). Por esto, la rabia de los demás era tan grande y lo lincharon.
• Hoy también sucede lo mismo. En muchos lugares mucha gente es arrastrada ante los tribunales y sabe dar respuestas que superan en sabiduría las de sabios y entendidos (Lc 10,21).

4) Para la reflexión personal

• Poniéndote en la posición de Esteban: ¿has sufrido alguna vez por causa de tu fidelidad al Evangelio?
• La sencillez del pesebre y la dureza del martirio van a la par en la vida de Santos y Santas y en la vida de tantas personas que hoy son perseguidas hasta la muerte por causa de su fidelidad al evangelio. ¿Tú conoces de cerca personas así?

5) Oración final

En ti, Yahvé, me cobijo,
¡nunca quede defraudado!
¡Líbrame conforme a tu justicia,
tiende a mí tu oído, date prisa! (Sal 31,2-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 8, 1-9

«81En aquellos días, estando mucha muchedumbrey no teniendo qué comer, llamando a sí a los discípulos les dice: 2“Tengo compasiónde la muchedumbre, porque han permanecido conmigo ya tres días y no tienen qué comer. 3Y si los despido a sus casashambrientos, desfallecerán por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos”.

4Y le respondieron susdiscípulos: “¿Cómo podrá alguien saciar depanesa todos estos aquí en el desierto?”.

<

p style=”text-align:justify;”>5Y les preguntó: “¿Cuántos panestenéis?”.
Pero ellos dijeron: “Siete”.
6Y manda a la muchedumbresentarse sobre la tierra.
Y, tomando los siete panes, dando gracias, [los] partió y [los] daba a sus discípulospara que [los] repartieran; y ellos los repartieron a la muchedumbre.
7Y tenían unos pocos pececillos. Y, bendiciéndolos, dijo de repartir también esos.

<

p style=”text-align:justify;”>8Y comierony fueron saciados, y recogieron de los trozos sobrantes siete cestos. 9Pero eran unos cuatro mil.


Y los despidió.

  • La transición de la historia de la curación del sordomudo en 7,31-37 a la narración de la alimentación de los cuatro mil en 8,1-9 se realiza en parte a través de las alusiones bíblicas de Mc 7,37 (que son Gn 1,31 e Is 35,5-6). Ellas sugieren que las curaciones de Jesús forman parte de un acontecimiento creador comparable con la creación primordial y que son un signo de la llegada de la nueva edad de Dios. De modo que no es casual que las primeras palabras de la nueva perícopa sean una fórmula escatológica: «En aquellos días». Más aún, el segundo de los pasajes a los que aludía Mc 7,37 (Is 35,5-6) acontece en un contexto en el que se habla del desierto que germina de un modo milagroso (cf. Is 35,1-2.6-7). Este contexto puede ser responsable de que Marcos haya colocado inmediatamente después de la alusión al desierto (que parece estar al fondo de 7,37) un pasaje que habla de un milagro en el desierto (la multiplicación). Marcos ha destacado esta ubicación de desierto con la pregunta de los discípulos que sirve para crear el escenario: «¿Cómo podrá alguien saciar de panes a todos estos aquí en el desierto?» (8,4). 
Esta pregunta plantea uno de los temas exegéticos principales de nuestro pasaje: ¿Cómo podían los discípulos, que habían visto poco antes la manera en que Jesús había alimentado a cinco mil hombres en el desierto (6,30-44), dudar ahora de su capacidad para alimentar a cuatro mil personas de un modo semejante? La pregunta de los discípulos suena más bien como la reacción de personas que nunca han vivido un acontecimiento de ese tipo. A pesar de ello, unas preguntas como esas constituyen un rasgo frecuente de las historias de milagros; su función consiste en poner de relieve el carácter inusitado del milagro que acontecerá muy pronto (cf. Mc 5,35; 16,3; Lc 1,18.34; Jn 6,5.9; 11,37). 
Sin embargo, este «enredo» de la narración, unido a los sorprendentes paralelos entre los dos pasajes de las multiplicaciones, ha hecho que muchos comentaristas piensen que 6,30-44 y 8,1-11 constituyen dos variantes narrativas de un mismo acontecimiento. Pero no todos los investigadores están de acuerdo con esa respuesta. 
La estructura de nuestro pasaje es muy semejante a la de 6,30-44. La narración se divide en tres partes: 1) la descripción del problema, es decir, la falta de comida y la distancia al lugar en que puede encontrarse (8,1-4); 2) la multiplicación/alimentación en cuanto tal (8,5-7); 3) las notas conclusivas sobre la cantidad de las sobras, el número de personas alimentadas y la forma en que Jesús despide a la multitud (8,8-9). 

  • 8,1-4: De un modo bastante inusual para Marcos, nuestro pasaje no comienza con un cambio de lugar por parte de Jesús y sus discípulos. Puede asumirse, por tanto, que seguimos estando en la Decápolis, la región del pasaje anterior, un área dominada por gentiles. Una multitud de esos gentiles se congrega en torno a Jesús y él tiene compasión de ellos: expresa su compasión indicando a sus discípulos la necesidad de comer que tiene la muchedumbre (8,1-2a). Lo mismo que en Jn 6 pero en contra de Mc 6, Jesús mismo toma la iniciativa de ayudar a la muchedumbre, haciendo que los discípulos sean conscientes del problema de la gente. Jesús hace ver que la multitud ha estado con él en el desierto a lo largo de tres días y que ahora ya no tiene nada que comer (8,2b). El motivo de los «tres días» pone de relieve la magnitud de la necesidad; puede estar relacionado con la tradición bíblica en la que se dice que Dios ayuda a su pueblo al tercer día o después de tres días (cf. Os 6,2). Pero en el contexto de Marcos esta indicación puede haber sido pensada también para anticipar el despliegue del poder de salvación escatológica de Dios «al tercer día», es decir, en el día de la resurrección de Jesús. 
Marcos pone aún más de relieve el problema cuando recoge la observación de Jesús diciendo que «algunos de ellos han venido de lejos» (8,3). Este comentario apoya la opinión de que Jesús ayuda aquí a no judíos, de modo que el texto sigue ocupándose de los gentiles, lo mismo que 7,24-30 y 7,31-37. En esa línea recordamos que, desde el punto de vista judío, los gentiles eran gentes que se hallaban «muy lejos» de Dios; incluso algunos textos cristianos primitivos retoman esta imagen. 


Esta visión, según la cual 8,1-9 presenta una multiplicación para los gentiles, no va en contra de la afirmación de que nuestro pasaje tiene un importante trasfondo veterotestamentario, fundado en las tradiciones sobre las alimentaciones milagrosas de los israelitas en el desierto. Mateo, que no parece compartir la idea de que aquellos a los que Jesús alimenta en este pasaje sean gentiles, opta por omitir las palabras sobre la gente que viene de lejos (cf. Mt 15,32-39).

Jesus plantea ante sus discípulos su observación compasiva, manifestando que quiere hacer algo en favor de la multitud de los gentiles, pero ellos le responden con una pregunta escéptica en 8,4. Como hemos indicado ya, esta pregunta es ilógica, pues los discípulos conocen la anterior multiplicación milagrosa de Jesús; pero cumple varias funciones. Hemos visto que la pregunta realza la grandeza del milagro que ha de seguir, destacando antes su dificultad. Sirve también para evocar la tipología del éxodo, que subyace a nuestro pasaje y a toda esta sección del evangelio, la cual presenta unos paralelos verbales sorprendentes con las referencias al camino de Israel por el desierto tal como aparecen en Sal 78,19-20 y en Nm 11,13-14. Además, temáticamente esa pregunta reproduce los esquemas del Antiguo Testamento, dado que en el Pentateuco los israelitas dudaban y murmuraban incluso después de que Dios les había salvado milagrosamente.

Pero la pregunta de los discípulos también es importante porque la increíble cerrazón de mente que muestran cuadra bien dentro de la temática de Marcos. Los mismos doce discípulos que han visto a Jesús realizando precisamente el mismo tipo de milagro (en 6,30-44) son los que ahora lo declaran imposible.

  • 8,5-7: La pregunta de los discípulos queda rápidamente respondida: Jesús puede ofrecer pan en el desierto porque él posee una fuente de poder que no le ha sido dada por seres humanos, sino desde el cielo (cf. 11,30). La «alimentación» en sí misma se describe casi en los mismos términos que en 6,30-44 y también esta recuerda los temas del Éxodo y anticipa la Eucaristía cristiana y el Banquete mesiánico (cf. comentario sobre 6,38-42). Una comida con pescado formaba también parte de algunas memorias judías del Éxodo y de ciertas esperanzas de la edad futura. En esa línea, el pez se convirtió en un elemento modélico de la iconografía eucarística cristiana. Así pues, nuestro pasaje refuerza los tonos de Éxodo, Eucaristía y esperanza escatológica de la primera multiplicación. 
En nuestro pasaje, igual que en el anterior, también se pone de relieve la importante función que desempeñan los discípulos. Jesús les pregunta primero cuántos panes tienen (8,5), y escucha su respuesta; después manda que la muchedumbre se siente en el suelo (8,6a), da gracias y distribuye los panes a través de los discípulos (8,6b). Finalmente, Jesús bendice y distribuye también los peces (8,7). Si la comparamos con la precedente, vemos que esta narración pone más de relieve la función mediadora que cumplen en la distribución del pan: Jesús «iba dando [los panes] a sus discípulos para que los repartieran y ellos los repartieron a la muchedumbre» (8,6b). Esta mediación se encuentra relacionada con el simbolismo eucarístico de la distribución de los panes; puede reflejar la situación pospascual, propia de un tiempo en que los Doce y otros líderes de la Iglesia oficiaban en la eucaristía. Así que la visión de Marcos sobre los discípulos no es totalmente negativa, incluso en un pasaje en el que ellos muestran una estupidez verdaderamente monumental. A pesar de sus debilidades, Jesús los utilizará para transmitir el don de Dios a las multitudes. 

  • 8,8-9: El pasaje concluye con un breve comentario sobre la muchedumbre que come y queda saciada, la cantidad de sobras (siete cestos), el número de los participantes (cuatro mil) y la forma en que Jesús despide a la muchedumbre. Los números han atraído la atención de los estudiosos de un modo especial; algunos piensan que esos números dan a entender que la multitud estaba integrada por gentiles. Sin duda, nuestro pasaje supone que aquí Jesús está alimentando a los gentiles; pero resulta dudoso que eso pueda deducirse con seguridad del simbolismo del número siete y del cuatro mil. El más importante de esos números es el siete, como manifiesta el hecho de que aparezca tres veces aquí (8,5.6.8) y de nuevo en 8,20. Pero el número «siete» no parece especialmente asociado a los gentiles, ni en las fuentes judías ni en Marcos. Si en nuestro pasaje tiene alguna asociación especial, será con la noción de la plenitud escatológica y con la identificación de Jesús como figura mosaica. 


La alimentación de los cuatro mil constituye para quienes tienen «ojos para ver» una epifanía secreta: revela que, a través de Jesús, el poder escatológico de Dios fluye ya en el desierto de este mundo. Las puertas del cielo se han abierto (cf. 1,10) y, como sucedió con Moisés, el tesoro del maná desciende de nuevo. Resulta, pues, irónico que, en el pasaje siguiente, quienes se declaran discípulos de Moisés (los fariseos) desafíen a Jesús, pidiéndole un signo del cielo; así, sin ellos saberlo, retoman la función de los israelitas que murmuraban en el desierto.

Miércoles de la Octava de Navidad

Jesús anuncia tiempos de persecución para sus apóstoles y seguidores: Os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa. No tuvieron que pasar muchos años para que tales predicciones se cumplieran. Ya la primera evangelización protagonizada por los apóstoles estuvo marcada por el rechazo y la confrontación: comparecencias y juicios sumariales ante tribunales como el Sanedrín judío, flagelaciones, cárceles, amenazas, prohibiciones. De todo ello da buena cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles. Y a no mucho tardar empezaron a llegar los martirios acompañados de derramamiento de sangre; primero fue Esteban, el diácono protomártir, que murió lapidado mientras pedía el perdón para sus asesinos; después fue Santiago, obispo de Jerusalén, a quien el rey Herodes mandó decapitar; y más tarde, los martirios de Pedro y Pablo, en Roma, bajo la persecución de Nerón. A estos se sumaron otros muchos a lo largo de los tres primeros siglos.

Realmente la primera evangelización estuvo regada con sangre, pero semejante riego dio más fuerza a la semilla que prendió en el corazón de judíos y paganos con mayor arraigo. El momento martirial, el momento en que el testigo se enfrentaba al tribunal y a la sentencia de muerte, era sin duda el momento más propicio para el testimonio, como había anunciado Jesús: Así, daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Para este testimonio no era precisa la preparación de un largo y atinado discurso; bastaba con la disposición martirial; bastaba con estar dispuesto a dar la vida por Jesucristo, el primer mártir de la era cristiana. Por eso, no debían preocuparse de lo que tendrían que decir en ese trance ni de cómo habrían de decirlo. El Espíritu del que estaban ungidos les sugeriría en su momento lo que tenían que decir. Aquí lo que contaba no era la belleza o la justeza del discurso, sino la veracidad del testimonio, el impulso del Espíritu junto con el testimonio de una vida dispuesta a sacrificarse por Cristo y por su causa. No era siquiera necesario prepararse mentalmente para decir una palabra acertada; el Espíritu de Dios hablaría por ellos, si fuera preciso hablar.

El odio vertido en la persecución llegará a confundir las mentes y las voluntades de muchos y perturbará profundamente las ligaciones más naturales. El rango de la persecución alcanzará cotas tan crueles y despiadadas que no se detendrá ante parentescos y lazos de sangre. El odio que atizará este fuego indiscriminado que querrá acabar con todo lo cristiano, ya sea un objeto, una persona, una indumentaria, un signo, etc., se introducirá con una fuerza inusitada en el mismo círculo familiar haciendo saltar por los aires los vínculos más íntimos que mantienen unidos a padres e hijos y a hermanos. Y habrá traiciones y denuncias entre los miembros de la misma familia: Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos, se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán“. El odio contra todo lo que tenga aspecto de cristiano adquirirá tales dimensiones que parecerá universal, o al menos torrencial. Basta leer algunos testimonios martiriales como la Pasión de Perpetua y Felicidad o la segunda Apología de San Justino para tomar conciencia de esta cruel realidad que parecía sostenida por el mismo demonio y que venía a corroborar con exactitud asombrosa lo predicho por Jesús.

Pero en medio de esta tenebrosa predicción hay una última palabra que nos abre un horizonte de salvación: el que persevere hasta el final, se salvará. La perseverancia lo es todo en orden a alcanzar el objetivo. Y aquí lo que importa no es conservar la vida, una vida que necesariamente hemos de perder, sino ganar la vida que nos espera, lograr la definitiva salvación. Lo que importa a todos los efectos es la salvación y con ella la consecución de la vida sin término o vida perdurable. Pues bien –nos asegura Jesús-, todo el que persevere en el testimonio –aunque ello exija la entrega de la propia vida- hasta el final, obtendrá la salvación. Si éste es el bien más valioso y estimable que podamos imaginar, cualquier otro bien, gasto o renuncia que arriesguemos en el intento hemos de darlo por bien empeñado, o gastado, o renunciado.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis communio – Francisco I

1. La comunión episcopal (Episcopalis communio), con Pedro y bajo Pedro, se manifiesta de forma peculiar en el Sínodo de los Obispos, que, instituido por Pablo VI el 15 de septiembre de 1965, constituye una de las herencias más valiosas del Concilio Vaticano II[1]. Desde entonces, el Sínodo, nuevo en su institución pero antiquísimo en su inspiración, colabora eficazmente con el Romano Pontífice, según las formas por él mismo establecidas, en las cuestiones de mayor importancia, es decir aquellas que requieren especial ciencia y prudencia para el bien de toda la Iglesia. De tal manera, el Sínodo de los Obispos, «que obra en nombre de todo el episcopado católico, manifiesta, al mismo tiempo, que todos los Obispos en comunión jerárquica son partícipes de la solicitud de toda la Iglesia»[2].

Durante más de cincuenta años, las Asambleas del Sínodo se han revelado como un instrumento válido de conocimiento recíproco entre los Obispos, oración común, debate leal, profundización de la doctrina cristiana, reforma de las estructuras eclesiásticas, promoción de la actividad pastoral en todo el mundo. De esta manera, tales asambleas no se han configurado solamente como un lugar privilegiado de interpretación y recepción del rico magisterio conciliar, sino que han contribuido también a dar un notable impulso al magisterio pontificio posterior.

También hoy, en un momento histórico en el que la Iglesia se adentra en «una nueva etapa evangelizadora»[3], que le pide constituirse «en todas las regiones de la tierra en un “estado permanente de misión”»[4], el Sínodo de los Obispos está llamado, como cualquier otra institución eclesiástica, a convertirse cada vez más en «cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación»[5]. Sobre todo, como ya deseaba el Concilio, es necesario que el Sínodo, consciente de que pertenece, ante todo, «al cuerpo de los Obispos la preocupación de anunciar el Evangelio en todo el mundo», se comprometa a promover con especial cuidado «la actividad misionera, deber supremo y santísimo de la Iglesia»[6].


[1] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Christus Dominus (28 octubre 1965), 5.

[2] Ibíd.; cf. S. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsin. Pastores gregis (16 octubre 2003), 58.

[3] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 1.

[4] Ibíd., 25.

[5] Ibíd., 27.

[6] Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes (7 octubre 1965), 29; cf. Id., Const. dogm. Lumen gentium (21 noviembre 1964), 23.

Comentario Domingo de la Sagrada Familia

Oración preparatoria

Señor Jesús, que Tu Espíritu me ensanche el corazón para entrar en Tu palabra y seguirte según Tu propuesta, no según la mía, para acertar a intuirte y encontrarte allí donde estés, me lo espere o no, sea según mis planes o sea rompiéndolos. ¡Ábrete paso en mi corazón, Señor! AMEN.

 

Lc 2, 41-52

«41Y sus padres iban cada año a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. 42Y cuando hizo doce años, subieron según la costumbre a la fiesta. 43Y, habiéndose cumplido los días, al volverse ellos, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, y no lo supieron sus padres,

44pero pensando que él estaría en la caravana, fueron un día de camino y lo buscaban entre los parientes y los conocidos; 45y, al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalénpara buscarlo.

46Y sucedió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, y escuchándolos y preguntándoles; 47pero todos los que lo escucha- ban, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.

48Y, al verlo, se quedaron sorprendidos y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos”.

49Y les dijo: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas demi Padre?”. 50Y ellos no comprendieron la palabra que les habló. 51Y bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.

Y su madre conservaba cuidadosamente todas las palabras en su corazón. 52Y Jesúscrecía en sabiduría y estatura y gracia ante Dios y ante las gentes».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Leemos el final del relato de infancia en la versión de Lucas (Lucas 1-2). Es un relato más teológico y cristológico que histórico. En él son presentados los temas que serán básicos en el evangelio de Lucas: Jerusalén, el Templo, la filiación divina de Jesús, los pobres, la alegría, el Padre misericordioso… Algunos de estos motivos están presentes en nuestro texto. Tras el nacimiento de Jesús, su circuncisión y presenta- ción en el Templo (2,1-28), y las profecías de Simeón y de Ana (2,29-38), “se cumpletodo según la Ley del Señor” y comienza la vida cotidiana en Nazaret. Hay una insistencia en el crecimiento en diversos aspectos del niño Jesús (2,40.52) y, como muestra del mismo, este episodio de Jesús entre los doctores (2,41-52). Tras él, la mirada del narrador se torna de nuevo a Juan Bautista, que ya vimos el segundo domingo de adviento (3,1-6).

 

TEXTO

La unidad textual está delimitada por las referencias al crecimiento de Jesús (vv. 40 y 52) y podemos estructurarla en cinco partes:

a) vv. 41-43: la situación: Jesús se queda en Jerusalén aprovechando la peregrina-ción por la fiesta de Pascua. “Sus padres” abre y cierra esta parte;

b) vv. 44-45: la búsqueda de los padres de Jesús en la caravana de peregrinos y su regreso a Jerusalén para buscarlo, que es la palabra-clave;

c) vv. 46-47: encuentran a Jesús en el Templo, en diálogo con los maestros de Israel, y la reacción sorprendida de todos;

d) vv. 48-50: diálogo de María con Jesús, donde destaca la contraposición “tu padre-mi Padre” y el importante verbo “debía” (“era necesario”, algo que debe acontecer porvoluntad de Dios);

e) vv. 51-52: el retorno de la familia a Nazaret, la actitud de María y el crecimiento, a diversos niveles, de Jesús.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El episodio sirve para realzar la importancia de Jerusalén, la ciudad elegida por Dios, como escenario de la vida, la misión, el destino sufriente y el destino glorioso de Jesús en el evangelio de Lucas: todo se orienta a Jerusalén desde su infancia y todo llegará a plenitud en la ciudad santa. También nuestra vida militante y nuestra misión cristiana precisa de un escenario, un lugar de concreción.

• El texto insiste en la búsqueda de Jesús (cf. vv. 44.45.48.49). José y María son los padres de Jesús, pero no por eso dejan de correr el riesgo de perderlo. No es Jesús el que debe seguir a los demás sino al contrario. Y a veces Jesús se nos “escapa” y hay que buscarle en ámbitos o personas que igual nos sorprenden. En todo caso, la necesidad de encontrar a Jesús, de encontrarnos con él, debe ser una característica esencial de nuestra vida cristiana.

• El texto insiste también en las reacciones de estupefacción de todos los que le oían (v. 47), de sorpresa (v. 48) y de incomprensión (v. 50) de sus propios padres…

• La conversación de María con Jesús deja claro que Jesús se debe a alguien superior, su Padre. Ante todo, debe obedecer a Dios Padre, ocuparse en la misión encomendada por Él. Antes que los vínculos familiares, antes que los proyectos personales, antes que cualquier otra cosa, está el proyecto de Dios y su encargo. Pero Jesús es una persona de dos fidelidades: primero, fidelidad a Dios, Padre celestial; después, fidelidad a sus padres de Nazaret, a quienes estaba sujeto (v. 51). No debemos romper la armonía de una fidelidad a Dios que supone también fidelidad a las personas y situaciones con/en las que vivimos. Ser fiel a Dios nunca supone una “fuga del mundo”.

• María “conservaba cuidadosamente todas las palabras en su corazón”: nos enseña que toda persona creyente debe crecer en la vivencia del Misterio. La fe supone un itinerario espiritual que necesita de reflexión, meditación, profundidad. ¿Somos creyentes preocupados en crecer como tales? ¿Seguimos profundizando en la fe?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo de la Sagrada Familia

El evangelio de hoy nos presenta un episodio en la vida familiar de Jesús. Una familia unida, amorosa y piadosa. Viajaron desde muy lejos para ir a visitar el templo, la casa de Dios. Jesús, un niño inteligente y decidido, se separa de sus padres para conocer más sobre su Padre del Cielo, para preguntar y responder a los sacerdotes del templo. María y José debieron pasar momentos muy difíciles mientras lo encontraban. Finalmente lo encuentran y Jesús les explica por qué lo hizo: “debo ocuparme de las cosas de mi Padre”.

Imagina lo importante que es tener una familia, que hasta Jesús siendo Dios, nació y creció en una familia. Nuestra familia nos enseña a amar, a compartir, a respetar, a conocernos y a desarrollar las cualidades que Dios puso en nosotros.

Por eso debemos cuidar nuestra familia y buscar que en ella siempre se viva un ambiente de amor y de respeto. Y para lograrlo, Jesús hoy nos da una pista de cómo podemos hacerlo: “ocuparnos de las cosas de Dios”. Si en nuestra familia le dedicamos tiempo a Dios a través de la oración, la lectura de la Biblia, la confesión, la comunión, la misa de cada domingo… ¡Dios siempre estará en medio de nosotros!

¡Busquemos que nuestra familia se parezca a la de Jesús!

¿Acostumbramos rezar juntos? ¿Asistimos a misa cada domingo? ¿Nos perdonamos cuando nos equivocamos? ¿Nos ayudamos y nos tratamos con amor?…

Comentario al evangelio – 26 de diciembre

Perseverar en la dificultad

La liturgia nos recuerda con crudeza que el mundo en el que ha nacido el hijo de María, el Hijo de Dios, es un mundo hostil, en el que dominan fuerzas mortíferas, que consideran que hacen un bien eliminando a los enemigos, matando a los oponentes. San Esteban, el protomártir, ve cómo se le arrebata la vida por dar testimonio del Dios hecho carne en el hombre de Nazaret, en el niño nacido en Belén, que contemplábamos ayer. Los ángeles cantan, los pastores adoran, pero también se organizan fuerzas siniestras que quieren acallar la Palabra que nos habla, nos llama, nos cura y nos salva en un lenguaje que podemos entender. El martirio de Esteban es un reflejo de la Pasión de Cristo: “Si el mundo os odia, sabed que antes me ha odiado a mí” (Jn 15, 16). No es fácil comprender ese odio al que habla palabras de amor y perdón, y pasa haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo (cf. Hch 10, 38).

Pero el recuerdo de este reflejo de la Pasión no pretende empañar el misterio de la Navidad ni oscurecer su luz. Al contrario, nos recuerda el sentido profundo de este nacimiento: “Si alguno pregunta por el misterio se sentirá llevado a afirmar más bien, que no fue su muerte una consecuencia de su nacimiento, sino que él nació para poder morir” (S. Gregorio Nacianceno). Jesús ha nacido para comunicarnos la vida de Dios, que es el amor, es decir, para dar su vida por amor. Y es este amor la luz que ilumina la noche de la humanidad, la oscuridad del odio. Al recordar el martirio de San Esteban, la liturgia nos avisa de que acoger al niño nacido en Belén significa en definitiva asumir su mismo modo de vida: tratar de hacer de nuestra vida una entrega por amor. Y esto puede, extrañamente, atraernos el odio de este mundo. Pero no hay que temer: esto será ocasión para dar testimonio ante el mundo de ese mismo amor, de perseverar, a pesar de los pesares, en esa voluntad de amar hasta el final. 

José M. Vegas CMF