Vísperas – San Juan apóstol

27 de DICIEMBRE

VÍSPERAS

SAN JUAN Apóstol y Evangelista, fiesta

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Blanco lirio, florecido
la noche de Navidad,
en la cumbre del Calvario,
¡cómo te deshojarán!

El niño Jesús
lloraba, lloraba,
lo han circuncidado
y su sangre mana.
Canciones del cielo
María le canta
y, mientras lo arrulla,
lo baña en sus lágrimas.

Niñito, no llores.
Madre, el llanto acalla,
que por esta sangre
llega la esperanza,
que por este llanto
comienza la gracia,
que por esta muerte
renacen las almas.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

SALMO 129: DESDE LO HONDO, A TI GRITO, SEÑOR

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

CÁNTICO del COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

LECTURA: Rm 8, 3b-4

Dios envió a su Hijo encarnado en una carne pecadora como la nuestra, haciéndolo víctima por el pecado, y en su carne condenó el pecado. Así, la justicia que proponía la ley puede realizarse en nosotros, que ya no procedemos dirigidos por la carne, sino por el Espíritu.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, Aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Por ti, Virgen María, han llegado a su cumplimiento los oráculos de los profetas que anunciaron a Cristo: siendo virgen, concebiste al Hijo de Dios, y, permaneciendo virgen, lo engendraste.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Por ti, Virgen María, han llegado a su cumplimiento los oráculos de los profetas que anunciaron a Cristo: siendo virgen, concebiste al Hijo de Dios, y, permaneciendo virgen, lo engendraste.

PRECES

Oremos, hermanos, a Dios Padre, que por su gran amor hacia nosotros nos ha enviado a su Hijo y digámosle:

Que la gracia de tu Hijo nos acompañe, Señor.

  • Dios de amor y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que te has compadecido de los que viven en las tinieblas,
    — escucha las súplicas que te dirigimos por la salvación de todos los hombres.
  • Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tierra;
    — bendice al pueblo cristiano y concédele abundancia de paz.
  • Padre de todos los hombres, encamina a los pueblos al conocimiento de Jesucristo
    — y da a los gobernantes de las naciones la luz de tu Espíritu.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que en el nacimiento de tu Hijo, hiciste proclamar la paz en la tierra,
    — concede paz eterna a nuestros hermanos difuntos.

Porque todos nos sabemos hermanos, hijos de un mismo Dios, confiadamente nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Concede, Señor todopoderoso, a los que vivimos inmersos en la luz de tu Palabra hecha carne, que resplandezca en nuestras obras la fe que haces brillar en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Amén.

Lectio Divina – 27 de diciembre

Lectio: Jueves, 27 Diciembre, 2018

1) Oración inicial

Dios nuestro, que por medio del apóstol san Juan, has querido descubrirnos la profundidad de la vida y del amor de tu Hijo, haz que seamos capaces de conocer y de amar cada día más a Jesucristo, nuestro redentor, que vive y reina ….

2) Lectura

Del santo Evangelio según Juan 20,2-8
Echa a correr y llega a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio los lienzos en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve los lienzos en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy trae el pasaje del Evangelio de Juan, que habla del Discípulo Amado. Probablemente, se escogió este texto para que se lea y medite en el día de hoy, fiesta de San Juan Evangelista, por la identificación espontánea que todos hacemos del discípulo amado con el apóstol Juan. Lo curioso es que en ningún trozo del evangelio de Juan se dice que el discípulo amado es Juan. Pero desde el más remoto inicio de la Iglesia, siempre se insistió en la identificación de los dos. Por ello, insistiendo en la semejanza entre los dos, corremos el riesgo de perder un aspecto muy importante del mensaje del Evangelio respecto al discípulo amado.
• En el evangelio de Juan el discípulo amado representa la nueva comunidad que nace alrededor de Jesús. El Discípulo Amado está a los pies de la Cruz, junto a María, la madre de Jesús (Jn 19,26). María representa el Pueblo de la antigua alianza. Al final del siglo primero, época en que se hizo la redacción final del Evangelio de Juan, había un conflicto creciente entre la sinagoga y la iglesia. Algunos cristianos querían abandonar el Antiguo Testamento y quedarse sólo con el Nuevo Testamento. A los pies de la Cruz, Jesús dice: “Mujer, ¡he aquí a tu hijo!” y al discípulo amado: “Hijo, ¡he aquí a tu madre!” Y los dos tienen que permanecer unidos, como madre e hijo. Separar el Antiguo Testamento del Nuevo Testamento, en aquel tiempo era lo mismo que lo que hoy llamamos separación entre fe (NT) y vida (AT).
• En el evangelio de hoy, Pedro y el Discípulo Amado, alertados por el testimonio de María Magdalena, corren juntos hacia el Santo Sepulcro. El joven es más veloz que el viejo y llega primero. Mira dentro del sepulcro, observa todo, pero no entra. Deja que Pedro entre. Pedro entra. Es sugestiva la manera en que el evangelio describe la reacción de los dos hombres ante lo que ambos ven: “Entró a la sepultura y vio los lienzos por el suelo. El sudario que pasaba sobre la cabeza no estaba en el suelo como los lienzos, sino enrollado en su mismo lugar. Entonces el otro discípulo, que había llegado primero, entró a su vez, vio y creyó”. Ambos vieron la misma cosa, pero sólo se dice del Discípulo Amado que creyó: “Entonces el otro discípulo, que había llegado primero, entró a su vez, vio y creyó” Por qué? ¿Será que Pedro no creyó?
• El discípulo amado tiene una mirada diferente que percibe más que los demás. Tiene una mirada amorosa que percibe la presencia de la novedad de Jesús. De madrugada, después de aquella noche de búsqueda y después de la pesca milagrosa, es él, el discípulo amado, que percibe la presencia de Jesús y dice “¡Es el Señor!” (Jo 21,7). En aquella ocasión, Pedro, alertado por la afirmación del discípulo amado también reconoce y empieza a entender. Pedro aprende del discípulo amado. Enseguida Jesús pregunta tres veces: “Pedro, ¿me amas tú?” (Jn 21,15.16.17). Por tres veces, Pedro respondió: “¡Tú sabes que yo te amo¡” Después de la tercera vez, Jesús confía las ovejas a los cuidados de Pedro, pues en ese momento también Pedro se vuelve “Discípulo Amado”.

4) Para la reflexión personal

• Todos los que creemos en Jesús somos hoy el Discípulo Amado. ¿Será que tengo la misma mirada amorosa para percibir la presencia de Dios y creer en su resurrección?
• Separar el Antiguo del Nuevo Testamento es lo mismo que separar Vida y Fe. ¿Cómo hago y vivo esto?

5) Oración final

Los montes se derriten como cera,
ante el Dueño de toda la tierra;
los cielos proclaman su justicia,
los pueblos todos ven su gloria. (Sal 97,5-6)

Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

61.- “Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento han sido y serán siempre venerados como santos en todas las tradiciones litúrgicas de la Iglesia.”

También por lo tanto existe san Abraham, san Elías, Isaías o lo que fuere. Consideramos santos, aunque obviamente son santos, la Iglesia no ha hecho ninguna especie de proceso de canonización, entendámoslo, hacia estos personajes, patriarcas y profetas y otros personajes del Antiguo Testamento, pero los considera santos. Y en la liturgia se les celebra como si fueran santos. Muchas veces no les llamamos san Isaías, le llamamos el profeta Isaías, pero les damos una dignidad de santos. Y es verdad que su santidad, comparativamente con lo que nosotros entendemos hoy día por una santo, puedan tener muchas contradicciones, como las que he hablado de Abraham en su vida, pero es que tenemos que tener en cuenta que en el Antiguo Testamento todavía no se tenía la plenitud de la revelación en Jesucristo, luego se tonteaba con muchas cosas y se consideraba como normales y bendecidas por Dios cosas que luego sabemos que no son así, como la poligamia. Pero fijaros se trata de los hombres que oyeron la voz de Dios, que siguieron sus designios, que siguieron sus caminos y que fueron fieles a Dios en la medida en que se puede ser fiel en ese momento en que todavía no se tenía la plenitud de la gracia en Jesucristo. Por eso dice que en todas las tradiciones litúrgicas, también las orientales y occidentales, se les considera como santos.

Jueves de la Octava de Navidad

Llamamos “santos inocentes” a esos niños de dos años para abajo mandados matar por Herodes en Belén y sus alrededores. Los celebramos como “santos” sin que ellos tuvieran que hacer nada para obtener ese título salvo haber nacido en un determinado tiempo y lugar. Al parecer, el megalómano rey Herodes vio en el niño de Belén, el Mesías profetizado, un serio rival que hacía peligrar su propio reinado. Por eso, al saberse burlado por los Magos, de quienes habría de recibir noticias, montó en cólera y mandó matar a todos los niños de Belén y sus alrededores menores de dos años para aniquilar, en conformidad con sus cálculos, al futuro rey-Mesías que debía encontrarse entre ellos. Pero, el niño en cuestión no estaba entre ellos. El ángel había avisado a José con tiempo para que tomara al niño y a su madre y huyera con ellos al país vecino de Egipto. De este modo podría evitar la muerte segura a manos del tirano que estaba al acecho.

El niño Jesús no murió, porque su padre fue avisado con antelación de las acechanzas de su enemigo. Pero otros muchos niños sí murieron en su lugar, cumpliéndose así el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes: es Raquel, que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo, porque ya no viven». Es el llanto de las madres bethlemitas que vieron cómo los soldados de Herodes les arrebataban de los brazos a sus hijos para ser degollados en su presencia. Ambos lamentos, el de las madres y el de los hijos, se mezclaron para constituir un clamor que ha llegado hasta nosotros. Y a éste se añade el llanto de tantos niños inocentes que mueren víctimas de las injusticias humanas, niños desnutridos, enfermos, abandonados, maltratados, violados, asesinados, niños no deseados, cuyas vidas se han visto segadas antes de ver la luz, en el seno de sus propias madres y por iniciativa de estas; en fin, niños inocentes que siguen muriendo a manos de adultos sin escrúpulos.

El clamor de estos niños no puede quedar sin respuesta por parte de ese Dios que tiene entrañas de Padre. Y su primera respuesta debe ser sin duda la acogida que les ha dispensado en su propia casa. Si los hombres no han querido acogerles en esta tierra que les vio nacer o en ese seno en el que fueron concebidos, Dios sí les acogerá en su cielo, porque en ellos no hay pecado que se lo impida. Pero también forma parte de su respuesta la condena sin paliativos de esa conducta criminal e impía de que hacen alarde quienes les conducen a la muerte sin reparar en daños.

Pero las madres que han perdido a sus hijos contra su voluntad y en circunstancias tan terribles, se preguntarán: ¿Por qué permite Dios, ese Dios que se cuida de todas sus criaturas y a quien no se le escapa el más mínimo detalle, muertes tan prematuras y crímenes tan detestables? Son vidas inocentes y vidas truncadas, que no han tenido tiempo ni posibilidades para desarrollarse. ¿Nacieron para morir al poco tiempo de nacer? Algunos mueren aún antes de nacer. ¿Qué sentido tienen estas vidas que quedan aniquiladas en sus comienzos? Por muy absurda que nos parezca esta trayectoria vital sin apenas trayecto, lo cierto –es lo que proclama la fe- es que nacieron para la eternidad. No nacieron para vivir en el tiempo, pues apenas gozaron de tiempo para esto, pero sí nacieron para vivir en la eternidad. Y para eso hemos nacido todos, vivamos más o menos años en el tiempo. En este sentido, el destino para el que fueron concebidos no se ha truncado. Lo han alcanzado más fácilmente que los demás, los que viviendo años y años experimentamos las fatigas de esta vida temporal que acaba, como en ellos, igualmente con la muerte.

Del mal sufrido por los que mueren, Dios saca el bien de la vida eterna; del mal sufrido por los que sufren el impacto de esas muertes (padres, hermanos, parientes, amigos, conmocionados), Dios saca el bien de la paciencia, o de la conformidad, o de las lágrimas saludables, o de la desapropiación, o de la generosidad, o de la renuncia, o de cualquiera de esos bienes que tan asociados están a las situaciones aflictivas de la vida. ¿Pero qué saca del mal (respectivamente, pecado) de los malvados que causan la desgracia? Se me ocurre pensar en el bien de la libertad que todo hombre dispone, incluso para hacer mal uso de ella empleándola para el maleficio. Y en segundo término, otros bienes como el posible arrepentimiento que haga realidad el dicho de san Pablo: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; o el castigo purificador de los que no han sabido usar rectamente de su libertad. Pero no podemos dudar en ningún caso de que si Dios permite tantos males, incluido el sufrimiento y la muerte de los inocentes a manos de criminales, es porque puede sacar bienes de estos males. De no ser así, no lo permitiría, aunque para ello se viese obligado a intervenir para alterar el rumbo de la propia naturaleza tal como salió de sus manos creadoras.

Es cierto que el mal presente en un mundo creado por un Dios poderoso y bueno siempre desconcierta y obliga a formularse preguntas de difícil respuesta: ¿Por qué Dios, que es poderoso, no puede eliminar el mal que hay en el mundo de un plumazo? Si es poderoso, debe poder. ¿Por qué no lo hace entonces? ¿Es que no quiere? Pero si no quiere, ¿en qué consiste su bondad? En nuestra respuesta tenemos que salvar ambas cosas: que Dios es todopoderoso y que es bueno. Si, a pesar de esto, sigue habiendo mal en el mundo, habrá que pensar que tiene algún sentido y que, no siendo absoluto, ha de sustentarse en el bien o ser ocasión para el bien. Aquí hay que distinguir tipos de mal o de privaciones de bien. Mal propiamente dicho es lo que nos priva del bien propiamente dicho; mal definitivo es lo que nos priva del bien definitivo. Sobre estas premisas tendríamos que reflexionar. Pero no lo olvidemos: Dios permite incluso el mal (pecado) que no quiere, al menos con voluntad de complacencia, porque puede sacar bien de él.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID,
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis communio – Francisco I

3. Acogiendo esas peticiones, el 14 de septiembre de 1965, Pablo VI anunció a los Padres conciliares, reunidos para la sesión de apertura del cuarto periodo del Concilio ecuménico, la decisión de instituir de propia iniciativa y con su potestad un organismo denominado Sínodo de los Obispos, que «compuesto de Prelados, nombrados por la mayor parte de las Conferencias Episcopales, con Nuestra aprobación, será convocado, según las necesidades de la Iglesia, por el Romano Pontífice, para su consulta y colaboración, cuando, por el bien general de la Iglesia, esto le parezca oportuno».

En el motu proprio Apostolica sollicitudo, promulgado al día siguiente, el mismo Pontífice instituía el Sínodo de los Obispos, afirmando que este, «por medio del cual los Obispos elegidos de las diversas partes del mundo prestan una ayuda más eficaz al Pastor Supremo de la Iglesia, se constituye de tal forma que sea: a) un instituto eclesiástico central; b) que represente a todo el episcopado católico; c) perpetuo por su naturaleza, y d) en cuanto a la estructura, desempeñe su función en tiempo determinado y según la ocasión»[12].

El Sínodo de los Obispos, que en el nombre se remitía simbólicamente a la antigua y riquísima tradición sinodal de la Iglesia, tenida en gran estima sobre todo en las Iglesias de Oriente, tendría normalmente función consultiva, ofreciendo al Romano Pontífice, bajo el impulso del Espíritu Santo, informaciones y consejos sobre las distintas cuestiones eclesiales. Al mismo tiempo, el Sínodo podría gozar también de potestad deliberativa cuando el Romano Pontífice se lo concediese[13].


[12] N. I.

[13] Cf. Ibíd., II.

Homilía Fiesta de la Sagrada Familia

LA FAMILIA, COMUNIDAD DE AMOR Y SERVICIO

CLAVE, LA FAMILIA

Es conocida la condición de Arquímedes para mover el globo terráqueo: “Dadme un punto de apoyo y moveré la tierra”. En el orden psicológico, eclesial y social, ese punto de apoyo es la familia. De familias sanas, llenas de vitalidad, nacen personas nuevas, una nueva Iglesia y una nueva sociedad. Precisamente para alentar la vida de familia y ayudarla a crecer, en estos días, tan hogareños, la liturgia nos presenta a la familia de Nazaret como referencia para todas las familias cristianas.

Encuestas y estudios sociológicos sobre los valores de los españoles revelan que la familia ocupa el primer lugar. Peco, ante este dato, ciertamente positivo, hay que preguntarse: Es un valor confesado,¿pero es, en la misma medida, un valor vivido? Baste decir que, según todos los estudios, apenas un 10% de las parejas se sienten aceptablemente felices. Sin embargo, hay que decir que felicidad se escribe con “f” de familia. Generalmente los padres viven obsesionados por la felicidad de sus hijos; pero no siempre aciertan a descubrirles que su fuente está en la familia. El regalo más grande que pueden hacerles, el medio más eficaz para lograr esa felicidad es ofrecerles un hogar confortable, hacer que siempre sea Navidad en él.

“…Esa gran cátedra que es la familia”, afirmaba Tierno Galván. La destrucción de la familia es uno de los peores síntomas de disolución de valores en nuestro tiempo. Yo espero que reviva de nuevo la familia como unidad de afectos e intereses. Porque no nos engañemos: la familia es insustituible. El consejo del padre, la piedad de la madre, la observación del hermano, las cuitas y las alegrías compartidas en común… todo esto viene a definir el carácter y a preparar moralmente al hombre que uno va a ser. Sin duda, el futuro de la Iglesia

depende también, en gran medida, del grado de salud de la familia. La tarea pastoral, de evangelización y catequesis, sobre todo a nivel de niños y de jóvenes, sin el protagonismo educativo de la familia, es construir sobre arena. El Concilio Vaticano II afirma rotundamente: “Los padres son los primeros y principales educadores. Su papel en la educación es de tal peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse” (GE 3,1).

LA FAMILIA, COMUNIDAD DE AMOR

Para que la familia sea fiel a sí misma y cumpla su misión, ante todo ha de realizarse como comunidad de amor. Ella tiene como modelos de referencia nada menos que a la Trinidad, en primer lugar. Lo que Jesús pide al Padre para toda comunidad cristiana (que sean uno como tú y yo, Padre, somos uno -Jn 17,21-23-), lo pide también para la familia, Iglesia doméstica.

La familia cristiana tiene también como referencia a la familia de Nazaret, comunidad modélica, sin duda, y a la comunidad de Jerusalén, la madre de todas las comunidades: “Tenían un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32).

Una familia es un verdadero “hogar” (fogón) cuando en ella se vive la amistad entre los cónyuges y con los hijos, cuando hay confianza, confidencia y cordialidad, que implica ternura. Pablo invita a la dulzura en el trato, a evitar asperezas… (Col 3,12-14.18). No es infrecuente que mientras se reserva la amabilidad, la delicadeza de trato para los extraños, caigamos en la brusquedad y falta de respeto con los de la propia familia, con los que nos son más cercanos. A veces no se sabe armonizar el respeto con la confianza. Ser comunidad de amor implica compartir el mismo sentido de la vida, la misma fe, la misma jerarquía de valores. En el caso de la familia “cristiana”, significa tener el mismo espíritu de Jesús, vivenciar los valores del Evangelio. Para lograr esa mutua comunión es imprescindible poner en práctica algunos medios:

La convivencia. El piso, la casa, no puede ser sólo una pensión. La “convivencia” no consiste sólo en “estar en casa”, sino en compartir la vida. No es cuestión de estar sólo

de “cuerpo presente” sino también con toda el alma. Un miembro de nuestra comunidad cristiana me contó esta experiencia: “Llegué a casa a eso de las once de la noche, después de una jornada bastante intensa. Después de saludar a la mujer y a los hijos, les anuncio: ‘Mañana tengo que ir a Madrid en viaje de negocios’. Los dos hijos (la hija de ocho y el hijo de once) protestan: ‘¡Jo!, papá, no te vemos nunca’. Les explico: ‘Es que tengo que trabajar mucho. Ahora mismo necesitamos mucho dinero. Tenemos que arreglar la casa del pueblo, hay que terminar de pagar el piso, hay que cambiar de coche; y vosotros estáis en una edad en que empezáis a necesitar muchas cosas’… ‘No, papá, le replican al instante, nosotros no necesitamos muchas cosas; te necesitamos a ti’. De momento, sus palabras me resbalaron. Pero, cuando estaba acostado, empecé a darle vueltas. Se lo comenté a mi mujer, que me dijo con retintín: ‘Los chicos tienen toda la razón del mundo’.

Las palabras de mis hijos, rematadas por la madre, fueron para mí una verdadera locución divina; a partir de ahí, mi vida familiar dio un gran vuelco. Empecé a tomar en serio la convivencia con los míos”.

El diálogo. Sigue siendo una asignatura pendiente. No se dialoga en profundidad. Se intercambian informaciones, los miembros de la familia dicen cosas, pero no “se dicen”. Por confesión de muchas parejas integradas en grupos matrimoniales, casi el cien por cien confiesa que no conviven ni dialogan lo suficiente con los hijos.

Expresiones de afecto. Es decisivo el lenguaje de los signos, de los gestos, de los pequeños detalles… Escribía Martín Descalzo: “El verdadero amor, con frecuencia, no se expresa con grandes gestos, entregas heroicas, sacrificios espectaculares, sino por la pequeña ternura empapada de imaginación. Eso que en castellano denominamos con tanto acierto los detalles…”. Por eso me preocupa cuando una mujer me dice que su marido no tiene nunca un detalle. Esto es signo de que ese matrimonio está siendo invadido por el aburrimiento, carcoma del amor. En cambio, un detalle inteligente puede llenar más el corazón que el más espléndido de los regalos.

 

FAMILIA ABIERTA Y SOLIDARIA. IGLESIA DOMÉSTICA

Por los datos neotestamentarios se deduce obviamente que la familia de Nazaret era abierta y no replegada sobre sí misma de forma egoísta. María va presurosa a la casa de Isabel para atenderla en su embarazo bastante avanzado.

La familia abierta se relaciona, se integra en movimientos, grupos o comunidades de la parroquia; es hospitalaria, participa en los acontecimientos y fiestas de su entorno, promueve la buena vecindad, sabe convivir en paz y promover relaciones cordiales. Hacer familia no consiste sólo en crear un nido caliente para los miembros que la componen.

Así mismo, la familia cristiana ha de ser solidaria y comprometida. La familia de Nazaret es una familia emigrante, que vive dificultades precisamente por cumplir la misión histórica que se le ha confiado. María no cae en la tentación de Pedro de interponerse en el camino cuando Jesús va a Jerusalén a meterse en la boca del lobo y arriesgar su vida (Mt 16,22). Juan Pablo II ha hecho una llamada especialmente urgente para las familias cristianas: “La unidad de la familia no debe degenerar en egoísmo colectivo. La familia necesita de otras familias, de la sociedad y de la Iglesia para realizarse. Pero tiene que contribuir al bien de la una y de la otra. La familia tiene una función social que cumplir. Vosotras, familias que podéis disfrutar del bienestar, no os cerréis dentro de vuestra felicidad; abríos a los otros para repartir lo que os sobra y a otros les falta” (Familiaris consortio, 44).

El Concilio Vaticano II designa a la familia cristiana con el nombre grávido de “Iglesia doméstica”. Decir Iglesia doméstica es lo mismo que decir pequeña comunidad cristiana. “Esto significa, según afirma Pablo VI en EN 71, que en cada familia cristiana deberían reflejarse los diversos aspectos de la Iglesia entera. Por otra parte, la familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia”. Ser Iglesia doméstica implica ver y proyectar la vida desde el Evangelio; significa compartir y concelebrar la fe, practicar la oración comunitaria, compartir con la comunidad cristiana, ser una comunidad de servicio y comprometida. ¡Todo un proyecto escasamente verificado en familias que se autodenominan cristianas^. Un proyecto increíblemente fecundo.

Nuestro famoso actor, José Bódalo, declaraba: “Entregarme a mi mujer y a mis hijos es algo que me ha compensado… Formar una buena familia es lo más importante que he hecho en mi vida”. Y Bernabé Tierno afirma categóricamente: “Hay que devolver a la familia el protagonismo social, político, cultural y afectivo que nunca debió perder”. La Sagrada Familia nos evoca que la familia es sagrada. Y, por ello, hay que concederle el lugar primordial que le corresponde.

Atilano Alaiz

Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros

Sus padres iban todos los años a Jerusalén por la fiesta de la pascua. Cuando tuvo doce años, fueron a la fiesta, como era costumbre. Terminada la fiesta, emprendieron el regreso; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Creyendo que iba en la caravana, anduvieron una jornada, al cabo de la cual se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles.

Todos los que le oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados». Les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi Padre?». Ellos no comprendieron lo que les decía.

Jesús bajó con ellos a Nazaret, y siguió bajo su autoridad. Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.

Lucas 2, 41-52

Comentario del Evangelio

¡Qué importante es la familia para todos nosotros En estos días de Navidad solemos vernos mu- cho más con los abuelos, con los primos, tíos y demás familiares. Y son días muy bonitos para nosotros, nos gusta mucho vernos con toda la familia.

Para Jesús la familia era muy importante. Y José y María estaban siempre muy pendientes de Jesús, de cuidarle, de todo lo que hacía.

Así que debemos cuidarnos unos a otros en la familia: cuidar a nuestro padre y a nuestra madre, a nuestros hermanos, a nuestros abuelos. Y también debemos recordar que la humanidad entera somos una gran familia, donde todos debemos cuidar de todos. Que así sea.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Elige a alguna persona de tu familia y escribe el momento más chulo que recuerdes con esa persona.

• ¿Qué importancia tiene para los cristianos la familia? ¿Qué puedes hacer por que tu familia sea más feliz?

• Escribe un compromiso para que, en estas fiestas de la Navidad, tu familia sea un poco más feliz.

 

Oración

Tenemos el peligro, Señor,
de despistarnos de Ti andamos todos corriendo,
agobiados, 
llenos de responsabilidades.
Las prisas de la vida nos impiden pararnos y cuidar nuestro amor.
Enséñanos a hacer familia, Tú que eres,
Señor, uno más de la nuestra.
A veces damos el cariño por supuesto
y nos cuesta decirnos el amor,
otras veces la rutina se nos cuela,
y vivimos todos juntos, pero, con más prisas que risas y ternuras.

Sugiérenos los gestos y la palabra oportuna, Tú, Señor, que eres de la familia.
Somos familia porque nos contamos la vida,
porque la comunicación es nuestro alimento,
porque nos escuchamos con interés, porque nos regalamos confidencias,
aunque, a veces, la tele nos gana la partida,
o nos escondemos en lo nuestro.
Mantennos en comunicación constante, en amistad profunda,
Tú que eres, Señor, de la familia.

Tú, Señor, de la familia

Tenemos el peligro, Señor, de despistarnos de Ti
andamos todos corriendo, agobiados,
llenos de responsabilidades.
Las prisas de la vida nos impiden pararnos y
cuidar nuestro amor.
Enséñanos a hacer familia, Tú que eres,
Señor, uno más de la nuestra.
A veces damos el cariño por supuesto
y nos cuesta decirnos el amor,
otras veces la rutina se nos cuela,
y vivimos todos juntos, pero, con más prisas
que risas y ternuras.
Sugiérenos los gestos y la palabra oportuna,
Tú, Señor, que eres de la familia.

Somos familia porque nos contamos la vida,
porque la comunicación es nuestro alimento,
porque nos escuchamos con interés,
porque nos regalamos confidencias, aunque,
a veces, la tele nos gana la partida,
o nos escondemos en lo nuestro.
Mantennos en comunicación constante, en amistad profunda,
Tú que eres, Señor, de la familia.

Nos cuesta encontrar el equilibrio
entre lo común y lo privado,
entre la autonomía e intimidad personal,
y entre hacer familia y estar todos juntos.
Ayúdanos a respetar los ritmos individuales
y la libertad de cada uno,
y sé Tú un punto de unión entre nosotros,
que para eso eres,
Señor, uno más de la familia.

Vivimos en una sociedad que te tiene olvidado en un sin dios constante,
adorando al dinero, al poder,
al prestigio y a la eficacia.
Cambia nuestros valores, mantennos fieles al ser y no al tener,
haznos recordar siempre
que estamos habitados de Ti,
porque eres uno más de la familia.

Contigo entre nosotros estamos inventando cada día esta familia,
Tú nos conoces aún mejor que nosotros mismos
Tú nos ayudas a potenciarnos sin controlarnos
Tú nos enseñas a vivir construyendo tu Reino.
Es una suerte que seas de la familia.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo de la Sagrada Familia

• Estamos al final de los dos capítulos– prólogo de Lucas. En el capítulo 2 hemos visto el nacimiento y manifestación –a los pastores y al templo– de Jesús. Ahora Lucas nos ofrece una escena que no tiene ninguna relación con las anteriores. Y es la única de todos los Evangelios que nos habla de Jesús en esta edad(42).

• Como en todos los Evangelios denominados de la infancia, hace falta leer esta escena como preludio de lo que vendrá después en el grueso de la obra. En este caso, la relación de Jesús con la fe de su pueblo, simbolizada en “los maestros de la ley” (46) y el“templo” (46), y su relación con “el Padre” (49). Sobre esta relación con el Padre, por ejemplo, démonos cuenta queLucas, en su Evangelio, hace que Jesús diga este nombre, Padre, la primera y la última vez que abre la boca: Lc 2,49 y Lc 23,46

Pistas para contemplar a Jesús y el Evangelio

• La escena tiene lugar al templo, “casa de mi Padre” (49): se nos anticipa simbólicamente el objetivo de la misión de Jesús: conducir a los discípulos, a todo el mundo que lo quiera seguir, ver al Padre. Todo el Evangelio de Lucas expresa esta misión con el simbolismo de Jerusalén y del templo y del camino que trae (Lc 9,51; 9, 57ss; 24,53).

• “Se maravillan de… sus respuestas” (47): el evangelista nos anticipa quela enseñanza marcará el ministerio de Jesús (Lc 4,22.32.36; 19,47). En el Magníficat (Lc 1,46-54) ya se anticipaba que laacción de Dios que se realiza en Jesús provoca esta reacción, “se maravillan”. Así el evangelista invita a sus lectores – también a nosotros– a escuchar a Jesús y a maravillarse de su enseñanza.

• Jesús es el Hijo de Dios (49). El Padre es su prioridad (Lc 14,26). Todo el resto, la misma relación de familia, es enriquecida por este Misterio (Lc 8,19-21).

• José y María, “sus padres” (41), que no comprenden el Misterio de Jesús (50),aparecen como discípulos. Los discípulos, a lo largo del camino, no se dan cuenta de cuál es realmente el designio de Dios; se les abrirán los ojos al final, cuando Jesús resucitado los instruirá (Lc 24,45-46). Durante el camino reaccionan a menudo con la incomprensión y, a veces, incluso con el miedo (Lc 9,45; 18,34; 24,25-26).

• Todos los discípulos estamos llamados a hacer proceso, a hacer camino:sólo la luz de la Pascua (Lc 24,31) nos ayudará a comprender este Misterio. Mientras tanto nos hace falta hacer como María, “su madre”, que “conservaba todo esto en el corazón” (51), como la tierra buena que acoge la Palabra con corazón bueno y generoso …. y llega a dar fruto (Lc 8,15).

• Él “bajó con ellos a Nazaret y les siguió bajo su autoridad” (51): el Hijo de Dios vive la vida humana del todo, es uno más entre los chicos de su pueblo.

Comentario al evangelio – 27 de diciembre

Testigos de lo que hemos visto y oído

Martirio significa testimonio, y ese testimonio puede exigir en ocasiones el sacrificio de la propia vida. Pero esta forma de testimonio extremo no es lo frecuente. Y, sin embargo, el cristiano, que ha reconocido la presencia del Mesías en el niño nacido en Belén, tiene que estar siempre dispuesto a llegar a ese extremo. El discípulo amado, que la tradición ha identificado con el evangelista San Juan, nos enseña un camino de testimonio radical, que no llega al derramamiento de sangre, pero que no implica una entrega menor de la propia vida. El ver, oír y palpar con las propias manos indican una extraordinaria cercanía a Cristo. Y se trata de un ver, oír y palpar la Palabra que se ha hecho carne. El primer paso para poder dar un testimonio vital y radical es acercarse a esa Palabra, escucharla, contemplarla y ponerla en práctica. Son formas de oír, ver y tocar que están al alcance de todos nosotros, no sólo de lo que convivieron con el Jesús histórico. Haciéndolo así nos unimos, por medio de la tradición de toda la Iglesia, a los discípulos de primera hora, y participamos plenamente en su alegría. Se trata de la alegría de la Resurrección. Como aquellos primeros discípulos, oímos el testimonio de María Magdalena, corremos al sepulcro y somos capaces de ver en los signos de muerte el triunfo de la vida, de palpar, gracias a la fe, la victoria de la Resurrección.

Y así, los que hemos visto, oído y palpado no podemos no transmitirlo con palabras y con el testimonio de nuestra vida. El que da testimonio hoy es el discípulo amado, cuya identidad cierta sigue siendo un misterio. Pero ello nos permite a cada uno de nosotros ponernos en el lugar del discípulo amado, porque ¿qué hemos visto, oído y palpado, sino la manifestación del extremos amor de Dios, que se ha encarnado en la humanidad de Cristo, nacido en Belén, y ha entregado su vida en la cruz y resucitado para la salvación de todos?

José M. Vegas CMF