Vísperas – Los santos Inocentes

28 de DICIEMBRE

VÍSPERAS

LOS SANTOS INOCENTES, fiesta

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ver a Dios en la criatura,
ver a Dios hecho mortal,
ver en humano portal
la celestial hermosura.
¡Gran merced y gran ventura
a quien verlo mereció!
¡Quién lo viera y fuera yo!

Ver llorar a la alegría,
ver tan pobre a la riqueza,
ver tan baja a la grandeza
a ver que Dios lo quería.
¡Gran merced fue en aquel día
la que el hombre recibió!
¡Quién lo viera y fuera yo!

Poner paz en tanta guerra,
calor donde hay tanto frío,
ser de todos lo que es mío,
plantar un cielo en la tierra.
¡Qué misión de escalofrío
la que Dios nos confió!
¡Quién lo hiciera y fuera yo! Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Eres príncipe desde el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, como rocío, antes de la aurora.

SALMO 129: DESDE LO HONDO, A TI GRITO, SEÑOR

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Del Señor viene la misericordia y la redención copiosa.

CÁNTICO del COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de Él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por Él y para Él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En el principio, antes de los siglos, la Palabra era Dios, y hoy esta Palabra ha nacido como Salvador del mundo.

LECTURA: Ef 2, 3b-5

Naturalmente, estábamos destinados a la reprobación como los demás. Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo. Por pura gracia estáis salvados.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, Aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, Aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La Virgen inmaculada y santa nos ha engendrado a Dios, revistiéndole con débiles miembros y alimentándole con su leche materna; adoremos todos a este Hijo de María que ha venido a salvarnos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La Virgen inmaculada y santa nos ha engendrado a Dios, revistiéndole con débiles miembros y alimentándole con su leche materna; adoremos todos a este Hijo de María que ha venido a salvarnos.

PRECES

Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley. Fortalecidos por esta esperanza oremos confiados, diciendo:

Que la gracia de tu Hijo nos acompañe, Señor.

  • Oh Dios de amor y de paz, acrecienta en todos los cristianos la fe en la encarnación de tu Hijo,
    — para que vivan siempre en acción de gracias.
  • Levanta, Señor, la esperanza de los enfermos, de los pobres, de los ancianos,
    — y da tu ayuda a los oprimidos, a los descorazonados, a los que sufren.
  • Acuérdate, Señor, de los que están detenidos en las cárceles
    — y de los que viven lejos de su patria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que en el nacimiento de tu Hijo hiciste que se oyera a los ángeles que cantaban tu gloria,
    — haz que los difuntos puedan asociarse eternamente al canto de los ángeles en tu reino.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que de modo admirable has creado al hombre a tu imagen y semejanza, y de un modo más admirable todavía restableciste su dignidad por Jesucristo, concédenos compartir la vida divina de aquel que hoy se ha dignado compartir con el hombre la condición humana. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

Amén.

Lectio Divina – 28 de diciembre

Lectio: Viernes, 28 Diciembre, 2018

Tiempo de Navidad

1) Oración inicial

Dios nuestro, que concediste a los Santos Inocentes dar testimonio de Cristo, no de palabra, sino con su sangre, ayúdanos a poner de manifiesto nuestra fe, no sólo con nuestros labios, sino, más bien, con nuestra conducta diaria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 2,13-18
Cuando los magos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.» Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.

3) Reflexión

• El Evangelio de Mateo, redactado entorno a los años 80 y 90, tiene la preocupación de mostrar que en Jesús se realizan las profecías. Muchas veces se dice: “Esto sucedió para que se realizara lo que dice la escritura….” (cf. Mt 1,22; 2,17.23; 4,14; 5,17; etc.). Es porque los destinatarios del Evangelio de Mateo son las comunidades de judíos convertidos que vivían una crisis profunda de fe y de identidad. Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70, los fariseos eran el único grupo superviviente del judaísmo. En los años 80, cuando empezaron a reorganizarse, creció la oposición entre judíos fariseos y judíos cristianos. Estos últimos terminaron siendo excomulgados de la sinagoga y separados del pueblo de las promesas. La excomulga volvió a agudizar el problema de la identidad. No podían frecuentar más sus sinagogas. Y llegó la duda: ¿Será que nos equivocamos? ¿Quién es el verdadero pueblo de Dios? Jesús, ¿es realmente el Mesías?
• Es para este grupo sufrido que Mateo escribe su evangelio como Evangelio de la consolación para ayudarlos a superar el trauma de la ruptura, como Evangelio de la revelación para mostrar que Jesús es el verdadero Mesías, el nuevo Moisés, en quien se realizan las promesas; como Evangelio de la nueva práctica para enseñar el camino de cómo alcanzar la nueva justicia, mayor que la justicia de los fariseos (Mt 5,20).
• En el evangelio de hoy aparece esta preocupación de Mateo. El consuela las comunidades perseguidas mostrando que Jesús también fue perseguido. El revela que Jesús es el Mesías, pues por dos veces insiste en decir que las profecías se realizarán en él; y sugiere además que Jesús es el nuevo Moisés, pues al igual que Moisés fue perseguido y tuvo que huir. El indica un nuevo camino, sugiriendo que deben hacer como los magos que supieron evitar la vigilancia de Herodes e volvieron por otro camino a su morada.

4) Para la reflexión personal

• Herodes mandó matar a los niños de Belén. El Herodes de hoy sigue matando a millones de niños. Mueren de hambre, de enfermedad, de desnutrición, por el aborto. ¿Quién es hoy Herodes?
• Mateo ayuda a superar la crisis de fe y de identidad. Hoy, muchos viven una crisis profunda de fe y de identidad. El Evangelio, ¿cómo puede ayudar a superar esta crisis de fe?

5) Oración final

Nuestra ayuda es el nombre de Yahvé,
que hizo el cielo y la tierra. (Sal 124,8)

Viernes de la Octava de Navidad

Llamamos “santos inocentes” a esos niños de dos años para abajo mandados matar por Herodes en Belén y sus alrededores. Los celebramos como “santos” sin que ellos tuvieran que hacer nada para obtener ese título salvo haber nacido en un determinado tiempo y lugar. Al parecer, el megalómano rey Herodes vio en el niño de Belén, el Mesías profetizado, un serio rival que hacía peligrar su propio reinado. Por eso, al saberse burlado por los Magos, de quienes habría de recibir noticias, montó en cólera y mandó matar a todos los niños de Belén y sus alrededores menores de dos años para aniquilar, en conformidad con sus cálculos, al futuro rey-Mesías que debía encontrarse entre ellos. Pero, el niño en cuestión no estaba entre ellos. El ángel había avisado a José con tiempo para que tomara al niño y a su madre y huyera con ellos al país vecino de Egipto. De este modo podría evitar la muerte segura a manos del tirano que estaba al acecho.

El niño Jesús no murió, porque su padre fue avisado con antelación de las acechanzas de su enemigo. Pero otros muchos niños sí murieron en su lugar, cumpliéndose así el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes: es Raquel, que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo, porque ya no viven». Es el llanto de las madres bethlemitas que vieron cómo los soldados de Herodes les arrebataban de los brazos a sus hijos para ser degollados en su presencia. Ambos lamentos, el de las madres y el de los hijos, se mezclaron para constituir un clamor que ha llegado hasta nosotros. Y a éste se añade el llanto de tantos niños inocentes que mueren víctimas de las injusticias humanas, niños desnutridos, enfermos, abandonados, maltratados, violados, asesinados, niños no deseados, cuyas vidas se han visto segadas antes de ver la luz, en el seno de sus propias madres y por iniciativa de estas; en fin, niños inocentes que siguen muriendo a manos de adultos sin escrúpulos.

El clamor de estos niños no puede quedar sin respuesta por parte de ese Dios que tiene entrañas de Padre. Y su primera respuesta debe ser sin duda la acogida que les ha dispensado en su propia casa. Si los hombres no han querido acogerles en esta tierra que les vio nacer o en ese seno en el que fueron concebidos, Dios sí les acogerá en su cielo, porque en ellos no hay pecado que se lo impida. Pero también forma parte de su respuesta la condena sin paliativos de esa conducta criminal e impía de que hacen alarde quienes les conducen a la muerte sin reparar en daños.

Pero las madres que han perdido a sus hijos contra su voluntad y en circunstancias tan terribles, se preguntarán: ¿Por qué permite Dios, ese Dios que se cuida de todas sus criaturas y a quien no se le escapa el más mínimo detalle, muertes tan prematuras y crímenes tan detestables? Son vidas inocentes y vidas truncadas, que no han tenido tiempo ni posibilidades para desarrollarse. ¿Nacieron para morir al poco tiempo de nacer? Algunos mueren aún antes de nacer. ¿Qué sentido tienen estas vidas que quedan aniquiladas en sus comienzos? Por muy absurda que nos parezca esta trayectoria vital sin apenas trayecto, lo cierto –es lo que proclama la fe- es que nacieron para la eternidad. No nacieron para vivir en el tiempo, pues apenas gozaron de tiempo para esto, pero sí nacieron para vivir en la eternidad. Y para eso hemos nacido todos, vivamos más o menos años en el tiempo. En este sentido, el destino para el que fueron concebidos no se ha truncado. Lo han alcanzado más fácilmente que los demás, los que viviendo años y años experimentamos las fatigas de esta vida temporal que acaba, como en ellos, igualmente con la muerte.

Del mal sufrido por los que mueren, Dios saca el bien de la vida eterna; del mal sufrido por los que sufren el impacto de esas muertes (padres, hermanos, parientes, amigos, conmocionados), Dios saca el bien de la paciencia, o de la conformidad, o de las lágrimas saludables, o de la desapropiación, o de la generosidad, o de la renuncia, o de cualquiera de esos bienes que tan asociados están a las situaciones aflictivas de la vida. ¿Pero qué saca del mal (respectivamente, pecado) de los malvados que causan la desgracia? Se me ocurre pensar en el bien de la libertad que todo hombre dispone, incluso para hacer mal uso de ella empleándola para el maleficio. Y en segundo término, otros bienes como el posible arrepentimiento que haga realidad el dicho de san Pablo: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; o el castigo purificador de los que no han sabido usar rectamente de su libertad. Pero no podemos dudar en ningún caso de que si Dios permite tantos males, incluido el sufrimiento y la muerte de los inocentes a manos de criminales, es porque puede sacar bienes de estos males. De no ser así, no lo permitiría, aunque para ello se viese obligado a intervenir para alterar el rumbo de la propia naturaleza tal como salió de sus manos creadoras.

Es cierto que el mal presente en un mundo creado por un Dios poderoso y bueno siempre desconcierta y obliga a formularse preguntas de difícil respuesta: ¿Por qué Dios, que es poderoso, no puede eliminar el mal que hay en el mundo de un plumazo? Si es poderoso, debe poder. ¿Por qué no lo hace entonces? ¿Es que no quiere? Pero si no quiere, ¿en qué consiste su bondad? En nuestra respuesta tenemos que salvar ambas cosas: que Dios es todopoderoso y que es bueno. Si, a pesar de esto, sigue habiendo mal en el mundo, habrá que pensar que tiene algún sentido y que, no siendo absoluto, ha de sustentarse en el bien o ser ocasión para el bien. Aquí hay que distinguir tipos de mal o de privaciones de bien. Mal propiamente dicho es lo que nos priva del bien propiamente dicho; mal definitivo es lo que nos priva del bien definitivo. Sobre estas premisas tendríamos que reflexionar. Pero no lo olvidemos: Dios permite incluso el mal (pecado) que no quiere, al menos con voluntad de complacencia, porque puede sacar bien de él.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID,
Dr. en Teología Patrística

Episcopales communio – Francisco I

2. De modo providencial, la institución del Sínodo de los Obispos se llevó a cabo en el contexto de la última Asamblea ecuménica. De hecho, el Concilio Vaticano II, «siguiendo las huellas del Concilio Vaticano I»[7] y en el surco de la genuina tradición eclesial, ha profundizado la doctrina sobre el orden episcopal, concentrándose de forma particular en su naturaleza sacramental y colegial[8]. Se ha visto así definitivamente claro que cada Obispo posee simultánea e inseparablemente la responsabilidad por la Iglesia particular confiada a sus cuidados pastorales y la preocupación por la Iglesia universal[9]

Esta preocupación, que expresa la dimensión supradiocesana del munus episcopal, se realiza de forma solemne en la venerada institución del Concilio ecuménico y se expresa también en la acción conjunta de los Obispos dispersos por el mundo, promovida o libremente aceptada como tal por el Romano Pontífice[10]. Además, no se puede olvidar que concierne a este último, según las necesidades del Pueblo de Dios, determinar y promover los modos según los cuales el Colegio de los Obispos haya de ejercer su propia autoridad sobre la Iglesia universal[11].

Durante el debate conciliar, a la vez que fue madurando la doctrina sobre la colegialidad episcopal, también surgió en varias ocasiones la petición de asociar algunos Obispos al ministerio universal del Romano Pontífice, en forma de un organismo central permanente, externo a los dicasterios de la Curia romana, que fuera capaz de manifestar, más allá también de la forma solemne y extraordinaria del Concilio ecuménico, la solicitud del Colegio episcopal por las necesidades del Pueblo de Dios y la comunión entre todas las Iglesias.


[7] Ibíd., 18.

[8] Cf. Ibíd., 21-22; Christus Dominus, 4.

[9] Cf. Lumen gentium, 23; Christus Dominus, 3.

[10] Cf. Lumen gentium, 22; Christus Dominus, 4; Codex Iuris Canonici (25 enero 1983), can. 337, §§ 1-2; Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium (18 octubre 1990), can. 50, §§ 1-2.

[11]Cf. Codex Iuris Canonici, can. 337, § 3; Codex Canonum Ecclesiarum Orientalium, can. 50, § 3.

Germen de fe

1. Poco se nos refiere en las páginas evangélicas sobre las vicisitudes y características de la Sagrada Familia. A grandes rasgos nos ha llegado lo elemental: era una comunidad de amor, de fe y de vida. Y eso, en definitiva, es lo importante. Lo que, esta fiesta, intenta trasladar a nuestras respectivas familias sometidas a tantos avatares, presiones o confusiones.

Si Jesús necesitó de la familia para seguir adelante, para madurar, crecer y enfrentarse a su propia vida, no menos lo precisamos nosotros para saber enfocar el futuro de los hijos y, por supuesto, el horizonte que aguarda a la fe. Pretender sustituir el papel de la familia (especialmente de los padres) en planos tan importantes e irrenunciables como la educación moral, el aborto, la sexualidad o la ética, es interferir en algo sagrado y propio de los principales educadores: la familia, los padres.

2.- Qué bueno sería pensar que, si Dios se sirvió de una familia para llevar a cabo su Encarnación, también se vale de nuestras familias para llevar a cabo su reino de santidad, de justicia, de amor y de verdad. La familia, es un trampolín en el que podemos coger el impulso y la altura idónea para lanzarnos luego a la conquista del mundo profesional, afectivo, cultural o social. La familia, como aquella primera Sagrada Familia, contribuye precisamente a eso: al crecimiento íntegro de todos sus miembros. No mira el interés de unos pocos, de unos particulares, del padre o de la madre, del hijo primero o segundo, va mucho más allá: la familia está llamada a desarrollar la personalidad de todos y cada uno de sus componentes y que se sientan útiles en el servicio a la sociedad.

3. Al contrario de lo que aconteció en la Sagrada Familia, tenemos bastante que mejorar en las nuestras. ¿Cómo está nuestra oración? ¿Y nuestro conocimiento sobre Dios? ¿Y el seguimiento en la educación humana y religiosa de los hijos? ¿Cómo vivimos nuestra fe en familia? ¿Le damos la cobertura que se merece? ¿Es Dios artífice, protagonista, centro de nuestras conversaciones, decoraciones, lecturas…o por el contrario un gran desconocido?

4.- El gran reto de la Iglesia, de Occidente y del futuro de nuestra vida cristiana estriba precisamente ahí: en familias que saben dar un pesebre en sus casas para que Dios pueda seguir encarnándose en Cristo. O dicho de otra manera, la familia, será –sin ninguna duda- el germen de la irrupción del cristianismo con nuevo vigor, con más fortaleza y con más convencimiento.

 Al contemplar los tres personajes de estas navidades, Jesús, José y María, podemos sacar algunas conclusiones muy prácticas para reavivar nuestras raíces cristianas:

 -En familia tenemos que aprender a vivir los misterios de Dios

 -En familia, con sencillez pero con grandeza de alma, hemos de enseñar a adorar a Dios a cuántos nos rodean o están a nuestro cargo

 -En familia, con oración y confianza, hemos de procurar fortalecer nuestra fe con la escucha de la Palabra, su meditación y la puesta en práctica en las cosas de cada día.

3.- LO HICISTE EN FAMILIA, SEÑOR

Por Navidad, Señor, por Navidad
quisiste aparecer en el seno de un hogar.
Como distintivo, no la cantidad, sino la unión
Como riqueza, no el dinero, y sí el ejemplo de José y de María
Tu felicidad, Señor, no vino reflejada por la apariencia,
el oro, las perlas o la plata: fue el amor de tu familia nazarena.
En ella, en fracaso aparente y desprovisto de todo,
apareciste ante la gran indiferencia del pueblo
En ella, en las horas de fracaso y soledad
encontraste el amor sin tregua ni farsa.
En ella, en tus triunfos mesiánicos,
supiste ser ovacionado desde el silencio y la sencillez.

¡LO HICISTE EN FAMILIA, SEÑOR!
¿De dónde aprendiste el nombre de “Abba” “Padre”?
¿Quién te enseñó a distinguir entre el bien y el mal?
¿En quienes descubriste el don de la fe y el valor de la entrega?
¡En la familia, Señor!
¿No aprendiste todo ello en tu familia nazarena?
Hoy, en el colmado corazón de la Navidad,
nuestros ojos contemplan, el “tres en uno”,
Sí, Señor, tres personas unidas por un mismo amor
Tres personas teñidas con el color de la pobreza
Tres personas agasajadas por los que no tienen riqueza alguna
Tres personas que, bajo el umbral del portal,
siguen siendo referencia y ejemplo de santidad y de fe.
Naciste, Señor, y lo hiciste en una familia;
pobre, pero amorosa y rendida a tu causa
Sencilla, pero repleta de lo más importante: DIOS
Temerosa, pero valiente en sus decisiones y riesgos
Indiferente para muchos, pero única ante los ojos del Señor

¡EN FAMILIA, SEÑOR! ¡QUISISTE NACER EN UNA FAMILIA!

Javier Leoz

La misa del Domingo: Misa con niños

1. INTRODUCCIÓN

En medio de la celebración cristiana de estas Navidades, hoy 30 de diciembre, estamos celebrando el día de la Sagrada Familia. ¡Algo bueno tiene la familia cuando Dios quiso escoger, una de ellas, para nacer y estar en medio de nosotros!

José y María representan, en el marco de la Navidad, el modelo para dibujar y llevar adelante nuestras familias: su amor, su entrega, perdón, paciencia, generosidad, alegría, fe, esperanza, etc., ¿no son motivos más que suficientes para intentar ofrecer a la sociedad una familia sana y fuerte?

Que el Señor, que cuenta con la mirada y la protección de José y de María, nos ayude a valorar, cuidar y trabajar más por nuestras familias. Iniciamos esta celebración cantando.

(La procesión de entrada puede ir precedida por la Sagrada Familia sosteniendo el Niño Jesús. Incluso, donde sea posible, pueden entrar en el templo montados en un pollino. También es muy sugerente el que, junto al sacerdote, hagan su entrada dos o tres familias con sus hijos. ¡Mejor catequesis… imposible!)

 

2. PERDÓN

1.- Porque las veces en que los padres no son responsables de la educación de sus hijos y delegan en otras instituciones o personas. Señor, ten piedad

2.- Por los hijos que viven en sus casas como si de un restaurante se tratara. Para que valoren más la familia como encuentro en la vida, el amor y la responsabilidad. Cristo ten piedad.

3.- Por los momentos en los que la televisión se convierte en el elemento protagonista y central de la vida familiar. Señor ten piedad

 

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar en este día, nos cantan las características que ha de tener una familia: el amor, la esperanza, la fortaleza, la unión. Además, el Evangelio, nos habla que –incluso en medio de dificultades- la familia ha de salir adelante. Es en periodo de prueba donde se ve la grandeza y profundidad del amor.

 

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por los padres de familia. Para que jueguen el papel que les corresponde en el hogar. Para que piensen que, aquello que dan, es lo que el día de mañana condicionará el futuro de sus hijos. Roguemos al Señor.

2. Por los hijos. Para que sean respetuosos con los padres. A cada tiempo su afán… dice el viejo proverbio. Para que sean receptivos a los consejos e indicaciones de los mayores. Roguemos al Señor.

3. Por los abuelos. Para que sepamos valorar su presencia en nuestras casas. Para que veamos en ellos la fuente de la sabiduría, el tronco donde nació lo que somos y tenemos. Roguemos al Señor.

4. Por las familias separadas. Para que cuenten en este día con nuestro recuerdo y oración. Para que sus problemas no sean causa de más dolor en aquellos que más cerca viven de ellos. Roguemos al Señor.

5. Por tantas familias que en estos tiempos de dificultades se encuentran pasando penurias económicas, morales, sentimentales o sociales. Para que siempre encuentren en los cristianos una voz amiga, una mano tendida, una palabra oportuna y un corazón abierto. Roguemos al Señor.

 

5. OFRENDAS

1. Con esta cuerda repleta de nudos, queremos simbolizar la fuerza y el secreto de la familia: EL AMOR HACE POSIBLE LA UNION ENTRE TODOS.

2. Con esta flor de pascua, queremos traer ante el altar, la gratitud de todas las familias de nuestra parroquia por haber escogido Dios una familia para venir al mundo.

3. Con el cáliz repleto de vino y la patena rebosante de pan, llevamos hasta el altar las fatigas, los trabajos, los éxitos, los estudios, la responsabilidad, las dificultades y el amor de todas nuestras familias.

 

6. ORACIÓN

En familia, Dios, quiso nacer
En familia, Dios, comenzó a llorar
En familia, Dios, acogió al pobre y al rico
En familia, Jesús, se dejó iluminar por una estrella

En familia, Jesús, reconoció a un nombre: MARIA
En familia, un Niño, respetó a un hombre: JOSÉ
En familia, el Dios con nosotros,
se inició en el valor de la fe.

En familia, Jesús, recibió
agasajos de humildes y regios
En familia, Jesús, supo lo que fue huir
En familia, Jesús, recibió aliento
En familia, Jesús, aprendió a vivir.

En familia, Jesús, sufrió el desprecio
de los que no supieron verle ni esperarle
En familia, Jesús, vio a los pastores
cuerpo a tierra y lágrimas en los ojos
En familia, Jesús, contempló a tres reyes
con abundancia de oro, incienso y mirra ofreciéndole.

En familia, Jesús, habló y guardó silencio
En familia, Jesús, fue perdido y encontrado
En familia, jugaba, rezaba y cantaba
y, en familia, sufrió la incomprensión
de algunos de los que le rodeaban

En familia… ¡sí en familia!
¡En familia Jesús fue hijo!
¡En familia, Jesús, fue Niño!
¡En familia, Jesús, fue joven!
¡En familia, Jesús, aprendió a ser adulto!
¡En familia, Jesús, aprendió a mirar a los cielos!
Amén.

La familia, nuestro refugio (Oración)

LA FAMILIA, NUESTRO REFUGIO

 

Hola Jesús, estamos en Navidad. Estos días celebramos tu nacimiento, con villancicos, con fiestas, con celebraciones… Hay muchos motivos para alegrarse. Pero no es fácil nacer como tú naciste. Tú te hiciste pequeño y pobre y desde el principio tuviste problemas. A los pocos días de nacer ya tuviste que huir, porque Herodes quería matarte. Pero María y José cuidaron de ti. Se convirtieron en peregrinos y contigo se marcharon lejos. Es justo eso lo que dice la canción: Pobres María y José. Pero con tantos problemas, no pierden la sonrisa.

María, dime por qué
mantienes esa sonrisa
si eres madre peregrina,
si tu niño frío pasa.
María dime por qué
no te sientes engañada
si el Dios que te prometió
darte un hijo bendecido
te lo ha entregado sin casa.

Este niño nacido,
niño bendito,
niño de Dios,
tiene el mundo por casa
y a quien lo encuentra,
le anuncia la salvación.

No te molesta, José,
después de tantas promesas,
de acoger raras palabras
en aquel sueño profundo.
No te molesta, José
tragar polvo en el camino,
tener que huir por el mundo
creyendo que hay buena nueva
en un niño vagabundo.

Villancico peregrino de José María R. Olaizola interpretado por Grupo Compasión, «Navidad actual.» 

Jesús, es verdad que tenías una familia genial. María y José que siempre estaban dispuestos a protegerte y cuidar de ti. ¿Sabes? Yo doy gracias porque, aunque no me doy cuenta, también mi familia me cuida, me protege y me acompaña. Pero no es siempre fácil acertar en familia. Si hasta tú, alguna vez, diste buenos sustos a tus padres.

El texto es una adaptación de Lc 2, 41-52

Un día Jesús les dio un susto enorme a sus padres. Resulta que todos los años iban por Pascua a Jerusalén, con muchos vecinos de Nazaret.

Cuando ya estaban de vuelta, se pusieron a buscar a Jesús entre la gente, pero no aparecía por ningún sitio. Muy preocupados, volvieron a la ciudad. Tardaron un montón de tiempo en encontrarlo, hasta que lo descubrieron en el Templo. Estaba hablando de cosas de Dios con los maestros de la ley.

María le riñó: “Jesús, hijo, ¿tú sabes lo preocupados que estábamos?” 

Jesús le contestó: “¿No sabíais que yo tengo que estar en la casa de mi Padre?”

María y José no entendieron bien de qué hablaba Jesús, y es que a veces decía cosas que eran difíciles de comprender. 

Después volvió con ellos a Nazaret, y les obedecía.

María conservaba todo en su corazón.

Y Jesús iba haciéndose cada año más alto y más sabio. Y la gente le respetaba.

En las familias a veces nos volvemos locos. Porque uno hace una trastada, porque el niño se pierde, porque los padres no entienden a los hijos… Por muchas cosas. Pero lo importante es el amor. Amor auténtico. Que las personas queramos lo mejor unos para otros. Y yo, ¿quiero a mis padres? ¿Y a mis abuelos, a mis hermanos o a mis primos? El cariño es el mejor regalo. Pienso regalar estos días un poco de cariño. En forma de besos, de palabras bonitas o de gestos de ayuda.

Yo también, como Jesús, tengo que hacerme cada año más alto y más sabio. Te pido Jesús,

Ayúdame a ser como Tú

Que sepa hacer caso a mis padres… …ayúdame a ser como Tú.
Que sepa abrir mi corazón a Dios… …ayúdame a ser como Tú.
Que aprenda a conocer a las personas… …ayúdame a ser como Tú.
Que tenga un corazón muy grande… …ayúdame a ser como Tú.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 28 de diciembre

Luz y tinieblas – Vida y muerte

Al contemplar el misterio de la luz que brilla en la oscuridad, no es posible no reparar en la oscuridad que rodea a la luz. Si necesitamos la luz es precisamente porque vivimos en la oscuridad. Al asombrarnos del milagro de la vida que nace, caemos en la cuenta, también de la muerte que la acecha y amenaza. Dios es la luz, Dios es la vida. Pero existen también las fuerzas oscuras que se oponen a Dios, sombras de muerte que tratan de apagar la luz, matar la vida, acallar la Palabra hecha carne. La admiración por el milagro de la vida recién nacida y de la luz divina que resplandece en la humanidad de Jesús va acompañada de la conciencia de la fragilidad y el riesgo que Dios ha elegido para hacerse cercano. Y lo que Juan en su carta nos recuerda hablando de la luz y las tinieblas, el pecado y la gracia del perdón, Mateo nos lo presenta en los trágicos acontecimientos históricos que rodean el nacimiento de Cristo.

¿Quiénes son los santos inocentes? ¿Quién es Herodes? Son los protagonistas de esta historia de vida y muerte, de luz y de oscuridad, de pecado y de gracia.
Los santos inocentes son niños, esto es, personas indefensas, por completo dependientes del cuidado de los adultos. Son, por ello y por definición, los que no pueden defenderse por sí mismos, los que no pueden responder a ataques y agresiones. Son inocentes no sólo por la ausencia de pecado, sino por la incapacidad de pecar por sí mismos. Pero pueden ser víctimas de los pecados ajenos. En ellos vemos no sólo a un grupo de víctimas indefensas, uno más, circunscritas en un determinado tiempo y lugar. Porque su muerte está relacionada por el temor y el odio al que ha nacido en Belén, cuyos nacimiento, vida y muerte, tienen significación salvífica para todo el mundo, estos santos inocentes representan a todas las víctimas, a todos los inocentes del mundo. Son víctimas, porque mueren a causa de la voluntad homicida de Herodes. Y son inocentes, no sólo porque no habían merecido un final así, violento y prematuro, sino también porque no han respondido al mal con el mal, al odio con el odio, a la violencia con la venganza. No lo han hecho, y ni siquiera podían hacerlo. Contra lo que nos puede parecer (y así les parece a muchos), Dios no ha permanecido impasible ante tamaña injusticia. El nacimiento de Jesús, que comparte la fragilidad del recién nacido, y renuncia a responder al mal con el mal, a la injusticia con la violencia, es el comienzo de una respuesta que culminará en su muerte en Cruz. Dios ha elegido como camino de salvación no el de la fuerza bruta, la venganza, el castigo: no ha querido hacerse verdugo (asimilándose a los verdugos de este mundo), sino que ha elegido el lugar de las víctimas. Cuando el hombre sufre, cuando el inocente muere, Dios está sufriendo y muriendo con él, compartiendo la fragilidad que ha elegido en la frágil humanidad de Cristo.

Herodes, que juega el trágico papel de verdugo, representa a aquellos que ven en Dios, en su presencia y cercanía, una amenaza y un peligro. Pensaba que el Rey nacido en Belén venía a competir con él por el trono. De esta manera, compartía la idea del Mesías que muchos, la mayoría de los judíos tenían en mente. Un Rey poderoso con los poderes de este mundo, que venía a destruir a los enemigos y a reinstaurar un poder político y militar. Pero, mientras que muchos ponían en este reinado sus esperanzas, el pequeño rey que era Herodes, sentía temor de perder su propio poder. Son dos formas distintas pero simétricas de malentender la presencia humana de Dios entre nosotros. Cuando tal sucede, se tiende a manipular a Dios (y a todo lo que tiene que ver con Él) en beneficio propio (y en contra de los demás), o a combatirlo como quien combate a los poderes hostiles de este mundo. En los dos casos, la luz se vuelve oscuridad, en vez de vida su siembra muerte y triunfa el pecado sobre la gracia.

Ante el espectáculo de luz y oscuridad que nos presenta Juan, ante el cuadro de vida y muerte que pone ante nuestros ojos Mateo, somos invitados a realizar una elección: o nos ponemos de parte de los santos inocentes, o de parte de Herodes. De parte de los inocentes siempre que renunciemos a responder al mal con el mal, a la venganza frente a la ofensa, y elijamos el perdón; también cada vez que demos testimonio de la luz, tratando de dar la vida, no sólo en el supremo heroísmo del martirio, sino también, más cotidianamente, por medio de la actitud generosa del servicio. De parte de Herodes nos pondremos precisamente cuando elijamos toda forma de poder, autoridad o responsabilidad, no para el servicio de Dios y los hermanos, sino como privilegios en servicio propio.

Cristo ha nacido y Dios está con nosotros. No podemos eludir la elección: o estar con Él, sirviendo a la luz y dando la vida, o contra Él, buscando en exclusiva nuestro interés, y sembrando la muerte y la oscuridad (para los demás, pero también para nosotros mismos)

En la fiesta de los Santos Inocentes empezamos a entender la lógica del Niño nacido en Belén. En la muerte de los niños de Belén brilla la luz y triunfa la vida, porque Dios ha mirado nuestra humillación, y ha derribado del trono a los poderosos y ha enaltecido a los humildes.

José M. Vegas CMF