La familia, nuestro refugio (Oración)

LA FAMILIA, NUESTRO REFUGIO

 

Hola Jesús, estamos en Navidad. Estos días celebramos tu nacimiento, con villancicos, con fiestas, con celebraciones… Hay muchos motivos para alegrarse. Pero no es fácil nacer como tú naciste. Tú te hiciste pequeño y pobre y desde el principio tuviste problemas. A los pocos días de nacer ya tuviste que huir, porque Herodes quería matarte. Pero María y José cuidaron de ti. Se convirtieron en peregrinos y contigo se marcharon lejos. Es justo eso lo que dice la canción: Pobres María y José. Pero con tantos problemas, no pierden la sonrisa.

María, dime por qué
mantienes esa sonrisa
si eres madre peregrina,
si tu niño frío pasa.
María dime por qué
no te sientes engañada
si el Dios que te prometió
darte un hijo bendecido
te lo ha entregado sin casa.

Este niño nacido,
niño bendito,
niño de Dios,
tiene el mundo por casa
y a quien lo encuentra,
le anuncia la salvación.

No te molesta, José,
después de tantas promesas,
de acoger raras palabras
en aquel sueño profundo.
No te molesta, José
tragar polvo en el camino,
tener que huir por el mundo
creyendo que hay buena nueva
en un niño vagabundo.

Villancico peregrino de José María R. Olaizola interpretado por Grupo Compasión, «Navidad actual.» 

Jesús, es verdad que tenías una familia genial. María y José que siempre estaban dispuestos a protegerte y cuidar de ti. ¿Sabes? Yo doy gracias porque, aunque no me doy cuenta, también mi familia me cuida, me protege y me acompaña. Pero no es siempre fácil acertar en familia. Si hasta tú, alguna vez, diste buenos sustos a tus padres.

El texto es una adaptación de Lc 2, 41-52

Un día Jesús les dio un susto enorme a sus padres. Resulta que todos los años iban por Pascua a Jerusalén, con muchos vecinos de Nazaret.

Cuando ya estaban de vuelta, se pusieron a buscar a Jesús entre la gente, pero no aparecía por ningún sitio. Muy preocupados, volvieron a la ciudad. Tardaron un montón de tiempo en encontrarlo, hasta que lo descubrieron en el Templo. Estaba hablando de cosas de Dios con los maestros de la ley.

María le riñó: “Jesús, hijo, ¿tú sabes lo preocupados que estábamos?” 

Jesús le contestó: “¿No sabíais que yo tengo que estar en la casa de mi Padre?”

María y José no entendieron bien de qué hablaba Jesús, y es que a veces decía cosas que eran difíciles de comprender. 

Después volvió con ellos a Nazaret, y les obedecía.

María conservaba todo en su corazón.

Y Jesús iba haciéndose cada año más alto y más sabio. Y la gente le respetaba.

En las familias a veces nos volvemos locos. Porque uno hace una trastada, porque el niño se pierde, porque los padres no entienden a los hijos… Por muchas cosas. Pero lo importante es el amor. Amor auténtico. Que las personas queramos lo mejor unos para otros. Y yo, ¿quiero a mis padres? ¿Y a mis abuelos, a mis hermanos o a mis primos? El cariño es el mejor regalo. Pienso regalar estos días un poco de cariño. En forma de besos, de palabras bonitas o de gestos de ayuda.

Yo también, como Jesús, tengo que hacerme cada año más alto y más sabio. Te pido Jesús,

Ayúdame a ser como Tú

Que sepa hacer caso a mis padres… …ayúdame a ser como Tú.
Que sepa abrir mi corazón a Dios… …ayúdame a ser como Tú.
Que aprenda a conocer a las personas… …ayúdame a ser como Tú.
Que tenga un corazón muy grande… …ayúdame a ser como Tú.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.