¿No sabíais…?

A un miembro de Acción Católica General se le pidió que formase parte de una comisión diocesana de trabajo para desarrollar un tema pastoral concreto. Esta persona estuvo documentándose al respecto, y cuando llegó a la reunión, indicó su parecer: “La verdad es que todo está ya más que escrito, y no es necesario añadir más cosas. Lo que hace falta es llevarlo a la práctica”. Una afirmación que fue corroborada por el resto de miembros de dicha comisión. Porque sobre los temas básicos que afectan a la vida cristiana, hay mucha documentación al respecto, pero lamentablemente esa documentación es desconocida por la mayoría de cristianos.

Uno de esos temas básicos es “la familia”. A lo largo de los años han sido innumerables los documentos, tanto del Magisterio de la Iglesia como de otras realidades eclesiales, que han abordado directa o indirectamente el tema de la familia, a través de los Papas, Concilios, Pontificias Comisiones, Dicasterios, Conferencias y Comisiones Episcopales, así como de otros Organismos de la Iglesia, como Delegaciones diocesanas, Institutos… El último documento del Magisterio Papal al respecto es la Exhortación Apostólica “Amoris laetitia” (2016), del Papa Francisco.

Pero si hiciéramos una encuesta entre quienes habitualmente participan en la Eucaristía y en la comunidad parroquial, ¿cuántos habrán leído al menos uno de estos documentos?

Hoy son muchas las cuestiones, dudas, interrogantes, incertidumbres, incomprensiones… que afectan a la familia en general, y a la familia cristiana en particular. Hay situaciones ante las que parece que “se nos escapa” la postura correcta que debemos adoptar desde la fe, como hemos escuchado en el Evangelio que Jesús “se escapó” de sus padres en Jerusalén. Podríamos hacer nuestra la queja de María: ¿Por qué nos has tratado así? ¿Por qué nos ha venido esta situación, por qué no sabemos cómo actuar, por qué no encontramos el camino a seguir…?

Jesús les respondió: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre? Jesús, que progresivamente va tomando conciencia de su identidad, da por hecho que, después de lo que José y María han vivido desde el anuncio de su concepción, ya deberían tener claro dónde encontrarle con seguridad. Y ante nuestras cuestiones, dudas, incertidumbres… respecto a la familia cristiana, es como si hoy también nos dijese: ¿No sabíais dónde teníais que buscarme?

La celebración de la Sagrada Familia es una invitación a todos los que somos y formamos la Iglesia a tener más presente el Magisterio respecto a la familia, para que deje de ser tan desconocido. Especialmente los esposos, ante las diferentes situaciones que van surgiendo en su vida matrimonial y familiar, si quieren responder con y desde la fe están llamados hacer el (pequeño) esfuerzo de “buscar” lo que la Iglesia, basándose en el Evangelio, ha indicado ya al respecto.

Como indica el Papa Francisco en “Amoris Laetitia”: “hay que alentar la maduración de una conciencia iluminada, formada y acompañada por el discernimiento responsable y serio del pastor, y proponer una confianza cada vez mayor en la gracia” (303), con el fin de que los esposos puedan tomar las decisiones adecuadas, recordando también que: “Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas”. (37).

¿Qué documentos de la Iglesia conozco referentes al matrimonio y la familia? ¿He leído alguno de ellos? ¿Por qué? Ante situaciones y dudas que hayan surgido en mi vida familiar o matrimonial, ¿he buscado la propuesta de la Iglesia al respecto? Si es así, ¿sabía dónde tenía que buscar?

Son muchos los interrogantes e incertidumbres que afectan a la familia, y que a veces “se nos escapa” la postura correcta que debemos adoptar desde la fe, pero no nos quedemos en la duda; ya deberíamos saber que contamos con la Iglesia, como Madre educadora. Como dice el Papa: “Hoy, más importante que una pastoral de los fracasos es el esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios” (307).

Conozcamos el Magisterio sobre la familia y aprovechemos la formación que se nos ofrece, porque como finaliza el Papa: “ninguna familia es una realidad celestial y confeccionada de una vez para siempre, sino que requiere una progresiva maduración de su capacidad de amar… Cada familia debe vivir en ese estímulo constante. Caminemos familias, sigamos caminando. Lo que se nos promete es siempre más. No desesperemos por nuestros límites, pero tampoco renunciemos a buscar la plenitud de amor y de comunión que se nos ha prometido” (325).