Ef 3, 2-3a. 5-6 (2ª lectura Epifanía del Señor)

La carta a los Efesios (cuya autoría paulina algunos discuten por cuestiones de lenguaje, de estilo y de teología), se presenta como una “carta de cautividad”, escrita por Pablo en prisión (los que aceptan la autoría paulina de esta carta discuten cual es el lugar donde Pablo está preso, en este momento, aunque la mayoría ligue la carta al cautiverio de Pablo en Roma entre los años 61 – 63).

Es, de cualquier forma, una presentación sólida de una catequesis bien elaborada y madurada. La carta (tal vez una “carta circular”, enviada a varias comunidades cristianas de la parte occidental del Asia Menor), parece presentar una especie de síntesis del pensamiento paulino.

El tema más importante de la carta a los Efesios es aquello que el autor llama “el misterio”: se trata del proyecto salvador de Dios, definido y elaborado desde siempre, escondido durante siglo, revelado y concretizado plenamente en Jesús, comunicado a los apóstoles y, en los “últimos tiempos”, hecho presente en el mundo por la Iglesia.

En la parte dogmática de la carta (cf. Ef 1,3-3,19), Pablo presenta su catequesis sobre “el misterio”: después de un himno que pone de relieve la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en la obra de la salvación (cf. Ef 1,3-14), el autor habla de la soberanía de Cristo sobre los poderes angélicos y de su papel de cabeza de la Iglesia (cf. Ef 1,15-23); después, reflexiona sobre la situación universal del hombre, sumergido en el pecado y afirma la iniciativa salvadora y gratuita de Dios en favor del hombre (cf. Ef 2,1-10); expone todavía, cómo es que Cristo, realizando “el misterio”, llevó a cabo la reconciliación de los judíos y de los paganos en un solo cuerpo, que es la Iglesia (cf. 2,11-22). El texto que se nos propone, viene en esta secuencia: en él, Pablo se presenta como testigo del “misterio” ante los judíos y ante los paganos (cf. Ef 3,1- 13).

A Pablo, apóstol como los Doce, también le fue revelado “el misterio”. Es ese “misterio” que Pablo aquí desvela a los creyentes del Asia Menor. Pablo insiste en que, en Cristo, llegó la salvación definitiva a los hombres; y esa salvación no está destinada exclusivamente a los judíos, sino que se destina a todos los pueblos de la tierra, sin excepción. Pablo es, por llamamiento divino, el heraldo de esta noticia. Percibimos así por qué Pablo se siente el gran heraldo de la “buena noticia” de Jesús entre los paganos.

Ahora, judíos y gentiles son miembros de un mismo y único “cuerpo” (el “cuerpo de Cristo” o Iglesia), comparten el mismo proyecto salvador que les hace, igual que a los judíos, “hijos de Dios” y todos participan de la promesa hecha por Dios a Abraham (cf. Gn 12,3), promesa cuya realización Cristo llevó a cabo.

La reflexión puede hacerse a partir de los siguientes elementos:

La perspectiva de que Dios tiene un proyecto de salvación para ofrecer a su Pueblo, ya enunciada en la primera lectura, tiene, aquí, nuevos desarrollos. La primera novedad es que Cristo es la revelación y la realización de ese proyecto. La segunda novedad es que ese proyecto no se destina solamente a “Jerusalén” (al mundo judío), sino que es ofrecido a todos los pueblos, sin excepción.

La Iglesia “cuerpo de Cristo”, es la comunidad de aquellos que acojan “el misterio”. En ella, blancos y negros, pobres y ricos, rumanos y magrebíes, son beneficiarios de la acción salvadora y liberadora de Dios, en las mismas circunstancias.
¿Tenemos, verdaderamente, conciencia de que es en esta comunidad de creyentes donde se revela hoy en el mundo el proyecto salvador que Dios ofrece a todos los hombres?

¿Se transparenta en la vida de nuestras comunidades, realmente, el amor de Dios? ¿Nuestras comunidades son verdaderas comunidades fraternas, donde todos se aman sin distinción de raza, de color o de estatus social?

Todos somos destinatarios del misterio y todos somos “hijos de Dios” y hermanos los unos de los otros. Esa fraternidad, implica el amor sin límites, el compartir, la solidaridad.
¿Nos sentimos solidarios con todos los hermanos que comparte con nosotros esta gran casa que es el mundo?

¿Nos sentimos responsables por la suerte de todos nuestros hermanos, incluso de aquellos que están separados de nosotros por la geografía, por la diversidad de culturas y de razas?