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Archive for 3/01/19

VÍSPERAS

JUEVES II de NAVIDAD

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te diré mi amor, Rey mío,
en la quietud de la tarde,
cuando se cierran los ojos
y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío,
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío,
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos,
quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles,
con el aliento del cielo
que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío,
con el amor de tu Madre,
con los labios de tu Esposa
y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande!
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle! Amén. 

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrate al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sore el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le pagen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Lïbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 1, 5b.7

Dios es luz sin tiniebla alguna. Si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Regocijémonos en el Señor y alegrémonos con júbilo espiritual, porque apareció en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Regocijémonos en el Señor y alegrémonos con júbilo espiritual, porque apareció en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

PRECES

Con la llegada de Cristo, floreció y echó raíces el pueblo santo de Dios. Jubilosamente, digamos a nuestro Salvador:

Que tu nacimiento llene de gozo al mundo entero.

Cristo, vida nuestra, que viniste para ser cabeza de la Iglesia,
— sigue promoviendo el crecimiento de tu cuerpo, para que se edifique en el amor.

Tú que quieres ser adorado en una doble naturaleza,
— haznos partícipes de tu divinidad.

Tú que por la encarnación te hiciste nuestro mediador,
— haz que los miembros de la Iglesia se unan más eficazmente a tu ministerio, por la santidad de sus vidas.

Tú que al venir a este mundo instauraste un nuevo orden entre los hombres,
— conduce a todos los pueblos a tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que al nacer rompiste las cadenas de la muerte,
— libra a los difuntos de todas sus ataduras.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, tú has dispuesto que por el nacimiento virginal de tu Hijo, su humanidad no quedara sometida a la herencia del pecado: por este admirable misteiro, humildemente te rogamos que cuantos hemos renacido, en Cristo, a una vida nueva, no volvamos otra vez a la vida caduca de la que nos sacaste. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

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Lectio: Jueves, 3 Enero, 2019

1) Oración inicial

Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de la redención de los hombres con el nacimiento de tu Hijo, concédenos, te rogamos, una fe tan sólida que, guiados por el mismo Jesucristo, podamos alcanzar los premios eternos que nos has prometido. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Juan 1,29-34
Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije:
Detrás de mí viene un hombre,
que se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo.
«Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: `Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que ése es el Elegido de Dios.»

3) Reflexión

• En el Evangelio de Juan historia y símbolo se mezclan. En el texto de hoy, el simbolismo consiste sobre todo en evocaciones de texto conocidos del Antiguo Testamento que revelan algo respecto de la identidad de Jesús. En estos pocos versos (Jn 1,29-34) hay las siguientes expresiones con densidad simbólica: a) Cordero de Dios; b) Quitar el pecado del mundo; c) Existía antes que yo; d) El descenso del Espíritu como paloma; e) Hijo de Dios.
Cordero de Dios. Este título evocaba la memoria del éxodo. En la noche de la primera Pascua, la sangre del Cordero Pascual, con el que se señalaban las puertas de las casas, constituía para la gente señal de liberación (Es 12,13-14). Para los primeros cristianos Jesús es el nuevo Cordero Pascual que libera a su pueblo (1Cor 5,7; 1P 1,19; Ap 5,6.9).
Quitar el pecado del mundo. Evoca la frase tan bonita de la profecía de Jeremías: “Ya no tendrán que enseñarse mutuamente diciéndose el uno al otro: Conozcan a Yavé. Pues me conocerán todos, del más grande al más humilde. Porque yo habré perdonado su culpa y no me acordaré más de su pecado” (Jer 31,34).
Existía antes que yo. Evoca varios textos de los libros sapienciales, en los que se habla de la Sabiduría de Dios que existía antes de todas las demás criaturas y que estaba junto a Dios como maestro de obras en la creación del universo y que, por fin, fue a morar en medio del pueblo de Dios (Prov 8,22-31; Ec 24,1-11).
El descenso del Espíritu como paloma. Evoca la acción creadora en la que se dice que “el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas “ (Gén 1,2). El texto de Génesis 1,2 sugiere la imagen de un pájaro que vuela sobre un nido. Imagen de la nueva creación en movimiento bajo la acción de Dios.
Hijo de Dios: es el título que resume todos los demás. El mejor comentario de este título es la explicación del mismo Jesús: “Las autoridades de los judíos respondieron: No te apedreamos por algún bien que hayas hecho, sino porque siendo hombre, insultas a Dios, haciéndote pasar por Dios.” Jesús dijo:”¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo lo digo: ustedes son dioses? Se llama, pues, dioses a los que reciben la palabra de Dios; y no se puede dudar de la Escritura. Entonces, si el Padre me ha consagrado y enviado al mundo, ¿no puedo decir que soy Hijo de Dios sin insultar a Dios? Si yo no cumplo las obras del Padre, no me crean. Pero si las cumplo, aunque no me crean por mí, crean por las obras que hago y sepan de una vez que el Padre está en mí y yo estoy en el Padre.” (Jn 10,33-39)

4) Para la reflexión personal

• Jesús se ofreció a si mismo, completamente, para toda la humanidad, y yo ¿qué puedo ofrecer para ayudar a mi prójimo?
• También nosotros hemos recibido el Espíritu Santo ¿Cuán consciente soy de que soy templo del Espíritu?

5) Oración final

Cantad a Yahvé un nuevo canto,
porque ha obrado maravillas;
le sirvió de ayuda su diestra,
su santo brazo. (Sal 98,1)

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62: “Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y para que esperase al Salvador prometido (cf. DV 3).”

Como veis damos un paso más y después de la etapa de los patriarcas. La verdad es que no es tan fácil establecer los patriarcas hasta donde son o donde no son. La palabra patriarca en su sentido más estricto y más común se suele aplicar a los padres antediluvianos, de la raza humana, antes del diluvio y también a los progenitores de Israel, Abraham, Isaac y Jacob. Esto es lo que se suele entender por patriarcas. En el Nuevo Testamento el término también se aplica a los hijos de Jacob, en el libro de los Hechos y también al rey David. Como veis no está, no hay una línea divisoria de decir, estos son patriarcas y esto no, pero más o menos, digamos que la palabra patriarcas se suele aplicar a los padres de antes del diluvio y a los progenitores de Israel, Abraham, Isaac y Jacob.

Hay un par de listas de los patriarcas en el libro del Génesis, en el capítulo 4, en el capítulo 5, hay dos listas de patriarcas, que nosotros que tenemos una cultura del Antiguo Testamento bastante flojita, nos cuesta situarlos históricamente. En Gén 4, 17 comienza una lista con Caín y habla de sus descendientes Henoc y Daaz, Bejuyael, Betusael, Lamek, etc., que vamos a ser un poco humildes y a reconocer que nos cuesta tener un conocimiento de todas esas genealogías tan cerca. Baste con lo que hemos dicho, por patriarcas entendemos antes del diluvio y Abraham, Isaac y Jacob.

Lo que dice el catecismo es que después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo sacándolo de la esclavitud de Egipto. Es curioso que diga que hay como una constitución de Israel. Es curioso. Nosotros por la palabra constitución entendemos algo jurídico, levantar acta, llamar al notario vamos a levantar acta, publicar un decreto, el que queda constituido, etc. Obviamente tal cosa no existe en el caso de la constitución de Israel. El catecismo pone como momento especial, momento en el que el pueblo se hace pueblo, el momento en el que son librados de los egipcios. El momento en que es salvado de Egipto que tiene esa experiencia de la dureza de la esclavitud, de pasarlo mal, de clamar a Dios. En ese momento son constituidos. Esa experiencia es tan fuerte, queda marcada en ellos de una manera tan fuerte. Lo que han sufrido en Egipto, el ser esclavo, el ser humillado, el que el faraón incluso decida matar a los primogénitos varones, etc. Todo eso supone tal humillación, tal experiencia que les une y forma un pueblo. Les constituye como un pueblo. No digamos nada la experiencia de marchar al desierto, perseguidos por los egipcios. La experiencia de ver como Yavé les hacía pasar milagrosamente el mar Rojo. Como en el desierto les obliga a organizarse. Así son constituidos como un pueblo. También esto tiene su razón de ser en la propia psicología del hombre. Porque a veces para sentirnos nosotros pueblo tenemos que pasar todo mal, tenemos que tener la experiencia de sentirnos unidos por compartir un sufrimiento. Cuando vivimos bien, cuando no tenemos problemas empezamos a enfrentarnos entre nosotros. Nuestros problemas, a falta de un problema común, cuando no tenemos un problema común, cuando no tenemos enemigo común, entonces generalmente el pueblo se desune, empieza uno a luchar contra el otro. Todo son acciones de protagonismo… Si ya lo vemos lo que ocurre. Una sociedad que durante mucho tiempo vive en el bienestar, pierde fácilmente su ideosincrasia, pierde sus raíces. Si nos esta pasando a nosotros. El hecho de que vivamos en un bienestar hace que perdamos la identidad del propio pueblo, estamos súper divididos, al final ya no se sabe nada. Es curioso que nuestra personalidad se suele formar especialmente en momentos duros. En momentos duros es cuando nos unimos. Todos como una piña. Por eso dice que Israel, propiamente como pueblo, se constituyó cuando estuvo, antes claro que había habido pasos previos, en la esclavitud de Egipto. Y en esa experiencia de liberación, entonces se formó el pueblo.

Y además dice que después estableció con él la alianza del Sinaí. El hecho de ser llevados al desierto. El hecho de que en la cumbre de aquel monte del Sinaí, Yavé mostrase su gloria, que eligiese a Moisés como aquel hombre a quien le iba a revelar su gloria, le entregaba las tablas de la ley. Bien es verdad es que al mismo tiempo estaban ocurriendo infidelidades, porque es así, porque somos así de incoherentes. Pero obviamente la experiencia de que Dios se revelase, el escándalo de hacer un toro de oro y que Moisés respondiese dando un órdago, un órdago en el que les pide penitencia por lo que han hecho, por la infidelidad a Dios. Eso estaba conformando el alma de un pueblo. Estaban recibiendo una lección, la lección de que no hay más Dios que Yavé. Estaban experimentando su propia miseria, una y otra vez, su fragilidad, porque se veían en medio de un desierto. Suelen decir las personas que han conocido un desierto, que cuando alguien vive una etapa de su vida en un desierto, suele sentir una experiencia de fragilidad, viendo lo que es un desierto cuando se levanta una tormenta de arena, tú no eres nadie. Viendo los rayos, los truenos en mitad del desierto, preguntándote habrá agua más adelante, no habrá agua, viviendo en una precariedad en la que uno necesita en cada momento vivir casi del milagro del momento. Esto constituye a Israel. Y van comprendiendo que no hay más Dios que Israel. Él es el Padre providente, es el juez justo y así aprenden a esperar. En el desierto, en la experiencia de Egipto, Israel aprendió a esperar. Aprendió lo que es la esperanza. Y recibió una gran lección para aprender a esperar al mesías prometido. Al mesías prometido que es el mesías liberador, que es Jesucristo.

Quiere decir que ellos estando esclavos en Egipto suspiraban por su liberación. Vino Moisés, les liberó. Pero claro después en el desierto había más problemas, vamos a la tierra prometida, esperaron en ella. Llegan a la tierra prometida, en ella también tienen que batallar. Aquí en todos los sitios cuecen habas, como se dice. Allí también las esperanzas se ven cumplidas pero al mismo tiempo es un pueblo que está esperando y cuando alcanza lo esperado se dan cuenta que era un objetivo, que era una meta volante y luego tenían que seguir esperando. Y Dios les va educando a esperar la salvación definitiva, que es la del mesías. Así se va constituyendo Israel. Un pueblo educado en la esperanza.

Si lo trasladamos a nuestra vida nos damos cuenta que nos pasa lo mismo. Nosotros somos, el hombre es un ser que espera. Si un ser humano no esperase nada, no sería tal, no sería ser humano. Pero al mismo tiempo, en esas pequeñas esperanzas que tenemos en nuestra vida, tenemos que ser educados en la gran esperanza. Digamos no perdernos por el camino, sino ir educando nuestro corazón en que al final solamente Dios colma nuestras esperanzas.

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El testimonio de Juan se hace mucho más explícito en este pasaje. Nos dice el evangelista que al ver Juan a Jesús, que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía; pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. No designa a Jesús como el Mesías, ni como el Profeta; y no es que no le considere tal, pero utiliza un término que define bien su modo de entender el mesianismo de Jesús. Su concreta forma mesiánica será la del Cordero de Dios entregado a la muerte para quitar el pecado del mundo.

El concepto empleado tiene connotaciones proféticas. Ya Isaías describía la misión del Siervo de Yahvé como la de un cordero llevado al matadero, entregado en expiación. Situado en esta perspectiva profética, Juan supo ver antes que ninguno de los discípulos de Jesús la configuración histórica del mesianismo de éste: Jesús no actuaría como un rey victorioso ni como un sacerdote de la antigua Ley, sino como el Cordero de Dios que entrega su vida en acto de humilde obediencia por la salvación del mundo esclavo del pecado. La imagen del “cordero” sugiere la idea de la mansedumbre y la del sacrificio. Decir “cordero manso” es casi una redundancia; y el animal más empleado en los sacrificios rituales de la antigua Alianza era el cordero. Decir de Jesús que es el Cordero de Dios es aludir a ambas cosas: a su actuar con mansedumbre y a su aptitud para el sacrificio. En el mismo sacrificio –en la cruz- culmina su misión de Cordero de Dios, porque es ahí donde se completa su entrega, su acto de amor hasta el extremo: ese acto redentor que nos libera del pecado, otorgándonos la salvación.

Su misión se hace consistir precisamente en esto, en quitar el pecado del mundo, dicho así, en singular, como si se tratara de un poder que tiene al mundo bajo su imperio. Porque el pecado con el que nos podemos pasar la vida peleando es un poder que nos domina o una atadura que nos cuesta mucho disolver. Pues bien, Jesús, el Ungido del Espíritu, venció en su muerte al pecado, que en su vida se había manifestado sólo como tentación, para darnos con su victoria sobre la muerte su mismo poder, el poder de su Espíritu, para someter al pecado presente en nuestras vidas. Sólo recurriendo a ese poder espiritual lograremos la victoria sobre este otro poder maléfico (el pecado; léase, el egoísmo, la arrogancia, la cólera, la envidia, la lujuria, la falta de dominio, etc.), aunque para ello necesitemos todo el tiempo disponible de la vida y únicamente se haga plenamente efectivo en el momento de la muerte.

Juan le presenta como un hombre del que ya ha hablado como “estando delante de él” y como “existiendo antes que él”, y ante el cual se siente “indigno de desatarle la correa de las sandalias”. Y aunque dice “no conocerle”, entiende que su misión y su actividad de “bautizante” están en función de su manifestación a Israel. Él ha salido a predicar y a bautizar con agua precisamente para darlo a conocer a su pueblo. Es lo que hace ahora con su público testimonio, al señalarle como el Cordero de Dios. La manifestación mesiánica de Jesús no dependerá exclusivamente del testimonio de Juan, pero éste será como el aldabonazo de esa manifestación, no sólo porque está en sus inicios, sino también por la fuerza de convicción que entraña. Juan proclama haber contemplado su propia unción: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Esta visión le reafirma en su convicción. Juan se siente también un enviado. Pues bien, el que le ha enviado a bautizar es el que le ha dicho: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.

Tras esta inspiración divina, Juan no puede dudar de que Jesús es realmente el Mesías, el Ungido del Espíritu, el que ha de bautizar con Espíritu Santo (y no sólo con agua). Por eso, porque ya no tiene dudas, lo proclama abiertamente, a pesar de ser un desconocido para él hasta ese momento. Este es el testimonio de Juan en favor de Jesús como Mesías y de su manifestación al pueblo de Israel, un testimonio que sigue teniendo vigencia para nosotros en un doble sentido: en cuanto que nos reafirma en nuestra convicción de Jesús como Hijo de Dios y en cuanto que nos aclara y confirma su modo concreto de actuación mesiánica, como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. De este Mesías-Cordero no podemos esperar otra cosa sino ésta, que no es desdeñable, que quite el pecado del mundo, empezando por los que tenemos conciencia de aquello para lo que él vino, y con el pecado, la muerte, que es su consecuencia. Digo que “quitar el pecado del mundo” no es tarea desdeñable, porque con el pecado quitará muchas maldades, injusticias y sufrimientos que son consecuencia del mismo. ¡Ojalá que el Señor nos encuentre colaboradores con él en esta tarea!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

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9. La Secretaría General del Sínodo de los Obispos —compuesta por el Secretario General, que la preside, el Subsecretario, que asiste al Secretario general en todas sus funciones, y por algunos Consejos especiales de Obispos— se ocupa principalmente de cumplimentar todo lo relativo a la Asamblea sinodal ya celebrada y de la que está por celebrar. En la fase que precede a la Asamblea, contribuye a especificar los temas que, de entre los propuestos por el Episcopado, se discutirán en la Asamblea del Sínodo; a su exacta determinación en relación con las necesidades del Pueblo de Dios; al comienzo del proceso de consulta y a la elaboración de los documentos preparatorios redactados sobre la base de los resultados de la consulta. En cambio, en la fase posterior a la Asamblea, promueve por su parte la aplicación de las directrices sinodales aprobadas por el Romano Pontífice, junto al Dicasterio competente de la Curia Romana.

Entre los Consejos que constituyen la Secretaría General, y que le confieren una estructura peculiar propia, se debe enumerar en primer lugar el Consejo Ordinario, en su mayor parte por los Obispos diocesanos elegidos por los Padres de la Asamblea General Ordinaria. Desde que en 1971 fuera instituido para la preparación y realización de la Asamblea General Ordinaria, ha demostrado ampliamente su utilidad, respondiendo en cierta manera al deseo de aquellos Padres conciliares que pedían la cooptación de algunos Obispos, dedicados al ministerio pastoral en las diferentes regiones del mundo, como cooperadores estables del Romano Pontífice en su ministerio de Pastor universal. Además del Consejo Ordinario, y dentro de la Secretaría General, se pueden constituir también otros Consejos para la preparación y realización de las Asambleas sinodales distintas de la Asamblea General Ordinaria.

Al mismo tiempo, la Secretaría General está a disposición del Romano Pontífice en todas las cuestiones que le querrá encargar, para poder beneficiarse del consejo seguro de Obispos que están cotidianamente en contacto con el Pueblo de Dios, también fuera de las convocatorias sinodales.

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LA FE, GRACIA Y RESPONSABILIDAD

RELATO TEOLÓGICO

Para que el relato evangelio de hoy pueda interpelarnos, es preciso descubrir la clave en que está escrito. Todos los exegetas están de acuerdo en que no se trata de un pasaje histórico, una crónica, sino de una narración simbólica, de un género literario llamado por los biblistas “midrash haggádico”, que tiene mucho que decir a los cristianos de todos los tiempos. El relato pone de manifiesto la gran noticia: “Os ha nacido un Salvador, el Mesías” (Le 2,11). Pero quienes fueron llamados los primeros, los que conocían “la Ley y los Profetas”, quienes lo esperaban desde hacía siglos “no le recibieron” (Jn 1,11). En cambio, “a pueblos que andaban en tinieblas y en sombra de muerte les iluminó una luz esplendorosa” (Mt 4,16). Mateo escribe el relato de los magos a la luz de las comunidades que forman la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, compuesto en su gran mayoría por cristianos venidos de la sociedad pagana. El relato, pues, más que histórico, es teológico, simbólico, con vigencia hasta el final de los tiempos.

Todos los personajes que intervienen “han visto la estrella”, se han enterado de la buena noticia del nacimiento del Salvador, del Esperado. Para los magos, figura de los paganos, esta estrella ha sido la predicación de los apóstoles y profetas, el testimonio personal y comunitario de los cristianos, los prodigios y señales de la fuerza liberadora del Espíritu de Jesús. Para los judíos del tiempo en que escribe Mateo son los magos, es decir, los paganos convertidos, los que desde su experiencia de salvación, testimonian que efectivamente el profeta revoltoso y ejecutado es el Liberador de Israel. Todos han recibido la noticia, pero no todos la han acogido y se han convertido como invitaban los pregones de Pedro (Hch 2,38); todos, en cierto modo, han visto la estrella, pero no todos se han puesto en camino. Los judíos, representados por Herodes (el poder político), por los sumos pontífices y los letrados (el

poder religioso), ni se molestan en acompañar a los magos peregrinos; es más, rechazan masivamente al Mesías recién nacido. Pablo se sacudirá el polvo de sus sandalias itinerantes en señal de reprobación y de renuncia a seguir evangelizándoles (Hch 13,51). En cambio, muchos paganos acogen la gran noticia e inician la peregrinación de la fe al encuentro cada vez más profundo del Señor Jesús.

La estrella es para nosotros cada llamada del Señor a través de diversos signos que nos invitan a la primera conversión o a superar una etapa en la vivencia de la fe. Esa estrella puede ser una desgracia o un fracaso que nos invita a renunciar a los ídolos y a confiar en el que tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68). La estrella puede ser el testimonio de un testigo apasionado por Jesús y su Causa, un libro inquietador, la reflexión de un creyente, la vida vibrante de una comunidad que nos invita a partir… Todo ello es gracia, don, signo del amor gratuito de Dios. Estas estrellas aparecen en el firmamento de nuestra vida, no son fruto de nuestro ingenio como las estrellas de nuestros belenes. A nosotros nos corresponde vivir atentos y observar las “estrellas”.

LA FE ES UN ÉXODO

Quizás nos digamos: “Bueno, yo ya soy creyente, soy cristiano practicante, de modo que el mensaje de este relato no tiene nada que ver conmigo…”. La fe es un éxodo. Hay que partir muchas veces. La fe no es algo que se tiene como una joya en un cofre; es una relación de amistad y de comunión con el Señor y, a través de él, con el Padre y el Espíritu. Tal relación no está nunca hecha del todo, ha de estar en constante crecimiento.

La vida cristiana es una llamada a superar etapas. Dios nos hace sucesivas invitaciones a partir… La pareja que se casa, el sacerdote que sube al altar, la religiosa que se compromete ante Dios… saben que inician una “aventura”, pero lo hacen con entusiasmo y fe. Luego, los roces de la vida y nuestra propia mediocridad nos van desgastando. Aquel ideal que veíamos con tanta claridad parece oscurecerse. Se pueden apoderar de nosotros el cansancio y la insensibilidad. Tal vez seguimos caminando, pero la vida se hace cada vez más dura y pesada. Ya sólo nos agarramos a nuestro pequeño bienestar. Seguimos “tirando”, pero, en el fondo, sabemos que algo ha muerto en nosotros. La vocación primera parece apagarse. Es precisamente en ese momento cuando hemos de escuchar esa “segunda ilamaüa” que puede devolver el sentido y el gozo a nuestra vida. Precisamente los magos encarnan la figura del hombre o de la comunidad que atisba la llamada de Dios en los signos de los tiempos, en los hechos de su vida, en “estrellas” que invitan a caminar. Es el “kairós”, la oportunidad que Dios nos ofrece.

La estrella que le invitó a levantarse de su sacerdocio honesto, pero burgués, a Henri Nouwen fue el “Regreso del hijo pródigo” de Rembrandt. La estrella que invitó a emprender un cristianismo más generoso a un par de amigos míos, cristianos cumplimenteros, fue precisamente la lectura del libro de Henri Nouwen titulado como el cuadro. En este sentido, hay que decir que el Señor llama y llama, pero, por desgracia, muchos tienen el móvil apagado. Pablo y el autor de la carta a los hebreos alertan enérgicamente a los cristianos a no repetir la cerrazón y la infidelidad del primer pueblo de Dios, simbolizado en los sumos sacerdotes, los sabios y Herodes (1Co 10,1-14; Hb 4,1-4). “Si escucháis la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón como vuestros padres” (Hb 3,7). El mismo Pablo, que se siente identificado con Cristo, escribe: “Hermanos: Yo no pienso haber conseguido la meta; más bien, sigo corriendo hacia ella” (Flp 3,12-14). La Palabra nos urge, pues, a preguntarnos: ¿Qué estrella o estrellas han aparecido en mi entorno que me provocan éxodo? ¿Hacia dónde me guía esa estrella o estrellas para entablar una nueva relación con el Señor y un modo nuevo de ver y vivir?

CAMINAR JUNTOS

Los magos caminan juntos, como los de Emaús. Helder Cámara, aquel gran caminante que entendía la vida como éxodo y que tan bellamente escribió sobre el tema, aseguraba: “Dichoso el que comprende y vive este pensamiento: Si no estás de acuerdo conmigo, me enriqueces”. Tener junto a nosotros a un hombre que siempre está de acuerdo de manera incondicional no es tener un compañero, sino una sombra. Es posible viajar solo. Pero un buen caminante sabe que el gran viaje es el de la vida, y éste exige compañeros. Bienaventurado quien se siente eternamente viajero y ve en cada prójimo un compañero. Un buen caminante se preocupa de los compañeros desanimados y cansados, intuye el momento en que empiezan a desesperar, los recoge donde los encuentra, los escucha, y con inteligencia y delicadeza, pero sobre todo con amor, vuelve a darles ánimos y gusto por el camino. Ch. Peguy decía: “Hay que caminar juntos; hay que llegar juntos a la casa del Padre. ¿Qué diría si nos viera llegar a los unos sin los otros?”.

A los magos se les ocultó la estrella. Pero no por eso emprendieron el viaje de regreso, no por eso desistieron. Utilizaron los medios a su alcance, siguieron buscando…

Hay que caminar juntos porque, de vez en cuando, en la vida se oculta la estrella, se hace de noche y el miedo se apodera del corazón. Con compañeros al lado, la noche es menos noche. Son los días de desconcierto en que parece que Dios se ha ausentado y se ha olvidado de nosotros. “¡Ay del solo! Si cae no tiene quien le levante” (Eclo 4,10). Todos los libros del Nuevo Testamento presentan a los cristianos viviendo en comunidad, caminando juntos en estrecha fraternidad, apoyándose en momentos de debilidad y de desconcierto (1Ts 5,14; Ef 4,1-6; Flp 2,1-4).

“VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO”

La Palabra de Dios nos recuerda con este relato la misión de ser luz, estrellas orientadoras para los demás. Hay que partir de queJesucristo es un derecho de todos, es luz “para alumbrar a las naciones” (Le 2,32). Y nosotros somos responsables de que otros puedan gozar de ese derecho. Ya en nuestro bautismo se nos entregó un cirio encendido en el gran cirio, símbolo de Cristo, para que seamos luz del mundo (Mt 5,14).

Estamos llamados a ser estrellas e iluminar con nuestro testimonio personal y colectivo. Testimonio de palabra, desde luego, pero sobre todo de vida. Y, juntos, testimonio de amor recíproco, de unidad, de fraternidad, como nos señaló Jesús: “Que sean uno como tú y yo, Padre, somos uno, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21-23). Tertuliano testifica la admiración que suscitaba el convivir fraterno de los primeros cristianos. Los paganos, llenos de asombro, comentaban: “¡Mirad cómo se aman!”. “Que al ver vuestras buenas obras -señala Cristo- glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16). El cardenal Suhard dijo inspiradamente: Ser testigo es llevar una vida que resulte inexplicable sin Dios.

La Epifanía es mucho más que una fiesta folclórica e infantil. La figura simbólica de los magos nos invita a seguir buscando a quien ya hemos encontrado por la fe; nos invita también a proclamar con nuestra vida, sobre todo, que Jesús es de verdad nuestro Salvador y Liberador. Charles de Foucauld repetía enardecido: Que nuestra vida grite el Evangelio.

Atilano Alaiz

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Jesús nació en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes. Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el que ha nacido, el rey de los judíos? Porque hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo». Al oír esto el rey Herodes, se sobresaltó, y con él toda Jerusalén; convocó a todos los sumos sacerdotes y a los maestros de la ley y les preguntó por el lugar de nacimiento del mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos y se informó cuidadosamente de ellos sobre el tiempo en que había aparecido la estrella; luego los envió a Belén, y les dijo: «Id y averiguad todo lo que podáis sobre ese niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para que vaya yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se marcharon; y la estrella que habían visto en oriente iba delante de ellos, hasta que fue a posarse sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella experimentaron una grandísima alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre; se pusieron de rodillas y lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Luego regresaron a su país por otro camino, pues les habían dicho en sueños que no volvieran adonde estaba Herodes.

Mateo 2, 1-12

 

Comentario del Evangelio

Unos Magos de Oriente han ido a adorar a Jesús. Unos Reyes que tienen de todo, que son per- sonas poderosas en el mundo, van a ponerse a los pies de un Niño que ha nacido en un lugar muy pobre. Los Reyes Magos supieron ver, a pesar de tener de todo, que Jesús era la esperanza para todos nosotros.

Y también supieron darse cuenta de que Herodes no tenía buenas intenciones con Jesús, que lo que quería era acabar con Jesús, acabar con nuestra esperanza, con el Hijo de Dios. Es hoy un día de ilusión y de esperanza para todos los cristianos, porque los Reyes Magos han vendido.

 

Para hacer vida el Evangelio

• Escribe con tres palabras lo que significa para ti los Reyes Magos.

• ¿Qué significan los Reyes Magos para los cristianos?

• Escribe un compromiso para que en este día de los Reyes Magos tengamos presente que que ellos pusieron en el centro a Jesús, el Hijo de Dios.

Oración

Tú pones tu estrella sobre los que están tristes o solos,
para que caigamos en la cuenta de que nosotros poseemos,
la capacidad de alegrarles, de visitarles, de salir a su encuentro,
la posibilidad de ser amigos, de charlar un ratito y de acompañar.
Tú pones la estrella en los que han venido de fuera,
buscando mejor vida, ahí, junto a
nosotros,
y te has propuesto que se la facilitemos,
les acojamos, les queramos y les ayudemos.
Tú pones la estrella sobre todo el que sufre,
para que estemos alerta,
para que salgamos a su encuentro,
y así no estén solos, ni tristes,
ni sufran sin compañía,
porque nosotros acompañamos su dolor,
su tristeza y su vida.
Tú enciendes en cada hermano
una estrella, Señor,
haz que capte enseguida el resplandor
de tu mensaje.

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