Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

62: “Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y para que esperase al Salvador prometido (cf. DV 3).”

Como veis damos un paso más y después de la etapa de los patriarcas. La verdad es que no es tan fácil establecer los patriarcas hasta donde son o donde no son. La palabra patriarca en su sentido más estricto y más común se suele aplicar a los padres antediluvianos, de la raza humana, antes del diluvio y también a los progenitores de Israel, Abraham, Isaac y Jacob. Esto es lo que se suele entender por patriarcas. En el Nuevo Testamento el término también se aplica a los hijos de Jacob, en el libro de los Hechos y también al rey David. Como veis no está, no hay una línea divisoria de decir, estos son patriarcas y esto no, pero más o menos, digamos que la palabra patriarcas se suele aplicar a los padres de antes del diluvio y a los progenitores de Israel, Abraham, Isaac y Jacob.

Hay un par de listas de los patriarcas en el libro del Génesis, en el capítulo 4, en el capítulo 5, hay dos listas de patriarcas, que nosotros que tenemos una cultura del Antiguo Testamento bastante flojita, nos cuesta situarlos históricamente. En Gén 4, 17 comienza una lista con Caín y habla de sus descendientes Henoc y Daaz, Bejuyael, Betusael, Lamek, etc., que vamos a ser un poco humildes y a reconocer que nos cuesta tener un conocimiento de todas esas genealogías tan cerca. Baste con lo que hemos dicho, por patriarcas entendemos antes del diluvio y Abraham, Isaac y Jacob.

Lo que dice el catecismo es que después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo sacándolo de la esclavitud de Egipto. Es curioso que diga que hay como una constitución de Israel. Es curioso. Nosotros por la palabra constitución entendemos algo jurídico, levantar acta, llamar al notario vamos a levantar acta, publicar un decreto, el que queda constituido, etc. Obviamente tal cosa no existe en el caso de la constitución de Israel. El catecismo pone como momento especial, momento en el que el pueblo se hace pueblo, el momento en el que son librados de los egipcios. El momento en que es salvado de Egipto que tiene esa experiencia de la dureza de la esclavitud, de pasarlo mal, de clamar a Dios. En ese momento son constituidos. Esa experiencia es tan fuerte, queda marcada en ellos de una manera tan fuerte. Lo que han sufrido en Egipto, el ser esclavo, el ser humillado, el que el faraón incluso decida matar a los primogénitos varones, etc. Todo eso supone tal humillación, tal experiencia que les une y forma un pueblo. Les constituye como un pueblo. No digamos nada la experiencia de marchar al desierto, perseguidos por los egipcios. La experiencia de ver como Yavé les hacía pasar milagrosamente el mar Rojo. Como en el desierto les obliga a organizarse. Así son constituidos como un pueblo. También esto tiene su razón de ser en la propia psicología del hombre. Porque a veces para sentirnos nosotros pueblo tenemos que pasar todo mal, tenemos que tener la experiencia de sentirnos unidos por compartir un sufrimiento. Cuando vivimos bien, cuando no tenemos problemas empezamos a enfrentarnos entre nosotros. Nuestros problemas, a falta de un problema común, cuando no tenemos un problema común, cuando no tenemos enemigo común, entonces generalmente el pueblo se desune, empieza uno a luchar contra el otro. Todo son acciones de protagonismo… Si ya lo vemos lo que ocurre. Una sociedad que durante mucho tiempo vive en el bienestar, pierde fácilmente su ideosincrasia, pierde sus raíces. Si nos esta pasando a nosotros. El hecho de que vivamos en un bienestar hace que perdamos la identidad del propio pueblo, estamos súper divididos, al final ya no se sabe nada. Es curioso que nuestra personalidad se suele formar especialmente en momentos duros. En momentos duros es cuando nos unimos. Todos como una piña. Por eso dice que Israel, propiamente como pueblo, se constituyó cuando estuvo, antes claro que había habido pasos previos, en la esclavitud de Egipto. Y en esa experiencia de liberación, entonces se formó el pueblo.

Y además dice que después estableció con él la alianza del Sinaí. El hecho de ser llevados al desierto. El hecho de que en la cumbre de aquel monte del Sinaí, Yavé mostrase su gloria, que eligiese a Moisés como aquel hombre a quien le iba a revelar su gloria, le entregaba las tablas de la ley. Bien es verdad es que al mismo tiempo estaban ocurriendo infidelidades, porque es así, porque somos así de incoherentes. Pero obviamente la experiencia de que Dios se revelase, el escándalo de hacer un toro de oro y que Moisés respondiese dando un órdago, un órdago en el que les pide penitencia por lo que han hecho, por la infidelidad a Dios. Eso estaba conformando el alma de un pueblo. Estaban recibiendo una lección, la lección de que no hay más Dios que Yavé. Estaban experimentando su propia miseria, una y otra vez, su fragilidad, porque se veían en medio de un desierto. Suelen decir las personas que han conocido un desierto, que cuando alguien vive una etapa de su vida en un desierto, suele sentir una experiencia de fragilidad, viendo lo que es un desierto cuando se levanta una tormenta de arena, tú no eres nadie. Viendo los rayos, los truenos en mitad del desierto, preguntándote habrá agua más adelante, no habrá agua, viviendo en una precariedad en la que uno necesita en cada momento vivir casi del milagro del momento. Esto constituye a Israel. Y van comprendiendo que no hay más Dios que Israel. Él es el Padre providente, es el juez justo y así aprenden a esperar. En el desierto, en la experiencia de Egipto, Israel aprendió a esperar. Aprendió lo que es la esperanza. Y recibió una gran lección para aprender a esperar al mesías prometido. Al mesías prometido que es el mesías liberador, que es Jesucristo.

Quiere decir que ellos estando esclavos en Egipto suspiraban por su liberación. Vino Moisés, les liberó. Pero claro después en el desierto había más problemas, vamos a la tierra prometida, esperaron en ella. Llegan a la tierra prometida, en ella también tienen que batallar. Aquí en todos los sitios cuecen habas, como se dice. Allí también las esperanzas se ven cumplidas pero al mismo tiempo es un pueblo que está esperando y cuando alcanza lo esperado se dan cuenta que era un objetivo, que era una meta volante y luego tenían que seguir esperando. Y Dios les va educando a esperar la salvación definitiva, que es la del mesías. Así se va constituyendo Israel. Un pueblo educado en la esperanza.

Si lo trasladamos a nuestra vida nos damos cuenta que nos pasa lo mismo. Nosotros somos, el hombre es un ser que espera. Si un ser humano no esperase nada, no sería tal, no sería ser humano. Pero al mismo tiempo, en esas pequeñas esperanzas que tenemos en nuestra vida, tenemos que ser educados en la gran esperanza. Digamos no perdernos por el camino, sino ir educando nuestro corazón en que al final solamente Dios colma nuestras esperanzas.