Jueves II de Navidad

Hoy es jueves 3 de enero.

Un niño frágil, un portal, unos pastores. Para Dios lo importante se va tejiendo de cosas sencillas que no llaman la atención. La Navidad es tiempo de adoración y de silencio. En medio de los villancicos y la fiesta, es bueno retirarse un momento, callar voces y ruidos, contemplar un misterio que sobre coge y orar.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 1, 29-34):

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua para que sea manifestado a Israel.»

Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado el Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

En medio de la Navidad aparece de nuevo la voz de Juan para anunciar que Jesús es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ya no hace falta ningún sacrificio más en el templo para ganar el favor de Dios. En Jesús se confirma que Dios ama sin condiciones, sin exigir nada a cambio. ¿Cómo vivo mi relación con Dios? ¿La vivo como un contrato o la vivo como un agradecimiento sabiendo que todo es don?

Jesús es el hombre del espíritu. El hombre lleno, arrastrado por el viento de su Padre. El Espíritu nos hace fuertes, alegres, valientes, audaces, apasionados, en tu vida, en la Iglesia y en el mundo. ¿Qué te gustaría que se llenase del Espíritu de Dios?

El evangelio de hoy anuncia la llegada de un Dios liberador, que quita el pecado del mundo. Jesús es la prueba de que Dios es ternura y misericordia para nuestro mundo. Y la prueba de que los seres humanos podemos vivir llenos del Espíritu. Al leer de nuevo el texto, déjate llenar por ese viento de Dios que da fuerza, alienta y sostiene.

Al terminar este rato de encuentro, habla con Jesús con la confianza de saber que en él estamos todos reconciliados con Dios. Pídele que su Espíritu te llene, que te ayude a mirar tu vida y el mundo con ternura y compasión.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.