I Vísperas – Epifanía del Señor

I VÍSPERAS

EPIFANÍA DEL SEÑOR, solemnidad

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Confiada mira la luz dorada
que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada
sobre Belén.

El mundo todo ve hoy gozoso
la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso
rey Emmanuel.

Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente
al niño Dios.

Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara,
pasión, dolor.

La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama
valiente Juan.

Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de eucaristía
Caná bebió.

A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.

SALMO 134

Ant. Engendrado antes de la aurora de los siglos, el Señor, nuestro Salvador, hoy se ha manifestado al mundo.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Engendrado antes de la aurora de los siglos, el Señor, nuestro Salvador, hoy se ha manifestado al mundo.

SALMO 134

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor,
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

CÁNTICO de TIMOTEO

Ant. Esta estrella resplandece como llama viva y revela al Dios, Rey de reyes; los magos la contemplaron y ofrecieron sus dones al gran Rey.

Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, manifestado en la carne,
justificado en el Espíritu.

Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, contemplado por los ángeles,
predicado a los paganos.

Alabad al Señor, todas las naciones.
Cristo, creído en el mundo,
llevado a la gloria.

Alabad al Señor, todas las naciones.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Esta estrella resplandece como llama viva y revela al Dios, Rey de reyes; los magos la contemplaron y ofrecieron sus dones al gran Rey.

LECTURA: 2Tm 1, 9-10

Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal por medio del Evangelio.

RESPONSORIO BREVE

R/ Será la bendicón de todos los pueblos.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

R/ Lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra.
V/ Todos los pueblos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los magos, al ver la estrella, se dijeron: «Éste es el signo del gran Rey; vamos a su encuentro y ofrezcámosle nuestros dones: oro, incienso y mirra.» Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los magos, al ver la estrella, se dijeron: «Éste es el signo del gran Rey; vamos a su encuentro y ofrezcámosle nuestros dones: oro, incienso y mirra.» Aleluya.

PRECES

Veneremos, con grandísimo gozo, a nuestro Salvador, que en este día fue adorado por los magos, y digámosle:

Salva, Señor, la vida de los pobres.

Oh Rey de las naciones, que llamaste a los magos, como primicia de los pueblos gentiles, para que te adoraran,
— danos el espíritu de adoración y servicio.

Rey de la gloria, que riges a tu pueblo con justicia,
— concede a los hombres paz abundante.

Rey eterno, que subsistes por los siglos,
— haz que tu palabra penetre en nuestros corazones como la llovizna que empapa la tierra.

Rey de justicia, que quieres librar al pobre que no tiene protector,
— ten piedad de los desgraciados y afligidos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Señor, cuyo nombre es bendito por los siglos,
— haz partícipes a nuestros hermanos difuntos de las maravillas de tu salvación.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que en este día revelaste a tu HIjo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

Lectio Divina – 5 de enero

Lectio: Sábado, 5 Enero, 2019

1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno: tú que has querido manifestarte con nueva claridad en el nacimiento de tu Hijo Jesucristo, concédenos, te rogamos, que así como él comparte con nosotros, naciendo de la Virgen, la condición humana, nosotros consigamos en su reino participar un día de la gloria de su divinidad. Por nuestro Señor. Amen.
 
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 1,43-51
Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea y encuentra a Felipe. Y Jesús le dice: «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
 
3) Reflexión
• Jesús volvió para Galilea. Encontró a Felipe y le llamó: ¡Sígueme! El objetivo del llamado es siempre el mismo:»seguir a Jesús” Los primeros cristianos insistieron en conservar los nombres de los primeros discípulos. De algunos conservaron hasta los apellidos y el nombre del lugar de origen. Felipe, Andrés y Pedro eran de Betsaida (Jn 1,44). Natanael era de Caná (Jn 22,2). Hoy, muchos olvidan los nombres de las personas que están en el origen de su comunidad. Recordar los nombres es una forma de conservar la identidad.
• Felipe encuentra Natanael y habla con él sobre Jesús: «Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley y también los profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret». Jesús es aquel hacia quien apuntaba toda la historia del Antiguo Testamento.
• Natanael pregunta: «Pero, ¿puede salir algo bueno de Nazaret?” Posiblemente en su pregunta emerge la rivalidad que acostumbraba existir entre las pequeñas aldeas de una misma región: Caná y Nazaret. Además de esto, según la enseñanza oficial de los escribas, el Mesías vendría de Belén en Judea. No podía venir de Nazaret en Galilea (Jn 7,41-42). Felipe da la misma respuesta que Jesús había dado a los otros dos discípulos: “¡Ven y verá!» No es imponiendo sino viendo que las personas se convencen. De nuevo, ¡el mismo proceso: encontrar, experimentar, compartir, testimoniar, llevar a Jesús!
• Jesús ve a Natanael y dice: «¡Ahí viene un verdadero israelita, sin falsedad!» Y afirma que ya le conocía, cuando estaba debajo de la higuera. ¿Cómo es que Natanael podía ser un «auténtico israelita” si no aceptaba a Jesús como Mesías? Natanael «estaba debajo de la higuera». La higuera era el símbolo de Israel (cf. Mi 4,4; Zc 3,10; 1Re 5,5). Israelita auténtico es aquel que sabe deshacerse de sus propias ideas cuando percibe que no concuerdan con el proyecto de Dios. El israelita que no está dispuesto a esta conversión non es ni auténtico, ni honesto. El esperaba al Mesías según la enseñanza oficial de la época (Jn 7,41-42.52). Por esto, inicialmente, no aceptaba a un mesías venido de Nazaret. Pero el encuentro con Jesús le ayudó a percibir que el proyecto de Dios no siempre es como la gente se lo imagina o desea que sea. El reconoce su engaño, cambia idea, acepta a Jesús como mesías y confiesa: «¡Maestro, tu eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel!» La confesión de Natanael no es que el comienzo. Quien será fiel, verá el cielo abierto y los ángeles que suben y bajan sobre el Hijo del Hombre. Experimentará que Jesús es la nueva alianza entre Dios y nosotros, los seres humanos. Es la realización del sueño de Jacob (Gén 28,10-22).
 
4) Para la reflexión personal
• ¿Cuál es el título de Jesús que más te gusta? ¿Por qué?
• ¿Tuviste intermediario entre tú y Jesús?
 
5) Oración final
Pues bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100,5)

La adoración a Dios

1. La Epifanía es la fiesta de la realeza de Jesús, según lo anuncia Miqueas 6, citado por Mateo. La dignidad real de Dios se oculta en la fragilidad de un niño, al que se adora.

2. La adoración es el acto de reverencia por el que se reconoce a Dios como Señor. A los santos se les venera, no se les adora. Ante la presencia de Dios, de su gloria o de su santidad, la persona religiosa adora. Por una parte, tiene conciencia de que es pecador, y adora «con temor y temblor»; por otra, se llena de alegría al reconocer la santidad divina.

3. En todas las religiones, la adoración se manifiesta a través de signos exteriores: inclinación, postración, beso… Así adoramos el signo del niño en Navidad o la cruz del Viernes Santo. Adoramos a Cristo. Pero de nada sirven los gestos si no adora el corazón; de este modo se expresan los profetas.

4. Mateo refiere la adoración de que es objeto Cristo por parte de unos «magos» extranjeros, del mismo modo que Lucas reseña esa misma adoración por parte de unos pastores marginados. En cambio, los dueños de este mundo, que sólo reconocen su propio señorío, intentan adorar cínicamente y con sentido perverso. La adoración cristiana es «en espíritu y en verdad». No es un gesto externo, sino una entrega radical: la adoración conlleva la ofrenda de unos dones. La adoración a Dios tiene lugar en la asamblea, cuyo centro es la doble mesa: la del hermano pobre y la del Señor.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Por qué motivos adoramos a Dios?

¿Sentimos veneración por algunas cosas?

Casiano Floristán

Comentario del 5 de enero

Según los relatos evangélicos, la vocación de los primeros discípulos de Jesús fue una sucesión de contactos y de encuentros que dieron origen a una fuerte amistad que habría de perdurar en el tiempo. La conformación de este grupo de seguidores de Jesús que está en el origen del cristianismo y de la Iglesia es el resultado de esos encuentros personales que instauraron estrechos lazos de amistad y de compañerismo. San Juan nos hace saber que Jesús, tras haber determinado salir para Galilea, encuentra a Felipe y le dice: Sígueme. Aclara que Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Es probable que Felipe tuviera ya contactos con Andrés y Pedro o que perteneciera al mismo círculo de los discípulos de Juan Bautista.

El encuentro con Jesús pudo deberse a estos contactos. Pero el evangelista añade, a continuación, que Felipe se encontró con Natanael, que no podía serle desconocido, y le expresó con asombro su última noticia: Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los Profetas lo hemos encontrado: a Jesús, hijo de José, de Nazaret. Para decir que habían encontrado a aquel de quien escribió Moisés, tenían que estar familiarizados con tales Escrituras. El personaje aludido era sin duda el Mesías esperado. Pues bien, Felipe manifiesta a su amigo la certeza de que el Mesías profetizado es Jesús, el Nazareno. Natanael no da crédito a esta noticia, porque entiende que de Nazaret, tierra de gentiles, no puede proceder el Mesías anunciado. De Nazaret no podía salir nada bueno. Felipe no le replica. Se limita a facilitarle el encuentro personal con el personaje en cuestión: Ven y verás, ven y tendrás ocasión de comprobarlo por ti mismo.

Cuando Jesús le ve acercarse a él, dice de él, como si le conociera de siempre: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Aquello tuvo que sonarle a Natanael a un juicio un poco presuntuoso. ¿Cómo se permitía enjuiciarle aquel desconocido que nada sabía de él? Por eso le contesta: ¿De qué me conoces para decir eso de mí? Y Jesús le muestra un indicio de sus dotes cognitivas: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Bastó esta simple indicación para que cambiara enteramente la actitud de ese israelita de verdad, íntegro, honesto, siempre con la cara descubierta, sin doblez ni engaño. Rabí –respondió-, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

Confesar a Jesús Hijo de Dios por haberle adivinado el lugar en que se encontraba antes de ser llamado por Felipe, parece excesivo. Y Jesús se lo hace notar: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y realmente llegó a ver cosas mayores, signos mayores de su poder de persuasión, de curación, de transformación. Veréis el cielo abierto–les dice Jesús- y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre. Verán, pues, abrirse el cielo; verán personajes celestes cortejando al Hijo del hombre. Pero también verán cosas contrarias; verán al Mesías contradicho, discutido, despreciado, rechazado, injuriado, humillado, condenado como un malhechor, crucificado, sepultado. Y en semejante visión su fe se verá zarandeada, combatida, cuestionada: Ahí tenéis a vuestro Rey, clavado en una cruz, les podían echar a la cara sus contradictores.

¿Era la amistad de estos hombres con Jesús, su fe en él, tan fuerte como para hacer frente a estos desafíos? No lo parece. Pero la fe de aquellos discípulos reverdeció con la resurrección del Maestro. Sólo este hecho (= cosa) mayor explica la fuerza arrolladora de una fe capaz de entregar la vida en su momento testimonial (= martirio). La amistad explica muchas cosas en la relación de aquellos discípulos con Jesús, pero no lo explica todo. Para seguir manteniendo la fe (= confianza) en él, tuvieron que ver realmente cosas mayores, tuvieron que ver el cielo abierto para dar entrada triunfal al Resucitado de entre los muertos. Pero no cabe duda de que hubo unos contactos que propiciaron encuentros, y los encuentros hicieron surgir la amistad –esa confluencia de intereses entre diversas personas- que habría de robustecerse con el tiempo. Sólo esta amistad ininterrumpida explica la permanencia en el seguimiento, incluso en los momentos más críticos y complicados, y finalmente la experiencia de las apariciones tras su muerte y sepultura. También hoy, como entonces, la fe sigue siendo una cuestión de amistad, que depende de un encuentro personal con el Viviente. Si falta éste se hace difícil no sólo el brotar de la fe, sino hasta su propio mantenimiento.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID,
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

De acuerdo con el canon 342 del CIC, y teniendo en cuenta lo considerado hasta aquí, dispongo y establezco cuanto sigue.

I. Asambleas del Sínodo

Art. 1

Presidencia y tipología de las Asambleas del Sínodo

§ 1. El Sínodo de los Obispos está directamente sometido al Romano Pontífice, que es el presidente.

§ 2. El mismo se reúne:

1° en Asamblea General Ordinaria, si se tratan materias que conciernen al bien de la Iglesia universal;

2° en Asamblea General Extraordinaria, si las materias a tratar, que conciernen al bien de la Iglesia universal, exigen una consideración urgente;

3° en Asamblea Especial, si se tratan materias que conciernen principalmente una o más zonas geográficas determinadas.

§ 3. Si lo considera oportuno, particularmente por razones de naturaleza ecuménica, el Romano Pontífice puede convocar una Asamblea sinodal según otras modalidades establecidas por él mismo.

Fiesta de la Epifanía

La mayor parte de la lecturas del Evangelio que hemos ido escuchando desde el comienzo de este tiempo de Navidad estaban tomadas del Evangelio de Lucas, que, en escenas sumamente vivas elaboradas en torno al nacimiento y la infancia de Jesús, nos anuncian ya todos los grandes temas de su Evangelio. La lectura del Evangelio que hemos escuchado hoy está tomada del Evangelio de Mateo. Al paso que Lucas, discípulo de Pablo, escribía para los cristianos de las diversas Iglesias diseminadas a través de las ciudades del Imperio Romano, Mateo escribe para Cristianos convertidos del Judaísmo, que podían fácilmente pensar que los privilegios del pueblo escogido seguían manteniendo su valor, incluso para ellos, cuando se ya hallaban en el seno de la Iglesia. Mateo les enseña que y no hay privilegios. Por esta escena de la venida de Oriente de Magos que preguntan dónde se halla el Rey de los Judíos que acaba de nacer y cuya estrella han visto ello aparecer. Mateo subraya el universalismo del mensaje que nos ha traído el Niño que acaba de nacer.

Este mensaje, lo mismo que el de la primera lectura, tomada del Libro de Isaías, nos enseña que todo hombre y toda mujer de buena voluntad, que busca sinceramente el bien, la justicia y la paz, pueden considerarse representados por estos tres Magos del Evangelio en torno a los que a lo largo de los siglos ha desarrollado tan bellas leyendas la imaginación de los cristianos. El mismo mensaje que encontramos en la segunda lectura, tomada de la Carta de Pablo a los cristianos de Efeso, carta en que anuncia la buena noticia de que “los paganos son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio”.

Este mensaje tiene también hoy su actualidad, como la tuvo muy en especial en el primer año del tercer Milenario, al que la organización de las Naciones Unidas declaró “Año Internacional del Diálogo entre las Civilizaciones” – tema que Juan Pablo escogió para su mensaje de la Jornada Mundial de la Paz, el 1º de Enero de ese mismo año.

Es de suma importancia escuchar una vez más este mensaje evangélico de universalismo, y de diálogo entre las culturas y las civilizaciones, en nuestra época en que una ola irresistible de lo que se llama globalización, que pudiendo servir para ese diálogo, corre más bien el peligro de asegurar la supremacía de los más fuetes y la opresión de los más débiles, lo que ha de llevar a la desaparición de las culturas y de las civilizaciones menos desarrolladas desde un punto de vista tecnológico.

No es nada nueva la tensión entre estas dos actitudes. Los Magos llegados de Oriente eran buscadores, curiosos, hombres de cultura, abiertos al descubrimiento, a lo nuevo, al Otro. Cuando juzgan que en su estudio de los astros han descubierto a un rey nuevo que ha nacido en Israel, vienen sencillamente a rendirle homenaje.

Al contrario de Herodes, que es desde tiempo atrás un hombre d poder, que no tiene otra preocupación que la de preservar ese poder, aun cuando para ello haya hecho desaparecer de manera implacable, sin hesitar lo más mínimo, como nos lo muestra sencillamente la historia, a quienquiera que pudiera hacer sombra a ese poder o amenazarlo de alguna manera.

Entre esta dos actitudes nos encontramos con la de los jefes de los sacerdotes y de los escribas de Israel – cuantos debieran ser los ‘sabios’ del pueblo. Ellos están en poder de la respuesta exacta. Saben muy bien dónde, como lo decían los profetas, había de nacer el Mesías, y comunican esta respuesta a Herodes, aun cuando conocen muy bien su crueldad y a pesar de que no sienten estima alguna para con él. No les preocupa el ir ellos mismos hasta Belén. Más tarde, para defender sus propias prerrogativas, entregarán a Jesús en manos del otro Herodes, para que lo condene a muerte.

¿Dónde nos colocamos personalmente nosotros frente a Jesús y frente a los demás? –Estamos dispuestos , como los Magos, a ver a Dios por doquier allí donde pueda manifestarse (Epifanía = Manifestación) en la pequeñez, en la simplicidad, por encima de las culturas, de las tradiciones o de las civilizaciones; o, como Herodes más bien, dispuestos a oprimir a los demás para preservar nuestro puesto o nuestros privilegios, o – más aún – como los jefes de los sacerotes y los escribas, a convertirnos en meros ‘observadores culpables’ (guilty bystanders, según la tan conocida expresión de Thomas Merton) de los crímenes que a diario se cometen contra las culturas y las civilizaciones, contra los pequeños, y contra el mismo Cristo en último término, que e ha identificado con ellos – en nombre no pocas veces de cierto universalismo que se mueve sin rumbo fijo y de una cierta globalización hipócrita?

¿Dónde nos situamos personalmente?

Ahí tenemos la pregunta que han venido a hacernos los tres Magos del Evangelio de Mateo.

A. Veilleux

Luz para todos

Epifanía quiere decir manifestación. De alguna manera ella nos arranca de la tentación de cobijar (la fiesta de navidad) en ambientes privados y la pone en la encrucijada de los caminos de la historia. Es una llamada y un reto a los hombres y mujeres que transitan por ellos. Epifanía hace caer eventuales barreras, y reitera que Jesús vino para todos.

Belén, la más pequeña

El relato de Mateo está lleno de colorido. Nacido Jesús, vienen unos magos, el texto no dice que fuesen tres, ni que fueran reyes, tampoco se afirma que perteneciesen a razas (o colores) diferentes. La falta de información fue suplida por la imaginación de la tradición cristiana que da así más sabor al texto. Por magos habría que entender sabios, sacerdotes, astrólogos quizá. Están en busca del niño, «rey de los judíos» (v. 2); la llegada de estos inesperados visitantes inquieta a los poderosos. Herodes convoca a sus letrados, ellos le recuerdan que el Mesías había de nacer en Belén. Citando al profeta Miqueas, Mateo afirma que por esa razón, y pese a las apariencias, Belén «no es la última» de las ciudades de Israel. El evangelista reemplaza el término de la versión griega de Miqueas para decir última, por otro; por aquel que el propio Mateo usará más tarde en el capítulo veinticinco para hablar de los «más pequeños» (v. 40 y 45) en los que encontramos a Jesús. El pobre y olvidado es como Belén, insignificante a primera vista, pero grande porque de él viene el Señor a nosotros.

Los magos encuentran al niño y le ofrecen su homenaje. El relato termina de modo muy bello. Ante las terribles intenciones de Herodes, los magos «se marcharon a su tierra por otro camino» (v. 12). Podemos pensar que el hallazgo de Jesús transformó sus vidas; el cambio de ruta es símbolo de conversión en la Biblia. Esa debe también ser la consecuencia de nuestro encuentro con el Señor: una transformación de nuestras vidas. La capacidad de tomar otro camino.

Revelación del misterio

En la perspectiva bíblica misterio no significa enigma y menos aún problema irresoluble. Se trata más bien de una realidad que nos envuelve y que por ello escapa a nuestra plena comprensión. Pero el misterio, en este contexto, no es reservado a unos iniciados, debe ser comunicado a todos. Pablo les habla a los efesios de aquello que ha sido dado a conocer ahora en Cristo: «Que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la misma promesa en Jesucristo» (3, 6). Eso es lo propio de la fiesta de Epifanía, la revelación a los magos venidos de oriente es la manifestación a los gentiles. En ese sentido no estaba descaminada la tradición cristiana cuando hacía de ellos representantes de diversas naciones y grupos étnicos.

El texto de Isaías nos recuerda un símbolo que es capital en la fiesta de Epifanía: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (60, 1). La luz que nos trae la palabra del Señor hace que se retiren «las tinieblas [que] cubren la tierra» (v. 2). Todos los pueblos acudirán a esa luz (cf. v. 3), todos están llamados a ser discípulos de Jesucristo (cf. Mt 28, 19). La Epifanía es por eso la gran fiesta misionera.

Una Iglesia que no es misionera se niega como comunidad de seguidores de Jesús. Pero esto vale también para cada cristiano, la fe no es un asunto privado y recoleto, ella impulsa más bien a la comunicación y a la vida en comunidad.

Gustavo Gutiérrez

Cuando se ha ido la estrella del cielo

Una formula sencilla, cómoda para iniciar la conversación el 6 de enero es recurrir a la pregunta: “¿Qué te han regalado los Reyes?” En efecto muchas personas depositan un regalo en las manos de amigos y familiares en esta fecha.

Una explicación de esta costumbre puede ser el hecho de que la Humanidad ha recibido el gran regalo del Niño que nació en Belén. Así, sí tiene sentido el intercambio de regalos. Regalar no se reduce al gesto de comprar unos productos u objetos. Significa más. Debe ser la expresión de un cariño y no suplencia del mismo.

La festividad de hoy, llamada popularmente, “el día de Reyes”. En lenguaje litúrgico la conocemos como Epifanía del Señor. Palabra griega que significa “manifestación”. Dios se manifiesta al mundo en las personas de los Magos.

La festividad de hoy entraña dos aspectos: el primero con rostro infantil, juguetón, lúdico, callejero. El segundo nos presenta a unos hombres buscadores de la verdad. Son decididos y no descansan hasta conseguir el objetivo final. En su visita a la casa de Belén los magos llevaron oro incienso y mirra.

Hoy, Jesús y muchos millones de niños y niñas quisieran otras cosas, otros regalos. Por ejemplo, más igualdad, más hermanos, más unión. Más igualdad, pues las diferencias chirrían ya desde pequeños con los juguetes. Mientras unos no saben qué hacer con tantos entretenimientos, otros no disponen de lo más elemental.

Muchos niños quisieran contar con algún hermano más. Conocer, vivir la fraternidad. Muchos niños quisieran que los padres les dedicasen más tiempo, pero se ven privados de ello.

Con cierta frecuencia nos sorprende la prensa de estos días con fotografías estremecedoras tomadas en los lugares que recorrieron la Magos. Hoy, esa tierra, donde viven israelíes y palestinos es un avispero, el lugar más conflictivo del mundo.

¡Misterios de la vida! ¡Qué diferencia de comportamiento entre Herodes y los Magos!. Ante el mismo hecho o acontecimiento, Herodes reacciona queriéndole matar, los magos, en cambio, se postran ante Él y le ofrecen unos regalos: oro incienso y mirra.

Dice el evangelio que: “se retiraron a su tierra, por otro camino“. Una metáfora, para decir en lenguaje amable que se convirtieron.

Estaría bien que acogiéramos el mensaje de Thurman: “Cuando ha callado el canto de los ángeles, cuando se ha ido la estrella del cielo, cuando los Magos han regresado a sus tierras, cuando los pastores han vuelto a sus rebaños, entonces empieza el programa de Navidad…”.

Josetxu Canibe

Relato desconcertante

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de «los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo». Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede «crucificar» a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén: tienen prohibido el acceso. La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al «niño con María, su madre». Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

José Antonio Pagola

Comentario al evangelio – 5 de enero

¡Ven y verás! Es la invitación que nos hace el Niño Dios en la víspera de la noche de los Reyes Magos, de su Epifanía. ¿Qué hay que ver? En este tiempo de Navidad siempre hay una señal, una pista, algo que te dice que Dios viene este año a través de este acontecimiento de tu vida, de esta persona, de esta situación, de este sentimiento… Rastrea las señales de Dios para que encuentres la estrella como hicieron los Magos de Oriente, es decir, el lugar de tu vida donde Él quiere nacer. ¿Qué has sentido estos días desde que comenzamos la Navidad? Pide al Señor luz en esta oración para que no se te escape nada importante.

En nuestra vida, hay señales claras e inequívocas que nos hablan claramente de la presencia de Dios. Otras no son tan claras y cuesta más trabajo encontrarlas, pero al final se localizan. No importa la señal, sino lo que te indica, a dónde te lleva, o mejor dicho a quién te lleva. La señal más clara e inequívoca que nos lleva al niño Dios es la Virgen María, su Madre. Ella conoció el amor del que nos habla la carta de Juan en la primera lectura, y lo hizo carne. El amor y la espera de María nos enseña que en estas actitudes Dios es dado a luz, Dios nace, Dios se hace presente, Dios está.

Mira hoy la señal radiante de María para poder ver a Dios. Quien mira a María, encuentra a Jesús. Quien mira a la Madre, encuentra al Hijo. Y hoy rezamos con ella para que el inmenso amor que ella llevó en su interior desde que dijo sí, hasta que ascendió con Él definitivamente, esté también con nosotros, en nuestras familias, en nuestras calles, en nuestra sociedad, en nuestro mundo, en todo el universo.

Como los Magos de oriente, encuentra a ese Niño y refleja esa luz de amor allí dónde estés, hagas lo que hagas. Estás llamado a ser el reflejo de la luz de Dios para otros, aunque sea a través de una sonrisa. Madre, muéstranos a tu Hijo. Te deseo de corazón: ¡Feliz Epifanía!

Juan Lozano, cmf