Vísperas – Martes I de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES I TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nostoros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
— que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
— devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
— y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
— y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
— donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 15 de enero

Lectio: Martes, 15 Enero, 2019
Tiempo ordinario
1) Oración inicial
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 1,21-28

Llegan a Cafarnaún. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.» Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él.» Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.» Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.
3) Reflexión
• Secuencia de los evangelios de los días de esta semana. El evangelio de ayer nos informaba sobre una primera actividad de Jesús: llamó a cuatro personas para formar comunidad con él (Mc 1,16-20). El evangelio de hoy describe la admiración de la gente ante la enseñanza de Jesús (Mc 1,21-22) y el primer milagro expulsando un demonio (Mc 1,23-28). El evangelio de mañana narra la curación de la suegra de Pedro (Mc 1,29-31), la curación de muchos enfermos (Mc 1,32-34) y la oración de Jesús en un lugar solitario (Mc 1.35-39). Marcos recoge estos episodios, que se transmitían oralmente en las comunidades, y los unió entre sí como los ladrillos en una pared. En los años 70, época en la que él escribe, las Comunidades necesitaban orientación. Al describir como fue el inicio de la actividad de Jesús, Marcos indicaba qué debían hacer para anunciar la Buena Nueva. Marcos hace catequesis contando a las comunidades los acontecimientos de la vida de Jesús.

• Jesús enseña con autoridad, diversamente de los escribas. La primera cosa que la gente percibe es la que Jesús enseña de forma diferente. No es tanto lo referente al contenido, sino es la forma de enseñar que impresiona. Por medio de esta forma diferente, Jesús crea una conciencia crítica en la gente con relación a las autoridades religiosas de la época. La gente percibe, compara y dice: Enseña con autoridad, diferente de los escribas. Los escribas de la época enseñaban citando autoridades. Jesús no cita ninguna autoridad, sino que habla a partir de su experiencia de Dios y de la vida. Su palabra tiene raíz en el corazón.
• ¿Has venido a derrocarnos? En Marcos, el primer milagro es la expulsión de un demonio. Jesús combate y expulsa el poder del mal que se apoderaba de las personas y las alienaba de sí mismas. El individuo poseído gritaba: “¡Yo te he reconocido, tú eres el Santo de Dios!” El hombre repetía la enseñanza oficial que representaba al Mesías como “Santo de Dios”, esto es, como un Sumo Sacerdote, o como rey, juez, doctor o general. Hoy también, mucha gente vive alienada de sí, engañada por el poder de los medios de comunicación, de la propaganda del comercio. Repite lo que oye decir. Vive esclava del consumismo, oprimida por los préstamos de dinero, amenazada por los acreedores. Muchos piensan que su vida no es como debería ser si no pueden comprar aquello que la propaganda anuncia y recomienda.
• Jesús amenaza al espíritu del mal: “¡Cállate y sal de ese hombre!” El espíritu hace revolcar al hombre, lanza un grito tremendo y sale de él. Jesús devuelve las personas a ellas mismas. Hace que la persona recupere su perfecto juicio (cf. Mc 5,15). No era fácil, ni lo fue ayer, ni lo es hoy, hacer que una persona empiece a pensar y a actuar de forma diversa de la ideología oficial.
• ¡Enseñanza nueva! Incluso le obedecen los espíritus impuros. Las dos primeras señales de la Buena Nueva que el pueblo percibe en Jesús, son éstas: su forma diversa de enseñar las cosas de Dios, y su poder sobre los espíritus impuros. Jesús abre un nuevo camino para que la gente llegue a ser pura. En aquel tiempo, una persona declarada impura no podía comparecer ante Dios para rezar y recibir la bendición prometida por Dios a Abrahán. Antes, tenía que purificarse. Esta y muchas otras leyes y normas dificultaban la vida de la gente y marginaban a mucha gente como impura, lejos de Dios. Ahora, purificadas por el contacto con Jesús, las personas impuras podían comparecer de nuevo ante Dios. ¡Era una gran Buena Nueva para ellos!
4) Para la reflexión personal
• ¿Puedo decir:“Soy totalmente libre, señor de mi mismo?” Si no lo puedo decir de mi mismo, entonces, algo en mí, está poseído por otros poderes. ¿Cómo hago para expulsar este poder extraño?

• Hoy mucha gente no vive, sino que es vivida. No piensa, sino que es pensada por los medios de comunicación. No tiene pensamiento crítico. No es dueña de sí misma. ¿Cómo expulsar este “demonio”?
5) Oración final
¡Yahvé, Señor nuestro,

qué glorioso es tu nombre en toda la tierra!
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el hijo de Adán para que de él te cuides? (Sal 8,2.5)

Pasó haciendo el bien

¡Señor, que pasaste por la vida haciendo el bien!
Me dicen que fui bautizado,
pero no sé muy bien, Señor,
hasta qué punto soy de los tuyos,
de tu grupo, de tu familia, de tus ideas,
de los que defienden, por encima de todo, tu Palabra.
Me enseñaron que tu Espíritu
es como un fuego que quema
y me siento frío,
tan frío como esta mañana de enero.
Me advierten que el Bautismo, mi bautismo,
es un punto de partida
y frecuentemente confundo
la llegada con la partida,
el camino con el primer paso…

¡Señor, que pasaste por la vida haciendo el bien?
Me recuerdan que el bautismo es opción
por tu Palabra, por tu vida, por tu mensaje,
por tu cruz, por tus caminos
y por tus contradicciones…
Y, cuántas veces, Señor,
me dejo guiar por lo que está de moda,
por lo que todo el mundo piensa y hace;
me dejo engañar por sensaciones
de apariencia, seducir por otros estilos de vida…,
pretender ser de los tuyos
viviendo como los que no quieren saber nada contigo…

¡Señor, que pasaste por la vida haciendo el bien?
Ayúdame, a ser y vivir como hijo tuyo,
a convertirme para estar siempre contigo,
a liberarme de mis trampas para dedicarme a Ti,
a llenarme de tu Espíritu
para ofrecer a mis hermanos el gozo
y la esperanza de tu Reino.

Que tu Bautismo y mi bautismo, Señor,
sean para mí causa de crecimiento,
llamada a la sinceridad y a la valentía,
impulso para la generosidad y el testimonio,
estímulo para que yo también
pase por la vida haciendo el bien.

Ojalá que mi vida sea de tu agrado, mi Dios,
mi querido Padre Dios!

 

Comentario del 15 de enero

Muy pronto la enseñanza de Jesús comenzó a provocar asombro por estar revestida de una extraordinaria autoridad. El evangelista Marcos sitúa esta enseñanza en Cafarnaúm y en la sinagoga. Ya hemos señalado que la sinagoga y el sábado fueron los ámbitos escogidos por Jesús para su primera evangelización. Para eso sólo tuvo que servirse de lo que le ofrecía la misma institución judía con sus espacios y tiempos de convocación. El asombro provocado por su enseñanza se hace radicar en la autoridad con la que enseña, una autoridad no necesitada de autorización. Se trata de personas religiosas familiarizadas con la enseñanza de los letrados (o exegetas) del judaísmo.

Pero en su comparación con el discurso de Jesús, el de los letrados no les causa ningún asombro. ¿Qué tenía esta palabra tan asombrosa? ¿En que se diferenciaba de la de los letrados? ¿En qué radicaba la autoridad de esta enseñanza? Quizá en que era una enseñanza con sello de autor, es decir, con la originalidad, la novedad, la veracidad de alguien que habla desde sí mismo, desde la propia experiencia y con una profunda convicción. Jesús hablaba del Padre como si lo conociese en persona, con la familiaridad –que tanto escandalizó a sus contemporáneos- propia de un hijo. También manifestaba tener un profundo conocimiento del alma humana y de sus dolencias y reacciones. Jesús no hablaba de memoria ni de oídas, sino con la convicción de los testigos. Jesús no contaba historias ajenas, sino vivencias personales. Era este conjunto de cosas lo que daba autoridad, fuerza de autor, a su enseñanza. Lo que predicaba era esencialmente suyo, tan suyo como de su Padre Dios: Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

Pero a esto había que añadir otro elemento: el de la eficacia. Enseñaba con autoridad porque su palabra era sumamente eficaz, esto es, hacía realidad lo que en ella se significaba, ponía inmediatamente en ejercicio lo que imperaba. Cuenta el evangelio que se encontraba en la sinagoga en ese preciso instante un hombre que tenía un espíritu inmundo, es decir, un endemoniado que, en presencia de Jesús, reaccionó gritando a grandes voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios. Efectivamente, si Jesús había salido para liberar a los oprimidos por el diablo, había venido en cierto modo a acabar con él, o mejor, con su influjo maléfico sobre el hombre. Jesús lo increpó (cállate y sal de él) y el espíritu inmundo, dando un fuerte grito, salió. La gente se preguntaba estupefacta: ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen. Luego también aquí, en este mandar que genera obediencia incluso en los espíritus que le son contrarios, ven sus contemporáneos autoridad.

La palabra de Jesús tiene tal carga de autoridad que doblega voluntades y somete a los poderes del mal, que hace lo que dice, que provoca la retirada del demonio de los poseídos, que devuelve la salud a los enfermos y concede la salvación a los pecadores. No hay palabra con más autoridad que la palabra creadora, una palabra con tal eficacia y poder que nada se le puede comparar ni oponer resistencia; pues cómo resistir una palabra con tal poder de creación que ni la nada es obstáculo para su realización, mucho menos la enfermedad, la muerte o el demonio. Su autoridad radica, pues, en su capacidad para generar obediencia. Luego al poder de persuasión que confería a su enseñanza su sello de autor, se unía, potenciando su autoridad, esta extraordinaria eficacia que le acompañaba en sus actuaciones milagrosas. Eso es lo que provocaba el asombro en los testigos de su enseñanza, contribuyendo a que su fama se extendiera enseguida por todas partes hasta alcanzar la comarca entera de Galilea.

A nosotros nos ha llegado el eco de esta enseñanza en los escritos apostólicos, que son recuerdos de la misma; y también advertimos el sello de autor que la califica. No hemos sido testigos directos de la eficacia de esa palabra, pero nos fiamos del testimonio creíble de quienes lo fueron. Tampoco debe asombrarnos si partimos de un supuesto de fe, es decir, si partimos del hecho de que aquel de quien procede esta enseñanza es el mismo Hijo de Dios encarnado. ¿Cómo no iba a hablar con autoridad y eficacia aquel a quien le adornaba esta condición de Verbo o Palabra salida del Padre?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

III. Fase celebrativa de la Asamblea del Sínodo

Art. 11

Presidente Delegado, Relator General y Secretario Especial

Antes de que inicie la Asamblea del Sínodo el Romano Pontífice nombra:

1° uno o más Presidentes Delegados, que presiden la Asamblea en su nombre y con su autoridad;

2° un Relator General, que coordina la discusión sobre el tema de la Asamblea del Sínodo y la elaboración de eventuales documentos para someter a la misma Asamblea;

3° uno o más Secretarios Especiales, que asisten al Relator General en todas sus funciones.

Recursos – Domingo II de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UNA JARRA DE AGUA

(Puede hacer la ofrenda cualquier miembro adulto de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo esta jarra de agua, signo de aquella que Tú convertiste en sabroso vino en las bodas de Caná, pero también signo de aquella que nos recreó en criaturas nuevas en el Bautismo. Yo te la ofrezco hoy como la novedad de persona que quieres hacer crecer en la Iglesia y en medio de la familia de todos tus hijos e hijas. Que nosotros y nosotras, los bautizados y las bautizadas, seamos testigos de esa novedad en medio de la sociedad en la que vivimos.

PRESENTACIÓN DE UNA ALIANZA MATRIMONIAL

(Esta ofrenda la debe hacer uno de los padres y esposos de cualquiera de las familias de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte. Señor, yo te ofrezco, hoy, mi alianza matrimonial. Es el signo de mi vida y entrega en fidelidad a la mujer con la que me uní de por vida y con la que he construido una familia. En nombre de todos los padres de familia, te ofrezco hoy mi compromiso conyugal y de padre, que se deriva del Sacramento del Matrimonio. Revive, sin embargo, en todos nosotros la gracia sacramental para que vivamos nuestros compromisos desde la dedicación y la alegría.

PRESENTACIÓN DE VARIAS LAMPARILLAS ENCENDIDAS

(Pueden hacer la ofrenda representantes de los distintos grupos que trabajan en la comunidad o parroquia. Al final, uno/a de ellos/ellas dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Ahí tienes, Señor, esas trémulas lamparillas, que son símbolo de la riqueza de tus dones en medio de nuestra comunidad. Tú has sido quien nos los has dado gratuitamente, aunque bajo la exigencia de ponerlos al servicio del bien común. Con esas lamparillas queremos expresarte nuestra acción de gracias y nuestra disponibilidad para trabajar en beneficio de una comunidad más unida y rica, que brilla mucho más porque se ha conjuntado.

PRESENTACIÓN DE UNA FAMILIA

(Acude toda la familia unida, aunque es solo el padre quien hace la ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, aquí nos tienes a la familia al completo. Te queremos dar, en primer lugar, las gracias, porque eres Tú quien nos mantiene unidos en el amor. Pero te queremos pedir, también, que, cuando aparezcan las dificultades, sepamos mirar y acudir a tu Hijo Jesucristo, como sucedió en las bodas de Caná. Que la comunidad y los amigos sepan interceder, como lo hizo entonces María, para arrancar de tu Hijo su primer signo.

UNA PAREJA DE ENAMORADOS

(Es necesario que sea una relación ya formal y conocida y, claro está, personas comprometidas en la acción social o evangelizadora de la Comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, tu sabes de nuestra aventura, porque nuestro amor es un regalo tuyo. Nosotros te lo ofrecemos ahora y, con él, nuestro compromiso y el de toda la comunidad de la que formamos parte, pues queremos, ser testigos del amor que nos has tenido y tienes a todos los hombres y mujeres y al mundo. Así, queremos expresar tu vida y la del Resucitado.

PRESENTACIÓN DE UN FAROL ENCENDIDO

(Hace esta ofrenda cualquiera de los adultos que está comprometido en alguna actividad social, política, sindical o cívica. Entrega el farol al presidente, que lo deposita sobre la mesa del altar. Luego dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este farol encendido. Esta luz es el símbolo de Jesucristo resucitado y del compromiso que tantos profetas han vivido a lo largo de los tiempos. Te la ofrezco, hoy, como expresión de la lucha de tu Iglesia y de tantos hombres y mujeres empeñados por la transformación del mundo. Acéptala con tu bondad de Padre, empeñado por la causa de los más débiles.

Oración de los fieles – Domingo II de Tiempo Ordinario

En pleno éxtasis, tras la alegría de tu resurrección presentamos con más confianza que nunca nuestras súplicas, sabiendo que serán atendidas, respondemos:

JESÚS RESUCITADO, ESCÚCHANOS.

1. – Por el Papa Francisco I, por los obispos, sacerdotes, diáconos y toda la Iglesia, para que como Pedro y los demás apóstoles lleven la vida y la salud que de Cristo emanan a todos los hombres de la tierra. OREMOS

2. – Por los que dirigen las naciones para que estén atentos a las necesidades de su pueblo y las atiendan con la mayor prontitud posible. OREMOS

3. – Por los niños y los jóvenes que experimenten el gozo de la resurrección de Cristo y sea este gozo el que les guíe en su camino. OREMOS

4. – Por los pobres y todos aquellos que pasan necesidad física o espiritual, para que encuentren en los cristianos esa ayuda que les anime a seguir adelante. OREMOS

5. – Por todos los que no han experimentado a Cristo resucitado, para que reciban el don de la fe y compartan la dicha de sentirse nacido de Dios. OREMOS

6. – Por la estabilidad y la paz en Iraq y en toda la zona de Oriente Medio. OREMOS

7.- Por todos nosotros, presentes en la Eucaristía para que nunca nos falte la fe en la Resurrección de Cristo, hecho que movió con enorme fuerza a los primeros cristianos OREMOS

Señor, acoge en tu infinita bondad estas oraciones que te presenta tu pueblo y atiéndelas así como todas aquellas que llevamos en nuestros corazones. Te lo pedimos por Jesucristo resucitado

Amen.


Señor traemos ante ti todas nuestras increencias, rutinas, miedos y muertes, porque queremos que nos ayudes a resucitar contigo. Y como Santo Tomás repetimos:

¡DIOS MÍO Y SEÑOR MIO!

1. – Por la Iglesia, herida con tanta incoherencia, con tanto egoísmo, con tanta falsedad por parte de los de fuera de ella, pero también de cuantos la formamos; para que viendo las marcas de la pasión de Cristo y la gloria de la Resurrección aceptemos con humildad nuestro camino. OREMOS.

2. – Por el Papa Benedicto, los obispos, los sacerdotes, los diáconos; para que su coherencia, su perdón, su entrega… haga que todos los que miramos hacia ellos podamos repetir la oración de Tomás. OREMOS

3. – Por los pobres, los marginados, los que sufren situaciones de injusticia, cuyas heridas producimos con la mayor naturalidad, para que al cruzarnos con ellos nos hagan cambiar y confiar en nuestro Dios y Señor OREMOS.

4. – Por las naciones, los pueblos, las familias y todos los que de alguna forma viven en guerra y fomentan la guerra y en especial en Iraq y en las tierras de Palestina; para que al ver las heridas que ellos mismos producen en el Cuerpo herido de Cristo se arrepientan. OREMOS.

5.- Por nosotros, para que seamos conscientes de que cuando hacemos daño a un hombre estamos hiriendo al Hijo de Dios y arrepentidos elevemos nuestra plegaria. OREMOS.

Te pedimos Señor que nos ayudes a vivir en plenitud, entendiendo que de tus llagas nace el amor y la misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – 15 de enero

Uno de los rasgos más llamativos del Jesús histórico fue su excepcional conciencia de autoridad, en el hablar y en el actuar. Esto llamó la atención de sus contemporáneos, que alguna vez le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces esto?” En las sinagogas de su tiempo se practicaba la lectura bíblica y la predicación explicativa; había especialistas en ello, los llamados “escribas”. Estos, al exponer el sentido del texto, disfrutaban citando a escribas anteriores; así mostraban su erudición y daban peso a sus afirmaciones.

Pero Jesús es diferente. Debió de tener algún maestro particular (sabía leer y escribir, cosa nada corriente por entonces), pero lo suyo no llegó a “carrera” de escriba; los contrincantes se preguntarán: “¿Cómo puede este saber de letras sin haber estudiado?”  (Jn 7,15). Es indiscutible que gozó de una perspicacia extraordinaria y de gran capacidad persuasiva; por eso en la sinagoga se le ofrecía oportunidad para leer o predicar. El Talmud, siglos más tarde, le acusa de “haber seducido a Israel”; y sabemos que en la “seducción” juega un papel importante la palabra.

A la palabra de Jesús le dio una credibilidad extraordinaria el hecho de ir acompañada de signos, que visualizaban el contenido de lo que exponía. Ayer le oíamos anunciar la llegada del reino de Dios y hoy le vemos curando a un desesperado enfermo psíquico, un “endemoniado”, probablemente menospreciado por los israelitas, ya que en él suponían que actuaban poderes opuestos a Yahvé. Quizá no se sepa con precisión en qué consistía su enfermedad; lo importante es que en él, por medio de Jesús, Yahvé muestra que comienza a reinar, que el dolor humano retrocede y la comunión entre los humanos se restablece. Jesús anuncia y “realiza” la llegada de los tiempos mesiánicos. Ante esto, solo cabe la admiración: “¿Qué es esto?”. Y se perfila mejor la imagen tradicional de Dios: no desea otra cosa que el bienestar humano.

Recordando esta demostración, y otras que la seguirán, y recodando igualmente la autoridad de la palabra magistral de Jesús, la Iglesia naciente seguirá reflexionando acerca de él; le “ve coronado de gloria y honor” y le aplica el dicho del Salmo 8: “todo lo sometiste bajo sus pies”. Es otra forma de confesarle “Señor”.

Esto lo reafirma la carta a los Hebreos con una expresión que debió de tomar de una antigua fórmula bautismal: Jesús es Señor, “por quien existe todo y para quien existe todo” (cf. 1Co 8,5-6). Pero el erudito autor añade una observación de interés: “no vemos todavía que le esté sometido todo”. Jesús, por tanto, es el Señor de derecho, pero no lo es de hecho. Hay muchos que no le conocen, otros,, conociéndole, le rechazan; hay mucho poder del mal y estructuras de pecado. Hay en nosotros mismos, en nuestra sensibilidad y criterios, “zonas no suficientemente bautizadas”, poco iluminadas por su presencia.

Recibamos por tanto una llamada a la conversión, a dejarnos guiar y transformar por Él, y también una llamada a la misión, al testimonio, de modo que algún día ya no se pueda cantar aquello de “no es tu reino, Señor, la tierra no es tu reino”.

Severiano Blanco cmf