Vísperas – Miércoles I de Tiempo Ordinario

16 de ENERO

VÍSPERAS

MIÉRCOLES I TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga
(la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;
pero a veces encuentro que la jornada es larga,
que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste,

que el agua del camino es amarga…, es amarga,
que se enfría este ardiente corazón que me diste;
y una sombría y honda desolación me embarga,
y siendo el alma triste hasta la muerte triste…

El espíritu débil y la carne cobarde,
lo mismo que el cansao labriego, por la tarde,
de la dura fatiga quisiera reposar…

Mas entonces me miras…, y se llena de estrellas,
Serño, la oscura noche; y detrás de tus huellas,
con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? +

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: St 1, 22. 25

Llevad a la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sin para ponerla por obra, éste será dichoso al practicarla.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Que en todo sea glorificado el nombre del Señor, que atiende a su pueblo elegido con infinito amor. A él suba nuestra oración:

Muestra, Señor, tu caridad.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
— guárdala de todo mal y haz que creca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como el único Dios verdadero,
— y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren:
— alivia sus dificultades y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia, acoge a los que hoy han muerto
— y dales posesión de tu reino.

Unidos fraternalmente, como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la nohe; tú que eres inmutable, danos siempre firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 16 de enero

Lectio: Miércoles, 16 Enero, 2019
Tiempo ordinario
  
1) Oración inicial
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 1,29-39

Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.
Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan.» Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.» Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
3) Reflexión
• Jesús restaura la vida para el servicio. Después de participar en la celebración del sábado en la sinagoga, Jesús entra en casa de Pedro y cura a la suegra de éste. La curación hace que la mujer se ponga de pie y atienda a los demás. Una vez recuperadas la salud y la dignidad, empieza a servir a las personas. Jesús no solamente sana a la persona, sino que sana para que la persona se ponga al servicio de la vida.

• Jesús acoge a los marginados. Al caer de la tarde, terminado el sábado en la hora en que aparece la primera estrella en el cielo, Jesús acoge y cura a los enfermos y a los poseídos que la gente le trae. Los enfermos y los poseídos eran las personas más marginadas en aquella época. No sabían a quién acudir. Estaban a la merced de la caridad pública. Además de esto, la religión los consideraba impuras. No podían participar en la comunidad. Era como si Dios las rechazara y excluyera. Jesús las acoge. Así, aparece en qué consiste la Buena Nueva de Dios y lo que quiere alcanzar en la vida de la gente: acoger a los marginados y a los excluidos, y reintegrarlos en la convivencia de la comunidad.
• Permanecer unido al Padre por la oración. Jesús aparece rezando. Hace un esfuerzo muy grande para tener el tiempo y el ambiente apropiado para rezar. Se levanta antes que los otros, para poder estar a solas con Dios. Muchas veces, los evangelios, nos hablan de la oración de Jesús en silencio (Mt 14,22-23; Mc 1,35; Lc 5,15-16; 3,21-22). A través de la oración, él mantiene viva en sí la conciencia de su misión.
• Mantener viva la conciencia de la misión y no encerrarse en el resultado obtenido. Jesús se volvió conocido. Todos iban detrás de él. Esta publicidad gustó a los discípulos. Fueron a buscar a Jesús para llevarlo de nuevo junto con la gente que lo buscaba, y le dicen: Todos te buscan. Pensaban que Jesús iba a participar en el banquete. ¡Se engañaban! Jesús no acudió y dijo: Vamos para otros lugares. ¡He salido para esto precisamente! Seguramente se extrañaron. Jesús no era como se lo imaginaban. Tenía una conciencia mucho más clara de su misión y quería transmitirla a los discípulos. No quiere que se encierren en el resultado ya obtenido. No deben mirar atrás. Al igual que Jesús, deben mantener bien viva la conciencia de su misión. Es la misión recibida del Padre la que debe orientarlos en la toma de decisiones.
• He salido para esto, precisamente. Este fue el primer malentendido entre Jesús y los discípulos. De momento, no es que una pequeña divergencia. Mas adelante, en el evangelio de Marcos, este malentendido, a pesar de las muchas advertencias de Jesús, crece y llega casi a una ruptura entre Jesús y los discípulos (cf. Mc 8,14-21.32-33; 9,32;14,27). Hoy también existen malentendidos de cara al rumbo del anuncio de la Buena Nueva. Marcos ayuda a prestar atención a las divergencias, para no permitir que crezcan hasta llegar a una ruptura.
4) Para la reflexión personal
• Jesús no ha venido para ser servido, sino para servir. La suegra de Pedro empieza a servir. Yo, ¿hago de mi vida un servicio a Dios y a los hermanos y hermanas?

• Jesús mantenía viva la conciencia de su misión mediante la oración. ¿Y mi oración?
5) Oración final
Cantad a Yahvé, bendecid su nombre!

Anunciad su salvación día a día,
contad su gloria a las naciones,
sus maravillas a todos los pueblos. (Sal 96,2-3)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 8, 22-26

<

p style=»text-align:justify;»>«22Y van a Betsaida.
Y le llevan un ciego y le ruegan que lo toque.

23Y, tomando la mano del ciego, lo condujo fuera de la aldea y, escupiendo en sus ojos, imponiéndole las manos, le preguntaba: “¿Ves algo?”.

24Y, mirando hacia arriba, decía: “Veo personas que son como árboles andando”.

25Luego impuso de nuevo las manos sobre sus ojos y veía; y quedó restaurada [su vista] y veía nítidamente todas las cosas.

26Y lo envió a su casa diciendo: “No entres en la aldea”».

.- La escena en la que se critica duramente a los discípulos de Jesús por su falta de visión espiritual («¿Tenéis ojos y no veis?»: 8,18) va seguida inmediatamente por una narración simbólica en la que un hombre es curado de su ceguera después de pasar primero por un estado intermedio de visión defectuosa. La impresión de que esta yuxtaposición es deliberada queda reforzada por la narración siguiente, en la que Pedro muestra también una percepción genuina pero defectuosa: reconoce la identidad mesiánica de Jesús (8,29), pero no consigue tener una noción clara de lo que tal identidad presagia (8,32-33).

Uno de los rasgos más notables del pasaje es la extraordinaria abundancia de palabras que tienen que ver con los ojos y la vista. En estos cinco breves versículos se utiliza cinco veces el verbo blepein(«ver», dos veces en 8,23-24) y tres compuestos diferentes (anablepein, diablepeiny emblepein en 8,24-25); y un verbo relacionado, traducido también por «ver» en 8,24, se utiliza una vez. El adjetivo «ciego», dos veces en 8,22-23 y el adverbio, raro y poético, traducido por «nítidamente» (literalmente «que brilla a lo lejos»), en 8,25 aparecen también, así como dos palabras diferentes para «ojos». Es también impresionante el énfasis otorgado al aspecto material de las acciones de Jesús: la gente le suplica que toque al ciego; le tome de la mano, escupa sobre sus ojos y ponga sus manos dos veces sobre él.

<

p style=»text-align:justify;»>El pasaje se divide en cinco partes, que giran alrededor de la críptica sentencia de 8,24: 8,22: introducción: el ciego es llevado a Jesús, a quien se pide que lo cure
8,23: primer toque curativo
8,24: RESPUESTA DEL CIEGO: «personas que andan como árboles»

<

p style=»text-align:justify;»>8,25: segundo toque curativo
8,26: conclusión: el ciego es enviado a casa curado.
El pasaje está estructurado en forma de quiasmo, con un vocabulario semejante en la introducción, conclusión y en los dos toques curativos. La parte no pareada es la central, la respuesta del ciego en 8,24, dotada de notable énfasis retórico por el hecho de ser el único lugar en todo el relato en el que habla el ciego; además, la naturaleza críptica de sus palabras atrapa la atención del lector.

  • 8,22-23: Introducción y primer toque curativo. Después de la inquietante conversación a bordo sobre el olvido del pan, la peligrosa levadura y la errónea percepción de los discípulos (8,14-21), Jesús y los suyos atracan en Betsaida (8,22a), objetivo también de un viaje en barco antecedente (cf. 6,45.53). Se abre ahora una nueva etapa en el ministerio de Jesús: desde este momento, sus desplazamientos serán exclusivamente a pie, excepto su entrada triunfal en Jerusalén a lomos de un asno (11,1-10). Andar es una manera lenta de viajar y generalmente más ardua que la navegación, por lo que el cambio del modo de transporte corresponde a la dificultad creciente de la misión de Jesús, indicada también por la disminución en la frecuencia de milagros en esta sección del evangelio. Pero andar es también un motivo cargado de simbolismo en el Antiguo Testamento, que Marcos explotará al máximo. 
Sus parientes o amigos, probablemente, traen un ciego a Jesús y solicitan por favor al taumaturgo que lo cure mediante un toque carismático (8,22b). Jesús muestra su buena disposición a hacerlo tomando al hombre de la mano y conduciéndolo fuera de la ciudad (8,23a). Como en la narración análoga de la curación del sordomudo (7,33), este apartamiento de la muchedumbre sugiere que está a punto de ocurrir una acción misteriosa, demasiado sagrada para ser ejecutada en público. Pero, en el contexto marcano, esta acción posee también reverberaciones más profundas proporcionadas por el Antiguo Testamento. En el pasado Dios tomó a Israel de la mano y lo condujo fuera de Egipto (Jr 31,32). En el futuro escatológico Dios lo tomará asimismo de la mano, lo liberará de la esclavitud y abrirá sus ojos (Is 42,6-7). Gracias a este trasfondo del Antiguo Testamento, nuestra historia queda unida con el tema del nuevo éxodo a través del camino triunfal del Señor, un motivo que desempeña un papel importante en toda esta sección del evangelio. 
Tras alejar al ciego de la ciudad, Jesús ejecuta la curación realizando un conjunto de gestos conocidos por otras historias antiguas de sanación milagrosa: escupe en los ojos del ciego y pone sus manos sobre ellos (8,23b). Una vez más, estos gestos tradicionales adquieren un significado más profundo en el contexto del evangelio de Marcos: en la literatura antigua, la curación de la visión física estaba unida con la reparación de la vista espiritual; y una perícopa de Q, Mt 11,2-6 // Lc 7,18-23, da por supuesto que el pueblo esperaba que el mesías, entre otros milagros de curación, daría vista a los ciegos. Por ello, es natural la yuxtaposición marcana de nuestra historia de la curación de un ciego con la aclamación de Jesús como el mesías por parte de Pedro (8,27-30); y no es casualidad que otra historia de curación de un ciego (10,46-52) esté enmarcada por pasajes que aluden también al poder real de Jesús (cf. la referencia a la gloria real de Jesús en 10,37 y la entrada real, triunfal, en 11,1-10). 

  • 8,24. La respuesta del ciego: En respuesta a la pregunta de Jesús sobre si ve algo, el hombre contesta de una manera titubeante, que refleja su percepción deficiente. Así pues, la curación no ha sido aún del todo eficaz; el hombre no es ciego ya, pero tampoco ve con ojos que funcionan perfectamente. En contraste con las otras curaciones, esta no es instantánea: ¿Qué significa esta extraña y anómala terapia? 
El «estado intermedio» de la visión del hombre después del primer toque de curación de Jesús es probablemente simbólico y corresponde al estado intermedio de la percepción espiritual de los discípulos. Como los discípulos en el pasaje precedente (8,18), el hombre tiene ojos, pero aún no ve de modo claro, aunque finalmente será así. Esta forma de comparación entre la visión física y la espiritual era común en el mundo antiguo y acompañaba con frecuencia a la opinión de que el estado natural del ser humano era el de la ceguera espiritual. Por ejemplo, en la famosa alegoría platónica de la caverna, 
República 7,515c-517a, el hombre liberado de la cueva y arrastrado hacia la luz queda deslumbrado al principio e incapaz de ver algo, pero sus ojos se van adaptando gradualmente hasta que puede distinguir sombras y reflejos de los objetos terrestres, luego los objetos mismos y finalmente la luna, las estrellas y el sol. De este modo Platón, como Marcos, describe un crecimiento en la visión; igualmente el filósofo, también como el evangelista, utiliza este crecimiento como una imagen que describe la profundización de la perspicacia espiritual.

En el Antiguo Testamento, la visión clara es un don de Dios reservado para el tiempo futuro. La idea de una curación escatológica de la ceguera se halla en pasajes del profeta Isaías (29,18; 35,5; 42,6-7.16; 61,1) y dado el trasfondo isaiano de esta sección del evangelio, estos pasajes paralelos son especialmente importantes para nuestra historia. Dentro del Nuevo Testamento mismo, por ejemplo, Pablo afirma que el cristiano tiene en el presente solo una visión parcial, como «por medio de un espejo, débilmente», pero «cuando se alcance la plenitud, se acabará lo que es parcial» (1Cor 13,9-12). En Marcos, la curación de la ceguera está unida con el motivo del camino tanto en el contexto de la narración presente («en el camino» de 8,27) como en la historia de Bartimeo (cf. 10,46.52).

  • 8,25-26: Segundo toque curativo y conclusión: Es preciso tener otro contacto con Jesús y ello sucede en el punto culminante de la historia, en un versículo que constituye el clímax del relato y muestra una concentración extraordinaria de lenguaje de visión: Jesús impone de nuevo sus manos sobre los ojos del hombre, este comienza a ver y su vista queda restaurada; entonces ve todo nítidamente (8,25).

Si, como hemos dicho anteriormente, el estado intermedio del ciego «que ve, pero no totalmente» corresponde a la posición de los discípulos a través de todo el evangelio, ¿a qué correspondería dentro del relato su estado final de visión clara? La conclusión de nuestro pasaje apunta hacia la resurrección como el momento de la visión clara, ya que aquí, en este pasaje, Jesús envía al hombre a casa, prohibiéndole implícitamente que permita que se conozca su curación («No entres en la aldea»: 8,26b). Este veto a la publicidad conforma nuestro pasaje al motivo del secreto mesiánico del evangelio y el siguiente caso de tal prohibición, apenas veinte versículos después, alude a la resurrección de Jesús como el punto en el que el secreto cederá paso a la luz pública (9,9). La «perversa edad presente» solo tiene una visión turbia e imperfecta, pero la edad futura, el siglo de la resurrección, será una época de nitidez y perspicacia. Jesús prohíbe la publicidad sobre su identidad y sus curaciones porque estas cosas solo pueden ser realmente entendidas a la luz de su resurrección, que es también la luz que elimina la ceguera humana.

Antes de que pueda acontecer tal revelación, hay que presentar otros asuntos a la atención de los lectores de Marcos. Hay que refrescarles la memoria sobre quién es Jesús y qué implica su identidad respecto al destino de sus discípulos y del mundo en general, tanto en esta edad como en la futura. A estos asuntos cruciales se orientan los pasajes siguientes del evangelio.

Comentario al 16 de enero

El pasaje evangélico de Marcos nos sitúa a Jesús en Cafarnaúm, centro de su primera actividad misionera, saliendo de la sinagoga y en compañía de algunos de sus discípulos. A Jesús le vemos frecuentar la sinagoga, lugar de reunión donde se proclama y se comenta la Palabra de Dios ofrecida en la Escritura sagrada. El culto sinagogal era una liturgia de la Palabra. Jesús mostraba, por tanto, interés por la escucha, la interpretación y el cumplimiento de esta Palabra que tanto tenía que ver con él y su misión. Basta recordar lo acaecido en la sinagoga de Nazaret, cuanto Jesús, puesto en pie, lee al profeta Isaías y concluye: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Pero no sólo se interesa por esta liturgia, sino que se hace acompañar de sus discípulos para introducirlos en ella, si es que no lo estaban ya.

También le vemos frecuentar ciertas casas «familiares», como la de Simón y Andrés, donde podía hospedarse provisionalmente, recibir el sustento necesario para reponer fuerzas y continuar la tarea evangelizadora. Los apóstoles llamados a estar con él no han roto del todo los vínculos familiares, pues siguen teniendo contactos, al menos esporádicos, con la familia de origen. La casa de Simón y Andrés era también la casa de la suegra de Simón, y allí se encuentra Jesús con esta mujer que se hallaba en estado de postración: en cama y con fiebre. A Jesús le informan de la situación y él, sin más dilación, se acerca a la enferma, la toma de la mano y la levanta. Y al instante se le pasó la fiebre. Quedó de tal manera restablecida que, levantada de la cama, se puso a servirles.

El servicio de la mesa, aunque formara parte del hospedaje, pasaba a ser el modo agradecido de corresponder a su sanador. Para Jesús y sus discípulos era el momento del reposo y de la confidencia. Pero aquel bienestar no se prolongó mucho tiempo. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos: tantos, que la población entera parecía agolparse a la puerta. Y Jesús, ante semejante aglomeración, responde, como siempre, con prontitud, dejándose mover a compasión por tanta miseria reflejada en tantos rostros dolientes. Curó a muchos enfermos –recuerda el evangelista- de diversos males y expulsó muchos demonios.

Se hace, pues, distinción entre enfermos y endemoniados, aunque éstos eran también enfermos; desde luego eran miserables que reclamaban la misericordia del Compasivo y Misericordioso. Y Jesús no les negaba la acción misericordiosa que aportaba el remedio (la medicina) a sus enfermedades. Aquí se habla sólo de curaciones, no de predicación; pero este reparto masivo de salud era también una copiosa y eficaz evangelización. Con la curación de tantas enfermedades se estaba anunciando la buena noticia de la llegada del Reino que se iba abriendo camino en un mundo donde imperaba el mal en todas sus formas, entre las cuales se contaba la enfermedad corporal o psíquica y la posesión diabólica. Tanto es así que hasta los demonios percibían esta presencia benéfica y lo delataban, o querían delatarlo, pero él no les permitía hablar. Y tenía sus razones. No quería que obstaculizasen su misión.

Y llegó la noche, y con ella el cese de la actividad diurna. Y Jesús, que también tenía necesidad de descansar, se retiró como los demás a sus aposentos o al lugar que le habían preparado para el efecto. Pero no había amanecido aún, cuando Jesús se levantó de madrugada y se marchó al descampado, y allí se puso a orar. Era otra actividad que formaba parte de los hábitos del Maestro de Nazaret. Orar era estar a solas con su Padre; porque después de esas jornadas interminables de actividad frenética, Jesús necesitaba estar a solas con él para intercambiar afectos, para confrontar voluntades, para reposar en su regazo paterno. Jesús, el Hijo de Dios, se sentía realmente hijo amado de este Padre a quien se dirigía con el tierno y confidencial Abba. Vivía en total dependencia de él. Estaba en permanente estado de escucha y obediencia. No podía no sentir la necesidad de estar, de hablar, con él y a solas. Ello explica que escogiera la noche como tiempo propicio y el descampado como espacio idóneo. En este espacio-tiempo podía estar realmente a solas con su Padre.

Si nosotros nos sentimos hijos dependientes de Dios, también tendríamos que experimentar la necesidad de estar con él a solas o acompañados; en cualquier caso, de estar con él, de modo que él nos dé a conocer y a sentir su amor de Padre, que es conocer sus designios y sus propósitos y sentir que en todos ellos hay un amor infinito, tierno y misericordioso. Es en la oración donde se nos da a conocer el Dios revelado o donde el Dios que se ha dado a conocer en la revelación se muestra personalmente al orante para decirle lo que éste debe oír, para decirle esencialmente que le ama y que tiene para con él designios de salvación. Es en la oración, por tanto, donde el hijo toma conciencia de que tiene Padre y de que éste nunca le abandonará. Y es en la oración también donde el hijo conoce el modo de complacer al Padre, lo que realmente le agrada de su conducta.

Cuando se hizo de día, Simón y sus compañeros fueron a buscar a Jesús para informarle de que todo el mundo le buscaba. ¿Cómo no buscar a un médico capaz de curar de manera milagrosa todas las enfermedades y dolencias, y sin pedir nada a cambio? La fama de Jesús como sanador se iba extendiendo, al tiempo que crecía el efecto llamada y la creciente afluencia de la gente. Sí, en verdad todo el mundo le buscaba, porque era mucho y muy valioso lo que podían recibir de él. Si hoy Jesús no es buscado es porque la gente no espera recibir nada de él o porque lo que se les promete que el Señor puede darles carece de interés para ellos.

Pero ¿cómo puede carecer de interés el mensaje de la salvación? En el fondo, el problema no está en que la salvación no interese, sino en que se desconfía de esa promesa de salvación. Y la desconfianza hace que se deje de esperar, conformándonos con una salvación de rango inferior, intramundana y reducida a los límites que impone la caducidad humana. Tal vez si Jesús proporcionara hoy esa suerte de salvación que consiste en la curación de una enfermedad como el cáncer, seguiría siendo buscado como entonces. Pero si lo que promete es la resurrección de la carne y la vida eterna, cosas infinitamente más valiosas, pero inverificables, puede que se genere el desconcierto y la desconfianza en los oyentes, como nos recuerdan algunas escenas de la narración evangélica, y dejen no sólo de seguirlo, sino también de buscarlo.

Pero Cafarnaúm no era la última estación de su andar misionero. Jesús pensaba llegar a otras aldeas cercanas para predicar también allí la buena noticia. Y así fue recorriendo la región de Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Su actividad profética se puede resumir en estas dos acciones: predicar y expulsar demonios, lo que equivalía a curar todo tipo de enfermedades; predicar la cercanía del Reino y combatir en modo significativo el mal que impedía su implantación; predicar el evangelio de la misericordia y activarla en un mundo colmado de miserias. Como seguidores suyos, también nosotros estamos llamados a prolongar esta labor que consiste en predicar y aplicar el evangelio de la misericordia.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

Art. 12

Expertos, Auditores, Delegados Fraternos e Invitados especiales

§ 1. A la Asamblea del Sínodo pueden ser invitados, sin derecho a voto:

1° expertos, que cooperan con el Secretario Especial en razón de su competencia sobre el tema de la Asamblea del Sínodo, a los cuales se pueden añadir algunos Consultores de la Secretaría General;

2° auditores, que contribuyen a los trabajos de la asamblea en virtud de su experiencia y conocimiento;

3° Delegados Fraternos, que representan a las Iglesias y a las Comunidades eclesiales que todavía no están en plena comunión con la Iglesia católica.

§ 2. En determinadas circunstancias puede ser designados, sin derecho a voto, algunos Invitados Especiales, a quienes se reconoce una particular autoridad en referencia al tema de la Asamblea del Sínodo.

Comentario Domingo II de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, Tú que eres el vino nuevo y bueno de mi pequeña historia, Tú eres el que saca vida de lo petrificado y de lo muerto: dame escuchar hoy Tu Palabra y dame Tu Espíritu para, como oímos a Tu madre, hacer lo que nos dices y así transformar el mundo e inyectar en él Tu vida. AMEN.

 

Jn 2, 1-11

«1Y, al tercer día, aconteció una boda en Caná de Galilea, y estaba la madre deJesús allí; 2pero Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

3Y, habiendo faltado el vino, dice la madre de Jesús a él: “No tienen vino”.

4Y le dice Jesús: “¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”.

5Dice su madre a los sirvientes: “Lo que él os diga, haced”.

6Pero había allí seis tinajas de piedra, puestas para la purificación de los judíos, conteniendo cada una dos o tres medidas [[unos 100 litros]].

7Les dice Jesús: “Llenad las tinajas de agua”.
Y las llenaron hasta arriba.
8Y les dice: “Sacad ahora y llevad al maestresala”.Pero ellos llevaron.

9Pero cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, y no sabía de dónde venía (pero los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí lo sabían), llama el maestresala al novio 10y le dice: “Toda la gente pone primero el vino bueno y, cuando están bebidos, el inferior; tú has guardado el vino bueno hasta ahora”.

11Este comienzo de los signos hizo Jesús en Caná de Galilea y manifestó su gloriay creyeron en él sus discípulos». ¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Comenzamos el tiempo ordinario del ciclo C con este sugerente texto de Juan, con el que comienzan los signos de Jesús. Después de que Jesús es señalado por Juan Bautista como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29), algunos discípulos de Juan y otros pasan a ser discípulos de Jesús (1,35- 51), y comienza Jesús propiamente su ministerio público. Y lo comienza con el signo en la boda de Caná, primero de una serie de siete signos que Jesús realiza en la primera parte del evangelio de Juan. Después de este texto, el evangelio continúa con la llamada “purificación del Templo” (2,13-22), que Juan adelanta al comienzo del evangelio, mientras que los sinópticos lo tienen hacia el final, justo antes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

 

TEXTO

Podemos entrever dos partes en el texto, con tres desarrollos en cada parte. La introducción narrativa (vv. 1-2) está en relación con la conclusión (v. 11): en ambas se repiten “Jesús”, “Caná de Galilea” y “los discípulos”: estamos ante unrelato de revelación de Jesús a los discípulos. En la primera parte, a la introducción narrativa siguen la intervención de María ante el problema de la falta de vino (vv. 3-5) y la indicación de las tinajas de agua (v. 6), que crea una imagen gráfica de lo que va a acontecer.

La segunda parte comienza con las órdenes de Jesús a los sirvientes, inmediatamente obedecidas (vv. 7-8), la reacción del maestresala (vv. 9-10) y la ya mencionada conclusión narrativa (v. 11). El término “vino” es el hilo conductor del relato, que es de una gran densidad teológica: la indicación temporal al tercer día, la hora de Jesús, el comienzo, los signos, la gloria de Jesús, la fe.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Al tercer día (o tres días después): el evangelio comienza con el relato de unasemana completa (= una “nueva creación”): cf. 1,29.35.43; 2,1. En el comienzo(Jn 1,1 = Gn 1,1), la Palabra acompañaba la obra creadora de Dios en una semana y ahora, después de narrarnos los acontecimientos de una semana, concluye el texto señalando el comienzo de los signos de Jesús. Entrar en contacto con Jesús es abrirse a una nueva vida (aspecto ético del discipulado), o bien, Jesús es capaz de darnos una nueva vida (aspecto salvífico: la manifestación de la gloria de Jesús). Todo lo hago nuevo: la relación con Jesús crea expectativas.

• La presencia de María madre en el primer signo que manifiesta la gloria de Jesús está en relación con la presencia de María en la cruz, que, paradójicamente, es en Juan el momento de la “glorificación” de Jesús (cf. 19,25-27). María, mediadora: María indica que hagan (hagamos) lo que Él dice; María es el mejor ejemplo de discipulado y la mejor mediación para conocer a Jesús.

• Las tinajas de agua que servían para purificaciones rituales ahora contienen un vino nuevo y bueno = buena nueva, evangelio. Comienza un nuevo modo ritual de relacionarse con lo sagrado: la siguiente acción de Jesús será, precisamente, la“purificación” del Templo (equívoco con el “santuario” de su cuerpo: 2,21). Cen- tralidad de Jesús en la relación con Dios.

• Los signos son eso, signos, señales. No tienen ‘valor’ por sí mismos, sino por- que indican la identidad de Jesús, quién es Él, y manifiestan su gloria. Los signos nos ayudan a ver quién es Jesús y, de ahí, a creer en Él. ¿Qué signos contemplamos hoy para poder creer en Jesús?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo II de Tiempo Ordinario

2º Domingo Ordinario
20 de enero de 2019

Isaías 62, 1-5; Salmo 95; 1Cor 12, 4-11; Juan 2, 1-11

Las Bodas de Cana

En aquel tiempo, hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús. Éste y sus discípulos también fueron invitados. Como llegara a faltar el vino, María le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús le contestó: “Mujer, ¿qué podemos hacer tú y yo? Todavía no llega mi hora”. Pero ella dijo a los que servían: “Hagan lo que él les diga”. Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que servían para las purificaciones de los judíos. Jesús dijo a los que servían: “Llenen de agua esas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les dijo: “Saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo”. Así lo hicieron, y en cuanto el mayordomo probó el agua convertida en vino, sin saber su procedencia, porque sólo los sirvientes la sabían, llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el vino mejor, y cuando los invitados ya han bebido bastante, se sirve el corriente. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora”. Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue el primero de sus signos. Así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

 

Reflexión

Jesús hizo su primer milagro público porque su Madre, la Virgen María, se lo pidió. Igual, Nuestra Madre intercede por nosotros y nuestras necesidades. Jesús no le niega nada a su Madre si es para nuestro bien. La Virgen solo nos pide una cosa:

 

Actividad

En la siguiente página, hacer libro. Jugar el juego “Jesús Dice”. El líder da instrucciones, ejemplo: “Jesús dice aplaudir”. Los niños tienen que seguir si el líder empieza con “Jesús dice”. Si el líder da instrucciones sin decir “Jesús dice” primero, y el niño lo sigue, tienen que sentarse. El último parado, gana.

 

Oración

Señor, queremos cambiar el agua al vino contigo. Queremos cambiar la tristeza al gozo, el hambre a satisfacción, soledad a sonrisas y amistad. Ven a nuestra fiesta, Jesús, y llena nuestras necesidades con el vino de tu gozo y amor. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo II de Tiempo Ordinario

A pesar de que Cristo nunca se casó, santificó el Matrimonio al acompañar y bendecir a esta pareja de Caná. Durante la boda, su madre María, inmediatamente notó que el vino se había acabado, y le pidió a Jesús que hiciera algo por los novios. Jesús de pronto parece que se resiste, pero ante la petición de su madre, acepta realizar el primero de sus grandes milagros: ¡convertir 600 litros de agua, en 600 litros del mejor de los vinos!

Con este pasaje del Evangelio entendemos por qué a María se le llama la Gran Intercesora, es decir, a quien podemos recurrir cuando necesitamos de la ayuda de Dios. Ella, toda bondad y sensible a las necesidades de sus hijos, intercede ante Dios por nosotros. Lo único que nos pide para poder hacerlo, es “que hagamos lo que Dios nos dice”.

Si estamos dispuestos a creer en Dios y a poner “el agua” para que la convierta en “vino”, Él hará maravillas en nuestras vidas. Es decir, basta poner nuestra fe y un poco de nuestra parte para cumplir sus mandamientos, para que Él nos trasforme de tal manera, que al vernos, otros crean en Él, como los discípulos le creyeron al ver el agua transformada en vino.

¡Pidamos a la Virgen María, que interceda ante Dios para que transforme nuestras vidas en “el mejor de los vinos”?

¿Pongo todo lo que está de mi parte para ser un buen testimonio de vida cristiana? ¿Confío en Dios para que me ayude a lograrlo?

Comentario al evangelio – 16 de enero

Algún estudioso ha cuestionado la salud mental de Jesús. Su autoridad personal en la exposición de la Escritura (sin citar a especialistas reconocidos) y sus órdenes taxativas a las fuerzas del mal admiten en teoría más de una explicación. ¿Sería realmente un gran profeta, un verdadero taumaturgo, el Mesías e Hijo de Dios? ¿O sería un “iluminado” más, un megalómano que se atribuía a sí mismo todas esas características?

A tales cuestionamientos no es difícil responder. El megalómano necesita aplauso y aceptación; actúa con solemnidad y da el espectáculo. En cambio Jesús realiza las curaciones con suma simplicidad, casi ocultándose; incluso alguna vez da orden de que no se cuenten a nadie; y se escabulle ante el riesgo de aclamación popular, se oculta: “sabiendo que vendrían a tomarle por la fuerza y hacerle rey, se retiró de nuevo al monte, él solo” (Jn 6,15). Hay en Jesús cualquier cosa excepto megalomanía; nunca tanta majestad actuó con tanta simplicidad, y a cambio de nada.

Los evangelistas se mueven en un cierto dilema. Por un lado se les impone el dato histórico de un Jesús que rehúye cualquier glorificación popular, pues no busca su gloria, sino la del Padre (Jn 8,50), y el bien del hombre: “se marchó a un lugar solitario”. Por otro, quieren mostrar ya en la vida de Jesús una especie de pre-iglesia, una multitud reunida en torno a él (“la población entera se agolpaba a la puerta”), que lo espera todo de él (“todo el mundo te busca”), que de él recibe salud (“curó a muchos enfermos de diversos males”). La suegra de Pedro es para la Iglesia el ejemplo de la persona agraciada por Jesús: se pone al servicio de la comunidad.
De nuevo el ilustrado autor de la carta a los Hebreos nos ayuda a contemplar en profundidad la acción de Jesús. Es el encarnado (¡acabamos de celebrar la Navidad!), en todo semejante a nosotros, incluso en haber pasado por la prueba de la tentación y del dolor; nos toca en suerte el privilegio de ser sus hermanos. Como hermano nuestro, “nos tiende una mano”.

Siendo hermanos suyos, nos toca a nosotros tener también sus comportamientos, como tender la mano a los postrados, retirarnos de vez en cuando a orar en soledad y ser conscientes –sin ansiedad– del ancho mundo, las “otras aldeas”, a que somos enviados.

Severiano Blanco cmf