Miércoles I de Tiempo Ordinario

Hoy es 16 de enero.

Guárdame,
Padre,
en tu pecho,
eterno hogar,
que vengo roto,
desecho,
del duro bregar.

En tu pecho interpretado por Juan Carlos Prieto Torres

La lectura de hoy es del primer libro de Samuel (1Sam 3, 1-20):

El pequeño Samuel servía en templo del Señor bajo la vigilancia de Elí. Por aquellos días las palabras del Señor eran raras y no eran frecuentes las visiones. Un día estaba Elí acostado en su habitación; se le iba apagando la vista y casi no podía ver. Aún ardía la lámpara de Dios, y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel y él respondió: «Aquí estoy. Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado». Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte. Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. El se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy, vengo porque me has llamado». Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte».

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».

Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: Habla Señor, que tu siervo te escucha». Samuel fue y se acostó en su sitio.

El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».

Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse; y todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era profeta acreditado ante el Señor.

Aquí estoy, vengo que me has llamado. Quizá este sea el motivo por el que continuamos rezando. Samuel, así, se iba disponiendo, poco a poco, a la acción de Dios en su vida. Repite esas mismas palabras en tu interior, deja que te pacifiquen y que te abran al amor de Dios.

Habla, Señor, que tu siervo escucha. Con estas palabras Samuel entregó su vida a Dios y a la misión que le tenía preparada. Haz tuyas esas palabras. Repítelas en tu interior, que conecten con tu corazón. Hazte disponible a lo que Dios quiere de ti.

Eli reconoce que detrás de la generosidad de Samuel, se encuentra una vocación que viene de Dios. Quizás en tu vida has tenido gente que, como Eli, te ha acompañado hacia Dios, y te ha ayudado a discernir lo que él quiere de ti. Agradece su presencia en tu vida. Y da las gracias a Dios por haberos cruzado en el camino.

Imagina a Samuel ya mayor, evocando aquel momento de llamada. Esa mirada al Dios que aparece cuando menos lo esperas.

El relato de Samuel

Yo era tan solo un niño, como todos lo hemos sido algún día. Dios me llamaba. Y yo no lo sabía. Lo confundía con la voz de los mayores, con la voz de los sabios, con la voz de los ancianos. Pero era Dios. Dios que me buscaba. Me llamaba para ser su profeta. Para contar su mensaje. Para anunciar su presencia. Y yo no lo entendía. Él me pedía que fuera su testigo, y yo estaba ciego. Me pedía que fuera su palabra, y yo estaba mudo. Me pedía que fuera su abrazo para el mundo, y yo estaba sordo. Hasta que me di cuenta de que era Dios mismo. Dios mismo, llamándome en tantas voces cotidianas, invitándome a comprometerme con Él. El corazón me ardía, y sigue ardiendo, hoy, cada vez que repito aquellas palabras que le abrieron la puerta: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Sé que generación tras generación, muchos seguirán atendiendo a esa llamada, a esa voz, y escuchando su palabra de liberación, de compromiso y de amor. Y ninguna de sus palabras dejará de cumplirse. “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.

En estos últimos instantes de la oración, puedes conversar de corazón a corazón con el Señor. Puedes pedirle que te haga más disponible a su llamada. O que te dé fuerzas para cumplir su voluntad. Quizás le puedes pedir la valentía para tomar una decisión importante en tu vida a la luz de la palabra. En todo caso, agradécele a Dios todo lo recibido en esta oración y durante toda tu vida.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

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Liturgia 16 de enero

MIÉRCOLES DE LA I SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)
 
Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.
 
Leccionario: Vol. III-impar
• Heb 2, 14-18. Tenía que parecerse en todo a sus hermanos para ser misericordioso.
Sal 104. El Señor se acuerda de su alianza eternamente.
• Mc 1, 29-39. Curó a muchos enfermos de diversos males.

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Antífona de entrada
En un trono excelso vi sentado a un hombre, a quien adora muchedumbre de ángeles, que cantan a una sola voz: «Su imperio es eterno».

Acto penitencial
Hermanos, en unos momentos de silencio, nos ponemos en la presencia del Señor y, pidiéndole perdón por nuestros pecados, supliquémosle que nos renueve para celebrar con fe y esperanza esta Eucaristía.

• Tú que eres el esplendor de la gloria. Señor, ten piedad.
• Tú que eres la Estrella radiante que anuncias el día. Cristo, ten piedad.
• Tú que eres la luz que ilumina nuestras sombras. Señor, ten piedad.

Oración colecta
T
e pedimos, Señor,

que atiendas con tu bondad
los deseos del pueblo que te suplica,
para que vea lo que tiene que hacer
y reciba la fuerza necesaria para cumplirlo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Elevemos a Dios Padre las oraciones y sùplicas que llevamos dentro del corazón.

1.- Por nuestra diócesis, por nuestro obispo, por los responsables de la pastoral diocesana. Roguemos al Señor.

2.- Por los jóvenes que se preparan para el sacerdocio o en los noviciados de vida religiosa. Roguemos al Señor.

3.- Por los que gobiernan los pueblos y por todos los que tienen responsabilidades en la vida pública. Roguemos al Señor.

4.- Por los parados, por los jóvenes que no pueden trabajar, por los pequeños empresarios que viven dificultades. Roguemos al Señor.

5.- Por los que celebramos esta Eucaristía, y que agolpados a la puerta, buscamos a Jesús. Roguemos al Señor.

Atiende, Dios de misericordia, las oraciones de tu pueblo suplicante, y haz que en todo momento busquemos a tu Hijo Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
S
eñor, que la ofrenda de tu pueblo

te agrede, nos santifique
y alcance para nosotros
lo que imploramos piadosamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Sal 35, 10
Señor, en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz.

Oración después de la comunión
Te suplicamos, Dios todopoderoso,
que concedas, a quienes alimentas
con tus sacramentos,
la gracia de poder servirte
llevando una vida según tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral del 16 de enero

Los agustinos se encomiendan hoy al siervo de Dios Luis de Montoya, nacido en Belmonte (Cuenca), patria del célebre agustino Fray Luis de León. Estudió en la universidad de Salamanca y pronto fue nombrado maestro de novicios siendo ya tenido por santo. A él se le debe principalmente la reforma de la provincia lusitana y fue tan grande su fama de santidad que los jesuitas mandaban a los religiosos jóvenes a nuestro colegio de Coimbra para que aprendieran con él a orar y meditar. Murió en Lisboa con bien adquirida fama de santidad y de taumaturgo el año 1569 le pedimos que nos recuerde delante de Dios.

La familia agustiniana dedica también este día, todos los años, a rezar por los familiares y allegados de los religiosos que fallecieron en el Señor. La separación que la vida religiosa impone respecto a los padres y hermanos se salva permaneciendo siempre unidos en el corazón. Hoy rezamos especialmente por ellos el oficio divino y nos encomendamos a ellos celebrando la eucaristía.

Encabeza la lista de los santos de hoy San Marcelo I papa y mártir. Pertenece al grupo de los sesenta primeros papas de los que una tradición antigua asegura que murieron mártires. Las diócesis de Cartagena-Murcia y Plasencia celebran a San Fulgencio de Écija, conmemorado el día 14 de este mes. Recordamos también a los protomártires franciscanos Bernardo, Pedro, Acursio, Adiuto y Otón, a Dana, Fúrseo, Honorato de Arlés, Juana de Bagno, camaldulense, Leobato, Mela, Santiago de Tarantasia, Ticiano y Triviero.

Entre los beatos figuran José Antonio Tovini, padre de diez hijos y fundador del Banco Ambrosiano y de un periódico italiano y José Vaz, sacerdote de la Congregación del Oratorio y apóstol de la fe cristiana entre los budistas.

Recordamos también a una mujer excelente, natural de Valencia, beatificada el año 2003 por Juan Pablo II, Juana María Codesa Lluch, fundadora de las Esclavas de María Inmaculada. A su alta espiritualidad unió la preocupación apostólica por las mujeres obreras a las que sus hijas se dedican con afán.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Miércoles I de Tiempo Ordinario

LAUDES

MIÉRCOLES I TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Adoremos al Señor, creador nuestro.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Buenos días, Señor, a ti el tiempo
encuentra la mirada
del corazón, apenas nace el día:
tú eres la luz y el sol de mi jornada.

Buenos días, Señor, contigo quiero
andar por la vereda:
tú, mi camino, mi verdad, mi vida;
tú, la esperanza firme que me queda.

Buenos días, Señor, a ti te busco,
levanto a ti las manos
y el corazón, al despertar la aurora;
quiero encontrarte siempre en mis hermanos.

Buenos días, Señor resucitado,
que traes la alegría
al corazón que va por tus caminos,
¡vencedor de tu muerte y de la mía!

Gloria al Padre de todos, gloria al Hijo,
y al Espíritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos te alabe nuestro canto. Amén.

SALMO 35: DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS

Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz

El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia».
Porque se hace la ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal camino,
no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las nubes;
tu justicia hasta las altas cordilleras,
tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!,
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;

se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva,
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores;
derribados no se pueden levantar.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz

CÁNTICO de JUDIT: DIOS, CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU PUEBLO

Ant. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e invocad su nombre!
Porque el Señor es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.

Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.

Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste y existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu voz.

Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, tú eres grande, tu fuerza es invencible.

SALMO 46: EL SEÑOR ES REY DE TODAS LAS COSAS

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra.

Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.

Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aclamad a Dios con gritos de júbilo.

LECTURA: Tb 4, 16-17. 19-20

No hagas a otro lo que a ti no te agrada. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Pide consejo al sensato y no desprecies un consejo útil. Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y te dé éxito en tus empresas y proyectos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.
V/ Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

R/ Dame vida con tu palabra.
V/ Mi corazón a tus preceptos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Inclina, Señor, mi corazón a tus preceptos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ten misericordia de nosotros, Señor, y recuerda tu santa alianza.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ten misericordia de nosotros, Señor, y recuerda tu santa alianza.

PRECES

Demos gracias a Dios con alabanzas continuas, porque no se desdeña de llamar hermanos a los que santifica con su gracia. Por tanto, supliquémosle:

Santifica a tus hermanos, Señor.

Concédenos, Señor, que con el corazón puro consagremos el principio de este día en honor de tu resurrección.
— y que santifiquemos el día entero con trabajos que sean de tu agrado.

Tú que, para que aumente nuestra alegría y se afiance nuestra salvación, nos das este nuevo día, signo de tu amor,
— renuévanos hoy y siempre para gloria de tu nombre.

Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos,
— sobre todo en los que sufren y en los pobres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que durante este día estemos en paz con todo el mundo,
— y a nadie devolvamos mal por mal.

Tal como nos enseñó el Señor, terminemos, nuestra oración, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios salvador nuestro, danos tu ayuda, para que siempre deseemos las obras de la luz y realicemos la verdad: así los que de ti hemos nacido como hijos de la luz seremos tus testigos ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.