Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

nº 64: “Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres (cf. Is 2,2-4) y que será grabada en los corazones (cf. Jr 31, 31-34; Hb 10, 16).

Hemos dado un paso más y después de haber hablado de la etapa de los patriarcas, después de haber hablado cómo Israel estuvo esclavo en Egipto, cómo fue liberado. Allí fue constituido como pueblo, hace una alianza con él en el Sinaí. Y forma un pueblo sacerdotal. Después de eso pasamos a la etapa de los profetas.

¿La etapa de los profetas cómo suele dividirse? Suele haber dos categorías entre los profetas. Los que se llaman profetas antiguos y profetas recientes. Los profetas antiguos son los autores de los libros narrativos o históricos, Josué, Samuel, el libro de los Reyes. Los autores que aparecen en esos libros son los que llamamos profetas antiguos. Y los profetas recientes son los que suelen ser llamados como profetas, que se dividen en profetas mayores y profetas menores. Los profetas mayores son Isaías, Jeremías, Ezequiel y los profetas menores son 12. Están Amós, Oseas, Miqueas, etc., esta serie de profetas que son 12. Es decir, resumiendo. Profetas antiguos  y profetas recientes. Los antiguos son los que se habla de ellos de los profetas de los libros de Josué, Samuel, Reyes, entre ellos están Samuel, Natán, Elías, Eliseo. Y luego están, a partir digamos del siglo VIII antes de Cristo, los profetas recientes. Los otros son los que están en los siglos anteriores. Del siglo VIII antes de Cristo para aquí son los profetas recientes. Y del siglo VIII antes de Cristo para atrás los profetas antiguos. Y como digo los recientes se dividen en profetas mayores y además bien es verdad que en los mayores los libros son más amplios y los profetas menores, sus libros son mucho más abreviados.

Hecha esta distinción, la afirmación primera es esta. Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación.Eso ya lo habíamos indicado antes. En la esperanza de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres.Se nos refiere a Is, 2, 2-4, que dice:  Sucederá en días futuros que el monte de la casa de Yavé, será sentado en la cima de los montes, se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones y acudirán pueblos numerosos. Dirán: venid, subamos al monte de Yavé, a la casa del Dios de Jacob. Para que Él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra de Yavé. Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos, forjarán de sus espadas azadones y de sus lanzas podaderas. No levantará espada pueblo contra pueblo, ni se ejercitarán más en la guerra.Como veis, Isaías está profetizando la llegada de un tiempo en el que todo el mundo, todos los pueblos, confluirán a Jerusalén. Subirán a la casa del Señor. Este monte será la casa de Yavé y está hablando de que llegará un momento en que todo el mundo beberá de Israel. Obviamente comienza la profecía de cómo este pueblo, elegido por Dios, va a ser madre, va a ejercer de pueblo madre de todas las naciones. Es la maternidad, es la paternidad del pueblo judío que en su seno lleva al salvador prometido por Dios. El cual darán a luz todas las naciones. Es Jesucristo, único salvador del mundo. Israel empieza a enterarse, poco a poco, todavía no es consciente de que en su seno, en la promesa que Dios ha hecho a este pueblo, lleva el salvador de todo el mundo. No sólo de ellos mismos, ojo, no sólo de ellos mismos, sino de todo el mundo.

Esta alianza, los profetas insisten en que tiene que ser grabada en todos los corazones.Se nos remite a Jr 31, 31-34, que dice:He aquí que vienen días, oráculo de Yavé, en que yo pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una nueva alianza. No como la alianza que pacté con sus padres, cuando les tomé de la mano para sacarles de Egipto y que ellos rompieron mi alianza y yo hice estrago en ellos, oráculo de Yavé, sino que ésta será la alianza que yo pactaré con la casa de Israel después de aquellos días, oráculo del Yavé. Pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que adoctrinar más a su prójimo y el otro a su hermano diciendo, conocéis a Yavé, pues todos ellos me conocerán. Del más chico al más grande, oráculo de Yavé, cuando perdone su culpa y de su pecado no vuelva a acordarme.Los profetas no sólo están anunciando la llegada de ese salvador, sino que además están subrayando el hecho de que la alianza tiene que espiritualizarse. En primer momento existe una concepción de la alianza demasiado exteriorista, demasiado ligada a un pacto exterior en el que el pueblo siente que hay una serie de leyes, de preceptos que tiene que cumplir. A cambio de ello Yavé les promete que les va a proteger de los demás pueblos, etc. Es una primera comprensión demasiado caricaturizada. No se trata únicamente de que voy a cumplir una serie de preceptos, es que tengo que ser santo, que es distinto. No es únicamente un cumplimiento. Porque los profetas van denunciando, una y otra vez, a Israel que se está aferrando al supuesto cumplimiento pero no cumple. Primero no cumple ni siquiera la letra de la ley, pero mucho menos el espíritu de esa ley. El cumplimiento tiene el gran peligro de ser un “cumplo y miento”. Es lo que Jesucristo también achaca a los fariseos. Sepulcros blanqueados, que por fuera estáis limpios y por dentro estáis corruptos. Que mantenéis el cumplimiento de una serie de prescripciones, pero vuestro corazón está lleno de odios y de rencores. Por eso insiste que la alianza tiene que ser escrita en los corazones, tiene que espiritualizar esa relación con Dios.

Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios, quiere decir que ni tienes que entender tú que eres pueblo de Dios en un sentido excluyente, como si los demás pueblos no fuesen de Dios. No entiendas eso de esa manera, porque los demás pueblos están llamados a ser también pueblo de Dios. Y esa fidelidad que tienes mantener conmigo no tienes que entenderla como un mero cumplimiento de tradiciones y prescripciones sino que la ley tiene que estar grabada en tu corazón. Tienes que ser humilde, tienes que ser santo. Los profetas sólo anuncian sino que van poco a poco tirando de las orejas al pueblo de Israel, porque tiene una tendencia continua a interpretar de una manera caricaturizada, demasiado carnal, poco espiritual, su relación con Yavé.

También Hb 10, 16 dice: esta es la alianza que pactaré con ellos después de aquellos días, dice el Señor, pondré mis leyes en sus corazones y en su mente las grabaré. La clave está en que hagamos nuestro, no sólo que nos sometamos por conveniencia, sino que esté grabado en mi corazón, que yo ame a Dios.

Sigue adelante:Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades (cf. Ez 36), una salvación que incluirá a todas las naciones (cf. Is 49, 5-6; 53, 11). Hay una gran paciencia por parte de Yavé de enviar un profeta, de anunciar la purificación. Después esto está reflejado en el Nuevo Testamento en más de un pasaje. Acordaros del dueño de la viña que envió a un cobrador de la viña a ver si le daban el rédito, pero le maltrataron. Y envió a otro profeta o a otro enviado y tampoco le hicieron caso y envió… Es la historia de los profetas, la historia de la paciencia de Dios, que va, una y otra vez educando. A veces hacen caso, una vez sí, tres veces no. Esta es la historia  de Israel. Pero es una historia de purificación. Primero la purificación fue en el desierto, pero ahora la purificación tiene que tener lugar en el día a día, en medio de nuestra historia en la que se va constituyendo Israel.

Una salvación que incluirá a todas las naciones, dice Is 49, 5-6: Ahora pues, dice Yavé, el que me plasmó desde el seno materno para ser siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a él y que Israel sea una. Mas yo era glorificado a los ojos de Israel, mi pueblo era mi fuerza, poco es que seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob y de hacer volver los preservados de Israel. Te voy a constituir en luz de los gentiles, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.Es claramente ya un anuncio de que Israel se tiene que abrir a ser el faro de todas las naciones. No tiene que cerrarse a su propia carne. No tiene que entender ser un pueblo elegido en un sentido excluyente de los demás. Sino que tiene la gracia de ser un instrumento de Dios. Te hago luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta el confín de la tierra. Ya claramente están anunciando tal cosa los profetas. Incluso Isaías 53, 11 dice: por las fatigas de su alma verá luz, se saciará, por su conocimiento justificará a muchos y las culpas de todos él soportará. Es decir que ese Mesías profetizado no únicamente dice yo justificaré a los judíos, no, justificaré a todos. Y soportaré las culpas de toda la humanidad, no es una redención para un pueblo en concreto, sino para toda la humanidad.

Continuamos en esta lección del catecismo, vamos a concluir el apartado titulado: Dios forma su pueblo. Y hablando de los profetas, habíamos subrayado que los profetas van predicando la purificación de las infidelidades de Israel. Están llamados a ser un pueblo santo. Están llamados a tener una espiritualización de esa alianza, a grabarla en sus corazones y eso supone una purificación. El capítulo 36 de Ezequiel, un capítulo que es clave y que invito a quien tenga tiempo a leerlo, voy a leer únicamente unos versículos, del capítulo 36 de Ezequiel, en el que dice: Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que guardéis y cumpláis mis mandatos y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré tu Dios. Os libraré de vuestras impurezas, convocaré el trigo y lo haré abundar y no volveréis a pasar hambre. Multiplicaré los frutos de los árboles y la cosecha del campo para que no soportéis más la afrenta del hambre entre las naciones.Esto dice el Señor cuando os purifique de vuestras culpas, reprobaré las ciudades y serán reconstruidas las ruinas. Volverán a labrar la tierra desolada, que los caminantes veían desierta. Entonces se dirá, esta tierra que estaba desolada, se ha convertido en un jardín del Edén y las ciudades arrasadas, desiertas y destruidas, son plazas fuertes habitadas.Fijaros, volver a convertir el jardín del Edén. Es como un sueño de volver al paraíso. Eso se producirá, lo empiezan a anunciar los profetas, cuando en nosotros se produzca esa conversión. Infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que cumpláis mis mandatos. La ley de Dios escrita en nuestros corazones es como el inicio de un nuevo paraíso, del jardín del Edén. Ese jardín del Edén, llega finalmente con Jesucristo, quien es el nuevo Adán y María es la nueva Eva. En el fondo el deseo del hombre de felicidad, de ese paraíso, lo tenemos en Jesucristo. Él es el nuevo Adán, María es la nueva Eva.

Sigue adelante el catecismo y termina diciendo:

Serán sobre todo los pobres y los humildes del Señor (cf. So 2, 3) quienes mantendrán esta esperanza. Es curioso esto, los pobres y los humildes. Se nos refiere a Sofonías 2, 3. Buscad a Yavé, vosotros todos, humildes de la tierra que cumplís sus normas. Buscad la justicia, buscad la humildad. Quizás encontraréis cobijo el día de la cólera de Yavé. Los humildes y los pobres van a ser claves. Paradójicamente, a pesar de tanta insistencia, a pesar de los patriarcas, los profetas, la existencia, curiosamente cuando llegue el salvador, el Mesías prometido, va a haber, como podríamos decir, un despiste general y va a ser, un resto de Israel, un pequeño resto de Israel, el que reconozca a Jesucristo. Ahora ese pequeño resto, salvo contadísimas excepciones, es un resto que son de gente humilde y gente pobre. Tenemos algún otro caso, en los evangelios se nos narra como José de Arimatea, Nicodemo y algún otro miembro del Sanedrín, etc., eran seguidores de Jesús. Pero eran excepciones y además le seguían casi a escondidas. Los seguidores de Jesús eran más bien gente pobre y humilde. Es curioso que al final, después de tanta predicación, en la medida que uno se ata a otros intereses en esta vida, si te atas a otros intereses, es muy difícil que estés libre para esperar. El pueblo de Israel es el pueblo de la esperanza, pero claro, si yo resulta que me ato a mis intereses de dominar, a mi negocio, que es próspero, a esto a lo otro… a la propia imagen que yo me he labrado de mí mismo. Cuando uno se ata a otros intereses, que difícil es que espere. Sin embargo los pobres, los pobres que no tienen nada que perder, es más fácil que esperen mejor. La gente humilde, la gente pobre.

Y otra cosa más, las mujeres, curiosamente termina este punto del catecismo recordando a “Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la figura más pura es María (cf. Lc 1, 38).”Posiblemente también las mujeres tuvieron y formaron parte de ese resto de Israel que estaba esperando, sin despistarse, la llegada del Mesías, por el hecho de que ellas también eran probadas y eran especialmente sacrificadas en una cultura que era machista. En la medida en que alguien está mucho más probado y que no tiene puesto su corazón en el poder, esa ambición, en ser considerado. Las mujeres ocupaban la postura más humilde, estaban por ello, igual que las pobres, más capacitadas para esperar a Jesucristo. Entre todas estas santas mujeres, Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit, Ester…, es hermoso seguir su pista en el Antiguo Testamento. Alguna cosilla voy a decir de algunas de ellas. De estas mujeres extraordinarias que bajo el impulso del Espíritu Santo, participaron en las luchas y en los triunfos de Israel. Contribuyeron a su salvación. No entendamos ni mucho menos, que su contribución fue marginal ni pasiva, en absoluto. Son grandes protagonistas de la historia de la salvación.

Por ejemplo, después del paso del Mar Rojo, la hermana de Aarón, que es María la profetisa, tomó en sus manos un tímpano y todas las mujeres le seguían danzando en coro y esta hermana de Aarón, María, les entonaba el estribillo: Cantad al Señor, que se cubrió de gloria arrojando en el mar carros y caballos. Esta mención de la iniciativa femenina en un marco de celebración pone de relieve la importancia del papel de la mujer. Y además también su aptitud, su vocación tan apta para alabar y dar gracias a Dios. También hemos visto como hoy mismo las vocaciones contemplativas de dar gloria a Dios en la alabanza, son mayoritariamente femeninas.

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p style=»text-align:justify;»>O por ejemplo en tiempos de los jueces, la profetisa Débora, después de haber ordenado al jefe del ejército que reuniera a sus hombres y entablara batalla, ella con su presencia firme asegura el éxito del ejército de Israel. Junto con otra mujer, Yael, matará al jefe de los enemigos. Y para celebrar la victoria, Débora entona un cántico que también alaba la acción de su compañera, de Yael. Un cántico que tiene una gran similitud de las palabras que pronunció María al visitar a su prima Isabel. Dice en Jue 5, 24:¡Bendita entre las mujeres Yael, entre las mujeres que habitan en tiendas, bendita sea!
 Son un eco de esas otras palabras de María saludando a Isabel.

Los libros de Judit y de Ester, que sabéis que son unos libros que tienen como autores a estas mujeres, por lo menos que llevan su nombre. Tienen como finalidad exaltar, de modo ideal, la aportación positiva de la mujer en la historia del pueblo elegido. Son dos figuras de mujeres que contribuyen a la victoria, a la salvación de los Israelitas. El libro de Judit, en particular, refiere que el rey Nabucodonosor, envía un temible ejército para conquistar Israel. El ejército enemigo está a punto de apoderarse de la ciudad de Betulia y en medio de la desesperación de los habitantes, que están queriendo rendirse y no hay nada que hacer. Pues sin embargo Judit les reprocha su falta de confianza, les reprocha su falta de fe y entonces ella consigue la victoria frente a ese enemigo que se acerca. El libro de Ester, que tuvimos ocasión de comentarlo, como en el reino de Persia, en el tiempo de destierro, en el reino de Persia Amán era el encargado de los negocios del rey, decretó el exterminio de los judíos. Y entonces Mardoqueo, que era un judío, recurre a Ester que vivía en el palacio del rey como digamos infiltrada en medio de aquel pueblo persa y entonces ella, Ester, arriesgando su vida, se presenta delante del rey y pide, intercede por el pueblo judío que iba a ser exterminado. Consigue la salvación, Amán es ejecutado y hay que decir que Mardoqueo llega al poder y los judíos son librados de la amenaza. Es decir que esta mujer, Ester, pone en riesgo su vida para interceder. Dice: Quizás por esto me permitió Dios, para esto me permitió Dios llegar aquí, a ser la esposa del reino de Persia. Es otra mujer que es venerada obviamente por los judíos.

Como veis también este genio femenino, a pesar de que el pueblo judío sea un pueblo muy, como decimos nosotros, machista, sin embargo también el genio femenino hizo una gran aportación y especialmente por la sensibilidad tan grande que tuvo de acoger la llamada de los profetas a la conversión y a la espera de la llegada del Mesías. Termina diciendo, sin duda, de todas ellas la figura más pura es María.Es el fruto más logrado, el fruto más puro de todo Israel. La verdad que solamente por dar desde su seno una mujer como María, el pueblo de Israel ya podría sentirse plenamente satisfecho. Haber tenido, haber dado en su seno a María, como imagen del hombre que se abre a Dios, que acoge a Dios. He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Eso que María pronunció ante el anuncio del ángel, es lo que todo judío está llamado a pronunciar y a reconocer ante la llamada de Dios. El día en que el pueblo judío pronuncie esas palabras de María, he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra, sin duda alguna todo el pueblo judío habrá llegado a su meta, que es el reconocimiento de Jesucristo como el enviado a las naciones. Nosotros también estamos llamados a hacer ese mismo reconocimiento, esa misma invocación. He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Plenamente acogedores de esta llamada, esa llamada a la esperanza, a la llegada del Salvador a nuestra vida.