Jueves I de Tiempo Ordinario

Hoy es 17 de enero.

De nuevo estoy contigo, Señor. Me dispongo a escuchar tu palabra y a pedirte lo que más pueda necesitar. El encuentro de hoy necesito que sea un ruego, una súplica. Mírame, estoy aquí.

Señor
mil dudas giran en mi cabeza
los recuerdos..
Sigo caminando
sin entender, sin comprender 

Déjame preguntarte
humildemente, el porque..
si yo soy débil
he tratado siempre
de serte fiel, de serte fiel 

Señor
mil dudas giran en mi cabeza
los recuerdos..
Me aturden y sigo caminando
sin entender, sin comprender 

En sus mejores años,
y esa alegría inmensa,
de vivir y de querer
Dame fuerzas, Dame Fuerzas, Dame Fe 

Señor yo he tratado
se que he fallado
dame fuerzas, dame fuerzas
para encontrar mi camino
hacia ti y hacia El…

                  Dame fuerzas interpretado por Tere Larraín, «Dios te ama»

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 1, 40-45):

Un leproso se acercó a Jesús, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme”. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: “No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés”.

Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

A veces nos da vergüenza tomar la iniciativa delante de Dios. Suplicar no está bien visto y hacerlo de rodillas nos pone en una situación de humillación. Pero la necesidad hace que la súplica no mire la vergüenza, sino el abandonarse en el otro. Considero ahora, cuánto necesito al Señor, acercarme a él y hablarle despacio, mostrarle mis heridas y pedirle que me sane.

Y la humillación se transforma en humildad. Jesús no quiere que se conozca cuánto amor es capaz de derramar. Lo que desea no es que se diga de boca en boca, sino que se experimente en lo profundo del corazón. Personalmente. Lo que desea y quiere es mi sanación. Considero cuántas veces el Señor ha hecho tanto por mí. Cosas grandes y pequeñeces de la vida que me construyen  como persona y como creyente.

Pero el desbordamiento, la imposibilidad de acallar lo grande que Dios ha estado con nosotros, provoca que gritemos su nombre. Todo es don y regalo. Todo es sanación y perdón. Todo es nueva oportunidad y desafío. Como el leproso no puedo contener todo el bien que me hace Dios. Considero ahora cómo son mis palabras, qué digo del Señor, cómo muestro al mundo su obra conmigo y con los demás.

Leo de nuevo el texto poniendo rostro a las enfermedades del mundo. A las heridas personales y comunitarias, y de nuevo agradezco al Señor todo el bien que me hace con su evangelio, con su buena noticia de sanación.

Con el corazón agradecido por poder contemplar cómo sana Dios al mundo, le ofrezco mi vida.

Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor os lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

Liturgia 17 de enero

JUEVES. SAN ANTONIO, abad, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)
 
Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.
 
Leccionario: Vol. III-impar
• Heb 3, 7-14. Animaos los unos a los otros mientras dure este «hoy»
 Sal 94. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
• Mc 1, 40-45. La lepra se le quitó, y quedó limpio.

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Antífona de entrada Sal 91, 13-14
El justo crecerá como palmera, se alzará como cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios.

Acto penitencial
Hermanos, al comenzar la celebración de la Eucaristía en la memoria de San Antonio, Abad y padre de los monjes, pensemos en las muchas veces que por culpa de nuestros pecados nos hemos desviado del camino marcado por Cristo, y pidamos por ellos perdón al Señor.

• Tú que nos invitas a dejarlo todo y a seguirte. Señor, ten piedad.
• Tú que en el silencio del desierto nos haces oír tu voz. Cristo, ten piedad.
• Tú que nos llamas a vivir siempre en amistad contigo. Señor, ten piedad.

Oración colecta
O
h, Dios,

que concediste a san Antonio, abad,
servirte en el desierto con una vida admirable,
concédenos, pro su intercesión,
que, negándonos a nosotros mismos,
te amemos siempre y sobre todas las cosas.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Dirijamos ahora nuestras oraciones a Dios Padre todopoderoso, que se compadece de nuestra debilidad:

1.- Por toda la Iglesia, por el Papa, los obispos y los sacerdotes, por todos aquellos que quieren seguir a Jesucristo. Roguemos al Señor.

2.- Por el aumento de vocaciones a los diferentes estados de la vida cristiana; para que san Antonio Abad, padre de monjes, dé audacia, prontitud y generosidad a los jóvenes que el Señor llama a su seguimiento. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los países del mundo, especialmente por aquellos que sufren las consecuencias de una riqueza mal repartida. Roguemos al Señor.

4.- Por los ancianos, los enfermos y los que se encuentran solos, por aquellos que trabajan por el bien de sus hermanos. Roguemos al Señor.

5.- Por los que ahora estamos reunidos en esta Eucaristía, y que necesitamos ser limpiados de la lepra del mal. Roguemos al Señor.

Dios de bondad y de misericordia, escucha la oración de tus hijos, y límpianos de todas las lepras del pecado que nos esclaviza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, los dones de nuestro servicio
que presentamos sobre tu altar
en la conmemoración de san Antonio, abad,
y concédenos
que, libres de las ataduras terrenas,
seas tú nuestra única riqueza.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Cf. Mt 19, 21
Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres y luego ven y sígueme, dice el Señor.

Oración después de la comunión
S
eñor, haz que,

alimentados provechosamente con tus sacramentos,
superemos las asechanzas del enemigo,
como concediste a san Antonio obtener admirables victorias
sobre el poder de las tinieblas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral del 17 de enero

Descuella en el santoral de este día San Antonio abad, patrono de los animales y de gran devoción en el cuerpo cristiano. De él dice el refrán: San Antón saca a los viejos del rincón.Vendió muchas propiedades, que le habían dejado sus padres, mirando por la seguridad de una hermana suya y entregó el resto a los pobres. Después partió para hacer penitencia por uno de los desiertos más duros de la derecha del Nilo. Fue un verdadero maestro de la vida espiritual. En su recuerdo se bendicen hoy los animales siguiendo la costumbre de los antonianos franceses, Orden de Caballería, fundada en honor del Santo, dedicada al cuidado de enfermos en hospitales propios, y sostenida con la cría de los cerdos para los pobres.

Menos célebres, pero también santos, son Espeusipo, Elasipo, Melasipo y Leonita mártires de Capadocia, Jenaro  mártir mexicano en la persecución de 1927, Julián Saba, Marcelo, Rosalina y Sulpicio el Piadoso.

Merecen nuestro recuerdo los beatos Juan Sánchez mártir de la persecución mexicana, Pedro To Rot, padre de familia y catequista en Papúa Guinea y Gamelberto, sacerdote bávaro, además de las Venerables María Antonia París, fundadora de las Misioneras Claretianas de María e Isabel Larrañaga y Ramírez, fundadora de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – San Antonio, abad

LAUDES

JUEVES I TIEMPO ORDINARIO
SAN ANTONIO, Abad

Monje y penitente, que atrajo a muchos discípulos

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Venid, adoremos al Señor, aclamemos al Dios admirable

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cantemos nuestra fe y, al conversarla,
unidas nuestras voces de creyentes,
pidamos al Señor, al proclamarla,
inunde con su luz a nuestras mentes.

El gozo de crecer sea alegría
de servir al Señor, y su Palabra
simiente en crecimiento día a día,
que al don de su verdad el mundo abra.

Clara es la fe y oscuro su camino
de gracia y libertad en puro encuentro,
si crees que Jesús es Dios que vino,
no está lejos de ti, sino muy dentro.

Legión es la asamblea de los santos,
que en el Señor Jesús puso confianza,
sus frutos de justicia fueron tantos
que vieron ya colmada su esperanza.

Demos gracias a Dios, que es nuestra roca,
sigamos a Jesús con entereza,
si nuestra fe vacila, si ella es poca,
su Espíritu de amor nos dará fuerza. Amén.

SALMO 56: ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO

Ant. Despertad, cítara y arma; despertaré a la aurora.

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Despertad, cítara y arma; despertaré a la aurora.

CÁNTICO de JEREMÍAS: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO

Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

SALMO 47: HIMNO A LA GLORIA DE DIOS EN JERUSALÉN

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.+

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
+ su monte es santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:
«Éste es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

LECTURA: Rm 12, 1-2

Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable. Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

RESPONSORIO BREVE

R/ Lleva en el corazón la ley de su Dios.
V/ Lleva en el corazón la ley de su Dios.

R/ Y sus pasos no vacilan.
V/ La ley de su Dios.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te invoco de todo corazón, respóndeme, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El que obra la verdad va a la luz para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El que obra la verdad va a la luz para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.

PRECES

Adoremos, hermanos, a Cristo, el Dios santo, y, pidiéndole que nos enseñe a servirle con santidad y justicia en su presencia todos nuestros días, aclamémoslo, diciendo:

Tú solo eres santo, Señor.

Señor Jesús, probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado,
— compadécete de nuestras debilidades.

Señor Jesús, que a todos nos llamas a la perfección del amor,
— sdanos el progresar por caminos de santidad.

Señor Jesús, que quieres que seamos la sal de la tierra y la luz del mundo,
— ilumina nuestras vidas con tu propia luz.

Señor Jesús, que viniste al mundo para servir, y no para que te sirvieran,
— haz que sepamos servirte a ti y a nuestros hermanos con humildad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesús, reflejo de la gloria del Padre e impronta de su ser,
— haz que contemplemos tu rostro

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos, por su intercesión, que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.