Vísperas – Viernes I de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES I TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyase están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es sólo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: Rm 15, 1-3

Nosotros, los robustos, debemos cargar con los achaques de los endebles y no buscar lo que nos agrada. Procuremos cada uno dar satisfacción al prójimo en lo bueno, mirando a lo constructivo. Tampoco Cristo buscó su propia satisfacción; al contrario, como dice la Escritura: «Las afrentas con que te afrentaban cayeron sobre mí.»

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

R/ Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
V/ Por su sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Bendigamos a Dios, que mira propicio los deseos de los necesitados y a los hambrientos los colma de bienes; digámosle confiados:

Muéstranos, Señor, tu misericordia.

  • Señor, Padre lleno de amor, te pedimos por todos los miembros de la Iglesia que sufren:
    — acuérdate que, por ellos, Cristo, cabeza de la Iglesia, ofreció en la cruz el verdadero sacrificio vespertino.
  • Libra a los encarcelados, ilumina a los que viven en tinieblas, sé la ayuda de las viudas y de los huérfanos,
    — y haz que todos nos preocupemos de los que sufren.
  • Concede a tus hijos al fuerza necesaria,
    — para resistir las tentaciones del Maligno.
  • Acude en nuestro auxilio, Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte:
    — para que puedan contemplarte eternamente.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Conduce a los difuntos a la luz donde tú habitas,
    — para que peudan contemplarte eternamente.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que los que hemos sido aleccionados con los ejemplos de la pasión de tu Hijo estemos siempre dispuestos a cargar con su yugo llevadero y con su carga ligera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 18 de enero

Lectio: Viernes, 18 Enero, 2019
Tiempo ordinario
1) Oración inicial
Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 2,1-12

Entró de nuevo en Cafarnaún; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y él les anunciaba la palabra. Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.» Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando.¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?» Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones?¿Qué es más fácil, decir al paralítico: `Tus pecados te son perdonados’, o decir: `Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: `A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.’» Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida.»
3) Reflexión
• En Mc 1,1-15, Marcos nos hace ver cómo hay que preparar y divulgar la Buena Nueva de Dios. En Mc 1,16-45, nos ha hecho ver cuál es el objetivo de la Buena Nueva, y cuál es la misión de la comunidad. Ahora, en Mc 2,1 hasta 3,6, aparece el efecto del anuncio de la Buena Nueva. Una comunidad fiel al evangelio vive valores que contrastan con los intereses de la sociedad que la rodea. Por eso, uno de los efectos del anuncio de la Buena Nueva, es el conflicto con aquellos que defienden los intereses de la sociedad. Marcos habla de cinco conflictos que el anuncio de la Buena Nueva causa a Jesús.

• En los años 70, época en la que escribe su evangelio, había muchos conflictos en la vida de las comunidades, pero no siempre sabían cómo comportarse ante las acusaciones que venían de parte de las autoridades romanas y de los líderes judíos. Este conjunto de cinco conflictos de Mc 2,1 a 3,6 servía como una especie de abecedario para orientar a las comunidades, tanto de ayer como de hoy. Porque el conflicto no es un incidente de recorrido, sino que forma parte integrante del camino.
• He aquí el esquema de los cinco conflictos presentes en el evangelio de Marcos:
Textos
1º conflicto: Mc 2,1-12
2º conflicto: Mc 2,13-17
3º conflicto: Mc 2,18-22
4º conflicto: Mc 2,23-28
5º conflicto: Mc 3,1-6
                Adversarios de Jesus
                escribas
                escribas y fariseos
                discípulos de Juan y fariseos
                fariseos
                fariseos y herodianos
                                Causa del conflicto
                                Perdón de los pecados
                                comer con los pecadores
                                práctica del ayuno
                                observancia del sábado
                                sana en día de sábado
• La solidaridad de los amigos hace que el paralítico obtenga el perdón de los pecados. Jesús está de vuelta a Cafarnaún. Se reunió mucha gente ante la puerta de casa. Acoge a todos y empieza a enseñar. Enseñar, hablar de Dios, era lo que Jesús más hacía. Llega un paralítico, cargado por cuatro personas. Jesús es su única esperanza. Ellos no dudan en subir al tejado y abrir un boquete en el techo. Tenía que ser una casa pobre, una chabola cubierta de hojas. Bajan al hombre y lo ponen ante Jesús. Jesús, viendo la fe de esta gente, dice al paralítico: ¡Tus pecados te son perdonados! En aquel tiempo, el pueblo pensaba que los defectos físicos (paralítico) fuesen un castigo de Dios por algún pecado. Los doctores enseñaban que esa persona impura se volvía incapaz de acercarse a Dios. Por esto, los enfermos, los pobres se sentían rechazados por Dios. ¡Pero Jesús no pensaba así! Aquella fe tan grande era una señal evidente de que el paralítico estaba siendo acogido por Dios. Por eso, declaró: ¡Tus pecados te son perdonados! Es decir: “¡Dios no te aleja de él!” Con esta afirmación Jesús niega que la parálisis fuese un castigo debido al pecado del hombre.
• Jesús es acusado de blasfemia por los dueños del poder. La afirmación de Jesús era contraria al catecismo de la época. No combinaba con la idea que tenían de Dios. Por eso reaccionan y acusan a Jesús diciendo: ¡Este se burla de Dios! Para ellos, sólo Dios podía perdonar los pecados. Y sólo el sacerdote podía declarar que alguien había sido perdonado y purificado. ¿Cómo es que Jesús, hombre sin estudios, seglar, un sencillo carpintero, podía declarar a las personas perdonadas y purificadas de los pecados? Y había, además, otro motivo que los llevaba a criticar a Jesús. Ellos probablemente estarían pensando: “Si fuera verdad lo que Jesús está diciendo, ¡vamos a perder todo nuestro poder! Y vamos a perder la fuente de nuestra renta”.
• Curando, Jesús demuestra que tiene poder de perdonar los pecados. Jesús percibe la crítica. Por eso pregunta: ¿Qué es más fácil decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o levántate, toma tu camilla y anda? Es mucho más fácil decir: “Tus pecados te son perdonados”. Pues nadie puede comprobar si de hecho el pecado fue o no perdonado. Pero si digo: “¡Levántate y anda!”, allí todos pueden comprobar si tengo o no ese poder de curar. Por esto, para mostrar que tenía el poder de perdonar los pecados en nombre de Dios, Jesús dijo al paralítico: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa! El hombre se curó. Así, mediante un milagro demostró que la parálisis del hombre no era un castigo de Dios, y mostró que la fe de los pobres es una prueba de que Dios los acoge en su amor.
• El mensaje del milagro y la reacción de la gente. El paralítico se levanta, toma la camilla, empieza a andar y todos dice: ¡Nunca vimos cosa igual! Este milagro reveló tres cosas muy importantes: 1) las enfermedades de las personas no son un castigo por sus pecados. 2) Jesús abre un nuevo camino para llegar hasta Dios. Aquello que el sistema llamaba impureza no era impedimento para que las personas se acercaran a Dios. 3) El rostro de Dios revelado a través de la actitud de Jesús no es el rostro severo de Dios revelado por la actitud de los doctores.
• Esto recuerda lo que dijo un drogadicto que se recuperó y que ahora es miembro de una comunidad en Curitiba, Brasil. Dijo: “Me crié en la religión católica. Dejé de participar. Mis padres eran muy practicantes y querían que los hijos fuesen como ellos. La gente era obligada a ir a la iglesia siempre, todos los domingos y las fiestas. Y cuando no iba, decían: «¡Dios castiga!” Yo no iba a gusto, y cuando crecí, poco a poco fui dejando. El Dios de mis padres no me gustaba. No lograba entender cómo Dios, creador del mundo, se convirtiera en un juez para mí, niño del campo, amenazándome con el castigo y con el infierno. ¡Me gustaba más el Dios de mi tío, que no pisaba la iglesia, pero que todos los días, sin falta, compraba el doble de pan que necesitaba, para darlo a los pobres!»
4) Para la reflexión personal
• ¿Te ha gustado el Dios del tío o el Dios de los padres del ex-drogadicto?

• ¿Cuál es el rostro de Dios que revelo a los demás a través de mi comportamiento?
5) Oración final
Lo que hemos oído y aprendido,

lo que nuestros padres nos contaron,
no lo callaremos a sus hijos,
a la otra generación lo contaremos:
Las glorias de Yahvé y su poder,
todas las maravillas que realizó. (Sal 78,3-4)

Comentario al 18 de enero

San Marcos sitúa a Jesús en uno de sus escenarios habituales: Cafarnaúm; y en su espacio más familiar: en casa. Pero aquí el lugar es lo que menos cuenta. Cualquier lugar en el que Jesús se encuentre se convierte de inmediato en centro de peregrinación y convocación que atrae a todo tipo de personas en busca de cosas que no les ofrecen otros maestros y letrados. Tantos eran los que acudieron que no quedaba sitio ni a la puerta. Jesús aprovecha la ocasión para dirigirles la palabra. Entretanto, un grupo de personas llegan con un paralítico en una camilla, y como no pueden meterlo entremedias del gentío que rodeaba al predicador, deciden levantar unas losetas del tejado e descolgarlo hasta colocarlo delante de él. Jesús, que se da cuenta de la fe que les mueve, le dice al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.

Seguramente que aquella reacción dejó perplejo tanto al enfermo como a sus acompañantes. Si le habían llevado hasta él era para que le curase, no para que perdonase sus pecados. Pero la frase pronunciada por Jesús provocó inmediatamente el escándalo de unos letrados que eran testigos presenciales de la acción, que piensan para sus adentros: ¿Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios? La sentencia absolutoria de Jesús les resulta blasfema; pues se arroga un poder que sólo a Dios corresponde. Sólo Dios puede perdonar pecados. Los hombres podremos disculpar, exculpar, excusar, exonerar, disimular, dispensar del pecado, pero perdonarlo propiamente, hacerlo desaparecer, destruirlo por entero, sólo Dios puede. De ahí que la frase les suene a blasfemia. Jesús, haciendo gala de una arrogancia irreverente, pretende conceder lo que sólo a Dios compete. Se estaría arrogando, pues, un poder divino.

Pero Jesús, que lee sus pensamientos, se dirige a ellos y les dice: ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico: «Tus pecados quedan perdonados», o decirle: «Levántate, coge tu camilla y echa a andar»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados…, entonces le dijo al paralítico: Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. Y el paralítico así lo hizo ante el asombro de todos los presentes: Se levantó, cogió su camilla y salió. ¿Qué es más fácil? ¿Perdonar los pecados del paralítico o devolver la movilidad a sus miembros inmovilizados? ¿Curar la enfermedad moral o la física?

Ambas cosas son difíciles para el que carece de poder, y fáciles para el que tiene poder, aunque entre una cosa y otra hay diferencia. La curación física es más fácil de verificar que el perdón de los pecados. Por eso Jesús se sirve de aquélla, la que puede verificarse empíricamente, para certificar ésta, es decir, su potestad para perdonar pecados. Ya había dado suficientes muestras de su poder de sanación; ahora quiere emplear este poder como muestra (signo) de un poder aún mayor, que sólo a Dios compete, el poder divino de perdonar pecados o poder de sanar espiritualmente al hombre en la tierra. Se trata de un poder ejercido sobre otro poder. Tanto la enfermedad como el pecado se apoderan del hombre sin que éste pueda hacer mucho para evitarlo. Algo puede hacer, pero no lo puede todo. Ni puede mantenerse incólume de toda enfermedad, ni puede mantenerse impecable. En el caso del pecado, interviene más la voluntad; aún así, se trata de una voluntad ordinariamente débil asociada a un entendimiento fácilmente seducible. De ahí que difícilmente pueda evitar ser presa del poder del pecado.

Pues bien, Jesús demuestra en este modo tener poder para doblegar ambos poderes, el de la enfermedad y el del pecado, aunque el poder sobre la primera sea evidente y sobre el segundo sólo sea creíble; pero razonablemente creíble por razón del poder manifestado en la curación de la enfermedad corporal. Jesús cura la parálisis de aquel hombre para hacer ver a los que se resisten a creer que tiene realmente poder para curar (=perdonar) su pecado. A la perplejidad de los testigos, atónitos ante el suceso, siguió la alabanza; pues daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto una cosa igual. Esta sensación de estar ante algo extraordinario e incomparable –nada igual– es lo que les hace elevar su mirada a Dios que ha facultado a un hombre para obrar en este modo. Las obras de Jesús recondujeron a muchos hacia la glorificación de Dios; pero no a todos. Seguramente que aquellos letrados que habían pensado que se encontraban ante un blasfemo arrogante, siguieron pensándolo tras el suceso milagroso. Y es que la incredulidad obstinada del hombre no es fácil de derribar ni siquiera con hechos extraordinarios. Semejante incredulidad, de ordinario, suele exigir más signos, signos más patentes; nunca se da por satisfecha con las pruebas presentadas; siempre pide más; pero (a esta generación) no se le dará –nos advierte Jesús- más signo que el signo de Jonás; como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, así el Hijo del hombre…

Jesús obra tales signos porque quiere nuestra fe; pero si lo que quiere es nuestra fe en su poder y en su bondad, no podrá darnos más que signos; no podrá darnos las evidencias que hagan imposible nuestra fe. También nos piden esa fe nuestros padres, nuestras mujeres o nuestros amigos, y se la damos. ¿Por qué no dársela a Jesús cuando él está dispuesto a darnos el ciento por uno después de habernos dado la vida?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

Art. 14

Congregaciones Generales y Sesiones de los Círculos menores

La Asamblea del Sínodo se reúnen en sesiones plenarias, llamadas Congregaciones Generales, en las cuales participan los Miembros, los Expertos, los Auditores, los Delegados Fraternos y los Invitados Especiales, o en Sesiones de los Círculos menores, en los que los participantes de la Asamblea se subdividen según la norma del derecho peculiar. 

La misa del Domingo

DOMINGO II ORDINARIO (C)
20 de enero de 2019

Iniciamos los domingos del tiempo ordinario leyendo un texto del evangelio de San Juan. El evangelista quiere mostrar el amor que Dios nos tiene y para ello habla de las bodas de Caná. Cuando hablamos de una boda a todos nos viene en mente el recuerdo del amor. Hay que reconocer que el deseo del amor está en lo más profundo del ser humano.

Dios es amor

Esta es la gran verdad del cristianismo. Si esta verdad calara profundamente en nosotros, si palpitara en nuestro corazón, si tuviéramos la sabiduría para para saber comunicar esta verdad, todo sería más sencillo. Si Dios es amor no es ninguna ingenuidad hablar de la fe como de un proceso de enamoramiento. No podemos olvidar que la fe es una respuesta de amor a un amor recibido. Esto hace que la fe no sea una carga sino que sobre todo sea un gozo. La fe es frescura y alegría.

Por amor…

“Por amor no callaré”. “Por amor no descansaré”. Dice el profeta en la primera lectura. De esta misma manera se han expresado los grandes creyentes a lo largo de la historia. ¿Qué no estará dispuesto a hacer una persona enamorada por amor? ¿Qué no estará dispuesto a hacer una madre o un padre por amor? ¿Qué no estará dispuesto a hacer un creyente por amor a Dios? Pero seamos más concretos: ¿qué estaría dispuesto hacer yo mismo por amor? Por amor… se hacen grandes sacrificios. Por amor se trabaja, se estudia, se compromete,… se da la vida.

Haz lo que Él te pida

En este texto de las bosas de Caná, el evangelista San Juan hace ver que con Jesús ha llegado el tiempo definitivo del amor. Ese amor de Dios, manifestado en Jesucristo, da alegría, una alegría festiva como la alegría que hay en una boda. Los cristianos decimos que amamos a nuestro Señor Jesucristo. Solo podemos hablar de esta manera desde la fe. Y en la clave de la fe, se entienden las palabras de María: “Haced lo que él os diga”. Amas a Jesús y le preguntas: ¿Señor que quieres de mí? Escucha en ese momento las palabras de María: “Haz lo que él os diga”. Pidamos al Señor que escuchemos de sus labios eso que Él nos pide y nos comprometamos a hacerlo con la ayuda de María.

Koldo Gutiérrez, sdb

La misa del Domingo: Misa con niños

DOMINGO II ORDINARIO (C)
“Una boda en Caná de Galilea”

20 de enero de 2019

(Después de estas fiestas que hemos celebrado de navidad llega una cierta “normalidad” en las celebraciones. Entroncamos con el Tiempo Ordinario, que nos permitirá también una catequesis continuada, hasta llegar al inicio de la Cuaresma.

Un signo para la celebración: una jarra de cristal transparente con agua y otra jarra de cristal con vino.

Una canción para la celebración: “Jesús, el amigo”).

1. MOTIVACIÓN

Amigos. Ya estamos con la normalidad de las clases y de la catequesis, por eso, en este domingo, nos reunimos para celebrar la eucaristía y fortalecer nuestra fe. Hoy veremos a Jesús que comienza su misión entre la gente y comienza a hacer el bien en el ambiente de una boda. El signo de ese día fue el convertir el agua en vino. También se hace presente en medio de esta asamblea. Juntos rezamos y cantamos.

2. CANTO (Puede ser “Jesús es Señor” u otro canto sobre Jesús)

Jesús es, Jesús es Señor.
Jesús es, Jesús es Señor.
Jesús es, Jesús es Señor.

Gloria a Dios, gloria, gloria a Dios.
Gloria a Dios, gloria, gloria a Dios.
Gloria a Dios, gloria, gloria a Dios.

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN

Se puede cantar la canción “Arrepentido” (Iñaki Lete, sdb). Si no se conoce se puede ir diciendo las frases:

Arrepentido de vivir sin sentido, recorriendo caminos alejados de ti.
Arrepentido de esos días vacíos, de ese tiempo perdido que pasó ante mí.

PERDÓNANOS, SEÑOR, PERDÓNANOS.

Arrepentido de olvidar ilusiones, de enterrar ideales que nacieron en mí.
Arrepentido de negar la sonrisa,
 y no dar una ayuda al que está junto a mí.

PERDÓNANOS, SEÑOR, PERDÓNANOS.

5. PRIMERA LECTURA. Primera Corintios 12, 4-11

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios

Hermanos: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece.

Palabra de Dios.

6. CANTO O SALMO RESPONSORIAL. “Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor”.page4image3084303984

7. EVANGELIO. Juan 2, 1-12. “En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos”.

Lectura del santo evangelio según san Juan:

NARRADOR: En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:

MARÍA: No les queda vino.

NARRADOR: Jesús le contestó:

JESÚS: Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora.

NARRADOR: Su madre dijo a los sirvientes:

MARÍA: Haced lo que él os diga.

NARRADOR: Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo:

JESÚS: Llenad las tinajas de agua.

NARRADOR: Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó:

JESÚS: Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.

NARRADOR: Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía, y entonces llamó al novio y le dijo:

MAYORDOMO: Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.

NARRADOR: Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.

8. COMENTARIO

  • Inicio de la misión de Jesús: hacer el bien con palabras y signos.
  • Hoy con un signo: el agua en vino.
  • Ayuda a aquella pareja. Se habían quedado sin vino para el banquete.
  • Nosotros: transformar el agua de las dificultades en el vino de la alegría.
  • Se puede hacer un sencillo diálogo con los niños: las dos jarras, la de agua y la de vino. Qué te dice este signo.
  • ¿Cómo puedes transformar el agua de la tristeza que hay a tu alrededor en vino de alegría y paz?
  • La sonrisa, signo de que eres persona que das alegría.

9. PETICIONES

  1. Para que sepamos escuchar la voz de Dios en nuestro interior. Roguemos al Señor.
  2. Para que sepamos seguir a Jesús con generosidad. Roguemos al Señor.
  3. Para que sepamos transformar el agua de las tristezas en alegrías para la gente. Roguemos al Señor.
  4. Para que los cristianos sepamos sonreír más y así demos paz a la gente. Roguemos al Señor.

10. PLEGARIA EUCARÍSTICA

(Se propone una de las Plegarias Eucarísticas para “Misas con niños”)

11. ACCIÓN DE GRACIAS. Canto “Jesús, el amigo”.

Hay un gran amigo que nunca fallará,
que a tu vida entera sentido dará.
Nadie fue capaz de hacerlo callar,
pues su vida fue la verdad,
pues su vida fue la verdad.

Jesús, Jesús, yo seré tu amigo
Tú serás mi luz.

Jesús, Jesús, siendo tú mi amigo,
me siento feliz.

Él no es una moda que se pueda cambiar,
pues mensaje eterno su Palabra será.
Único Maestro en nuestro caminar.
Nuestro hallazgo debemos cantar,
nuestro hallazgo debemos cantar.

12. PARA LA VIDA

(La sonrisa. Sonreír a alguien que está triste).

Iñaki Lete, sdb

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Si estás tú, no falta nada (Oración)

SI ESTÁS TÚ, NO FALTA NADA

 

Hola, Jesús. Al comenzar este rato de oración, me doy cuenta de lo mucho que me apetece estar contigo. Voy a respirar hondo, tranquilamente, e intentar relajarme. Porque a veces, traigo muchas cosas en la cabeza. Pero contigo, Jesús, en silencio, me lleno de paz y me siento mejor.

Hoy nos vamos a ir a una fiesta. Jesús, en compañía de María y algunos amigos, fue invitado a una boda. ¿Te acuerdas de cuando fue la última vez que has estado en una? Seguro que fue un día muy divertido, ¿verdad?

Es un día de alegría, de ponerse muy elegantes, de encuentro con abuelos, tíos, primos, amigos y donde la comida es riquísima. Todo un banquete. Vamos a ver qué pasó en la boda en la que estuvo Jesús.

El texto es una adaptación de Juan 2, 1-11:

Jesús, María y los discípulos, estaban en una boda. En un pueblo que se llama Caná de Galilea. En mitad del banquete, María vio que se les había acabado el vino. Y se lo dijo a Jesús. Él, al principio, le dijo que todavía no era momento de empezar a hacer milagros, pero ella insistió. Entonces, Jesús mandó a unos criados llenar de agua unas grandes tinajas de barro. Y luego les pidió que se las llevasen al encargado del banquete. Cuando lo hicieron, en lugar de agua había vino. El encargado del banquete, sin saber nada de lo que había pasado, felicitó al novio por haber dejado el mejor vino para el final. Este fue el primer signo de Jesús.

¡Vaya! ¿Y justo en mitad del banquete se termina el vino? Menos mal que María se dio cuenta. Sí, y ¿sabes por qué? Porque el vino lo hacía especial al banquete. Comer con agua era lo de todos los días, pero el vino lo reservaban sólo para las fiestas. ¡Ah! Eso quiere decir que quizás haya cosas que no puedan faltar cuando nos juntamos los amigos de Jesús. Eso es. Allá donde estemos los amigos de Jesús, hay que intentar que no falten esas cosas buenas que hacen mejor la vida.

¿Ya sabes cuáles no? Sí, la alegría, la amistad, el ayudarnos como buenos hermanos. Todo eso hace que un día cualquiera se convierta como en una fiesta. Y todos, todos, todos, estamos invitados a participar de esta fiesta. ¿Lo habías pensado alguna vez?

Madre, María, discípula y amiga del Señor, peregrina de la fe,
guía mis pasos para andar por sus caminos.
Solamente te he oído pronunciar palabras de gozo y humildad,
silencios de vida y de bondad, ternura de madre.

«Se alegra mi espíritu en Dios».
«Porque se ha fijado en la humildad».
«He aquí la esclava del Señor».
«Haced lo que él os diga».

«Hágase, Señor, tu voluntad», supiste vivir en profundidad.
«Hágase en mí tu voluntad», enséñame a pedir.
Todo lo guardabas en el corazón, todo lo escuchabas,
te dejabas hacer,
todo lo expresabas con amor y con sencillez.

Peregrina de la fe interpretado por Maite López, «Deseos». 

María cuida de que no falte nada, que todo esté preparado para el banquete. Y le pide a Jesús que devuelva la alegría a la fiesta, haciendo que haya vino. En el colegio, en casa o en la calle, tú puedes ser esa alegría que no puede faltar. ¿A quién te gustaría contagiar tu alegría?

Quizás conozcas algún lugar donde se haya acabado la alegría y haya personas sufriendo. Donde no se esté bien porque hay problemas, peleas y malos entendidos. Puedes pedirle a Jesús que en todos esos lugares del mundo no falte nunca gente que lleve la alegría de Jesús.

Si estás Tú…

Si estás Tú… no falta nada Jesús.
Si estás Tú… todo se llena de sol.
Si estás Tú… la tristeza se convierte en alegría.
Si estás Tú… se oye mejor el canto de los pájaros.
Si estás Tú… mi corazón late más fuerte.
Si estás Tú… los miedos no pueden conmigo.
Si estás Tú… tengo la fuerza de un gigante.
Si estás Tú, Señor… la vida es infinitamente mejor.
Si estás Tú… solo si estás Tú.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Comentario al evangelio – 18 de enero

Resulta un poco simple, o hasta inverosímil, la conversión tan rápida de esos escribas críticos con Jesús, que incluso acaban de tildarle de blasfemo. Sería raro que, derrotados por su palabra y acción, se incluyesen de inmediato en el coro de los que, por lo que ven en él, “dan gloria a Dios”.

Todo se explica cuando en este pasaje evangélico distinguimos dos escenas diferentes, de origen independiente: una controversia sobre perdón de pecados ha sido incrustada en una narración de curación de parálisis. De hecho, esa curación del paralítico reaparece en otro evangelio sin la controversia sobre el perdón y en un marco geográfico diferente: la piscina de Betesda, de Jerusalén (Jn 5), no en Cafarnaúm. Seguramente la aclamación entusiasta final nada tenía que ver, en su origen, con la derrota de los escribas, sino con la curación del tullido, que ahora camina tan campante con su litera a cuestas.

Jesús acogió lo mejor de la pedagogía teológica de su tiempo; en el caso que hoy nos ocupa, acepta el uso del “pasivo divino”, es decir, usa frases en voz pasiva para hablar de la acción de Dios sin manosear excesivamente su nombre. “Tus pecados son perdonados” significa sencillamente “Dios perdona tus pecados”; y ese Dios es el Padre. Lo notable es que Jesús está seguro de conoce el sentir de Dios hacia una determinada persona (no sabemos quién, en su origen no es el paralítico). Y además sabe que el Padre acoge con misericordia a esa persona porque se ha acercado confiadamente a él, el plenipotenciario de Yahvé, su presencia insuperable en este mundo. Se ha especulado mucho sobre la autoconciencia de Jesús: ¿qué pensaba exactamente de sí mismo? ¿cómo se habría definido? Es seguro que la encarnación comportaba limitación de vocabulario, la pobreza expresiva del lenguaje humano; pero, sobre su conocimiento del Abbá y su cercanía al mismo no parece que a Jesús le cupiese oscuridad o duda alguna.

El evangelista tiene un rico concepto de salvación, de salud integral. Al unir las dos piezas, perdón y curación, nos recuerda que sirve de poco la movilidad física si se carece de paz interior. Cuando a Jesús se le pide la salud corporal, sin quitarle importancia, comienza por regalar serenidad de espíritu; y ese renacer interior (liberación de culpabilidad), esa fresca alegría de vivir, tendrá un reflejo en la exterior libertad de movimientos. Desaparecen las opresiones, el mundo que rodea al hombre se hace nuevo.

Cuando nos acercamos confiadamente a Jesús y le dejamos actuar sobre nosotros, tiene lugar algo así como un “fin del mundo”, o un nuevo nacimiento; desaparecen los fardos pesados de angustias y culpabilidades, y todo se hace ligero, claro, limpio y lozano. Ante tal experiencia no podemos sino exclamar como los testigos de lo que narra el evangelio: “jamás habíamos visto cosa igual”.

Severiano Blanco cmf