Sábado I de Tiempo Ordinario

Hoy es sábado, 19 de enero

La lectura de hoy es del evangelio Marcos (Mc 2,13-17):

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él, y les enseñaba.
Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con publicanos y pecadores!»
Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

La Palabra de Dios además de ser viva, eficaz, tajante, penetrante… es buena, busca nuestro bien. Por eso, sin ningún temor, hemos de acudir a ella para que penetre en nuestro corazón y lo cambie, lo cristianice de manera tajante y eficaz y nos llene de vida, de vida humana y vida divina, de vida de hijos y hermanos, de hijos de Dios y hermanos de todos los hombres.

Sabemos que la Palabra de Dios, por antonomasia, es Jesús de Nazaret. “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Dejemos que Cristo penetre hasta lo más íntimo de nuestro ser y cristianice nuestras personas, nuestras acciones, nuestro deseos, nuestros valores, nuestras palabras… así nunca hemos de temer ante a “Aquel, a quien hemos de rendir cuentas”. Más bien, hemos de acercarnos a él “para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente”.

Ya desde el principio, el evangelio nos presenta a Jesús acercándose a los pecadores y “gente de mala fama”, ante el escándalo de los “bienpensantes” de entonces. Jesús siempre se defiende de la misma manera: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. Y Jesús fue capaz de llamar a Leví, uno de esos pecadores oficiales, recaudador de impuestos, para que formase parte del grupo de sus amigos más íntimos.  

Aunque esta actitud de Jesús la hemos oído un millón de veces… nos tiene que seguir llenando de alegría y de consuelo, porque todos engrosamos las filas de los pecadores… y gracias a él también las filas de los perdonados. Ojalá este evangelio nos haga romper para siempre la imagen de un Dios castigador y severo que solo busca castigarnos por nuestros pecados.

Liturgia 19 de enero

SÁBADO DE LA I SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria

Misa de la feria (verde)
 
Misal: Cualquier formulario permitido. Prefacio común.
 
Leccionario: Vol. III-impar
• Heb 4, 12.16. Comparezcamos confiados ante el trono de la gracia.
Sal 18. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
• Mc 2, 13-17. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

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Antífona de entrada
En un trono excelso vi sentado a un hombre, a quien adora muchedumbre de ángeles, que cantan a una sola voz: «Su imperio es eterno».

Acto penitencial
Hoy, además de pedir con insistencia en la celebración el gran don de la unidad de las Iglesias, también pediremos humildemente perdón a Dios nuestro Señor y a los hermanos separados, reconociendo la parte de culpa que nosotros, los católicos, podamos tener en la ruptura de esta unidad. Por eso, comenzamos la Eucaristía pidiendo humildemente perdón por nuestros pecados.

Yo confieso…

Oración colecta
T
e pedimos, Señor,

que atiendas con tu bondad
los deseos del pueblo que te suplica,
para que vea lo que tiene que hacer
y reciba la fuerza necesaria para cumplirlo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, y pidámosle humildemente que atienda las oraciones de su Iglesia, que suplica por la unión de todos los cristianos.

1.- Por la Santa Iglesia católica; para que, con humildad, reconozca y confiese sus culpas ante todos los cristianos y esté siempre dispuesta a perdonar las ofensas que de ellos haya recibido. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones al ministerio sacerdotal; para que nunca falten en nuestras diócesis pastores santos que vivan siempre en comunión de amor con todos los cristianos. Roguemos al Señor.

3.- Por los qu ejercen autoridad en todo el mundo; para que la paz y la amistad entre los pueblos supriman toda incomprensión y alejen de todo prejuicio y toda división. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los que sufren persecución o violencia a causa del Evangelio; para que sean liberados de sus pruebas. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros mismos; para que nuestra fidelidad al Evangelio nos purifique de todo sectarismo y nos haga amar a quienes no piensan como nosotros. Roguemos al Señor.

Dios omnipotente y eterno, que quieres la unión de tus hijos dispersos, mira con bondad las ovejas de tu rebaño; y, ya que nos ha consagrado un solo Bautismo, haz que estemos también unidos por la plena confesión de una sola fe y por los lazos de una intensa caridad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
S
eñor, que la ofrenda de tu pueblo

te agrede, nos santifique
y alcance para nosotros
lo que imploramos piadosamente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Sal 35, 10
Señor, en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz.

Oración después de la comunión
Te suplicamos, Dios todopoderoso,
que concedas, a quienes alimentas
con tus sacramentos,
la gracia de poder servirte
llevando una vida según tu voluntad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 19 de enero

La Iglesia conmemora hoy a los santos Arsenio obispo de la isla de Corfú (Grecia), Basiano compañero de San Ambrosio en la lucha contra el arrianismo, Germánico discípulo de San Policarpo y mártir, Juan obispo de Rávena (Italia), Ludomaro abad, Macario Alejandrino abad, Macario Magno abad también de Egipto, Ponciano de Espoleto mártir, Remigio hermano del rey Pipino y Tomás de Cori presbítero capuchino, un hombre hecho oración, según sus contemporáneos, gran predicador, canonizado en 1999. Los hospitalarios de San Juan de Dios celebran hoy la conversión de su fundador, en Mérida-Badajoz y Salamanca, San Juan de Ribera, los cordobeses a San Gumersindo, sacerdote y Servideo, monje, ambos mártires.

Sobresale entre estos santos el beato todavía Marcelo Espínola y Maestre, arzobispo y cardenal de Sevilla, natural de la isla gaditana de San Fernando, que murió el 10 de enero de 1906, se hizo mendigo para ayudar a los pobres con motivo de una gran sequía en el campo andaluz. Siendo obispo de Coria-Cáceres llegó a ofrecer su propio palacio episcopal de Cáceres para los enfermos y pobres de las Hurdes, que visitaba conmovido por su pobreza. Fundó la Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón, profundamente preocupado por la educación de la juventud.

Los jesuitas honran en este día a sus beatos Santiago de Sales, Guillermo Sautemouche, Ignacio de Acevedo y Santiago Bonnaud, Melchor Grodecz, Esteban Pongracz y los dominicos al beato Andrés de Peschiera, sacerdote.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado I de Tiempo Ordinario

LAUDES

SÁBADO I TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Gracias, Señor, por la aurora;
gracias, por el nuevo día;
gracias, por la eucaristía;
gracias, por nuestra Señora.
Y gracias por cada hora
de nuestro andar peregrino.
Gracias, por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 118

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

CÁNTICO del ÉXODO: HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR ROJO

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Alabad al Señor todas las naciones. +

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor todas las naciones.

LECTURA: 2P 1, 10-11

Hermanos, poned cada vez más ahinco en ir ratificando vuestro llamamiento y elección. Si lo hacéis así, no fallaréis nunca; y os abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.
V/ A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

R/ Y mi lote en el país de la vida.
V/ Tú eres mi refugio.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

PRECES

Bendigamos a Cristo, que, para ser ante Dios el sumo sacerdote compasivo y fiel, quiso parecerse en todo, menos en el pecado, a sus hermanos, y supliquémosle, diciendo:

Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

Señor, Sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,
— te consagramos este nuevo día.

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada
— y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra,
— encamina hoy nuestros pasos, para que obremos también, como ella, según tu voluntad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que, mientras vivimos aún en este mundo que pasa, anhelemos la vida eterna
— y, por la fe, la esperanza y el amor, gustemos ya anticipadamente las delicias de tu reino.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.