Comentario al evangelio – 20 de enero

La alegría de la familia de Dios

      La celebración de una boda es uno los momentos más gozosos en las familias. Supone en la vida de la familia el comienzo de una nueva etapa. Un chico y una chica dejan sus familias para formar una nueva. No es motivo para estar tristes sino lo contrario. La familia se agranda y, lo más importante, se abre a la vida. El casamiento de uno de los hijos o hijas significa que vendrán nuevos miembros a enriquecer la vida de la familia. Al casarse uno de sus miembros, la familia entera celebra que la vida no se termina sino que se abre al futuro con esperanza. El apellido familiar seguirá vivo. La vida sigue y se recrea.

      Un matrimonio también supone una promesa de amor entre los que se esposan. Es un amor para siempre y para todo. Sin límites. Hecho de total generosidad y entrega mutua. Gratuito y sin pedir nada a cambio. Es un amor capaz de crear vida. Los demás miembros de la familia quizá han vivido más, tienen más experiencia, saben que ese amor a veces pierde fuerza, comete errores, no siempre es fiel al impulso primero. Pero la promesa de los esposos es un signo de que vale la pena seguir persiguiendo ese ideal tan difícil de conseguir. Por esto para todos los que participan en una boda, ésta es siempre una celebración de la vida y el amor. 

      No es casualidad que Jesús comience su vida pública participando en una boda y alargando sin límites la alegría de los participantes. No otra cosa puede significar la exorbitante cantidad de agua que Jesús convierte en vino. Además, según la opinión del mayordomo, es el vino mejor. La presencia de Jesús trae a la boda –la fiesta humana por excelencia, la fiesta de la vida– la presencia del vino mejor. Es la mejor bendición para la vida y el amor que celebraban aquellas familias. El vino mejor es el signo de que la vida que nos trae Jesús vence a la muerte. 

      Las bodas, la alegría, el vino mejor, todos son signos que nos hablan de que el encuentro entre Dios y la humanidad que se produce en Jesús es el encuentro con la verdadera Vida, con la que no se termina; es el encuentro que dará lugar a la familia definitiva, en la que todos nos reconoceremos como hermanos y hermanas reunidos en la mesa del padre de todos, Dios, allá donde no habrá más muerte ni tristeza. Como en las bodas, esta celebración no es más que el comienzo de una nueva familia. No es todavía más que una promesa, pero una promesa de vida en plenitud. Vivir en cristiano es vivir en esperanza y en alegría.

Para la reflexión

      ¿Vengo a misa cada domingo con la alegría de encontrarme con mis hermanos y hermanas para celebrar la vida que Dios nos da? ¿Ser cristiano es para mí motivo de gozo? ¿En qué se me nota? ¿En qué se nota en mi familia? 

Fernando Torres, cmf

Domingo II de Tiempo Ordinario

Hoy es 20 de enero. Segundo Domingo del Tiempo Ordinario.

Una alianza para siempre con el hombre es lo que a ti te trae un día más a nuestra cita y a mí me hace sentir la seguridad y la confianza de que estás ahí, de que me quieres, de que nada podrá separarnos, porque tu amor por mí es único y para siempre. Único y para siempre. Gracias, Señor.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 2, 1-11):

Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino». Jesús le contestó: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él diga».

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: «Sacad ahora y llevádselo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él.

Jesús no había ido para casarlos como un sacerdote o ministro ordenado, y para marcharse después con la prisa o excusa de tener otras tareas. Estaba allí como un invitado más. Qué fácil e ilusionante resulta la religión de Jesús. Para nada cargada de preceptos que se impongan como cargas, sino bendiciendo con su presencia todo aquello que para los hombres es importante. Se celebraba una boda en Caná y Jesús estaba allí para celebrar con ellos.

En medio de la boda se les acaba el vino. ¿A cuántos proyectos nuestros empezados se les acaba la chispa, la vida, la ilusión, las ganas? Y entonces, qué. Pídele al que todo lo puede en el amor, que convierta en vino tu agua, que devuelva la llama a esas cenizas apagadas que devuelva la ilusión a esa falta de ganas.

La eucaristía es hoy ese sacramento que contiene la fuerza de convertir nuestra agua en vino. La oración hace también esta catarsis y al pasar las cosas por el corazón parece que se aligera y lo veo con nuevos ojos. Necesito hacer de la una y la otra ese taller donde todo lo viejo y gastado de mi vida, se reponga con la gracia de Dios.

Acércate de otro modo al relato, a través de la música, fijándote en la presencia discreta y determinante de María. Y en como, bajo su intercesión, Jesús cambia nuestra agua en vino.

Esta tarde de sol en Galilea
entre cántaros y cantos a tu Dios.
Mira Juan si es Jesús el que te habla,
son tus ojos los que siguen hoy su voz.

Esta tarde de luz entre las aguas
de estas fiestas que vimos en Caná.
Fue María quien ha visto tus pasos
encontrarse al fin con la verdad. 

Bendice Jesús con tus Manos
el agua de nuestra voluntad.
Regálanos hoy tu vino de paz. Cantaremos
tu gloria, Señor.
Bendice también nuestras vidas,
transforma el dolor en lealtad.
Anuncie Caná que Él es nuestro Dios,
el Mesías
que vino a salvar con su Cruz. 

Esta tarde de gloria entre los hombres,
de este vino que abre el corazón.
Ven y haz todo lo que Jesús diga
esta tarde en tus bodas de Caná. 

Bendice Jesús con tus Manos
el agua de nuestra voluntad.
Regálanos hoy tu vino de paz. Cantaremos
tu gloria, Señor.
Bendice también nuestras vidas,
transforma el dolor en lealtad.
Anuncie Caná que Él es nuestro Dios,
el Mesías
que vino a salvar con su Cruz.

Tarde de luz en Caná interpretado por Misión País, «Chile te canta María»

Termino la oración, Señor, con el corazón alegre, porque eres un Dios de andar por casa. De fiesta, de alegría y quiere sin dudar amar a todos y que todos te inviten a su boda.

Sí, quiero

Que no se pierda un brote de alegría,
que siempre en nuestras vidas haya algo que celebrar,
que no se acabe el vino de la fiesta,
que las inolvidables canciones nunca dejen de sonar.
Pues la vida, para Dios, es una boda
en la que quiere unir a todos sin final. 

Vengan mayores y niños, acérquense los que están lejos,
rían los tristes, coman sin vergüenza los hambrientos.
Que en las bodas de Dios no hay invitados,
pues todos somos familia y unos de otros hermanos.
Ya no importa quien se case, pues Dios quiere prender en todos
esa chispa del amor más suyo, sin gusto por los buenos y los sanos
Y amante del enfermo y del más malo.

Sí ya se, Señor, que en nuestras manos todo se estropea,
también lo bueno se pierde, se tuerce, se desparrama.
Y ni siquiera para aquello que anhelamos, encontramos el camino que nos lleve.
Es el primitivo empeño humano de preferir siempre hacer las cosas solos,
de querer ser amos y señores de aquello que el amor nos ha entregado.
Absurda estupidez, codicia humana, pues somos una triste coladera
que reteniendo la espuma de la vida, dejamos escapar lo que la llena:
El encuentro de los unos con los otros y el cuidado sosegado de lo herido. 

Quisiera como Tú estar siempre atento, e inyectar más amor
al que más solo vive, al que ya no se quiere, o que ya no confía.
Quisiera como Tú rellenar de proyectos la maleta vacía de quien vive sin ganas,
y cambiar en dulzura ¡tanta y tanta amargura humana!
Porque la vida no es un valle de lágrimas, es un tesoro encontrado
que solo lo gana el que ofrece y que solo lo pierde el que guarda.

(Seve Lázaro, sj)

Que esta oración te pueda acompañar a lo largo de la semana, repitiendo en tu interior, una y otra vez ese anhelo: Sí quiero, Señor, sí, quiero…; Sí quiero, Señor, sí, quiero…

Liturgia 20 de enero

II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Misa del Domingo (verde)
 
Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Credo. Prefacio dominical
 
Leccionario: Vol. I (C)
• Is 62, 1-5. Se regocija el marido con su esposa.
 Sal 95. Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.
• 
1Cor 12, 4-11. El mismo y único Espíritu reparte a cada uno en particular como él quiere.

• Jn 2, 1-11. Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea.

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Antífona de entrada Cf. Sal 65, 4
Que se postre ante ti, oh, Dios, la tierra entera; que toquen en tu honor; que toquen para tu nombre, oh Altísimo.

Monición de entrada
Hoy iniciamos la primera serie de domingos del Tiempo Ordinario, que durará hasta el comienzo de la cuaresma, en los que iremos escuchando en el evangelio los primeros pasos de la predicación de Jesús de Nazaret, cuyos hechos y palabras deben guiar y fecundar nuestra vida de cada día.

Acto penitencial
Pidamos que así sea al iniciar la celebración de hoy, con toda la confianza puesta en que su Espíritu está en nostoros para darnos el ánimo y la fuerza que siempre necesitamos. Por ello, al iniciar la celebración de la Eucaristía, reconocemos lo que hay de pecado en nosotros, especialmente por las veces qu eno hemos sido constructores de unidad y de comunión, y pedimos que el Espíritu de Dios renueve nuestra vida.

• Tú que nos haces partícipes del misterio de la vida. Señor, ten piedad.
• Tú que has venido para manifestarnos la bondad del Padre. Cristo, ten piedad.
• Tú que has dado a la Iglesia el vino nuevo de la gracia. Señor, ten piedad.

Gloria

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno,
que gobiernas a un tiempo cielo y tierra,
escucha compasivo la oración de tu pueblo,
y concede tu paz a nuestros días.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Confesemos ahora todos juntos nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la unidad de la Iglesia.

Oración de los fieles
Invoquemos ahora a Dios Padre, que bendice a su Iglesia con diversidad de ministerios y de carismas, y sabiendo que contamos con la intercesión de santa María, la Virgen, presentémosle confiadamente nuestras súplicas y plegarias.

1.- Por la Iglesia; para que todos los bautizados en Cristo estemos siempre unidos con un mismo pensar y sentir, superando las divisiones y discordias. Roguemos al Señor.

2.- Por las vocaciones sacerdotales; para que nunca le falten al pueblo de Dios pastores que muestren a Dios a quien lo busca. Roguemos al Señor.

3.- Por los enfermos y todos los que sufren; para que el vino del amor fraterno endulce su amargura y mitigue su dolor, de modo que puedan cantar, desde su postración, la gloria y el poder del Señor. Roguemos al Señor.

4.- Por los esposos; para que no se vuelva agrio el vino de su amor, y vivan siempre la gracia de la fortaleza y la unidad para educar en la fe, la esperanza y la caridad. Roguemos al Señor.

5.- Por nosotros, invitados a la mesa del Señor; para que sepamos ofrecer a todos el vino del consuelo y la alegría, y de este modo, todos puedan cantar al Señor un cántico nuevo. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que en la hora de la Cruz has llamado a la humanidad a unirse en Cristo, Esposo y Señor; atiende nuestras súplicas y haz que en esta fiesta del domingo la Iglesia experimente la fuerza transformadora de su amor, y preguste con alegría la esperanza de las bodas eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
C
oncédenos, Señor,

participar dignamente en estos sacramentos,
pues cada vez que se celebra
el memorial del sacrificio de Cristo,
se realiza la obra de nuestra redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio dominical

Antífona de comunión Cf. Sal 22, 5
Preparas una mesa ante mí y mi cáliz glorioso rebosa.

O bien: Cf 1Jn 4, 16
Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene.

Oración después de la comunión
D
errama, Señor, en nostoros

tu Espíritu de caridad,
para que hagas vivir concordes en el amor
a quienes has saciado con el mismo pan del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
— El Señor os bendiga y os guarde.
Haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor.
Vuelva su mirada a vosotros y os conceda la paz.

— Y la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo † y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.
Amén.

Santoral 20 de enero

Nos encomendamos hoy a San Fabián, papa y mártir, el vigésimo primero en la sucesión de San Pedro. Fue un papa celoso y competente hasta el punto de suscitar los celos del emperador Decio, que ordenó una persecución sangrienta contra los cristianos siendo él una de sus víctimas. En el mismo tiempo murió también por la fe el soldado Sebastián cuya pasión narra San Ambrosio de Milán. Fue venerado al lado de los apóstoles Pedro y Pablo y su culto se extendió muy pronto por todo el Occidente.

Otros santos son Ascla mártir en Tebaida, San Enrique obispo y mártir en Finlandia, aunque de origen inglés, Esteban Min catequista y mártir en Seúl, Eustoquia abadesa en un monasterio de Mesina, Eutimio sacerdote y abad, Mario, Marta, Audifaz y Abaco mártires romanos, Neófito mártir en Nicea, Wulstan monje y obispo inglés.

Dos beatos se unen a este grupo de santos: Benito Ricasoli eremita y Cipriano Miguel Iwene Tansi sacerdote natural de Nigeria, beatificado por Juan Pablo II en 1998. La iglesia de Nigeria le profesa una gran devoción.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Domingo II de Tiempo Ordinario

LAUDES

DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, ábreme los labios.
R.Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Somos el pueblo de la Pascua,
Aleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría;
levantemos el corazón.

El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.

Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas;
alegraos en el Señor.

Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.

Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
somos testigos del Señor.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

LECTURA: Ez 36, 25-27

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

R/ Contando tus maravillas.
V/ Invocando tu nombre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Jesús, a petición de María, su madre, cambió el agua en el vino de la nueva alianza.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Jesús, a petición de María, su madre, cambió el agua en el vino de la nueva alianza.

PRECES

Demos gracias a nuestro Salvador, que ha venido al mundo para ser «Dios con nosotros» y digámosle confiadamente:

Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.

  • Señor Jesús, Sol que nace de lo alto y primicia de la resurrección futura,
    — haz que, siguiéndote a ti, no vivamos nunca en sombra de muerte, sino que tengamos siempre la luz de la vida.
  • Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las criaturas están llenas de tus perfecciones,
    — para que así, en todas ellas, sepamos contemplarte a ti.
  • No permitas, Señor, que hoy nos dejemos vencer por el mal,
    — antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a fuerza de bien.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú, que, al ser bautizado en el Jordán, fuiste ungido con el Espíritu Santo,
    — asístenos durante este día, para que actuemos movidos por este mismo Espíritu de santidad.

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, esuccha paternalmente la oración de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.