Vísperas – San Ildefonso

VÍSPERAS

MIÉRCOLES II TIEMPO ORDINARIO
SAN ILDEFONSO, obispo

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R.Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 61: LA PAZ EN DIOS

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?

Sólo piensan en derribarme de mi altura,
y se complacen en la mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.

Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.

De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.

Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.

Los hombres no son mas que un soplo,
los nobles son apariencia;
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.

No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.

Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he escuchado:

«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú pagas a cada uno
según sus obras.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLSO ALABEN AL SEÑOR

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblso te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

  • Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
    — haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.
  • Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
    — santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.
  • Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
    — llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.
  • Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
    — no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
    — salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma famlia, invoquemos al Padre común:

Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que hiciste a san Ildefonso insigne defensor de la virginidad de María, concede a los que creemos en este privilegio de la Madre de tu Hijo sentirnos amparados por su poderosa y materna intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.

Lectio Divina – 23 de enero

Lectio: Miércoles, 23 Enero, 2019
Tiempo ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo, y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 3,1-6

Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.» Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano.» Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.
3) Reflexión
• En el evangelio de hoy vamos a meditar el último de los cinco conflictos que Marcos pone al comienzo de su evangelio (Mc 2,1 a 3,6). Los cuatro conflictos anteriores fueron provocados por los adversarios de Jesús. Este último es provocado por Jesús mismo y revela la gravedad del conflicto entre él y las autoridades religiosas de su tiempo. Es un conflicto de vida y muerte. Importa notar la categoría de los adversarios que aparece en este último conflicto. Se trata de fariseos y herodianos, es decir de autoridades religiosas y civiles. Cuando Marcos escribe su evangelio en los años 70, muchos recordaron la terrible persecución de los años 60, en la que Nerón se cargó a muchas comunidades cristianas. Al oír ahora como Jesús mismo había sido amenazado de muerte y como se comportaba en medio de estos conflictos peligrosos, los cristianos encontraban valor y orientación para no desanimarse a lo largo del camino.

• Jesús en la sinagoga en día de sábado. Jesús entra en la sinagoga. Tenía costumbre de participar en las celebraciones de la multitud. Había allí un hombre con una mano atrofiada. Una persona con discapacidad física no podía participar plenamente, ya que era considerada impura. Aunque estuviera presente en la comunidad, era marginada. Debía mantenerse alejada del resto.
• La preocupación de los adversarios de Jesús. Los adversarios observan para ver si Jesús cura en día de sábado. Quieren acusarlo. El segundo mandamiento da la Ley de Dios mandaba “santificar el sábado”. Estaba prohibido trabajar en ese día (Ex 20,8-11). Los fariseos decían que curar a un enfermo era los mismo que trabajar. Por esto enseñaban: “¡Está prohibido curar en día de sábado!” Colocaban la ley por encima del bienestar de las personas. Jesús los incomodaba, porque colocaba el bienestar de las personas por encima de las normas y de las leyes. La preocupación de los fariseos y de los herodianos no era el celo por la ley, sino la voluntad de acusar y de eliminar a Jesús.
• ¡Levántate y ponte aquí en medio!. Jesús pide dos cosas al discapacitado físico: ¡Levántate y ponte aquí en medio! La palabra “levántate” es la misma que las comunidades del tiempo de Marcos usaban para decir “resucitar”. ¡El discapacitado debe “resucitar”, levantarse, ponerse en medio y ocupar su lugar en el centro de la comunidad! Los marginados, los excluidos, ¡deben ponerse en medio! No pueden ser excluidos. Deben ser incluidos y acogidos. ¡Deben estar junto con todos los demás! Jesús llamó al excluido para que se pusiera en medio.
• La pregunta de Jesús deja a los demás sin respuesta. Jesús pregunta: ¿En día de sábado está permitido hacer el bien o hacer el mal? ¿Salvar la vida o matarla? Podía haber preguntado: ”En día de sábado está permitido curar: ¿sí o no?” Y todos hubiesen respondido: “¡No está permitido!” Pero Jesús cambia la pregunta. ¡Para él, en aquel caso concreto, “curar” era lo mismo que “hacer el bien” o “salvar una vida”, y “no curar” era lo mismo que “hacer el mal” o “matar una vida”! Con su pregunta Jesús pone el dedo en la llaga. Denuncia la prohibición de curar en día de sábado como un sistema de muerte. ¡Pregunta sabia! Los adversarios se quedaron sin respuesta.
• Jesús queda indignado ante la cerrazón de los adversarios. Jesús reacciona con indignación y con tristeza ante la actitud de los fariseos y de los herodianos. Manda al hombre a que extienda la mano, y queda curada. Al curar al discapacitado, Jesús muestra que él no estaba de acuerdo con el sistema que ponía la ley por encima de la vida. En respuesta a la acción de Jesús, los fariseos y los herodianos deciden matarlo. Con esta decisión confirman que son, de hecho, defensores de un sistema de muerte. No tienen miedo a matar para defender el sistema contra Jesús que los ataca y critica en nombre de la vida.
4) Para la reflexión personal
• El discapacitado fue llamado a ponerse en el centro de la comunidad. En nuestra comunidad, los pobres y excluidos ¿tienen un lugar privilegiado?

• ¿Te has confrontado alguna vez con personas que, al igual que los herodianos y los fariseos, colocan la ley por encima del bienestar de las personas? ¿Qué sentiste en aquel momento? ¿Les diste razón o los criticaste?
5) Oración final
Pero te compadeces de todos porque todo lo puedes

y no aborreces nada de lo que hiciste;
Señor, amigo de la vida. (Sab 11,23-26)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 8, 27-30

<

p style=»text-align:justify;»>«27Y salióJesúsy sus discípulosa las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntaba a sus discípulosdiciéndoles: “¿Qué dicen los hombresque soy yo?”.
28Pero le dijeron diciendo: “Que Juan el Bautista, y otros, Elías; y otros, que uno de los profetas”.

29Y élles preguntaba: “Pero vosotros, ¿qué decís que soy yo?”

<

p style=»text-align:justify;»>Respondiendo Pedro le dice: “eres el Mesías”.


30Y les recriminó para que a nadie hablaran sobre él.

 

• La narración simbólica de la curación del ciego va seguida significativamente de un relato en dos partes. En la primera Jesús solicita opiniones sobre él, escucha la declaración de Pedro que él es el mesías y ordena (lit. «recriminó») a los discípulos que no divulguen estas noticias (8,27-30). Sin embargo, cuando Jesús continúa especificando qué tipo de mesías es él, un mesías que sufrirá, morirá y resucitará, Pedro responde con un reproche y Jesús a su vez lo reprende llamándole «Satanás», pues sus pensamientos operan en el nivel humano más que en el divino (8,31-33). La condición de Pedro, mitad inteligente y mitad insensible, es similar al estado del ciego en la narración anterior que solo ve a la mitad: está medio ciego. Además, el lenguaje, típico de los exorcismos, de «recriminación», que se halla por doquier en el pasaje, sugiere que esta condición es el resultado de una lucha entre la revelación divina y la resistencia demoníaca. Esta relación con la historia del ciego queda reforzada por el hecho de que en tradiciones judías y en el Nuevo Testamento Satanás y los demonios aparecen dibujados con frecuencia como los causantes de la ceguera de los seres humanos (cf. Hch 26,18; 2Cor 4,4).

Así como los verbos referentes a la visión dominaban el pasaje anterior, los de la locución dominan este («preguntan», «responden», «reprochan», «enseñar» y tres verbos diferentes para «decir»). Esta preponderancia de verbos referidos al lenguaje refleja el carácter del texto como un diálogo dramático de ideas, cuidadosamente construido para expresar dos temas estrechamente relacionados: mesianismo de Jesús (8,27-30) y su próxima pasión, muerte y resurrección (8,31-33). Las dos partes del pasaje siguen un modelo similar: 1) pregunta o declaración de Jesús (8,27 + 29a, 31-32a); 2) respuesta de Pedro (8,29b, 32b); y 3) contra-respuesta de Jesús, introducida por «recriminó» (8,30, 33). Jesús tiene así la primera y última palabra, pero Pedro y los otros discípulos son también personajes significativos en el diálogo y la palabra «discípulos» aparece al principio y al final de la perícopa (8,27.33), señalando la concentración creciente de esta sección del evangelio en el discipulado. La ambigua posición de los discípulos queda destacada por las dos yuxtaposiciones de «discípulos» y «hombres» en este pasaje: al comienzo, Pedro, como representante de los discípulos, muestra una sabiduría que supera la de los demás (8,27-30), pero al final queda situado en el lado de la humanidad, enfrentada a la revelación de Dios y poseída por el demonio (8,33).

Pero el interés central del pasaje, como el del evangelio entero, se concentra en la identidad y destino del mesías más que en la naturaleza de sus seguidores, aunque los dos aspectos están interrelacionados. Ciertamente, los empleos de «hombres» en 8,27 y 8,33 enmarcan el diálogo con referencias a una humanidad ignorante y alejada de Dios, pero resulta también significativo que la forma en singular de ese vocablo se repita en el centro del diálogo refiriéndose al Hijo del Hombre, cuyo camino hacia el sufrimiento y la muerte es el cumplimiento de un imperativo divino (8,31). Así pues, nada parece capaz de acabar con la enajenación y la ceguera de la humanidad respecto a la voluntad de Dios excepto la muerte, plena de fe, del Hijo del Hombre.

• 8,27-30: ¿Quién es Jesús? Nuestro pasaje comienza con la salida de Jesús y los discípulos de Betsaida (8,22) y su traslado a la parte septentrional extrema de los altos del Golán, a los poblados que rodean la ciudad helenística de Cesarea de Filipo (8,27a). La relación de esta ciudad con el César, es decir, el emperador romano, es significativa si se tiene en cuenta la continuación de la perícopa; queda puesto así el fundamento para la confesión por Pedro de que Jesús es el mesías, el caudillo judío del que se esperaba que con su venida pusiera fin al dominio opresivo de Roma. Esta atmósfera militante se refuerza al especificarse que la conversación siguiente ocurre «en el camino» (8,27b), frase que evoca la imagen isaiana de la marcha victoriosa divina que culmina en la redención de Sión.

Mas, no obstante las evocaciones revolucionarias del contexto, Jesús aprovecha este momento para revelar su gran secreto; si él es el mesías, ello implica no solo que es el guerrero santo de Dios, sino también un maestro consumado que sabe conducir a sus seguidores paso a paso desde una percepción a otra. La dilatada naturaleza de este proceso pedagógico queda acentuada por el frecuentísimo empleo de verbos de locución en imperfecto («preguntaba» en 8,27 y 8,29; «decía» en 8,32), por el sintagma «comenzaba a enseñarles» en 8,31 y por la idea subyacente de que la revelación se va mostrando gradualmente a la vez que Jesús y sus discípulos pasan por los poblados (en plural) de la zona de Cesarea de Filipo.

<

p style=»text-align:justify;»>«¿Quién dice la gente que soy yo?» es la pregunta principal (8,27c). Los discípulos responden con un breve catálogo de opciones interpretativas: Juan el Bautista, Elías, o uno de los antiguos profetas venidos del reino de la muerte (8,28). Son las mismas opiniones populares presentadas ya en 6,14-15 y mencionadas en el mismo orden. Esta repetición es probablemente deliberada y sugiere que, aunque Marcos considere que las dos primeras opiniones son erróneas y la tercera es solo correcta en parte, señalan sin embargo aspectos importantes de la misión de Jesús. Las tres posibilidades vinculan a Jesús con el mandato profético y, por otros lugares del evangelio, sabemos que el Jesús marcano se consideraba a sí mismo como un profeta (cf. 6,4). En verdad, en este pasaje el Maestro continúa con una profecía y hace una predicción detallada y exacta de su rechazo, ejecución y resurrección (8,31). Jesús, pues, aunque sea más que un profeta, es sin embargo uno de ellos (cf. Mt 11,9 // Lc 7,26) y en ese sentido la opinión popular es correcta. Además, la creencia de la muchedumbre de que Jesús es un personaje que había vuelto de entre los muertos puede sugerir que el pueblo consideraba acertadamente que los acontecimientos escatológicos estaban ya en marcha, puesto que se esperaba que la resurrección habría de ocurrir al final de los tiempos (cf. Mt 27,51-53). La resonancia escatológica es aún más obvia en cuanto que la primera figura mencionada, Juan Bautista, aparece dibujada en la tradición evangélica como el que prepara al pueblo para el final (cf. 1,4-8; Mt 3,7-10 // Lc 3,7-9), y se esperaba que la segunda, Elías, habría de volver para servir de introductor (Mal 4,5-6).
Pero aunque las opiniones proferidas por los discípulos contienen algunos elementos de verdad, desde el punto de vista de Marcos no son la verdad completa. Por ello, Jesús confronta directamente a los discípulos con la pregunta crucial: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (8,29a). La respuesta de Pedro, atendiendo los datos anteriores del evangelio, parece bastante lógica: «Tú eres el cristo» (8,29b), es decir, el mesías, el futuro rey escatológico de las expectativas judías.

La prohibición de Jesús de dar publicidad a su mesianismo, tal como va dirigida a los discípulos en 8,30, se refiere a una valoración correcta de su identidad (cf. 1,24-25; 3,11-12). La prohibición, en verdad, sirve realmente para aumentar la importancia del secreto cuando este se desvele. La confesión de Pedro puede ser muy bien el eco de una confesión cristiana primitiva que conocían los lectores de Marcos por sus propios oficios litúrgicos. Jesús es el mesías porque es el rey esperado de Israel, que enseñará a su pueblo los rectos caminos del Dios de Israel y establecerá el reinado divino sobre la tierra derrotando a sus enemigos. El veto a la publicidad, proclamada por Jesús inmediatamente después de la confesión de Pedro (8,30), implica que su desvelamiento en esos momentos era prematura: solo tras la muerte y la resurrección de Jesús se descubrirá la verdadera esencia de su realeza.

Comentario del 23 de enero

El texto evangélico nos traslada de nuevo al ámbito de las controversias de Jesús con los fariseos a propósito de la observancia del Sábado. Jesús se encuentra, como era su costumbre, en la sinagoga. Allí se encuentra también un hombre con parálisis en un brazo. ¿Qué hacía en ese lugar aquel impedido? No parece que su presencia en la sinagoga fuese casual; da la impresión más bien de que hubiese sido llevado allí por los mismos fariseos que quieren servirse de él como cebo en su intento de acusar a Jesús. Es lo que insinúa el evangelista cuando dice de ellos que estaban al acecho para ver si curaba en sábado y acusarlo. Hacen, por tanto, de aquel paralítico un medio al servicio de sus malévolas intenciones, que no son otras que encontrar un motivo de acusación contra «el maestro transgresor». Y Jesús acepta el desafío que le proponen, lanzándoles un pulso en toda regla. Dirigiéndose al paralítico le dice, como retando a sus adversarios: Levántate y ponte ahí en medio. El movimiento de Jesús es manifiesto. Acaba de aceptar el reto de quienes se han constituido en sus acusadores y buscan ocasión propicia para condenarlo.

Tras hacer del paralítico el centro de todas las miradas, Jesús les dirige una pregunta que no deja escapatoria: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? ¿Qué podían responder a esto? ¿Que en sábado no estaba permitido hacer el bien o salvar la vida de alguien? La contradicción entre la observancia sabática y la buena acción resultaba demasiado flagrante. ¿Cómo prohibir la práctica del bien en sábado? ¿Acaso el Sábado no era una ley de cuño divino? ¿Cómo podía Dios prohibir la buena actuación en el día consagrado a él?

Los fariseos tenían claro lo que no estaba permitido en sábado; no estaba permitido trabajar, ni encender fuego, ni caminar más de un determinado número de pasos, ni hacer negocios, ni traficar con dinero, ni viajar, etc. Tenían claro, por tanto, aquellas cosas de las que tenían que abstenerse (capítulo de prohibiciones) en sábado; lo que no tenían tan claro en sus planteamientos es lo que estaba permitido, más aún, lo que había que hacer en sábado. ¿Acaso la ley del descanso sabático podía convertirse en una barrera que limitase la práctica del bien? ¿Es que la buena acción puede estar condicionada por algún límite temporal o legal? ¿No es la ley la que tiene que amparar el bien? No sólo está permitido hacer lo bueno en sábado; está incluso recomendado. Hacer el bien debe ser una obligación moral para todo hombre en cualquier circunstancia de espacio y tiempo.

Pero Jesús lleva el caso hasta su extremo, pues no parece que aquel paralítico del brazo se encontrase en peligro de muerte o exigiese una cura de urgencia o una rápida intervención. En este contexto adquiere aún más relieve la actitud desafiante del maestro taumaturgo, como si Jesús quisiera cuartear su mentalidad haciéndoles ver no sólo que la ley del Sábado admite excepciones –algo que ya sabían y practicaban ellos-, sino que el código del buen obrar puede muchas veces obligar a transgredir una ley tan sagrada como ésta: ¿Qué está permitido en sábado: salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? La pregunta no dejaba alternativa. En ninguna circunstancia se debe preferir dejar morir a una persona que salvarla, si ello es posible. La vida humana es un valor supremo que debe ser custodiado por toda ley. Aquí encuentra su lugar idóneo el dicho de Jesús: el Sábado (la ley) se hizo para el hombre y no el hombre para el Sábado. En este caso lo que parecía en juego no era la vida del paralítico, sino únicamente su salud; pero Jesús parece recrearse en extremar las cosas.

Aquellos aprendices de jueces no encontraron la respuesta adecuada y prefirieron callar. ¿Cómo iban a decir que en sábado no estaba permitido hacer lo bueno? ¿Es que la ley del descanso sabático no era buena? ¿Es que observar esta ley no era bueno? Se suele decir que «el que calla otorga»; pero el silencio de los fariseos no era un asentimiento, sino sólo una falta de respuesta y, como delata su inmediata reacción, una adentramiento en el castillo de su propia obstinación. No encontraron respuesta, pero tampoco dieron su brazo a torcer. Su obstinación no les permitía reconocer que no sólo se podía hacer el bien en sábado, sino que se debía hacer el bien, siempre que se ofreciera oportunidad de ello; y la curación de un enfermo era una buena oportunidad para la práctica del bien y para honrar el Sábado.

Y llegó el momento de la actuación. Para que la cosa no quede sólo en una simple discusión doctrinal, Jesús, aunque indignado y dolido por la obstinación de sus contrincantes, se pone manos a la obra, y le dice al paralítico: Extiende el brazo. Y el brazo de este impedido quedó restablecido. La culminación del acto acabó desatando la ira contenida de sus acusadores. En cuanto salieron de la sinagoga –nos informa san Marcos- los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Enemigos tan irreconciliables como fariseos y herodianos –los unos enemigos, los otros amigos del régimen imperante- se ponen de acuerdo, porque les une un mismo propósito. Tanto para unos como para otros Jesús resulta un estorbo, alguien que pone en riesgo sus propios intereses. Pero él se había limitado a querer hacerles ver que su interpretación de la ley era insostenible, que una ley como el Sábado no podía de ninguna manera ser un impedimento para la práctica del bien o para la curación de un enfermo, que en último término la ley (toda ley) había sido diseñada para el hombre, y no el hombre para la ley. Quería, por tanto, resquebrajar esa mentalidad monolítica y rocosa que les mantenía aferrados a su concepción legalista, pero esto nunca es fácil. Tampoco lo es para nosotros. Todos disponemos de hábitos mentales que el tiempo ha ido endureciendo o esclerotizando y que resultan difíciles de remodelar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

IV. Fase de implementación de la Asamblea del Sínodo

Art. 19

Acogida e implementación de las conclusiones de la Asamblea

§ 1. Los Obispos diocesanos o eparcales cuidan la recepción y la implementación de las conclusiones de la Asamblea del Sínodo, aceptadas por el Romano Pontífice, con la ayuda de los organismos de participación previstos por el derecho.

§ 2. Los Sínodos de los Obispos de las Iglesias patriarcales y arzobispales mayores, los Consejos de los Jerarcas y de las Asambleas de los Jerarcas de las Iglesias sui iuris y las Conferencias Episcopales coordinan la implementación de dichas conclusiones en su territorio y con tal fin pueden predisponer iniciativas comunes.

Comentario Domingo III de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor y Hermano Jesús:
Tú dijiste que “tu Padre nos enviaría en tu nombre el Espíritu Santo y que Él nos recordaría lo que nos enseñaste y nos los explicaría todo”. Tú conoces la pobreza y la aridez de nuestro corazón. Te pedimos que tu Espíritu nos lo refresque, nos lo ilumine, nos haga entender tu Evangelio. AMEN, ASI SEA.

 

Lc 1, 1-4.4,14-21

«1Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, 2tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, 3he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, 4para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

14Y volvió Jesús por la fuerza del Espíritu a Galilea, y su fama se extendió por toda la región. 15Y él enseñaba en sus sinagogas, alabadopor todos.

16Y fue Jesús a Nazará, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se levantó para hacer la lectura. 17Y le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollando el libro, encontró el pasaje donde estaba escrito:

18‘El Espíritu del Señor (está) sobre mí, porque me ha ungido paraanunciar la Buena Noticia (evangelizar) a los pobres; me ha enviado aproclamar a los cautivos la liberación y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos 19y proclamar un año de gracia del Señor’.

20Y, enrollando el libro, devolviéndolo al que le ayudaba, se sentó. Y todos los ojos en la sinagoga estaban fijos en él. 21Comenzó, pues, adecirles: ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

En el comienzo del Tiempo ordinario entramos en el Evangelio de Lucas, protagonista en el ciclo C del año litúrgico. El texto del evangelio tiene dos partes, ambas introductorias: la primera (1,1-4) es la presentación de todo el evangelio; la segunda (4,14-21) presenta el ministerio público de Jesús. Entre ambas, una gran sección dedicada a presentar a Juan Bautista y a Jesús, en su infancia, en su misión. La perícopa anterior a la segunda parte del evangelio nos narra las tentaciones de Jesús (4,1-13), prueba de fuegopara un Jesús ya dispuesto a entregarse por completo a su misión. Todavía el texto evangélico continúa hasta 4,30 con un final que manifiesta la incomprensión que sufre Jesús en su propio pueblo, pero también la decidida resolución de seguir adelante con su misión.

 

TEXTO

Consta de tres perícopas independientes. La primera (1,1-4) es la introducción general al evangelio: aparece el destinatario del mismo, el ilustre Teófilo (el amigo de Dios o el amado de Dios), que puede ser un nombre hueco en el que cabe toda persona de buena voluntad que busca a Dios; aparece también el plan del autor, un plan riguroso,completo y ordenado sobre todo lo que ha ocurrido respecto a Jesús (un orden que responde a su esquema evangelizador, no al orden objetivo que pudo haber); y el objetivo de la obra: la solidez (asphaleia) de la enseñanza recibida: poder pisar sobre suelo duro. La segunda parte (4,14-15) es un breve sumario de actividad de Jesús: sobresale la mención al Espíritu (marca de la casa de Lucas), la sola referencia a la enseñanza y el hecho de que eraalabado por todos (como contraste a lo que sucederá en 4,22b-29). La tercera parte (4,16-21) es el inicio de una perícopa más amplia (4,16-30). Sobresale la central presentación del mensaje de Isaías, rodeado por elementos comunes en la introducción y en la conclusión (sinagoga, levantarse-sentarse, desenrollar-enrollar), asumida por Jesús como misión propia que ya se ha cumplido (hoy).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La preocupación mostrada por el evangelista para darsolidez a la enseñanza nos lleva a la fe-confianza en la tradición que hemos recibido y a la responsabilidad en la quetenemos que transmitir.

• Jesús se deja llevar por la fuerza del Espíritu, estáhabitado por ella: desde ella se mueve y actúa. ¿Desde dónde, desde qué fuerzas nos movemos y actuamos nosotros y nosotrass? ¿Cuál es el motor, la fuente de nuestro ser?

• Con un texto de Isaías anuncia Jesús el programa de sumisión; se siente ungido y enviado: no hay envío sin unción, ni unción que no conlleve envío. La unción remite a la relación con Dios (personal, comunitaria, sacramental); el envío, a la relación comprometida con el mundo.

• Estamos ante el programa de vida de Jesús, en el que juegan un papel estelar los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. ¿Qué papel juegan estos prototipos en nuestra vida de discípul@s de Jesús? ¿Cuál es nuestro programa de vida? ¿Quién lo alienta? ¿Dónde se apoya?

• ‘Hoy’ es un término muy ‘lucano’ (11 veces en Lc; 9 en Hch) para expresar la salvación actual portada por Jesús a las vidas de la gente, especialmente a los pobres, enfermos y pecadores públicos (Lc 5,25; 19,9 etc): con Jesús entramos definitivamente en el tiempo del cumplimiento de la salvación de Dios. ¿Cómo hacer ‘hoy’ presente esa salvaciónentre nosotr@s?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

¿Qué me quiere decir hoy Jesús? – Domingo III de Tiempo Ordinario

En el pasaje que hoy nos narra Lucas, Jesús se declara abiertamente como el Salvador del Mundo, ante mucha gente que lo conoció desde pequeño en su pueblo: Nazaret. ¡Imagínate el revuelo que causó su declaración! Resultaría difícil de creerle, para muchos que lo conocían como el hijo de la humilde María y el carpintero José.

Pero Jesús, abiertamente, se presenta como lo que es: el Mesías que iniciará su camino para «llevar a los pobres la Buena Nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos».

Ser cristiano requiere valentía, como nos lo demostró Jesús. Valentía para declararnos como lo que somos; para demostrar nuestro amor por Cristo y para sobreponernos a nuestros antojos y perezas, con tal de servir a los demás. Valentía para que, -a pesar de las opiniones de otros-, digamos y hagamos lo necesario para ayudar y amar a Dios y a los que nos rodean.

El mundo necesita continuar recibiendo la Buena Nueva de Cristo a través de nosotros: 

• Para liberarnos de nuestros vicios, y liberar a los demás a través del amor y el perdón.

• Para curar a los necesitados, a través de nuestra solidaridad.

• Para abrirnos los ojos a lo realmente importante: el amor a Dios y a los demás:

• ¡Para salvarnos!

¿En ocasiones me avergüenza demostrar mi cristianismo? ¿A veces me da miedo luchar por lo que creo?

¡Pidamos a Dios su Espíritu Santo para ir con valentía a demostrar nuestro amor por Él y por nuestros hermanos!

Comentario al evangelio – 23 de enero

Marcos nos narra que Jesús curó en sábado la mano de un paralitico, poniendo en práctica la afirmación del Evangelio de ayer: “el sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado”. Jesús, ante la mirada inquisitiva de los fariseos, pregunta: “¿Qué está permitido hacer en sábado el bien o el mal? ¿salvar la vida de un hombre o dejarlo morir?” Ellos callaron. Esta actitud hipócrita de los fariseos provoca en Jesús ira y dolor (“echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de corazón”). Lo mismo hacemos nosotros cuando solo miramos en una sola dirección y evitamos ver más allá de nuestro ombligo; cuando pensamos que solo existo yo y mis problemas; cuando pongo a los demás a mi servicio; cuando soy incapaz de tender una mano al que me necesita.

Jesús sigue hoy mirándonos y haciéndonos extender la mano paralizada para sanarla y usarla para trabajar, para hacer el bien. Parece evidente que lo mejor de todo es hacer el bien, ¿verdad? Salvar una vida. Pero hay tantos casos de violencia, rechazo, maldad… que nos aterra –paraliza- y parece que no ha llegado a todos este mensaje de bondad y solidaridad.

Jesús le dice al paralítico “extiende la mano. La extendió y la mano quedó restablecida”. La Palabra de Jesús, sana y libera. Allí donde todo parece perdido y sin posibilidad de curación el Señor da vida y esperanza. ¡Cuántas parálisis en nuestra vida: enfermedades, miedos, debilidades, dificultades superiores a nuestras fuerzas, nuestros bloqueos mentales y espirituales que nos incapacitan para actuar, avanzar y superarnos! Y en medio de todo este cúmulo de obstáculos oímos la voz dulce y fuerte de Jesús que nos dice “Levántate y ponte en pie”, es decir, cree en ti mismo, confía que puedes vencer, lucha, ten ánimo que puedes superar ese problema y sobre todo no dudes de estas palabras “la fe mueve montañas”;“para el que cree, todo es posible” y “pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá”,

José Luis Latorre, cmf