La palabra en la comunidad

1. Desde tiempos inmemoriales, el pueblo cristiano se ha reunido semanalmente en asamblea para celebrar la fracción del pan, o cena del Señor. La primera parte de esa reunión la constituye la liturgia de la Palabra. Al proclamar la Palabra de Dios en la comunidad, se proclaman los designios del mismo Dios. Y a la proclamación de esa Palabra respondemos de dos modos: con la confesión de fe y con la plegaria de petición y de acción de gracias. Después se rubrica el pacto con el abrazo fraternal y la comunión del Cuerpo de Cristo.

2. Lucas presenta a Jesús, por primera vez en su evangelio, proclamando la Palabra como Señor o como profeta mesiánico. En Marcos y en Mateo, Jesucristo se hace presente como evangelizador que anuncia la llegada del reino. Según Lucas, en toda liturgia de la Palabra está él Señor, como lo está en el cuerpo y la sangre eucarísticos. La liturgia de la Palabra no es mera preparación a la eucaristía ni pura enseñanza doctrinal, lección moral o recuerdo de un pasado histórico. Es algo que sucede: es manifestación de lo que Dios quiere; es actualización de lo que Jesucristo hace.

3. El sentido de la liturgia cristiana y de la misión de la Iglesia en el mundo está sintetizado en el programa de Isaías, que hace suyo Jesús: evangelizar a los pobres (y que los pobres nos evangelicen), dar la libertad a los cautivos y oprimidos (y que ellos nos liberen) y declarar un año de gracia (perdonar y pedir perdón). En suma, proclamar la buena noticia.
 

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Con qué actitud participamos en la liturgia de la Palabra?

¿Qué parte tenemos en el proceso de liberación del pueblo?

Casiano Floristán