Vísperas – Santo Tomás de Aquino

VÍSPERAS

SANTO TOMÁS DE AQUINO, presbítero y doctor

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Verbo de Dios, eterna luz divina,
fuente eternal de toda verdad pura,
gloria de Diso que el cosmos ilumina,
antorcha toda luz en noche oscura.

Palabra eternamente pronunciada
en la mente del Padre sin principio,
que en el tiempo a los hombres nos fue dada,
de la Virgen María, hecha Hijo.

Las tinieblas de muerte y de pecado
en que yacía el hombre, así vencido,
su verdad y su luz han disipado,
con su vida y su muerte ha redimido.

No dejéis de brillar, faros divinos,
con destellos de luz que Dios envía,
proclamad la verdad en los caminos
de los hombres y pueblos,
sed su guía. Amén.

SALMO 122: EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO

Ant. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.

Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.

SALMO 123: NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.

Nos habrían arrolado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes.

Bendito el Señor, que no nos entregó
en presa a sus dientes;
hemos salvado la vida, como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió, y escapamos.

Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA: St 3, 17-18

La sabiduría que viene de arriba ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante y sincera. Los que procuran la paz están sembrado la paz, y su fruto es la justicia.

RESPONSORIO BREVE

R/ En la asamblea le da la palabra.
V/ En la asamblea le da la palabra.

R/ Lo llena de espíritu, sabiduría e inteligencia.
V/ Le da la palabra.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En la asamblea le da la palabra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios le concedió una sabiduría extraordinaria; él la aprendió sin malicia y la repartió sin envidia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios le concedió una sabiduría extraordinaria; él la aprendió sin malicia y la repartió sin envidia.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

  • Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
    — haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.
  • Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
    — santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.
  • Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
    — llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.
  • Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores,
    — no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
    — salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas, concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 28 de enero

Lectio: Lunes, 28 Enero, 2019

Tiempo ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 3,22-30
Los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios.» Él, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno.» Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo.»

3) Reflexión

El conflicto crece. Existe una secuencia progresiva en el evangelio de Marcos. En la medida en que la Buena Nueva se afianza entre la gente y es aceptada, en esta misma medida crece la resistencia de parte de las autoridades religiosas. El conflicto comienza a crecer y arrastra y envuelve a grupos de personas. Por ejemplo, los parientes de Jesús piensan que se ha vuelto loco (Mc 3,20-21) y los escribas, que habían venido de Jerusalén, piensan que es un endemoniado (Mc 3,22).
Conflicto con las autoridades. Los escribas calumnian a Jesús. Dicen que está poseído y que expulsa a los demonios con la ayuda de Belcebú, el príncipe de los demonios. Ellos habían venido de Jerusalén, que distaba más de 120 km, para observar bien el comportamiento de Jesús. Querían defender la Tradición en contra de las novedades que Jesús enseñaba a la gente (Mc 7,1). Pensaban que su enseñanza iba en contra de la buena doctrina. La respuesta de Jesús tiene tres partes.
Primera parte: la comparación de la familia dividida. Jesús usa la comparación de familia dividida y de reino dividido para denunciar lo absurdo de la calumnia. Decir que Jesús expulsa los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios significa negar la evidencia. Es lo mismo que decir que el agua está seca y que el sol es oscuridad. Los doctores de Jerusalén calumniaban porque no sabían explicar los beneficios que Jesús realizaba para el pueblo. Estaban con miedo a perder el liderazgo.
Segunda parte: la comparación del hombre fuerte. Jesús compara el demonio con un hombre fuerte. Nadie, de no ser una persona más fuerte, podrá robar en casa de un hombre fuerte. Jesús es el más fuerte. Por esto consigue entrar en la casa y sujetar al hombre fuerte. Consigue expulsar los demonios. Jesús sujeta al hombre fuerte y ahora roba en su casa, eso es libera a las personas que estaban bajo el poder del mal. El profeta Isaías había usado ya la misma comparación para describir la venida del mesías (Is 49,24-25). Lucas añade que la expulsión del demonio es una señal evidente de que el Reino de Dios ha llegado (Lc 11,20).
Tercera parte: el pecado contra el Espíritu Santo. Todos los pecados son perdonados, menos el pecado contra el Espíritu Santo. ¿Qué es el pecado contra el Espíritu Santo? Es decir: “¡El espíritu que lleva Jesús a que expulse el demonio, viene del mismo demonio!” Quién habla así se vuelve incapaz de recibir el perdón. ¿Por qué? Aquel que se tapa los ojos, ¿puede ver? ¡No puede! Aquel que tiene la boca cerrada, ¿puede comer? ¡No puede! Aquel que no cierra el paraguas de la calumnia, ¿puede recibir la lluvia del perdón? ¡No puede! El perdón pasaría de lado y no lo alcanzaría. No es que Dios no quiera perdonar. ¡Dios quiere perdonar siempre! Pero es el pecador que rechaza el perdón.

4) Para la reflexión personal

• Las autoridades religiosas se encierran en sí mismas y niegan la evidencia. ¿Me ha ocurrido a mí encerrarme en mi mismo/a contra la evidencia de los hechos?
• La calumnia es el arma de los débiles. ¿Has tenido experiencia en este punto?

5) Oración final

Yahvé ha dado a conocer su salvación,
ha revelado su justicia a las naciones;
¡Aclama a Yahvé, tierra entera,
gritad alegres, gozosos, cantad! (Sal 98,2.4)

Sugerencias prácticas – Domingo IV de Tiempo Ordinario

1. La liturgia meditada a lo largo de la semana.

A lo largo de la semana anterior a este domingo, procura meditar la Palabra de Dios que se nos ofrece. Medítala personalmente, una lectura cada día, por ejemplo. Elige un día de la semana para la meditación comunitaria de la Palabra: en un grupo de la parroquia, en un grupo de padres, en un grupo de un movimiento eclesial, en una comunidad religiosa.

2. La asamblea, un pueblo de hermanos.

El célebre himno a la caridad de Pablo, que la segunda lectura nos ofrece para meditar, recuerda lo importante que es la caridad entre los hermanos… en la asamblea. Es ahí donde debe manifestarse en primer lugar la atención al otro, la acogida del otro, el respeto por el otro. Parafraseando a San Pablo, podríamos decir: “Podemos cantar los más bellos cantos del mundo, pero si nos falta el amor fraterno, no somos nada” En la misa, Cristo manifiesta su presencia: en su Palabra, bajo las especies de pan y de vino, en la persona del sacerdote, en la asamblea reunida en su nombre. ¿Una asamblea, cuyos miembros se comportan como “desconocidos”, manifiesta verdaderamente la presencia del Señor de la Vida?

3. Oración en la lectio divina.

En la meditación de la Palabra de Dios (lectio divina), se puede prolongar el momento de la acogida de las lecturas con una oración.

Al terminar la primera lectura: “Dios, a ti que nos conoces mejor que nadie, a ti que eres nuestra fuerza en la prueba y que estás a nuestro lado para liberarnos, te damos gracias. Te pedimos por todos los profetas de hoy, por aquellos que resisten a los poderosos perdiendo el respeto por la causa de los pobres y de los débiles, por aquellos que muestran a nuestro mundo el camino de una vida más justa y más liberadora”.

Después de la segunda lectura: “Padre, te damos gracias por el infinito amor que revelaste en tu Hijo Jesús, porque él tuvo paciencia, vivió como servidor, no buscó su interés, todo lo soportó, se fió de ti en todo. Te encomendamos a todas las familias cristianas: llénalas de tu Espíritu de amor”.

Al finalizar el Evangelio: “Dios fiel y paciente, bendito seas por el mensaje de gracia que sale de la boca de tu Hijo Jesús. Te bendecimos por los profetas que enviaste en otro tiempo a los no creyentes, porque Tú quieres la salvación y la felicidad de todos los hombres. Te pedimos por nuestras ciudades y pueblos, en donde el mensaje del Evangelio provoca las mismas oposiciones y rechazos que en otro tiempo en Nazaret. Que tu Espíritu sustente nuestra fe”.

4. Oración Eucarística.

Se puede elegir la Oración Eucarística II, cuyos temas están en armonía con los del Evangelio de hoy.

5. Palabra para el camino.

En el himno de Pablo, que leemos en este domingo y que es una de sus páginas más célebres, el apóstol nos indica “un camino excepcional”: no es el camino del amor-pasión, no es el camino del amor-amistad, sino que es el camino del amor-caridad: el camino del ágape.

Para hablar de este amor, en vez de hacer definiciones, hay que actuar y utilizar 15 verbos: tener paciencia, servir, no tener envidia, no vanagloriarse, no enorgullecerse, etc. Este himno nos eleva, nos inflama… aunque nos prohíbe soñar: estos 15 verbos son verbos para actuar .

Una sugerencia: releer este texto, sustituyendo “caridad” por “Cristo”. El ágape es Cristo que ama a través de nosotros.

Comentario 28 de enero

Entre los momentos más tensos en la vida de Jesús destaca su enfrentamiento con los letrados y fariseos. Marcos da testimonio de ello cuando refiere la interpretación que hacían de sus curaciones milagrosas. Decían: Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios. Sería, por tanto, su alianza con los demonios y el contar con su poder maléfico lo que le permitiría realizar tales prodigios y expulsar a los mismos demonios. Pero el razonamiento era ilógico, porque presentaba a un endemoniado –un poseído por el demonio- expulsando a los demonios de sus asentamientos. Jesucristo quiere hacerles ver esta falta de lógica: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.

Ante la obstinación de estos letrados que razonan de manera tan descabellada, Jesús no reacciona con el desprecio o la indiferencia; les invita a acercarse para entablar diálogo con ellos y hacerles entrar en razón. Es ilógico pensar que Satanás, si tiene un mínimo de inteligencia, eche a Satanás de su territorio, que actúe contra sí mismo o contra sus congéneres. Obrando así no podrá sostener su reino. No cabe, pues, pensar que el que expulsa los demonios sea un aliado de los mismos. Va contra toda lógica. Pero así razonaban personas en las que se supone la sensatez, llevados por el afán de descalificar al «intruso» que con sus obras y palabras estaba sembrando una semilla de discordia en el corazón de sus adeptos. Jesús era visto como un peligro para su status religioso y el de sus seguidores o afiliados. Su prestigio –éste habla con autoridad y no como los letrados– iba creciendo más y más, y su poder curativo era tan manifiesto que no veían modo de anularlo que no fuera recurriendo al argumento de la posesión diabólica. Pero tal argumento se revelaba inconsistente, como él mismo les hace ver.

Esta manera de razonar, sin embargo, ponía de relieve una profunda obstinación. No darían fácilmente su brazo a torcer. La posición de la incredulidad deja ver muchas veces esta persistente obstinación, que puede revestir caracteres diabólicos, porque tras ella se esconde una actitud de autosuficiencia y de rebeldía que no teme hacerle frente al mismo Dios y que sólo Dios puede derribar. Seguramente aquí, en esta actitud que sólo la ignorancia puede justificar, hay que reconocer esa blasfemia contra el Espíritu Santo de la que habla oportunamente Jesús como pecado imperdonable. Creedme –decía- todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre. Y el evangelista precisa: Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Jesús califica, por tanto, de pecado imperdonable la actitud de aquellos letrados que se niegan a admitir que en él está actuando el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, no un espíritu inmundo. Los que se empeñan en ver en él la actuación de un espíritu inmundo se están cerrando a la acción del Espíritu Santo, se están incapacitando para recibir el perdón de Dios y todo lo que nos llega con él. Por eso, a los hombres se les podrá perdonar todo, todo género de pecado y de blasfemia, pero el negarse a reconocer a Jesús como manotendida de Dios, como el Mediador universal de la salvación –que incluye el perdón- ofrecida, es cerrarse la puerta o el camino de acceso a esa salvación. Aquí, cargar con su pecado es cargar con su obstinación o ceguera y con todas sus consecuencias.

Dios nos ofrece la salvación por medio de la humanidad de Jesucristo, es decir, por medio de todas sus palabras y acciones; negarse a acoger este medio es autoexcluirse de todos los bienes que nos llegan por él. Si la falta de fe era, entre los contemporáneos de Jesús, un impedimento para obtener de él la salud, sigue siendo en la actualidad el gran impedimento para obtener el bien de la salvación. Dios no puede salvar a nadie contra su voluntad. Por algo nos ha dado voluntad. Podrá doblegar esa voluntad con sus medios de persuasión, que son muchos, pero no hasta el punto de anularla. Sería como despojar al hombre de su propia naturaleza. Sería como destruir la obra de sus manos.

Pero el pecado de aquellos letrados no era imperdonable. Bastaba con que entraran en razón o reconocieran la validez de los argumentos de Jesús y dejaran de pensar en él como un endemoniado. Bastaba con que reconociesen la verdad de los hechos y aceptasen lo que Dios les ofrecía por medio de él. Bastaba con que dejaran un resquicio a la gracia de Dios. Y el arrepentimiento daría paso al perdón. Sólo el orgulloso no querer dejarse socorrer, incapacita para el socorro o hace inútil todo intento de socorro por parte del socorrista.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

Art. 24

El Consejo Ordinario de la Secretaría General

§ 1. El Consejo Ordinario de la Secretaría General es competente para la preparación y la realización de la Asamblea General Ordinaria.

§ 2. Está compuesto en su mayoría por Obispos diocesanos, elegidos por la Asamblea General Ordinaria en representación de las diferentes áreas geográficas según la norma del derecho peculiar, de los cuales uno será elegido de entre los Jefes u Obispos eparcales de las Iglesias Orientales Católicas, así como por el Jefe del Dicasterio de la Curia Romana competente del tema del Sínodo establecido por el Romano Pontífice y de algunos Obispos nombrados por el Romano Pontífice.

§ 3. Los Miembros del Consejo Ordinario toman posesión del cargo al finalizar la Asamblea General Ordinaria que les ha elegido, son Miembros de la sucesiva Asamblea General Ordinaria y cesan de su mandato con la disolución de esta última.

Homilía – Domingo IV de Tiempo Ordinario

LA VERDAD OS HARÁ LIBRES

CONTEXTO SOCIAL Y RELIGIOSO

Lucas presenta el comienzo ministerial de Jesús en un contexto litúrgico. Jesús, como todo judío piadoso, participa en la celebración sinagogal del sábado en su pueblo. El relato es vivo y tenso. Mientras está hablando, sus convecinos acogen voraces y asombrados sus palabras. Tienen una increíble vibración de vida y sinceridad. Pero sus palabras entrañan conversión y un gran compromiso; y por eso, los mecanismos de defensa, consciente o inconscientemente, empiezan a racionalizar resistencias.

Jesús (o Lucas) ha detenido intencionadamente la lectura antes de las palabras que anunciaban el juicio de las naciones: «y un día de venganza de nuestro Dios» (Is 61,2), para insistir exclusivamente en la gracia de Dios. Estas palabras de «gracia» provocan el asombro de la asamblea y esta manera de proponer una gracia universal es el origen de los incidentes narrados en los vv. 25-30. Precisamente para reforzar la idea de que su misión es toda de gracia y no de condenación, Cristo (o Lucas) ha añadido dentro de la cita de Isaías un versículo, tomado de Is 58,6, sobre la libertad ofrecida a los prisioneros. Cristo define de una vez su misión como una proclamación del amor gratuito de Dios a todo hombre. Esto no puede sino producir escándalo pues los judíos esperan la escatología con ardor y odio a los paganos ya que esperan el aplastamiento de todos sus enemigos (los de Dios).

Y empiezan a funcionar los mecanismos de resistencia al mensajero. El mensaje no gusta. Y se desata la envidia pueblerina: ¿Por qué el hijo de María y de José va a ser más que los nuestros? Sí, el hijo de María y de José habla encendidamente; pero, ¿qué garantías tiene su mensaje si el mensajero es el hijo de un carpintero, si no ha pasado por las escuelas rabínicas, si no tiene prestigio social, si se ha criado entre nosotros? ¿Qué puede enseñar? ¿Qué garantías ofrece su discurso si va en contra del mensaje tradicional de los rabinos, de los escribas y fariseos, que anuncian la ira apocalíptica de Dios para los pueblos que han asolado a «su» pueblo? ¿Cómo puede igualar el pueblo de la elección con el resto de los pueblos paganos?

Su rabia se enardece todavía más cuando les recuerda que Dios había hecho prodigios en favor de los paganos que no había hecho en favor de Israel por culpa de su protervia y les evoca a la viuda de Sarepta y al sirio Naamán. Citando un refrán, les señala: «Ningún profeta es bien recibido en su tierra». Estas increpaciones colmaron la ira de sus convencidos. A empujones le llevan hacia el barranco de las afueras del pueblo para despeñarlo, castigo reservado a los blasfemos; pero Jesús se abrió paso entre ellos y se escabulló.

Estamos ante un relato significativo que preanuncia la misión y el destino de Jesús; es como un adelanto que sintetiza su programa, su ministerio y el desenlace. Los vecinos de Nazaret encarnan a todo el pueblo judío, que globalmente rechaza al Enviado de Dios, y por eso serán los paganos los que, sobre todo, integrarán el pueblo de la Nueva Alianza.

¿En qué consistió, sobre todo, el pecado del pueblo judío? En el afán de traducir los mensajes divinos a sus ambiciones humanas. No se ajustaban a la Palabra de Dios, sino que ajustaban la Palabra de Dios a sus ambiciones. No dejaban a Dios ser Dios.

 

AMORDAZAR AL PROFETA

Israel perdió su gran ocasión. Jesús lo lamentará con lágrimas en los ojos: «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!» (Le 13,34). Juan escribe con el alma dolorida: «Vino a su casa (a Israel la Luz), pero los suyos no la recibieron» (Jn 1,11).

Todos y siempre sentimos un primer impulso a rechazar la verdad o las verdades que nos resultan intranquilizadoras. Decía atinadamente Bernanos: «Los hombres buscan verdades tranquilizadoras, pero la verdad no tranquiliza a nadie». Y para evitar el cosquilleo de la conciencia, los remordimientos que comporta el traicionarla, se echa mano de un mecanismo de defensa que los psicólogos llaman racionalización. «Nos asisten sobradas razones para rechazar lo que es un error manifiesto»… Exactamente lo mismo que a los nazarenos: Se ponen etiquetas descalificadoras al mensajero, se siembran sospechas sobre su vida, sobre su preparación, sobre su posible extremismo.

Un seglar, cristiano intachable, empleado de la construcción naval, se levanta un día en medio de una asamblea heterogénea: «Yo creo que estamos olvidando el tema de los pobres», comienza diciendo con palabras de fuego. Son palabras de un auténtico profeta, del que todos saben que dedica enteramente sus horas libres a ayudar a los necesitados, a los ancianos con problemas. Con sus palabras de fuego hace enardecer a la asamblea de forma increíble. Nunca jamás lo olvidaré. En varias ocasiones me había testificado su párroco: «Es un verdadero santo». «¿Qué sabe ese pobre hombre -me susurra al oído un profesor que colabora en pastoral familiar- si el pobre no pasó de los estudios primarios?». Por detrás oigo a una religiosa de un sanatorio que comenta: «A ese pobrecito le ha dado por la manía de los pobres, y no hay quien le apee de ella». Cuando terminamos la reunión me comenta un compañero sacerdote: «¿Qué te ha parecido el seglar? ¡Pobre! Se cree un iluminado para dar lecciones… No tiene preparación y no ve más»… Naturalmente, otros salimos entusiasmados y más comprometidos. Michel Quoist vivió la misma experiencia en un templo de París con respecto a un sacerdote joven: «Me sentía encantado por su palabra profética, justa, firme y, al mismo tiempo, unciosa. Cuando terminó la celebración procuré pegar la oreja a los distintos comentarios. La gente sencilla, los de corazón sincero, estaban entusiasmados; la ‘gente bien’ salía echando pestes: ‘¿No te parece que despide un tufillo a socialistón, a un cura muy izquierdoso? No me ha gustado nada. Ya le he oído otras veces; pero no vuelvo más'»… ¿No es ésta la mismísima reacción de los convecinos de Jesús?

Todos tenemos la tentación de manipular la verdad. Dice el refrán: «No hay verdad ni mentira, todo presenta el color del cristal con que se mira». La primera parte del refrán es una gran mentira; la segunda una gran verdad.

 

DEMAGOGIA POR PROFECÍA

Pablo alerta a Timoteo del peligro de que las comunidades, de las que es obispo, repitan el error del pueblo judío de conceder credibilidad y aceptar el mensaje de los «profetas» halagadores. «Pues vendrá el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, llevados de sus caprichos, buscarán maestros que les halaguen los oídos; se apartarán de la verdad y harán caso de los cuentos» (2Tm 4,3-4).

Jonás intuía que le podía pasar como a otros profetas por decir la verdad al pueblo. Y por eso se negaba a ir a Nínive. Creo que, por cobardía de los «profetas», por su miedo a las reacciones agresivas o a perder «clientela», el mensaje evangélico se traduce en mediocridad. Se dispensa al pueblo «demagogia» en lugar de «profecía». Pocos se atreven a elevar una voz que pueda parecer contraria al pueblo. Los mensajeros (los predicadores) brindan sus mensajes a la carta, a gusto de los oyentes. Pero cuando un pueblo reduce a silencio a estos hombres y mujeres, se empobrece y queda sin luz para caminar hacia un futuro más humano.

El relato evangélico de hoy viene a decirnos: «Si oyerais la voz del Señor, no endurezcáis el corazón» como lo hicieron vuestros padres. Hay que dejar a Dios que nos hable por los mensajeros que Él quiera y nos diga los mensajes que Él quiera. Hay que dejar a «Dios que sea Dios» y al maestro Jesús que sea de verdad «el Maestro», sin querer darle lecciones como Pedro (Mt 16,22-23).

El gran sabio R Lacordaire, en su búsqueda apasionada por la verdad, venga de donde viniere, llegó a decir: «Todos los hombres son mis maestros». Todos le enseñaban algo. Conozco comunidades y grupos cristianos que invitan a exponer su pensamiento y a dialogar con ellos a personas de diversas tendencias para acoger la parte de verdad de cada una. Helder Cámara decía: «Si no estás de acuerdo conmigo, me enriqueces». Tener junto a nosotros a un hombre que siempre está de acuerdo de manera incondicional no es tener un compañero, sino una sombra.

Hoy la Palabra del Señor nos invita a revisar nuestras actitudes ante la verdad. ¿Me dejo llevar de prejuicios a la hora de escuchar mensajes de personas o grupos? ¿Busco la verdad esté donde esté y la testifique quien la testifique? ¿Callo la verdad por cobardía, guardo un silencio cómplice ante situaciones injustas?

A nivel psicológico ocurre lo mismo que ocurre a nivel médico: si alguien se empeña en ignorar la verdad, no vivirá en paz y está perdido. Quien es despiadadamente sincero consigo mismo acogiendo la verdad, goza de una gran paz que nace de la fidelidad a sí mismo y vivirá una vida de plenitud. Jesús afirma taxativamente:Si el Hijo os libera, seréis de verdad libres (Jn 8,36). Rabindranat Tagore afirma sabiamente: «No cierres la puerta al error, no sea que dejes fuera la verdad».

Atilano Alaiz

Lc 4, 21-30 (Evangelio Domingo IV de Tiempo Ordinario)

Estamos situados en la continuación del episodio que la liturgia del domingo pasado nos presentó. Jesús fue a Nazaret, entró en la sinagoga, fue invitado a leer un texto de los Profetas y a realizar el respectivo comentario. Leyó una cita de Isaías (61,1-2) y “la actualizó”, aplicando lo que el profeta decía a sí mismo y a su misión: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

El Evangelio de hoy presenta la reacción de los habitantes de Nazaret ante las palabras de Jesús.

El episodio de la sinagoga de Nazaret es, ya lo dijimos anteriormente, un episodio “programático”: a Lucas no le interesa describir de forma coherente la lógica de un episodio en concreto, sucedido en Nazaret durante una visita de Jesús, sino enunciar las líneas generales del programa que el mesías va a cumplir, las líneas que el resto del Evangelio va a revelar.

El programa de Jesús es, como vimos la semana pasada (el texto de Is 61,1-2 y el comentario posterior de Jesús lo demuestran claramente), la presentación de una propuesta de liberación a los pobres, marginados y oprimidos. Sin embargo, ese “camino” no va a ser entendido y aceptado por el pueblo judíos (esto es, los “de su tierra”), que están más interesados en un mesías milagrero y espectacular.

Los “suyos” rechazaron la propuesta de Jesús e intentaron eliminarlo (anuncio de la muerte en cruz); pero la libertad de Jesús vence a los enemigos (alusión a la resurrección) y la evangelización sigue su camino (“Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”), hasta alcanzar a los que estaban verdaderamente dispuestos a acoger la salvación/liberación (alusión a Elías y Eliseo que se dirigieron a los paganos porque su propio pueblo no estaba dispuesto a escuchar la Palabra de Dios).

En este texto programático, ya lo dijimos, también, la semana pasada, Lucas anuncia el camino que la Iglesia ha de recorrer: la comunidad creyente toma conciencia de que, en continuidad con el camino de Jesús, su misión es la de llevar la Buena Noticia a los pobres y marginados, como Elías hizo con una viuda de Sarepta o como Eliseo hizo con un leproso sirio.

Si recorre ese camino, la Iglesia vivirá en fidelidad a Cristo.

La reflexión sobre este texto puede considerar las siguientes cuestiones:

“Ningún profeta es bien mirado en su tierra”. Los habitantes de Nazaret creen conocer a Jesús, lo han visto crecer, saben identificar a su familia y a sus amigos pero, en realidad, no comprenden la profundidad de su ministerio. Se trata de un conocimiento superficial, teórico, que no lleva a una verdadera adhesión a la propuesta de Jesús.

En verdad, es una situación que puede que no sea para nosotros del todo extraña: tratamos todos los días con Jesús, somos capaces de hablar sobre él; pero, ¿su propuesta tiene impacto en nosotros y transforma nuestra existencia?

“Haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”, le piden los habitantes de Nazaret. Esta es la actitud de quien busca a Jesús para contemplar su espectáculo o para resolver sus problemas personales. Supone la perspectiva de un Dios comerciante, a quien nos acercamos para hacer negocio con él.

¿Quién es nuestro Dios?, ¿el Dios de quien esperamos espectáculo para nuestro divertimento, o el Dios que en Jesús nos presenta una propuesta seria de salvación que es necesario hacer realidad en la vida cotidiana?

Como en la primera lectura, el Evangelio nos propone una reflexión sobre el “camino del profeta”: es un camino en el que se lucha, permanentemente, con la incomprensión, con la soledad, con el riesgo. Es, sin embargo, un camino al que Dios nos llama para recorrerlo, en fidelidad a su Palabra.

¿Tenemos el coraje de seguir este camino?
¿La habladurías de los otros, las críticas que hieren, la soledad y el abandono, nos han impedido alguna vez cumplir con la misión que nuestro Dios nos confió?

1Cor 12, 31 – 13, 13 (2ª lectura Domingo IV de Tiempo Ordinario)

Hay quien llama a este texto “el Cantar de los Cantares de la nueva alianza”. También se le llama, habitualmente, el “himno al amor, o a la caridad”.

A primera vista, este “elogio del amor” podría parecer una página completamente desligada del contexto anterior (la discusión sobre los carismas). En realidad, este texto presenta afinidades claras, tanto en el ámbito literario como en el temático, con los capítulos precedentes, así como con los capítulos siguientes. Aunque podamos sacar este himno de su contexto sin que pierda su sentido, la verdad es que Pablo quiere decirnos, sin medias palabras y de forma clara y contundente, que sólo hay un carisma absoluto: el amor.

Antes de nada, conviene decir que el amor del que Pablo habla aquí es el amor (en griego, “ágape”) tal como es entendido por los cristianos: no es el amor egoísta, que busca su propio bien, sino el amor gratuito, desinteresado, sincero, fraterno, que se preocupa por el otro, que sufre con el otro, que busca el bien del otro sin esperar nada a cambio. De ese tipo de relaciones, nace la Iglesia, la comunidad de los que viven el “ágape”.

Nuestro texto se desarrolla en tres estrofas. En la primera (13,1-3), Pablo sostiene que sin amor, hasta las mejores cosas (la fe, la ciencia, la profecía, la distribución de limosnas entre los pobres) están vacías y no tienen sentido. Sólo el amor da sentido a toda la vida y a la experiencia cristiana.

En la segunda estrofa (13,4-7) Pablo presenta literariamente el amor como una persona y sugiere que es la fuente y el origen de todos los bienes y cualidades. A propósito, Pablo enumera quince características o cualidades del verdadero amor: siete de ellas son formuladas positivamente y las otro ocho de forma negativa; pero todas ellas se refieren a cosas sencillas y cotidianas, que experimentamos y vivimos a cada momento, a fin de que nadie piense que este “amor” es algo que sólo se refiere a los santos, a los sabios, a los especialistas.

La tercera estrofa (13,8-13) establece una comparación entre el amor y el resto de los carismas. La cuestión es: ¿este amor del que se han dicho cosas tan bonitas es algo imperfecto, temporal y caduco como el resto de los carismas? Este amor, responde Pablo, no desaparecerá nunca, no cambiará jamás. Él es la única cosa perfecta, por eso permanecerá siempre.

Queda, así, confirmada la superioridad incontestable del amor frente a cualquier otro carisma, por mucho que sea apreciado por los corintios o por cualquier comunidad cristiana en el futuro.

Para reflexionar, tened en cuenta las siguientes cuestiones:

El amor cristiano, esto es, el amor desinteresado que lleva, por pura gratuidad, a buscar el bien del otro, es, de acuerdo con Pablo, la esencia de la experiencia cristiana.
¿Ese amor es el que me mueve?

¿Cuando hago alguna cosa, comparto algo, presto algún servicio, lo realizo con esa actitud desinteresada de puro amor, de puro don?

De ese amor compartido nace la comunidad de los hermanos a la que llamamos Iglesia.
¿El amor que une a los distintos miembros de nuestra comunidad cristiana es ese amor generoso y desinteresado del que Pablo habla?

Cuando la comunidad cristiana es escenario de luchas y de intereses, de envidias, de rivalidades egoístas: ¿qué testimonio de amor está dando?

Jer 1, 4-5. 17-19 (1ª lectura Domingo IV de Tiempo Ordinario)

La actividad profética de Jeremías comienza alrededor de los años 627-626 antes de Cristo (cuando el profeta tenía poco más de veinte años) y se prolonga hasta después de la caída de Jerusalén en manos de los babilonios (586). El escenario de esa actividad es, en general, el reino de Judá (y sobre todo la ciudad de Jerusalén).

Es una época muy revuelta, tanto en el ámbito político como en el religioso. Judá acababa de salir de los reinados de Manasés (698-643 a.C.) y de Amón (643-640 a.C.), reyes impíos que multiplicaron por el país los altares dedicados a los dioses extranjeros y empujaron al Pueblo a apartarse de Yahvé.

En la época en que Jeremías comienza su ministerio profético, el rey de Judá es Josías (640.609 a. C.): se trata de un rey bueno, que intenta eliminar el culto a los dioses extranjeros y realizar la vida litúrgica de Judá en un único lugar, el Templo de Jerusalén.

Sin embargo, la reforma religiosa llevada a cabo por Josías provoca algunas resistencias; por otro lado, es una reforma que es más aparente que real: no se puede, por decreto y de repente, corregir el corazón del Pueblo y eliminar hábitos religiosos cultivados a lo largo de algunas decenas de años.

Es en este ambiente en el que Jeremías es llamado por Dios y enviado en misión.

El texto que se nos propone presenta el relato que Jeremías hace de la llamada que Dios le hace. Más que de un reportaje del “momento” en el que Dios llamó al profeta, se trata de una reflexión y de una catequesis sobre ese misterio siempre antiguo y siempre nuevo al que llamamos “vocación”.

La vocación profética, en la perspectiva de Jeremías, es, en primer lugar, un encuentro con Dios y con su Palabra (“recibí esta palabra del Señor…”, v. 4). La Palabra marca, a partir de ese momento, la vida del profeta y pasa a ser, para él, lo único decisivo.

En segundo lugar, la vocación es un designio divino: fue Dios quien escogió, consagró y constituyó a Jeremías profeta. Decir que Dios “escogió” al profeta (literalmente “conoció”, del verbo “yada”), es decir que Dios, por su iniciativa, estableció desde siempre con él una relación estrecha e íntima, de forma que el profeta, viviendo en la órbita de Dios, aprendiese a discernir los planes que Dios tenía para los hombres y para el mundo.

Decir que Dios “consagró” al profeta significa que Dios lo “reservó”, que lo “puso a parte” para su servicio. Decir que Dios “constituyó” al profeta “para las naciones” significa que Dios le confió una misión, misión que tiene un alcance universal. Todo esto, sin embargo, surge de la acción y de la elección de Dios, es iniciativa de Dios, no elección del hombre.

En la segunda parte del texto, tenemos el envío formal del profeta. Él debe ir a “dicirles lo que Dios le manda”, sin miedo ni servilismo, enfrentándose con los grandes de la tierra armado únicamente con la fuerza de Dios. Es la definición del “camino profético”, recorrido en el sufrimiento, en el riesgo, en la soledad, en el conflicto con todos los que se oponen a la propuesta de Dios. La lectura de hoy termina con una invitación a la confianza: “no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte”, v. 19).

Jeremías realizó en su vida, íntegramente, el proyecto de Dios. A tiempo y a destiempo, Jeremías denunció, criticó, demolió y destruyó, edificó y plantó. No tuvo mucho éxito: la familia, los amigos, el pueblo de Jerusalén, las autoridades, los sacerdotes, le darán la espalda, marginándolo, persiguiéndolo y maltratándolo.

Sin embargo, Jeremías nunca renunció a su misión: Dios le llenó de tal forma la vida, y la pasión por la Palabra de Dios “lo agarró” de tal forma, que el profeta vivió su misión, hasta el final, con la máxima intensidad.

Considerad, para la reflexión, las siguientes cuestiones:

Los “profetas” no son de una clase especial de personas, extinguidas hace ya muchos siglos, sino que son una realidad con la que Dios continúa contando para intervenir en el mundo y para recrear la historia.
¿Quiénes son, hoy, los profetas? ¿Dónde están?

En el bautismo, fuimos ungidos como profetas, a imagen de Cristo. ¿Somos conscientes de esa vocación a la que Dios nos ha convocado? ¿Tenemos noción de que somos la “boca” a través de la cual la Palabra de Dios se dirige a los hombres?

El profeta es el hombre que vive con los ojos puestos en Dios y en el mundo (en una mano la Biblia, en la otra el periódico). Viviendo en comunión con Dios e intuyendo el proyecto que él tiene para el mundo, y confrontando ese proyecto con la realidad humana, el profeta percibe la distancia que va desde el sueño de Dios a la realidad de los hombres. Es ahí donde él interviene, en nombre de Dios, para denunciar, para avisar, para corregir.

¿Somos este tipo de personas, que están simultáneamente en comunión con Dios y a la vez atentas a las realidades que afean nuestro mundo?

La denuncia profética implica, tantas veces, persecución, sufrimiento, marginación y, en tantos momentos, la propia muerte (Oscar Romero, Luther King, Gandhi…). ¿Cómo nos enfrentamos con la injusticia y con todo aquello que quita la dignidad a los hombres? ¿El miedo, la comodidad, la pereza, alguna vez nos impiden ser profetas?

En concreto, ¿en qué situaciones me siento llamado, en el día a día, a ejercer mi vocación profética?

Comentario al evangelio – 28 de enero

En casi todas las culturas existe la creencia en los espíritus. Porque la vida aparece como algo más que mera materia. Inabarcable. Desbordante. Incontrolable.

Cuando Jesús se muestra ante sus contemporáneos, le descubren como un “hombre de espíritu”. Algunos le reconocieron como portador del Espíritu de Dios. Otros, creyéndose portavoces exclusivos del Altísimo, le acusaron de estar poseído por el espíritu del mal. Porque lo que Jesús decía y hacía no entraba en sus esquemas. Y los cuestionaba.

Jesús se defendió de esa acusación con sus palabras. La Palabra de hoy nos lo muestra. Y considera algo imperdonable confundir el Espíritu de Dios con el espíritu del mal. Pero sobre todo, Jesús respondió a esa acusación con sus obras: mirando, acercándose, acompañando, sanando, anunciando la Buena Noticia del Reino… Para quien miraba y quien mira sin prejuicios, el Espíritu de Dios aparece trasluciéndose en toda la vida de Jesús, como presencia amiga de Dios que nos quiere transmitir su Vida.

Cada uno de nosotros podemos vernos envueltos en muchas polémicas a causa de nuestra fe. Está bien tener una palabra para responder, para “dar razón” de lo que creemos. Pero sobre todo, nuestra vida está llamada a ser transparencia del Espíritu recibido en el bautismo y del Reino que es don y tarea. Como nos dijo San Pablo VI: “El mundo de hoy necesita más testigos que maestros y, si acepta a los maestros, es porque antes han sido testigos”.

Gracias, Señor, por tu testimonio de palabra,
respondiendo con valentía a quien quería impedir tu misión.
Gracias, Señor, por tu testimonio de vida,
haciendo presente el Reino nuevo de los hijos y los hermanos.
Danos, Señor tu Espíritu.

Luis Manuel Suárez CMF