Vísperas – Martes III de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES III TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Estoy, Señor, en la ribera sola
del infinito afán. Un niño grita
entre las olas, contra el viento yermo.

A través de la nada,
van mis caminos
hacia el dolor más alto,
pidiendo asilo.

La espuma me sostiene,
y el verde frío
de las olas me lleva,
pidiendo asilo.

Hacia el amor más alto
que hay en mí mismo,
la esperanza me arrastra,
pidiendo asilo.

Gloria al Padre, y al Hijo
y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 124: EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

SALMO 130: ABANDONO CONFIADO EN LOS BRAZOS DE DIOS

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: Rm 12, 9-12

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle:

Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor.

  • Te damos gracias, Señor, porque en Cristo, tu hijo, hemos sido enriquecidos en todo:
    — en el hablar y en el saber.
  • En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan;
    — dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar.
  • Tú que concedes a los artistas inspiraciones para plasmar la belleza que de ti procede,
    — haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.
  • Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas,
    — da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día,
    — no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 29 de enero

Lectio: Martes, 29 Enero, 2019
Tiempo ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 3,31-35

Llegan su madre y sus hermanos y, quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan.» Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?» Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»
3) Reflexión
• La familia de Jesús. Los parientes llegan a la casa donde se encuentra Jesús. Probablemente venían de Nazaret. De allí hasta Cafarnaún hay unos 40 km. Su madre estaba con él. No entran, pero envían un recado: ¡Tu madre, tus hermanos y tus hermanas, están afuera y preguntan por ti! La reacción de Jesús es firme: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y él mismo responde apuntando hacia la multitud que estaba alrededor: ¡Aquí están mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre! Para entender bien el significado de esta respuesta conviene mirar la situación de la familia en el tiempo de Jesús.

• En el antiguo Israel, el clan, es decir la gran familia (la comunidad) era la base de la convivencia social. Era la protección de las familias y de las personas, la garantía de la posesión de la tierra, el cauce principal de la tradición, la defensa de la identidad. Era la manera concreta que la gente de la época tenía de encarnar el amor de Dios en el amor al prójimo. Defender el clan era lo mismo que defender la Alianza.
• En Galilea, en el tiempo de Jesús, a causa del sistema implantado durante los largos gobiernos de Herodes Magno (37 aC a 4 aC) y de su hijo Herodes Antipas (4 aC a 39 dC), el clan (la comunidad) se estaba debilitando. Había que pagar impuestos tanto al gobierno como al Templo, la deuda pública crecía, dominaba la mentalidad individualista de la ideología helena, había frecuentes amenazas de represión violenta de parte de los romanos, la obligación de acoger a los soldados y de hospedarles, los problemas cada vez mayores de supervivencia, todo esto llevaba las familias a encerrarse en sus propias necesidades. Esta cerrazón se veía reforzada por la religión de la época. Por ejemplo, quienes dedicaban su herencia al Templo, podían dejar a sus padres sin ayuda. Esto debilitaba el cuarto mandamiento que era el gozne del clan (Mc 7,8-13). Además de esto, la observancia de las normas de pureza era factor de marginalización para mucha gente: mujeres, niños, samaritanos, extranjeros, leprosos, endemoniados, publicanos, enfermos, mutilados, paralíticos.
• Y así, la preocupación por los problemas de la propia familia impedía que las personas se unieran en comunidad. Ahora, para que el Reino de Dios pudiera manifestarse en la convivencia comunitaria de la gente, las personas tenían que superar los límites estrechos de la pequeña familia y abrirse, nuevamente, para la gran familia, para la Comunidad. Jesús nos da el ejemplo. Cuando su familia trató de apoderarse de él, reacción y alargó la familia: “¿Quién es mi made, quiénes son mis hermanos?” Y el mismo da respuesta apuntando hacia la multitud alrededor: ¡Aquí están mi madre y mis hermanos! ¡Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre! (Mc 3,33-35). Creó comunidad.
• Jesús pedía lo mismo a todos los que querían seguirlo. Las familias no podían encerrarse en sí mismas. Los excluidos y los marginados debían ser acogidos dentro de la convivencia y, así, sentirse acogidos por Dios (cf. Lc 14,12-14). Este era el camino para alcanzar el objetivo de la Ley que decía: “No debe de haber pobres en medio de ti” (Dt 15,4). Como los grandes profetas del pasado, Jesús procura reforzar la vida comunitaria en las aldeas de Galilea. El retoma el sentido profundo del clan, de la familia, de la comunidad, como expresión de la encarnación del amor de Dios en el amor hacia el prójimo.
4) Para la reflexión personal
• Vivir la fe en comunidad. ¿Cuál es el lugar y la influencia de las comunidades en mi manera de vivir la fe?

• Hoy, en grandes ciudades, la masificación promueve el individualismo que es lo contrario de la vida en comunidad. ¿Qué estoy haciendo para combatir este mal?
5) Oración final
Yo esperaba impaciente a Yahvé:

hacia mí se inclinó
y escuchó mi clamor.
Puso en mi boca un cántico nuevo,
una alabanza a nuestro Dios. (Sal 40,2.4)

Ser profesor de Religión: oportunidad y responsabilidad

En ningún país culto hay tanta reticencia contra el estudio de la religión como en España. No acabamos de reconocer que esta también es cultura y matriz de las culturas: conocerla es una gran ayuda para comprender la historia y la vida de un pueblo; el “no saber” nunca ha sido una perfección ni un valor. Ahora nuestra ministra quiere rebajar la categoría de la asignatura. Siempre estamos con lo mismo.

Con frecuencia, los profesores hacéis vuestro trabajo en condiciones difíciles; en ocasiones, vuestros compañeros de claustro no os miran como un colega más. Algunos os miran como auténticos intrusos en el mundo de la enseñanza. Por mi parte, siempre he valorado vuestra labor. Sois la primera línea de evangelización: a vuestras clases acuden chicos que no tienen otro contacto con la Iglesia que su profesor de Religión. Una gran responsabilidad y una auténtica responsabilidad.

No podéis identificaros como “funcionarios”, profesores de la pública. Lo sois, con todos los derechos, pero, en esa condición, sois enviados de la Iglesia y por la Iglesia. Sois la presencia evangelizadora de la Iglesia en la sociedad real, que, ahora, es muy laica. También en los colegios de la Iglesia. Vuestros alumnos pueden profesar varios credos y, ante todos, tenéis que exponer con palabra honesta y comprensible la belleza del cristianismo. Es una tarea hermosa que debéis desempeñar con rigor, ilusión y alegría: transmitir un saber excelente, bello, iluminador y humanizador.

El valor de las convicciones

En vuestro trabajo, hay cosas importantes, pero lo fundamental son los contenidos: lo que transmitís, lo que ellos se llevan en la cabeza y en el corazón. En el presente, los jóvenes necesitan convencimientos: vuestra preocupación ha de centrarse en que comprendan y asimilen unos cuantos convencimientos que les proporcionen una visión cristiana del mundo, de la realidad, de su propia vida.

Muchos no tendrán el apoyo de su familia para mantener la fe y crecer como cristianos; tendrán que vivir bajo la lluvia ácida del laicismo teórico y práctico. Necesitan convicciones claras y fundamentales, como las siguientes que os sugiero:

  • Para ser persona cabal, hay que reconocer la existencia de un ser primero y soberano que nos ha creado, nos sostiene en la vida, que es el centro y la garantía de nuestra existencia.
  • Este ser soberano nos quiere, cuida de nosotros y nos tiene destinados a vivir eternamente con él en una vida plena, eterna y feliz.
  • Jesús, con su vida, muerte y resurrección, es el centro de la humanidad, el camino de la salvación, la fuente de la nueva humanidad.
  • Como miembros de la comunidad cristiana, podemos vivir una vida nueva, hermosa, alegre, fraterna, en comunión espiritual y real con Cristo y con el Dios inmortal, Padre universal, que nos lleve hasta la felicidad definitiva.

Sin estas convicciones bien metidas en la cabeza y en el corazón, no se puede ser cristianos en nuestro mundo. Con ellas, vuestros alumnos podrán vivir en esta sociedad manteniendo una mentalidad cristiana, creciendo y actuando como personas de bien, en sus familias, en su trabajo, en la sociedad y en el mundo.

Fernando Sebastián Aguilar
Obispo Emérito de Pamplona

Comentario 29 de enero

El evangelio de Marcos nos presenta en este pasaje a un Jesús buscado por unos y acompañado por otros. Al parecer, su intención es hacernos ver que, para Jesús, la verdadera familia es la de aquellos que escuchan su palabra porque desean conocer la voluntad de Dios y cumplirla. El Maestro se encuentra reunido con un grupo de personas en el interior de una casa. La reunión se ve interrumpida por la llegada de otro grupo que reclama su atención. Se trata de «su madre y sus hermanos», que desde fuera lo mandan llamar. Por madre y hermanos de Jesús hemos de entender su familia biológica o familia constituida por lazos de sangre. Pero el término «hermanos» no significa en este contexto «hijos de la misma madre», sino parientes próximos. Al menos así lo ha entendido la tradición de la Iglesia en consonancia con la fe en la perpetua virginidad de María –virgen también post partum-. Lo que aquí interesa resaltar es el contraste que establece Jesús entre esa familia, su familia de consanguíneos, y aquella otra en la que él se inserta, conformada por los que escuchan la palabra de Dios.

La gente que tenía sentada a su alrededor informó a Jesús de la llegada de sus familiares, que no se limitan a esperar, sino que demandan su atención: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. La respuesta de Jesús, por muy conocida que nos resulte, no deja de conmover nuestra sensibilidad. Parece que una madre y unos parientes próximos merecen una cierta deferencia en el trato. Por eso resulta desconcertante la reacción de Jesús ante este imprevisto: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y paseando la mirada por el corro, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Aquella respuesta tuvo que desconcertar a todos, incluida su propia madre. ¿No estaba menospreciando el lazo natural que le unía a estas personas? Ésta es quizá la primera impresión que dejan las palabras de Jesús. En realidad estaba valorando muy por encima de los vínculos de consanguinidad esos otros vínculos de unión surgidos de la relación con la palabra de Dios que latía en él. El deseo de conocer la voluntad de Dios, que era al mismo tiempo interés por su palabra, creaba unos lazos de unión –una comunión- mucho más fuertes que los de la propia sangre. Jesús equipara tales vínculos a los que se dan en el interior del mismo núcleo familiar: ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Es tal la importancia que Jesús concede a esta palabra que encarna la voluntad de Dios que allí donde ella se proclama y es acogida surgen relaciones familiares, brota la familia cristiana. Se trata, evidentemente, de una familia no sólo congregada en torno a la Palabra, sino confeccionada por la misma Palabra que hace de los interrelacionados «hermanos y madres» de Jesús y, por tanto, miembros de la misma familia. Jesús pronunció su veredicto paseando la mirada por el corro; por tanto, designando a los que se hallaban a su alrededor como «su familia». La otra, la familia biológica había quedado atrás o «afuera», en un segundo término. Si quería seguir siendo su familia tendría que incorporarse a esta nueva relación o discipulado exigido por su misión mesiánica.

A María, su madre biológica, la veremos también entre sus discípulos, a la escucha de su palabra. ¿Cómo no iba a prestar atención a la palabra de su Hijo la que había escuchado con tanta seriedad las palabras del ángel en la Anunciación? ¿Cómo no iban a calar en su interior las palabras de gracia salidas de labios de su Hijo la que había sido colmada de gracia desde el momento de su concepción? María es madre de Jesús por doble motivo: por haberle concebido y engendrado (corporalmente) y por haber acogido (anímicamente) la palabra de Dios. En realidad, lo engendró porque antes acogió la palabra que le proponía la maternidad virginal. Su respuesta es de todos conocida: He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra. Por eso no es extraño que, para Jesús, esta acogida de la palabra sea principio de un parentesco de superior categoría al de la sangre o meramente natural. La connaturalidad con esta palabra (de origen divino) crea vínculos familiares. Son los vínculos de amor que se establecen entre los moradores del Reino de los cielos y que se perpetuarán eternamente, vínculos más robustos que los que instaura la sangre, la amistad, el interés común o el mero afecto humano. ¡Ojalá que estemos tan cerca de Jesús y que apreciemos de tal manera su palabra que merezcamos ser considerados por él como «su madre y sus hermanos»!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

Art. 25

Los otros Consejos de la Secretaría General

§ 1. Los Consejos de la Secretaría General para la preparación de la Asamblea General Extraordinaria y de la Asamblea Especial están compuestos por Miembros nombrados por el Romano Pontífice.

§ 2. Los Miembros de esos Consejos participan en la Asamblea del Sínodo según el derecho peculiar y cesan en su mandato con la disolución de esta última.

§ 3. Los Consejos de la Secretaría General para la realización de la Asamblea General Extraordinaria y de la Asamblea Especial están compuestos en su mayoría por Miembros elegidos de la Asamblea del Sínodo según la norma del derecho peculiar, a quienes se añaden otros Miembros nombrados por el Romano Pontífice. 

§ 4. Dichos Consejos se mantienen en el cargo trascurridos cinco años de la disolución de la Asamblea del Sínodo, salvo que el Romano Pontífice establezca lo contrario.

Recursos – Domingo IV de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DEL ÚLTIMO CARTEL O PUBLICACIÓN DE CÁRITAS

(Esta ofrenda la puede hacer algún miembro del grupo de Cáritas, preparado de manera que luego pueda quedar en un lugar significativo del templo)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo esta última publicación de Cáritas, que es la voz de la denuncia crítica en el seno de la Iglesia y de la sociedad de los problemas relacionados con la pobreza. Con ella te ofrezco, en mi nombre y en el de la comunidad, nuestros deseos y compromiso de que no se apague la voz de los y las sin voz y, a la vez, te pido incrementes nuestra solidaridad para con ellos y con ellas, para que, de verdad, tu Iglesia y cada uno-una de nosotros y de nosotras seamos portavoces de sus problemas y denuncias en medio de la sociedad.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO DE POESÍA

(Puede hacer la ofrenda alguien de la comunidad relacionado(a) con el mundo de la cultura)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo hoy este libro de poemas, porque la sensibilidad del poeta está muy cerca de la sensibilidad del profeta. Con él te ofrezco toda mirada que va más allá de la superficialidad y profundiza en las entrañas de la realidad y nos hace caer en la cuenta a los demás de esa verdad que se oculta tras ella. Te pido, por otra parte, que no nos falten, ni a la sociedad ni a la Iglesia, los y las poetas y los y las profetas que necesitan.

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE LLENO DE SAL

(Esta ofrenda la puede hacer una persona militante de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo, y lo hago en nombre personal, de todos-todas los y las militantes y de la propia comunidad, este recipiente lleno de sal, como símbolo de nuestra presencia evangelizadora y transformadora del mundo. Igual que tantos hombres y mujeres evangelizadores a través de los tiempos, nosotros y nosotras queremos ser presencia misionera en este mundo, a pesar de las muchas dificultades con las que nos encontramos. Danos, sin embargo, tu gracia, porque sin ella nuestra sal se vuelve insípida.

PRESENTACIÓN DE UN VASO DE ACEITE

(Puede hacer la ofrenda cualquiera de los-las que han dado testimonio de su compromiso en los ámbitos más difíciles y fronterizos de la Iglesia y de la fe)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te ofrezco este vaso de aceite, símbolo de la acogida y del querer ser, como tu Hijo, bálsamo y calmante de cualquier hombre y mujer ante tantas dificultades como sufren en la vida. Igual que la comunidad lo es para quienes nos comprometemos en los ámbitos más complicados y difíciles del mundo y de la sociedad, todos nosotros y todas nosotras lo queremos ser de todos los hombres y mujeres. Nuestra preocupación es servirles; nunca el aprovecharnos de ellos y de ellas. No nos dejes olvidar nunca que nuestra finalidad son los otros y las otras. Que somos pura y mera referencia hacia ellos y ellas. No permitas tampoco que tu Iglesia lo olvide: que ella es madre y que, como tal, se ha de desvivir por todos-todas y cada uno-una de sus hijos e hijas, la humanidad entera.

PRESENTACIÓN DE UNAS TIJERAS DE PODAR

(Otra persona adulta presenta unas tijeras de podar. Puede ser de sexo distinto al que ha hecho la ofrenda anterior)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo estas tijeras de podador. Todos y todas conocemos cuál es su finalidad y cómo, matando lo superfluo, generan nueva y más vigorosa vida. También sabemos que la permanencia en tu Hijo Jesucristo nos pone en situación de poda, de morir para resucitar. Que las dificultades de la poda no nos hagan desistir de vivir en Jesucristo, de imitarle y de identificarnos con Él.

PRESENTACIÓN DE UN LIBRO O UN MÉTODO DE CATEQUESIS

(Hoy queremos simbolizar el compartir la MISIÓN del mismo Jesús en este gesto de ofrecer un método o libro que sirve para la catequesis de la comunidad. Obviamente, lo debe presentar un o una catequista)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy, y en respuesta a la misión de Jesús, que la comparte con nosotros y nosotras, este texto de nuestra catequesis de la comunidad. Es el método que seguimos para incorporar a los-las más pequeños y pequeñas (a los-las jóvenes o a los adultos y a las personas adultas) a la experiencia del encuentro con tu Hijo Jesucristo y con la Buena Nueva del Evangelio. Sin embargo, con él queremos expresar el compromiso evangelizador de la comunidad y el de cada uno-cada una de los y las catequistas que, como yo, nos esforzamos no sólo por transmitir unos conocimientos sobre Jesús, sino también nuestra vivencia de la fe.

Oración de los fieles – Domingo IV de Tiempo Ordinario

Con la humildad que nos hace verte Señor de todas las cosas y con la seguridad que nos da el sabernos hijos tuyos, ponemos en tus manos nuestra plegaria: 

TU MISERICORDIA ES ETERNA.

1. – Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que el Espíritu de Dios esté siempre sobre ellos, para que anuncien al mundo la Buena Noticia. OREMOS

2. – Por todos aquellos que se sienten perseguidos por proclamar la Palabra de Dios, para que el Señor les asista en la dificultad. OREMOS

3. – Por los gobernantes y los pueblos para que sean capaces de escuchar la Palabra de Dios y rectifiquen aquellas conductas que puedan ofenderle. OREMOS

4. – Por la necesidad imperiosa de Evangelizar y por los resultados de la Jornada Pontificia de la Infancia Misionera, siendo el niño un portador notable de la Palabra de Dios OREMOS

5. – Por los matrimonios, para que busquen la perfección del amor tal y como la anuncia Pablo. OREMOS

6. – Por nosotros aquí reunidos y cuantos se reúnen en torno al Pan vivo, para que seamos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos sin límites. OREMOS

7. – Por todos niños que van a nacer para que “consagrados desde el vientre materno” sean fieles a la voluntad del Señor. OREMOS

Señor, atiende con magnanimidad lo que tu pueblo de ti solicita, por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.


Oremos al Señor nuestro Dios, rico en misericordia y compasivo. Él siempre escucha las súplicas de sus hijos.

ESCÚCHANOS, SEÑOR.

1. – Por el Papa Francisco y por todos los Cardenales de la Iglesia para que el Señor Jesús les incremente su amor hasta el heroísmo. OREMOS

2. -Por la necesidad imperiosa de Evangelizar y por los resultados de la Jornada Pontificia de la Infancia Misionera, siendo el niño un portador notable de la Palabra de Dios. OREMOS

3. – Por los que viven preocupados de tener más; para que comprendan que el hombre se realiza en la donación y el servicio. OREMOS

4. – Por los pobres, los enfermos, los solos; para que encuentren personas capaces de ayudarles en sus necesidades. OREMOS

5.- Por los gobiernos de las naciones; para que miren siempre el bien de todos, ocupándose de los más desfavorecidos. OREMOS

6. – Por nosotros; presentes en la Eucaristía, para que tomemos en serio la responsabilidad que tenemos de ofrecer nuestro amor y servicio a toda la Iglesia. OREMOS

Señor, Tú, que has enviado a Jesús a curar nuestras dolencias y enfermedades, escucha nuestras súplicas.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

Comentario al evangelio – 29 de enero

La familia es muy importante. En una familia venimos a la vida, en una familia somos cuidados. Muchas personas viven su vida formando una familia.

La familia es la célula básica de la sociedad. Porque educa a las personas, transmite valores, realiza muchos apoyos entre sus miembros. Por eso ha sido algo importante en todas las culturas.

En el tiempo de Jesús, la familia era muy importante. Y se le debía respeto. Por eso, cuando Jesús comienza a actuar de una manera nueva y desconcertante, su familia se preocupa por él y van a buscarle.

Pero Jesús, seguro que agradeciendo todo lo recibido en su pueblo, Nazaret, está ya en otro horizonte. La pequeña familia tiene su valor, pero Él ha sido enviado a comenzar la gran familia de los hijos de Dios. Y así, cuando le dicen que su familia está fuera y el busca, Él responde con esa frase tan rompedora: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? (…) Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Estamos, pues, ante una nueva realidad. El peso ya no está en la familia de sangre, sino en esa nueva forma de hermandad que forja el Espíritu de Dios.

La Iglesia quiere ser esa gran familia de los hijos de Dios que Cristo vino a comenzar. Abierta a todas las culturas, edades, condiciones sociales, con sus luces y sombras, como toda obra humana, quiere ser fermento de unidad en una sociedad dividida por los odios y las discordias.

Tú formas parte de esa Iglesia. También con tus luces y tus sombras. Antes que nada, somos discípulos: llamados a “escuchar la Palabra de Dios y cumplirla”. Y desde ahí, estamos llamados a abrir las puertas de esta familia a todos aquellos que quieran dejarse hacer por Dios y vivir según su voluntad. Como María.

Ser familia en Jesús, para hacer “familia” en toda realidad en la que nos encontremos.

¡Aquí estamos, Señor! ¡Cuenta con nosotros!

Luis Manuel Suárez CMF