Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica

Nº 66: El punto 66 que tiene como título No hay otra revelación. Comienza con una cita de la DV 4 del Concilio Vaticano II:

“»La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo» (DV 4). Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.”

Por lo tanto dos afirmaciones, primero que la revelación de Dios está ya acabada, no habrá otra revelación. No habrá otro momento que supere el actual en cuanto a grado de conocimiento de Dios. No hay que esperar otra revelación pública. Aquí se introduce la palabra revelación pública y esto ya supone distinguir revelación pública de revelación privada o revelaciones privadas. Revelación pública es aquella que va dirigida a todo el mundo. Obviamente Jesucristo, la Revelación de las Sagradas Escrituras no es para unos pocos, es para todos. Por eso se llama revelación pública. Puede ocurrir que también Dios que es Dios y es libre como Dios que es, pueda tener también revelaciones privadas. Revelaciones privadas en el sentido de que es posible que Jesucristo después de su ascensión a los cielos y después del envío del Espíritu Santo, es posible que él se revele particularmente a una persona, a un santo, como lo hizo con San Francisco de Asís, que le graba los estigmas de su pasión y se comunica con él de esa forma tan especial. O como lo hizo con Santa Margarita María de Alacoque o san Faustino Cobasca. Así han existido muchas revelaciones privadas a lo largo de la historia. Sí, sí es posible.

A la Iglesia no se le ocurriría decir que no es posible que Dios tenga una comunicación directa. No en ese sentido de que se ha quedado mudo, no Dios puede seguir hablando. Lo que ocurre es que esas revelaciones privadas, fijaros bien, no añaden nada a las revelaciones públicas. Lo que Jesucristo le ha comunicado a Santa Margarita María de Alacoque en las revelaciones del Sagrado Corazón, a San Faustino Cobasca, pongamos toda la lista, al padre Pío, etc… Todas esas revelaciones privadas, en el fondo no añaden nada a la revelación pública. No forman parte del depósito de la fe. El depósito de la fe es aquel que se ha transmitido por la Tradición que fue predicado por Jesucristo… Ese es el depósito de la fe, el que en los Concilios de la Iglesia ha sido definido, especificado.

Las revelaciones privadas no forman parte del depósito de la fe. La Iglesia las puede discernir, las debe discernir. En muchas ocasiones, para que también así las personas que las han recibido o los devotos que entorno a ella puede haber grupos de seguidores o devociones, tengan la seguridad de que no están siendo engañados. Por eso la Iglesia hace el discernimiento y aprueba y da su visto bueno a las revelaciones privadas, también a las de la Virgen María, las apariciones de la Virgen María. Pero eso no quiere decir que lo que dijo el Señor a Santa Margarita María de Alacoque o lo que nos dijo la Virgen María en Lourdes o en Fátima o donde fuere, pase a ser depósito de fe. No es así. Más aún si un católico tuviese una dificultad de creer en las revelaciones privadas, imaginemos que un católico dice que él no cree que la Virgen se ha aparecido en Lourdes, no lo podríamos considerar como un hereje. No sería un hereje porque no forma parte del depósito de la fe, de la revelación las apariciones allí.

¿Por qué entonces la Iglesia las aprueba, les da un visto bueno? Primero porque tenemos que reconocer que el Señor y la Virgen pueden y tienen su soberanía y por lo tanto pueden tener revelaciones privadas. Pero además también la Iglesia entra a aprobarlas y discernirlas para que no seamos engañados también de falsas revelaciones privadas que prácticamente hay muchas falsas revelaciones privadas. Luego hablaré un poco de esto. La Iglesia entra a discernir para que no seamos engañados.

Pero precisamente un criterio necesario para aprobar unas revelaciones privadas, es que la Iglesia ve que estas revelaciones privadas lo que están haciendo es subrayar algo que el mismo evangelio dijo. Por ejemplo las revelaciones en Fátima: oración y penitencia. Pues la Iglesia entiende que hay signos de veracidad. Primero por la obediencia a la Iglesia, que eso es muy importante, la obediencia a la Iglesia, como criterio para discernir si unas revelaciones privadas son auténticas. Pero además también que el mensaje que transmite en el fondo es el mismo mensaje del evangelio. Si unas revelaciones privadas dijesen cosas distintas a lo que ha dicho el evangelio, no pueden ser aprobadas porque es como decir que Jesucristo se olvidó de decir algo y ahora ha vuelto para decirnos lo que entonces no había dicho. Eso es absurdo. Él nos reveló todo lo que tenía que decirnos. Un signo de autenticidad de las revelaciones privadas es que vengan a subrayar lo mismo que ya dijo antes, sino es que no pueden ser ciertas. Sino es que son herejías o lo que fuere, falsas visiones…

Hemos distinguido entre revelaciones públicas y revelaciones privadas. Las revelaciones privadas, que no forman parte del depósito de la fe, serán verdaderas en tanto y cuanto, entre otras cosas, confirmen lo afirmado por Jesucristo, lo subrayen, lo destaquen en un momento determinado en el que es especialmente cierto. Existe una tendencia excesiva, muchas veces en algunos de nosotros, en algunas personas, que tienen una especie de búsqueda o van a la caza de revelaciones privadas. Que si este ha tenido una visión, que el otro ha tenido una alocución, que el otro tal, que el otro cual. Y la verdad es que eso es insano. Es insana esa tendencia morbosa a ir a la caza, a la búsqueda de supuestas revelaciones. No sé en qué sitio se dice que hay una mujer a la que se le aparece tal, en otro sitio no se qué. Y eso no suele ser sano y tenemos que ser prudentes. Además el tipo de gente que cae en estas tendencias suele ser gente muy buena. Pero suelen tener una especie o un exceso de búsqueda de un dato nuevo, un exceso de búsqueda ansiosa, que tenemos que saber moderar y controlar. Hay que ser prudentes en esa tendencia que aquí hay una revelación, aquí tal o aquí cual. No es que no pueda ser, pero sí digamos que, podríamos decir con toda seguridad y sin miedo a equivocarnos, que desde luego es absolutamente impensable que todas las supuestas revelaciones privadas que se dicen estar teniendo todas sean ciertas. No puede ser.

Estoy recordando por ejemplo, y con mucho dolor, porque me acuerdo cuando falleció Juan Pablo II, se empezaron a extender unas supuestas revelaciones que tenía alguien en Estados Unidos diciendo que el siguiente papa a Juan Pablo II iba a ser el anticristo y entonces empezaron a desconfiar de la elección del papa Benedicto XVI, porque si había sido secuestrado Juan Pablo II y si había habido un vidente. Y recuerdo haber discutido con fuerza con algunas personas buenas que estaban cayendo en esa trampa mortal y yo les decía, pero no os dais cuenta que esas revelaciones privadas son obviamente falsas. Cómo no van a ser falsas si os están impidiendo creer y confiar en nuestra Madre Iglesia y en la asistencia que el Espíritu Santo da a nuestra Madre Iglesia. Cortad ya con eso, hombre, cortad con eso. Y me daba cuenta que les costaba. Podría poner muchos ejemplos más.

Recuerdo también haber recibido la comunicación de una supuesta revelación en la que un ángel había dado una forma sagrada, una hostia consagrada se la entrega a una persona y entonces ella empieza a hacer una especie de cuestación para comprar entre todos una custodia y para que en su casa tenga la hostia consagrada entregada por un ángel. Pero bueno cómo va a ser eso verdad. Si una hipótesis absurda ocurre, cómo no pone en manos de la Iglesia la custodia de esa hostia consagrada. Pero como va tener en su casa la hostia consagrada. Es absurdo. Existen noticias de muchas revelaciones privadas que son absurdas. Obviamente yo no quiero meter a todo el mundo en el mismo saco, que Dios me libre, que por supuesto que si alguno tiene alguna duda, pues voy a decir que yo personalmente soy devoto de todas las revelaciones privadas que han sido aprobadas por la Iglesia, de todas. No pongo en la más mínima duda ninguna revelación privada aprobada por la Iglesia, pero sí que quiero, con estas palabras y con esta intervención mía, sanarnos de a veces, una tendencia obsesiva a dar por buena todo tipo de alocución, visiones, que no han sido aprobadas por la Iglesia. Luego tengamos paciencia hasta escuchar el juicio de la Iglesia, que nos quiere también preservar de errores.

No sé si recordáis ese pasaje, esa parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro que está en Lc 16 y en la parte final, cuando está el pobre Lázaro sufriendo le pide a Abraham: “Él dijo, te ruego entonces, padre Abraham, que le mandes a Lázaro a casa de mi padre pues tengo cinco hermanos, que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento. Abraham le dice: tienen a Moisés y a los profetas, que les escuchen. Pero él les dijo, no padre Abraham, si un difunto va a ellos, se arrepentirán. Abraham le dijo: si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.

¿Por qué he mencionado este texto? Porque es un texto importante para esto que estamos explicando que dice, mira a veces pensamos que si tuviésemos una comunicación, que si tuviésemos una alocución, una visión, una revelación privada, entonces sí que conseguiríamos acercar a alguien más a Dios. Ahí tienen a Moisés y a los profetas, ahí tienen a Jesucristo, ahí tienen a la Iglesia predicando, si no la escuchan, no se convertirán ni aunque un muerto resucite y te hable a ti directamente. Claro que las revelaciones privadas pueden ayudar y han ayudado y están ayudando. Y los santuarios marianos donde la virgen, estilo como Lourdes o Fátima u otros lugares, han existido revelaciones, unas manifestaciones marianas que están ayudando muchísimo a la conversión. Precisamente este suele ser uno de los signos que la Iglesia tiene en cuenta a la hora de aprobar las revelaciones privadas. Que halla conversiones. Pero no es el único signo tampoco. El de la obediencia a la autoridad de la Iglesia es un signo definitivo, por ejemplo.