Jueves III de Tiempo Ordinario

Hoy es 31 de enero.

Ante ti me sereno. Me hago consciente de cuanto deseaba este momento, como tú en aquella última cena, cuando mirando a los tuyos les expresaste: he deseado ardientemente estar aquí con vosotros. Necesito Señor tu latido que me acompase, necesito Señor, tu presencia que me acompañe, necesito Señor tu luz que me oriente. Necesito Señor tu espíritu que me lleve hasta ti. Ante ti Señor comienzo este espacio privilegiado de encuentro. Ante ti, Señor, espero.

Yo te amo, Señor, yo te adoro, mi Dios
Tú eres mi fuerza y mi escudo, Salvador
Tú quien protege, tú mi liberación
Tú mi esperanza, Señor. 

Yo te amo, Señor, yo te adoro, mi Dios
Tú eres mi fuerza y mi escudo, Salvador
Tú quien protege, tú mi liberación
Tú mi esperanza, Señor.

Mi fuerza interpretado por Fray Nacho, «En el silencio»

La lectura de hoy es del evangelio de Marcos (Mc 4, 21-25):

Jesús dijo a la muchedumbre: « ¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».

Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

En tan solo cinco versículos, el Señor es capaz de movilizarnos y desinstalarnos. Se dirige a la muchedumbre, a todos. Y a mí en medio de ella. Si estamos atentos y nos dejamos disponer y afectar, reconoceremos que para cada uno tiene un guiño. Jesús, hablando para todos, pronuncia una palabra sobre cada uno en particular. Esta experiencia nos hermana, nos hace comunidad. ¿Qué ha llegado a mis oídos? ¿Qué resuena internamente?

Hoy nuevamente, Jesús utiliza sus paradojas para hacerme llegar  las claves del Reino. Paradojas, contrastes, aparentes oposiciones que no son extrañas en el decir y obrar de Jesús y transmiten sentido. ¿Luz oculta, quitar a quien no tiene? Deja que esas palabras resuenen en ti. ¿De qué te hablan?

Como dice la segunda parte del evangelio, se me invita a escuchar de nuevo la Palabra. Atención a lo que estáis oyendo, haciéndome testigo y receptor de esta palabra. De cada signo y cada gesto, como si presente me hallare y pudiera tocar la luz escondida o sentirme candíl bajo una cama.

LÁMPARA ES TU PALABRA PARA MIS PASOS,
LUZ EN MI SENDERO.
(LUZ, TU PALABRA ES LA LUZ)
Yo guardaré tus justos mandamientos.
Señor, dame vida, según tu promesa. 

LÁMPARA ES TU PALABRA PARA MIS PASOS,
LUZ EN MI SENDERO.
(LUZ, TU PALABRA ES LA LUZ)
Mi vida, Señor, está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad. 

LÁMPARA ES TU PALABRA PARA MIS PASOS,
LUZ EN MI SENDERO.
(LUZ, TU PALABRA ES LA LUZ)
Inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
Se tú la alegría de mi corazón. 

LÁMPARA ES TU PALABRA PARA MIS PASOS,
LUZ EN MI SENDERO.
(LUZ, TU PALABRA ES LA LUZ)

Lámpara es tu palabra interpretado por Ain Karem, «Según tu palabra»

Al final del encuentro aprovecho para compartir las resonancias, para sentir y gustar la palabra del Señor, pronunciada sobre mí, y para mí, hoy. Dejo que el agradecimiento brote como la luz que sale de su escondite y alumbra el horizonte, el mañana. Lo comparto con el Señor. Él me entiende. Él me recibe.

Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos me lo disteis, a vos Señor os lo torno. Todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta.

Liturgia 31 de enero

JUEVES. SAN JUAN BOSCO, presbítero, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)
 
Misal: 1ª oración propia y el resto del común de pastores (para un pastor) o de santos (para educadores), o de un domingo del Tiempo Ordinario; Prefacio común o de la memoria.
 
Leccionario: Vol. III-impar
• Heb 10, 19, 25. Llenos de fe, mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos y fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad.
Sal 23. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
• Mc 4, 21-25. La lámpara se trae para ponerla en el candelero. La medida que uséis la usarán con vosotros.

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Antífona de entrada Mc 10, 14
Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios -dice el Señor.

Acto penitencial
Hermanos, alrededor de la mesa eucarística que nos une como hermanos y miembros de la Iglesia, comencemos la celebración de los sagrados misterios en el día en el que recordamos al gran educador y apóstol de los jóvenes, San Juan Bosco, reconociendo nuestros pecados.

Yo confieso…

Oración colecta
Oh Dios,
que has suscitado en san Juan Bosco, presbítero,
un padre y un maestro para los jóvenes,
concédenos que,
encendidos en su mismo fuego de caridad,
podamos ganar almas para ti
y solo a ti servirte.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, con toda confianza a Dios nuestro Padre, que tiene para todo hombre palabras de vida.

1.- Por la Santa Iglesia; para que Dios se digne custodiarla y defenderla frente a todos los ataques que recibe. Roguemos al Señor.
2.- Por nuestra diócesis; para que surjan en nuestras comunidades jóvenes dispuestos a asumir el servicio sacerdotal. Roguemos al Señor.
3.- Por los que tienen poder en el mundo; para que hagan lo posible para que el bienestar y la prosperidad sean una realidad para todos. Roguemos al Señor.
4.- Por quienes carecen de cultura y formación; para que encuentren maestros, como san Juan Bosco, que busquen su auténtica felicidad. Roguemos al Señor.
5.- Por los que estamos aquí reunidos; para que vivamos en amor fraterno y formemos una comunidad de fe, esperanza y caridad. Roguemos al Señor.

Padre de bondad, que nos llamas a proclamar nuestra fe con la palabra y con nuestra vida, escucha lo que te hemos pedido y ayúdanos a tener siempre con los demás medidas de misericordia. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
A
cepta, Señor, los dones que tu pueblo te presenta

en honor de tus santos,
y concédenos
que, mediante nuestra participación
en este sagrado misterio,
seamos siempre testimonio de tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión Mt 18, 3
Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos -dice el Señor.

Oración después de la comunión
S
eñor, que este sagrado banquete nos dé fuerza

para que, siguiendo el ejemplo de los santos,
llevemos en el corazón
y manifestemos en la práctica
el amor a los demás y la luz de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral del 31 de enero

Celebramos la fiesta de un santo muy popular en el mundo cristiano, el sacerdote italiano Juan Bosco, fundador de la Sociedad de San Francisco de Sales (sus hijos se llaman por ello comúnmente salesianos) y patrono de los hombres del cine. Le quisieron y admiraron los hombres de la Iglesia, los educadores y, sobre todo, los jóvenes, que fueron la obsesión de su vida. A este apostolado se dedican los salesianos esparcidos por todo el mundo formando jóvenes en la cultura y en las diversas actividades y profesiones. Murió sin un céntimo en el bolsillo y confesando que su ingente obra se la debía a la Virgen.

Recordamos a otros santos como Abrahán obispo persa, degollado por negarse a adorar el sol, Agustín Pak con otros cinco compañeros coreanos, degollados por confesar a Cristo, Aidano obispo irlandés, Alabano Roe y Tomás Reynolds sacerdotes ingleses decapitados por su fidelidad a la Iglesia, Ciro y Juan mártires de Alejandría, Eusebio eremita, Francisco Javier María Bianchi, llamado el apóstol de Nápoles, Germiniano, julio de Novara, Marcela, Medoc obispo irlandés, Metras mártir de Alejandría, los Siete mártires de Corinto y Waldo obispo francés.

Entre los beatos se encuentran Ludovica Albertoni, madre de familia y viuda italiana, que muerto su marido y colocados sus hijos, dedicó su vida a ayudar a los pobres.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – San Juan Bosco

LAUDES

JUEVES III TIEMPO ORDINARIO

SAN JUAN BOSCO, presbítero

(1815-1888). Educador de jóvenes y fundador de las Congregaciones salesianas.

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Venid, adoremos a Cristo, pastor supremo. Aleluya.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
qu eno entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Cristo, cabeza, rey de los pastores,
el pueblo entero, madrugando a fiesta,
canta a la gloria de tu sacerdote
himnos sagrados.

Con abundancia de sagrado crisma,
la unción profunda de tu Santo Espíritu
le armó guerrero y le nombró en la Iglesia
jefe de tu pueblo.

Él fue pastor y forma del rebaño,
luz para el ciego, báculo del pobre,
padre común, presencia providente,
todo de todos.

Tú que coronas sus merecimientos,
danos la gracia de imitar su vida,
y al fin, sumisos a su magisterio,
danos su gloria. Amén.

SALMO 86: HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS PUEBLOS

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.

¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han nacido allí.»

Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado.»

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

CÁNTICO de ISAÍAS: EL BUEN PASTOR ES EL DIOS ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO

Ant. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.

Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.

¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?

¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su proyecto?

¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método inteligente?

Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.

En su presencia, las naciones todas
como si no existieran,
valen para él nada y vacío.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor llega con poder, y su recompensa lo precede.

SALMO 98: ENSALZAD AL SEÑOR, DIOS NUESTRO, POSTRAOS ANTE EL ESTADO DE SUS PIES

Ant. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines, vacile la tierra.

El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.

Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en Jacob.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo.

Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.

Señor, Dios nuestro, tú les respondías
tú eras para ellos un Dios de perdón,
y un Dios vengador de sus maldades.

Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.

LECTURA: Hb 13, 7-9a

Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

R/ Ni de día ni de noche dejarán de anunciar el nombre del Señor.
V/ He colocado centinelas.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre tus murallas, Jerusalén, he colocado centinelas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el Buen Pastor, que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle, diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

  • Señor Jesucristo, que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
    — haz que por ellos continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.
  • Señor Jesucristo, que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu rebaño,
    — no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.
  • Señor Jesucristo, que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
    — haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Señor Jesucristo, que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
    — haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Ya que deseamos que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, pidamos al Padre que a todos llegue el reino de su Hijo:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Vísperas – Miércoles III de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES III TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ignorando mi vida,
golpeado por la luz de las estrellas,
como un ciego que extiende,
al caminar, las manos en la sombra,
todo yo, Cristo mío,
todo mi corazón, sin mengua, entero,
virginal y encendido, se reclina
en la futura vida, como el árbol
en la savia que apoya, que le nutre
y le enflora y verdea.

Todo mi corazón, ascua de hombre,
inútil sin tu amor, sin ti vacío,
en la noche te busca;
le siento que te busca, como un ciego
que extiende, al caminar, las manos llenas
de anchura y de alegría.

Gloria al padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: Ef 3, 20-21

A Dios, que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Invoquemos a Dios, que envió a su Hijo como salvador y modelo supremo de su pueblo, diciendo:

Que tu pueblo te alabe, Señor.

  • Te damos gracias, Señor, porque nos has escogido como primicias para la salvación;
    — haz que sepamos corresponder, y así hagamos nuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
  • Haz que todos los que confiesan tu santo nombre sean concordes en la verdad
    — y vivan unidos por la caridad.
  • Creador del universo, cuyo Hijo, al venir a este mundo, quiso trabajar con sus propias manos,
    — acuérdate de los trabajadores, que ganan el pan con el sudor de su frente.
  • Acuérdate, también, de todos los que viven entregados al servicio de los demás:
    — que no se dejen vencer por el desánimo ante la incomprensión de los hombres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Ten piedad de nuestros hermanos difuntos
    — y líbranos del poder del Maligno.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:

Padre nuestro…

ORACION

Llegue a tus oídos, Señor, la voz suplicante de tu Iglesia, a fin de que, conseguido el perdón de nuestros pecados, con tu ayuda podamos dedicarnos a tu servicio y con tu protección vivamos confiados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 30 de enero

Lectio: Miércoles, 30 Enero, 2019

Tiempo ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 4,1-20

Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción:

«Escuchad. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento.» Y decía: «Quien tenga oídos para oír, que oiga.»

Cuando quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él les dijo: «A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone.»

Y les dice: «¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderéis todas las parábolas? El sembrador siembra la palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumben en seguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la palabra, y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento.»

3) Reflexión

• Sentado en una barca, Jesús enseña a la multitud. En estos versos, Marcos describe de qué forma Jesús enseñaba a la gente: en la playa, sentado en la barca, mucha gente alrededor para escuchar. Jesús no era una persona culta (Jn 7,15). No había cursado una escuela superior en Jerusalén. Venía del interior, del campo, de Nazaret. Era un desconocido, medio campesino, medio artesano. Sin pedir permiso a las autoridades, empezó a enseñar a la gente. Hablaba de forma muy distinta. Al pueblo le gustaba oírle.

• Por medio de las parábolas, Jesús ayudaba el pueblo a percibir la presencia misteriosa del Reino en las cosas de la vida. Una parábola es una comparación. Se usan cosas conocidas y visibles de la vida para explicar las cosas invisibles y desconocidas del Reino de Dios. Por ejemplo, el pueblo de Galilea entendía de siembra, terreno, lluvia, sol, sal, flores, cosecha, pesca, etc. Y son exactamente estas cosas conocidas las que Jesús usa en las parábolas para explicar el misterio del Reino.

• La parábola de la semilla retrata la vida de los campesinos. En aquel tiempo, no era fácil vivir de la agricultura. El terreno era muy pedregoso. Había mucho matorral. Poca lluvia, mucho sol. Además de esto, muchas veces la gente acortaba el camino y pasando por los campos pisaba las plantas (Mc 2,23). Asimismo, a pesar de todo esto, cada año, el agricultor sembraba y plantaba, confiando en la fuerza de la semilla, en la generosidad de la naturaleza.

• ¡El que tenga oído para oír, que oiga”! (Mc 4,3). Ahora, al final termina diciendo: “El que tenga oído para oír, que oiga.” El camino para llegar a comprender la parábola es la búsqueda: “¡Traten de entender!” La parábola no dice todo inmediatamente, sino que lleva a pensar y hace descubrir desde la experiencia que los oyentes tienen de la siembra. Suscita creatividad y participación. No es una doctrina que ya llega pronta para ser enseñada y decorada. La parábola no da agua embotellada, entrega la fuente. El agricultor que escucha dice: “La semilla en el terreno, ¡yo sé que es! Pero Jesús dice que esto tiene que ver con el Reino de Dios. ¿Qué será?” ¡Y uno se puede imaginar las largas conversaciones de la gente! La parábola se mezcla con la gente y lleva a escuchar la naturaleza y a pensar en la vida.

• Jesús explica la parábola a los discípulos. En casa, a solas con Jesús, los discípulos quieren saber el significado de la parábola. No entendían. Jesús se percató de su ignorancia (Mc 4,13) y respondió por medio de una frase difícil y misteriosa. Dice a los discípulos: “Ustedes están en el secreto del Reino de Dios, pero a los de afuera se les hace parábolas, de modo que por mucho que miren, no verán; y por más que oigan, no entenderán; no se convertirán ni serán perdonados”. Esta frase hace que la gente se pregunte: Al final, ¿de qué sirve la parábola? ¿Para aclarar o para esconder? ¿Será que Jesús usa parábolas para que la gente continúe en su ignorancia y no llegue a convertirse? ¡Cierto que no! Pues en otro lugar Marcos dice que Jesús usaba parábolas “según la capacidad de los oyentes” (Mc 4,33).

• ¡La parábola revela y esconde al mismo tiempo! Revela para “los de dentro”, que aceptan a Jesús como Mesías, Rey grandioso. Ellos entienden las imágenes de la parábola, pero no llegan a entender su significado.

• La explicación de la parábola, parte por parte. Una por una, Jesús explica las partes de la parábola, desde la siembra y el terreno, hasta la cosecha. Algunos estudiosos piensan que esta explicación se amplificó después. Sería una explicación hecha por alguna comunidad. ¿Es muy posible! Pues en el capullo de la parábola está la flor de la explicación. Capullo y flor, ambos, tienen la misma origen que es Jesús. Por esto, podemos seguir la reflexión y descubrir otras cosas bonitas dentro de la parábola. Una vez, alguien preguntó en una comunidad: “Jesús dijo que debemos ser sal. ¿Para qué sirve la sal?” Discutieron y al final encontraran más de diez finalidades para la sal. Aplicaron todo esto a la vida de la comunidad y descubrieron que ser sal es difícil y exigente. ¡La parábola funcionó! Lo mismo vale para la siembra. Todos tienen alguna experiencia de sembrar.

4) Para la reflexión personal

• ¿Qué experiencia tienes de sembrar? ¿Cómo te ayuda a entender mejor la Buena Nueva?

• ¿Qué tipo de terreno soy yo?

5) Oración final

Consulté a Yahvé y me respondió:

me libró de todos mis temores.

Los que lo miran quedarán radiantes,

no habrá sonrojo en sus semblantes. (Sal 34,5-6)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 8, 31-33

31Y comenzó a enseñarlesque era necesarioal Hijo del Hombresufrir muchas cosas y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser asesinado, y después de tres días resucitar; 32y hablaba con franqueza estas palabras.

<

p style=»text-align:justify;»>Y, tomándole aparte, Pedrocomenzó a recriminarlo.


33Pero él, volviéndose y viendo a sus discípulos, recriminóa Pedroy dice: “Ponte detrás de mí, Satanás,

porque no piensas las cosas de Dios, sino las de los hombres”».

8,31-33: Pero ¿qué tipo de mesías? Estos acontecimientos trascendentales y el sufrimiento mesiánico que conducirá hasta ellos son ahora profetizados explícitamente por Jesús en la primera de las tres predicciones de la Pasión, estructuradas de un modo similar (8,31; 9,31; 10,33-34), que forman la espina dorsal de la sección central del evangelio. Al principio de la predicción presente, a diferencia de las otras dos, aparece la importante palabra dei («era necesario»); era vital para Jesús acentuar, en esta primera y abierta profecía de su muerte y resurrección, que esos acontecimientos inesperados reflejaban la voluntad divina. Este tipo de intensidad enfática es común en las profecías apocalípticas de los acontecimientos del tiempo final. El dei implica también que la muerte y resurrección de Jesús han sido profetizadas en las Escrituras. Textos del Antiguo Testamento, como los pasajes sobre el siervo sufriente de Isaías, los salmos del Justo perseguido y la profecía de la resurrección «al tercer día» en Os 6,2, se hallan en el trasfondo de nuestro pasaje. Pero ya que la profecía de Jesús concierne expresamente al sufrimiento, muerte y resurrección del Hijo del Hombre, es también probable que se piense en Dn 7. En ese pasaje un «como hijo de hombre» es exaltado a la gloria divina y esa exaltación va unida a la vindicación del pueblo de Dios después de que haya sufrido durante «un tiempo, dos tiempos y medio tiempo».

Aunque solo unos momentos antes Pedro alcanzara la cumbre de la percepción del mesianismo de Jesús, en estos instantes se sumerge en un pozo de torpeza al tomar al Maestro aparte, como para instruirlo, y al comenzar a «recriminarlo» por su profecía acerca de su triste destino (8,32b). De este modo se sitúa Pedro en contra de la voluntad revelada de Dios (dei = «era necesario»); no es extraño que Jesús responda designándolo como Satanás, el adversario de los designios divinos (8,33).

Sin embargo, nunca entenderemos este pasaje correctamente si no caemos en la cuenta de que la reacción de Pedro fue totalmente natural. El cristiano moderno, ahormado por dos mil años de enseñanza eclesiástica, encuentra normal la idea de un mesías sufriente, pero «desde el principio no era así» (cf. Mt 19,8). La idea del triunfo pertenecía intrínsecamente a la noción veterotestamentaria y judía del mesías, no la de su pasión y muerte. Y ya que el destino del Maestro tenía consecuencias directas para sus seguidores, la noción de un mesías sufriente confundía también el deseo natural de los discípulos de compartir la gloria mesiánica terrenal de Jesús; en cambio, este les ofrecerá pronto participar en su crucifixión (8,34-35; cf. 10,35- 45).

Así pues, Pedro «recrimina» a Jesús por esta profecía y este verbo tiene probablemente algo del mismo sentido de exorcismo que en otros lugares del evangelio: Pedro atribuye el presagio de Jesús sobre su muerte a un ataque satánico y trata de eliminarlo de la mente del Maestro. Jesús, sin embargo, se vuelve rápidamente hacia Pedro y le reprocha a su vez que sea como «Satanás», cuyos pensamientos lo han situado en el plano opuesto a los designios de Dios (8,33). Para Jesús es el rechazo del sufrimiento mesiánico, no su admisión, lo que constituye la tentación diabólica que debe ser exorcizada (cf. 14,35- 38). Debe señalarse que el punto en disputa es exactamentecómo se logrará la victoria mesiánica sobre las fuerzas del mal. Para Pedro, la lucha prevista prevé una victoria que se logrará gracias a un asalto militar contra enemigos de carne y sangre. Según tal guión, la muerte prematura de Jesús, el mesías y por tanto el capitán de los ejércitos de Dios, sería un golpe devastador propinado a las fuerzas de la divinidad y un golpe espectacular de la oposición. Para Jesús, sin embargo, la victoria mesiánica en primera instancia será un triunfo cósmico sobre enemigos sobrenaturales (cf. 1,24; 3,23-27) y se logrará no por una batalla convencional, sino por la muerte y la resurrección. Cualquier intento de desviarlo de esta tarea extraordinaria es una tentación satánica, una tentativa de sustituir los majestuosos proyectos de Dios, que han de transformar el mundo en una nueva creación, por los estrechos esquemas, faltos de imaginación, de los humanos. «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos» (Is 55,8). Es preciso resistir ferozmente tales tentativas de rebajar a Dios hasta un tamaño humano, porque el resultado de la batalla está en juego: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!». El principal de entre los discípulos parece caminar vacilante en el borde de la apostasía.

Camina vacilante en el borde, pero no llega a caer, porque Jesús, aun en este momento de peligro supremo, no ordena a su discípulo convertido en Satanás que se aleje de él para siempre, sino que «se ponga detrás de él», es decir, que vuelva a emprender el camino del seguimiento que había abandonado momentáneamente. Pedro es llamado de nuevo al camino del discipulado cabal. Precisamente por esta razón, los lectores de Marcos, tentados también a abandonar el camino del discipulado sufriente (13,13.19-22), podrían identificarse con Pedro. Así pues, hay todavía esperanza de que este discípulo vuelva al redil.

En el siguiente pasaje, Jesús aclarará que este viaje de los apóstoles hacia la luz implicará la necesidad de seguirlo en el camino del sufrimiento y de la muerte para hallar así la vida verdadera.

Comentario 30 de enero

San Marcos nos presenta a Jesús de nuevo enseñando junto al lago. El evangelista nos informa de que para su enseñanza se sirve abundantemente de parábolas, ese género catequético tan imaginario como narrativo, que tanto muestra y tanto oculta a la vez. Jesús habla narrando las andanzas de su protagonista, en este caso el sembrador: Salió el sembrador a sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron…

Todo el mundo sabe qué es un sembrador, todo el mundo ha visto al sembrador realizar su tarea. Jesús describe en su parábola las vicisitudes de su siembra: parte de la semilla queda al borde del camino; parte cae en terreno pedregoso; parte, entre zarzas; y parte se siembra en tierra buena, pero de diferente calidad o capacidad: una da el treinta, otra el sesenta, y otra el ciento por uno. Ante la multitud, Jesús se limita a narrar; no esclarece el sentido de la parábola, que es siempre sugerente. Pero cuando se queda a solas con los que le están más próximos, con los Doce, les explica con detenimiento su secreto, pues ellos desean saber. Y Jesús les reserva esta particular enseñanza a la que no tienen acceso los demás, aquellos que él califica como los de fuera. Mientras que a los Doce se les hace partícipes de los secretos del Reino escondidos en las parábolas como en una indumentaria multicolor y sugerente, a los de fuera, es decir, al gentío que se había concentrado junto a él a la orilla del lago, todo se les presentaba en parábolas, sin más aclaraciones; de esta manera se cumplía lo profetizado por Isaías (6, 9ss.): para que «por más que miren, no vean; por más que oigan, no entiendan; no sea que se conviertan y los perdone».

Y no es que Jesús no quiera que se conviertan con su predicación. Su palabra es una llamada a la conversión. Ha venido precisamente para eso: para que se conviertan y puedan obtener el perdón. Nos lo decía días atrás: No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, a que se conviertan. Luego él quiere la conversión de todos aquellos a quienes dirige su palabra. Pero si cita al profeta es para acreditar el cumplimiento de su profecía, dado que habrá muchos que mirarán y no verán, oirán parábolas, pero no entenderán; y no porque no reciban las debidas explicaciones, sino porque no muestran disposición para recibirlas, porque se quedan en cierto modo fuera, en lo más externo de la narración, en la superficie de la imagen parabólica. Los discípulos más próximos, al parecer, sí muestran interés por entender. Por eso Jesús, aunque les reprocha su falta de perspicacia, se toma su tiempo para explicarles los detalles y los secretos de la misma: El sembrador siembra la Palabra. Luego el oficio de este sembrador no es otro que la predicación. Él mismo es el protagonista de la parábola, él es el sembrador de la Palabra.

El destino de esta siembra es muy diverso, como diversos son los destinatarios de la Palabra. Unos están representados por el borde del camino, terreno en el que no cala la siembra: escuchan la palabra, pero ésta no entra ni en su mente (para ser entendida) ni en su corazón (para ser sentida); queda de tal manera fuera que cualquiera que pase puede llevársela para hacer de ella el uso que quiera. Otros reciben la simiente como terreno pedregoso, sin apenas tierra donde enraizar: escuchan la palabra, la acogen con alegría –hay, por tanto, buena receptividad-, pero, dado que no tienen raíces y son inconstantes –es un terreno sin suficiente hondura o profundidad-, ante la más mínima dificultad o persecución sucumben, como sucumbe a una corta, aunque severa, sequía una planta tierna y poco enraizada. Otros reciben la simiente entre zarzas. Se trata de aquellos que escuchan la palabra de Dios, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás –tales son las zarzas invasoras- los invaden, ahogan la Palabra y se queda estéril. Aquí hay acogida y enraizamiento; pero esto no basta; hay que eliminar las zarzas de la vida para impedir que acaben estrangulando la planta ya nacida. ¡Cuántos afanes, seducciones y deseos impiden el desarrollo de esas plantas nacidas de la palabra y llamadas a dar abundante fruto! Sólo los que son tierra buena y preparada –o labrada-, porque escuchan la Palabra, la aceptan y la permiten madurar, dan cosecha, unos más (el sesenta o el ciento por uno) y otros menos (el treinta), en razón de su bondad (cualidad) y de su labranza (estado idóneo para la producción).

La cosecha se hace depender no de la semilla, que es la misma, aunque pueda llegar a través de manos más o menos expertas, sino del terreno en el que cae, de mejor o peor cualidad y en mejor o peor estado o disposición. La disposición cuenta mucho en este negocio, porque la cualidad de la tierra, en cuanto salida de las manos de Dios, hemos de considerarla buena por naturaleza o idónea para la siembra. Somos creación de Dios. La naturaleza de que hemos sido dotados es adecuada para recibir la palabra de Dios. Si ésta no es acogida será porque se ha producido una distorsión o disfunción que lo impide; es porque algo extraño a sí misma la ha endurecido u obstruido; es porque se ha introducido en ella una alteración que deforma, ciega o endurece, y obstaculiza la siembra o el crecimiento de la semilla ya sembrada. Pero ¿qué puede haber más connatural con nuestra naturaleza que el mismo Dios –y su palabra- a cuya imagen hemos sido hechos? ¿Y qué puede haber más satisfactorio para la tierra que producir los buenos frutos que se han sembrado en ella? Empeñémonos en ser tierra buena o bien dispuesta y podremos disfrutar con los frutos de una buena cosecha.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Episcopalis Communio – Francisco I

Disposiciones finales

Art. 26

La Secretaría General del Sínodo de los Obispos promulgará, según el espíritu y las normas de la presente Constitución apostólica, una Instrucción sobre la celebración de las Asambleas Sinodales y sobre la actividad de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos y, con ocasión de cada Asamblea del Sínodo, un Reglamento sobre el desarrollo de la misma.

Comentario Domingo IV de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, dame Tu Palabra, dame acogerla en mi verdad, aunque me ponga al descubierto, pues sólo así podrá crecer mi corazón al aire de lo que me propones. Dame Tu gracia para no reclamar privilegios por nada de lo que soy. No permitas que Te llegue a manejar ni que Te arroje fuera de mi vida. AMEN.

 

Lc 4,21-30

«21Pero comenzó a decir a ellos: “Hoy es cumplida esta Escritura [que está] envuestros oídos”. 22Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de las pala- bras llenas de gracia que salían de su boca.

Y decían: “¿Acaso no es éste hijo de José?”.

23Y dijo a ellos: “Todos a una me diréis esta parábola: „Médico, cúrate a ti mismo.Todo cuanto hemos oído [que ha] sucedido en Cafarnaún, hazlo también aquí en tupatria‟”.

24Pero dijo: “En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su patria.

25Pero os digo de verdad: muchas viudas había en los días de Elías en Israel, cuando fue cerrado el cielo por tres años y seis meses, cómo sucedió un gran hambre sobre toda la tierra; 26y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. 27Y muchos leprosos había en Israel [cuando] el profeta Eliseo; y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio”.

28Y al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira 29 y, levantándose, lo arrojaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarlo.

30Pero él, pasando por medio de ellos, se marchaba».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Este evangelio sigue al del domingo anterior. A partir de esta perícopa de Jesús en su tierra de Nazaret, el evangelio lucano retoma la narración de Marcos como guía de su propio evangelio. A esta presentación programática de Jesús sigue, pues, la realización de ese programa: Jesús enseña y cura en Cafarnaún (4,31-37), la curación de la suegra de Pedro (4,38-39), un sumario de curaciones (4,40-41) y la evangelización por Judea (4,42-44). El próximo domingo el evangelio recogerá Lc 5,1-11, un relato vocacional.

 

TEXTO

El v. 21 retoma el evangelio del domingo pasado y nos recuerda que estamos en la continuación de la perícopa. En esta parte, distinguimos tres momentos:

a) vv. 21-22a: la primera reacción, positiva, de la gente a las palabras de Jesús; b) vv. 22b-27: la duda planteada por la gente y la respuesta de Jesús a la misma;

c) vv. 28-30: la reacción final, muy negativa, de los paisanos de Jesús, y la partida de éste.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Destaca la evolución de la narración y el contraste entre el anuncio de la salvación que se cumple hoy en Jesús y que él ofrece a todos, especialmente a los pobres y necesitados, y el rechazo de Jesús y de su mensaje. Los cuatro evangelistas resaltan ese rechazo de Jesús por parte de los de su pueblo y su familia (cf. Mc 3,20-21; Mc 6,1-6; Mt 13,56-58), y de los judíos, que intentan matarle (cf. Mc 3,6; Jn 7,19-23.30; 8,59; 10,20). Bien lo dijo Juan: Jesús vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron. ¿Es nuestro caso? ¿En qué aspectos puede serlo?

• Jesús se coloca en la línea de dos grandes profetas de Israel, Elías y Eliseo. Instancia crítica para el pueblo elegido, Jesús abre los ojos de sus paisanos para que caigan en la cuenta de que „ser hijos de Israel‟, o ser paisanos o parientes suyos, no supone ningún privilegio. Por contra, esas cualidades pueden ser un arrogante obstáculo para acoger la gracia que Dios regala. La viuda de Sarepta y Naamán elsirio, dos extranjeros, „gentuza‟ para algunos „israelitas fieles‟, fueron objeto de una salvación que no se dio a „los de casa‟. ¿Nos ayuda a clarificar nuestra espiritualidad y nuestra posición ante „los de fuera‟? ¿Las preferencias de Dios son nuestras preferencias?

• Las palabras de Jesús, suaves en la forma y durísimas en el fondo, desencadenan la ira de sus paisanos, que lo arrojan fuera de la ciudad e intentan despeñarlo. Esto recuerda el final de Jesús, crucificado extramuros de Jerusalén. ¿Estamos dispuestos a sufrir por fidelidad a nuestra misión?

• Jesús habla palabras „llenas de gracia‟; los nazarenos actúan „llenos de ira‟. ¿Dequé están llenas nuestras palabras y nuestras obras? ¿Son más del estilo de Jesús o de los nazarenos?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?