Vísperas – Viernes III de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES III TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto con su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su Elegido.

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

SALMO 134

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas;
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor.
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: St 1, 2-4

Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros sin falta alguna.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

R/ Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios.
V/ Por su sangre

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo nos amó y nos ha librado por su sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia.

PRECES

Invoquemos confiados a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, y digámosle:

Favorécenos, Señor, por tu bondad.

  • Buen Pastor del rebaño de Dios,
    — ven a reunir a todos los hombres en tu Iglesia.
  • Ayuda, Señor, a los pastores, de tu pueblo peregrino,
    — para que apacienten sin desfallecer a tu grey hasta que vuelvas.
  • Escoge de entre nosotrso pregoneros de tu palabra,
    — para que anuncien tu Evangelio hasta los confines del mundo.
  • Ten compasión de los que en su trabajo desfallecen a mitad del camino;
    — haz que encuentren un amigo que los levante.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

  • Muestra tu gloria en el gozo de tu reino
    — a los que en este destierro escucharon tu voz.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Padre santo, que quisiste que Cristo, tu Hijo, fuese el precio de nuestro rescate, haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en sus padecimientos, nos gocemos también en la reverlación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Lectio Divina – 1 de febrero

Lectio: Viernes, 1 Febrero, 2019
Tiempo ordinario
1) Oración inicial
Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo. Amen.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Marcos 4,26-34

También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» Y les anunciaba la palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.
3) Reflexión
• Es precioso ver como Jesús, evo, busca en la vida y en los acontecimientos elementos e imágenes que puedan ayudar a la multitud a percibir y experimentar la presencia del Reino. En el evangelio de hoy Jesús, de nuevo, cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de todos nosotros: “La historia de la semilla que crece por si sola” y “La historia del grano de mostaza que crece y se vuelve grande”.

• La historia de la semilla que crece por si sola. El agricultor que planta conoce el proceso: semilla, hilito verde, hoja, espiga, trigo. No usa la hoz antes de tiempo. Sabe esperar. Pero no sabe como la tierra, la lluvia, el sol y la semilla tienen esta fuerza de hacer crecer una planta desde la nada hasta la fruta. Así es el Reino de Dio. Sigue un proceso, tiene etapas e plazos, crece. Va aconteciendo. Produce fruto en un tiempo determinado. Pero nadie sabe explicar su fuerza misteriosa. Nadie es dueño. ¡Solo Dios!
• La historia del grano de mostaza que crece y se vuelve grande. La semilla de mostaza es pequeña, pero crece y, al final, los pajaritos hacen el nido entre sus ramas. Así es el Reino. Comienza bien pequeño, crece y alarga sus ramos para que los pajarillos hagan sus nidos. Empezó con Jesús y unos pocos discípulos. Jesús fue perseguido y calumniado, preso y crucificado. Pero creció y sus ramas se fueron extendiendo. La parábola deja una pregunta en el aire, pregunta que tendrá una respuesta más adelante en el evangelio: ¿Quiénes son los pajarillos? El texto sugiere que se trata de los paganos que podrán entrar en la comunidad y participar en el Reino.
• El motivo que llevaba Jesús a enseñar por medio de parábolas. Jesús contaba muchas parábolas. ¡Y sacaba todo de la vida de la gente! Así ayudaba a las personas a descubrir las cosas de Dios en la vida de cada día. Volvía lo cotidiano transparente. Ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las codas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía las cosas de la vida. En las parábolas recibía la llave para abrirla y encontrar los signos de Dios.
4) Para la reflexión personal
• Jesús no explica las parábolas. Cuenta las historias y provoca en nosotros la imaginación y la reflexión del hallazgo. ¿Qué descubrió usted en estas dos parábolas?

• El que la vida se vuelva transparente es el objetivo de las parábolas. A lo largo de los años, ¿la vida de usted se ha vuelto más transparente o ha ocurrido lo contrario?
5) Oración final
Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,

por tu inmensa ternura borra mi delito,
lávame a fondo de mi culpa,
purifícame de mi pecado. (Sal 51,3-4)

Comentario 1 de febrero

Jesús habla de su tema de predilección, el Reino de Dios, y lo hace usando diversas comparaciones que ponen de manifiesto los múltiples aspectos de esta misteriosa y exuberante realidad. Decía: El Reino de los cielos se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. De nuevo, la imagen del sembrador. Pero esta vez no se detiene a valorar los diferentes tipos de terreno que reciben la semilla, sino la potencialidad inherente a la misma semilla, que funciona en cierto modo como autónoma, es decir, que tiene su propia capacidad de germinación y de crecimiento. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Una vez que el sembrador ha esparcido la semilla, puede dar por terminada su tarea. La germinación y el crecimiento dependen ya de la propia semilla y su interna potencialidad y de la tierra que la acoge como en su seno. Tanto el tallo, como la espiga y el grano, serán fruto de esta simbiosis que prospera sin que el sembrador tenga que intervenir, y sin que él sepa cómo acontece esta milagrosa génesis de vida. La tierra fecundada (por la simiente) va produciendo la cosecha ella sola.

Comparar el Reino con este acontecer productivo es concederle una potencialidad extraordinaria. Para que esto suceda tiene que haber alguien que siembre la semilla, pero una vez sembrada, se desencadena un proceso que no necesita siquiera de la supervisión del sembrador. Basta con poner en contacto la semilla con la tierra para que ésta germine y se pueble de espigas. Así es el Reino o acontecer de la Palabra de Dios sembrada en el corazón humano.

Por eso es también comparable con un grano de mostaza: la más pequeña de las semillas. Pero aun siendo tan pequeña en sus orígenes (al momento de la siembra), acabará convirtiéndose en un arbusto más alto que las demás hortalizas, capaz de echar ramas tan grandes que hasta los pájaros podrán cobijarse y anidar en ellas. El Reino de los cielos es, pues, algo muy pequeño en sus comienzos, pero que luego crecerá y adquirirá notables proporciones: tan grandes que podrán dar cobijo a los que quieran refugiarse en él. Ello explica que se diga que está dentro de nosotros, como una pequeña semilla en el seno de la tierra; pero también que extenderá sus ramas más allá de nosotros, como creando un complejo entramado de redes sociales, o que fermentará como levadura toda la masa. La levadura es cuantitativamente insignificante en comparación con la masa, pero tiene un poder de transformación muy superior al de la masa que fermenta. También esta comparación nos habla de la potencia congénita de esta realidad germinal llamada a crecer en el espacio en que se deposita: en primer lugar, la persona, pero también la sociedad en que la persona vive y convive.

Confiemos en el poder de esta realidad «atómica» que Cristo nos ha traído a la tierra con su palabra y su fuerza creadora: el Reino de Dios que ya ha comenzado a germinar en nuestros corazones, el amor de Dios al que no podrán hacer frente nunca, aunque lo pretendan, las fuerzas contrarias, las fuerzas del mal. Dejemos que se apodere suavemente de nosotros. Nada nos podrá hacer más dichosos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Veritatis Gaudium – Francisco I

PROEMIO

1. La alegría de la verdad ―Veritatis gaudium― manifiesta el deseo vehemente que deja inquieto el corazón del hombre hasta que encuentre, habite y comparta con todos la Luz de Dios[1]. La verdad, de hecho, no es una idea abstracta, sino que es Jesús, el Verbo de Dios en quien está la Vida que es la Luz de los hombres (cf. Jn 1,4); el Hijo de Dios que es a la vez el Hijo del hombre. Sólo Él, «en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[2].

En el encuentro con Él, el Viviente (cf. Ap 1,18) y el Primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8,29), el corazón del hombre experimenta ya desde ahora, en el claroscuro de la historia, la luz y la fiesta sin ocaso de la unión con Dios y de la unidad con los hermanos y hermanas en la casa común de la creación, de las que él gozará por siempre en la plena comunión con Dios. En la oración de Jesús al Padre: «para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros» (Jn 17,21), se encierra el secreto de la alegría que Jesús nos quiere comunicar en plenitud (cf. 15,11) por parte del Padre con el don del Espíritu Santo: Espíritu de verdad y de amor, de libertad, justicia y unidad.

Jesús impulsa a la Iglesia para que en su misión testimonie y anuncie siempre esta alegría con renovado entusiasmo. El Pueblo de Dios peregrina a lo largo de los senderos de la historia, acompañado con sinceridad y solidaridad de los hombres y mujeres de todos los pueblos y de todas las culturas, para iluminar con la luz del Evangelio el camino de la humanidad hacia la nueva civilización del amor. El vasto y multiforme sistema de los estudios eclesiásticos ha florecido a lo largo de los siglos gracias a la sabiduría del Pueblo de Dios, que el Espíritu Santo guía a través del diálogo y discernimiento de los signos de los tiempos y de las diferentes expresiones culturales. Dicho sistema está unido estrechamente a la misión evangelizadora de la Iglesia y, más aún, brota de su misma identidad, que está consagrada totalmente a promover el crecimiento auténtico e integral de la familia humana hasta su plenitud definitiva en Dios.

No sorprende, pues, que el Concilio Vaticano II, promoviendo con vigor y profecía la renovación de la vida de la Iglesia, en vistas de una misión más incisiva en esta nueva época de la historia, haya recomendado en el Decreto Optatam totius una revisión fiel y creativa de los estudios eclesiásticos (cf. nn. 13-22). Esta tarea, después de un estudio atento y de una comprobación prudente, culminó en la Constitución Apostólica Sapientia christiana, promulgada por san Juan Pablo II el 15 de abril de 1979. Gracias a esta se promovió y se perfeccionó aún más el compromiso de la Iglesia en favor de «las Facultades y las Universidades Eclesiásticas, es decir, aquellas que se ocupan especialmente de la Revelación cristiana y de las cuestiones relacionadas con la misma y que, por tanto, están más estrechamente unidas con la propia misión evangelizadora», junto a todas las demás disciplinas que, «aunque no tengan un nexo particular con la Revelación cristiana, sin embargo pueden contribuir mucho a la labor de evangelización»[3].

Después de casi cuarenta años, hoy es urgente y necesaria una oportuna revisión y actualización de dicha Constitución Apostólica en fidelidad al espíritu y a las directrices del Vaticano II. Aunque sigue siendo plenamente válida en su visión profética y en sus lúcidas indicaciones, se ha visto necesario incorporar en ella las disposiciones normativas emanadas posteriormente, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, el desarrollo de los estudios académicos de estos últimos decenios, y también el nuevo contexto socio-cultural a escala global, así como todo lo recomendado a nivel internacional en cuanto a la aplicación de las distintas iniciativas a las que la Santa Sede se ha adherido.

Es un momento oportuno para impulsar con ponderada y profética determinación, a todos los niveles, un relanzamiento de los estudios eclesiásticos en el contexto de la nueva etapa de la misión de la Iglesia, caracterizada por el testimonio de la alegría que brota del encuentro con Jesús y del anuncio de su Evangelio, como propuse programáticamente a todo el Pueblo de Dios con la Evangelii gaudium.


[1] Cf. San Agustín, Confesiones, X, 23.33; I,1,1.

[2] Conc. Ecum. Vat. II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22.

[3] Sapientia christiana, Proemio, III; cf. infra, Apéndice, I.

La universalidad del Espíritu de Jesús

1.- Todos expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: ¿No es este el hijo de José? Esta actitud de los paisanos de Jesús, en Nazaret, admirándose del hecho de que Jesús precisamente por ser un paisano de ellos no pueda decir palabras de gracia, palabras maravillosas, debe hacernos pensar. Probablemente, alguna vez también algunos de nosotros hemos pensado que una determinada persona, de origen humilde y sin formación especial, pueda decir cosas importantes, cosas que nosotros deberíamos considerar y tener en cuenta. Debemos considerar las palabras y los hechos de los demás por el valor que tienen en sí mismas, no por la importancia social, religiosa, o política del que las dice. Tampoco debemos caer en el extremo contrario: pensar que una persona, por el hecho de ser una persona importante, en lo social, en lo político, o en lo religioso, vaya a decir siempre cosas importantes y que nosotros tenemos que tener en cuenta. Debemos dar más valor al hecho de que una persona sea buena y sincera, que al hecho de su origen social, o importancia religiosa y política. Porque una persona buena y sincera es seguro que nunca va a querer engañarnos, sino todo lo contrario: tratará siempre de ayudarnos y buscará nuestro bien.

2.- Otro punto importante de las palabras que se nos dicen en este relato evangélico, según san Lucas, es el de la universalidad del Espíritu de Jesús. Jesús les dice a los de su pueblo que se fijen en el hecho de que Dios envió a los profetas Elías y Eliseo a atender a dos personas que no eran judías: la viuda de Sarepta era de Sidón y Naamán era sirio. Para el Dios de Jesús no tiene más valor una persona por ser judía, que por ser extranjera. Precisamente, fueron estas palabras de Jesús las que más enfurecieron a sus paisanos de Nazaret, hasta el punto de que, precisamente por estas palabras, echaron a Jesús del pueblo y quisieron despeñarlo, monte abajo. En estos tiempos, en que aquí en España y en otros países del mundo se habla tanto del peligro de recibir a tanto emigrante, debemos tener en cuenta esto: para nosotros, los españoles, una persona no es menos importante por el simple hecho de que no sea español. El derecho a la inmigración, evidentemente, debe ser regulado, pero nunca negado. Yo recuerdo que, por los años 70, cuando había tantos emigrantes españoles en Alemania, defendíamos con todos los medios a nuestro alcance, nuestro derecho a la emigración. Los cristianos debemos atender y ayudar a todas las personas que podamos, sean de la nación que sean. Que nuestro espíritu cristiano sea siempre un espíritu universal, como lo fue el Espíritu de Jesús de Nazaret.

3.- Antes de formarte en el vientre, te elegí, te constituí profeta de las naciones. Tú cíñete los lomos: prepárate para decirles todo lo que yo te mande. Lucharán contra ti, pero no podrán, porque yo estoy contigo para librarte. El profeta bíblico es una persona que habla en nombre de Dios, está inspirado por Dios. Más de una vez tiene que decir al pueblo cosas que no les gusta y hasta podrán perseguirlo y maltratarle para que se calle. Pero él prefiere sufrir y hasta morir, si llega el caso, antes que callarse. Así lo hizo el profeta Jeremías, de quien es el texto que acabamos de leer en la primera lectura. Todos los cristianos debemos sentirnos profetas del evangelio de Jesús, cumplirlo, predicarlo y proclamarlo, aunque a veces nos cueste el desprecio o la persecución de algunos personajes importantes en lo político, en lo social o en lo religioso, a los que las verdades del evangelio les obligarían a cambiar de opinión y de conducta. El profeta Jeremías, de hecho, tuvo que huir de su patria y murió en el destierro. Y, por supuesto, el ejemplo más claro de profeta bíblico fue Jesús de Nazaret. Intentemos nosotros ser siempre buenos discípulos de nuestro Maestro.

4.- Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde… El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, todo lo espera, todo lo soporta. No lleva cuenta de la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor no pasa nunca. Lo más grande es el amor. Yo creo que todos conocemos casi de memoria este texto de san Pablo, este himno al amor, de Corintios 12, porque es casi seguro que lo hemos oído leer en más de una boda a la que hemos asistido. No lo voy a comentar yo ahora una vez más, me limito a invitarles a todos ustedes a que lo lean y lo mediten personalmente.

Gabriel González del Estal

La misa del Domingo: Misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos, cuando hemos iniciado este mes de febrero, a esta Eucaristía donde el Señor, una vez más, nos sigue sorprendiendo con su Palabra, con su presencia y –sobre todo- por ser Alguien que nos causa gran admiración.

Tenemos que dar gracias a Dios, porque en medio de tantas cosas que podríamos hacer hoy, hemos decidido y optado por JESÚS, por su Eucaristía.

Nosotros, al contrario que otras personas, no hemos rechazado al Señor. Sabemos que, vivir con Él, es llenarnos de fortaleza y de amor.

Iniciemos esta Eucaristía con el canto.

2. PENITENCIAL

a) Seguir al Señor significa conocerle, respetarle y acogerle. En muchas ocasiones, de palabra y de obra, le dejamos al margen de nuestra vida. Señor ten piedad (Se ofrece como símbolo –en una cartulina- el dibujo de una televisión)

b) Escuchar al Señor es saber que, si nuestra fe es grande, El hará grandes cosas con nosotros. Pero, el Señor, nos encuentra duros de corazón. Cristo ten piedad (Se presenta una piedra simbolizando la dureza de corazón o el intento de alejarlo de nuestra vida)

c) Creer en Dios es, además, reconocerle en Jesús. ¿Por qué no leemos un poco más la Biblia en casa? Señor ten piedad (Se presenta un cartel de Jesús o los Evangelios)

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Hoy, cuando nos disponemos a escuchar las tres lecturas, tendríamos que reflexionar lo siguiente: EL SEÑOR NOS LLAMA. ¡Cómo no darle gracias porque, incluso antes de nacer, ya nos conocía!

Escuchemos atentamente la Palabra de Dios en la que  vemos que no siempre es fácil seguir a Jesús, como Jeremías, vivir con el amor que San Pablo nos habla o reconocer a Jesús en el día a día.

4. PETICIONES

a) Por la Iglesia. Para que pesar de las dificultades descubra que, ser PROFETA, es lo más grande que puede ofrecer y ser ante Dios. Roguemos al Señor.

b) Por los que nos ayudan a descubrir el rostro de Jesús. Por los sacerdotes y catequistas. Para que no se cansen de acercarnos a la vida de Cristo. Roguemos al Señor.

c) Por tantos países que no conocen a Jesús. Por aquellos otros países que persiguen a nuestros hermanos cristianos. Para que sea posible el respeto. Roguemos al Señor.

d) Para que nos abramos a Dios. Para que no despreciemos los signos que nos hablan y nos recuerdan a Dios. Roguemos al Señor..

5) OFRENDAS

a) Con este TELEFONO queremos representar la llamada de Dios a cada uno de nosotros. Que sepamos escuchar con atención, en el silencio, lo que el Señor pide de nuestras vidas.

b) Con este GRAN CORAZÓN queremos simbolizar el AMOR DE DIOS. Él sale a nuestro encuentro y, luego, nosotros hemos de salir en ayuda de los demás.

c) Finalmente, el trabajo que hemos realizado en la semana (colegio, familia, amigos, campo, empresa…) lo queremos expresar con esta OFRENDA del pan y del vino. Que el Señor nos llene de su amor y de su presencia. Y, así, la vida nos irá mejor.

6. ACCIÓN DE GRACIAS

Responderemos todos: ¡aquí estamos, Señor!

Tú nos llamas a dar algo de nosotros por Ti ®
Tú nos invitas a no tener miedo ®

Tú nos envías a anunciar tu Palabra ®
Tú nos enseñas el verdadero amor ®
Tú nos invitas a no despreciar a los demás ®
Tú nos empujas hacia el bien ®
Tú nos invitas a luchar por un mundo mejor ®
Tú nos llamas y, hoy, te queremos decir ®

Buenas noticias (Oración)

JESÚS PARA TODOS

Vamos a pasar otro rato con Jesús. Aprendiendo de su vida con lo que nos cuenta el evangelista Lucas. Pero antes de escucharlo, es bueno que te relajes un poco. Si te ayuda, cierra los ojos, respira muy despacio y piensa que tienes al buen Dios a tu lado.

Como vimos la semana pasada, Jesús había estado recorriendo la región de Galilea enseñando. Lo hacía tan bien que ya era un poco famoso. Entonces volvió a su pueblo de Nazaret y mirad lo que pasó en la sinagoga cuando terminó de hablar.

El texto es una adaptación de Lc 4, 21-30:

La gente, al principio, estaba entusiasmada. Sentían que él era un profeta y estaban admirados. Y muy orgullosos porque era de su propio pueblo. Alguno decía ¿cómo es posible, si es el hijo de José, el carpintero?

Entonces Jesús les dijo: “Ningún profeta es bien visto en su tierra. Ya les pasaba a profetas antiguos. Por ejemplo, el profeta Elías, no fue enviado a la gente de su pueblo, sino a una viuda de un país lejano, y el profeta Eliseo curó a un leproso que era extranjero”.

Con eso les quería explicar que las cosas buenas que anunciaba no eran solo para los judíos. Pero se pusieron furiosos, porque los judíos pensaban que las cosas buenas de Dios solo eran para ellos.

Entonces le llevaron fuera del pueblo, y si se descuida lo tiran por un barranco. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se marchó.

¡Pobre Jesús! Seguramente fue a la sinagoga de su pueblo muy ilusionado, con ganas de contar a los suyos las cosas que el Dios Padre le decía. Y se llevó un chasco, porque notaba que la gente presumía de que alguien tan famoso como Jesús, fuese de Nazaret.

Y lo que Jesús trataba de explicarles es que el mensaje que trae de parte de Dios no es solo para los del pueblo, ni será para los judíos. Será para todo el mundo. Sí, Jesús pensaba que todos tenían que enterarse de su buena noticia. Especialmente los más necesitados, a quienes menos quieren.

Jesús siempre hablaba de amor. Nada le importaba más. Es fácil confiar en alguien que trae una noticia así. Por eso la canción de hoy habla de confiar en el Señor.

<

p style=»text-align:justify;»>En tus caminos, Señor,
por siempre quiero andar.
En tu Palabra, Señor,

yo quiero siempre confiar.
Y tus verdades de amor
quiero llevar conmigo, Señor.
Porque tu Ley quiero seguir
y todos los días con ella vivir.

<

p style=»text-align:justify;»>Tú eres mi fuerza si débil estoy.
Sólo en tus brazos encuentro calor.
Y cuando sienta tristeza o dolor,
yo confiaré en tu amor.
Yo confiaré en ti, Señor.

<

p style=»text-align:justify;»>Tus pasos yo quiero seguir,
dejando el mal hacia atrás.
Si busco tu rostro, Señor,
yo sé que allí estarás.
Yo quiero vivir plenamente
y olvidar lo que ya pasó.
Todo mi ser, mi corazón,
te entrego, Padre, con devoción.

<

p style=»text-align:justify;»>Tú eres mi fuerza si débil estoy.
Sólo en tus brazos encuentro calor.
Y cuando sienta tristeza o dolor,
yo confiaré en tu amor.
Yo confiaré en ti, Señor.

Confiaré «Infantil»

Jesús, gracias por traernos a todos el mensaje de Dios. Tú eres para todos.
Te preocupaste por los que menos tienen… tú eres Jesús para todos.
Tranquilizaste a los que estaban asustados… tú eres Jesús para todos.
Ayudaste a ver a los que no comprendían… tú eres Jesús para todos.
Te acercarse a los que nadie quiere… tú eres Jesús para todos.
Confío en ti porque eres un Jesús para todos.

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 1 de febrero

Estamos acostumbrados, pero no deja de ser un milagro. Que una semilla enterrada, si tiene buena tierra y recibe agua, vaya creciendo, desarrollándose… Que crezca de noche y de día. La ciencia nos podrá explicar cómo. Pero no deja de ser algo asombroso. El milagro de la vida.

Así es el Reino de Dios, nos dice Jesús. El milagro de la Vida de Dios en el mundo, una Vida que quiere hacerse presente en cada rincón y en cada corazón, y que será plena al final de la historia. Una fuerza silenciosa que de día y de noche quiere hacer del mundo la casa de Dios. Un Espíritu que alienta en tantas personas palabras y obras que construyen, edifican, ensanchan la vida.

Estamos acostumbrados, pero no deja de ser una maravilla. Que de una de las semillas más pequeñas llegue a salir un árbol, que sirve de cobijo a los pájaros del cielo. De lo pequeño surge lo grande. Como el ser humano, originado a partir de dos pequeñas células que al unirse y crecer, forman nuestra vida.

Así es el Reino de Dios, nos dice Jesús. Algo pequeño, que quiere crecer para dar cobijo y vida. Algo discreto que quiere hacerse presente. Sin imponer, sino proponiendo.

Venga a nosotros tu Reino, Señor.
Un Reino que es regalo.
Como la semilla que, día y noche, crece.
Como el grano que se hace árbol.
Venga tu Reino, y que comience por conquistar nuestros corazones,
a veces tan vacíos y secos, a veces tan llenos y autosuficientes.
Venga, Señor, tu Reino,
Y que lo acojamos con la ingenuidad de un niño
y con la responsabilidad de un adulto.
Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Luis Manuel Suárez CMF