Sugerencias prácticas – Domingo V de Tiempo Ordinario

1. La liturgia meditada a lo largo de la semana.

A lo largo de la semana anterior a este domingo, procura meditar la Palabra de Dios que se nos ofrece. Medítala personalmente, una lectura cada día, por ejemplo. Elige un día de la semana para la meditación comunitaria de la Palabra: en un grupo de la parroquia, en un grupo de padres, en un grupo de un movimiento eclesial, en una comunidad religiosa.

2. De la Palabra a la Eucaristía.

Las palabras del Santo proceden de la primera lectura de este domingo. Si el Santo programado para este día tuviera un estribillo, este último podría ser utilizado como antífona del salmo responsorial. Será un modo sencillo de valorar la ligación entre las dos mesas, la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía.

3. Oración en la lectio divina.

En la meditación de la Palabra de Dios (lectio divina), se puede prolongar la acogida de las lecturas con una oración.

Al terminar la primera lectura: “Dios Altísimo, Rey y Señor del universo, nos unimos a la inmensa multitud celeste de tus criaturas para aclamarte: ¡Santo, Santo, Santo, Señor Dios del universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria! Padre, que tanto deseas estar cercano a nosotros y que te conozcamos, te pedimos: envía mensajeros por el mundo, que tu Nombre sea santificado en toda la tierra”.

Después de la segunda lectura: “Padre, te damos gracias por la Buena Nueva de Jesús resucitado, Él que fue manifestado a los Apóstoles y revelado a todos aquellos que te buscan con fe. Bendito seas por el testimonio apostólico transmitido de generación en generación. Jesús, Hijo de Dios vivo, sálvanos por tu resurrección, acoge a todos nuestros hermanos difuntos en tu comunión, en la luz de tu Pascua eterna”.

Al finalizar el Evangelio: “Jesús, Maestro y Señor, bendito seas por las llamadas que nos diriges en cada día, invitándonos a seguirte. Maestro, te confiamos nuestros desánimos, porque también nosotros sufrimos para avanzar por tu camino. Pero tu Palabra es como el soplo del Espíritu, y así retomaremos el camino”.

4. Oración Eucarística.

Se puede escoger la Oración Eucarística I, que recuerda el nombre de los apóstoles de los que se habla en el Evangelio y en la Carta de Pablo. Las palabras “que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo” evocan, en cierto modo, el clima de la primera lectura.

5. Palabra para el camino.

La últimas palabra del sacerdote en la misa son palabras de paz: “¡Id en paz y que el Señor os acompañe!”

Somos enviados en medio de los hombres, nuestros hermanos, como Isaías, como Simón, como Pablo…

Y, como ellos, no nos sentimos dignos de cumplir la misión que Dios nos confía en cada Eucaristía.

Pero, como a Isaías, a Simón, a Pablo, se nos dice a cada uno una palabra fuerte: “No tengas miedo…”

Vayamos, como Pablo… sabiendo que “!no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo!”